Holaaa! Que tal todo mundo? Yo estoy congelándome con este clima de invierno... Pero les traigo un nuevo capítulo, en donde se aclararán algunas cosillas. Enjoy!
CAPÍTULO 15
Kurt no había logrado dormir muy bien esa noche; pues sus sueños le rememoraban lo sucedido con Sebastian una y otra vez, como una pesadilla recurrente. Por la mañana estaba rendido y sólo deseaba dormir una vida entera, pero la luz que entraba desde la ventana, se lo impidió, trayéndolo de regreso a la realidad. Quiso ocultarse bajo su almohada, huyendo de la luminosidad y de todo lo que conllevaba tener que enfrentar ese día. No deseaba ver la decepción en el rostro de su padre durante el desayuno, ni oír la reprobación en sus palabras al hablarle. No podía soportar tanto; y su corazón y su mente necesitaban un descanso de todo. El castaño coincidió con sus pensamientos en que Blaine era su perfecta vía de escape en este momento, su oasis en el desierto que lo asediaba a su alrededor.
Se desperezó, tomándose todo el tiempo del mundo para salir de la cama. Observó la hora en su móvil, pasaban de las once de la mañana y no tenía ninguna llamada perdida del moreno, ni un mensaje o alguna señal de él. ¿Se habría molestado con él por no llamar ayer? Kurt cruzó los dedos porque eso no fuera así.
Se dio una larga ducha, quitando con ella las lágrimas y la tristeza derramada el día anterior. Ya las cartas estaban echadas y debía enfrentar, así no quisiera, la verdad de todo. Recordó las palabras que le dijera Blaine hace unos días… Y lamentó no haberlas tomado en cuenta, pues finalmente todas sus mentiras y verdades a medias, le estallaron en la cara.
"Te necesito. ¿Puedes venir?" – Tecleó en su celular, borrándolo al segundo siguiente, porque un mensaje así, sólo preocuparía a Blaine y esa no era su intención. Intentó nuevamente.
"Perdón por no llamar ayer, surgió algo. Ven y te cuento" – Escribió, releyéndolo dos veces. Lo borró también.
"Iba a llamarte, pero se me hizo imposible. Tengo grandes noticias, te espero" – Se dijo a sí mismo que no se le ocurriría nada mejor, así que sin pensarlo mucho, pulsó enviar.
Buscó ropa en su armario, eligiendo lo mejor que tenía, considerando que no estaría solo esa tarde, y se vistió. Acomodó su cabello con algo de fijador y, sólo entonces, se sintió listo para bajar a comer algo y soportar lo que viniera con ello.
En la primera planta había un silencio inusual. Al parecer todo mundo estaba en sus asuntos. Asumió que Burt estaba en el taller, Finn con sus amigos o en su cuarto y Carole… ocupada en sus quehaceres o comprando algo para el almuerzo.
Entró a la cocina y su madrastra lo miró con una sonrisa maternal.
- Hola, cariño – a Kurt le hizo gracia el saludo, y Blaine acudió a su mente, con su sonrisa incluida – Imagino que debes tener hambre.
- Yo… sí, un poco – el castaño se sentó en la isla de la cocina y la miró tomar una taza para ponerla frente a él. Le agradeció con una sonrisa y ella le devolvió otra igual.
- Has estado algo apartado estos días… - comenzó a decir Carole, acomodando una caja de leche sobre la mesada - ¿Te sientes bien?
- La verdad, es que ya no sé cómo responder a esa pregunta – respondió el menor, con la mirada fija en un punto muerto – No sé cómo me siento… Ni cómo debería sentirme.
La mujer se situó frente a él y le tomó la mano entre las suyas.
- Kurt, tu puedes sentirte como quieras… Porque sólo tú estás sintiendo el peso de todo esto – lo miró a los ojos, transmitiéndole algo muy cercano a la tranquilidad – Tu padre me contó lo que pasó con Sebastian… - Kurt soltó un suspiro, avergonzado – Pero, no te sientas mal… Eres demasiado joven aún, y es normal que cometas errores… porque estás aprendiendo a vivir la vida y no hay un manual para hacerlo.
- Decepcioné a papá – susurró con un hilo de voz, sintiendo el nudo en su garganta formándose.
- Burt te ama, y nada va a cambiar eso – le confirmó la mujer – Puede que ahora esté molesto, o dolido… Pero ya verás que, poco a poco, el tiempo le quitará todos esos sentimientos de su corazón y las cosas mejorarán.
- Realmente deseo que mejoren… - añadió el ojiazul con una sonrisa triste – Porque, últimamente todo me ha salido mal…
- Ten, come algo dulce – Carole le acercó un plato con galletas de vainilla y chips de chocolate – Te ayudará con la pena.
- Gracias… por todo – le dio un abrazo corto a su madrastra y entonces mordió una galleta con ganas.
Kurt quería creer con todo su corazón en las palabras de Carole, y que las cosas cambiaran a mejor.
-o-
El sonido de su celular, sacudió de su profundo sueño a Blaine. Se restregó un ojo y miró a su alrededor, sobando su cuello adolorido por la incómoda posición en la que había pasado la noche. Habían un par de latas de cerveza tiradas a su alrededor y el cenicero a medio llenar de colillas de cigarrillos. Se encontró en el mismo lugar donde se durmió, en el sofá de la sala. Rebuscó en sus bolsillos su móvil y miró el mensaje entrante. Kurt.
Sin siquiera leerlo, arrojó lejos de su vista el aparato. Éste fue a dar sobre el sillón frente a él. Pasó una mano por su rostro, intentando despertar totalmente. Había pasado una noche de perros y se sentía aún más cansado que el día anterior. Con la intención de sentirse mejor, se puso en pie y arrastró sus pasos hasta el baño. Supuso que una ducha lo reanimaría.
Durante el día, estuvo recibiendo variados mensaje del castaño, pero simplemente lo ignoró. Su orgullo se sentía herido y no deseaba hacer el papel de "perrito faldero" con Kurt y estar disponible las 24 horas del día para el chico. Tal vez el hecho de haber volcado completamente su atención en el menor, le estaba pasando la cuenta ahora, siendo desplazado fácilmente por el primer idiota que apareciera. Ese no era Blaine Anderson, se recordó.
Cuando cayó la tarde, se calzó sus zapatos, recogió su chaqueta de cuero negra y su casco, para dirigirse a cumplir su turno en el Lima Bean. Normalmente no trabajaba los fines de semana, pero necesitaba forzosamente mantener su mente ocupada. Pateó una piedra antes de montarse a su moto y luego dio un pisotón al pedal de encendido. El motor rugió con fuerza, y con eso, Blaine se montó y se fue.
Aunque le quedaba en el extremo contrario, el moreno no pudo evitar encaminarse hacia la casa de Kurt, llevado casi por la fuerza de la costumbre. Observó un rato, a la distancia, con la vaga esperanza de verle para tranquilizar el desastre en su cabeza, pero después de un par de minutos de estar ahí parado, sin que nada pasara, se maldijo a sí mismo por ser tan débil y se largó directo hacia el Lima Bean.
-o-
Luego de comer su desayuno, Kurt revisó su móvil, en busca de una respuesta de parte de Blaine, pero su bandeja de entrada estaba completamente vacía. Torció el gesto, lanzándose sobre el sofá. Decidió enviar un segundo mensaje, sólo en caso que el moreno hubiera extraviado de alguna manera su celular y estuviera buscándolo por la casa.
"¿Está todo bien? Dame una señal" – Tipeó y envió.
Esperó con algo de ansiedad, mientras pasaba distraídamente una mano por su vientre abultado, trazando círculos en él. Se dijo a sí mismo que no debía preocuparse, y que el moreno también tenía una vida. Optó por ocuparse de sus asuntos, como terminar aquel ensayo de literatura que le estaba tomando más tiempo del usual.
Más tarde, sumido entre un par de papeles arrugados en bola y unos libros abiertos, Kurt no pudo aguantarse y tomó nuevamente su celular. No había ningún mensaje de Blaine.
Mordió la punta de su bolígrafo, repiqueteando con el pie sobre el suelo.
- A la mierda – susurró y dejando el lápiz a un lado, volvió a teclear.
"Si estás ocupado, y no puedes responder lo entiendo, pero podrías por lo menos mandar un emoji o algo para saber que estás bien. No te tomará más de 5 segundos"
Esperó tres minutos completos, sin despegar sus ojos de las dos palomillas que anunciaban que el mensaje había sido recibido, e ignorado con éxito.
Entonces Kurt comenzó a irritarse e impacientarse de verdad. Había sólo dos opciones en este caso. O a Blaine le habían robado el móvil, o se le había extraviado y no tenía acceso a él; siendo esta última la opción más deseada de Kurt… O Blaine estaba simplemente ignorándolo por algún motivo desconocido aún por el castaño. Kurt rogó que se tratara de la segunda, una vez más.
Para probar su teoría, decidió llamarle. Esa sería la forma más rápida de saber que pasaba. El tono de marcado apareció a los pocos segundos. Blaine tenía el móvil encendido, sin embargo, nadie contestó. Saltó el buzón de mensaje y Kurt finalizó la llamada.
Esto estaba mal.
El resto de tarde fingió estar trabajando en su ensayo, pero tras el libro que supuestamente leía, tenía su celular, que cada tanto en tanto enviaba un nuevo mensaje a Blaine.
-o-
Blaine pasó su turno frente a la caja registradora, tratando realmente de ser amable con los clientes, sonriendo falsamente y agradeciendo sus compras, mientras que dentro de sí mismo, se sentía fatal. Se cuestionó incontables veces el motivo por el cual seguía allí, si Kurt no estaba interesado en él, o en que él fuera el padre de su bebé. La única razón de que Blaine tomara ese trabajo en primer lugar, era para hacerse cargo de su hijo, pero ahora… Se sentía tonto continuar ahí, para mantener el hijo de otro. Aun así, se quedó porque supuso que podría darle un buen uso al dinero que le pagarían en unos días más.
Un chico alto y bien parecido tomó su lugar frente a Blaine para ordenar. El moreno no reparó demasiado en el chico, aunque reconoció que era guapo.
- Son dos dólares, con cincuenta – informó el moreno, pero al recibir el dinero, el tipo acarició intencionalmente su mano. Blaine alzó la vista y obtuvo un guiño sugerente de parte de él. Le dio al muchacho una de sus patentadas sonrisas de medio lado, cargada de arrogancia. Puso el dinero en la caja y le entregó el cambio junto con su recibo - ¿Cuál es tu nombre? – preguntó, esta vez, apoyándose sobre el mostrador, poniendo su expresión de cacería.
- Demian – respondió el chico, con un tono de voz sensual. Blaine escribió sobre el vaso y le dijo que esperara a un lado por su café.
Pasaron un par de cliente más y Blaine podía sentir sobre él la mirada de Demian, quien se lo comía con los ojos. Inevitablemente le recordó unos grandes y azules ojos, sentados en la misma mesa. Quiso patear algo, pero se contuvo.
Cuando el chico hubo terminado su café, pasó por el mesón donde recibió su café, diciéndole algo al barista y entregándole una servilleta luego. Entonces se marchó, no sin antes darle una mirada coqueta y una sonrisa al pasar frente al moreno.
- Eh, Blaine – le habló su colega – Ese chico me ha dicho que te entregue esto - El ojimiel vio que le tendía la servilleta en donde se apreciaba claramente un número telefónico en ella.
- Gracias – dijo simplemente, guardándola en su pantalón.
-o-
Kurt terminó el día con los nervios destrozados. Quería pensar que Blaine estaba perfectamente bien y sólo estaba ignorándolo, pero la posibilidad de que estuviera en problemas, le revolvía el estómago.
Para su mala suerte, el lunes llegó sin noticias del moreno, y Kurt cargaba unas oscuras sombras bajo los ojos, por las pesadillas que tuvo y no le permitieron dormir un par de horas seguidas. Cerró su taquilla con violencia y resopló. Ahora se sentía frustrado, pues la moto de Blaine estaba estacionada como cada día en su lugar, lo que significaba que sólo había estado ignorándolo. El problema radicaba en qué motivos llevarían al moreno, que siempre ponía toda su atención en el castaño, a pasar de él como una paria.
La nube negra que Kurt estaba seguro que se posaba sobre su cabeza, lanzó un trueno, cuando entendió el dilema. Blaine se encontraba en la cafetería, besando a una pobre chica, a vista y paciencia de todo el instituto. Kurt resopló, meciendo un mechón de su cabello. Esto era el colmo.
El ojiazul bufó, dándose media vuelta y caminando con grandes zancadas hacia su clase. ¿Es que acaso Blaine se había vuelto loco? ¿Cómo pretendía hacer el papel de súper papá, si no era capaz de controlar el mounstro en sus pantalones? Kurt sacudió esos pensamientos y se esforzó en poner atención a su maestro.
- Tienes una cara de perra que… ¿pasó algo? – comentó Puck, cuando iban hacia la sala del coro.
- Es… ¡Agh! – gruñó molesto – Es que no entiendo… No entiendo a Blaine… ¡A veces es tan…! Y yo no puedo con eso… - intentó explicarse, gesticulando con violencia – Me dan ganas de… ahorcarlo – simuló con sus manos tomarlo por el cuello.
- ¿Qué hizo ahora ese tarado? – se rió Noah, al ver a su amigo tan ofuscado.
- ¡Dios! La historia es larga… - torció el gesto, recordando la inesperada y desastrosa visita de Sebastian – No sé por donde empezar.
- Hmm… podrías partir por contarme como te fue con el médico – sugirió, y la expresión triste de Kurt, cambió drásticamente a una de felicidad absoluta – Supongo que estuvo bien – señaló su sonrisa.
- Sí… ¡Es una niña! – chilló, poseído por la alegría que aquello le producía - ¿Puedes creerlo? – añadió, en un tono más bajo, para no llamar demasiado la atención – Voy a tener una niña… Y… - el rostro de Kurt mutó en una nueva expresión de desgracia – Sebastian fue a mi casa, justo cuando estaba llegando.
- ¿Qué? – Puckerman abrió los ojos, sinceramente sorprendido – Creí que lo habías mandado a la mierda…
- No, exactamente… - Kurt lo miró, poniendo los ojos en blanco – Lo peor de todo, es que me pidió perdón por comportarse como un idiota y me pidió una segunda oportunidad…
- ¡Demonios! ¿Se la diste? – Noah se cubrió el rostro.
- ¡No, claro que no! – se apresuró en responder el castaño – Pero, me hizo sentir muy mal… Él fue sincero conmigo… y yo… - Kurt tomó aire para continuar – Yo le destrocé el corazón.
- Pero si fue él quien no te defendió de sus padres – argumentó el mayor.
- No, no… no me refiero a eso… - el ojiazul tomó las manos de Noah y lo detuvo en mitad del pasillo. Éste lo miró a los ojos, sin entender – Le dije a Sebastian la verdad, justo después de que él me abriera su corazón y me suplicara que volviéramos a ser novios…
- ¿Qué verdad? – quiso saber Puck.
- Que él no es el padre… de mi bebé – soltó con un hilo de voz, y Puckerman por un segundo dudó haber escuchado correctamente.
- Oh, mierda… ¡Kurt! – el más alto negó con la cabeza - ¿Me estás jodiendo?
- No… - lo ojos del menor picaron por llorar, pero se contuvo – Tu tenías razón… Es de Blaine.
- Que hijo de puta tan suertudo… - masculló más para sí mismo - ¡Wow! ¿Y qué dijo el imbécil de Sebastian?
- Ugh… Me dijo cosas muy fuertes… - el castaño no quiso detallar nada – Y mi padre escuchó todo…
- ¡Oh, diablos! – Puck volvió a abrir los ojos sorprendido de la mala suerte de su amigo - ¡Eso sí que no me lo esperaba!
- Ni yo… Creí que iba a ponerme un castigo de por vida o que me encerraría en la casa hasta la muerte… - los ojos azules se le nublaron – Pero, creo que el peor castigo, fue verlo tan decepcionado… Y para empeorarlo, yo le respondí horrible y… ¡Agh! No sé cómo todo se volvió un desastre…
- Tal vez se deba a que mentiste… - Kurt le lanzó una mirada dolida – Y cuando dijiste la verdad, no soltaste todo.
- Lo sé, lo sé… y siento que ahora la vida me está cobrando eso y con intereses incluidos – soltó un suspiro profundo y cansado.
- Puedes ser… - retomaron su camino por el pasillo – Aunque eso no explica lo de Blaine, que te tenía tan encabronado.
- Oh, eso… - Kurt volvió a enfadarse de sólo recordarlo – Pues, se suponía que yo llamaría a Blaine cuando saliera de la consulta médica, pues… para contarle que tendremos una niña y, luego pasó todo lo de Seb y la discusión con papá… - se pasó una mano por el pelo – Y cuando lo recordé, ya era tarde.
- ¿Y? – le instó a seguir.
- Y… al día siguiente intenté llamarlo, le mande mil mensajes y él simplemente me ignoró todo el fin de semana – gesticuló nuevamente con sus manos, furioso - ¿Sabes todas las historias que mi cabeza se creó? ¡Me volví loco! Llegué a pensar que estaba realmente lastimado o algo… Pero no – hizo un gesto de profundo sarcasmo – Blaine está perfectamente bien, y me imagino que su teléfono funciona a la perfección… Sólo estuvo demasiado ocupado con sus asuntos para responder…
- ¿A qué te refieres? – Noah alzó una ceja, confundido.
- Lo vi… esta mañana… - puso cara de asco – Comiéndole la boca a una chica en la cafetería.
- Estamos hablando de Blaine Anderson – comentó Puck - ¿Qué tiene eso de raro?
- Se supone que tenemos algo – se explicó Kurt, ahora más frustrado que antes – Él me dijo que quería ser el padre de este bebé, pero se está comportando como un… ¡cabrón! – soltó la última palabra cargada de resentimiento - ¿Qué clase de padre pretende ser? Yo no quiero exponer a mi hija a eso… Y habíamos quedado de acuerdo en intentar estar juntos… - Kurt no pudo ocultar la tristeza al decir aquello – No entiendo por qué está actuando así.
- Debo reconocer que conocí a Blaine como un cabrón – confirmó Noah – Su único objetivo era tirarse a la escuela completa – Kurt se estremeció al oírlo – Pero, desde que está en esta extraña cosa contigo… ya no lo veo en las fiestas, ni siquiera se escapa de clases para fumar bajo las escaleras…
- ¿Qué? – el nuevo conocimiento, le produjo un hueco en el corazón.
- No digo que haya cambiado y ahora sea un santo – se apresuró en decir el mayor – Pero sí que ha cambiado para mejor.
-o-
El turno de Blaine en Lima Bean estaba por terminar. Eran casi las ocho de la noche y el moreno se preguntó a sí mismo cómo matar el tiempo, ahora que no visitaba a Kurt por las noches. Metió la mano al bolsillo de su pantalón y sacó su móvil, recordando cierto número que le dieron hace dos días. Se apartó de la caja registradora, pues ya no había gente a quien atender y llamó.
La animada voz del otro lado de la línea, logró despertar algo en él, una sensación que lo remontó a principios del verano. Quedaron de acuerdo en verse en casa del chico… Demian, se había asegurado en recordarlo, y lo cierto es que a Blaine no podía importarle menos.
Lentamente el local fue vaciándose y el administrador dio el día por terminado. Se dispuso a limpiar las mesas y acomodar las sillas. Tal vez ayudara luego a rellenar los dispensadores de sobres de azúcar. Quería a toda costa dejar de sentirse como el idiota embobado con los ojos azules de Kurt, pero a la vez, no quería manchar el recuerdo de su cuerpo desnudo y el olor de su suave piel, con otra desconocida y ajena.
Se entretuvo tanto como pudo, limpiando innecesariamente la cafetería. Se despidió de su jefe y entonces se fue. Miró la dirección en su móvil, y aunque era cerca, se tardó, tomando la ruta más larga para llegar.
Los pensamientos zumbaban en la cabeza de Blaine, cuestionando su actuar. ¿Realmente quería hacer esto? ¿Y si Kurt no estaba saliendo nuevamente con su ex? ¿Por qué pasaría el fin de semana entero mensajeándolo, si estuviera con otro? ¿Valdría la pena leer sus mensajes?
¡No!, le gritó su orgullo, luchando contra las dudas. Kurt no tiene poder sobre él, tampoco tienen una relación formal que le prohíba cubrir sus necesidades básicas, como el sexo. No hay nada que obligue a Blaine a mantenerse célibe, esperando la disponibilidad de Kurt para estar con él. Eso no es lo que él es.
Llegó al lugar, dándose ánimos y prometiéndose a sí mismo que iba a pasarlo bien un rato. Un poco de sexo sin compromiso siempre lograba animarlo antes, ¿por qué no lo haría ahora?
El chico estaba esperando hacía rato y se notaba su ansiedad. Blaine entró, dejando su chaqueta y su casco a un lado de la puerta. No alcanzó a beber un segundo trago de la cerveza que le había ofrecido Demian, cuando el tipo ya se le había encimado para comerle la boca. En principio Blaine se sintió bien, pero luego de un rato, comenzó a frustrarse, pues le molestaba la forma tan extraña que tenía el muchacho para besar. Demasiada lengua y mucha saliva, pensó el moreno, apartándose para beber un poco más. Aún estaba sobrio y requería algo de alcohol en su organismo si iba a llevar esta hazaña a cabo.
Su cerebro le dijo que era patético, cuando pretendió visualizar el rostro de Kurt gimiendo su nombre, mientras se enrollaba con Demian. Antes de poder terminar su cerveza, el chico ya lo había llevado al cuarto y le intentaba quitar la playera, sin éxito. Blaine lo tiró en la cama, bebiéndose lo que le quedaba en la botella, de un solo trago.
Sólo hazlo, pensó Blaine, pues una vez que lograra estar con otras personas, Kurt pasaría al recuerdo.
Se esforzó en besar al tipo, tratando de sentirse excitado de verdad, pues su intento no lograba provocarle una erección real. Las manos del muchacho lo recorrieron, acariciándolo descaradamente, buscando desnudarlo lo más rápido posible. Blaine continuaba blando en sus pantalones, a pesar de las generosas caricias que le estaban proporcionando. Con sus propias manos, recorrió el cuerpo del tipo, notando que estaba bastante animado, y que pronto estaría listo para continuar, mientras él no lograba que su miembro correspondiera a la situación.
Los minutos pasaban y Blaine podía notar el aburrimiento en su acompañante, pues por mucho que lo tocara y se esforzara, en sus pantalones, nada ocurría.
Entonces el moreno cayó en la cuenta que no iba a poder, simplemente. Las ideas en su cabeza comenzaron a ordenarse y el puzle tomó forma, calzando las piezas en su lugar. Él no podría quitarse a Kurt de la cabeza porque había involucrado a su corazón en todo aquello. Sentía fuertes cosas por el castaño, así quisiera negárselo a sí mismo, y creer que era una relación sin compromiso. Estaba jodido, porque sin darse cuenta, todo su ser estaba comprometido profundamente con Kurt. Y si ahora estaba en una casa desconocida, con un extraño bajo su cuerpo, era por celos… Celos por ver a Kurt con alguien que no era él. Y eso lo estaba matando.
Se apartó del chico, balbuceando una disculpa; escuchando en respuesta, las quejas de Demian.
- Yo… no puedo hacerlo – dijo finalmente. Se acomodó la ropa y tomando su chaqueta y su casco, salió de allí a la carrera.
De camino a su casa, el rugido del motor parecía hablarle, diciéndole que era un idiota, por no darse cuenta antes de sus sentimientos hacia Kurt. Sin embargo, a pesar de su revelación; no podía dejar de sentirse dolido por la escena que había presenciado. Tampoco se sentía seguro de hacer algo respecto a sus sentimientos, como ir en busca del castaño o proponerle algo serio, porque sabía que Kurt no deseaba compromisos, ni involucrarse demasiado con él.
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Kurt había llegado a la conclusión, aunque se odiaba por ello, de que no privaría a Blaine de su bebé. Tarde o temprano, sabía que él terminaría por enterarse, o más bien, confirmar que era el padre de su hija. Por este motivo, no deseaba tenerlo aparte de su embarazo.
Era miércoles, y el castaño aun no sabía cómo había soportado todos esos días lejos del moreno, pues lo extrañaba como un loco, a pesar de que se dijera a sí mismo que no era así.
Llegó temprano a McKinley, con la esperanza de encontrarse a Blaine solo, y no sobre alguna desafortunada chica. Recorrió el instituto y no pudo encontrarle, por lo que supuso que más tarde lo hallaría.
Estando en clases, Puckerman le preguntó si ya le había dado la noticia al moreno, pero Kurt sólo negó con pesar. Aun le hacía ilusión conocer la reacción del ojimiel cuando le contara que tendrían una niña.
Llegó el receso entre clases, y Kurt le pidió a su amigo que si veía a Blaine, le informara, para poder hablar con él. Caminó por los pasillos, haciendo una parada en su casillero, para dejar algunas cosas; y como si los planetas se hubieran alineado, divisó a la distancia al moreno, recargado contra la pared. Cerró el casillero y caminó ansioso hacia él, pero no llegó muy lejos, pues una chica se le adelantó, colgándosele del cuello al mayor. Éste la recibió en sus brazos, ganoso y el corazón de Kurt se comprimió en su pecho. Se negó a darse por vencido, y decidió enfrentarlo de una vez por todas. Él tenía que saberlo, y una vez que se lo dijera, podía regresar a lo que estaba haciendo o irse a la mierda, pensó el castaño.
- Ejem… - el ojiazul carraspeó fuerte, aclarando su garganta para llamar la atención de Blaine, siendo ignorado - ¿Blaine? ¡Blaine! ¡Hey! – le dio un toque en el brazo, tratando de captar su mirada. Éste se alejó de la intensa boca de la chica a su lado y lo miró con una expresión de fastidio.
- ¿Qué pasa? – dijo con voz monótona – Estoy ocupado.
- Eso veo – respondió con sarcasmo el menor.
- Si quieres algo de Blaine Anderson, tendrás que ponerte a la fila y esperar tu turno – añadió, sacando una carcajada de la muchacha, que no le había quitado las manos de encima.
- ¿Puedes dejar de ser un cretino por dos minutos, y escucharme? – bufó, cabreado por la actitud pedante del moreno – Es importante – aseguró, dándole a sus palabras un tono de voz que lo demostraba. Los ojos mieles de Blaine lo observaron con mayor interés.
- Tu tiempo está corriendo – bromeó Blaine, mirando su reloj de pulsera, ya que Kurt no había dicho nada aún, y no lo haría delante de la tipa. Le sonrió con arrogancia y el ojiazul perdió la calma.
- ¿Sabes qué? Creí que cuando decías que me apoyarías en esto, hablabas en serio – escupió – Pero ya veo que sólo eran palabras vacías.
El castaño dio la media vuelta, girando sobre sus talones y salió de la presencia de la parejita. Necesitaba llorar, como nunca antes, por lo que su única opción era encerrarse en un baño.
Sus ojos se nublaron y tuvo que reconocer la puerta de memoria, entró y se apoyó en uno de los lavamanos, dejando salir lentamente su irritación a través de las lágrimas. Sintió que alguien entraba a los servicio de chicos y se volteó para ocultar su rostro, mientras limpiaba sus ojos, eliminando los rastros del llanto con su puño.
- ¡Kurt! – la voz de Blaine lo hizo dan un respingo - ¿Por qué siempre tienes que hacer un drama de todo?
- ¿Un drama? – se giró, ahora molesto - ¿Acaso fui yo el que me ignoró todo el fin de semana sólo por gusto? – le recriminó – Ni siquiera te importó saber cómo me fue con el médico – continuó recriminándolo. El rostro de Blaine palideció y su expresión mutó a una de culpa, ya que había olvidado por completo aquello, por culpa de sus celos.
- Kurt… - esta vez su voz fue sólo un susurro.
- ¡Te necesitaba! ¡Pasé el peor fin de semana! ¡Creí que estabas herido o en problemas! – se sinceró, en medio de su rabia, con las lágrima cayendo libres - ¡Pero sólo estabas ocupado, follándote a todo Lima! – Blaine quiso decirle que las cosas no habían sido así, no exactamente - ¡Y, a pesar de eso, estaba dispuesto a comentarte lo que me dijo el médico!
- Lo siento… - Blaine intentó acercarse a Kurt para calmarlo.
- No te molestes, porque tú puedes hacer con tu vida lo que quieras – respondió el castaño, tratando de recuperar la compostura, hablando con un tono de voz bajo y cargado de resentimiento.
- Yo… Lo olvidé – confesó el moreno.
- Si es que aún te interesa… - añadió, antes de marcharse - ¡Tendrás una niña!
El castaño salió del baño, dejando a Blaine completamente en blanco, en el interior, procesando lentamente la información. Sacudió la cabeza para regresar a la realidad y ser consciente de lo que le acababa de decir Kurt. Tendría una niña… ¡Una niña!
Pero había mucho más en aquello, pues el ojiazul fue demasiado claro al usar la palabra "tendrás", en lugar de "tendré"; como una confirmación silenciosa de su paternidad. Él, Blaine Anderson, tendría una hija…
Entonces se sintió como un completo idiota, había inventado toda una historia en su cabeza con respecto a Kurt y su ex novio, que ni siquiera existía, y las palabras recién dichas por el ojiazul, eran prueba más que suficiente. Es decir, quién retoma una relación con su ex novio, y le dice a otro tipo que tendrá una hija con él. Para Blaine era muy claro.
Una pequeña y genuina sonrisa apareció en su rostro, partiéndolo en dos, y el moreno podría jurar que aquel era el momento más feliz de su vida… hasta ahora.
Eeeentonces... ¿Qué les pareció? Blaine reconoció sus sentimientos por Kurtie... Y ya sabe que tendrá una niña...
Y cómo siempre, agradezco sus reviews, leo cada uno de ellos aunque no los responda, pero juro que me sacan unas sonrisas enormes. Los amo!
Besos!
XOXO.
