Hola... Hoy Jueves de Capítulo! Y les traigo éste que está... IM-PER-DI-BLE!

Enjoy!


CAPÍTULO 16

Kurt se sentía abrumado, y aquel viernes más que nunca. Hacía dos días que le soltó la noticia a Blaine, y para no pensar el ello, prefirió centrarse en la competencia de coros que sería precisamente ese día, en un par de horas. Si el moreno lo buscó o no, Kurt no tendría como saberlo, pues estuvieron encerrados en la sala del coro y en el auditorio ensayando hasta que sus cuerdas vocales sangraran. Fue durante esos dos días que agradeció que su padre hubiera hablado con el director de su embarazo, pues el sr. Shue, sin dejarlo en evidencia, lo puso en un lugar seguro con respecto a la coreografía, no dándole gran trabajo. Aun así, debía moverse como los demás y esforzarse en no descoordinarse.

Incluso, y conmovido con la situación del castaño, su profesor le había dado un par de líneas que cantar en la canción principal, lo cual lo tenía emocionado y aterrado al mismo tiempo. A pesar de considerar que tenía una gran voz, nunca pasaba de hacer los coros en el fondo de las presentaciones y esto era casi nuevo para él.

- La presentación es a las siete – le recordó a su padre, antes de salir por la puerta junto a su hermano – Por favor, no se retrasen o perderán los asientos que apartamos para ustedes – insistió Kurt, siendo jalado por Finn.

- Estaremos ahí – prometió Burt, inalterable.

Los chicos salieron de la casa y se fueron en el carro de Kurt. Tal vez su padre estuviera molesto y herido por lo ocurrido hace un par de días, pero no dejaba de ser el mejor padre del mundo para el castaño, y siempre estaba presente en sus logros y en aquello que fuera importante para él.

Al llegar al instituto, donde se realizaría la competencia de coros, Finn bajó del vehículo, con cara de niño asustado, limpiándose las manos en los pantalones, evidenciando su nerviosismo.

- ¿Crees que lograremos ganar? – cuestionó, esperando por su hermano, mientras en castaño activaba la alarma y se le unía.

- Sinceramente, espero que si – soltó un suspiro – Nos hemos partido el culo por esto…

- Yo siento que vomitaré en cualquier momento – Kurt lo miró con asco y Finn se disculpó – Es que está ese paso, el que viene después del estribillo, que no puedo hacer bien, por mucho que el señor Shue me hizo repetirlo – se explicó, frustrado – Estaba tropezando conmigo mismo todo el tiempo.

- No te preocupes, lo harás bien – lo tranquilizó el menor – Sólo olvídate de la gente que esté frente a ti y piensa cosas lindas.

- ¿Y tú? Estás muy tranquilo… pero… - lo miró con una expresión inquisidora.

- No puedo mentir… Tengo tantos nervios que podría dar a luz en medio del escenario – bromeó, riendo un poco.

- ¡Ew! – ahora fue el turno de Finn para estar asqueado – Por favor no digas esas cosas, porque será algo más de lo que preocuparme.

- No, no… El señor Schue se preocupó de que mi parte de la coreografía fuera sólo caminar y dar un par de vueltas alrededor… Nada va a pasar – puso una mano sobre el brazo del mayor, infundiéndole seguridad.

Por el rabillo del ojo, Kurt observó una moto idéntica a la de Blaine, pero se dijo a sí mismo que el moreno no tendría nada que estar haciendo en McKinley, menos a esas horas. Seguramente estaría en el Lima Bean, o quién sabe dónde y con quien. Aquel último pensamiento le produjo una punzada en el pecho.

Se juntaron con sus compañeros de equipo en la sala del coro, que estaba cumpliendo la función de improvisados camerinos. El ambiente que se respiraba era de nerviosísimo puro, pero también había emoción y ansiedad. Algunos chicos, como Finn y Puck, repasaban los pasos más difíciles de la coreografía junto con Mike, y otros, como Rachel, vocalizaban, haciendo escalas de notas, hasta acabar en agudos sonidos, con los que un grupo de canes seguro enloquecería.

Kurt, en cambio, estaba peleando con el pantalón que debía ponerse. Si bien Tina se encargaba de confeccionar la ropa con algunas de las chicas, había olvidado decirle que necesitaría una talla más para esta ocasión. Maldijo y forzó la tela para que cediera, pero la rigidez de la misma se lo impedía. Quiso que la tierra se lo tragara, pero luego de varios intentos, fue sorprendido por la asiática, quien amablemente se ofreció a correr el botón un poco, dándole una solución temporal. Agradeció repetidas veces y bromeó con que la comida de la escuela estaba destrozando su figura, temiendo que la chica sospechara algo.

Una vez vestido y peinado, se miraba frente al espejo, ajustando su chaqueta de tal forma que su vientre fuera imperceptible. El señor Schuester entró, anunciando su turno de competir, pidiendo que formaran un círculo para juntar sus manos en medio y elevarlas en una especie de cávala.

Con las emociones burbujeando, todos se situaron en sus posiciones, esperando que el telón se abriera y la música comenzara a sonar. La gente estaba recepcionando su presentación animada, haciéndolos sentir más confiados en lo que hacían. Cuando fue el turno de Kurt de cantar, este anduvo hacia el frente, divisando en la multitud a su padre y a Carole. Aprovechó la instancia para darles un saludo breve, haciéndolo parecer parte de los movimientos en la coreografía.

Giró y regresó al fondo, moviéndose rítmicamente. Se sentía feliz de poder disfrutar de ese momento, haciendo lo que más amaba, con sus amigos y su familia junto a él. Aunque sentía el vacío de cierto moreno, quien completaría su felicidad si estuviera aquí con él.

Acabaron su número, con una sonrisa imborrable en el rostro y la respiración agitada. Todos corrieron, saliendo del escenario y regresando a la sala del coro. Kurt sólo pudo caminar, junto a Puck, quien aseguraba que la mujer del jurado le estaba mirando la entrepierna y que eso les sumaría puntos.

- Estás demente, era una anciana – se burló el castaño.

- Tener cuarenta, no es ser anciana… Esas son las mejores – aseguró el mayor, con un guiño, haciendo reír más alto a Kurt.

De improviso, un par de manos le cubrieron sus azules ojos, sumiéndolo en una momentánea oscuridad. Se contuvo de soltar un chillido, porque lo consideró exagerado.

- ¿Quién es? – preguntó, de pronto, sintiéndose confundido. Estaba seguro que sólo Puck y él habían quedado atrás. Ya todo mundo debía estar en la sala del coro.

- Hola, cariño – el cálido aliento de Blaine le acarició el lóbulo de la oreja. Tenía que ser él, pues nadie más lo llamaba "cariño" de esa forma tan única.

- ¿Qué haces aquí? – Kurt tomó las manos del moreno, quitándolas suavemente, para girarse y verle a la cara. Su imagen lo golpeó.

¡Maldición!, se dijo a sí mismo, dándose cuenta que lo extrañaba. Extrañaba esa sonrisa llena de arrogancia, y su olor salvaje y varonil, su ridículo pelo ondulado, desordenado, que lo tentaba a arrastrar sus dedos por él, su mirada avellana, con aquellos ojos tan brillantes y sinceros. Extrañaba todo de Blaine, lo extrañaba a él.

- Sólo, quise felicitarte… - comentó, sacando de algún lugar de su espalda un particular obsequio. Una rosa de papel brillante que en realidad cubría un bombón de chocolate – Y darte esto.

- Am… gracias – Kurt había sido tomado por sorpresa, con la guardia baja y no sabía cómo reaccionar a todo eso.

- Estuviste asombroso… - continuó, con una sonrisa nerviosa, impropia de él – No sabía que cantaras así.

- Nunca he cantado para ti – respondió, como una promesa de hacerlo en un futuro.

Un extraño silencio se situó entre ellos, sólo entonces Kurt se percató que Puck lo había dejado solo.

- Yo… debería ir con los demás – intentó despedirse, pero Blaine lo sostuvo por el brazo.

- Perdóname – dijo sin más, robándole el aliento de golpe al castaño – Fui un idiota… Lo siento.

- Siempre eres un idiota – se burló Kurt – Pero nunca te habías disculpado por serlo.

- Hablo en serio, Kurt – dijo él, rodando los ojos y regresando a la expresión seria – Te vi, con tu ex novio… - el ojiazul palideció – Los vi abrazados, en la puerta de tu casa… - una sonrisa triste le pintó el rostro – Pensé lo peor…

- Blaine, ¿por qué no me dijiste? – Kurt cuestionó – Me pudiste haber preguntado, antes de sacar conclusiones, ¿no crees?

- ¡Lo sé! – alzó los ojos al techo, armándose de valor – Pero, no pude… – los ojos mieles se centraron en la mirada azul del menor – Sentí que me moría, y que iba a perderlos… - sus ojos bajaron a su vientre – Y tuve celos…

- ¿Qué? – el corazón de Kurt se saltó dos latidos y le faltó el aire en los pulmones.

- Kurt, es estúpido que siga ocultándolo – se rió con una carga de emociones diversas – Tú… me haces sentir muchas cosas… Eres especial para mí y no he podido sacarte de mi cabeza desde la primera vez que te vi… bailando, riendo… Me perdí en ti… - el castaño apenas podía respirar y su cabeza no llegaba a procesar todo lo que el moreno le decía. Su pecho subía y bajaba, agitado por las sensaciones que burbujeaban en su cuerpo. Blaine estaba haciendo eco de sus propios sentimientos y le parecía algo utópico – En tus ojos… y ya no quiero estar lejos de ti nunca más, porque siento que voy a morirme…

- Blaine… - Kurt no alcanzó a decir nada más, cuando fue arrastrado en un beso lleno de sentimientos.

Sintió que era apoyado en una pared, mientras el moreno lo besaba suavemente, sin prisas, disfrutando del momento. El ojiazul se dejó besar y respondió a las caricias del mayor. Estaba en el paraíso y aún no creía que aquello estuviera realmente pasando.

Bruscamente fue tironeado de vuelta a la realidad. Puck lo jaló, separándolo del moreno, ganándose una maldición susurrada.

- Es hora de volver al escenario – informó Noah, y Kurt agradeció entonces que apareciera su amigo, pues a sus espaldas divisó a todo el Glee club saliendo del salón – Van a anunciar al ganador.

- Okay, am… - se puso una mano en la mejilla, sintiéndose febril. Giró a ver a Blaine, quien lo miraba esperanzado – Hablamos… hablamos después – le dijo en un tono bajo, sólo para que él lo oyera – En mi casa.

Blaine le guiñó un ojo y se retiró del lugar.

Rápidamente se situaron de vuelta frente a todo el público y esperaron por los resultados.

Cuando el nombre de McKinley High fue mencionado como primer lugar, Kurt no pudo evitar dar un gritito de felicidad, mientras los demás brincaban y se abrazaban. Tina le echó los brazos alrededor del cuello, celebrando. El confeti voló por todas partes y la gente aplaudió con ganas. Era una victoria bien merecida. El señor Schuester se tomó el tiempo de felicitar a cada uno de ellos, antes de recibir el enorme trofeo.

Kurt le lanzó un beso a Burt y Carole, quienes festejaban desde su lugar en el público. Finn se acercó a él y lo rodeó con un brazo, diciéndole que lo había hecho increíble, aunque el menor sólo hubiera cantado tres versos de la canción.

-o-

Frente al espejo del baño, Kurt se aplicó su hidratante nocturno, vistiendo su pijama y un cinto que protegía y le apartaba el cabello del rostro. Estaba feliz y radiante. Aquel había sido un buen día; y si pudiera elegir su parte favorita, no estaba seguro de cuál sería, aunque probablemente el beso con Blaine resultaría ganador.

Acabó su ritual de belleza y se quitó el cinto, reacomodando su pelo, a sabiendas que tendría visitas esa noche.

Se sorprendió ligeramente, al salir del cuarto de baño y ver a Blaine cómodamente recostado sobre su cama, distraído con el móvil.

- Hola – susurró Kurt, sin poder evitar sonreír al verle. Blaine cruzó toda la habitación en tres zancadas y lo tomó por la nuca para besarlo.

- Hola, cariño – saludó de vuelta, con sus frentes unidas - ¿A qué huele? – consultó, alejándose para mirarlo a los ojos azules.

- Acacia – murmuró, señalándose el rostro – Es el olor de mi hidratante – explicó y Blaine hizo una mueca.

- ¿Hidratante? – se burló.

- ¿Qué? La belleza no se hace sola – dijo altivo – Y, aunque nací con esta eterna cara de niño, también debo cuidarla – le dio un guiño coqueto.

- Okay… - Blaine se acercó nuevamente a su piel y aspiró su aroma. Kurt se mantuvo quieto como una estatua – Me gusta… es excitante – el castaño soltó una risita, y la sangre se le subió al rostro.

Blaine plantó un segundo beso en sus labios, guiándolo hacia la cama, con clara intención de no separarse de él. Kurt sintió el borde de su cama, y por instinto, se sentó siendo seguido por el moreno. Sus bocas siempre juntas, trabajando en el beso, mientras se acomodaban lentamente sobre el acolchado. Kurt sentía la anticipación en la boca del estómago, pero no tenía miedo de ser atrapado con un chico en su cuarto, pues ya había recibido sus "buenas noches" de parte de su padre hace media hora, y el seguro estaba echado en la puerta. Las manos de Blaine le recorrieron desde la rodilla, hasta los muslos, acariciándolo con propiedad, haciéndole soltar un pequeño sonido de placer. Se recostó completamente, con el moreno sobre él, quien estaba siendo cuidadoso en sobremanera de no cargarlo con su peso. Ambos no debían olvidar que Kurt estaba embarazado.

Se besaron intensamente, soltando jadeos calientes y gemidos bajos. La ropa comenzó a sobrar rápidamente y entre los dos fueron quitándola del camino. Kurt podía sentir la dura excitación de Blaine sobre su pierna, y él no estaba en distintas condiciones. Los labios del moreno trazaron un camino tortuoso por su cuello, humedeciendo todo a su paso, calentándole la piel y erizándole el bello del cuerpo. Las manos de Kurt viajaron curiosas hasta su cabello. Enredó sus dedos níveos en los rizos desordenados del moreno; acarició y jaló, disfrutando de su suavidad. Con delicadeza, el moreno acarició el interior de los muslos del menor, como pidiendo permiso para continuar. Kurt se abrió para él, ansioso de sentir las manos de Blaine. Las íntimas caricias desquiciaron al ojiazul, volviendo su respiración errática y superficial. Era consciente que no podían ser ruidosos o serían descubiertos, por lo que Kurt puso una mano en su boca y mordió su labio para no elevar el volumen de sus gemidos.

Envueltos en el placer de estar desnudos, bajo las sábanas, sintiendo ambos cuerpos como uno solo, Kurt y Blaine hicieron el amor, tal vez por primera vez. El castaño no podía considerar sus anteriores encuentros como algo más que sexo… muy buen sexo. Pero, ahora se sentía muy diferente, no había lujuria, ni prisas… Sólo estaban disfrutando de la conexión, redescubriéndose, amándose… tan intenso y tan profundo, que la desnudez exterior era igual a la interior; entregándose con el corazón y el alma al acto.

Las embestidas de Blaine eran lentas y potentes, logrando enloquecer a Kurt, quien a esas alturas, mordía la almohada para aplacar el sonido de su boca. La respiración caliente de Blaine chocaba contra su cuello, y sus varoniles manos lo sostenían por las caderas, manteniéndolo tan cerca como le era posible.

El orgasmo los golpeó con fuerza, dejándolos exhaustos. Las piernas del menor temblaban como gelatina y Blaine besaba su cabello castaño, susurrándole lo hermoso e increíble que era. Kurt giró en la cama, para quedar frente al rostro del moreno, sus ojos se observaron en silencio, con una satisfecha sonrisa. El mayor se sentía completo ahora, junto a Kurt y su bebé; aquello era todo lo que necesitaba en la vida. Kurt, por su parte, tenía el corazón hinchado de felicidad, contemplando a Blaine a su lado.

"Creo que me estoy enamorando…", pensaron ambos; sin embargo, ninguno de los dos lo mencionó audiblemente, guardando esa revelación en el fondo de sus corazones.

Kurt se aproximó a Blaine para besarlo nuevamente, y este lo recibió feliz.

-o-

El castaño estaba emocionado por el comienzo de las vacaciones de invierno, y principalmente por la navidad, una de sus festividades favoritas. Finn y él estaban rebuscando en el ático por los adornos navideños, mientras hablaban de algunas ideas de obsequios para sus padres.

- Tal vez un par de pendientes, sea una buena opción – sugirió Kurt, soplando el polvo de la superficie de una caja, manoteando con su mano luego de que una nube de partículas se formara.

- No lo sé, mis recursos son limitados – se quejó – Estuve ahorrando todo el año, pero salió la quinta parte de mi juego favorito de Xbox, y gasté mucho dinero en comprarlo.

- En ese caso… - Kurt tosió un poco – Un lindo pañuelo, ya sabes… Es algo sofisticado, pero nada costoso.

- Tienes razón – Finn sonrió aliviado y tomó una caja, abriéndola – ¡Aquí está todo lo navideño! – informó.

- Ugh, ya era hora – el castaño se alejó de la polvareda que no se disolvía aún – Creo que moriré asfixiado aquí arriba.

- Bajemos – Finn ayudó a su hermano menor en las escaleras y regresaron a la sala, donde un frondoso árbol recién comprado, los esperaba – Am… Kurt – comenzó a decir, mientras le pasaba un par de adornos al castaño – Estuve hablando con mamá el otro día y, am… - sus ojos iban y venían con nerviosismo, lo que aumentó la curiosidad de Kurt – Ella dijo que Seb vino a verte…

- Rayos… - susurró el ojiazul, temiendo lo que se avecinaba.

- ¿Es cierto que él no es el padre del bebé que esperas? – preguntó, con sincera preocupación. Kurt lo miró, presionando los labios en una línea.

- Sí, es cierto – respondió, luego de soltar un suspiro – Tarde o temprano el mundo entero se enterará, asique no te mentiré a ti… Eres mi hermano – Finn torció el gesto – Sé que te dije que era Seb el padre de mi bebé, pero… la verdad es que no… Digamos que fue un rollo de una noche, que no resultó del todo bien – El mayor abrió los ojos, escandalizado.

- Wow… am… - miró a todos lados – Eso no me lo esperaba de ti.

- Lo sé, no parezco del tipo infiel… - Kurt negó con la cabeza – Pero, si sirve de algo, ni siquiera estaba realmente consciente esa noche… Sólo pasó y ya – el ojiazul se percató que su hermano tenía más preguntas, pero alzó su mano al frente para detenerlo – De todos modos, no quiero hablar de este tema… Te ruego que me entiendas.

- Claro – Finn asintió en comprensión – Sólo ten presente que siempre puedes confiar en mí.

- Gracias – Kurt le dio una sincera sonrisa - ¿Puedes pasarme aquel angelito brillante? – le pidió, para cambiar el tema.

-o-

Kurt se entretuvo aquel día, víspera de navidad, decorando por doquier, hasta el último rincón de la casa. También ayudó a Carole con la cena, después de acompañar a Finn al centro comercial por algunos regalos y envolverlos a la perfección. Simplemente, era una navidad perfecta.

"¿Estás en casa?", recibió un mensaje a su móvil de Blaine.

Disimuladamente se retiró a su cuarto para responder afirmativamente, imaginando qué planes tenía el moreno para esa noche.

No tardó mucho en divisar a su visitante fuera de la ventana. Descorrió las cortinas y le ayudó a subir, pues traía una caja mediana en sus manos.

- Hola, cariño – saludó, metiendo una bota repleta de nieve y barro a la habitación de Kurt. Éste se cubrió el rostro.

- Mi alfombra… – lloriqueó - ¡Quítate los zapatos! – ordenó, y Blaine obedeció, sintiéndose como un niño regañado.

- No era mi intención, pero no hay forma de no ensuciarse con la nevada que hay ahí afuera – se quejó.

- Creí que pasarías las fiestas con… tu familia – luego de decirlo, dudó si es que era un tema que debía tocar con el moreno, debido a la nula mención de padres o algún pariente de parte del mayor.

- Hace tiempo que olvidé lo que una navidad era – respondió el aludido, encogiéndose de hombros como si nada – Pero, hay algo que no deja de gustarme – se acercó al menor y puso frente a él, la caja que tenía en sus manos – Los regalos… Feliz navidad – Kurt tomó la caja, examinándola con curiosidad – No es una bomba, sólo ábrela de una vez – lo apresuró, ansioso.

- Oh, mi Dios… - susurró en cuanto un par de rosadas orejas asomaron por la abertura - ¡Es un gatito! – chilló, sacando el animalito de pelaje blanco como la nieve del exterior - ¡Es hermoso! Hola, dulzura… Hola – le rascó la orejita, mientras lo abrazaba y lo mimaba - ¡Que cosita tan bella!

- Gracias – dijo Blaine, alzando el mentón.

- Le decía al gatito – Kurt rodó los ojos en dirección a Blaine. Éste sólo rió – Gracias, cariño – soltó, sin pensar lo que decía.

- ¿Cariño? – Kurt se sonrojó, por haber pensado en voz alta – Debería regalarte cosas más seguido – el moreno se acercó y lo besó tiernamente en los labios – Primero obtengo un maravilloso sexo de reconciliación, y ahora un emotivo apodo.

- Cállate – el menor sentía el rostro febril, por lo que caminó dándole la espalda a Blaine. Se sentó sobre la cama con el pequeño gato en sus brazos, aun acariciándolo.

- ¿Qué nombre le pondrás? – preguntó Blaine, caminando hacia él, agachándose para quedar a su altura, poniendo una mano en su muslo y con la otra jugando con la cola del animal.

- Hmm… - Kurt se lo pensó un rato – Tal vez deba ser un nombre que lo describa… Como… "¿Snow?"

- Snow… es lindo – estuvo de acuerdo el mayor.

- Hola pequeño Snow… Papi ya te puso un nombre – le habló al gato.

- ¿Sabes? Desde que me diste la noticia de que tendremos una niña… - los ojos azules del chico se centraron el Blaine, recordando que no habían hablado del tema, desde que Kurt le dijera aquello en el baño del instituto – He pensado en que… Elizabeth sería el nombre perfecto para ella.

- ¿Elizabeth? – el corazón del menor se comprimió dentro de su pecho. Blaine estaba sugiriendo ponerle a su hija el nombre de su madre y Kurt no podía estar más de acuerdo – Me encanta.

Blaine se aproximó al castaño, besándolo con dulzura.

- Sí sabes que es mi segundo nombre también, ¿no? – añadió con una cuota de humor.

- ¿En serio? – el moreno lo miró divertido – Pues, aun mejor.

-o-

Kurt acomodó a su nuevo inquilino en la caja donde había llegado, arropándolo con un viejo cárdigan, que conservaba sólo porque no había encontrado uno igual; antes de disponerse a bajar al comedor para la cena navideña familiar. Todos estaban listos, por lo que el castaño se sentó de inmediato.

- Sé que este ha sido un año difícil para algunos de nosotros – comenzó a decir Burt en su brindis – Y que hemos recibido sorpresas inesperadas, pero quiero que todas estas experiencias vividas, nos ayuden en un futuro a crecer, madurar y aprender a ser mejores cada día.

La familia alzó las copas chocándolas entre ellas para brindar.

Cuando fueron las doce de la noche, decidieron abrir los obsequios que se encontraban bajo el árbol. Kurt fue quien más regalos recibió, aunque no para él, sino para su bebé. Desde ropa, zapatos y accesorios, hasta pañaleras y biberones. Él agradeció a cada uno, y con el montón de cosas, subió las escaleras para irse a dormir.

Dejó todo sobre el escritorio, diciéndose que ya tendría tiempo mañana de acomodarlo, y se dispuso a dormir. En su móvil, un mensaje lo esperaba.

"Gracias por hacer de este día, una navidad"

Leyendo aquello, sonrió ampliamente.

Pasó la noche y Kurt fue sacado de la cama muy temprano ese día por un animado Blaine que lo había citado en el centro de Lima. Fue necesario inventarse una buena excusa para salir el día de navidad.

- ¿Dónde estás? – preguntó, en cuanto contestaron del otro lado de la línea telefónica.

- ¿Ya llegaste? – consultó el moreno.

- Por supuesto que sí, y me estoy congelando – se estremeció ante el frío viento que corría - ¿Dónde estás?

- Aquí – la voz se oyó doble y Kurt volteó a mirar. Blaine estaba de pie tras de él, con una enorme sonrisa, un brillo especial en los ojos y con la nariz enrojecida por el clima – Hola, cariño – saludó, tendiéndole una mano. Kurt colgó la llamada y metió el celular en su bolsillo para tomar la mano que Blaine le ofrecía – Ven conmigo.

- ¿A dónde? – quiso saber el castaño, quien se dejó llevar sin más.

- Es una sorpresa – canturreó el mayor, sacando una risita en el ojiazul.

Anduvieron por la calle, y doblaron hacia el parque. Desde la distancia se podía divisar una enorme pista de hielo en medio y Kurt tragó saliva, temiendo lo peor.

- Me enteré que ayer la instalaron y quise traerte desde entonces – comentó emocionado el pelinegro, sin percatarse de la cara de pánico que se cargaba Kurt a sus espaldas.

- ¿Vamos a patinar? – dudó el menor, cruzando los dedos porque la respuesta fuese "no".

- Claro que vamos a patinar… ¿Qué creías? – se burló Blaine, arrastrándolo hacia la entrada.

- Am… Blaine… - sólo entonces él volteó y su entusiasmo se desinfló un poco – No sé si sea necesario recordarte que… estoy embarazado y esto… no es precisamente algo que yo deba hacer en mi estado – intentó sonar amable, y no demostrar su pánico por no saber patinar.

- No dejaré que caigas – aseguró el moreno – Confía en mí.

Le dio una sonrisa genuina y Kurt no pudo resistirse a acompañarlo al interior de la pista.

- Si hubiera sabido que vendría a patinar, hubiese venido preparado – comentó Kurt, luchando con el broche del patín.

- De haberlo sabido… ¿Estarías aquí? – Blaine se arrodilló, quitando las manos del castaño, para ponerle él mismo los patines con cariño.

- Probablemente, no – rió, observando las hábiles manos de Blaine, asegurando los broches de sus patines – Gracias.

El moreno lo ayudó a ponerse en pie y prácticamente lo llevó a rastras hacia el centro de la pista.

- Okay, esto es muy simple cariño – dijo, tomando ambas manos del menor para sostenerlo con firmeza – Es como caminar con estilo, ¿de acuerdo? – Kurt asintió, aunque se sentía muy inseguro de aquello – Entonces, vamos… primero un pie, luego el otro… Así es… - el moreno dio pequeños pasos, andando de espaldas, sin dejar de mirar a Kurt, mientras el castaño se esforzaba en seguirlo, imitando sus movimientos – Muy bien, lo estás haciendo.

- ¡Lo estoy haciendo! – chilló con nerviosismo el ojiazul, dando pasos más largos.

- Ahora, sólo mantén ese ritmo y trata de no romperte el culo – bromeó el moreno, manteniendo su posición por un tiempo más.

Poco a poco, el castaño, fue tomando más confianza, logrando avanzar casi sin ayuda. Anduvieron hombro con hombro por un rato y luego, Blaine sólo lo sostenía de una mano. A esas alturas, Kurt reía feliz, disfrutando realmente del momento y la compañía del moreno.

- ¿Quieres ir por algo caliente? – ofreció Blaine, después de pasar un par de horas.

- Sí, me encantaría – el semblante de Kurt irradiaba felicidad y Blaine no podía estar más contento de verlo así. Sin poder contenerse, le dio un beso breve, considerando que estaban rodeados de gente.

Caminaron hacia la cafetería más cercana, para ordenar un café y una leche chocolatada.

- Rayos, si que necesitaba esto – dijo Kurt, pasando su lengua por el labio superior, para quitar los restos de chocolate.

- Hmm… Feliz navidad – murmuró el moreno, dándole una mirada coqueta.

- ¿Por qué haces todo esto? – preguntó el menor, mordisqueando una galleta.

- Porque quiero hacerlo – respondió, encogiéndose de hombros – Además, recibí mi primer salario como barista del Lima Bean, y quería consentirte a ti y a nuestro bebé – Kurt sonrió enternecido - ¿Acaso no puedo hacerlo?

- Claro que puedes, sólo era una pregunta.

Kurt tomó la mano de Blaine y caminaron de regreso al carro del menor, para ir a casa. Aquel día había sido perfecto; una navidad que recordaría siempre.


¿Acaso no murieron de ternura? Blaine es un cielo...

Espero sus reviews, ya que les traje bastante Klaine con este capítulo... Envíenme su amor!

Besos!

XOXO