Hooola! Sé que me he ausentado estas semanas, pero al final les explicaré porqué. Hoy les traigo el capítulo más largo que he escrito en esta novela. 6 mil palabras. No los entretengo más... Enjoy!


CAPÍTULO 19.

La música del estéreo, sonaba suave, llenando el espacio con sus dulces tonadas de guitara y teclado. Un par de cuadernos y apuntes olvidados, ocupaban la mesita de café, junto con unos lápices. El bolso de Kurt estaba tirado en la felpuda alfombra, junto a sus zapatos de cuero color negro. Su chaqueta reposaba sobre el respaldo de una de las sillas del comedor del departamento de Blaine, mientras él estaba perfectamente recostado en la cama del moreno, dejando que los labios del mayor llenaran su cuerpo de suaves y románticos besos. Sus piernas entrelazadas descansaban en el acolchado, en tanto el ojiazul acariciaba con sus manos el desordenado cabello negro de Blaine. El moreno estaba demasiado concentrado en besar cada centímetro de su torso desnudo. Se había maravillado al ver al menor sin camiseta, y no se resistió a la tentación de besarlo y, de alguna manera, transmitirle su amor a su bebé dentro de él. La forma en que su vientre estaba redondeado ahora, era fascinante para el moreno, tanto que no podía dejar de pasar sus manos una y otra vez, dibujando la silueta de Kurt con su palma.

- Debería estar terminando mi ensayo de literatura – comentó Kurt, sin moverse ni media pulgada de su lugar en la cama – Voy a tener un mala calificación por tu culpa – fingió un puchero, y el moreno al verlo, capturó el labio inferior, aprovechando que sobresalía, con sus dientes, para terminar en un beso.

- No puedes pensar en tu tarea, cuando estamos pasando tiempo en familia – decretó el mayor, regresando a su lugar, junto al vientre de Kurt.

- ¿Somos una familia? – preguntó el castaño, con voz dubitativa.

- Por supuesto que lo somos – afirmó Blaine, sacando una sonrisa en Kurt – Tenemos; un papá – lo señaló – Otro papá – se señaló a sí mismo – Y la más hermosa bebé del mundo – acarició la sobresaliente barriga del ojiazul – Si eso no es una familia, entonces no sé qué es.

- Okay, tienes razón… - lo miró por un minuto completo, antes de añadir – Me gustaría venir aquí, sin tener que inventar una excusa… - Blaine alzó la mirada, clavándola en la azul de Kurt – Ya sabes, por mi padre… Él dice haberme perdonado, pero se ha vuelto muy aprehensivo últimamente conmigo.

- A mí también me vendría bien dejar de treparme por tu ventana, cada vez que quiera verte – se unió el moreno – No es que no disfrute la emoción que eso le da al asunto – se apresuró en decir – Aunque presiento que cualquier día de estos voy a romperme el culo – Kurt soltó una carcajada.

- Sí… no quiero tener que cargar con esa culpa – bromeó.

- Pero, ¿qué podemos hacer? – consultó Blaine, acomodándose en la cama para quedar a la misma altura que el ojiazul – No es como si pudiera llamar a tu puerta y esperar que tu padre abra para pasarme directo a tu cuarto… No tengo experiencias con los padres, pero estoy seguro que eso no le gustará – rió él, jugueteando con el cabello de Kurt.

- Tal vez no deba decir esto… - el castaño contuvo la risa – Papá tiene una escopeta, y es muy bueno con ella – Blaine abrió los ojos con sorpresa.

- ¡Mierda! Eso no es muy alentador, cariño – se quejó, alzando las cejas.

- He estado pensándolo mucho estos días… y, am… - el ojiazul se ruborizó un poco – Creo que sería bueno presentarte con mi padre…

- Acabas de decir que es bueno con las armas, y ¿quieres ponerme a su merced para que me meta una bala en el trasero? – Blaine negó con la cabeza, divertido.

- No me refiero a eso… - intentó explicarse el menor – Blaine, tendremos un bebé, y estamos juntos en esto… Pero, quiero que estemos realmente juntos y que tú tengas tanto derecho de estar conmigo, como mi familia.

- ¿Qué propones exactamente? – inquirió el moreno con curiosidad.

- Voy a presentarte como mi novio, de esta manera, papá estará obligado a tomarte en cuenta en todo lo que me involucre a mí o al bebé, ¿entiendes? – Blaine boqueó un par de veces, tratando de buscar las palabras correctas, sin embargo Kurt, leyendo sus pensamientos, añadió – No estoy diciendo que vayamos a ser novios reales… - la expresión del moreno se relajó – Sólo necesitamos una excusa creíble… para mi padre, y para besarnos cuando se nos dé la gana.

- No olvides el sexo – sugirió con una sonrisa coqueta.

- Cierto, para besarnos y tener sexo cuando se nos dé la gana… Aunque no creo que mi padre autorice eso – torció el gesto – Mira, sé que el tema de las formalidades es complicado para ti y no quiero ponerte incómodo, pero creo que es la única manera fácil de salir de esto, ¿okay?

- Cariño, no es que no desee estar contigo… - intentó aclarar el moreno – Tu eres increíble y juntos somos dinamita… - le robó un beso al castaño – Me da miedo pensar que con una formalización de nuestra "relación", arruinemos esto que tenemos, que es libre y sin complicaciones… supongo que funcionamos bien de esta manera, ¿para qué cambiarlo?

- Lo sé, Blaine… Y no estoy pidiendo que nos casemos – le aseguró, con un guiño – Sólo que montemos un pequeño teatro para sacarnos de encima a mi padre… Asique tu libertad estará intacta.

- Por ahora mi libertad no me preocupa, porque no pretendo estar con nadie más – susurró, acariciando el rostro de Kurt con su nariz, como un cachorro juguetón – Sólo contigo, cariño.

-o-

Kurt acomodó un par de apuntes sobre la pequeña mesa redonda, junto a su libreta y un libro. Trataba de aprovechar cada momento que podía para mantener activa la relación entre Blaine y su bebé. Bebió un pequeño sorbo de su vaso y observó al moreno atender a la larga fila de clientes con una sonrisa en el rostro. Él siempre se veía feliz y radiante cuando Kurt estaba a unas mesas de distancia leyendo, estudiando o simplemente pasando el rato. Sus compañeros de trabajo, que ya sabían que ellos tenían una especie de relación, solían añadirle galletas gratis a su orden, además de darle a Blaine más de cinco minutos de descanso para hablar con el castaño.

Esta vez, el ojiazul sólo esperaba por el pelinegro para decretar el día en que le dirían a Burt que ellos estaban saliendo. Sabía que para Blaine llevar a cabo esa hazaña, era difícil, incluso si su relación no era real del todo; pero si quería hacerlo partícipe de la vida de su bebé, debía ser así.

La fila pasaba lentamente, como si fuera infinita; sin embargo, la tarea de historia no se haría sola y Kurt necesitaba obtener buenas calificaciones para compensar su ausencia a fines del año escolar. Ni siquiera sabía si podría acabar apropiadamente el curso sólo dando exámenes libres, aun así, Figgins prometió ayudarle en todo lo académico.

- Hola, cariño – susurró, media hora después, Blaine casi en su rostro - ¿Cómo va esa cosa de química?

- Historia – lo corrigió, conteniendo la risa – Y, am… creo que va bastante mejor de lo que esperaba – alzó el mentón con orgullo. El moreno se sentó frente a él y le tomó una mano por encima de la mesa.

- ¿Qué tal el trabajo? – preguntó de vuelta el menor.

- ¡Uhg! – gruñó – La gente puede ser muy irritante a veces – comentó - ¿Sabes la cantidad de números de teléfono que recibo a diario? ¿O las invitaciones? Es agotador – Kurt asintió, fingiendo empatía.

- Debe ser algo horrible – se burló - ¿Cuántos corazones rompes por día? – Blaine lo miró con diversión.

- Más de los que podrías contar, cariño – le siguió el juego – Pero, ¿qué puedo hacer? Soy un imán para todo el mundo… Mi encanto los deslumbra.

- Claro… - Kurt miró su cuaderno para no desternillarse de risa en su cara - ¿Sabes por qué estoy aquí? – añadió, cuando el impulso de reír pasó.

- ¿Para escabullirte conmigo tras el mostrador? – Blaine alzó las cejas sugerentemente y el castaño negó con la cabeza, mostrando una sonrisa.

- Ya quisieras… En realidad, vine para confirmar el día en que hablaremos con mi padre – explicó – Estaba pensando que si lo hacemos en un lugar público, evitaremos que sobre reaccione.

- Hablas de tu papá, como si pudiera cortarme las pelotas de un solo golpe – Blaine rió.

- No lo pruebes – respondió, deleitándose con la expresión en el rostro del moreno - ¡Sólo bromeo!

- No veo lo divertido en eso – masculló el pelinegro, torciendo el gesto.

- Hey, no tienes que hacerlo si no quieres – advirtió Kurt – No estoy condicionando tu paternidad a ser mi novio, pero mi papá es muy reservado con las cosas que corresponden a la familia – se encogió de hombros.

- Cariño, no le temo a tu padre… Sólo me incomoda fingir ser el chico ideal, cuando sólo soy un perfecto patán – se explicó – Soy el ejemplo de "mal partido" que dan los padres a sus hijas.

- No eres malo, sólo… tienes problemas de personalidad – lo animó, poniendo una mano en su brazo.

- ¿Gracias? – el moreno lo miró con una ceja alzada en fingida indignación.

- Entonces… ¿qué día estaría bien para ti? – preguntó, agitando sus largas pestañas.

- Salgamos de esta mierda pronto – declaró con una sonrisa de lado – Hagámoslo pasado mañana – Kurt asintió en aceptación – Pediré la tarde libre a mi jefe.

- De acuerdo, acordado eso, creo que será mejor que me vaya a casa – el castaño chequeó la hora en su móvil – Mi padre comenzará a llamarme como un loco si no tengo mi trasero en casa en media hora.

- Okay, nos vemos mañana cariño – se despidió, poniéndose de pie y ayudando a Kurt. Cuando estuvieron uno frente al otro, el pelinegro posicionó una mano en la espalda baja del castaño, acercándolo a él para besarlo dulcemente en los labios, sin preocuparse por la gente a su alrededor.

Al separarse, las mejillas del menor se han teñido de rosa y sus ojos brillan con diversión.

- Lo del mostrador lo dejaremos para otra ocasión… – susurró en respuesta el chico, sobre sus labios. Entonces, recogiendo sus libros y lápices, se marchó, dejando a Blaine con una sonrisa en el rostro que no se borró por el resto de la tarde.

-o-

- ¿Papá? ¿Podemos hablar un momento? – pidió el castaño, retorciendo sus dedos, mirando a su alrededor con nerviosismo. Él ya tuvo esta conversación con Burt hace un par de meses, pero el sentimiento seguía siendo igual de aplastante.

- Claro, dime – respondió el hombre, limpiándose las ennegrecidas manos en un trapo rojo lleno de manchas - ¿Pasó algo en la escuela? – quiso saber, tirando el paño sobre un mesón.

- No, todo está bien – tomó una profunda respiración, armándose de valor para enfrascarse en la historia que él y Blaine se inventaron – Sólo, am… No sé muy bien cómo empezar… - soltó una risita nerviosa y su padre alzó una ceja – Digamos que… conocí a alguien… - soltó dejando escapar el aire.

- Yo conozco personas todos los días y no hago un gran asunto de eso – masculló el mayor, presintiendo las intenciones de su hijo - ¿Puedes ser más claro?

- De acuerdo, conocí a un chico… lo transfirieron a la escuela y compartimos algunas clases… - divagó – Su nombre es Blaine Anderson y… es gay… y, am…

- ¿Estás saliendo con él? ¿Es eso? – su impaciente padre no pudo resistirse a preguntar.

- Am… lo cierto es que… nos conocemos hace poco y… - Kurt retorció sus dedos – Él me gusta y… yo le gusto… y…

- Ve al grano, Kurt – pidió Burt, cambiando el peso de su cuerpo de un pie a otro.

- Okay, okay… Blaine y yo comenzamos a… salir hace algunos días – dijo finalmente, mirando con atención la reacción de su padre. El hombre se mantuvo inmutable – Y yo quería que le conocieras, bueno, en realidad… él quiere conocerte oficialmente… algo así como pedir tu aprobación…

- Y ¿qué pasa si digo que no? – lo provocó el mayor.

- ¡Papá! – se quejó – Él es un buen chico, y quiero hacer las cosas bien…

- Está bien, invítalo a cenar un día a la casa – sugirió.

- Am, estábamos pensando en comer en Breadstix… ¿mañana? – Burt aclaró su garganta y luego le dio una mirada significativa a su hijo.

- Bien – dijo sin más – Pero, más le vale que la comida sea buena…

- Por supuesto – aseguró el castaño, sonriendo como un niño frente a una dulcería.

-o-

Es jueves y Kurt está frente a su espejo de cuerpo completo, probándose atuendos, mientras su mente divagaba repasando la conversación incómoda que su padre y él habían tenido la tarde de ayer, cuando un mensaje de Blaine llegó a su celular.

"¿Tengo que usar corbata? Odio esas cosas"

Kurt rió y tecleó una respuesta rápida.

"Tómalo con calma… Papá vestirá franela y una gorra"

Regresó a su tarea de elegir algo apropiado, ni tan formal, ni tan casual. Su móvil vibró una vez más y el castaño soltó un suspiro.

"Creo que puedo superar eso, cariño ;)"

El menor negó con la cabeza y decidió que el conjunto que tenía en sus manos era perfecto.

Más tarde, cuando estaba peinado y vestido, buscó a su padre.

- Es hora, ¿nos vamos? – el ojiazul había tenido la precaución de llevar sólo a su padre a su encuentro con Blaine, pues Finn lo conocía del instituto y sabía, como todo mundo, la reputación del moreno. Prefería contarle más tarde a su hermano y buscar la manera de que no hablara de más frente a su padre de su prospecto de novio.

- Sí, sólo cogeré un abrigo.

Llegaron al lugar y Kurt rápidamente divisó la peculiar cabellera negra de Blaine, ésta vez, ligeramente peinada y acomodada con lo que supuso, era fijador. El corazón de Kurt se apretó en su pecho, encantado por el esfuerzo que el pelinegro estaba poniendo en ello. El moreno, al verlos, se puso de pie, pasando saliva con nerviosismo. Estaba sudando, mientras afuera el frío congelaba todo a su paso. El conocer al padre de Kurt era algo que jamás creyó que pasaría. No es que le tuviera miedo, pero sí existía la posibilidad de que el hombre se diera cuenta de que él era un total cabrón y le alejara para siempre de Kurt.

- Hola, Blaine – saludó el castaño, sin acercarse por un beso como acostumbraban últimamente.

- Hola, car… Kurt – se corrigió, sintiéndose incómodo en su propia piel. Sentía que era Halloween y él estaba metido en un disfraz, interpretando un personaje.

- Papá… Te presento a Blaine, mi novio – el moreno se apresuró en extender la mano para estrechársela a Burt. Rogaba porque no notara que sudaba.

- ¿Qué tal, señor Hummel? – saludó, manteniendo un tono formal – Es un placer conocerlo.

- Hola, chico – respondió el hombre, agitando la mano del menor.

- Okay, sentémonos – sugirió Kurt, para disolver el nerviosismo del ambiente.

Todos se acomodaron, quedando Kurt junto a Blaine, y Burt frente a ellos. Pidieron algunos aperitivos, mientras evaluaban la carta para pedir la cena.

- Hay tantos platillos deliciosos, que no sé qué pedir – comentó Kurt, intentando hacer conversación.

- Mientras no ordenes un cheesecake – se burló Blaine, pero luego miró con temor a Burt, creyendo que tal vez al mayor también le gustara ese tipo de pastel.

- Hey, tampoco es que me la pase comiéndolo – se quejó el castaño.

- Sí, claro – se burló Burt, sorprendiendo al moreno - ¿Olvidaste ese día que te encontré a las tres de la madrugada comiéndote uno completo en la cocina? – Kurt se cubrió el rostro con ambas manos.

- ¿Lo hiciste? – le preguntó Blaine, conteniendo la risa.

- Fingió ser sonámbulo – bromeó el mayor, sacando una carcajada de Blaine, logrando así, romper el hielo entre ellos.

- ¡Eso no fue así! – alegó Kurt, entre sus manos – Realmente creí que era sonámbulo.

- En la escuela vive quejándose, los días que no hay – confesó el moreno – Creo que tiene una obsesión.

- Podrían dejar de hablar de mí como si no estuviera justo aquí – pidió el ojiazul – Pediré una maldita ensalada – susurró después, fingiendo indignación, mientras Blaine y Burt reían.

Cuando el mesero vino a tomar sus órdenes, ellos estaban sumidos en una animada conversación.

- Y… ¿practicas algún deporte? – quiso saber Burt.

- La verdad es que este año no quise apuntarme en ningún equipo – comentó Blaine – Pero en mi otra escuela, estuve en el club de pelea, practicando boxeo, además del lacrosse. No era realmente bueno, pero me gustaba mucho.

- Eso es genial – Burt bebió de su vaso, mirándolo con una sonrisa – Si quieres, puedes ver el partido del sábado en casa – propuso, haciendo que Kurt casi brincara de su silla de la emoción. Eso sólo podía significar algo bueno – Kurt jamás pasa más de medio minuto sentado conmigo, ya sabes – se encogió de hombros – Y Finn pasa ahora los fines de semana en casa de su novia – Kurt alzó las cejas. Sabía que Finn y Rachel andaban juntos por todas partes, pero su hermano no había mencionado nada al respecto – Asique, ¿qué dices?

- Sí, claro… grandioso – tartamudeó el moreno, sintiendo una sensación cálida en el estómago.

Continuaron hablando de equipos de futbol y partidos, además de bromear al respecto. Kurt estaba siendo completamente excluido de la conversación a este punto, pero no podía estar más feliz de que su padre y su… novio, estuvieran llevándose tan bien.

Cuando la comida llegó, Kurt se ocupó de comer porque su bebé llevaba rato exigiéndole algo de alimento. El moreno mencionó entonces que estaba en busca de un repuesto para su moto, lo cual los enfrascó en una nueva plática, esta vez, de motores y carros.

Kurt, al escuchar hablar a Blaine, se preguntaba cómo ese chico podía ser gay, pues no lo parecía para nada.

- Basta con que la lleves a mi taller y le echaré un vistazo por ti – declaró el mayor, como una promesa.

- Lo haré, porque ese sonido me tiene preocupado – aseguró Blaine, pinchando un trozo de carne con su tenedor y echándolo a su boca.

El castaño observó la escena, como un mero espectador. Su padre lucía alegre y relajado, bromeando con Blaine como si le conociera de siempre; en tanto Blaine sonreía con ganas y sus mejillas brillaban con felicidad. Kurt se sintió pleno en ese momento, su corazón henchido en su pecho. En esa mesa de restaurante tenía todo lo que necesitaba para ser feliz. Su padre, su bebé y Blaine.

Blaine los acompañó hasta el parqueadero de Breadstix, despidiéndose de Burt con un amistoso apretón de manos.

- Hasta luego, señor Hummel – dijo el moreno, con una sonrisa.

- Oh, no… dime Burt – pidió – Señor Hummel suena demasiado rudo – se burló.

- Okay… Burt – Blaine sonrió más, cuando dirigió su mirada hacia Kurt.

- Iré a encender el auto – le informó a su hijo, dándoles algo de privacidad.

- Creo que ha ido bien… - comentó el pelinegro cuando estuvieron a solas.

- ¿Bien? – se rió el castaño – Ha sido perfecto… - el moreno lo envolvió en un abrazo.

- Tu padre es genial – murmuró contra su cuello.

- Sí, lo sé… Tú también lo serás – Blaine lo miró a los ojos, separándose un poco de él, y sin preocuparle el pequeño grupo de gente que pululaba alrededor, lo besó – Gracias por esta noche – dijo el menor, luego de que terminaran el beso – Fue increíble.

Las luces del Navigator de Kurt parpadearon, dándole al castaño la señal de que debía despedirse de una vez.

- Bueno, supongo que de ahora en adelante podrás dejar de treparte por mi ventana – bromeó el menor.

- Eso será raro, pero es mejor que el riesgo de un hueso roto – se encogió de hombros.

- Entonces, nos vemos mañana… en el instituto – Kurt comenzó lentamente a caminar hacia atrás, sin apartar su mirada de Blaine.

- Sí, descansa cariño – ambos adolescentes se mantuvieron en el mismo lugar, sólo mirándose como si no existiera nadie más en el mundo. Un segundo parpadeo de luces rompió la burbuja en la que estaban, trayendo a Kurt de regreso a la tierra.

- Adiós, Blaine – sin esperar una respuesta caminó hacia su carro y se montó en él, viendo al moreno ir hacia su moto y marchándose con un gesto de su mano al pasar frente a ellos.

Kurt se abrochó el cinturón de seguridad y miró a su padre. Este mantenía una expresión serena en el rostro, lo que tranquilizó los nervios del menor.

- Parece ser un buen chico – comentó Burt, poniendo en marcha el vehículo y saliendo del parqueadero.

- Lo es, Blaine es… - Kurt intentó resumir todas las sensaciones que el moreno le transmitía cada vez que estaban juntos, pero no halló ninguna lo suficientemente exacta – Am… bueno… Blaine – se rió.

- Y supongo que él ya está al tanto de tu embarazo… ¿no es así? – lo miró enarcando las cejas, mientras giraba en una esquina.

- Sí, por supuesto que lo sabe, nosotros… ya hablamos de eso – el castaño se detuvo antes de hablar de más, y que su padre entendiera que ellos eran más íntimos de lo que debían.

- ¿Qué es lo que él piensa al respecto? – su padre parecía verdaderamente interesado.

- Pues, digamos que en un principio fue… algo sorpresivo – Kurt recordó aquella vez en que le encontró las pequeñas fotografías de su primer ecografía – No es algo que pase todo el tiempo… Pero luego, él se ha encargado de demostrarme que realmente le importo, y también que quiere estar conmigo en todo el proceso del embarazo… Me ha dicho que quiere ser el padre de este bebé y eso… es grandioso para mí – sus ojos se empañaron, pero parpadeó para no llorar frente a Burt – Blaine ha sido un gran apoyo, ¿sabes?

- Eso suena bien para mí – su padre apoyó una mano en su hombro – Y me alegro que hayas conocido a un chico como él.

- Digamos que él nunca se dio por vencido conmigo – una sonrisa sin dientes apareció en su rostro.

Burt miró a su hijo de soslayo, notando que disfrutaba de una broma interna. Aun así, se alegró por su hijo, viéndolo sonreír como hace tiempo no lo hacía. Sabía que el chico estaba pasándolo mal desde que supo del embarazo y que lo único que quería era un respiro. Supuso que con Blaine a su lado lo tendría por fin. El hombre deseaba que su hijo fuera inmensamente feliz, pese a todo.

-o-

- Hey, Finn – Kurt interceptó a su hermano cuando salía de su cuarto - ¿Tienes un momento? – lo jaló a su habitación antes de que el mayor pudiera decir algo en respuesta – Ven, siéntate aquí – lo tiró a la cama y se sentó frente a él.

- ¿Qué te pasa, bro? – lo miró confundido y algo incómodo - ¿Te sientes bien?

- Sí, sí… sólo, quería hablarte de algo – explicó, tomando un bocanada de aire – Y quiero que lo sepas, porque eres mi hermano y porque ya se lo dije a papá y… bueno… - se retorció los dedos antes de seguir hablando – ¡Tengo un novio! – soltó sin más. Finn abrió los ojos en sorpresa.

- Oh, am… wow… eso es… bueno, supongo – balbuceó, rascándose la nuca.

- Claro que es bueno, Finn – bromeó el menor, riendo – Pero, mi novio… digamos que no tiene la mejor reputación en la escuela… y, no quiero que pienses mal de él por eso, porque la mayoría de las cosas que dicen no son cien por ciento ciertas – divagó gesticulando con sus manos – Y por lo mismo, no me gustaría que le dijeras esas cosas a mi padre, porque ya sabes lo difícil que es él con estas cosas y…

- ¿Estás hablando de Blaine Anderson? – lo interrumpió, frunciendo ligeramente el ceño, en interrogación. Kurt tragó saliva, sintiéndose descubierto.

- S-sí… - tartamudeó - ¿Cómo…lo sabes?

- Los he visto un montón de veces juntos… - explicó, encogiéndose de hombros – No necesitas ser un genio para sacar tus propias conclusiones.

- Am… bueno… - Kurt se mordió el labio – Sólo, por favor… No le digas a mi padre la fama que tiene en el instituto… Él es un buen chico ahora… o al menos se esfuerza en serlo…

- ¿Él te trata bien? ¿Es bueno contigo? – preguntó muy serio.

- Sí – dijo con firmeza.

- Entonces, no te preocupes de lo demás… La gente habla muchas cosas, y eso no significa que creerás en todo lo que dicen – le dio una sonrisa de lado, alivianando el nerviosismo del ojiazul – Además, cuando estás con él… Te ves feliz… y tus ojos tienes esa forma de corazón, como en las caricaturas – se burló.

- ¡Eso no es cierto! – Kurt lo golpeó con una almohada, riendo junto con él.

- ¡Claro que sí! – Finn continuó provocándolo.

- Madura, Finn – murmuró Kurt, poniéndose de pie.

- Entonces… ¿Blaine es el misterioso padre de tu bebé? – preguntó de pronto, congelando al castaño en su lugar – Porque… ahora que recuerdo, los he visto juntos casi desde el principio del curso y…

- Finn – advirtió Kurt – Será mejor que vayas a hacer lo que sea que ibas a hacer antes de venir aquí.

- Pero si tú me arrastrarte para que entrara en tu cuarto – el mayor alegó.

- Sólo vete – pidió Kurt, regresando a sentarse a la cama.

- Okay, okay… - su hermanastro salió de la habitación, pero volvió a asomar sólo la cabeza por la puerta para añadir – Le atiné ¿cierto?

Una almohada voló en dirección a la puerta y el mayor cerró antes de ser golpeado con el proyectil. Kurt oyó la risa de Finn resonar por el pasillo.

El corazón de Kurt se comprimió en su pecho, cuando escuchó el timbre sonar. La sensación era muy distinta a la que lo invadía cuando veía a Blaine asomarse por su ventana. Esta vez, el moreno era el invitado de su padre, por lo que trepar el árbol al lado de su cuarto era completamente innecesario.

Con la respiración agitada en anticipación, bajó las escaleras vociferando que él abriría la puerta. Tiró del pomo y sonrió tan amplio como su boca se lo permitió.

- Hola… - soltó en una exhalación, el castaño.

- Esto es extraño… - rió Blaine, frente a él, luciendo como de costumbre, con su cabello oscuro ligeramente revuelto, su chaqueta de cuero y sus jeans pegados a sus muslos – Casi doy la vuelta a la casa, por inercia – bromeó, dejando ver una encantadora sonrisa. Pasó una mano por la cintura de Kurt y lo pegó a él para besarlo en saludo – Entonces… - susurró cuando se separaron – ¿Me dejarás pasar o… seguirás mirándome así?

- Ah… sí, sí… Bienvenido… – hizo un movimiento con su brazo, señalando la sala - …al resto de mi casa – añadió sólo para que el moreno escuchara.

Blaine le lanzó un guiño y entró, dejando el casco colgado en la percha tras la puerta. Caminó observando el lugar, deteniéndose a mirar algunas fotos familiares en pequeños marcos sobre los muebles.

- Mira que lindo eras cuando niño, cariño – bromeó, recibiendo un codazo en las costillas – Aunque aún eres un niño.

- No veo tu bastón, anciano – se burló de vuelta el castaño.

- Yo ya cumplí dieciocho… - declaró, con la barbilla en alto, orgulloso de su edad.

- Bromeas… ¿cierto? – Kurt lo miró con sospecha - ¿En qué momento?

- Hace dos meses – se encogió de hombros como si nada, luego se sentó en el sofá, poniendo una pierna sobre la otra.

- Soy ilegal para ti – comentó muy serio, sentándose suavemente a su lado, casi en la orilla.

- ¿Qué? – Blaine rió con buen humor, como si hubiera escuchado el mejor chiste de su vida - ¿Acaso eso no lo vuelve todo más interesante? – susurró, acercándose a Kurt para besarlo, pero fue frenado por una de sus manos. El castaño volteó a mirar hacia la cocina, de donde venía Carole, junto a su padre. Kurt se puso de pie con las mejillas sonrojadas, y Blaine lo imitó, cambiando su rostro a uno serio.

- Hola, chicos – dijo el hombre, tendiéndole una mano al recién llegado.

- ¿Cómo está, señor Hummel? – dijo el moreno, sintiéndose como la primera vez que lo había conocido.

- Sólo Burt… - le advirtió, acomodándose la gorra sobre la cabeza – Ella es mi esposa, Carole… seguramente Kurt ya lo mencionó.

- Sí, por supuesto… - se apresuró en decir Blaine – Mucho gusto.

- El gusto es mío, Blaine – saludó ella con una sonrisa amable.

- Como ya se saludaron y el partido aun no comienza… - dijo Kurt, tomando a Blaine del brazo – Subiremos a mi cuarto un rato – jaló al moreno, en dirección a las escaleras.

- Recuerda las reglas de la casa, Kurt – dijo su padre, acomodándose en el sofá.

- Papá… - advirtió con voz cansada el menor.

- ¿Tu padre cree que te meteré mano o algo? – susurró Blaine a su lado, subiendo un par de peldaños, ganándose un golpe en el costado - ¿Qué? Deberías decirle que no puedo volver a embarazarte.

- ¡Cállate! – siseó el castaño azorado, apurándolo hacia la segunda planta, antes de que Burt pudiera oír algo de su conversación subida de tono.

- Aunque, podría intentarlo… si tú quieres – alzó las cejas sugerentemente y Kurt pidió clemencia, mirando al techo.

- Creo que todo esto fue una mala idea – masculló para él, pero el moreno alcanzó a oírlo, sin embargo sólo pudo reír de lo avergonzado que lucía el chico.

Cuando llegaron al pequeño pasillo del segundo piso, Blaine lo jaló hacia él, aprisionándolo entre sus brazos.

- Quita esa cara, sólo era una broma – le aseguró, acariciándolo con su nariz como una cachorro – A menos que cambies de opinión.

- Eres imposible – se quejó Kurt, pero un atisbo de sonrisa le dio a entender al moreno que estaban bien.

Entraron al cuarto y Kurt cogió al pequeño Snow que estaba sobre el edredón de la cama, y lo acomodó en sus brazos, acariciándolo.

- ¿Por qué no me dijiste lo de tu cumpleaños? – interrogó Kurt, volteándose a ver a Blaine con expresión culposa.

- Hey, eso ya pasó… - lo tranquilizó el moreno, con una sonrisa – Además… No estábamos en los mejores términos en ese entonces… - se encogió de hombros, pasando una mano por el hombro del menor, bajando por su brazo – Pero… a pesar de eso… Tú… - le tocó la punta de la nariz con su dedo índice – Me diste el mejor regalo de todos – Kurt lo miró con curiosidad. Blaine tomó al pequeño gato y lo devolvió a la cama, para luego poner su mano sobre el vientre del castaño – Ver a mi hija.

- Oh – fue todo lo que el menor pudo decir, sintiendo un nudo en la garganta que le impidió seguir hablando. Se sintió feliz de haber llevado a Blaine como acompañante aquella vez.

- Ahora… ¿podemos dejar ese tema de lado? – Blaine pegó su cuerpo tanto como le permitía la protuberante barriga que Kurt tenía, para robarle el aliento con un beso – Creo que extraño meterme de noche por tu ventana… Al menos tenía más acción – se burló, sacando una risita del ojiazul.

- No creo que pueda ofrecerte algo más que unos pocos besos, Blaine – se disculpó el castaño, encogiéndose de hombros – Tengo casi cinco meses y no quiero arriesgar al bebé de ninguna manera.

- Lo sé, lo sé… No estoy quejándome, cariño – se apresuró en decir – Me encanta besarte, no creo que me aburra de eso jamás.

- A veces, siento como si fuéramos una pareja de verdad – soltó Kurt, sin poder retenerlo. Los ojos de Blaine brillaron con un sentimiento que el menor no logró identificar claramente, pero el agarre sobre él se estrechó aún más.

- Ya quisieras… - bromeó, aunque Kurt no sintió el humor en sus palabras; podía asegurar que había algo mucho más intenso en aquello

-o-

Kurt compartía un tranquilo almuerzo con Blaine en la cafetería atiborrada de alumnos del McKinley High, riendo y bromeando con cualquier cosa, cuando un alborotado Noah Puckerman, los abordó.

- ¡Kurt! – exclamó, poniendo su desgastada mochila sobre la mesa, junto a sus bandejas a medio comer. Puso un pie sobre la silla contigua a la del castaño, quien sostenía un tallo de apio pinchado con su tenedor en camino a su boca – Finn ya me contó la noticia – dijo, esperando que eso fuera explicación suficiente para los confundidos chicos que ahora compartían una mirada desorientada.

- ¿Uh? – Kurt lo miró atentamente, aun con el apio en alto y sus ojos azules abiertos.

- Lo de ustedes, tórtolos – soltó finalmente, haciendo que las mejillas del castaño se encendieran con un color granate, mientras Blaine sonreía con triunfo.

- Supéralo, Puckerman – masculló el moreno, regresando su atención a la bandeja frente a él.

- Oye, oye, Danny Zuko… – se mofó Noah – No tan rápido… - Kurt sintió el impulso de palmearse audiblemente la frente con su mano – No sé qué artimañas usaste para conquistar a la princesa de hielo – le lanzó una breve mirada a Kurt, murmurando un "no te ofendas" – Pero, te advierto una cosa, Anderson… - Blaine alzó la vista de su plato con pereza – No te mereces estar con Kurt, él es increíble y tiene un corazón de oro… Como le hagas daño, o él derrame una maldita lágrima por ti… Te cortaré las bolas – declaró con tal firmeza que el ojiazul pasó saliva con dificultad, sintiéndose abrumado por la preocupación que Noah demostraba por él.

- Gracias, Puck – Kurt puso una mano sobre su brazo, llamando su atención, ya que en tanto hablaba, se había acercado peligrosamente a Blaine – Eso es muy… dulce de tu parte – le dio una sonrisa a su amigo – E innecesario… Yo puedo cuidarme solo, ¿okay?

- Sí, como digas – le restó importancia, volviendo a mirar a Blaine con la advertencia implícita en todo su rostro – Estás avisado – lo señaló con un dedo y entonces se marchó.

El moreno miró a Kurt con diversión, y el castaño sólo torció el gesto.

- Tal vez debería decirle que no somos novios realmente – comentó Kurt, regresando el apio a su plato.

- ¿Por qué? – dudó Blaine, como si estuviera ofendido, o al menos el menor lo sintió así.

- Porque Puck… puede llegar a ser muy intenso a veces – se encogió de hombros – No quiero que esté sobre ti todo el tiempo, pretendiendo cuidarme y todo eso… No es necesario, nosotros no estamos juntos.

- Kurt – la mención de su nombre, lo hizo alzar la mirada ligeramente sorprendido. Blaine siempre se refería a él como "cariño" – Nosotros estamos juntos… en todo esto.

El castaño sintió que su corazón se saltaba un latido al oír la firmeza en cada una de sus palabras. Sin embargo, no podía entender con claridad qué era exactamente lo que Blaine pretendía decirle con eso. ¿Estaban juntos en lo de ser padres? ¿En la aventura del embarazo? ¿En la mentira? ¿O realmente había mucho más en esa frase? ¿Estaban realmente juntos… como una pareja? ¿Será que Blaine tiene verdaderos sentimientos por él? ¿Amor, tal vez? ¿Un enamoramiento? Kurt no podía asegurar nada, porque el moreno jamás le demostraba señales de convertirse en una persona monógama que sólo estuviera con él y que deseara formalizar todo… Ese no era Blaine, no era su estilo… Quizá, Kurt sólo estaba viendo todo esto porque él era un romántico irremediable que soñaba todo el tiempo con que Blaine se convirtiera en ese príncipe azul con el que siempre soñaba.

Debía ser eso. Las fantasías de Kurt.

La mirada miel de Blaine no abandonó sus ojos, brillando nuevamente con aquel sentimiento que Kurt había percibido hace unos días. Era algo nuevo, impropio de los descarados ojos del moreno, que siempre parecían desnudarlo y fantasear con él. Pero, en ese momento, nada de la lujuria usual estaba presente. Aquello sólo logró confundir más al menor.


Okay; primero que nada... Lo extrañé y extrañé subir capítulos... Segundo; creo haberles comentado que tendría que cambiarme de casa, y pues sí, estuve en una verdadera odisea estas semanas, buscando una casa, planeando una mudanza completamente sola... fue realmente agotador. Finalmente ya me instalé en una casa, que tampoco es definitiva, y probablemente en Marzo o Abril vuelva a mudarme (la historia de mi vida gitana) En fin, y tercero y más importante; mi ausencia básicamente se lo atribuyo al pésimo sistema que tiene la compañía de internet para instalar el servicio. Tardaron una eternidad en venir, porque según sus políticas sería dentro de 10 días hábiles y les tomó casi más de dos semanas, por lo que me sentí aislada del mundo. Sin embargo, ahora tengo internet nuevamente, es buenísimo, muy rápido y estoy feliz... y eso sería todo.

Les agradezco por los reviews en el capítulo anterior, y a quienes me dijeron amablemente que me esperarían el tiempo que fuera necesario. Gracias miles!

Obviamente, desde ahora, volvemos al ritmo habitual de actualizaciones Martes y Jueves!

Besos!

XOXO.