Hoooooola! Como están ustedes? Yo muy mal, muchos dramas en mi vida, y al parecer volveré a cambiarme de casa! Peeero... Como lo único que me sube el ánimo es escribir, aquí les traje un nuevo e intenso capítulo de día Jueves!

Enjoy!


CAPÍTULO 18

Las breves vacaciones de invierno habían acabado para Kurt, y el castaño estaba teniendo una pésima mañana de día lunes. El clima afuera cortaba la piel, el viento gélido era capaz de congelar los pensamientos de cualquiera y el ojiazul no lograba cerrar su chaqueta. Se maldijo a si mismo por su particular gusto por las ropas ajustadas, aunque no podía negar que le gustaba como su figura se lucía mejor en algo a su medida. Sin embargo, ahora mismo, estaba debatiéndose en morir congelado o pedirle prestada una chaqueta a Finn; después de todo, la ropa ancha comenzaba a ser tendencia últimamente.

Se dio por vencido, cuando aceptó que la cremallera no subiría más. Caminó cabizbajo al cuarto de su hermano y lo miró con expresión derrotada.

- ¿Qué pasa, hermano? – preguntó el mayor, atándose las agujetas de sus tenis.

- Tengo problemas de vestidor – murmuró, y Finn alzó una ceja sin entender – No tengo ni una sola chaqueta que me cierre – se explicó, soltando un suspiro y bajando la vista hacia su abultado vientre de casi cinco meses.

- Am… Y aquella que usaste en casa de mis abuelos… ¿no…? – el castaño le dio una mirada letal.

- Ninguna, Finn – aseguró.

- Diablos… Y, ¿en qué te puedo ayudar? – cuestionó, mirándolo expectante.

- Pensaba que tal vez… Tú podrías prestarme algo – dijo casi susurrando.

- Er… claro, busca en mi armario y toma lo que quieras – ofreció, sacando una sonrisa del menor. Éste caminó y metió medio cuerpo dentro del closet de su hermano, rebuscando cautelosamente algo que no llamara demasiado la atención y que no contrastara tanto con su estilo habitual. Sería una tarea difícil.

Casi en el fondo, halló una chaqueta negra, simple. La tomó con expresión de triunfo y se la calzó. Tal vez las mangas no eran de su medida, pero podría hacerlo funcionar. Después de todo, él era Kurt Hummel.

Le agradeció a su hermano y salió disparado hacia las escaleras, para alcanzar a desayunar antes de salir hacia el instituto. Su problema de vestidor le había quitado demasiado tiempo valioso y no podía perder más.

No le fue indiferente la mirada curiosa que Blaine le dio al llegar al parqueadero de McKinley, al verlo con ropa prestada.

- ¿Fuiste de compras, cariño? – murmuró, dándole un beso como saludo.

- Hola para ti también – ironizó, caminando hacia la entrada, enlazando su mano con la del moreno. Blaine soltó una risita, pero no apartó su vista de la nueva prenda – Es de Finn, ¿okay?

- Ya me parecía… Además, no tiene tu olor – se acercó a olfatearla, ganándose una rodada de ojos por parte del castaño.

- No tuve opción, esta bebé no deja de crecer y ya nada me queda – se quejó, torciendo el gesto – Terminaré como una morsa obesa.

- Cariño, eres perfecto… No sé porque estás diciendo esas cosas – rió Blaine, divertido – Yo creo que te ves aun más sexi con esa pancita – le pasó una mano por el vientre y Kurt volvió a poner los ojos en blanco.

- Voy a hacer de cuenta que no dijiste eso – negó con la cabeza, llegando a su casillero – Lo único que parezco… es un fenómeno – el semblante de Kurt decayó visiblemente – Y pronto todo mundo comenzará a notarlo.

- Hey, ellos no van a pensar una maldita cosa de ti… Y si lo hacen, o te dicen algo… Yo me encargaré de que mantengan las bocas cerradas, ¿de acuerdo? – la intensa mirada miel de Blaine le reafirmó la seriedad de su promesa, no dejando lugar a discusión.

- Pareces un mafioso cuando hablas así – Kurt alzó las cejas – A veces olvido quién eres.

- Oye, ¿qué quieres decir con eso? – el moreno lució ofendido - ¿Es porque vengo de una correccional?

- Dejemos esta conversación hasta aquí, antes de que terminemos peleando, ¿sí? – sugirió el menor, ganándose una mirada reprobatoria de Blaine. Aun así, se mantuvo en silencio.

Caminaron hasta el salón de Kurt y se despidieron con un beso corto en la mejilla, la tensión no se disolvía entre ellos todavía.

Al acomodarse en su asiento de siempre, Puck lo recibió con una sonrisa.

- Hola, Hummel – dijo, escaneándolo de pies a cabeza - ¿Cambio de look?

- ¡Ugh! – gruñó el castaño en respuesta, apoyando su mejilla sobre la superficie de la mesa - ¿Desde cuándo todo mundo está tan al pendiente de lo que visto? He usado cosas más llamativas que esto y no he recibido ningún comentario.

- Lo siento, no sabía que te habías levantado del lado "perra" de la cama – bromeó Puckerman, ganándose una patada en el tobillo.

- Aún puedo golpearte, Noah – bufó el menor, frunciendo el entrecejo – No me provoques.

- Retiro lo dicho – siseó entre dientes, sobándose su pierna adolorida.

-o-

- ¡Hey, Hummel! – uno de los jugadores del equipo lo increpó en la salida de su clase de algebra. Kurt a penas se molestó en voltear la mirada con una ceja alzada – Deberías bajarle a los pasteles… Terminarás como el típico gordo gay del pueblo – la sangre le hirvió en las venas al chico de ojos azules.

- Y tú deberías bajarle al bote de colonia, no engañas a nadie con eso… Todos saben que te hace falta una buena ducha – simuló espantar un mal olor abanicando con su mano, logrando un par de risitas alrededor con su ataque verbal.

- ¿Quieres que te golpee, homo? – amenazó, alzando un puño a la distancia.

- ¡Ni siquiera lo intentes, Karofsky! – la voz de un molesto Blaine, resonó a espaldas de Kurt. Éste agradeció la intromisión del moreno. A pesar de enfrentarlos verbalmente, evidenciando su estupidez, siempre temía terminar golpeado dentro de un contenedor de basura - ¡Si te metes con él, te metes conmigo, imbécil!

- ¡Tienes muchos huevos para ser un marica, Anderson! – contraatacó Dave, haciendo que el pelinegro se aproximara hasta quedar a un paso de distancia de él.

- Al menos yo he ligado un montón de chicas – respondió con su expresión de arrogancia característica en él – Dime, Dave, ¿cuántas has ligado tú? – abrió la boca en impresión fingida - ¡O mejor aún! ¿Cuántas novias has tenido? – el jugador boqueó, sintiéndose desnudo frente al moreno – Entonces… ¿quién es el marica ahora Karofsky?

- ¡Bastardo, malnacido! – bufó, pero sin embargo, se alejó echando chispas del coraje.

- ¿Estás bien? – Blaine se aproximó al castaño, con una autentica expresión de preocupación, muy contrastante con la que tuviera hace sólo dos segundos atrás – No alcanzó a hacer nada, ¿cierto?

- No, Blaine… Estoy perfectamente – contestó Kurt, aunque se sentía como una mentira, pues, aunque el futbolista no lo había agredido, se sintió violentado en el interior. Sus mayores temores siendo realizados, le erizaban el bello de la nuca, y estaba aterrado.

- ¡Pero, ese hijo de puta va a saber de mí! – amenazó, pasando las manos por su cabello negro, lleno de ira.

- No, hey… Blaine, mírame – le pidió con una voz cargada de calma, la cual logró transmitirle en cuanto lo tomó del rostro – Dejémoslo pasar, de todos modos… Nada pasó y, no quiero que termines fuera del instituto por ese idiota – la mirada cristalina de Kurt lo alejó de sus negros deseos de venganza y lo regresó a un lugar seguro y feliz. Una sonrisa se instauró en su cara y soltó el aire que estaba inconscientemente conteniendo.

- Tienes razón – aprovechando su cercanía, lo besó. Kurt lo alejó cinco segundos después con los ojos mirando a todas partes y un rubor cubriéndole las mejillas.

- Toda la escuela nos está mirando, Blaine – explicó, bajando la mirada, azorado por la situación.

- ¿Y eso qué? – el moreno rodó los ojos – Mejor que se vayan acostumbrando… porque tú y yo – se acercó para susurrarle – Tendremos un bebé.

- Lo sé, lo sé… Sólo dame algo de tiempo para contarle a mis amigos del coro y… - Kurt escrutó el pasillo atiborrado de gente – Dios, ni siquiera sé como les contaré todo esto – soltó una risita.

- Te complicas demasiado, Kurt – afirmó Blaine, tomándolo por los hombros con ternura – Sólo a ti debería importarle con quien estás, con quien follas y a quien beses – dijo, haciendo aun mayor el sonrojo en el ojiazul – No debes esperar la aprobación de todo el mundo, ellos no están en tus zapatos. Tu vida sería más simple si te preocuparas más por ti.

- Blaine… - Kurt suspiró, sorprendido por la intensidad de las palabras soltadas por el mayor, sintiendo que el fondo, tenía toda la razón.

- ¡Ahora vamos a comer, porque siento que me desmayaré si no como una maldita cosa ya mismo! – desvió el tema y tomó a Kurt de la mano para llevarlo a la cafetería.

-o-

El día siguiente a ese, no fue diferente. Luego de aquella cachetada verbal que le diera Blaine a David Karofsky, sólo había logrado acrecentar el interés por Kurt y por acosarlo con insultos. Además de despertar una gran curiosidad alrededor de la extraña relación monogámica que estaban teniendo. Todos en McKinley sabían que Blaine era un cazador y un ligón de lo peor, pero pasaba tanto tiempo con Kurt, abandonando por completo su antiguo oficio de ligar que comenzaba a levantar sospechas. Karofsky estaba decidido a saber qué ocurría y no descansaría hasta sentirse satisfecho y vengado de la humillación pública a la que Blaine lo sometió.

Kurt ya se estaba acostumbrando a tener que pasar la clase de gimnasia sentado, mirando a sus compañeros y tomando apuntes para desarrollar los ensayos escritos, por medio de los cuales era evaluado en esa clase. A veces, incluso deseaba participar, cuando veía a sus amigos realmente divertirse, pero se contenía, considerando los riesgos de actuar impulsivamente. La sensación de desprendimiento era aplastante, y cada día que pasaba, Kurt se sentía menos dueño de sí mismo. Tenía claro que una vez que naciera su hija, no importaría él en lo más mínimo, y toda su atención y su energía se volcaría en su bebé. Tendría que ser así, porque él había sido lo suficientemente adulto para tenerla, y asumiría esto de la misma forma, como un adulto. Aunque a sus dieciséis, no se sentía precisamente como uno, buscaría la manera de que funcionara.

Una penetrante mirada lo sacó de sus cavilaciones, haciéndolo voltear hacia la entrada del gimnasio. Dave lo escrutaba con sus ojos oscuros y una expresión amenazante en el rostro. Al percatarse de ello, Kurt sintió un escalofrío recorrerle desde la nuca hasta el final de su columna vertebral. El ojiazul podía detectar que algo planeaba, pero no podía asegurar qué. El jugador sólo le mantuvo la mirada un par de segundos y luego se marchó, sin embargo, eso bastó para ponerle la piel de gallina. Estaba asustado.

Sin detenerse a pensar mucho, le envió un mensaje al moreno, advirtiéndole la extraña actitud del Karofsky. Éste le respondió dos minutos después, que no tenía nada de qué preocuparse, porque pondría a su gente a trabajar, averiguando que se traía entre manos Dave. Kurt no sabía si sentirse aliviado o asustado nuevamente, por el comportamiento mafioso de Blaine.

Cuando su clase acabó, un par de manos lo envolvieron por detrás en la salida del gimnasio. Tuvo el impulso de dar un golpe, pero reconoció el particular aroma de Blaine y se contuvo. Éste no dijo nada, sólo lo rodeó con sus brazos a la altura del vientre, pasando una mano por su barriga con parsimonia. El contacto era tan íntimo que el castaño se sintió abrumado en una manera positiva y cálida; porque era Blaine quien estaba tratando de conectar con su pequeña hija, y eso era adorable.

- Estamos llamando la atención – advirtió el menor, con la voz más dulce que le fue posible, porque no quería ser grosero con Blaine.

- Entonces, deberíamos ir a un lugar más privado – sugirió con un tono de voz que a Kurt le pareció muy caliente. Casi pudo imaginarlo alzando y bajando sus cejas sugestivamente.

- Blaine, tengo clase de geografía – se excusó, conteniendo la risa.

- Tranquilo, los continentes seguirán allí para tu próxima clase – continuó persuadiéndolo, esta vez girándolo para quedar cara a cara - ¿Qué dices?

- Que eres una mala influencia – se burló, sacando una sonrisa de lado en Blaine.

- ¡Vamos! No seas un nerd – le devolvió la burla – Eso me haría quedar como el chico malo y pareceríamos una mala serie de televisión.

- Sueñas con ser el "bad-boy", ¿no? – Kurt alzó una ceja en un gesto que pretendía ser sexy, logrando su objetivo, al percatarse de que Blaine se humedecía los labios, mirándolo con deseo.

- ¡Mierda! – susurró – Ahora tendré que secuestrarte si te niegas – el menor soltó una carcajada, mientras el moreno lo jalaba de la mano, metiéndolo en el pasillo lleno de gente, para terminar entrando en el vacío auditorio.

- ¿Qué hacemos aquí? – dudó Kurt, esforzándose en no tropezar en la oscuridad del lugar.

- No te hagas el inocente – lo tiró hacia él, para que sus cuerpos se tocaran.

Lentamente, Blaine le acarició el rostro con una mano, logrando que el castaño se entregara con ese pequeño toque. Ambos se necesitaban y no habían notado cuanto, hasta ahora. Sin perder el tiempo, Kurt tomó la iniciativa, besando al moreno profundamente, sin inhibiciones. El pelinegro intensificó el contacto, metiendo su lengua en la boca del menor, saboreándole mientras se entrelazaba con la de Kurt en un baile coordinado. Las manos de Kurt lo tomaron por el cuello, acercándose aún más, si eso era posible. Blaine lo sostuvo por las caderas, pegando sus cuerpos de forma indecente a los ojos de cualquiera, pero muy estimulante para los chicos.

Por obvias razones, no podían llegar mucho más allá de los besos, en un lugar como ese, temiendo ser descubiertos en cualquier momento, además de haberse saltado las clases. Para Blaine eso no significaba un problema real, pero sabía que para el ojiazul era importante.

Kurt se sentía envuelto en una espiral de placer, proporcionado por las caricias y besos del mayor, lo que lo llevó a soltar un candente gemido dentro de la boca de Blaine. El moreno sintió su erección crecer aun más en el estrecho espacio de sus pantalones y se maldijo por no haber salido de la escuela cuando tuvieron la oportunidad. Ahora ya era muy tarde y su mente estaba evaluando las posibilidades de hacer el amor en una de las butacas del auditorio. Imaginaba que Kurt se negaría, pero qué más podía hacer si lo deseaba como un demente y Kurt no ayudaba a mantener sus deseos a raya.

Lentamente lo guio hasta uno de los asientos, buscando de alguna manera darle a entender sus intenciones, sin tener que usar palabras. Kurt cayó sentado, sin despegar sus bocas del otro y Blaine se arrodilló quedando entre sus piernas, teniendo un mayor acceso al menor en esa postura. Un nuevo gemido escapó de los pecaminosos labios del menor, llevando al moreno a la locura. Sin pudor hurgó en busca del botón de los pantalones de Kurt. Necesitaba quitárselo y hacerlo suyo en ese preciso momento, o podría morir. Tal vez no literalmente, pero el moreno no podía pensar con mucha claridad luego de que el castaño gimiera de esa forma.

- ¿Qué… que haces? – jadeó el ojiazul, apartándose por algo de aire. Con sus manos, detuvo el actuar del moreno sobre su cremallera – Estamos en la escuela… no podemos…

- Mierda… te necesito… vamos… - balbuceó intentando convencerlo – Nadie nos verá aquí…

- No, Blaine… es una locura – la cordura comenzó a regresar a Kurt y lentamente se fue apartando de Blaine – Ni siquiera me atrevería a darte una mamada aquí… por muchas ganas que tenga – bromeó, pero el moreno estaba con los ojos dilatados de deseo y miraba a Kurt como si suplicara por un poco de él.

- Por favor… - insistió, besándolo de nuevo. El ojiazul aceptó el beso, pero luego lo tomó por los hombros, mirándolo con determinación.

- Blaine, no vamos a tener sexo aquí – la seguridad en las palabras del menor, trajeron de vuelta a la realidad al moreno.

- ¡Joder, lo siento! – maldijo, poniéndose de pie y ayudando a Kurt a hacerlo también. Se pasó una mano por el rostro para espantar los oscuros deseos que aun rebotaban en su cabeza – Am… yo… - se rascó la nuca, pero la risa del ojiazul le indicó que él no estaba molesto.

- Tranquilo, tal vez podamos tener algo de acción después de clases – prometió, recibiendo la más genuina sonrisa de parte del pelinegro – Puedo inventarme algún complejo trabajo de investigación de la clase de anatomía – le guiñó el ojo para que captara el doble sentido de sus palabras. Blaine asintió complacido.

- Eso sería tan malditamente genial – el ojimiel lo tomó por el rostro y lo besó, conteniendo la sonrisa – Será mejor que salgamos de aquí, o podría terminar cometiendo una locura contigo – dijo sobre los labios de Kurt y el castaño estuvo de acuerdo.

Ambos salieron cautelosamente del lugar, tomados de las manos, siendo incapaces de disimular su felicidad.

-o-

Kurt odiaba hacerlas de mensajero, pero supuso que Carole no hubiera insistido si no fuera algo realmente importante. Finn tenía el móvil apagado, y el castaño supuso que era porque el chico lo dejó en el casillero para su entrenamiento de futbol americano. Casi le dio una patada a su taquilla cuando recibió la llamada de su madrastra, por el simple hecho de tener que retrasar su ardiente salida a la casa de Blaine, para buscar a su hermano por todo el instituto. Blaine se ofreció a ayudarle, pero éste se negó, pues no deseaba estar explicándole luego a Finn porqué Anderson le lleva recados de su parte.

Le pidió amablemente que esperara por él en el parqueadero, mientras Kurt iba tan rápido como su estado le permitía, hacia los vestidores de chicos. Odiaba también ese lugar y mucho más ahora que su olfato se había agudizado con el embarazo. Esperaba poder soportar la peste de calcetines sucios y ropa sudada.

Entró con sigilo, pero no había nadie dentro. Sólo para asegurarse, dio una vuelta. Chequeó el casillero de Finn, pero este estaba perfectamente cerrado. Tomó una respiración profunda, arrepintiéndose al ser golpeado por el hedor del lugar. Decidió buscarlo en el campo de juego, por lo que caminó hacia la salida, pero no llegó lejos. Dave Karofsky entró en ese preciso momento, mirándolo como si la navidad se hubiera adelantado ese año, paralizando al castaño en su lugar.

Kurt se maldijo por no aceptar la compañía de Blaine entonces, y vagamente se esforzó en recordar sus clases de defensa personal, aunque no hubiera asistido a la mayoría, por creerlas una pérdida de tiempo. ¡Qué torpeza de su parte!

Los ojos cafés de jugador lo observaron casi con diversión, haciendo al menor contener el aire en sus pulmones, aterrado.

- ¿Qué tenemos aquí? – dijo, con la voz cargada de un sentimiento que le erizó el pelo de la nuca a Kurt – La señorita Hummel… y sin tu guardaespaldas – chasqueó la lengua en reprobación – Qué mala suerte… para ti.

- ¿Qué pretendes Dave? – sus palabras no se oyeron tan firmes como el ojiazul esperaba, pero fingió indiferencia de todos modos.

- Mostrarte tu lugar, marica – soltó – A ver si entiendes de una vez que eres un perdedor en esta escuela.

- ¿A sí? ¿Quién lo dice? – Kurt no puro refrenar su aguda lengua – No veo que te estén esperando en Harvard o en el MIT – rió con sorna, y tragó el nudo en su garganta al ver la expresión endemoniada en el rostro del futbolista.

- Búrlate todo lo que quieras, homo – respondió, cruzándose de brazos en un gesto amenazante – Vamos a ver quién ríe último, cuando toda la escuela se entere de tu sucio secreto – el aire abandonó los pulmones del menor, quedándose estupefacto al oír a Dave.

- No sé de qué hablas, déjame salir – declaró, tratando de dar un paso cerca de Karofsky, pero este se adelantó, aproximándose a él y obligándolo a retroceder - ¡Déjame salir! – exigió, envalentonándose.

- Claro que lo sabes… - Kurt lo fulminó con la mirada, desafiante – Estuve en la oficina de Figgins y le eché un vistazo a tu expediente, mariposita – le dio una sonrisa de lado, cargado de malicia, en tanto el menor pasaba saliva, tratando de mantenerse inmutable.

- Sabes que eso es un delito, ¿no? – lo retó el ojiazul, intentado aferrarse a algo.

- Sí, pero es tu palabra contra la mía… ¡Qué lástima! – el jugador dejó salir una risa malvada de lo más profundo de las entrañas y Kurt supo que estaba jodido.

- ¡Yo no estaría tan seguro! – exclamó una voz a espaldas de Dave, haciéndolo voltear la cabeza para toparse de frente con Finn, quien sostenía en su mano su celular, apuntando su cámara directo hacia él – Te tengo en video – le dio una sonrisa falsa, parando la grabación y metiendo el móvil a su bolsillo – Entonces… ¿Qué le decías a mi hermano?

- Yo… - Karofsky tartamudeó, y todo su entusiasmo se esfumó, cuando vio entrar tras de Hudson, a Puckerman. Eran dos contra uno y él conocía las habilidades de los recién llegados – Nada – dijo finalmente, apretando la correa de su bolso deportivo y pasando por el lado de Finn con la mirada en el piso. Noah le puso el pie, haciéndolo tropezar vergonzosamente. Éste apretó el paso y desapareció.

- Finn, gracias al cielo que apareciste… - los ojos de Kurt se cristalizaron, y el chico dejó salir el aire de golpe, en un sollozo. Se lanzó a los brazos de su hermano y lloró – Acabas de salvar mi culo de ese… animal.

- Tranquilo – el mayor pasó una reconfortante mano por su espalda, de arriba hasta abajo – Ya pasó… - continuó un rato más y finalmente, Kurt dejó de llorar - ¿Qué estabas haciendo aquí de todos modos?

- Am… Carole me dijo que… que estuvo llamándote y tú no contestabas – respondió, limpiándose la humedad de la cara y tomando aire para componerse de su llantina.

- Oh, mierda… Lo siento, Kurt – se disculpó, sintiéndose profundamente culpable de poner a su hermano en esa situación.

- Da igual, no es tu culpa… - el menor le dio una mirada a Finn y a Puck, quien se mantuvo en silencio todo el tiempo – Será mejor que me vaya… y piense en cómo decirle a todo mundo lo de mi embarazo, antes de que ese orangután abra su boca – Finn le dio una mirada sorprendida a Kurt y luego a Noah.

- ¿Tú lo sabías? – le preguntó.

- Soy su mejor amigo, ¿qué esperabas? – el judío de encogió de hombros, restándole importancia al asunto.

- Gracias de nuevo, a ambos – musitó. Se acercó a cada uno y le dio un breve abrazo, entonces salió de los vestidores.

Caminó por los pasillos, sintiendo las piernas temblorosas. Su cuerpo estaba reaccionando recién a la gran tensión bajo la que había estado hacía un momento atrás. Se sentía agotado y sin fuerzas; su cabeza dolía ahora horriblemente y su vientre se había endurecido. Kurt lo podía sentir.

La sonrisa ansiosa en el rostro de Blaine, que esperaba por él, apoyado en su carro, mutó a un gesto de preocupación y casi corrió a su lado.

- ¿Qué pasó? – interrogó, tomándolo por los hombros, examinándolo por todas partes, intentando hallar la respuesta a su pregunta.

- Am… no es nada – le restó importancia con un gesto de su mano – Estoy bien… - y entonces se desvaneció en sus brazos. Kurt fue hábilmente atrapado por Blaine, quien se ocupó de mantener su cabeza y torso a salvo de estrellarse contra el pavimento.

- ¡Joder, Kurt! ¿Kurt? – intentó hacerlo reaccionar, sentado en el suelo con el pálido chico en brazos - ¡Kurt, maldita sea! ¡Despierta!

Blaine estaba ahora asustado hasta los huesos, aunque no era la primera vez que el castaño se desmayaba, siempre lograba ponerle de los nervios. Intentó tranquilizarse y pensar con cabeza fría. ¿Qué se supone que debería hacer? ¿Llamar una ambulancia? ¿Avisarle a su hermano? ¿Gritar por ayuda? No estaba seguro de ninguna de esas opciones.

Rebuscó entonces en el bolso de Kurt por algo en particular, que sabía que el chico portaba. Casi en el fondo, halló el pequeño frasco de perfume; y tomándolo con dedos temblorosos le quitó la tapa y acercó el envase a la nariz de Kurt. Había visto en televisión que esta maniobra funcionaba cuando alguien se desmayaba y no perdía nada con intentar. Esperó pacientemente, rogando porque aquello lo hiciera reaccionar. Los ojos azules del menor lentamente se presionaron antes de comenzar a abrirlos. Desorientado, el castaño gruñó, tomándose la cabeza como si doliera.

- ¿Kurt? ¿Me oyes? – Blaine pasó una mano frente a su rostro, tratando de captar su atención – ¿Cómo te sientes?

- Mmmh… - se quejó el menor, logrando centrar su visión y descubriéndose en el suelo, junto a Blaine - ¿Q-qué… pasó? – murmuró con un hilo de voz.

- No estoy seguro – confesó el moreno – Tú venías caminando y estabas pálido como un fantasma… Cuando te pregunté qué pasaba, dijiste "nada, estoy bien" y te desmayaste – resumió, tratando de ser de ayuda para la revuelta cabeza de Kurt – Ahora, yo preguntaré… ¿qué pasó? Porque venías mal desde antes de encontrarme.

- Yo… - las imágenes regresaron al chico como en una película de terror y se estremeció – Me encontré con Dave en los vestidores – explicó con voz temblorosa, sentándose despacio, con ayuda del mayor – Estaba buscando a Finn, y él apareció. No había nadie más, asique aprovechó para amenazarme…

- ¡¿Qué?! ¿Te… te hizo algo? – la rabia era perceptible en la voz del moreno - ¡Dime!

- ¡No! – se apresuró en responder – No pudo… - Kurt se puso de pie, de pronto sintió enormes deseos de salir de allí – Él dijo que sabía mi secreto – le dio una mirada significativa a Blaine.

- ¡Ese imbécil! – bufó, sosteniendo al menor de su brazo.

- Que había visto mi expediente… ¿puedes creerlo? – el ojiazul pasó una mano para quitar la humedad formándose en sus ojos – El idiota ese se obsesionó desde que lo ridiculizaste en frente de todos.

- ¿Y qué querías que hiciera? – preguntó Blaine, sintiéndose atacado – Era mi deber defenderte… - Kurt iba a interrumpir pero Blaine se adelantó – Entiéndeme que no permitiría que nadie… Nadie, te ponga un dedo encima… Jamás… Y no sólo porque llevas a mi bebé dentro, sino porque tú eres importante para mí – le dio una larga mirada al ojiazul, cargada de emociones – Creo que ya no podría imaginar una vida donde tú no estés en ella.

Aquella confesión terminó por derribar los muros alrededor de Kurt, quien se negaba a creer que el moreno realmente podría sentir más que atracción física por él. Estaba temeroso de que jugase con sus sentimientos, pero algo dentro de él le aseguraba que eso no sería así, porque el interés de Blaine por Kurt era genuino y podía verlo en sus ojos y sentirlo en cada toque y gesto que el moreno tenía con él.

- No tienes que hacerlo – susurró Kurt en respuesta, deleitándose con la expresión de sorpresa en Blaine. Se acercó los centímetros que los separaban y lo besó, intentando transmitirle que sus sentimientos eran plenamente correspondidos por él.

-o-

Kurt se mordía la uña del dedo meñique, mientras esperaba que el señor Schuester le cediera la palabra. Se había decidido por decir la verdad, ya que su maraña de mentiras y verdades a medias, sólo le trajo problemas. Prometió en su fuero interno que revelaría al mundo su verdad, comenzando por sus amigos del club Glee, quienes lo conocían y, seguramente, serían un gran apoyo también en lo que le reste de embarazo.

- Ahora chicos, ojos al frente porque Kurt tiene que decirles algo – avisó el profesor, sacando de su trance al castaño, quien se paró y se puso delante del grupo en piloto automático.

- Gracias – murmuró a su maestro y tomó una inhalación antes de empezar – Am… Para algunos de ustedes, esto puede ser algo extraño y para otros, una locura… Para mí fue una sorpresa, y me costó mucho poder sobrellevarlo, porque estaba solo luchando con esto a cuestas… Y ya no quiero que sea así – miró a cada uno de sus amigos, que estaban escuchándolo atentamente – Hace un par de meses… yo descubrí que tengo el gen portador – al no ver reacciones en sus compañeros, supuso que nadie tenía idea de qué se trataba aquello – El gen portador es una anomalía que sólo unos pocos hombres en el mundo lo poseen… Es muy raro, y las posibilidades son de una en un millón, asique quiero pensar que soy afortunado – intentó bromear – Este síndrome, permite que un hombre pueda… embarazarse y, am… yo… - Kurt tartamudeó, percatándose de el momento exacto en que la comprensión de lo que decía golpeó a sus amigos – Yo estoy embarazado – al decir aquello, sintió como un peso era quitado de sus hombros – Y lo he mantenido oculto todo este tiempo por… miedo, estaba asustado de ser rechazado o visto como un fenómeno… - las lágrimas le cristalizaron la vista y tuvo que parpadear repetidas veces para quitarlas – Esta es mi verdad y… deseaba compartirla con ustedes, porque son mis amigos, y como les mencioné en un principio… No quiero estar solo en esto.

Finn fue el primero en ponerse de pie, para envolverlo en un cálido abrazo. Kurt aprovechó de liberar su llanto contenido. Odiaba verse tan débil, pero estaba con las hormonas descontroladas y no tenía otra forma de liberarse.

Sintió el consuelo de su amigo Puck dos segundos después, entonces en breve estuvo rodeado por el grupo completo.

- Oh, Kurt, ¿por qué no nos dijiste nada? – comentó Tina, dándole un beso en la mejilla – Somos una familia, ¿recuerdas? – Kurt sólo asintió, sorbiendo su llanto.

- Yo ya lo sabía – declaró Santana, haciendo que todos, incluido Kurt, la miraran con sorpresa – Mi tercer ojo mexicano jamás falla, y con esa sudadera de Finn no engañas a nadie, Hummel – bromeó, sacando algunas risitas - ¿De cuánto estás? – añadió.

- ¿No que tu tercer ojo lo ve todo? – la desafió el castaño.

- Ve cosas, pero no tiene visión de rayos x – regresó la broma.

- Am… tengo cinco meses – confirmó, y todos soltaron expresiones de asombro. Algunas chicas más osadas pidieron tocarle el vientre. Kurt, un poco azorado, accedió.

- ¿Y ya sabes que será? – consultó Mercedes, pegando su oreja a la panza del ojiazul.

- Obviamente un chico – apostó Sam.

- No, es una niña, ¿verdad que sí, Kurt? – dijo Quinn.

- ¡Sí, será una niña! – otra oleada de exclamaciones se dejó oír.

- ¿Fue por el embarazo, que Sebastian y tu terminaron? – preguntó Rachel de pronto, cortando el ambiente de celebración, plantando una mueca de desagrado en el rostro de Kurt - ¿Se enteró y te dejó? – el castaño se limitó a mirarla con una ceja alzada, conteniendo sus ganas de rodar los ojos - ¿O es que él no es el padre?

Kurt estuvo a nada de responderle un par de palabrotas por entrometida, cuando Finn vino en su rescate, tomando a la chica del brazo y llevándola lejos para hacerle el reclamo en un susurro. Todos murmuraron cosas despectivas de la judía, pero el castaño optó por dejarlo pasar.

- Sólo quiero decirles, para evitarme las preguntas… - comenzó a decir el ojiazul – Que mi ex novio no es el padre de mi bebé, porque el padre soy yo – la forma implacable con la que dijo cada palabra, no dejó lugar a comentarios ni discusiones, cerrando el tema ahí. El castaño consideró que lo demás correspondía a su intimidad.

Luego de eso, recibió las felicitaciones y las palabras de apoyo de todos sus amigos. Su profesor no se quedó atrás, prometiéndole ayuda en lo que necesitara y entre las chicas, ya estaban planeando hacer una fiesta para el bebé. Kurt se sintió feliz y tranquilo a la vez, considerando que las cosas habían resultado mucho mejor de lo que esperaba.


Well... Que les pareció? Creen que Karofsky abrirá la boca? Qué planea?

Les di varios momentos Klaine... Ese par no se puede estar quieto xD

Agradezco muchísimo sus reviews... aunque he extrañado a algunas personitas.

Besos!

XOXO.