Hola... Yo sé que esperaban la actualización de esta semana, pero me tomó demasiado tiempo terminar este capítulo, teniendo que rehacer muchas partes que no me convencían del todo... Espero que les guste!
CAPÍTULO 20.
La mano de Kurt se paseaba lentamente por su vientre de arriba hasta abajo, dibujando la nueva curva de su cuerpo, que se ha vuelto su favorita. La televisión encendida frente a él no es importante, y el chico está profundamente perdido en sus pensamientos, intentando imaginar el pequeño rostro de su hija. Esperaba fervientemente que tuviera los hermosos ojos de Blaine que él tanto amaba. Se detuvo un momento… ¿amaba? ¿Realmente aquella palabra había llegado a su cabeza? Kurt se dijo a sí mismo que no podía engañarse más… Por supuesto que amaba a Blaine, desde hacía un tiempo ya… Y se maldijo a sí mismo por dejar a su tonto corazón adolescente fantasear con la posibilidad de ser correspondido. Si bien, él y Blaine estaban mucho más unidos que nunca, aquello no significaba que el moreno sintiera por él amor o algo parecido. Tal vez lo quería, o gustaba de él… Pero amar… eran palabras mayores, y también soñar demasiado.
Dio un pequeño brinco del susto, cuando el timbre resonó. Perezosamente se puso de pie y anduvo por la sala, acomodando el jersey sobre su barriga. Tiró del picaporte, y Blaine lo saludó con una radiante sonrisa, además de un montón de paquetes. El castaño alzó las cejas en sorpresa.
- Hola – saludó, abriendo la puerta por completo para que el moreno pudiera pasar con todas las bolsas que traía.
- Hola, cariño – el chico tiró el casco al suelo y anduvo directo hacia las escaleras. Kurt lo siguió, preguntándose de que iba todo eso y cómo condujo su moto cargado así.
- ¿Día de paga? – preguntó sin más.
- ¿Qué comes, que adivinas? – bromeó el mayor, dejando todo sobre la cama del castaño, haciendo espacio para que pudieran sentarse frente a frente – Creo que se me fue un poco la mano con esto de comprar, pero… había tanto para elegir y no pude contenerme – dijo azorado, rascándose la nuca.
- ¿Qué es todo esto? – Kurt miró su cama repleta de bolsas y paquetes.
- No te ilusiones, es para el bebé – se burló, tomando el empaque más cercano y entregándoselo al menor.
Kurt, sin perder tiempo, abrió la bolsa y hurgó el interior, hallando un hermoso conjunto en tonos lilas. Un pequeño vestido de volantes con unos leggins a juego. Sus ojos vagaron por la prenda, poniendo una enorme sonrisa en su rostro. El chico no podía creer aquello, y se sentía tan afortunado de haberle dado la oportunidad a aquel patán por el que nadie daba un peso, para otorgarle el puesto de padre de su hija, porque cada día comprobaba lo bueno que sería.
- Blaine, esto… es hermoso – susurró, dejando la ropa sobre sus piernas y mirando al moreno intensamente. La visión nublándosele.
- ¡Ve éste! – le animó sonriendo también, entregándole una nueva bolsa, desechando la anterior.
El ojiazul repitió la acción, esta vez era una cajita cuadrada. Al abrirla, un diminuto par de zapatos blancos con detalles en rosa pastel lo sorprendieron. Eran tan pequeños que Kurt apenas podía meter dos dedos en ellos.
- ¡Dios mío, qué cosa tan tierna! – se rió y sintió sus ojos picar por las ganas de llorar de emoción.
Continuó desenvolviendo cajas y abriendo bolsas, encontrándose con set de biberones de distintos tamaños, sonajas, productos de cuidado personal, mucha más ropa, otro par de zapatos, accesorios para el cabello y pañales. Kurt se maravillaba con cada cosa que sacaba de su empaque, y a esta altura, ya estaba llorando; pero no podía importarle menos, porque Blaine lo había sorprendido realmente con ese gesto tan espontáneo.
- ¿Qué te llevó a comprar todo esto, Blaine? – consultó Kurt, ordenando la ropa en una pila.
- ¿Olvidas porqué tomé ese empleo de mierda en Lima Bean? – dijo sin más – Lo hice por nuestra bebé, y porque ella iba a necesitar cosas como estas.
- Gracias… - susurró el castaño nuevamente, tomando una de sus manos – Esto es… lo más increíble del mundo.
- Sé que soy increíble, cariño – se jactó, sacando una risita del menor – No tienes que darme las gracias por eso.
- Cretino – lo picó en las costillas, pero Blaine lo sostuvo por las manos, jalándolo hacia su regazo. Una vez que estuvieron sus rostros a sólo centímetros, puso su mano suavemente sobre la sonrojada mejilla de Kurt, acercándolo a él en un beso dulce. Las manos del moreno le recorrieron la espalda, posándose luego en sus caderas, y el castaño le envolvió el cuello con las suyas para profundizar el beso - ¡Diablos! – maldijo en un siseo bajo, separándose bruscamente. Blaine lo miró con ojos confundidos – Lo siento, es… tengo que ir… vejiga de embarazo – se encogió de hombros, bajando de las piernas del moreno y andando hacia el cuarto de baño.
Blaine rió divertido y continuó acomodando las compras sobre la cama. Miró todas las nuevas posesiones de su hija y se dijo a sí mismo que su siguiente paga tendría que usarla en comprar una cajonera o algo para meter todo aquello. Tomó su celular y esperó pacientemente a que Kurt saliera del baño. La puerta se abrió de pronto y el moreno alzó la vista, encontrándose con el rostro shockeado del castaño, quien estaba en el umbral, sosteniéndose firmemente de la pared con una mano, mientras la otra se presionaba sobre el vientre.
El moreno al ver que el chico no se movía, corrió a su lado, preocupado.
- ¿Qué pasa? – se espantó, mirándolo en busca de alguna señal que respondiera a su pregunta. Kurt centró sus ojos abiertos de par en par en los asustados de Blaine. Lentamente tomó la mano del mayor y la presionó sobre el costado de su barriga. Blaine silenciosamente esperó una respuesta de parte del menor.
Entonces la contestación a todas sus dudas llegó directo a su mano. Aunque muy suave, pero certera, Blaine pudo sentir la patada que su hija le estaba dado, haciéndolo soltar un jadeo en reconocimiento; bajando la mirada hacia el vientre de Kurt con los ojos desorbitadamente abiertos, para luego volver a clavarlos en el rostro de Kurt y en sus ojos cristalizados de emoción.
- ¡Santa mierda! – murmuró el moreno, con una sonrisa naciendo en sus labios.
- ¿Lo has sentido? – susurró Kurt en una especie de trance. Blaine asintió frenéticamente, sin apartar su mano, a la espera de que el golpe se repitiera – Lo había sentido antes, pero era tan… suave – intentó explicarse – Era como una… mariposa aleteando – rió – Nunca había pateado de esta manera.
- ¡Es increíble! – Blaine se arrodilló para quedar a la altura del vientre de Kurt y puso ambas manos sobre él, pegando también su mejilla. El castaño no sabía cómo expresar todas las sensaciones que lo invadían, por lo que sólo pudo dejar caer silenciosamente sus lágrimas, observando la escena como un espectador - ¡Ustedes son increíbles! – acarició el estómago del ojiazul, absorto – Hey… dale otra a papi – susurró, hablándole a su bebé – Vamos, sólo una – pidió, y como si la pequeña criatura lo hubiera oído, golpeó justo en el lugar donde estaba su mano - ¿Viste eso? – se maravilló, alzando su rostro hacia Kurt - ¡Ha pateado mi maldita mano! – exclamó fascinado - ¡Dios, de seguro soy su papá favorito!
- ¿De qué hablas? – el castaño lo miró confundido – Soy yo quien la alimenta y la está encubando… Por derecho, me corresponde ser su favorito.
- Tal vez, si hubiéramos cambiado de posiciones, no estaríamos aquí… Me lo debes - Blaine se puso de pie, envolviendo a Kurt con sus brazos – Pero no soy versátil.
- Deberías cerrar tu sucia boca, antes de que nuestra hija te escuche y se horrorice – advirtió.
- ¿Por qué? – rió – No estoy diciendo ninguna mentira.
- ¿Cómo podrías asegurar que tú no tienes el gen portador? – lo provocó el ojiazul con una ceja alzada – Es una posibilidad…
- Es muy remoto – se negó.
- No lo sabes hasta que lo pruebas – continuó separándose del agarre del moreno y regresando a sentarse a la cama.
- Me gusta follar, no ser follado – los colores se le subieron al rostro al menor, por la directa forma en que Blaine solía decir las cosas.
- A mí sí me gustaría saber que se siente estar del otro lado – confesó, conteniendo las ganas de abanicarse como una colegiala virgen.
- Pues, no creo que tengas posibilidad conmigo – decretó, sentándose frente a él – Ya te lo dije, no soy versátil.
- Lástima, tendré que buscar quien cumpla mi fantasía – bromeó, pero Blaine no encontró lo divertido en su broma. Soltó un bufido y se puso de pie.
- Ya se me hizo tarde, y tengo que trabajar en una hora – dijo con voz cortante – ¿Nos vemos mañana?
- Sí, supongo – Kurt respondió casi en un susurro, afectado por la mirada casi dolida del moreno.
- Adiós – sin un beso de despedida, como acostumbraban, se marchó, dejándolo sumido en un mar de dudas.
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El castaño agradeció el ambiente escolar, ayudándolo a dejar de pensar demasiado las últimas interacciones que había tenido con Blaine. Volvía a estar con Puck, oyendo sus chistes y bromas subidas de tono, además de las actualizaciones de chismes que Mercedes y Tina se encargaron de hacer antes de que comenzara la clase de geografía.
El humor de Blaine aún se mantenía algo extraño, aun así, almorzaron juntos pretendiendo que nada pasaba.
- Entonces, ¿cuándo nos dirás qué hay entre tú y Anderson? – lo increpó Mercedes, bajando la lima de uñas a su regazo y centrando toda su atención en la reacción de Kurt.
- ¿Qué? ¿De qué hablas? – trató de hacerse el desentendido.
- Kurt… - ahora Tina se sumó a la conversación – Llevan meses en eso… y últimamente almuerzan siempre juntos y llegan juntos… ¿Vas a decirnos que eso no significa nada? ¡Sólo dinos!
- Miren, Blaine y yo…
- Hmm… ¿Blaine? – se burló la morena, dándole un codazo con picardía.
- Sí, Blaine… él y yo no estamos… exactamente juntos – intentó explicar, sintiendo que se enredaba con sus propias palabras.
- Pero, hace mucho tiempo que los vemos hablar… - acotó la asiática.
- Sí… somos amigos – ambas chicas lo miraron con escepticismo.
- Claro, y yo soy la hermana de Beyoncé – ironizó Mercedes - ¡Bien, no nos digas nada!
- Vamos, chicas – las muchachas se voltearon a mirar a otra parte, fingiendo indignación – De acuerdo, está bien… Digamos que… hay algo más que una… amistad – soltó a regañadientes, las chicas voltearon a verlo con los ojos iluminados por la nueva información adquirida, exigiendo más – Pero ya saben cómo es él… no hay esperanza de una relación real con un chico así, ¿o sí?
- Depende – interrumpió Tina – Cuando encuentras a la persona indicada…
- Lo dudo – negó Kurt con la cabeza – Como sea… - se sacudió los malos pensamientos – Sigan contando el chisme de la maestra de química, porque no me queda muy claro aquello de la expulsión del alumno de ultimo año.
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Finn había pedido la palabra ese jueves en el club Glee, e intentaba lograr que todos escucharan.
- Sí, gracias… por ser tan amables – dijo con sarcasmo, ganándose un silbido de Puck – De acuerdo, am… ¡Kurt! – señaló al castaño, sacándolo de onda – Sabemos que lo has pasado mal con lo del bebé y que has estado la mayor parte del tiempo solo… asique, todo el club Glee quiere demostrarte su apoyo y ayudarte en esto… - el aludido los miró a todos, sin palabras – Hemos organizado una especie de fiesta para el bebé y para ti, por supuesto… Será en casa de Tina – la asiática le palmeó el hombro a Kurt.
- Ustedes… no tenían que hacerlo… - el ojiazul se puso de pie – Pero, gracias… de verdad – fue envuelto en un abrazo grupal, lleno de risas y bromas.
Los días volaron y el día de la fiesta llegó. Kurt le pidió a Blaine que no lo acompañara esta vez, porque aún no había dicho nada acerca de su noviazgo al club Glee, y en realidad era una celebración íntima. Si la relación con el moreno había mejorado desde la última vez, aquello sólo lo empeoró.
- Bien, ve a tu fiesta – soltó con brusquedad el moreno, poniéndose de pie, mientras Kurt aún estaba sentado en la cama – Y llámame cuando dejes de avergonzarte de follar conmigo – recogió el casco de su moto y salió de la habitación como alma que lleva el diablo.
- ¡Blaine! – intentó seguirlo, pero Kurt no lograba moverse tan rápido como quisiera por su abultado vientre - ¡Maldita sea!
Finn llegó un rato después, pasando por el cuarto del castaño, hallándolo con los ojos enrojecido al igual que su nariz, sentado frente a su mueble tocador, tratando de disimular que había llorado.
- ¿Todo bien? – el chico dio un brinco y se volteó a mirar a su hermanastro. Se puso de pie y envolvió al más alto en un abrazo, llorando e hipando - ¿Qué ocurre, Kurt?
- Nada, solo… - se negó a poner en mal lugar a Blaine frente a su familia – Es… el embarazo…
- ¿Estás seguro que no es algo más? – Finn le tomó la barbilla para examinarlo con detenimiento como si de esta manera pudiera detectar alguna mentira. El castaño asintió con la cabeza.
- Diablos, tendré que rehacer todo – señaló sus productos faciales y Finn sonrió de lado.
- Date prisa, o llegaremos tarde – Kurt volvió a asentir y regresó a su lugar frente al espejo.
Se vio tentado a llamar a Blaine, o mensajearle. Pero decidió no hacerlo, porque probablemente el moreno necesitaba un tiempo para que el enojo se le fuera y luego poder hablar civilizadamente.
La casa de Tina no era muy grande, sin embargo, para el reducido grupo de personas que el club Glee era, no hacía falta más. Finn lo ayudó a bajar del carro y llamó a la puerta. El interior había sido decorado con globos en tonos rosa pastel y blanco, al igual que algunas cintas y guirnaldas. Todo era muy bello a los ojos de Kurt.
Saludó a todos y por un momento se olvidó de su pelea con Blaine. Rieron con las bromas de Puck, y realizaron distintos juegos. Kurt más que nada se limitó a observar a sus amigos pelear con un "Twister", mientras reía a carcajadas por la cara de Mike, cuando Puck accidentalmente le dio un codazo en la entrepierna. Cantaron también karaoke, que al poco andar, Rachel se auto proclamó la ganadora y merecedora de cantar tres canciones seguidas, sólo porque sí.
Cuando la fiesta llegaba a su fin, Tina le vendó los ojos a Kurt por unos minutos, para luego descubrírselos frente a una gran pila de regalos para su bebé. El castaño estaba tan emocionado que lloró por un rato, teniendo que beber agua con azúcar para calmar su llanto.
- Ustedes son los mejores amigos que se pueda tener – dijo el ojiazul, sorbiendo su nariz – Gracias de verdad.
Finn y Puck ayudaron a meter todos los presentes en el carro y luego de agradecer por novena vez, se despidió de todos, marchándose con su hermano cuando ya anochecía.
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Kurt apretó la correa de su bolso con determinación, mirando el número 22 sobre la puerta blanca. Blaine lo había ignorado en el instituto, dejándolo solo, y el castaño venía a arreglar las cosas con él a como dé lugar. Presionó el timbre, tomando una respiración profunda, sintiendo como un dejavú aquello. Se le colorearon las mejillas al visualizar aquella noche en que habían vuelto a tener sexo.
- ¿Kurt? – la voz de Blaine lo trajo de regreso, en cuanto abrió la puerta - ¿Qué haces aquí?
- Blaine, yo… - el moreno dio media vuelta, regresando al interior del departamento, pero dejando la puerta abierta para el castaño – Yo vine para que habláramos.
- ¿De qué quieres hablar? – Blaine fue a la nevera y sacó una botella de jugo, sirvió un vaso a Kurt y otro para él. El ojiazul agradeció el vaso y se sentó en el sofá.
- Am… no lo sé, tal vez… de que hoy me ignoraste completamente – soltó sin más.
- Necesitaba estar solo, ¿qué con eso? – se encogió de hombros, mostrando desinterés.
- Blaine, ¿quieres dejar de comportarte tan inmaduro? – pidió Kurt – Lo reconozco, me equivoqué – dijo poniéndose en pie para acercarse al moreno – Hace mucho que debería haberle dicho a mis amigos de esto… Lo sé… y lo siento.
- Bien – el pelinegro dejó su vaso en la mesa de café, tomando el de Kurt para dejarlo también. Entonces atrajo a Kurt hacia él en un abrazo – Eso está mejor.
- ¿Tu no vas a disculparte? – dudó Kurt, con una ceja alzada.
- ¿Por qué? Yo no hice nada malo – intentó disimular las ganas de reír.
- Me dejaste sólo y fuiste grosero conm…
Kurt no pudo seguir hablando porque fue interrumpido por la boca de Blaine sobre la suya. El moreno graficó su disculpa en un beso apasionado que al menor le supo a gloria. ¡Dios! Cuánto había extrañado aquello. Se besaron intensamente, por largos minutos.
- Vamos a tu cuarto – susurró de improviso Kurt. Blaine, algo sorprendido de la osadía del chico, dudó.
- No tienes que… - intentó detenerlo, pues el ojiazul comenzaba a jalarlo – No es necesario.
- Para mí, lo es – dijo con voz firme, no dejando lugar a dudas. Blaine se dejó arrastrar entonces, continuando con su candente sesión de besos.
El castaño tuvo que asegurarle dos veces más a Blaine que su vientre no le dolía, y que no dañaría al bebé de ninguna manera al hacer el amor.
Con entusiasmo, se quitaron la ropa y se recostaron, si apartarse. Kurt se sintió en casa, teniendo la boca de Blaine sobre la suya y sus manos recorriendo su cuerpo; dejando húmedas marcas en su piel y calientes caricias en todas partes, se entregaron el uno al otro. Cuando el clímax los golpeó, el castaño sintió la mirada nublada de placer y su boca, sin poder contenerla, soltó las dos palabras que creyó que jamás podría decirle a Blaine en su vida.
- Te amo… - en cuanto lo dijo, Kurt se arrepintió. Sin embargo, nada podía hacer. Blaine se tensó en su lugar y lo miró con ojos sorprendidos, inseguro de haber oído tal cosa.
A pesar de la incomodidad que invadió al menor, y las ganas de salir corriendo, se mantuvo quieto como una estatua, esperando la reacción del moreno. Éste se puso de pie, entró al baño y cuando oyó el agua de la ducha caer, Kurt liberó el aire contenido. Sintió enormes deseos de llorar o golpearse a sí mismo.
"Te amo", ¿cómo pudo decir algo así? Ahora Blaine seguramente pensaría que no era más que un iluso adolescente tratando de convertir un revolcón de una noche, en un cuento de hadas. Si estaban ahí, era porque él se había embarazado y Blaine tenía algo de sentido de la responsabilidad por el bebé que esperaban, pero decirle que lo amaba, era demasiado. Estaba fuera de lugar y era inapropiado para el tipo de relación que sostenían. Si Kurt alguna vez tuvo la esperanza de que las cosas con el moreno se dieran, con esto lo había echado todo por tierra.
Quince minutos después, Blaine salió del cuarto de baño con una toalla envolviendo sus caderas y el pelo goteándole.
- Si quieres… bañarte o algo… - no completó la frase, pero para Kurt fue claro. Se puso de pie, como si caminara sobre una oscura nube, y sin hacer contacto visual, se encerró en el baño.
Al acabar su ducha, se encontró la habitación vacía, por lo que se vistió rápidamente. Sintió el inconfundible olor de algo cocinándose y su estómago rugió en protesta. Al salir a la sala, vio a Blaine sirviendo unos platos sobre la isla de la cocina.
- No sabía que supieras cocinar – murmuró, sacando al moreno de sus pensamientos. Éste lo miró con una sonrisa. Kurt dudó entre dos posibilidades; Blaine no escuchó lo que él dijo, o estaba pretendiendo que no pasó. Cualquiera de las dos alternativas, logró tranquilizarlo profundamente.
- Sólo sé hacer esto… y huevos con tocino – se encogió de hombros, haciendo una invitación silenciosa a que se sentara frente a él – Pastel de patatas y carne.
- Huele delicioso – lo elogió, pinchando un poco con su tenedor y llevándolo a su boca – Y sabe aún mejor.
- Gracias… - Blaine lo miró como si quisiera decir más, sin embargo, no lo hizo.
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La incomodidad se estableció entre ellos desde que Kurt confesara que lo amaba, provocando que el menor mantuviera una prudencial distancia con el moreno, evitando así avergonzarse más de lo que ya lo había hecho. Blaine por su parte, continuaba aparentando que nada ocurrió y el castaño no estaba seguro de si aquello era positivo o negativo. En el fondo de su corazón, albergaba la ligera esperanza de que su confesión produjera algo en él, o que lo incentivara a abrir su corazón también; y que nada pasara, lo lastimaba, incluso si se negaba a aceptarlo para sí mismo.
Las clases cada día se le hacían más difíciles y temía estar llegando a su límite. Inevitablemente una cuenta regresiva se había instaurado en su cabeza y, el mes y medio que faltaba para tener a su hija se acortaba cada vez más. Deseaba sinceramente quitarse los kilos demás que estaba ganando con el embarazo y volver a sentirse como el Kurt de siempre, pero sabía que extrañaría la encantadora sensación de tenerla dentro, dándole pataditas y, de alguna forma, demostrando que estaba allí y que lo oía cada vez que le hablaba. Nunca más estaría así de cerca de su bebé.
Aquel día en particular, lo había dejado profundamente agotado. Llegó a su casa, quitándose los zapatos con dificultad, intentado no presionar su vientre en el proceso. Arrojó su bolso también y subió la escalera con pies de plomo. Sin embargo, toda su pesadumbre se evaporó en cuanto abrió la puerta de su habitación.
Una bella cuna de madera en color blanco brillante estaba perfectamente armada junto a la ventana, decorada con un edredón rosa y los rayos del sol. Kurt caminó hacia ella, pasando sus dedos por la superficie, sintiéndose abrumado con la imagen mental de una pequeña bebé ocupando el interior, mirándolo con una sonrisa y grandes ojos avellana.
- ¿Te gusta? – escuchó una voz profunda a sus espaldas. Volteó, aun sumido en un trance y la sonrisa de su padre le hizo sonreír también.
- ¡Es increíble! – Burt anduvo un par de pasos hacia su hijo, quien lo envolvió en un abrazo.
- Carole la encontró en una venta de garaje y juntos la pintamos… - contó, pasando una mano por la espalda de Kurt – Ella compró luego las sábanas y mantas… Supusimos que te gustaría.
- Me encanta – aseguró, alzando sus ojos cristalizados hacia su padre – Muchas gracias, papá… Me aseguraré de agradecerle también a esa maravillosa mujer – ambos rieron y Burt con su pulgar y algo de torpeza, le limpió las lágrimas a su hijo.
- Todos estamos contigo en esto, Kurt – dijo el mayor, como quien hace una promesa – Nunca lo dudes, independiente de lo que pase, siempre contarás con tu familia.
- Lo sé…. Lo sé – murmuró, volviendo a mirar la cuna.
- Y, am… ¿por qué no vino Blaine contigo? – aquella pregunta hizo que Kurt torciera el gesto. ¿Cómo podía explicar a su padre el dilema que los envolvía en este momento?
- Yo… - Kurt miró al techo, tomando y soltando aire, pensando que decir – Estamos en una situación… algo incómoda – intentó explicar.
- ¿De qué tipo? – indagó su padre.
- Creo que… me precipité un poco y lo asusté… o algo así – intentó sonreír, pero terminó en una mueca. El menor caminó por el cuarto, con la mirada de Burt sobre él. Sabía que ahora que había comenzado a hablar tendría que ir hasta el final – Hace muy poco que estamos juntos, pero… me he dado cuenta de que… tenía estos sentimientos guardados en mí desde antes y no lo sabía… - acomodó su pelo y le dio una mirada significativa al mayor – Le dije a Blaine que lo amaba…
- ¿Qué dijo él? – preguntó cautelosamente Burt.
- Nada… sólo… - Kurt tomó una nueva bocanada de aire – Pensé que respondería que él también, o que me diría algo como… que aún no llegábamos a esa etapa de la relación… - suspiró apesadumbrado – Pero… que no dijera nada, creo que es peor… porque no sé qué pensar, cómo saber qué es lo que él siente por mí… - la expresión confundida en el rostro de su padre le advirtió que estaba hablando con demasiada sinceridad – Además de gustarle y eso… ya sabes… Yo… yo me enamoré de él, papá… Estoy muy enamorado de él – una solitaria lágrima le recorrió la mejilla – Sólo quisiera saber si él también lo está.
- Kurt, no hay una pauta para el amor… - comenzó a decir Burt – Cuando estás enamorado, sientes que todo fluye y siempre piensas que la otra persona siente todo lo que tú sientes, pero… a veces, hay personas que han sido lastimadas, o que simplemente les cuesta confiar en los demás por esas experiencias – Kurt lo observó atentamente – Tu corazón, a pesar de lo que pasó con Sebastian, no tuvo problemas para volver a amar, tal vez porque el amor por él no era tan autentico, o porque la distancia lo había apagado… No sabes si Blaine ha tenido malas experiencias antes de ti… - el castaño sopesó las palabras de su padre – Cuando no puedes confiar en las personas, reservas tus sentimientos sólo para ti, porque no quieres terminar herido nuevamente… Así que sólo dale algo de tiempo… Tú mismo has dicho que apenas están comenzando, no lo fuerces… el tiempo dirá si lo que siente es amor o, algo pasajero.
- Dios, me siento como un tonto – lloriqueó un poco.
- Bueno, el amor nos vuelve un poco tontos… pero no hay nada mejor que estar enamorado – Burt le palmeó la espalda a su hijo y besó su frente, dándole un momento a solas para pensar.
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Kurt inevitablemente sintió un cosquilleo por todo su cuerpo, cuando el timbre de su casa sonó. Había llamado a Blaine para que lo acompañara al centro comercial, con la imperiosa necesidad de comprar ropa nueva, al menos para terminar su embarazo sin tener que recurrir a cubrirse con una sábana. Aunque las cosas entre ellos se mantenían algo tensas, Kurt ya no podía manejar su carro, o más bien, no deseaba arriesgarse, y tener algún tipo de accidente.
El castaño tomó su bolso y abrió la puerta, gritándole a su padre y Carole, quienes estaban en la cocina, que llegaría por la tarde. Se volteó a mirar a Blaine, inseguro de cómo debía saludarle, sintiéndose tonto e infantil. Agradeció el descaro del moreno, que jamás perdía una oportunidad de besarlo, quien lo rodeó por la cintura, dándole un pequeño beso en los labios, antes de sonreír como sólo él sabía hacerlo.
- Hola, cariño – susurró, sobre su enrojecido rostro - ¿Nos vamos?
- S-sí… - balbuceó el menor.
Antes de que un incómodo silencio se instaurara entre ellos, Kurt se apresuró a encender el radio del vehículo, paseando por las emisoras, buscando algo digno de ser oído. Una clásica canción de Madonna sonó y Kurt detuvo su búsqueda.
Blaine lo miró, alzando una ceja, sin embargo no dijo nada, pues el menor comenzó a cantar suavemente al ritmo de la canción. El moreno lo escuchó atentamente, diciéndose a sí mismo que Kurt poseía la voz más hermosa que él jamás había escuchado en su vida, y que podría oírla por siempre. El resto del camino fue exactamente igual, con el castaño saltando de estación en estación, tarareando y cantando las canciones que conocía.
- Espero que no me cobres por el concierto que acabas de darme – bromeó Blaine, bajando del carro, cuando hubieron llegado.
- Pronto estarás comprando entradas para verme en Broadway – se jactó el ojiazul – Así que comienza a ahorrar.
- Como digas – la sonrisa que dejó ver Blaine, dejó deslumbrado a Kurt, y se maldijo internamente por ser tan torpe y enamoradizo.
Caminaron por el lugar, entrando a algunas tiendas, donde era horriblemente escrutado por miradas de odio y rechazo absoluto. Se sintió mucho más discriminado que en su propia escuela, y él creyó que eso era mucho decir.
- Blaine, creo que deberíamos ir a otra tienda – susurró el ojiazul, sintiéndose abrumado.
- ¿Por qué, cariño? – dudó el moreno, observándolo con atención.
- Sólo, vámonos, ¿sí? – pidió, sonando desesperado.
- Es que, no lo entiendo… - insistió el mayor – Dijiste que te gustaba la ropa que vendían aquí… ¿Por qué ahora quieres irte?
- Porque me siento como un fenómeno – confesó – La gente no deja de mirarme feo y… ya no quiero estar aquí – Kurt tuvo que pestañear repetidas veces para no llorar.
- Cariño, no hagas caso de estas viejas fanáticas – dijo elevando la voz, con la clara intención de ser oído por todos los ocupantes del lugar – Están reprimidas porque nadie sería capaz de follárselas, ni aunque les pagaran por hacerlo. ¡Olvídate de ellas!
- ¡Blaine! – siseó Kurt, con las orejas coloradas de vergüenza. Lo tomó por el brazo y lo jaló hacia la salida. El moreno sólo rió divertido.
- ¡Pero si es la verdad! – se defendió.
Una vez que estuvieron fuera, Kurt lo soltó y se volteó a mirarlo.
- ¡Eso fue demasiado! – se quejó – Incluso para ti…
- Kurt, cuando te dije que te defendería de cualquiera que te mirara mal o te dijera algo… Hablaba muy en serio – la mirada clara de Blaine se clavó en las profundidades azules de Kurt – No me importa quién sea… Si se meten contigo, se meten conmigo.
- Gracias, supongo – murmuró, con el corazón hinchado por las palabras del moreno.
- ¿Supones? – alzó una ceja – Deberías besarme como agradecimiento – exigió, conteniendo la risa.
- ¿A-aquí? – dudó el castaño, mirando a su alrededor.
- Sí, como un acto rebelde, o una mierda de esas – argumentó. Acto seguido, lo sostuvo del cuello de su chaqueta con ambas manos y lo acercó a él, capturando su boca con la suya abierta. Kurt, sintiéndose indefenso antes los labios de Blaine, se entregó en el beso, gustoso de ser besado por el chico que amaba.
Al separarse, ambos tenían los ojos nublados, y sus miradas conectadas, cargadas de sentimientos y palabras sin decir. Blaine se aclaró la garganta, rompiendo el hechizo bajo el que ambos estaban, regresando a la realidad. Casi nadie estaba pendiente de los chicos, por lo que se tomaron de las manos y anduvieron hacia la siguiente tienda, esperando tener mejor suerte.
- ¿Eso es una camisa o un vestido? – preguntó Blaine en cuanto Kurt salió del probador con una prenda particularmente larga y ancha, incluso para él – Es que no me queda claro.
- ¡Es una camisa larga! – explicó con exasperación el menor, rodando los ojos y regresando al cubículo, murmurando para sí. Volvió a salir luego de diez minutos, modelando otra prenda - ¿Y qué tal esta?
- Es linda… Aunque no entiendo la función de las cremalleras – señaló con su dedo índice las más de diez, repartidas por toda la chaqueta, desde su posición media recostada sobre un sofá.
- Sólo son decorativas… - Kurt las miró en el espejo, dando una vuelta y girando la cabeza, intentando ver su espalda.
- Pero son más de veinte… - volvió a mencionar el moreno.
- Debí pedirle a Mercedes o a Tina que me acompañaran – murmuró molesto, regresando a cambiarse – Esto es una total pérdida de tiempo… - siguió quejándose, hasta que su voz se perdió tras la puerta cerrada.
Sólo llevaban unas pocas bolsas cuando salieron finalmente de la tienda y Kurt se sentía exhausto y hambriento.
- Necesito comer… - masculló el menor, buscando a su alrededor la cafetería más cercana – Urgente.
- Como ordene su majestad – se burló el moreno.
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Al regresar a casa, Blaine tomó el mando del radio, buscando entre las emisoras algo de su gusto personal. Bon Jovi resonaba en el interior del carro y el moreno no dudó en subir el volumen y ponerse a cantar como había hecho anteriormente Kurt.
- I'll be there for you… These five words I swear to you – Kurt abrió los ojos, al oírle cantar. Sólo había escuchado a Blaine cantar una vez antes y se había enamorado de su hermosa voz y su pasión - When you breathe I want to be the air for you… I'll be there for you – A pesar de que iba conduciendo, cada oportunidad que tenía de mirar al castaño, la aprovechaba, como si estuviera dedicándole cada una de las palabras que cantaba - I'd live and I'd die for you… Steal the sun from the sky for you… Words can't say what a love can do… I'll be there for you…
El menor decidió que no pensaría más allá de lo que era. Una mera coincidencia. Blaine sólo detuvo la radio en esa estación porque conocía y gustaba de la canción y no necesariamente porque fuera alguna especie de declaración intencional.
- I know you know we're had some good times… - continuó Blaine, totalmente ajeno a los complicados pensamientos del ojiazul - How they have their own hiding place… I can promise you tomorrow… But I can't buy back yesterday…
Se detuvieron en un semáforo y los ojos mieles de Blaine se centraron en Kurt, logrando que el corazón del menor latiera de forma irregular.
- And Baby you know my hands are dirty… - ¡Dios! Kurt pensó que aquello era la coincidencia más extraña del mundo - But I wanted to be your valentine… I'll be the water when you get thirsty, baby… When you get drink, I'll be the wine…
La mano del moreno, que estaba sobre la palanca de cambios, se movió al muslo del castaño, en un gesto que decía demasiado para Kurt, como si Blaine realmente quisiera que entendiera el mensaje oculto en todo aquello.
- I'll be there for you… These five words I swear to you… - para el menor, tenía mucho sentido ahora lo que decía la canción - When you breathe I want to be the air for you… I'll be there for you… I'd live and I'd die for you, steal the sun from the sky for you… - el semáforo cambió a verde y Blaine retiró su mano con lentitud, poniendo en marcha el vehículo nuevamente - Words can't say what a love can do… I'll be there for you.
La canción finalizó, por lo que Blaine bajó el volumen del radio, como si no le interesara en absoluto seguir escuchando nada más. Kurt no sabía si decir algo, preguntarle tal vez, sin embargo no había manera de que cualquier cuestionamiento sonara normal o sin una doble intención. El castaño prefirió mantenerse en silencio, concluyendo que si las palabras no salían claramente de la boca del mismísimo Blaine, afirmando sus sentimientos, él no crearía más fantasías en su cabeza. No podía exponerse más de lo que ya lo había hecho, y terminar lastimado por iluso.
El carro se detuvo frente al jardín delantero de la casa de los "Hudmel", y Kurt, desabrochó su cinturón. Antes de que se diera cuenta, Blaine sostenía la puerta abierta para él, sacándolo de onda con aquel gesto tan poco usual del moreno. Algo confundido, Kurt descendió, caminando junto a Blaine, quien cargaba las bolsas de compras. Las depositó en el pórtico y antes de que el castaño pudiera comenzar a despedirse o decir cualquier cosa, el pelinegro lo besó.
El estómago de Kurt se sintió lleno de aleteos, cosquilleándole hasta la garganta. Cuando el beso comenzaba a subir de tono, y Blaine le metía la lengua con experticia, la puerta de entrada se abrió y Burt Hummel se aclaró la garganta exageradamente, haciendo a los chicos apartarse como si hubieran sido electrocutados.
- ¡Papá! – chilló Kurt, ruborizándose hasta las orejas. Blaine se limpió las manos en el pantalón, con incomodidad, antes de tenderle una al hombre en saludo.
- Burt – dijo simplemente.
- Hola, chico… - le sacudió la mano con afecto – Kurt, la cena está lista.
- Yo… yo ya me voy – se apresuró en decir.
- ¿No quieres quedarte a cenar? – soltó el castaño, incapaz de contenerse.
- Oh, no… - Blaine no logró encontrar una excusa, antes de que el pesado brazo de Burt cayera sobre sus hombros.
- Quédate, chico… - pidió – Carole siempre hace demasiado y Finn últimamente ha perdido el apetito – comentó. Blaine cruzó una mirada con Kurt, que no fue indiferente para Burt – Debe ser el amor que lo tiene así.
El hombre le guiñó un ojo a su hijo y le dio una palmada en el hombro al pelinegro; luego, volvió a entrar.
- Entonces… ¿te quedarás? – Kurt le dio su mejor expresión de esperanza, poniendo ambas manos en su espalda, balanceándose sobre sus talones. Blaine soltó una risita y asintió.
- Sí… de todos modos, las galletas de la cafetería eran miserables – bromeó, tomando la mano de Kurt y entrando a la casa.
- Eres igual a Finn – murmuró el ojiazul, cerrando la puerta.
Bien... Wow, fue un capítulo largo y con muchas cosas pasando... Ultimamente, los capítulos han sido así, superando las 6 mil palabras, por lo que estoy pensando en dejar sólo un día a la semana para subir capítulos, y así me da tiempo de corregir y revisar como corresponde... No me gusta escribir a la carrera y entregarles algo que sea menos que lo mejor.
Probablemente, estaré actualizando los domingos, que es el día en que más tiempo libre me queda.
Nos vemos, entonces... la próxima semana.
