Hola mundo! Como siempre, estoy subiendo un capítulo a última hora... Pero esforzándome en cumplirles.

Enjoy!


CAPÍTULO 13

- ¿Has madrugado hoy? – preguntó Burt, al ver a su hijo saliendo del cuarto, incluso con una chaqueta ya puesta. Lo cierto era que Kurt había sido atrapado en el momento justo en que entraba a su cuarto y para disimular, fingió estar saliendo de ella.

- Am… sí – se apresuró en decir, rogando porque nada en su atuendo revelara su escapada nocturna – Me dormí más temprano que de costumbre ayer, y… bueno – se encogió de hombros, forzando una sonrisa en el rostro.

- Bien, voy a preparar café para todos – avisó su padre - ¿Me ayudas?

- Er… ¿sabes qué? – Kurt se recorrió a si mismo con la mirada – Creo que estos zapatos no quedan del todo bien con el resto… - se excusó, para poder entrar a su cuarto sin que su padre sospechara de él – Voy a cambiarlos.

Burt negó con la cabeza, sonriendo. Kurt solía ser exigente con la ropa que usaba, por lo que no le sorprendía para nada su indecisión. Había llegado a cambiarse hasta tres veces antes de salir a algún lugar.

- No tardes, prepararé leche para ti – comentó, caminando hacia las escaleras.

El menor respondió afirmativamente, entrando luego a su habitación y cerrando tras de sí. Soltó un suspiro de alivio y acto seguido, comenzó a quitarse la ropa. Tal vez si lograba hacerlo realmente rápido, podría darse una ducha.

Media hora después, Kurt se encontraba limpio y oliendo a su perfume de miel silvestre, sentado en la isla de cocina, comiendo un par de tostadas con una taza de leche caliente. Su padre notó que había cambiado todo el conjunto que antes traía puesto, pero su hijo sólo se encogió de hombros en respuesta, alegando que no le convencía salir vestido así.

En el instituto, se encontró con Blaine en cuanto parqueó su carro. Se habían visto hace sólo unas horas, pero los recuerdos de su noche juntos, le pintaron el rostro de carmín al menor al verlo caminar hacia él. El moreno tenía una sonrisa en su rostro y todo en él gritaba que había follado. Irradiaba sensualidad y Kurt se tensó en ciertas partes, en el momento en que el pelinegro lo tomó por la nuca y lo besó. El castaño se sorprendió de la forma como lo saludó, delante de todas las personas que había en ese momento en el parqueadero, sin importarle nada. Fue sólo un beso simple, de un par de segundos, sin embargo, le rememoró muchas de las eróticas escenas vividas aquella noche.

- Hola, cariño – murmuró, separándose con una sonrisa aún más grande.

- ¿Y eso? – quiso saber el castaño, comenzando a caminar.

- ¿Qué cosa? – se hizo el desentendido – No sé de qué hablas.

Kurt alzó una ceja, conteniendo una sonrisa. Blaine definitivamente tenía un aura distinta ese día, hasta parecía juguetón y bromista, como un niño.

Aquel jueves pasaba lento, adornado por las pequeñas muestras de afecto de Blaine, quien no perdió ninguna ocasión para robarle un beso o tomar su mano. Puckerman averiguó qué había pasado entre ellos, pues luego de su conversación, asumió que el castaño hizo algo. Él le contó a grandes rasgos lo ocurrido, a pesar de las inapropiadas bromas que Noah soltaba entre medio, exigiendo detalles de algunas cosas técnicas, que mantuvieron sonrojado al ojiazul todo el tiempo que duró su conversación.

El viernes no fue distinto, y los temores de Kurt, con respecto a involucrar sentimientos, aumentaban. Podría irse al infierno antes de reconocer que se derretía como hielo al sol con cada mirada cargada de deseo que le daba el moreno, o que su piel se erizaba cuando le acariciaba la mejilla o tomaba su mano entre las suyas. Ni bajo extorsión podía admitir todas aquellas mariposas que le revoloteaban dentro con cada beso; no podía decirlo en voz alta, por lo que silenciaba sus pensamientos cada vez que aquellas afirmaciones aparecían. Su corazón no soportaría romperse otra vez.

Blaine, por su parte, se encontraba completamente hechizado con la oceánica mirada del menor, su sonrisa lo embriagaba, al igual que su fragancia dulce y cálida. Cada vez que lo tenía cerca, necesitaba tocarlo y obtener más de él. Nunca era suficiente. Su corazón estaba como un loco, y no lograba explicarle a su cerebro aquella obsesión con los labios suaves y rosados de Kurt. Estaba en medio de un desierto y el chico de sonrojadas mejillas y ojos azules, era su oasis. ¡Por él había dejado de follar, maldita sea!… Y eso era una gran cosa para el moreno.

-o-

Kurt despertó la mañana del sábado con tristeza. Aquel era un día especial, y el único del año en que se permitía estar anímicamente deprimido. Buscó entre su armario algo sobrio para vestir, lo hizo y bajó las escaleras. Su padre estaba sentado en la sala, con una expresión que no distaba mucho de la suya.

- Hola – susurró el castaño.

- ¿Vas a salir? – indagó su padre, al verlo tan arreglado y con una chaqueta en la mano.

- Sí – pasó saliva, para tragar el nudo en su garganta – Van ocho años… y aun se siente como si fuera ayer que se fue.

- Lo sé… - Burt se puso de pie y lo envolvió con un brazo – Ella era especial.

- Ahora la necesito más que nunca – comentó el menor, quitando una traidora lágrima que caía por su mejilla - ¿Me acompañarás?

- No, yo… iré por la tarde – depositó un beso en su cabeza – Ve tranquilo.

Kurt salió de casa y se montó en el carro, encendiéndolo.

-o-

El día sábado, Blaine se dijo a sí mismo que no era una mala idea pasarse por casa de Kurt, tal vez decirle que fueran a tomar un café, o comer algo.

Al llegar, detuvo su moto dos casas antes, como siempre lo hacía; pero al ver que el castaño salía de casa y se marchaba en su carro con una expresión triste, decidió que era mejor seguirlo, por si le pasaba cualquier cosa. O tal vez pudiera fingir un encuentro casual.

Anduvo tras el Navigator de Kurt por varias calles, hasta que éste se detuvo frente a una florería bastante grande. Entró al lugar y luego de cinco minutos, salió con un gran ramo de rosas blancas. Aquello llamó en sobremanera la atención del moreno. ¿Es que acaso Kurt tendría una cita? No, nadie carga una cara como la que traía el ojiazul ese día. Blaine podía sentir desde la distancia el aura gris del menor.

Continuó su recorrido por las calles de Lima, hasta tomar la carretera que salía de la ciudad. El moreno se maldijo por no prever que seguirlo sería un problema si el castaño se proponía salir de la ciudad. Su tanque de gasolina no duraría tanto. Para su suerte se detuvo frente a las grandes puestas del cementerio general de Lima, bajándose lentamente, acomodando el ramo. Entonces Blaine entendió de qué iba todo eso, Kurt seguramente estaba visitando a alguien importante y a eso se debían las flores y su expresión de tristeza.

Lo siguió, a una distancia prudente, caminando por los estrechos senderos, tapizados con hoja marrones que crujían bajo las pisadas de ambos.

- ¿Estás siguiéndome? – habló el castaño, deteniéndose y girando sobre sus talones, con una ceja alzada. Blaine, atrapado in fraganti, se rascó la nuca.

- N-no… Yo.. yo te vi salir de… tu casa y… - balbuceó errante mientras caminaba, acercándose al ojiazul – Pensé que podrías necesitar ayuda o algo… No es bueno que andes solo por ahí en tu estado – se salió por la tangente.

- Hmm… como digas – Kurt se mantuvo escéptico – Pero nada va a pasarme aquí… Sólo he venido a visitar la tumba de mi madre – aquello sorprendió a Blaine, él sabía que Hudson y él no eran hermanos de sangre, pero se imaginó a su madre divorciada, jamás que hubiera muerto.

- No sabía que… - el menor negó con la cabeza, mostrando una sonrisa comprensiva.

- No tenías como saberlo – comentó, retomando su camino con Blaine pegado a su hombro – No es como si habláramos mucho de estas cosas de todo modos.

- Deberíamos empezar a hacerlo entonces – sugirió el moreno, brincando un charco de agua, dándole la mano a Kurt para que lo pasara también.

- Tal vez – estuvo de acuerdo – Además… eres la primera persona que viene aquí, aparte de mi padre y yo.

- ¿Tu ex novio jamás te acompañó? – quiso saber y se riñó internamente por su boca indiscreta.

- No – respondió en un suspiro – Creo haberle dicho una vez, pero se excusó y no volví a insistir, porque este lugar es sagrado para mí, ¿sabes?

- Mierda, ahora pienso que fue mala idea seguirte – se disculpó el moreno, pero para su sorpresa, Kurt negó.

- No me molesta que estés aquí – le sonrió y Blaine le imitó. Se mantuvieron en silencio, simplemente caminando uno junto al otro, por el sendero, hasta que el ojiazul se detuvo frente a una lápida que citaba…

- ¿Elizabeth? ¿Es el nombre de tu madre? – quiso saber el moreno. El castaño asintió – Es un bello nombre.

- ¿Podrías…? – silenciosamente con su mirada le dio a entender que necesitaba un momento a solas.

- Claro.

Blaine caminó un poco más y se apoyó sobre el tronco de un gran árbol, observando a la distancia los movimientos del menor, quien se había agachado para depositar una de las tantas rosas blancas que tenía en su mano. Podía ver que movía la boca, pero no oía nada.

- Hola mamá – saludó Kurt, poniendo una rosa sobre el frío mármol – Como cada año, estoy aquí… a veces pienso que debería venir más seguido, pero… los recuerdos aún me duelen, ¿sabes? – una lágrima cayó sobre la loza – Tengo tanto que decirte, y ni siquiera sé si pueda… - puso otra rosa – Mi vida está dando vueltas muy rápido últimamente, y no he tenido tiempo de procesar todas las cosas que me están pasando… - sorbió su nariz y acomodó otra flor sobre las anteriores – Pronto serás abuela… - rió, entre lágrimas – Papá nunca me contó que eso era posible para mí, ¿puedes creerlo? Ahora ya es muy tarde para arrepentirse, pero… si soy sincero, me hubiera gustado que fuera diferente… El chico que está acompañándome es Blaine, un patán, mujeriego, y de ese idiota me embaracé… - se limpió con el puño de su chaqueta, mientras aun reía. Acomodó otra rosa – Ese idiota… se preocupa por mí, me cuida y me acompaña… Se mete a mi cuarto por las noches y le canta una canción a mi bebé, tiene una hermosa voz… Ese idiota está dispuesto a pelearse con quien sea con tal de defenderme, me cela y se muere si no lo dejo ser el padre de mi hijo – depositó una quinta rosa – Ese idiota se está metiendo bajo mi piel, y estoy tan asustado de todo esto… - una rosa más - Mamá, me haces mucha falta… Daría lo que fuera por escuchar tu voz una vez más, un consejo de madre… Yo no sé qué hacer con todo esto, siento que voy a colapsar… Quiero dejarme llevar y sólo disfrutar, pero no puedo… No quiero que juegue conmigo, mamá… - la penúltima rosa fue puesta – Blaine aun no es una persona madura en ciertos aspectos… Jamás se compromete, tampoco tiene "novios" – dijo, haciendo comillas en el aire – No es su estilo ser formal… Yo tampoco soy el rey de la madurez, sólo sé que quiero algo estable, donde me sienta seguro y cómodo… - puso la última rosa, besándola antes de dejarla junto a las otras – Tendré un hijo, y quiero darle eso… Y dudo que con Blaine pueda lograrlo… pasó la manga de su chaqueta gris nuevamente por sus mejillas - ¿Ves cuánto te necesito? Tú hubieras comprendido todo lo que me pasa, me enseñarías como cuidar del bebé, hornearíamos un pastel, mientras te cuento mis dramas emocionales y tú me dirías que sólo es algo pasajero… Me ayudarías a decirle a papá la verdad, lo suavizarás con tu voz y lo obligarías a calmarse, para que termine de escuchar mi explicación – volteó a ver a Blaine, quien jugueteaba con una hoja del árbol en el que estaba apoyado – Pero ya no estás aquí… y es un hecho que pronto tendré que decirle la verdad a todo el mundo, incluso… a Blaine – pasó un mano sobre el relieve de las letras en la lápida y se mantuvo en silencio un buen rato – Prometo venir con mi hijo la próxima vez… Te amo, mamá.

El castaño se puso de pie lentamente, borrando cualquier rastro de lágrimas, antes de hacerle una señal al moreno, para que se acercara.

- ¿Estás bien? – preguntó éste, notando sus ojos enrojecidos.

- Lo estaré – declaró. Aclaró su garganta – Me tomaría el trabajo de presentarte con mi madre, pero no somos novios, y es algo que sólo haría en ese caso – se encogió de hombros y echó a andar.

Blaine observó la tumba frente a él.

- Pronto lo hará… - le susurró a la fría edificación de mármol y le dio alcance al menor, con una sonrisa.

Cuando llegaron al gran portón de la entrada del cementerio, el moreno vaciló en dejar marchar a Kurt, pues sus planes de haber ido a casa del castaño antes de comenzar a perseguirlo, eran salir juntos.

- ¿Tie-tienes… hambre? – dijo con torpeza. Kurt volteó a mirarlo con una ceja alzada.

- No lo sé, desde que las náuseas se fueron, estoy en un constante estado de hambre – bromeó – Jamás se me quita.

- Genial, porque había pensado que podíamos ir a comer algo… juntos – añadió lo último, esperando que el ojiazul entendiera la indirecta.

- Am… Sí, suena bien – estuvo de acuerdo, con un asentimiento, caminó hacia su carro - ¿Irás en tu moto?

- Yo… - ¡Diablos! Blaine no había pensado en que tendrían que conducir cada uno por su cuenta, en lugar de acompañarse en el trayecto como deseaba – Supongo que sí… No puedo dejar a mi bebé aquí – le dio una sonrisa y se montó en ella, ajustándose el casco.

Kurt hizo lo propio, subiéndose a su carro y esperando que Blaine partiera, para seguirlo. El castaño se sintió un poco inseguro al verlo detenerse frente a un local que parecía de comida rápida, aunque no debía tener estándares demasiado altos, tratándose de Blaine.

Al bajarse, examinó mejor el lugar. Lucía agradable y familiar, además de incluir un menú de comida casera y una hoja completa del menú, dedicada a las ensaladas.

- Solía venir aquí antes… - comentó el moreno, fijando su mirada en el menú – Pero, creo que ya ha pasado bastante tiempo de eso.

- Es… bastante pintoresco – Kurt dio una mirada a su alrededor, observando los cuadros en las paredes del local, que constaban de antiguos anuncios publicitarios, películas y matrículas desgastadas.

El castaño reparó en la mirada nerviosa de Blaine; su pierna izquierda se movía incesantemente, y no estaba prestando atención al menú en absoluto. Concluyó que, o algo le molestaba, o deseaba decirle alguna cosa, y no sabía cómo. Sin embargo, Blaine jamás se ha mostrado ante Kurt como el tipo de chico inseguro, muy por el contrario, su descaro al soltar cada cosa que cruza por su mente, es lo que los ha traído a este punto.

- ¿Estás bien? – se arriesgó a preguntar el menor.

- ¿Uh? – alzó la vista, con sus enormes ojos mieles desprevenidos – Sí, ¿por qué? – rió un poco, alivianando la situación.

- No lo sé, tienes algo… extraño, hoy – intentó decir, para no sonar directo. Si Blaine deseaba hablar de algo con él, no quería presionar.

- Yo… hmp – aclaró su garganta – Sólo… tengo hambre – volvió a mirar su menú – Pediré la hamburguesa, ¿tú?

- ¡Ugh! – negó con la cabeza el ojiazul – Una ensalada para mí será suficiente – respondió, cerrando la carta y poniéndola sobre la pequeña mesa redonda – No quiero malas calorías en mi cuerpo por un tiempo.

- Okay – Blaine se encargó de comunicarle al mesero su orden de comida y luego ambos chicos se sumieron en un incómodo silencio, acompañado de inquietas miradas y risitas bobas de parte del mayor.

Kurt no sabía cómo plantear un tema de conversación que le quitara el nerviosismo a Blaine, y que regresara la normalidad entre ellos.

- ¡De acuerdo! – el castaño apoyó ambas manos sobre la superficie de la mesa – No aguanto un minuto más – soltó sin más - ¿Qué demonios te está pasando? ¿Tienes una especie de tic en la pierna que no puedes dejar de moverla? Comienzas a incomodarme, de verdad… ¿Y qué con esa forma de mirarme? ¿Es que acaso tengo algo en mis dientes? Espero sinceramente que no – Blaine se congeló en su posición, sintiéndose expuesto.

- Diablos… - se rió para sí mismo – Soy un asco en esto… - el moreno estiró sus manos por sobre la mesa, atrapando las de Kurt entre las suyas – No estoy seguro de cómo funcionan estas cosas… - el menor miró con ojos abiertos la unión de sus manos – Bien, am… hoy tenía planeado algo especial para nosotros – Kurt pasó saliva, empezando a sentir un hormigueo que subía desde su estómago hasta la garganta - Y cuando fui por ti… Tú estabas saliendo y bueno, jamás pensé que terminaría en un cementerio – cambió de expresión al ver la ceja alzada de Kurt – No es que eso haya sido algo malo, porque no lo fue… en absoluto… Y, lo que quiero decir, es que yo… O sea, esta mañana… Yo, er… Pensé que, tal vez…

- ¿Esto es una cita? – interrumpió el vómito verbal del chico frente a él - ¿Eso es lo que intentas decir?

- Mierda, sí – rió, sintiéndose como un niño pequeño – Aunque no salió exactamente como esperaba.

- Blaine Anderson… contigo nunca sé qué esperar – se burló Kurt, riéndose con él.

- Entonces… ¿Es un cita? – quiso confirmar, ahora que ya la verdad estaba dicha.

- Es una cita – declaró en respuesta el ojiazul – Y de haberlo sabido, me hubiera arreglado un poco más.

- Estás perfecto – un rubor le cubrió las mejillas a Kurt. Quiso devolverle el cumplido o decir alguna frase inteligente, pero el mesero les interrumpió en ese momento, trayéndoles su pedido.

Ambos agradecieron, comiendo su comida, compartiendo miradas cómplices. Pero el romanticismo de la situación se evaporó en Kurt, al ver a Blaine devorarse su hamburguesa. Tal vez las náuseas matutinas le habían dado un respiro, pero no del todo. Se vio en la obligación de disculparse y correr al servicio de varones, como alma que lleva el diablo. Al regresar, luego de diez minutos, se sintió aliviado de que su acompañante hubiera terminado su comida.

- ¿Todo bien? – averiguó Blaine, con cara de preocupación.

- Sí, aún estoy vivo – bromeó el menor, luciendo pálido – Aunque creo que las citas en restaurantes no son una buena idea para mí por ahora.

- Lo siento por eso – Kurt negó, restándole importancia – Pedí cheesecake, para compensarte – le guiñó un ojo y Kurt quiso besarlo.

- ¿Cómo supiste que amo el cheesecake? – dijo con una sonrisa renovada en el rostro – Comienzas a asustarme… Primero me persigues y ahora manejas información confidencial

- Te has quejado, por lo menos diez veces, diciendo que deberían tener cheesecake en la cafetería, porque es lo mejor del mundo – explicó, conteniendo su diversión – No necesito ser Sherlock Holmes para intuir que te gusta.

- Cierto – Kurt estuvo de acuerdo – Entonces, gracias… supongo.

- ¿Sólo eso ganaré por anticiparme a tus deseos? – una patentada sonrisa de autosuficiencia le pintó los labios al mayor.

- Lo siento, pero apenas es nuestra primera cita – se encogió de hombros, con fingida inocencia – Tendrás que esperar hasta la tercera – le guiñó un ojo de vuelta, recibiendo su porción de pastel.

El obsceno gemido que soltó Kurt al probar la primera cucharada, hizo suspirar a Blaine, quien lo miraba con fascinación mientras lamía la cucharilla.

- Demonios, esto está realmente bueno – gimió con placer. Los ojos del moreno no abandonaron la boca del menor, hasta que acabó con el trozo de tarta completo. Miles de imágenes le vinieron a la cabeza, y tuvo que apartarlas cuando los pantalones le incomodaron en ciertas partes – Cuando me levanté esta mañana, creí que el día de hoy sería un asco total… Pero, lo has hecho algo grandioso – murmuró Kurt, limpiándose luego con la servilleta.

- Es bueno saberlo, pero… ¿por qué fuiste hoy a ver a tu madre? – quiso saber el mayor.

- Porque… hoy se cumplen ocho años desde su muerte – explicó, sin poder evitar la mueca triste que se apoderó de su rostro – Vengo todos los años… Antes la visitaba para su cumpleaños también, pero era absurdo celebrar un cumpleaños cuando ya has muerto, por lo que me limité a sólo recordar la fecha en que no dejó.

- Jamás dijiste nada de tu madre antes – comentó Blaine – Pensaba que tus padres sólo estaban divorciados o algo así.

- Lo cierto es que, no confiaba en ti como para hablarte de mi vida personal – el moreno hizo un gesto de indignación – Lo siento, soy honesto.

- Entonces, ¿Ahora si confías en mí? – dedujo el moreno.

- Digamos que ya confirmé que eres inofensivo – se burló.

- Hieres mi autoestima – fingió molestia.

- Tu sobreestima, querrás decir – continuó provocándolo.

- ¡Hey! Te compré pastel, no me hagas arrepentirme de eso – lo amenazó y Kurt sólo rió.

- Sólo quería aclarar que no tienes autoestima, sino un enorme ego que sólo tú puedes cargar sobre tu espalda – Blaine negó con la cabeza, riendo también.

- Okay, di lo que quieras – dijo, tratando de salvar la situación a su favor – Ególatra o sobreestimado, pero aun así, aquí estás, teniendo una cita conmigo – apuntó la mesa con su dedo índice, dándole una mirada pícara.

- Diablos… - masculló el castaño – Me has derrotado.

El mesero los interrumpió nuevamente, entregándoles la cuenta. Blaine palmeó sus pantalones y luego su chaqueta. Una expresión de pánico le surcó el rostro y Kurt alzó una ceja.

- ¿Qué pasa? – preguntó Kurt, temiendo la respuesta.

- ¡Mierda! – siseó entre dientes – Me he dejado la billetera en casa.

El castaño se palmeó la frente y Blaine se sintió como un completo idiota. Kurt, sin decir una palabra, rebuscó en su bolso, poniendo un par de billetes sobre la mesa. Se puso en pie y ambos salieron. Blaine se mantuvo tras de él, tratando de pensar en una forma de salir airoso de este inconveniente.

- Kurt… - inició, pero el menor se dio vuelta de inmediato para darle cara, como si hubiera estado esperando que abriera la boca. No había ira en sus ojos y el moreno consideró eso una buena señal.

- ¿A qué clase de cita me invitaste? – soltó, hablando rápido – Dijiste que habías planeado esto ¿y te olvidas del dinero? – Blaine quiso hablar, pero fue cortado – No me molesta haber pagado, el cheesecake estaba delicioso, pero espero que para la próxima vez pagues al menos la mitad, porque no pienso mantener tu dieta a base de comida chatarra.

El moreno boqueó, algo confundido, analizando todo lo dicho por Kurt. Entonces sonrió ampliamente y lo besó en la comisura de los labios, cortamente.

- Tranquilo, no pretendo vivir de tu mesada – bromeó, manteniendo la sonrisa.

-o-

Más tarde, ese día; Kurt y Blaine estaban cómodamente recostados en la cama del castaño, pasando el rato. Hablaban de cosas triviales y luego cambiaban de tema a cosas relacionadas con el bebé. Blaine estaba curioso de saber cómo sería el parto en el caso de Kurt, y el ojiazul le explicaba que nada de lo que había visto en las películas funcionaría para él.

- O sea, ¿que no podré decirte que respires y que luego pujes, mientras apretas mi mano? – Kurt lo miró divertido.

- Blaine, no tengo una vagina – se rió el menor - ¿Cómo diablos voy a pujar?

- No lo sé, no soy obstetra – masculló el moreno – Todo lo que sé, es lo que he visto en televisión y ahora no sirve de nada.

- Lamento arruinar tus deseos de replicar una escena de telenovela en la vida real, pero existe algo que se llama cesárea – Kurt simuló un bisturí con su dedo índice, deslizándolo por su vientre.

- ¡Ugh! Odio ver esas cosas – Blaine arrugó el rostro – Y he visto muchas cirugías en…

- ¿En la televisión? – completó el castaño, conteniendo la risa – Deberías dejar de ver tanto la tele y tomar un libro de biología de vez en cuando.

- ¿Tienes miedo? – volvió a preguntar, luego de una pausa.

- ¿Miedo? – el ojiazul soltó una risa temblorosa – Estoy aterrado… ni siquiera pienso en eso, porque sé que la angustia va a devorarme… Es muy intimidante.

- También me asusta… - confesó, tomando la mano de Kurt y poniéndola sobre su vientre – Muchas cosas me dan miedo… - se miraron a los ojos y Kurt pudo ver la sinceridad en Blaine – Que pueda pasarte algo a ti… o al bebé… o a ambos…

- Blaine, no voy a mentirte… - Kurt tragó el nudo en su garganta – El médico dijo que el noventa por ciento de los embarazos masculinos son exitosos, por lo que sí hay un riesgo de que algo me pase a mí o al bebé… Pero aun así, no debemos tener miedo… Pase lo pase, sé que estarás aquí para apoyarme.

- Por supuesto que sí, siempre – la mano de Blaine abandonó el vientre de Kurt y se posó sobre su sonrojada mejilla – Siempre podrás contar conmigo.

Los expertos labios del moreno, se posaron sobre la boca de Kurt, quien recibió y devolvió el beso, gustoso de ser besado. Esta vez no había quejas ni reclamos. Kurt por primera vez en mucho tiempo, sentía que era correcto. No era lujurioso ni forzado, tampoco producto del alcohol o de la represión sexual. Aquel beso era el final perfecto para su peculiar cita.

- Entonces… ¿Esto es algo que hacemos ahora? – preguntó Kurt, con su mejor cara de inocencia, mientras sus mejillas se pintaban de carmín - ¿Besarnos y acurrucarnos?

- Supongo que es lo que sigue después de las citas – el moreno se rió, avergonzado de lo cursi que se sentía – Aunque dijiste que esperara hasta la tercera cita, para tener algo de acción.

- Eso no fue exactamente lo que dije – Kurt lo picó con un dedo en el pecho y Blaine rió sobre sus labios, acabando en otro beso.

Cuando la noche cayó, Blaine comenzó perezosamente a despedirse de Kurt. Realmente no quería alejarse del calor y el cuerpo del ojiazul, pero debía hacerlo. El castaño dudó un poco en dejarlo marcharse, considerando que ese día su padre no estaba en casa y no llegaría hasta el día siguiente.

- ¡Espera! – soltó de improviso, haciendo voltear a Blaine, quien estaba abriendo la ventana para ir a su casa – Y-yo… am… - Kurt sabía que era difícil para él decir esto, pues borraría definitivamente las líneas entre ellos, dándole la entrada a su vida, y por ende, a su corazón, y eso lo aterraba bastante. Sin embargo, la necesidad imperiosa de sentirlo cerca, sentir su fragancia y la fuerza de sus brazos a su alrededor, lo terminaron por convencer – Quédate conmigo esta noche.

Los ojos de Blaine se abrieron en sorpresa y por un segundo, creyó haber oído mal, pero la mirada sincera y suplicante del menor, le confirmaban aquello. Entonces, su cuerpo reaccionó por instinto, quitándose la chaqueta y los zapatos que acaba de ponerse, y regresó al lugar junto al castaño, tomándolo del rostro para besarlo con pasión.

En sólo un par de minutos, las luces del cuarto de Kurt estuvieron apagadas y ambos chicos, bajo las cobijas, sólo vistiendo su ropa interior. Se besaron largamente, sin llegar a ningún lugar en específico, disfrutando únicamente del contacto.

- Podría besarte una vida entera… - susurró Blaine en el oído del menor.

- Te cansarías en un mes – lo desmintió el ojiazul.

- ¿De ti? ¿Qué idiota podría cansarse de estar contigo? – Blaine acarició la nariz de Kurt con la suya – Eres maravilloso.

- No voy a responder a eso, porque no quiero arruinar este momento – bromeó el castaño y el moreno sólo soltó un suspiro.

- Si te refieres a tu ex… - dedujo el pelinegro – Él era un colosal pendejo, además de ser un hijo de papi y mami – se burló, provocando la molestia de Kurt.

- Si yo no lo mencioné, no tienes por qué hacerlo tú – bufó, girando en la cama, para mirar el techo de la habitación.

- Hey, no… no te enojes conmigo – el moreno intentó recuperar el momento, besando su mejilla y acariciando su rostro – No quise enfadarte… sólo… Lo siento.

- Que sepas que tú también eres un gran idiota – Kurt le dio una mirada de lado y la expresión de niño regañado en Blaine, le sacó una sonrisa que no pudo ocultar.

- Lo soy, lo soy – repitió el moreno, volviendo a besar al castaño con necesidad, logrando disipar la molestia anterior.

- Am… Blaine – lo detuvo por un momento – Finn está en el cuarto de al lado… asique no podremos… ya sabes… hacer nada.

- Entiendo, aunque debo decir que conozco muchas formas de hacerlo de forma tan silenciosa que ni aunque estuviera durmiendo con nosotros, podría oírnos – susurró a su oído.

- No quiero saberlo – declaró Kurt, con voz de advertencia.

- Okay, sólo decía.

-o-

La semana inició muy diferente a cualquier otra que hubiera vivido Kurt en McKinley. Él y Blaine continuaron con su rutina de esperarse en el parqueadero, pero en lugar de sólo caminar juntos, Blaine lo recibía con un cariñoso beso y tomados de la mano, hacían el camino hacia la taquilla de Kurt. Recibían miradas de toda clase, pero aquellas que eran hostiles, el moreno las disipaba con una advertencia impresa en toda su cara. El castaño flotaba en una nube rosa, con el constante temor que se disolviera, enfrentándose a una caída mortal. Sin embargo en cada momento, Blaine le demostraba una parte de él que jamás creyó conocer; siendo tierno, romántico, al punto de ser cursi la mayoría del tiempo, y sacándole sonrisas hasta que sus mejillas dolieran.

Para mala suerte de Kurt, aquella faceta del moreno regresó al fondo del corazón de Blaine, cuando ese día miércoles le diera una mala noticia.

- Tendré un control de rutina este viernes y es probable que me realicen una nueva ecografía… - dijo, tratando de sonar casual, mientras revolvía su almuerzo con la cuchara, sentado frente a Blaine en la cafetería – Quizá me digan el sexo del bebé, ya que tengo casi quince semanas.

- ¿En serio? – los ojos avellanas del moreno se ampliaron y brillaron con anticipación – Eso es genial, yo… voy a llamar a Ralph o a Max para que cubran mi turno… - comenzó a rebuscar en su celular los contactos para llamar – Lucy también me debe un favor, asique podría cobrárselo.

- Blaine… - Kurt tomó una bocanada de aire, con la mayor dulzura que le fue posible, continuó – Como sabrás, mi familia ya está enterada de todo, por lo que mi papá habló con nuestro médico y le pidió esta consulta al obstetra para hablar con él… Yo, lo siento, de verdad, pero no podrás acompañarme.

- ¿Qué? – la decepción cruzó por los ojos del moreno como un rayo, endureciendo su rostro - ¿Nuevamente me dejarás fuera de esto?

- Por favor, no pienses que lo hago a propósito… N-no es así… - Los ojos de Kurt intentaron transmitirle su pesar – Pero, ¿qué se supone que haga? No puedo decirle a mi padre que no vaya, él mismo pidió la cita… Lo siento.

- Okay, entiendo – le dio una media sonrisa que Kurt pudo notar que era falsa – Sólo, llámame en cuanto salgas de la consulta para pasar por tu casa… Quiero saber el sexo también.

- Por supuesto que te llamaré – aseguró, tomando la mano del moreno por encima de la mesa.


¿Qué les pareció el capítulo? Fue algo más emotivo y romántico que los anteriores... Por lo que me temo que van a odiarme en el siguiente... (Ups!)

Especiales agradecimientos a todos ustedes, que me siguen leyendo, y dejan sus reviews... Créanme cuando les digo que hacen a esta mujer feliz.

Besos!

XOXO