Hola... Sí, soy yo... la desaparecida en acción... Pero, si no he subido capítulos es por una muy buena razón. He tenido muchos problemas familiares, y aun no me establezco en una casa propia, pues estoy viviendo con mi mamá temporalmente y... bueno, larga historia... En fin, aquí estoy, sigo viva...


CAPÍTULO 21.

Kurt se sentó en el asiento disponible, junto a la ventana. Estaba ansioso como todos sus amigos y compañeros de equipo. En su cabeza repasaba las líneas que debía cantar y visualizaba su propia persona parada frente al escenario, deslumbrando al público o en el peor de los casos, olvidando la letra y fracasando estrepitosamente. Su amiga, Tina, cayó a su lado, sentándose y comenzando a platicar de lo emocionada que estaba de concursar, y que estuvieran yendo a Chicago para competir. Kurt la miró, esforzándose en seguir el precipitado ritmo de su conversación, sin perderse en sus propias preocupaciones. El castaño deseaba que Blaine estuviera a su lado, distrayéndolo con sus ojos claros, o haciéndolo reír con sus ocurrencias. Sin embargo, se habían despedido dramáticamente en el parqueadero de McKinley media hora antes.

Kurt rememoró aquel momento, viendo en su mente la escena como un espectador. Blaine mirándolo con preocupación y orgullo al mismo tiempo, acomodándole el rebelde mechón de cabello que el viento había desacomodado.

- Cuídate, ¿sí? – pidió él, tomando ambas manos del castaño.

- Sí, lo haré – prometió el menor, sonriendo de lado ante el tono protector de Blaine – Sólo subiré para cantar…

- Nada de bailar – advirtió, sin dejar de fruncir el ceño.

- Nada de bailar, también lo sé, Blaine – aseguró, asintiendo con la cabeza – Cantaré mi parte y luego bajaré del escenario… confía en mí.

- No olvides que llevas lo más preciado para mí, dentro de ti – comentó, robando el aliento del menor. El moreno lo besó en la frente.

Kurt observó directo a los ojos de Blaine, que lo miraban intensamente. Las palabras "te amo" volvieron a resonar en su cabeza, sin embargo las sacudió, siendo incapaz de arriesgarse nuevamente a decirlas.

- Adiós, Blaine – dijo, volteándose para caminar hacia el autobús amarillo que los llevaría a su destino. No alcanzó a dar más de cinco pasos lejos de él, cuando oyó su voz nuevamente.

- ¡Kurt, espera! – apenas se giró, vio al moreno casi sobre él. Lo envolvió en una abrazo apretado – Haz que nos sintamos muy orgullosos, cariño – le susurró en el oído. Luego le besó la mejilla, dejándolo marchar.

Kurt puso una mano en el cristal de la ventana, como si aun pudiera ver a Blaine despidiéndose desde la acera, pero él ya no estaba allí.

- ¿Estás escuchándome, Kurt? – dijo Tina, sacándolo de su ilusión.

- Lo siento, ¿qué decías? – sacudió la cabeza, apartando los ojos avellana de Blaine de su pensamiento.

- ¿Te sientes bien? – dudó la chica, mirándolo con atención.

- Sí, lo estoy – confirmó, dándole una pequeña sonrisa – Es decir, sólo estoy emocionado, como todos, supongo.

La chica se mantuvo en silencio luego de eso. Kurt continuó el resto del viaje tarareando su solo, mirando por la ventana y acariciando su vientre, sintiendo a su pequeño bebé patearle suavemente desde el interior.

Al llegar al hotel donde se hospedarían el tiempo que durara la competencia, Kurt y sus amigas se acomodaron en un cuarto, mientras los chicos ocuparían la otra con el señor Schuester. El castaño sacó su móvil para llamar a su padre y reportarse.

- Hola, papá – saludó, sonando alegre – Ya llegamos a Chicago.

- ¿Qué tal el viaje? ¿Todo bien? – quiso saber Burt.

- Sí, estuvo bien… - hubo un pequeño silencio – Vendrán a vernos actuar, ¿cierto?

- Por supuesto que sí, esta noche viajaremos, no te preocupes – afirmó el hombre – Diviértete.

Luego de finalizar la llamada, texteó a Blaine, con la misma intención de hacerle saber que estaba bien.

"Te escribo desde la comodidad de mi cama de hotel, Blaine".

No pasó ni medio minuto, cuando una respuesta llegó.

"¿Qué tan cómodo puede ser eso, cariño?"

"No mucho, Figgins vive recortándole el presupuesto al club Glee".

En lugar de un mensaje, la pantalla se iluminó con una llamada entrante.

- Hola, Blaine – saludó el castaño, yendo hacia la ventana más cercana, en busca de apartarse del ruido que hacían sus amigas, discutiendo por las camas - ¿Ya nos extrañas? – bromeó.

- No te imaginas cuanto – respondió y el ojiazul no pudo definir si ironizaba o hablaba en serio – Odio cuando no puedo verte… cuando estás lejos de mí – Kurt suspiró, encantado.

- Sólo serán dos días – murmuró, sintiendo el aire fresco de la ciudad – Y espero regresar con un maldito trofeo.

- Tienen a un gran cantante – declaró, sacando una sonrisa en el menor – Les patearás el culo a todos.

- Gracias, por tu apoyo – rió el castaño – Te llamaré por la noche, ahora creo que iremos por algo de comida.

- Okay, hasta la noche, cariño – se despidió el moreno y la llamada terminó.

-o-

Las manos del castaño estaban húmedas y su vientre se había endurecido dolorosamente en anticipación. Se sentía nauseabundo y una ligera capa de sudor le perlaba la frente. Esta era la primera vez que el club Glee llegaba tan lejos desde que él se había unido, y ver a través del telón la increíble cantidad de gente llenando el lugar, no estaba ayudándolo a calmar sus nervios. Su respiración era irregular y si seguía así, comenzaría a hiperventilar en cualquier momento, estaba seguro.

- Tranquilo, hermano – la mano grande de Finn se apoyó en su hombro, con la intención de apartarlo del telón – Lo harás increíble.

- No lo sé, Finn – confesó – Me siento mal… como si fuera a desmayarme en medio del escenario – se abanicó con una mano, tratando de tranquilizarse.

- Será mejor que te sientes, o tomes agua… - el mayor lo encaminó de vuelta a los camerinos – Te ves más pálido de lo usual.

Kurt se dejó llevar, sentándose en una de las sillas. Finn trajo un vaso con agua, que el chico bebió en dos sorbos. Necesitaba a Blaine, se dijo a sí mismo; sólo el moreno lograba distraerlo lo suficiente como para calmar sus nervios, sin embargo el moreno se encontraba en Lima, a kilómetros de distancia y nada podía hacer.

Tomó la punta de la ridícula capa que llevaba puesta, y se secó el sudor de la frente, concentrándose en regular su respiración. Tina, quien se encargaba del vestuario, había ofrecido para Kurt la alternativa de usar una larga capa, de forma dramática y teatral, para ocultar su prominente vientre, y darle un toque especial a su participación. En un principio, el castaño apoyó la idea, sintiéndose como el fantasma de la ópera, pero ahora; sólo podía sudar acalorado por los nervios y la densidad de la tela.

Se acercó a un espejo, girando para observar su aspecto. En efecto la prenda disimulaba bastante bien su avanzado estado de gravidez, pero no dejaba de sentirse como Harry Potter con aquella cosa puesta. Bromeó mentalmente, imaginándose con un sombrero en punta y una varita en su mano. Finn regresó a su lado y apartó aquellas fantasías, riendo para sus adentros.

- ¿Estás listo? – consultó, mirándolo en busca de algún síntoma visible de enfermedad – Es nuestro turno.

- Santo cielo – le flaquearon las piernas y tuvo que volver a sentarse - ¿Ya?

Finn se limitó a asentir, volteando a ver a su alrededor por alguien que lo ayudara. El móvil de Kurt vibró en su bolsillo y lo sacó con manos temblorosas. Era un mensaje de Blaine, en el momento más oportuno.

"Recuerda que eres el chico más increíble que conozco y que debes patearles el culo a los demás. Demuestra de qué estás echo, cariño"

Kurt lo leyó tres veces antes de tomar una bocanada de aire y mirar a su hermano con determinación.

- Okay, ganemos esto – exclamó, sacando una sonrisa aliviada en el más alto.

- ¡Así se habla! – Finn lo ayudó a ponerse en pie y juntos se unieron a los demás chicos, quienes aguardaban en sus posiciones sobre el escenario.

Kurt sería quien abría la actuación, con su solo y luego los demás desarrollarían la coreografía. Se retorció los dedos, mientras oía la voz amplificada del presentador decir el nombre de su escuela. Entonces, tomó su actitud interpretativa y observó el telón abrirse, dejándolo expuesto frente a cientos de personas.

El suave sonido del piano resonó en su cabeza, instándolo a comenzar a cantar. Así lo hizo, andando hacia el frente, meciendo ligeramente su capa negra, buscando con su mirada entre los asistentes a su padre y a su madrastra. Rápidamente los halló y les dedicó el resto de su solo, con una sonrisa radiante.

A la melodía de piano, se unieron los demás instrumentos, marcando su salida de escena. Giró sobre sus talones, haciendo bailar su capa en el aire con dramatismo, para luego andar de regreso al fondo del escenario, mientras sus compañeros se instalaban al frente, bailando y cantando el resto de la canción como lo habían ensayado.

Bajó del escenario, con la emoción burbujeándole en el estómago, y respirando agitadamente por el esfuerzo. Debía esperar a que la presentación terminara, pues él era el gran final. Por designio del señor Schue, Kurt abría y cerraba su actuación.

Vio como sus amigos llevaban a cabo el número musical a la perfección, celebrando como el público hacía con cada nota alta de Mercedes o de Rachel, y aplaudiendo los complicados movimientos que Mike y Brittany hacían. La música volvió a ser suave, indicando que debía volver a completar su participación.

Apareció detrás de los chicos que coreaban en el fondo, siendo iluminado por el reflector principal, dando lentos pasos hacia el frente. Con su dulce voz, característica en él, cantó el último trozo de canción, viendo al público iluminar el lugar con pequeñas velas de plástico, como un cielo estrellado. Finalizó la canción y todos sus amigos se unieron a él en el borde del escenario para hacer una reverencia conjunta.

La gente rompió en sonoros aplausos, haciéndolo sonreír ampliamente, satisfechos con su número musical. Kurt pudo ver a sus padres con lágrimas de emoción, aplaudiéndolos eufóricamente, llenos de orgullo. Pero lo que realmente llamó su atención, fue ver que junto a ellos, estaba un chico moreno que silbaba, y aplaudía a la vez. Blaine Anderson.

El grupo se retiró de regreso a los camerinos, para dejar lugar a que el siguiente coro se presentara. Kurt aun no daba crédito de lo que había visto, y no entendía qué hacía Blaine con su padre, entre el público, cuando se suponía que debía estar Lima.

Sus pensamientos fueron interrumpidos, cuando alguien, portando un descomunal ramo de rosas rojas, entró al cuarto que estaban usando como camerino. Los pasos del extraño se dirigieron a él y Kurt miró a todos sus compañeros en busca de alguna explicación. Nadie sabía de qué se trataba y se podía ver en sus caras de desconcierto.

El ramo fue apartado hacia un lado, y sólo entonces, el castaño vio a Blaine, con una enorme sonrisa, ofreciéndole el presente.

- ¡Blaine! – chilló Kurt, lanzándose a los brazos del moreno, dejando el ramo sobre el tocador. El pelinegro lo recibió, envolviéndolo cálidamente - ¿Cómo es que… estás aquí? – indagó, una vez que se separaron.

- Tu padre me trajo – se encogió de hombros – Dijo que me necesitarías, y veo que no se equivocó…

Si los chicos a su alrededor los miraban, lo que era así seguramente; a Kurt no pudo importarle menos. Tomó a Blaine de los hombros y lo besó, ansiando sentir el sabor del moreno, su toque y su calor.

- Gracias por venir – dijo simplemente, mirándolo a los ojos, con un rubor cubriéndole las mejillas.

- No me lo hubiera perdido por nada… - sólo entonces repararon en que se encontraban en una habitación llena de personas que los observaban atentamente, comentando entre ellos. Kurt giró a ver a sus amigos, aumentando el sonrojo hasta sus orejas.

- Sí, bien… - el castaño se aclaró la garganta, dirigiéndose a los demás ocupantes del lugar – Blaine es mi… novio, por cierto.

Las reacciones fueron variopintas, Finn sonrió, pues él y Puck ya lo sabían, por lo que no dijeron ni hicieron nada en particular, a Rachel y Quinn casi se les desencajó la mandíbula de la impresión, Mercedes y Tina intercambiaban miradas, diciendo "lo sabía", y los demás sólo parecían alegrarse sinceramente por Kurt, quien había tenido un año particularmente complicado.

- Hola a todos – saludó el moreno, con una sonrisa arrogante, como acostumbraba. Tomó a Kurt de la mano y lo llevó afuera del cuarto, para tener algo de privacidad.

- Sabes que de todos modos estarán escuchando tras de la puerta, ¿cierto? – comentó el ojiazul, viendo al mayor cerrar tras de él al salir.

- Podrán escuchar, pero no mirar – le guiñó un ojo y lo acorraló contra la pared.

- ¿Por qué siempre eres tan intenso? – susurró Kurt, a sólo centímetros de la boca de Blaine.

- Tomaré eso como un cumplido – lo acarició con la punta de su nariz, antes de besarlo nuevamente.

- Lo es… en algunas ocasiones – el menor sonrió.

- Realmente, estuviste grandioso – Blaine se apartó un poco para mirarlo mejor.

- ¿Tú crees? – Kurt jugueteó con la punta de su capa.

- Por supuesto que sí… - aseguró el pelinegro, tomando una de las manos del castaño y besándola – Además, te imaginé en mi cuarto… vistiendo sólo esta capa… y fue aún mejor…

- ¡Blaine! – Kurt se ruborizó nuevamente, mientras el moreno sólo reía divertido.

- Te ves hermoso… cuando te sonrojas – dijo el moreno, dejando de reír y mirando directo a los ojos azules del menor.

El corazón del castaño se saltó un par de latidos, sintiéndose más enamorado del chico frente a él. Blaine se aproximó nuevamente, pegando todo su cuerpo al de él, tanto como su vientre le permitía. Inclinó lentamente la cabeza para besarle por tercera vez, cuando se apartó con los ojos abiertos en sorpresa. Kurt estuvo tentado a reír de su reacción.

- ¡Me ha pateado! – exclamó emocionado - ¿Lo has visto?

- Blaine, ella debe patearte a través de mí, por supuesto que sé que te ha pateado – se rió el menor.

- Esto es el colmo – se unió a la risa de Kurt. Se arrodilló frente al menor, y pegó su oreja a su barriga – Elizabeth… - comenzó a decir, con voz de advertencia – Adoro sentirte, bebé… Pero no puedes patearme cuando estoy besando a tu papá… Eso no es justo – el ojiazul se cubrió la boca, para no carcajear – Tienes el resto del día para hacerlo, asique danos un par de minutos, ¿quieres?

- Estás loco – comentó el castaño, negando con la cabeza, cuando Blaine se puso de pie – Ella no va a entenderlo.

- ¿Quién sabe? – se encogió de hombros – Tal vez reconozca mi autoridad.

- Sólo bésame – exigió, tirándolo hacia él, de la solapa de su chaqueta.

No alcanzaron más que a rozarse los labios, cuando una turba ruidosa envolvió el estrecho pasillo donde los chicos estaban.

- ¡Kurt! ¡Ya van a nombrar a los ganadores! – Puck se acercó a la pareja y jaló del brazo al castaño. Finn apareció tras de él, deteniendo a Blaine que quería golpear al chico del mohicano por apartarlo de Kurt.

- Luego podrán seguir lo que sea que hacían – el más alto le palmeó un hombro a Blaine y lo guio de vuelta a la escalera de salida.

Puckerman sonrió con malicia ante el ceño fruncido del moreno y el ojiazul le propinó un codazo en las costillas. Fue el turno de Blaine de sonreír satisfecho.

- No tienes que ser tan sobreprotector siempre, Noah – le riñó el menor – Es molesto… y tú no eres mi padre.

- Sólo te cuido, Hummel – le revolvió el pelo, ganándose un golpe directo en su mano – Soy como un guardaespaldas.

- ¿Ah, sí? Pues, gracias… pero no necesito uno – Kurt intentó acomodarse nuevamente su cabello, ajustando su capa también antes de subir al escenario con sus amigos.

Los cinco coros se reunieron sobre el escenario, y en sus rostros estaba reflejado su entusiasmo y la esperanza de resultar ganadores. El presentador comenzó a dar las gracias al público asistente y a los jurados, además de añadir que la competencia nacional sería en Nueva York, para quienes obtuvieran el primer lugar.

Kurt se maldijo a sí mismo por ser tan desafortunado; pues ganaran o perdieran, de todos modos él no podría participar con sus compañeros, ni mucho menos ir a Nueva York con ellos.

Puckerman pasó un brazo alrededor de sus hombros, pegándolo a su cuerpo. El castaño cruzó sus dedos, mirando a su familia en medio del público, con la misma expresión que todos, pintada en el rostro; y junto a ellos, Blaine, alzando ambos pulgares con una exagerada sonrisa, en un intento por infundirle ánimos.

El hombre del micrófono se acercó al borde del escenario y con gran voz, mencionó al ganador del tercer lugar. Un coro de Detroit, que no lucía muy conforme con el lugar adquirido. Recibieron el pequeño trofeo y el tipo a cargo, estrechó las manos con el presentador; luego de eso bajaron del escenario. Los cuatro grupos restantes se acercaron un poco, sintiéndose aún más ansiosos.

El nombramiento del segundo lugar recayó sobre el coro que provenía de Indianápolis, los cuales celebraron un poco más alegres que los anteriores y recibieron su trofeo felices, bajando también del escenario.

Entonces, la tensión sobre el lugar aumentó a niveles críticos y Kurt sentía que su vientre era una roca, pues se sentía dura y pesada. Discretamente acarició su barriga, bajo el abrigo de su capa, intentado mantener la calma. El presentador, añadiendo un suspenso innecesario, pidió un redoble de tambores. El castaño tomó la mano de Puckerman y la envolvió entre las suyas, esperando el nombre del ganador.

- Y el primer lugar es para… ¡el coro de McKinley High! – al oír aquello, el grupo estalló en gritos de felicidad y el público aplaudió emocionado. Kurt se abrazó a Noah, mientras el mayor le decía que lo había hecho increíble.

El escenario se cubrió de confeti que era disparado por dos grandes cañones, y Kurt no podía ser más feliz. Blaine irrumpió en el escenario, jalando al chico en un abrazo y un beso, sorpresivos para el menor, quien le decía que estaba loco.

- ¡Ganaste! – gritaba Blaine en respuesta, una y otra vez - ¡Eres el mejor!

- ¡Oh, Dios mío! – el castaño exclamó, con auténtica felicidad, pero su rostro se comprimió en una mueca de dolor - ¡Ouch! – sus manos fueron a su vientre y el pánico se apoderó de Blaine, quien lo revisó con sus ojos para detectar cualquier anomalía - ¡Me duele! – se quejó el menor, dándole una suplicante mirada.

Blaine lo sacó del escenario, casi en el aire y lo acomodó en una plataforma para que pudiera sentarse.

- ¿Qué es lo que te duele exactamente? – preguntó el mayor, sacando su móvil y escribiendo en el rápidamente.

- No… no lo sé… es… es como un… un dolor punzante en la pelvis – intentó explicar el aludido, tratando de respirar sin jadear.

- Voy a avisarle a Burt – el moreno terminó de teclear en el celular y lo regresó a su bolsillo, mientras centraba nuevamente su atención en el chico frente a él.

- Está deteniéndose… - Kurt inspiró y liberó el aire repetidas veces, poniendo todo su esfuerzo en eso. Lentamente el dolor menguó – Creo que ya pasó…

- Por un segundo creí que… - Blaine se rascó la nuca – Pero supongo que aún no es tiempo.

- No, no lo es… Aún queda un mes, y… - Kurt se puso de pie sin prisas – Debe haber sido la emoción…

- Tal vez… - Burt llegó junto a ellos con evidente preocupación en su rostro.

- ¡Kurt! ¿Estás bien? – se precipitó a revisarlo con la vista, como Blaine lo había hecho antes.

- Tranquilo, papá… Estoy perfectamente – le aseguró el castaño – Sólo fue una falsa alarma.

- ¿Seguro? Porque podemos ir a que te revisen en un hospital, o algo… - Kurt negó con la cabeza.

- No es necesario… - insistió – Ambos estamos bien, fue la impresión de haber ganado, es todo.

- De todos modos, nos iremos en cuanto acabe y veremos a tu obstetra – declaró, señalándolo con su índice.

- ¿Olvidas que tengo una cita con él la próxima semana? – le recordó el menor.

- Cierto – Burt los miró a ambos y luego soltó un suspiro – De acuerdo, esperaremos a la cita.

- De hecho, papá… Yo… había pensado en que Blaine me acompañara… - el moreno lo miró con ojos esperanzados al oírle decir eso – Es… algo que quiero hacer – El hombre sólo asintió en comprensión, y luego el tema fue cerrado.

- Vamos – Burt y Blaine ayudaron a Kurt a bajar las escaleras y se encaminaron a la salida.

-o-

De regreso en McKinley, el club de coro no hablaba de otra cosa que no fuera el triunfo en la competencia regional, o el viaje a Nueva York. Kurt intentando reprimir su tristeza por no poder acompañarlos, hojeó una revista, aislándose en un rincón del salón de ensayo.

El señor Schuester entrando al aula, los felicitó a todos.

- Esa fue una gran victoria, chicos… se lo merecen – añadió con orgullo.

- Yo creo que gran parte de este triunfo se lo debemos a Kurt… - la voz de Finn sacó al castaño de su ensimismamiento – Él, realmente, le dio el toque de brillo a la presentación.

- Gracias, Finn… - murmuró el menor, azorado – Pero somos un equipo… nadie brilla más que otro.

- Aún así, es una pena que no podrás participar en la competencia nacional… - el chico torció el gesto en desagrado. No deseaba pensar en ello – Y es por eso que ganaremos por ti… Dedicaremos nuestra victoria a ti y a la pequeña que viene en camino.

Un abrazo grupal lo envolvió de improviso y Kurt no pudo reprimir sus lágrimas. Sus amigos eran los mejores.

En cuanto el ensayo acabó, se encaminó a su casillero. Metió un par de libros, y cerró de un golpe la puerta de la taquilla cuando unas conocidas manos lo abrazaron por la espalda.

- ¿Nos vamos, cariño? – la profunda voz de Blaine le cosquilleó la nuca.

- Por supuesto… - se volteó para tomar la mano del moreno – Ten – le entregó las llaves del Navigator y juntos se dirigieron al parqueadero.

Una vez en la consulta obstétrica, esperaron a que los hicieran pasar.

- Kurt, que gusto verte… - saludó el hombre al muchacho, pidiéndole que se sentara - ¿Cómo han ido las cosas? ¿Todo bien?

- Creo que sí… - Blaine le gesticuló disimuladamente, recordándole el episodio vivido en la competencia – Aunque… hace unos días tuve un fuerte dolor… supuse que sería porque acababa de ganar una importante competencia y, pues… la emoción… usted sabe… - divagó.

- Bien, eso puede ser un causante… - estuvo de acuerdo el obstetra – Pero, la razón principal, es que tu bebé está comenzando a prepararse para el parto – declaró, y Kurt sintió un sudor frío cubrirle la frente – Ya sabes que tu embarazo no llegará más allá del séptimo mes, por lo que sentirás seguido esos dolores… No debes asustarte, porque sólo son contracciones preparatorias.

- De acuerdo, supongo – el chico le lanzó una mirada nerviosa al moreno, que no lucía más animado que él.

- Mientras la bebé continúe moviéndose constantemente, no hay de qué preocuparse – lo intentó tranquilizar – Ahora, que tal si pasamos a la camilla.

Como acostumbrara, Kurt se acomodó, levantando su ropa para dejar su vientre al descubierto. La imagen fue bastante clara esta vez, mostrando a un bebé mucho más grande que la última vez.

- Santo cielo… - el castaño oyó susurrar a Blaine, quien miraba la pantalla absorto en la pequeña figura de su bebé – Es… ha crecido mucho – bajó su vista al ojiazul sobre la camilla.

- Por supuesto… - el profesional comenzó su explicación – Está midiendo 32 centímetros, asique está muy cerca de la medida que tendrá al nacer.

- Genial… - la voz del pelinegro era baja y temblorosa, como quien contiene un enorme nudo en la garganta.

El resto de la consulta pasó en un parpadeo, entre las recomendaciones del obstetra y algunas dudas que Kurt deseaba resolver.

- Creo que jamás podría cansarme de ver esa cosa – comentó Blaine, más para sí mismo.

- ¿Hablas del ecógrafo? – dudó el castaño, alzando una ceja, mientras el mayor sostenía la puerta abierta para él. El tibio aire del exterior le revolvió el cabello, arremolinando algunas hojas secas a sus pies.

- Eso… - la mirada miel del chico estaba perdida en un punto muerto – De todas las jodidas cosas que he hecho… y las cagadas monumentales que me han cargado… ésta es la única de la que nunca me arrepentiré… - alzó la mirada, clavándola en las profundidades azules del menor, haciendo que éste se detuviera en mitad de la acera – Ni siquiera puedo sentirme culpable – sonrió el moreno, enseñando su hilera de dientes perfectos – Es lo mejor del mundo.

- Supongo que es igual para mí… aunque no soy del tipo irresponsable… - Kurt se acomodó por quinta vez el pelo, luchando contra la incesante brisa – Y no considero que mi bebé sea una metida de pata… eso suena horrible – sacudió la cabeza ante la idea, sintiéndose abrumado de pronto por la realidad de sus palabras – Blaine… - se posicionó frente al aludido, para captar su completa atención – No podemos decirle esto…

- ¿De qué hablas? – el mayor se rascó la nuca, confundido.

- Ellie no puede saber la verdad de su concepción… - los ojos oceánicos del menor se abrieron en una súplica no dicha – Sería marcarla de por vida como un accidente y… Blaine, sé que la forma en que todo pasó no fue la ideal… ni por asomo… pero creo que de todo, hicimos algo bien y fue este bebé… - Kurt tragó el nudo en su garganta – Debemos contarle una versión mejorada de lo que realmente ocurrió…

- ¿No sería eso mentir? – Blaine tomó ambas manos del castaño y las miró.

- No, no… sólo… - el menor soltó un suspiro frustrado – Omitiremos lo innecesario y lo feo… y le diremos lo que se puede decir y lo bonito.

- Es mentir – insistió el moreno, dándole una sonrisa torcida, sin una pizca de humor – Prometiste no mentir más.

- Lo sé, y lo he hecho… Pero, Blaine me siento pésimo diciéndole a mi hija que sólo fue un revolcón y que sus padres estaban tan borrachos que ni siquiera pueden recordarlo – se exasperó el chico, sintiendo sus ojos arder.

- Okay, sí… tal vez tengas razón – el pelinegro, percatándose de la angustia en las palabras de Kurt, decidió ceder y contenerlo – Buscaremos la mejor forma de narrar la historia sin traumatizarla, ¿de acuerdo?

- De acuerdo – Kurt se aproximó a Blaine por un beso casto, y entonces se subieron al Navigator para marcharse.

Una vez sobre la carretera, Kurt se recostó en el asiento del copiloto, disfrutando de los tenues rayos de sol acariciando su vientre. Como si su bebé también disfrutara de la sensación de calor, dio una patada, removiendo ligeramente la barriga del menor.

- ¿Eso… fue una patada? – preguntó Blaine, quien miraba intermitente entre el camino y el castaño.

- Sí, lo fue… supongo que está feliz – murmuró el ojiazul pasando una mano por el lugar donde la bebé había golpeado - ¿Puedes imaginarla cuando nazca?

- Será hermosa – dijo con convicción.

- Claro que lo será, eso no lo dudo – el castaño lo miró con el mentón alzado en orgullo – Me refería… a su personalidad… Tal vez sea traviesa y súper activa, brincando por todos lados – Kurt rió ante la imagen mental de su pequeña saltando sobre la cama un domingo por la mañana para despertarle – O, puede que sea todo lo contrario… tranquila y reservada, algo madura para su edad… ¿qué piensas?

- Aunque me inclino más por la primera opción… me da igual, sé que será perfecta en todos los sentidos – la sonrisa que le cubrió de oreja a oreja al moreno, no pasó desapercibida para el menor.

- Sí, será perfecta – decretó Kurt, poniendo una mano sobre la del mayor, que reposaba en la palanca de cambios.


¿Hay algo más adorable que este par? No lo creo!

Besos!

XOXO.