Hola... Lo sé... No es jueves... Pero estuve en una dimensión paralela donde creí que ayer era miércoles y... Bueno, soy una persona que vive al margen del tiempo-espacio... A fuerza sé que estamos en 2018 :D

Pero los compenso con este capítulo que está... Para morirse... Y para recordarles porqué este fic es "Rated M"...

So... Enjoy!


CAPÍTULO 12

Su cuerpo estaba encendido en fuego, sintiendo cada sensación como nueva, electrificando todos los puntos nerviosos de su piel. Sus bocas chocaban juntas con pasión, deslizándose entre ellas, húmedas, demandantes… exigiendo más del otro, deseándose locamente. Los gemidos resonaban por la habitación en penumbra, volviendo el ambiente erótico y excitante, mientras que los dos chicos sobre la cama, recorrían cada centímetro del otro, ocultos bajo las sabanas, como dos amantes ocasionales que se juntan sólo para unir sus cuerpos, desesperados por sentirse piel a piel. Kurt se retorcía bajo el cuerpo duro y masculino de Blaine, susurrando cosas sin ton ni son, disfrutando las embestidas potentes y sin pausa. Gimió fuerte, siendo incapaz de ocultar el placer en el cual estaba envuelto. Sus manos arrugaron las sabanas, en tanto el castaño se deshacía bajo las caricias del mayor. Estaba tan excitado, que podía ver como rápidamente se acercaba al clímax. Sin embargo, no quería que aquella maravilla acabara aún, por el contrario, deseaba seguir sintiendo el impacto de las caderas del moreno, sus respiraciones irregulares sobre el cuello y sus dulces labios lamiendo el hueso de su clavícula. Podría pasar horas sumido en esa intensa nebulosa de placer. Las manos grandes y varoniles de Blaine envolvieron su miembro, bombeando su venida, dejándolo sin aliento, rendido y profundamente satisfecho, como si hubiera tocado el cielo y regresado.

- ¡Blaine! – gimió, abriendo los ojos, con la respiración agitada. Miró a su alrededor, encontrándose sólo. Estaba en su cuarto, el reloj indicaba que apenas eran las seis de la mañana – Oh, santo cielo… - siseó al sentir la caliente humedad en sus pantalones. Había tenido un potente, y muy real, sueño húmedo con Blaine, y ahora tendría que cambiarse la ropa interior.

Se levantó con desgana, sintiendo aun las manos del moreno sobre su cuerpo y sus labios en su boca. Hacía muchísimo tiempo que no experimentaba algo así. Tal vez cuando su noviazgo con Sebastian comenzó a subir de tono y se masturbaba antes de irse a dormir, hablando por teléfono con su ex… Pero esto… esto era diferente, porque se había corrido gloriosamente, sin siquiera llegar a tocarse, sólo con la imagen de Blaine en un sueño. Era una locura.

- Maldición – masculló, al notar que, a pesar de su pequeño accidente, volvía a estar duro, con los vestigios del sueño vívido que no podía dejar de ver en su cabeza. Sin poder detenerse a pensar mucho en ello, decidió continuar el juego con su mano, dándose placer para luego dormirse una hora más.

No tuvo que esforzarse mucho en ello, pues su cuerpo recordaba las caricias de su ensoñación, lo que le facilitó la tarea en gran manera. No sabía que le ocurría con Blaine, ni qué clase de hechizo había puesto sobre él el moreno, para que no pudiera quitárselo de la cabeza. Su corrida fue tan abundante como la primera, lo cual sorprendió al menor. Llevaba demasiado tiempo sin hacer el amor con nadie, por lo que le atribuyó su percance a ese hecho.

- ¡Kurt! ¡Ya levántate! – Finn apareció por su puerta, una hora después, vociferando y descorriendo las cortinas – Llegarás tarde al instituto.

- ¡Argh! – el aludido se volteó en su cama, quedando boca abajo, tratando forzosamente de mantener sus ojos cerrados.

- ¡Arriba! – insistió el más alto, meciéndolo con energía, pero no demasiada.

- Te odio, Finn… - graznó, con voz adormilada.

- Ya me lo agradecerás – se rió el mayor.

Cuando llegaron al instituto, Blaine estaba esperando por él. Finn le susurró que no se fiara de ese tipo, pero Kurt le aseguró que era una buena persona, al menos con él.

Blaine se acercó al castaño, con su sonrisa arrogante.

- ¿Has convertido a Hudson en tu escolta, o algo por el estilo? – bromeó, una vez que el mencionado chico se alejara.

- Es mi hermano, ¿qué esperabas? – el corazón en su pecho latía desbocado, recordando al moreno sobre sí, embistiéndolo sin piedad. Sintió la cara arder y le fue imposible disimular su reacción.

- Hmmm… - Blaine tarareó, acercándose aún más a él – Tienes una mirada extraña esta mañana, ¿te ha pasado algo?

- No, nada, ¿por qué lo dices? – se apresuró en decir, retorciendo sus manos con nerviosismo.

- No lo sé, pero si no te conociera, creería que acabas de follar – los ojos azules del chico se expandieron, ruborizándose hasta las orejas.

- ¿Qué? ¡No! – negó, agitando sus manos, con una sonrisa forzada.

- Sólo decía – finalizó, manteniendo su mirada escrutadora sobre el ojiazul.

Kurt deseaba poder abanicarse, para apagar el calor de su rostro, pero temía delatarse si lo hacía. El moreno posó un suave beso en la comisura de sus labios y el castaño se maldijo por no ser capaz de sostenerlo con ambas manos y plantarle un beso como corresponde.

Caminaron hacia el interior de la escuela, muy juntos, como si no pudieran estar separados el uno del otro.

Las clases fueron una tortura para el castaño, quien se distrajo demasiado fácil, recordando su sueño; aquel fascinante reflejo de sus más íntimos deseos, y que le produjo una erección que tuvo que ocultar tras su bolso, para no ser descubierto. Ahora más que nunca, necesitaba follar, se dijo a sí mismo.

Al salir de la primera clase, chocó de frente con Puckerman, quien casi lo lanza al suelo, pero en un rápido movimiento, logró sostenerlo.

- Mierda, lo siento – se disculpó - ¿Estás bien?

- Sí, sí, no fue nada – Kurt se revisó con la mirada, para chequear que todo estuviera en orden.

- ¿Estás seguro? – insistió, comprimiendo el corazón del castaño.

- Lo estoy – aseguró, mirando esperanzado a su mejor amigo.

- Okay, entonces… - Noah hizo el ademán de marcharse, pero Kurt lo sostuvo con ambas manos de su brazo.

- ¡Espera! – rogó – Noah, por favor… - los ojos azules hicieron mella en el mayor, ablandando sus emociones – No puedo seguir sin hablarte, te necesito y te extraño muchísimo…

- Kurt, yo… - Puck dudó entre zafarse y seguir caminando, o escuchar a su "amigo".

- Por favor, por favor… Sólo, no me odies… - insistió el menor – Eres mi mejor amigo y no quiero que sigas molesto conmigo… Realmente lo siento, y voy a compensarte por eso.

- ¿Tú?... Y ¿cómo? – dudó Puck, abierto a negociar.

- Te ayudaré con los exámenes finales… Responderé todo por ti si es necesario – prometió.

- Es una oferta tentadora, pero los maestros siempre reconocen tu letra – se quejó, encogiéndose de hombros.

- Estudiaremos, te daré las clases particulares que te prometí, lo juro – ofreció, con su mejor sonrisa. Puck era débil cuando del castaño se trataba.

En su cabeza Kurt no era como los demás chicos, y si bien, no era tampoco una chica, se sentía como una, pero sin toda la complicación de los sentimientos y dramas típicos de las mujeres. Sus ojos lo cautivaban y desde hace un tiempo que sentía que el estómago se le torcía cuando veía a Kurt sonreír sólo para él, como lo estaba haciendo en ese momento. Aunque le había dolido sinceramente la mentira del menor, no podía enojarse con él.

- De acuerdo, Hummel – respondió, sacando una pequeña celebración del castaño – Pero, tendrás que tenerme una buena cantidad de comida.

- Cuenta con ello – decretó el menor, ampliando aún más su sonrisa.

- Y… - añadió Noah – Me dirás que relación tienes con Anderson – la sonrisa de Kurt decayó notoriamente – Porque no soy ciego Kurt, y los he visto muy juntos estos días.

- Lo sé, pero creo que será mejor hablar de eso en mi casa – sugirió, guiñándole un ojo al mayor, para luego besar su mejilla y echar a andar hacia la cafetería - ¡Muero de hambre! – se quejó, y Puck rió, siguiéndole, como siempre.

Cinco metros más allá, un ceñudo Blaine miraba la escena, resoplando por la nariz. No lograba comprender por qué le molestaba ver a Kurt besando a su mejor amigo, pero desconfiaba de aquella amistad, y sentía que en cualquier momento Puckerman le arrebataría al castaño, dejándolo sin nada.

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Al llegar la tarde de aquel día, Kurt esperó encontrarse con Blaine en el aparcamiento, como se les había hecho costumbre, sin embargo él no estaba por ningún lado, aunque su moto estaba allí. No supo si esperar por él o simplemente irse y llamarlo luego, pues seguramente se pasaría por su casa después del trabajo. Mientras se debatía entre ambas opciones, a la distancia vio la silueta del moreno, acompañado de una chica vestida de animadora. Ambos estaban riendo y toqueteándose sin miramientos, de camino a la moto del mayor. La boca de Kurt cayó abierta, y sus ojos no fueron capaces de apartarse de la extraña escena. ¿Qué había pasado con aquello de estar juntos en la escuela? Blaine le había dicho que quería ser el padre de su bebé, pero ahora se besuqueaba con otra chica, en frente de sus narices. Los ojos mieles de Blaine capturaron los de Kurt, y como si lo disfrutara, sonrió y besó a la chica, sin apartar la mirada de Kurt. ¿Estaba haciéndolo a propósito? ¿Qué había hecho Kurt para que el moreno estuviera comportándose así?

Mil interrogantes se acumulaban en su cabeza, sin respuesta ni razón aparente; y antes de que el espectáculo subiera de nivel, Kurt se subió a su carro, largándose de allí.

Sus manos presionaban el volante con fuerza, estaba profundamente dolido con el moreno y muy encabronado. No podía asegurar que sentía celos, pero tampoco lo descartaba, pues últimamente sus sentimientos hacia Blaine habían mutado en algo más, a pesar de que se obligaba a sí mismo a reprimirlos cuando de Blaine se trataba. No quería salir lastimado y sería irresponsable de su parte permitirse caer enamorado del moreno, pues ahora mismo, ya estaría destrozado por su traición. No, lo mejor que podía hacer, era encapsular su corazón, para que nadie lo rompiera otra vez.

Al llegar a casa, colgó su bolso y se quitó lo zapatos. Registró la nevera en busca de comida, pues sentía que era capaz de comerse un caballo entero. Saco muchas cosas, tanto dulces como saladas, poniéndolas en distintos recipientes. Preparó sándwiches y sirvió jugo de naranja en un vaso grande. Puso todo en una charola y se instaló en el sofá de la sala. Se sentía deprimido y lo compensaría con comida y televisión, pues no pensaba llorar una sólo vez más.

Cuando su padre llegó por la tarde, en compañía de su esposa; encontraron a un dormido Kurt, sobre el sofá, en posición fetal. Se veía tan pequeño e indefenso que su padre lo levantó en sus brazos y lo cargó hasta el cuarto. El chico aún era delgaducho, por lo que no significó un gran esfuerzo para Burt. Lo cubrió con las mantas y cerró la puerta tras él.

Blaine Anderson caminaba hacia él con las manos en los bolsillos de su chaqueta de cuero negra, haciendo resonar sus zapatos militares sobre el piso del desolado McKinley. Kurt estaba de pie, junto a su casillero, mirándolo andar, con el corazón ligeramente agitado, y la respiración entrecortada. La imagen del moreno lo afectaba en muchos sentidos. El mayor le sonrió, calentando el rostro del ojiazul, quien se mordió el labio, en un gesto que pretendía ser sexi. "¿Por qué estás aquí?", susurró Kurt, con una voz cargada de deseo. El pelinegro se acercó peligrosamente a él, poniendo su boca a la altura de su oído. "Porque te necesito", dijo, cosquilleando el lóbulo del castaño, enviándole corrientes eléctricas por todo el cuerpo. Las manos del mayor, lo tomaron con propiedad por la cintura, pegándolo a su cuerpo, asegurándose de demostrarle la realidad de sus palabras. Kurt no pudo detener el gemido que salió de su boca, y el moreno lo tomó como una invitación a devorarlo, allí, en mitad del pasillo de la escuela. Sus labios succionaron los del ojiazul con urgencia, apoyándolo contra el frío metal de la taquilla. Se besaron con fiereza, sin freno y sin deseos de detenerse jamás. De un momento a otro, Kurt se vio a sí mismo, recostado sobre una mesa, dentro de un salón levemente iluminado. Blaine estaba sobre él, arrancándole la ropa desesperado, susurrándole incontables frases que sólo lograban subir aún más su temperatura, si es que eso fuese posible. Ahora Kurt ya no retenía los jadeos que escapaban de su boca, porque le era imposible pensar en algo diferente de lo que Blaine estaba haciéndole. Las manos grandes del moreno lo sostenían fuertemente de las caderas desnudas, enterrándole las uñas, mientras lo penetraba rápido, convirtiendo al menor en un cúmulo de gimoteos y maldiciones a medias. "¡Oh, Blaine!", lloriqueó, siendo incapaz de asimilar todas las sensaciones en su cuerpo. "Kurt… te amo…", susurró sobre sus labios el moreno, para luego cubrirle la boca con la suya, en un beso caliente. "Te amo…", repitió, antes de colapsar sobre el menor.

- ¡Oh, Dios! ¡Sí! – profirió Kurt en voz alta, de forma tan indecente, que parecía salido de una película erótica. Abrió su ojos, justo antes de sentir que se corría sobre sí mismo – Oh, no… ¡No! – se maldijo, al notar que nuevamente se trataba de un sueño. Su cuerpo aún estaba recibiendo los pequeños espasmos del clímax, y el castaño no podía dejar de sentirse decepcionado por creer que todo era real.

Sabía que tenía que hacer algo al respecto, o Carole empezaría a sospechar de sus cambios diarios de sábanas. Para su mala fortuna, el protagonista de sus inapropiados sueños, no era una opción en este momento, pues había roto su palabra una vez más, por ligarse a una porrista. Kurt pensó en que si tal vez Blaine hubiera insistido con él un poco más, el castaño cedería.

Por lo pronto, y arriesgándose a parecer promiscuo, necesitaba encontrar alguien para apagar el fuego de sus pantalones de una vez y por todas. Nuevamente le atribuía la responsabilidad al embarazo y a sus hormonas.

-o-

El siguiente día fue extraño sin la constante presencia de Blaine, quien continuaba, por motivos que desconocía, molesto con Kurt. El castaño lo extrañaba como un loco, pero su orgullo no le permitía hacer ningún movimiento para recibir una explicación por su comportamiento.

Pero, volver a reestablecer su amistad con Puck, lo mantenía contento. Hablar en clases, bromear y escuchar sus chistes, le llenaba el corazón. Realmente lo había echado de menos. Y fue precisamente en la clase de francés, mientras Puck le decía con una horrenda pronunciación, que sus ojos eran hermosos, que una idea pasó por su cabeza.

Kurt sabía que Noah lo quería demasiado como para sólo ser amigos, el castaño no era idiota y los recurrentes insultos a su ex, le daban a entender que lo celaba y lo resguardaba de Blaine como si de un novio se tratara. Lo cierto es que el ojiazul estaba seguro que Puckerman tenía sentimientos confusos por él, y aquello era una ventaja para el castaño, mucho más en la situación en la que se encuentra. Necesitaba a alguien, pero no podía ser cualquiera, debía ser alguien en quien confiara de esa manera, y que tuviera la certeza que luego no lo divulgaría. Puckerman era perfecto para el trabajo.

- Entonces… - Kurt usó su mejor sonrisa y mirada coqueta, poniendo una mano sobre el hombro del mayor - ¿Vendrás a mi casa hoy?

- S-sí… - Puck imitó de forma automática la expresión de un perrito, mirando con fascinación al ojiazul – Además, tenemos una conversación pendiente.

- Lo sé… - Kurt contaba con que lo hubiera olvidado.

De camino a casa de Kurt, Puck no contuvo más sus palabras y simplemente lo soltó.

- Sé que tú y Anderson tienen algo – Kurt casi pisó el freno a fondo, pero se contuvo, poniendo cara de póker – Y no intentes negármelo, porque vi cuando te beso en el parqueadero – el castaño inevitablemente se cuestionó, ¿Cuál de todas los besos había visto Noah? No podía estar seguro y rogaba porque no fuera el de aquel día de lluvia.

- ¿Qué? – fingió inocencia, sintiendo un rubor extenderse por todo su rostro.

- Estoy seguro que desde la condenada fiesta esa, ustedes jamás han dejado de hablar, y quien sabe que otras cosas han hecho – lo miró con escrutinio.

- No, alto ahí Noah – lo frenó el menor – De acuerdo, digamos que somos algo más que conocido, porque como sabes… yo estaba muy bebido y… nos acostamos – Puck soltó un bufido – Pero… luego de esa vez, te juro… jamás se volvió a repetir.

- Es bueno saber que al menos no han vuelto a follar – escupió – Y supongo que eso no es todo.

- Ha sido muy complicado para mí todo esto Noah, es decir… Mírame, tengo dieciséis años, voy a tener un hijo, mi novio me dejó… Soy un desastre emocional – intentó explicarse – Y para suerte o desgracia, Blaine no se ha despegado de mi lado, siempre buscándome, intentando… no lo sé… conseguirme de nuevo – negó con la cabeza – Y he estado muy vulnerable, he cedido con él, porque soy humano… Y tengo necesidades – Puck lo miró como queriendo decirle algo – Pero eso es todo, no hay sentimientos de por medio, sólo nos besamos de vez en cuando, y luego peleamos, nos volvemos a besar y nos hacemos promesas que después no cumpliremos…

- Son un par de idiotas – masculló Puckerman, quitándose el cinturón de seguridad, pues acababan de llegar a casa del castaño.

- Ni siquiera puedo decir que es mi amigo, porque mi amigo eres tú – Kurt puso una mano sobre el muslo del chico, haciendo que este se estremeciera ligeramente. El ojiazul no pretendía dejar su plan de lado.

- B-bajemos… - tartamudeó.

Ambos chicos entraron a la casa, quitándose los bolsos. Kurt se sentó en el sofá, acomodándose.

- Supongo que luego de estudiar habrá cena – comentó el chico del mohicano, lanzándose junto a Kurt – Porque ya sabes que esto del estudio me produce muchísima hambre.

- Eso ya lo sé – respondió el castaño.

Pasaron un par de minutos realmente intentando estudiar, pero los deseos estaban carcomiendo por dentro a Kurt. Llevaba dos días teniendo sueños húmedos y la cercanía de su amigo no ayudaba a controlar su cuerpo, y no había manera de que pudiera continuar con esto por más tiempo. Además, Kurt no podía negar que Puckerman era un chico atractivo, algo tonto, y un poco brusco a veces, pero lindo a fin de cuentas.

- Am… Noah – Kurt rió coquetamente – Es… estás haciendo todo al revés, debe fijarte si la proporción es inversa o directa, y cambiar los factores ante de realizar el ejercicio.

- ¿Uh? – Puck volteó a ver al castaño, encontrándolo peligrosamente cerca de su rostro.

- Tú… - el ojiazul soltó el aire de golpe, esforzándose por no lanzarse sobre Puck. Los ojos del Puck viajaron desde sus azulados ojos a sus labios sonrosados. Un rubor cubrió las mejillas de Kurt, mientras este cada vez se acercaba más al mayor, en busca del contacto.

Sin detenerse mucho a pensarlo, Puckerman ladeó la cabeza, para que sus bocas encajaran a la perfección y besó a su amigo, lento y parsimoniosamente, disfrutando de la suavidad del roce de sus labios.

Kurt rápidamente intentó obtener más de aquel acercamiento con Noah, subiendo de intensidad. Grande fue su sorpresa cuando, con delicadeza, Puckerman lo alejó de él.

- Lo siento… No… esto no está bien – susurró.

- ¿Qué pasa? – el castaño intentó volver a besarlo, pero la negativa de Puck fue clara.

- Kurt, eres un chico increíble, y te… quiero demasiado, como para hacernos esto – explicó – Yo no quiero que nuestra amistad se arruine… - Kurt negó con la cabeza, apenado – Además, es evidente que tú sientes algo por Blaine y él por ti…

- Eso no es cierto – quiso discutir.

- Hey, he visto a Anderson mirarte a escondidas en las clases de gimnasia o en la cafetería – confesó – No te dije nada, porque creí que era un loco psicópata, pero me di cuenta que también tú estás siempre buscándolo… - Kurt tragó el nudo en su garganta – Y no sé qué haya pasado entre ustedes que ya no se hablan, pero tienen que solucionar sus mierdas, y comportarse como adultos – las fuertes palabras taladraron en el pecho del castaño – Tú vas a tener un bebé, y… puedo jurar que Blaine es el padre… Ustedes tienen que estar juntos y dejarse de pendejadas.

- Noah… - Kurt lo vio ponerse en pie, y tomando sus cosas, se marchó.

La cabeza del ojiazul dio vuelta y palpitó, pensando en todo lo que su amigo había dicho, maldiciéndose a sí mismo, porque tenía razón. Al menos en la parte de que si iban a tener un hijo, debían madurar y comportarse a la altura de la situación. No podían estar como perros y gatos. Y si bien, las líneas dibujadas en la mente de Kurt, lentamente se borraban entre ellos, debían ser capaces de hacerlo funcionar.

-o-

Esa noche, Kurt no quiso cenar. Se disculpó, inventándose un malestar y se encerró en su cuarto. Estaba nervioso y se paseaba por el cuarto como un león enjaulado. Buscó entre la ropa que había comprado con Finn, lo más sexi que le permitía su estado, se vistió, y sobre eso, se puso su pijama. Al oír a su padre subir las escaleras, se metió rápidamente en la cama y fingió estar profundamente dormido, recibiendo el beso de su padre en la frente.

Esperó con impaciencia escuchar los ronquidos de Burt. Al resonar los primeros, supo que era el momento de salir de allí. Con sus zapatos en la mano y una chaqueta en la otra, anduvo por el pasillo, acariciando el suelo bajo sus pies, con delicadeza, para no interrumpir el sueño de nadie. Bajó las escaleras con una sonrisa en el rostro y la adrenalina cosquilleándole el vientre. Abrió y cerró tras de sí la puerta principal con un chasquido suave y se calzó los zapatos, además de la chaqueta.

Subió la calefacción de su carro, pues la noche estaba tan fría como si fuera a caer la primera nevada del año. Recorrió las calles, forzando a su cerebro a recordar el camino correcto. La única vez que lo había recorrido, también era de noche, no podía resultar tan difícil. Agradeció a su buena suerte cuando logró dar con el conjunto de departamentos. Estacionó y bajó del carro con el corazón palpitándole en la garganta. Las dudas comenzaban a apoderarse de su determinación. Porque, ¿qué pasa si Noah estaba equivocado? O ¿si Blaine no estaba durmiendo solo esa noche? Sus pasos vacilaron, entrando al elevador. Su dedo se posó sobre el botón con el número cinco, indeciso.

Entonces una valentía renovada lo abordó, y se dijo a sí mismo que si ya estaba allí, al menos lo intentaría. Era todo o nada. El sonido que anunciaba su llegada a destino, le aceleró los latidos. Caminó, con inseguridad, pero aun así avanzó, hasta pararse frente a la puerta blanca con el número 22 en ella. Tomó dos bocanadas de aire, antes de golpear con su puño en alto, y rogar porque no saliera una chica semidesnuda a abrirle la puerta.

- ¡Diablos! – oyó desde el interior un golpe, como si algo se hubiera caído - ¿Quién mierda puede ser a esta hora? – la puerta se abrió de una vez y Kurt pudo ver el perfecto y adormilado rostro de Blaine, quien sólo vestía una delgada camiseta sin mangas, junto a sus boxers. Se restregó un ojo y luego la sorpresa se apoderó de su cara – ¿Kurt?

- ¿Soy inoportuno? – quiso saber el castaño, sin rodeos, conteniendo la ganas de comerle la boca.

- N-no… - balbuceó, mirándolo como si fuera una aparición – Nunca…

Esa respuesta bastó para que Kurt lo tomara por el rostro y con la boca abierta, capturara la de Blaine en un beso que les quitó el aliento. El moreno, con torpeza, lo metió al departamento, girándolo y cerrando la puerta con una patada. Sin esperar más, le ayudó al menor a deshacerse de las capas que lo cubrían, lanzando todo al suelo, mientras, sin dejar de besarse, hacían el camino hacia el cuarto de Blaine. Se tropezaron con el sofá de la sala, y luego el moreno estrelló la cabeza contra el marco de la puerta de su cuarto, pero nada podía desconcentrarlo de su trabajo de besar a Kurt. Estaba extasiado, creyendo que vivía un sueño demasiado real.

- No puedo creer… que estés aquí… - susurró contra sus labios.

- Shhh… - lo cayó el castaño con una mirada caliente, lanzándolo luego sobre la cama.

Acto seguido, Kurt se quitó los pantalones, pues era lo único que le quedaba puesto en ese punto. Se acomodó sobre Blaine y lo besó profundamente, disfrutando la realización de todos sus sueños vividos. Se decía a sí mismo que se cobraría de todos ellos.

Se frotaron uno contra el otro, en busca de la fricción, lo cual produjo una par de candentes gemidos de parte del castaño, encendiendo al pelinegro en fuego.

- Kurt… - jadeó directo en su oído, electrificándole el cuerpo y el castaño casi se corrió con lo que su voz le transmitía.

El menor podía sentir las manos del moreno por todo su cuerpo, explorándolo y absorbiendo cada parte de su cuerpo y cada centímetro de su piel.

Blaine lo puso bajo su cuerpo, tratando de no cargarlo con su peso, besando desde su dulce boca, hasta su ombligo, en un recorrido que solo hacía gemir complacido al ojiazul. Lentamente le quitó la única prenda que cubría su cuerpo, revelando su excitación, palpitante y firme. Lo acarició, tomándose su tiempo para disfrutarlo, y luego, sacando una maldición de los labios de Kurt, lo devoró completamente con su boca. Manteniendo un ritmo constante y rápido, le hizo perder la cordura al ojiazul con su lengua, estimulando los puntos sensibles, viendo como el chico se retorcía de placer, bajo sus succiones.

- Oh, mierda… ¡Blaine! – gritó por primera vez su nombre, endureciendo aún más al moreno. Esto era un sueño para él. Desde aquella vez en la fiesta, cada día, había querido repetir la oportunidad de tenerlo en su cama, completamente sobrio para explorarlo como el castaño se merecía. Tan grande era su deseo por el chico, que se había abstenido de follar con alguien más, esperando por Kurt, y ahora por fin lo tenía allí, sobre su cama, desnudo y gimiendo mientras lo engullía sin piedad. El moreno sintió su clímax acercarse con ese pensamiento.

Volvió hacia la boca de Kurt, besando su vientre en el camino, y lamiendo sus pezones rosados, hasta regresar a sus labios, los cuales succionó con la misma avidez con la que lo hiciera con su miembro antes.

- Blaine… B-blaine… - gimió – Te necesito… ¡ahora! – demandó, y el pelinegro no pudo hacer más que obedecer.

Rebuscó rápidamente en su mesita de noche por algo de lubricante, oyendo la protesta del castaño ante su momentánea lejanía, pero regresó a los jadeos irregulares, al sentir la fría sustancia. Las manos de Blaine lo sostuvieron por las caderas, firme e inmediatamente lo embistió. El castaño estaba tan excitado que a pesar del tiempo que había pasado, casi no fue doloroso, pudiendo disfrutarlo, tal como en sus sueños. Las sensaciones lo superaron, y sólo podía jadear como un demente, gritando el nombre de Blaine, sin importarle que alguien lo oyera. Y el moreno, con sólo oírlo, le era realmente difícil no venirse, pues se le hacía tan caliente escucharlo así, sin inhibiciones, pidiendo cada vez más, apretándose condenadamente bien a su al rededor.

- Kurt… - Blaine quería decirle tantas cosas; partiendo por recordarle que era hermoso, que su cuerpo era perfecto, que adoraba la forma como se sonrojaba, y que su sucia boca lo desquiciaba, que podría vivir su vida entera haciéndole el amor y que amaba todo de él, pero no podía, porque estaba demasiado abrumado con cada sensación que lo tenía al borde – Y-yo… Ah… T-te… a…

- ¡Blaine! – lloriqueó el menor, corriéndose rítmicamente sobre su estómago. Al ver aquello, junto con la profunda expresión de placer en el castaño, el moreno no pudo contenerse más y se vino también.

- ¡Santo cielo! – Blaine hizo un sonido gutural, derramándose en el interior de Kurt.

El menor, intentó regular su respiración, y componerse luego de aquello. Había sido tres veces mejor que sus sueños, empezando porque esto era tan malditamente real, que los espasmos aún no se detenían del todo. Se sentía lleno y satisfecho a la vez, completamente complacido y no podría arrepentirse jamás de la decisión de venir por Blaine. El moreno se retiró delicadamente del menor, tomando una respiración para recuperar el aliento. Caminó hacia el baño, regresando con una toalla que había mojado. Ayudó a Kurt a limpiarse y luego se limpió a sí mismo. Se recostó junto a Kurt en la cama, envolviéndolo con sus brazos, besándolo dulcemente y acomodando los mechones que se le pegaban en la frente.

- Eso fue bueno… - bromeó el castaño, con un rubor que ya parecía parte de su rostro.

- Fue increíble, lo mejor de mi vida… - rió de vuelta el moreno, jugueteando con sus manos entrelazadas – Aun creo que estoy soñando.

- Puedo pellizcarte para que compruebes que es real – ofreció el menor. Blaine negó con la cabeza, divertido.

- ¿Tienes frío? – y antes de tener oportunidad de contestar, Blaine, lo estaba metiendo bajo las mantas de la cama.

- Gracias… creo que necesitaré un momento para recuperarme de esto – continuó con las bromas.

- Puedes tomarte todo el tiempo que quieras – respondió el pelinegro, dándole pequeños besos en su hombro y brazo, luego acercó a su boca las manos enlazadas, para besarlas también. Kurt se dejó mimar, sintiéndose con el corazón hinchado de felicidad.

No supo en qué momento, se durmieron profundamente.

-o-

La luz brillante que pasaba a través de las persianas, pegaron justo en la cara de Kurt, sacándolo lentamente de su ensoñación. Se restregó un ojo, e intentó girarse para esquivar la molesta luminosidad, pero un cuerpo lo envolvía como una segunda piel.

- Maldición – susurró, cuando los recuerdos de la noche anterior vinieron a él, junto con un malestar agradable en su zona baja - ¿Qué hora es? – chilló, despertando por completo, y también apartando de su descanso a Blaine.

- Hmm… ¿Qué pasa, cariño? – murmuró con voz ronca.

- Me dormí y tenía que regresar a mi casa anoche – comenzó a explicar, al tiempo que se ponía de pie y rebuscaba su ropa, tirada por doquier. No tuvo tiempo siquiera de sentir pudor por despertar completamente desnudo, necesitando una ducha – Mi papá me va a matar si no estoy en casa – añadió, pasando una pierna por el bóxer y brincando luego para ponerse la otra.

- Tranquilo, son… las seis y media… - el moreno bostezó, desperezándose luego, quedándose sentado en la cama, siguiendo con la mirada la desesperada búsqueda de Kurt por su ropa.

Cuando se hubo vestido, Blaine apenas tuvo la delicadeza de ponerse un par de calzoncillos, para seguirlo por el resto de la casa.

- Hace dos días, creí que tenías alguna especie de romance con Puckerman – comentó, como quien habla del clima – Pero, supongo que me equivoqué – añadió con una sonrisa cómplice.

- ¿Qué? – la imagen de Blaine besando a la porrista, acudió a la cabeza de Kurt - ¿Es por eso que estabas ignorándome? Creí oírte decir que no te gustaban las formalidades.

- Lo sé… pero no quería que me desplazaras otra vez como padre del bebé – confesó, rascándose la nuca – Y le dieras ese lugar a Puck.

- Eso no es así – decretó, poniéndose la chaqueta y alisándola con las manos. Blaine se acercó a él, guiándolo a la puerta – De todos modos, lo que pasó anoche... No cambia las cosas entre nosotros – la sonrisa del moreno decayó al instante.

- ¿Cómo que no cambia las cosas? – el moreno se veía decepcionado, pues inevitablemente se había imaginado despertando muchas veces más con el castaño a su lado.

- Sólo tenía ganas y tú también, lo hicimos y fue divertido… Eso es todo – explicó, sintiendo como las líneas que antes se veían borrosas, volvían a demarcarse entre ellos – Adiós, Blaine – se despidió, sin mirar atrás y salió del edificio.

Blaine se quedó sosteniendo la puerta a medio cerrar, hasta que Kurt desapareció de su campo de visión. Cerró de un portazo y pateó un cojín que había caído al suelo anoche, cuando trataban de llegar al cuarto. Estaba cabreado de la actitud evasiva de Kurt y no sabía que pensar, ni que sentir; porque hasta hace sólo cinco minutos atrás, era el idiota más feliz del mundo… y ahora sólo se sentía como un idiota, nada más.


Capítulo intenso, ¿no? Qué les parece la actitud de Kurt con Blaine? Debería dejarse querer? Debería mantener su distancia? Quiero leer sus opiniones.

Besos!

XOXO