CAPÍTULO 11
- Papá, estoy seguro que no es necesario hacer esto aún – insistió Kurt, caminando en compañía de Burt, hacia la entrada de McKinley High – Todavía falta un poco para que se note y… No quiero a toda la escuela hablando de mí.
- Como tu padre, yo sé lo que es mejor para ti – respondió el mayor, dándole una mirada que no dejaba lugar a discusiones – No quiero que te ocurra algo y cometan una imprudencia por no saber lo de tu… embarazo – susurró la última palabra, para que solamente su hijo pudiera escucharla.
- Lo sé, y te lo agradezco, pero… Sólo, esperemos un poco más, ¿sí? – rogó el ojiazul, sin embargo Burt no detuvo su andar.
- Ya estoy aquí, y no voy a perder la mañana por nada – se quejó, acomodándose la gorra sobre la cabeza.
El castaño soltó un suspiro, cargado de frustración. Se sentía en un cuarto cerrado, al que le entraba agua, dejándolo poco a poco sin lugar para respirar, terminando por ahogarlo en cualquier momento. Si bien, lograba pasar desapercibido en la escuela y no ser acosado por los brabucones, como algunos de sus amigos más desafortunados del Glee; un rumor como el embarazo indudablemente lograría captar la atención de aquellos que rechazan bajo cualquier motivo lo que es diferente. No deseaba ser el foco de las burlas y las humillaciones, y decirle a los maestros, incluyendo al director, acerca de su embarazo, era posicionarlo bajo el reflector principal.
Las lágrimas comenzaban a formarse en sus ojos, pero las reprimió, porque estaba harto de llorar por cualquier cosa. Al pasar por los corredores del instituto, unos ojos mieles lo saludaron, cambiando de la alegría a la preocupación en un segundo, al ver a Kurt junto con su padre; y tal vez Blaine no conociera formalmente al progenitor del castaño, pero la habitación del menor estaba llena de fotografías con él y una mujer de ojos azules, como los de Kurt.
El chico le hizo un gesto para preguntar que ocurría, pero en respuesta sólo recibió una negativa, que Blaine interpretó como que nada grave pasaba, por lo que se relajó.
La conversación con el director Figgins fue incómoda, Kurt no fue capaz de levantar la mirada de sus manos enlazadas sobre su regazo, dejando a su padre dar todas las explicaciones necesarias. Lo único que deseaba era salir de allí y que alguien lo abrazara; y por alguien, se refería a Blaine. Mordió su labio, inquieto, y retorció sus dedos, escuchando como su padre se sumía en una extensa y detallada descripción de lo que era el "gen portador", mientras Figgins afirmaba en comprensión. Se estipuló que cada vez que Kurt tuviera que ir con el médico, podría hacerlo sin ningún problema, pero debía ser su padre quien fuera por él a la escuela. Además, se pondría en conocimiento de todo el cuerpo docente, para que lo tuvieran en consideración con los exámenes y cualquier emergencia que se presentara. Kurt quiso enterrarse en un agujero y no salir jamás. Sabía lo chismosos que podían llegar a ser algunos profesores; trayéndole los problemas que ya se temía el castaño.
Una vez acabada la conversación y aclarados los puntos y condiciones; Kurt y su padre salieron del despacho del director. Burt tomó a su hijo por los hombros con delicadeza, leyendo la angustia en el rostro de su hijo.
- Hey, Kurt – lo obligó a que lo mirara a la cara – Si necesitas cualquier cosa, o si alguien se mete contigo… Debes decírmelo, o a cualquiera de tus maestros – advirtió.
- Estoy jodido – susurró, conteniendo las lágrimas que volvían a aparecer en sus ojos.
- No, eso no es cierto – lo consoló el mayor – Cuentas con todos aquí, y por favor, no intentes callarte si alguien hace algo contra ti, con la excusa de no darme más problemas – Kurt desvió la mirada, pero Burt lo forzó a que volviera a mirarlo – Lo único que realmente podría matarme, es que algo te pasara y yo no hice nada para evitarlo.
Kurt comprimió el rostro en una mueca, debido al llanto, lanzándose a los brazos de su padre, en mitad del pasillo. Este lo envolvió con cariño y le palmeó la espalda.
- Todo va a estar bien – añadió, para luego besar a su hijo en la cabeza – Ahora, ve a clases.
- Okay… - murmuró, limpiándose las lágrimas.
Kurt quedó sólo en el pasillo, pues la primera hora ya había iniciado hacía bastante, por lo que caminó con pies de plomo hacia su taquilla, borrando los restos de su tristeza con un pañuelo descartable.
- ¿Problemas? – preguntó una voz a su lado. Los ojos azules se encontraron con los avellana de Blaine y como en un gesto mecánico, se lanzó a abrazarlo, sorprendiendo al moreno, quien torpemente lo recibió, para luego, con más confianza, devolverle el abrazo.
- Mi padre habló con Figgins… - lloriqueó en su oído – Todos los maestros se enterarán… y es cuestión de tiempo para que lo sepa toda la escuela también.
- Cariño, tarde o temprano se tendrían que enterar – respondió el mayor, mirándolo a los ojos enrojecidos por el llanto - ¿Qué más da?
- Tu no lo entiendes… - el castaño se separó de los brazos del moreno y cerró su casillero con un golpe seco – Yo… yo no puedo soportar que todo el mundo me mire… que estén comentando cada vez que yo camine por los pasillos, porque tenga una panza enorme… No puedo – negó con la cabeza, angustiado.
- Kurt, no hay manera de evitar que la verdad se sepa… - trató de hacerlo reflexionar – No podrás impedir que tu vientre crezca, ni ocultarlo eternamente.
- Es fácil para ti que no tienes que cargar con todo esto – escupió ente dientes – A ti no te dirán nada, ni te mirarán como un fenómeno de circo – Kurt ocultó su rostro en sus manos y lloró aún más. De improviso, sostuvo su bolso y corrió hacia el baño más cercano. Blaine lo siguió, gritando su nombre.
- ¿Qué pretendes? – lo increpó cuando lo alcanzó en el servicio de chicos - ¿Vas a mantener esta farsa por siempre? – Kurt lo miró dolido, apoyándose sobre uno de los lavamanos.
- ¡Ese es mi problema! – vociferó, perdiendo un poco la calma - ¡No te metas!
- ¡No me pidas que no me meta! – rebatió - ¡Yo soy el padre de ese niño!
- ¡Eso no es cierto! – chilló el menor, agitando sus manos - ¡Es mío! ¡Entiéndelo de una buena vez!
- ¿Es que no te cansas de mentir? – el castaño alzó su barbilla, orgulloso – Una mentira, tras otra… Lo único que lograrás es que te estalle en la cara – le advirtió, acercándose a él.
- No tienes idea de cómo me siento, ni de todo lo que tengo que soportar – habló, con ira contenida – No sabes nada de nada ¡Así que no pretendas ser el adulto en todo esto!
- ¿Por qué no lo asumes de una maldita vez? – volvió a gritar Blaine – Sabes que voy a ayudarte con el bebé, y que no vas a estar sólo… ¿Qué más quieres? ¿Alejar a todo el mundo?
- Lo único que quiero es que dejes de entrometerte en mi embarazo y que me dejes en paz – bufó, resoplando por la nariz. Sus ojos azules llameaban de furia, pero se expandieron al ver la silueta de Puckerman entrando en el baño.
- ¿Qué mierda acabas de decir? – dijo Noah, completamente descolocado.
- Puck… - susurró Kurt, perdiendo todos los colores del rostro y el aire de sus pulmones.
- Repite lo que dijiste – ordenó, caminando hacia el castaño, mientras Blaine se hacía a un lado - ¿Embarazo? Dijiste que… ¿estás embarazado?
- Yo… sí… - el menor comprimió el rostro por el llanto y nuevas lágrimas corrieron por sus mejillas.
- ¿Y por qué es que el idiota de Anderson lo sabe, y no yo? – lo increpó. Blaine frunció el ceño ante aquella despectiva forma de referirse a él – Se supone que soy tu mejor amigo… y no me dices nada.
- Yo… no podía… - el castaño se acercó, con expresión suplicante al chico del mohicano, poniendo las manos sobre su pecho, pero éste se alejó molesto.
- No puedo creerlo – dijo negando - ¿Por qué? ¿Por qué tengo que enterarme así? ¿Eh, Kurt?
- Es algo complicado, y nadie lo sabía – comenzó a excusarse, de forma débil – Perdón, sé que debí decírtelo antes, pero…
- Pero no lo hiciste – la voz dolida del mayor, golpeó a Kurt – ¿Al menos me dirás quién te preñó?
- Puck, por favor… - susurró ofendido.
- ¿Es el imbécil de Sebastian? – preguntó, mirándolo envenenado - ¿Él es el padre?
- Eso no es lo que importa ahora – el castaño bajó la mirada, avergonzado, sintiendo los ojos de Blaine sobre su nuca, taladrándole.
- Hmm… claro – Puckerman negó con la cabeza una vez más – El hecho es que no me dijiste nada.
- No es como si fuera algo que anduviera gritando por todas partes, Puck… - continuó justificándose ante la mirada dolida del pelinegro – Por eso no te dije nada… Lo siento.
- Pues, que bueno que lo sientas… Porque hasta ayer creí ser tu mejor amigo… - declaró molesto – Ahora veo que no es así – a grandes zancadas comenzó a salir de los servicios.
- Noah… ¡Noah! – vociferó el menor, pero el judío no se detuvo - ¡Maldita sea! – bufó el castaño, golpeando con su puño el lavamanos.
- ¿Por qué sigues con eso, Kurt? ¿Cuándo será el puto día en que digas la verdad? – esta vez, Blaine dejó salir su rabia - ¡Ya estoy harto de que me dejes de lado en todo! ¡Tuviste sexo conmigo en la fiesta! ¿Y qué? Eres humano, todo el mundo la caga en algún momento de su vida, pero lo importante es que afrontes la realidad, no que escondas la basura bajo la alfombra… - Kurt lo miró con sus ojos abiertos de par en par – Cuando el resto salga a la luz, el único que se joderá, serás tú… por mentir tanto.
- Blaine, no tienes derecho de tratarme así – susurró, sabiendo que el moreno tenía razón.
- Bien, lo siento… Pero detesto a la gente hipócrita – declaró, e imitando a Puckerman, salió de los servicios.
Un enorme sollozo abordó al menor, haciendo que se resbalara lentamente hasta el suelo, con pequeños espasmos.
-o-
Aquella semana fue horrible, Blaine no apareció ni se le acercó en ningún momento. Puckerman, por su parte, lo ignoró durante las clases cambiándose de lugar, para evitar a toda costa dirigirle la palabra al castaño. Kurt lloró como nunca, cada tarde, en cada receso y cada noche antes de irse a dormir. Temía que tanta angustia y tristeza le hiciera mal al bebé que ya estaba cumpliendo casi tres meses. Y, arriesgándose a estar involucrándose sentimentalmente, extrañaba las visitas nocturnas de Blaine, ver su sonrisa arrogante y sus ojos de cachorro, añoraba el olor varonil de su perfume y el calor de sus abrazos, deseaba con locura sentir la suavidad de sus labios una vez más, aunque fuera con un beso robado.
El fin de semana, estaba llorando nuevamente. Finn entró a su cuarto, encontrándose con una escena que lo enterneció hasta la médula, y lo entristeció al mismo tiempo. Su hermano estaba sentado en el suelo, sosteniendo un par de pantalones rojos contra su pecho, lloriqueando como un niño pequeño a quien se le cae el helado cuando acaba de comprarlo; Kurt estaba rodeado del resto de su ropa, tirada por todas partes, como si hubiera luchado con su armario.
- ¿Kurt? ¿Qué sucede? – Finn se arrodilló para quedar a la altura del menor, quien sorbió su llanto, avergonzado de ser capturado en plena rabieta.
- Nada… - masculló.
- ¿Y por qué estás en el suelo? – el más alto lo ayudó a ponerse de pie - ¿Qué le ha pasado a tu ropa?
- Creo… creo que se empequeñeció en la secadora… - dijo con un hilo de voz, y sus ojos se empañaron nuevamente – No logré cerrar ninguno de mis pantalones – confesó – Ni uno sólo…
- ¿Es eso? – dudó en reírse, porque realmente veía angustiado al chico – Supongo que eso es algo normal y que iba a pasar… Además, tus pantalones no son normales – comentó, tomando el que aún mantenía el menor entre sus manos – Nadie puede entrar en esto – trató de pasar su brazo, a través de la tela que formaba la pierna y con dificultad, llegó al otro lado - ¿Lo ves? Sólo Dios sabe cómo le haces para no morir asfixiado con estas cosas – Kurt soltó una risita y Finn lo imitó.
- Tal vez deba comprar algunos pantalones más elásticos – concluyó, comenzando a recoger la ropa esparcida por doquier.
Finn lo ayudó y le dijo que si quería, podría acompañarlo. Kurt lo agradeció profundamente, pues odiaría ir solo.
Salir con su hermano, era algo que muy pocas veces ocurría. La última vez que había ido al centro comercial, fue en las vísperas de navidad, pues Finn le pidió ayuda con el regalo de su madre. Él, encantado le ayudó, haciendo un excelente trabajo en elegirlo, pues nadie pudo borrar la sonrisa de Carole al abrir su obsequio. Las tiendas fueron un martirio para Kurt, quien por costumbre elegía pantalones ajustados, consiguiendo un resultado similar al de aquella mañana en que nada le quedaba bien. Finn lo obligó a probarse algo un poco fuera de su estilo, pero que lucían realmente cómodos.
- Decidir entre comodidad y estilo… - Kurt negó con la cabeza – Esto es muy difícil para mí.
Finn rió y le dio un empujoncito hacia el probador. Para su buena suerte, la prenda mejoraba bastante al estar puesta, y cerraba a la perfección sobre el pequeño bulto en su vientre. Combinó aquel pantalón en su mente con las camisas que tenía en casa, y se animó, diciéndose a sí mismo que él lo haría funcionar.
Al llegar a casa, agradeció el tiempo que dedicó su hermano a ayudarle, sabiendo que no era algo fácil para el mayor.
- Cuentas conmigo, para lo que necesites – le aseguró con una sonrisa de lado.
Se tomó la tarde para dividir en dos su armario, separando la ropa que no le quedaba bien, de la que acaba de comprar. También se dio a la tarea de probarse las camisas más ajustadas, añadiéndolas al lado reservado para después del parto, suponiendo que mantuviera su talla luego de eso. Una vez organizado aquello, se sintió más tranquilo. La ropa era un factor muy importante para el castaño, era su manera de expresar quien era y no deseaba que el embarazo le quitara su identidad.
Pasó aquella tarde sumido en un libro que había adquirido al pasar por su librería favorita, antes de volver a casa ese día de compras. Sus ojos recorrían las páginas, mientras que su mente recreaba las palabras, transformándolas en una imagen nítida en su cabeza. Se encontraba realmente concentrado, cuando un ruido familiar le aceleró el pulso. Estaba seguro que era alguien trepándose al árbol junto a su ventana, y si eso era así, sólo podría tratarse de una persona en el mundo. Blaine.
La ventana fue golpeada suavemente por sus nudillos, debido a que Kurt, como nunca antes había hecho, le echó el seguro. Con las emociones a flor de piel, descorrió las cortinas, encontrándose con aquellos ojos que tanta falta le habían hecho. Abrió rápidamente, dejándolo entrar, esperando a su lado.
- ¿Qué haces aquí? – susurró el castaño – Creí que me odiabas.
- No te odio – respondió, mirando a Kurt a los ojos, demostrando su sinceridad – Sólo… estoy cabreado, eso es todo – lo tomó de la mano y lo llevó a la cama, para que se sentaran, y el castaño se dejó guiar.
- Entonces, ¿por qué has venido? – quiso saber el menor, retomando su posición anterior, sobre el acolchado.
- Porque quería verte… - confesó – Además, sé que tú también me extrañas – añadió con su patentada sonrisa, sacando otra en Kurt.
- Tal vez… - no logró contener.
- ¿Qué harás cuando el bebé nazca? – Blaine miró intensamente al menor – Tu padre querrá saber quién es el padre… Y no podrás decirle más que es de tu ex, porque lo rizos negros te delatarán – se burló.
- Blaine, realmente no quiero hablar de eso – pidió el castaño, cerrando los ojos en un suspiro.
- De acuerdo, pero piénsalo – sugirió.
Guardaron silencio un rato, entonces Blaine miró a Kurt como si quisiera decirle algo sin usar palabras.
- ¿Qué? – el ojiazul dijo, conteniendo la risa.
- ¿Puedo…? – le dio una mirada a su vientre que comenzaba a notarse. El castaño sonrió y con las mejillas sonrojadas, asintió. Blaine dejó ver una sonrisa como niño en la mañana de navidad.
Se acomodó, apoyando su oído sobre el ombligo del menor y posicionó una mano sobre el vientre. Kurt contuvo las ganas de reír por la situación tan extraña e íntima.
- Hola… - comenzó a hablar en susurros – Bebé, yo soy tu otro papi… - Kurt rodó los ojos y Blaine se volteó sólo para verlo con una sonrisa, regresando a su posición luego – Y quiero que sepas que, aunque tu papá no quiera, yo siempre voy a estar aquí… contigo… - las palabras del moreno cristalizaron rápidamente los ojos azules del chico – Voy a luchar contra el mundo entero si es necesario… Y voy a amarte, siempre… Podrás contar conmigo, cada vez que me necesites… Y nunca voy a dejarte sólo, a ninguno de los dos – Kurt sintió que las lágrimas le calentaban las mejillas y agradecía que Blaine no pudiera verlo.
Se secó la humedad del rostro y mantuvo la respiración serena para que no se percatara de su estado anímico. Pero Blaine estaba lleno de sorpresas, y como si nada, se levantó un poco y lo oyó cantar.
"If you ever find yourself stuck in the middle of the sea (Si alguna vez te encuentras en medio del mar)
I'll sail the world to find you" (Voy a navegar el mundo para encontrarte)
Kurt no podía creer lo que oía.
"If you ever find yourself lost in the dark (Si alguna vez te encuentras perdido en la oscuridad)
and you can't see (y no puedes ver)
I'll be the light to guide you" (Voy a ser la luz que te guiará)
La profunda voz de Blaine, resonó en la cabeza del castaño, hechizándolo por completo. Era hermosa y no sabía por qué no lo había oído cantar antes.
"You can count on me like one two three, (Tú puedes contar conmigo como un, dos, tres)
I'll be there (Voy a estar allí)
And I know when I need it (Y sé que cuando lo necesite)
I can count on you like four three two, (Puedo contar contigo como cuatro, tres, dos)
You'll be there (Vas a estar allí)
'Cause that's what friends are supposed to do" (Porque eso se supone que hacen los amigos)
El ojiazul sentía su corazón palpitar con fuerza, ante las palabras que salían de la boca del moreno, sintiendo cada una de ellas como una promesa silenciosa. Sus ojos se encontraron, pero él no dejó de cantar.
"If you tossin' and you're turnin' (Si estás dando vueltas y estás girando)
and you just can't fall asleep (Y sólo no puedes conciliar el sueño)
I'll sing a song… Beside you" (Voy a cantar una canción a tu lado)
Blaine posó su mano, acariciando el vientre de Kurt.
"And if you ever forget (Y si alguna vez olvidas)
how much you really mean to me (lo mucho que significas para mi)
Everyday I will… Remind you" (Todos los días te lo recordaré)
Kurt fue sobrecogido por la ternura del gesto del moreno, quien jamás había mostrado ser de ese estilo. Estaba sintiendo mariposas donde no debía, y sus sentimientos gritaban por salir, cuando no podían. El corazón dentro de su pecho estaba tan hinchado que no cabía, y las lágrimas no tenían ningún freno, sólo caían en silencio.
You'll always have my shoulder when you cry (Siempre tendrás mi hombro cuando llores)
I'll never let go, never say good bye (Yo nunca te dejaré ir, nunca te diré adiós)
Los ojos de Blaine lo miraron nuevamente, como si aquella frase se la estuviera cantando a él.
You know you can count on me like one, two, three (Sabes que puedes contar conmigo como un, dos tres)
I'll be there (Voy a estar allí)
And I know when I need it (Y sé que cuando lo necesite)
I can count on you like four, three, two (Puedo contar contigo como cuatro, tres, dos)
And you'll be there (Vas estar allí)
'Cause that's what riends are suppose to do (Porque eso se supone que hacen los amigos)
Se acercó aún más al vientre del castaño, cantando la última frase en un susurro.
You can count on me, (Puedes contar conmigo)
'cause I can count on you (Porque yo cuento contigo)
El moreno depositó un dulce beso sobre el estómago del menor, para luego mirarlo a los ojos. Kurt no quería imaginar cómo se veía en ese momento, pues de seguro su nariz estaba enrojecida al igual que sus ojos, haciéndolo ver como si hubiera cogido una gripe. Aun así, se aclaró la garganta para poder hablar decentemente.
- Eso fue muy bello – murmuró, sintiendo su voz ajena.
- Yo… sólo escuché esa canción en el trabajo el otro día y… - se rascó la parte trasera de la cabeza, sintiendo la ola de vergüenza llegar a él – Pensé en ti… en el bebé, quiero decir – se corrigió.
- Gracias… - Kurt tomó su mano, que aún estaba sobre su vientre – Tú… eres una caja de sorpresa – se rió el menor – A pesar de mi negativa, jamás dejas de insistir… Eres persistente.
- Tomaré eso como un cumplido – se rió de vuelta el moreno.
Otro silencio extraño se apoderó de la habitación.
- Desearía que las cosas fueran más simples – comentó de pronto el menor.
- ¿A qué te refieres? – quiso saber Blaine.
- A todo esto… - intentó explicarse – Ya mucha gente se está enterando de mi embarazo, pero aún faltan mis amigos del Glee, y el resto de la escuela… Y no sé cómo enfrentarlo – negó con la cabeza - ¿Crees que no se harán la maldita pregunta de quién es el padre de este bebé?
- Deberíamos mostrarnos más juntos – soltó de improviso el moreno.
- ¿Qué? – Kurt sopesó sus palabras, considerando sus limitadas opciones.
- Mira, cariño – Blaine se sentó bien en la cama, mirándolo con determinación – Ese bebé va a necesitar un padre… además de ti… - aclaró – Y sabes perfectamente que yo puedo hacerlo.
- Es una locura – respondió el castaño – Nunca hemos cruzado más que un par de palabras en el instituto, al menos en presencia de los demás…
- Podemos intentarlo… - susurró el moreno - Digo, podemos empezar a hablar más en la escuela, sentarnos juntos en el almuerzo… Y todas esas mierdas cursis que a la gente le gusta ver… Tal vez así no sea tan difícil para ti, contarles la verdad luego.
- Como… ¿novios? – se aventuró a preguntar.
- No, cariño… - lo frenó el mayor – Eres sexi como el infierno, pero a mí no me van las formalidades… Yo no tengo novios – la mirada de Blaine confirmaba que hablaba en serio, y por alguna extraña razón, el corazón de Kurt se comprimió tristemente en su pecho.
- Claro, tienes razón… Yo, sólo quería aclararlo, es todo – desvió el tema.
- Entonces… ¿qué opinas? – el moreno retomó la pregunta anterior.
- No lo sé… Tal vez funcione – fingió una media sonrisa y eso bastó para tener una perfecta vista de la dentadura completa de Blaine.
- ¡Genial! – exclamó, y como hace días no hacía, lo besó.
Fue sólo una breve fracción de minuto, algo presuroso, pero a Kurt le temblaron hasta las rodillas.
- Eso no quita que continúe molesto contigo, cariño – sonrió arrogantemente.
- Blaine… - Kurt se mordió el labio inferior. Tenía curiosidad, pero a la vez temor de preguntar - ¿Puedo hacerte una pregunta?
- ¿Además de esa? – se burló, recostándose con total propiedad en la cama – Lánzala.
- ¿Por qué estuviste en una correccional? – soltó, conteniendo el aliento, temiendo la reacción del moreno.
- ¿A qué viene eso? – volvió a sentarse, ahora interesado en la curiosidad del castaño.
- Bueno, me gustaría saber qué tipo de persona es la que está frente a mí – trató de sonar sincero, pues se le hacía demasiado fuerte decirle que temía haberse involucrado con un delincuente, y no podía quitarse eso de la cabeza.
- Si lo que quieres saber es si maté a alguien… - comenzó a decir, crispando la piel de Kurt – Puedes respirar tranquilo, no es así.
- Oh, no… no me malinterpretes – quiso salirse por la tangente.
- En realidad es una historia simple… - continuó, manteniendo su humor – Pero, no voy a contártela… Al menos, no hoy.
- Okay – el castaño no sabe si estar agradecido o molesto, pues no se sentía seguro de querer oír los motivos reales que lo llevaron a pasar un año en una correccional.
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Tal como habían acordado, Kurt y Blaine comenzaron a pasearse juntos por la escuela, con la clara intención de ser vistos, sin llegar al contacto físico, más bien, como una pareja que empieza por cortejarse, para luego terminar ennoviándose. Blaine se ofrecía a llevar su bolso o la bandeja en la cafetería; lo acompañaba a sus clases y caminaban juntos al parqueadero, donde Blaine se aseguraba que el castaño se subiera a su carro, para luego él marcharse a cumplir con su trabajo de medio tiempo en Lima Bean. Inevitablemente, aquel cambio de actitud, despertó la curiosidad de sus amigos del club Glee, quienes no se contuvieron de interrogar al menor como si del FBI se tratara.
Sus amigas principalmente le recordaron que Blaine era el mismo chico con el que había bailado en la fiesta de principio de curso, a lo que Kurt le atribuyó el hecho de que ahora estuvieran "juntos", argumentando que ahora que estaba soltero, podía tener amigos, incluso si se trataba de alguien como el moreno.
- Siento que tu manzana es mucho más dulce que la mía – alegó Kurt, tentado de hacer un puchero en medio de la cafetería.
- Eres un niño – se quejó Blaine, tomando su fruta, y frotándola contra su camiseta de algodón, hasta que esta brilló – Ten – se la ofreció al menor. Éste la recibió satisfecho, dando una mordida con un gesto de placer que hizo reír al moreno – Vamos, sólo es una manzana.
- No sabes lo que es un "antojo" – le rebatió el castaño – Siento que si no puedo comer algo que deseo, literalmente, moriré – lo miró serio, enfatizando sus palabras.
- Okay, mientras esté dentro de mis capacidades, intentaré que no mueras por falta de comida – se rió.
- Gracias – sonrió, para luego dar otra gran mordida a la fruta.
- ¿Has logrado hablar con Puck? – quiso saber el mayor. Kurt negó, entristeciendo su semblante, pues llevaba alrededor de dos semanas haciéndole la ley del hielo, evitándolo e ignorándolo totalmente.
- Tal vez jamás vuelva a dirigirme la palabra – comentó con pena.
- No puede estar encabronado toda la vida – le aseguró – Yo soy el más afectado con esto, y aquí estamos… - le tomó la mano libre por sobre la mesa – Quizás sólo debas ser tú quien se acerque a hablarle…
- Lo intentaré – prometió el ojiazul, terminando la manzana en tiempo record.
Kurt recordó la difícil semana que se presentaría, con los exámenes finales y un montón de tarea… Por lo que Noah estaría realmente hecho un lío con todo aquello. Si el castaño le ofreciera un poco de ayuda, seguramente menguaría su molestia, y podrían hablar como antes. Una media sonrisa decoró el rostro del menor y Blaine no pudo resistirse a besarlo en la comisura de los labios. Allí, en la cafetería.
Martes de actualización y aquí estoy, cumpliendo... Quiero agradecer a Georgi G, por sus palabras, y comentar siempre... Gracias querida!
También, mis más sinceras gracias a Rose1404 que lee mi historia del otro lado del mundo... Merci beaucoup! Y a AndersonHummelovers... Los amo a todos, incluso a mis lectores fantasma que no comentan, pero yo sé que están por ahi, jejeje...
Besos!
XOXO
