Hey! No, no estoy muerta... sólo muy aproblemada con... ya saben... problemas y todo lo que implica ser adulto, madre y esposa!

Pero, hoy les dejaré un capítulo envuelto en azúcar, lleno de amor y todas esas cosas por las que amamos a este par...

Disfrutenlo!


CAPÍTULO 22.

Blaine estaba perdido entre los brazos y la boca de Kurt, sintiéndose con el pecho tan lleno de sentimientos que, a su mente acudieron las únicas dos palabras que se había negado a corresponder hace unas semanas atrás, cuando fueron exteriorizadas por el castaño junto a él.

"Te amo".

Ante la realización de ese hecho, se detuvo en seco. Estaba enamorado de Kurt Hummel, completa y definitivamente.

- ¿Estás bien? – la dulce y suave voz del ojiazul le acarició la mejilla.

- Am… sí… y-yo, sí es sólo… nada – balbuceó incoherente, mientras lo miraba a los ojos, confirmando su amor por el menor. Le besó profundamente, en un intento de demostrarle sin palabras lo mucho que lo amaba, y ¿cómo no hacerlo? Si el chico lo había convertido en padre, además de ser hermoso y compasivo, y tener todas las cualidades para ser el amor de su vida. Blaine sabía que tarde o temprano caería bajo el hechizo de su mirada oceánica y sus labios de cereza, era cuestión de tiempo.

Rápidamente su cabeza comenzó a trazar un plan, pues no pensaba dejar las cosas como estaban. Tal vez necesitaría algo de ayuda, pero sabía exactamente donde conseguirla.

Cuando la tarde cayó, Blaine y Kurt decidieron que era tiempo de dar por terminada su velada en el departamento del moreno.

- Será mejor que lleguemos a tu casa antes de tu toque de queda – se burló el pelinegro, rodando los ojos.

- Pronto dejaré de ser un niño, no te preocupes – le aseguró el castaño, calzándose sus zapatos y tomando su chaqueta.

Durante su viaje de regreso a la casa Hummel, los pensamientos de Blaine estaban revueltos, tratando de asimilar su nuevo descubrimiento, mirando de vez en cuando a Kurt, despejando sus dudas.

Al llegar, Blaine, como se le había hecho costumbre, bajó rápidamente para ayudar a Kurt a bajar también. Caminaron lentamente por el antejardín, tomados de la mano, sonriendo como dos tontos, hasta que llegó la hora de despedirse. Kurt sabía que si tardaba en despedirse, su padre aparecería con la invitación para cenar, por lo que intentó demorarse tanto como le fue posible.

- Am… Kurt, tú… - los ojos del moreno se revolvían inquietos – Tú… ¿podrías decirle a Finn que venga? – el castaño lo miró perplejo, ante su petición – Sí, es que… necesito preguntarle algo… de la clase del otro día…

- ¿Tú, preguntando por cosas de la escuela a mi hermano? – se burló el menor, jugueteando con sus manos enlazadas.

- Sólo llámalo, ¿sí? – Blaine gruñó.

- De acuerdo, espera… - Kurt entró, aun sonriendo, para ir en busca de Finn.

Luego de cinco minutos, Hudson apareció, dándole una mirada escéptica al más bajo, como si supiera sus más íntimos secretos.

- ¿Qué te traes, Anderson? – dijo, en cuanto abrió la boca – Porque nosotros no compartimos clases, y suponiendo que es algo importante, no le mencioné ese detalle a Kurt.

- Gracias… - susurró, poniendo su habitual expresión de arrogancia – No eres tan torpe como los demás dicen.

- Hey, cuida tus palabras… o te daré con la puerta en las narices – advirtió Finn, haciendo ademán de meterse a la casa.

- Okay, lo siento… - farfulló el moreno, pasando las manos por su desordenado pelo negro – Bien, am… Sé que, aunque estoy saliendo con tu hermanastro, no nos llevamos… Yo no te agrado, ni tú a mí, pero…

- No me agradas porque tienes mala reputación – lo corrigió el otro.

- Sí, como sea… - agitó su mano, restando importancia a lo dicho por su cuñado – Lo que necesito es… que tú y los amigos de Kurt me den una mano con algo…

- Tendrás que ser más específico – Finn cruzó los brazos a la altura del pecho.

- Uff… Bien, yo… digamos que quiero hacer esto… que se hace cuando… am… - las palabras no lograban fluir en Blaine, y el más alto comenzaba a impacientarse – Kurt es del tipo romántico… y yo quiero darle eso… quiero que tenga todas esas mierdas cursis que sé que le gustan y, yo no soy precisamente el tipo más romántico del mundo, pero… supongo que ustedes pueden echarme una mano con eso… Y, yo pensaba en que… bueno, ustedes son un coro… y, no es que yo cante mal, digo… Kurt me ha dicho que le gusta como sueno y… yo…

- ¿Quieres… darle una serenata a Kurt? ¿Es eso? – lo interrumpió Finn, siendo incapaz de seguir oyendo el incesante titubeo del moreno.

- Diablos, sí… - gruñó Blaine, algo avergonzado.

- ¿No era más fácil decir eso? – Hudson se encogió de hombros, mientras el pelinegro se miraba los zapatos, conteniendo las ganas de soltar algo ofensivo, arriesgándose a arruinar su plan.

- ¿Me ayudarán? – graznó, sin hacer contacto visual con su cuñado.

- Veré que puedo hacer… y entonces, te avisaré – respondió el más alto, impasible.

- Debe ser antes de San Valentín – pidió – Es… es el día que quiero hacerlo.

- Es lo más cursi del mundo… - Finn contuvo la risa, ante la mirada letal del más bajo – Pero, de seguro, Kurt lo amará, y saldrán corazones de sus ojos.

- Esa es la idea – Blaine lo miró con suficiencia, medio sonriendo.

- Bien, haré todo lo que pueda, porque mi hermano merece eso y mucho más… Tal vez la gente hable mal de ti, pero… has demostrado no ser un completo imbécil – Anderson frunció el ceño – Es un cumplido, relájate – Finn le palmeó un hombro y abrió la puerta – Le diré a Kurt que venga a despedirse.

- Gracias, Hudson – soltó, recibiendo un guiño de parte de su cuñado.

Blaine se dijo a sí mismo que cualquier mal rato valdría la pena, con tal de ver la felicidad adornando el rostro de Kurt; así tuviera que pedirle ayuda al mismísimo Diablo si era necesario, le daría al castaño el mejor día de San Valentín de su vida.

Los ojos curiosos de Kurt aparecieron, gritando las preguntas que aún no salían de su boca, sin embargo el moreno sonrió tranquilamente, eliminando cualquier expresión que pudiera delatar sus secretos planes.

- ¿Todo bien? – soltó, escaneando al pelinegro frente a él – Digo, Finn no fue grosero, ¿o sí?

- No, no… - Blaine agitó las manos en negativa – Yo… creo que debería irme, antes de que tu papá me obligue a quedarme y salga rodando de tu casa – bromeó.

- No puede evitarlo – Kurt se encogió de hombros sonriendo – Le agradas… y aun no descubro porqué – regresó la broma.

- Somos dos – ambos chicos rieron, mirándose como si jamás quisieran alejarse el uno del otro. Blaine se vio forzado a romper la extraña atmosfera entre ellos – Nos… nos vemos mañana, cariño – se acercó a besar al castaño, posicionando suavemente una mano en su nuca y alzándose en las puntas de sus pies para juntar sus labios con los de Kurt en un beso dulce. Luego de separarse, se puso a la altura de su vientre y depositó un beso sobre él. Entonces, con una radiante sonrisa, se marchó.

Ese día, mas tarde, Blaine se tendió sobre su cama, ahora solitaria y fría sin Kurt en ella; pensando en los nuevos descubrimientos que había realizado. Amaba a Kurt, y que alguien lo golpeara si no era así, porque el castaño se le coló debajo de la piel, sólo por ser tal como era; inteligente, con su lengua aguda y sus frases ingeniosas, sus ojos brillantes, reflejando la hermosura de su alma y su rosada boca hecha para besar y amar. Todo en él era tan malditamente perfecto, que el moreno se cuestionó por qué había tardado tanto en caer enamorado como un crío.

Suspiró profundamente, siendo incapaz de reprimir la enorme sonrisa que acudió a él. Rió y se cubrió el rostro con las manos, avergonzado de sí mismo por sentirse así, al mismo tiempo que confirmaba que era la mejor cosa que le había pasado en la vida.

-o-

Finn miró por tercera vez su reloj de muñeca, para luego alzar la vista hacia la puerta, por donde entraba un presuroso Blaine, medio corriendo.

- ¡Lo siento! ¡Vine tan rápido como pude! – se excusó, tomando aire para recuperarse de la carrera – Tenemos al menos cinco minutos, antes de que Kurt se de cuenta que no estoy.

- ¡Genial! – Hudson se volteó a mirar a todo el coro, quienes miraban la escena como meros espectadores – Estuve hablando con los chicos y decidimos ayudarte a darle serenata a mi hermano – Blaine los miró con una sonrisa llena de gratitud – Sólo necesitamos saber el lugar, la hora y que canción has elegido.

- Bien, am… El lugar… es en tu casa y… supongo que temprano, por la mañana, porque tengo otras cosas planeadas para hacer con Kurt el resto del día – pensó un poco – Espero, sinceramente no estar arruinándole el plan a ninguno de ustedes – bromeó, recibiendo algunos murmullos bajos – Y, en cuanto a la canción… Van amarla… - el celular de Blaine vibró en su bolsillo – Mierda… - siseó, sacándolo del bolsillo – Mis cinco minutos se acabaron – se disculpó, encogiéndose de hombros – Te mandaré un mensaje luego para lo de la canción y afinar detalles – dijo a Finn, mientras caminaba hacia la salida, contestando la llamada de Kurt – Hola, cariño… - todos los ocupantes del salón se miraron entre sí.

- Okay, esperaremos su mensaje entonces – habló Finn para terminar el extraño silencio que se había formado luego de la salida del moreno – Y, gracias por venir.

Blaine caminó a prisa por el pasillo, aun con el celular pegado al oído.

- Vamos, sólo fueron cinco minutos – se quejó – No exageres.

- Pero, se suponía que me esperarías fuera de los servicios de chicos – le riñó Kurt del otro lado de la línea - ¿Y si algo me hubiera pasado?

- No ibas a caerte dentro del retrete, ¿o sí? – bromeó Blaine – Ya estoy aquí – el moreno dobló en la esquina, encontrándose con un ofuscado castaño, golpeando el suelo repetidamente con la punta de su zapato y los brazos cruzados sobre el vientre. Una de sus cejas, alzada en un arco perfecto y los labios presionados en una línea, desaparecieron en cuanto vio llegar al pelinegro. Guardó su móvil y soltó un suspiro - ¿Lo ves? Ya estoy aquí – repitió Blaine, tendiéndole una mano para que el menor la tomara.

Aunque dudó por unos segundos, no pudo resistirse al gesto del chico frente a él, terminando por entrelazar sus manos juntas, para dirigirse a la cafetería luego.

- No vuelvas a dejarme solo, por favor – pidió el ojiazul – Aun no olvido el incidente con Karofsky y no me gustaría repetirlo por andar solo por ahí.

- Sí, cariño, lo sé – lo tranquilizó el mayor – No volverás a estar solo, jamás – dijo, intentado mandarle un mensaje entre líneas.

-o-

El día de San Valentín llegó, junto con unos incontenibles nervios que se apoderaron de Blaine. No pudo dormir en toda la noche, sólo dando vueltas en la cama, imaginando las diversas reacciones que pudiera tener Kurt ante su declaración. Cuando casi amanecía, se consoló pensando en que si Kurt había dicho que lo amaba, todo lo demás no debía preocuparle. Al sonar la alarma dos horas después que concilió el sueño, brincó de la cama como un maniático, corriendo a meterse a la ducha. Media hora después, estaba saliendo a toda prisa de su departamento, llamando a Finn, mientras bajaba las escaleras de dos en dos, porque su ansiedad no soportaría la espera del elevador.

- ¿Están todos listos? – preguntó apenas oyó el saludo del otro lado.

- Sí, eso creo – respondió un adormilado Finn, a quien Blaine podía oír desperezándose claramente.

- ¿Eso crees? ¿No están todos listos? Por favor, no me digas que acabas de despertar – el moreno se detuvo en seco frente a su moto.

- Bien, entonces no lo diré – bromeó el más alto.

- Mierda, Hudson… ¡Llevamos una semana planeando esto! – se exaltó el moreno.

- Hey, tranquilo… Todo saldrá bien – le aseguró con una calma que irritaba hasta los huesos al pelinegro.

- Eso espero… Yo ya voy en camino – Blaine se montó en su moto – Nos vemos en quince minutos – aseguró, finalizando la llamada, encendiendo su vehículo y pasándose el casco por la cabeza.

En el camino se debatió entre comprar flores o chocolates, pero finalmente desistió, considerando que sería demasiado cliché, además de que él ya tenía preparado el regalo perfecto para Kurt.

Una vez que llegó, se tranquilizó al descubrir que todo el club Glee estaba en el portal de la casa "Hudmel". Saludó a todos, sintiéndose mucho más nervioso ahora que estaba a sólo minutos de volcar su corazón como jamás lo hizo antes, frente a un montón de gente y también al chico más increíble de la tierra.

Acomodó un teclado, que los chicos habían traído, además de un par de altavoces y un micrófono, todo debajo de la ventana de Kurt. Supuso que, como su relación inició principalmente por las incontables veces que se metió por su ventana, sería más significativo hacerlo así.

Una vez que se sintió preparado para iniciar esta aventura, le hizo una señal a su cuñado, quien encendió los altavoces. Blaine se pasó la semana entera recordando sus lecciones de piano de la infancia, para conseguir que su canción sonara perfecta para la ocasión, por lo que acomodó sus dedos temblorosos sobre las teclas, dando los primeros acordes de la canción, los cuales resonaron por los parlantes a un volumen considerablemente alto, como para que toda la cuadra lo oyera.

- "Qué haría yo sin tu inteligente boca atrayéndome" – cantó el moreno, mirando expectante hacia la ventana – "Y sin ti echándome a patadas… Tengo la cabeza dando vueltas, no es broma, no puedo saber qué es lo que pasa por esa hermosa cabecita"

En el interior, un confundido Kurt se talló los ojos para despertar del todo, y comprobar que no se trataba de un sueño. Él oía a Blaine cantando.

- "Estoy en tu viaje del misterio, y estoy tan mareado, no sé qué me golpeó, pero estaré bien" – continuó el moreno en el exterior, sin apartar la vista de su objetivo.

Kurt se puso en pie, tan rápido como le permitía su embarazo y caminó a la ventana, echando las cortinas a un lado, quedando atónito con la imagen bajo su ventana.

- "Mi cabeza está bajo el agua, pero estoy respirando bien" – el corazón del moreno latió errático al ver el sorprendido rostro pálido de Kurt aparecer en el cristal – "Tú estás loco y yo no estoy en mis cabales" – el castaño alzó la ventana para poder oír mejor la serenata que estaba recibiendo – "Porque todo de mí, ama todo de ti... Ama tus curvas y tus bordes, todas tus perfectas imperfecciones" – el ojiazul había sacado la cabeza al exterior, apoyando sus codos sobre el alfeizar de la ventana. Aunque no entendía muy bien que pasaba, adoraba escuchar a Blaine cantar para él – "Dame todo de ti, y yo te daré todo de mí… Tú eres mi final y mi principio, incluso cuando pierdo, estoy ganando" – los ojos del castaño, inevitablemente se llenaron de lágrimas de emoción y felicidad, por tener frente a él a un hombre tan maravilloso como Blaine, quien siempre sabía cómo sorprenderlo – "Porque te doy todo lo mío, y tú me das todo lo tuyo".

Blaine se sentía tan pleno, que olvidó por completo a las demás personas a su alrededor, centrando toda su atención en Kurt, quien lo miraba con adoración en sus ojos azules y sonreía hermosamente para él, por él.

- "Cuántas veces tengo que decirte que incluso cuando lloras eres todavía hermoso… Si el mundo está tirándote abajo, yo estoy por aquí, pasando por cualquier estado de ánimo" – Blaine presionaba cada tecla con intensidad y cantaba cada frase con pasión, jamás apartando su mirada del castaño – "Tú eres mi perdición, tú eres mi musa, mi peor distracción, mi ritmo y mi blues, que no puedo dejar de cantar, suena en mi cabeza por ti" – el moreno sabía que había dado con la canción correcta, pues ésta describía a la perfección sus sentimientos por el menor y esperaba que el chico también pudiera entenderlo así – "Las cartas sobre la mesa, los dos llevamos corazones, aunque es duro, lo estamos arriesgando todo" – Kurt no retuvo las rebeldes lágrimas que escaparon de sus ojos, porque estaba demasiado absorto en la intensidad con que Blaine interpretaba aquella canción para él, viendo sus ojos sinceros y siguiendo cada movimiento de su boca. Sólo podía confirmar cuando lo amaba.

La canción finalizó, con los coros del club Glee de fondo, aunque para Kurt y Blaine, nadie más existía en el mundo que ellos dos. Si hubo aplausos o no, ellos no podían estar seguros, porque sus oídos no percibían sonido alguno aparte del fuerte latido de sus corazones. Kurt rompió la burbuja en la que se encontraban envueltos, apresurándose a bajar para encontrarse con Blaine. Éste, leyendo las intenciones del castaño, lo imitó, poniéndose en pie y corriendo hacia la puerta de la casa. Se detuvo a medio camino, para mirar al club Glee.

- Gracias… por todo, de verdad – puso sus manos juntas, en un gesto de agradecimiento - ¡Son increíbles!

Y sin añadir más, regresó a su carrera hacia la casa. Esperó impaciente los diez segundos que Kurt tardó en abrir, y cuando la puerta desapareció entre ellos, todo el nerviosismo y las dudas que Blaine había sentido la noche entera, se esfumaron. Se miraron el uno al otro, inseguros de usar las palabras y arruinar el momento, pero Blaine aún tenía mucho para decir, por lo que, antes de que el castaño se adelantara, habló.

- Kurt, yo… - tomó las manos del menor entre las suyas – Yo… te amo, maldición… debí habértelo dicho cuando tu lo hiciste… fui un idiota… Pero, eso ya lo sabías – soltó una risita nerviosa. Kurt sonrió, con los ojos empañados – Eres el chico más increíble que he conocido, y te juro que, aunque muchas veces traté de alejarme de ti, y hacer de cuenta que no existías, nunca pude sacarte de mi cabeza… Desde esa fiesta… ¡Dios… bendito alcohol! De no haber sido por esa jodida fiesta, creo que no estaríamos aquí… y yo no estaría diciendo todo esto… - Kurt quiso interrumpir, pero Blaine continuó hablando – Y, yo sé que te preguntas qué me motivó a cantar bajo tu ventana… y, es que… Simplemente, no podía sólo venir y decirte esto, porque… creo que es la primera vez que realmente estoy enamorado – el moreno rió, sintiéndose cursi - ¡Santo cielo, estoy… tan enamorado de ti!... Sólo… quiero que seas mío para siempre… - los ojos mieles lo miraron con intensidad, suplicantes – Kurt, tú… ¿quieres ser mi novio?

- Pero… lo somos… - susurró el menor, tomado por sorpresa.

- No, yo… hablo de ser novios de verdad, no como… - Kurt no lo dejó terminar su explicación, pues se lanzó hacia el frente, estampando su boca contra la de Blaine, en un beso necesitado y cargado de emociones. Blaine tardó en corresponder. Una vez que la sorpresa desapareció, lo cogió por la cintura y lo metió al interior de la casa, cerrando la puerta tras ellos.

No se detuvo a pensar en lo extraño que sería la escena observada desde afuera, y sabía que todos los amigos de Kurt probablemente los estuvieron observando todo el tiempo, y que ahora los dejó parados y muy confundidos en el jardín. Sin embargo, nada le importaba ahora que tenía a Kurt entre sus brazos, besándolo con pasión… a su novio.

Con mucho esfuerzo llegaron al cuarto de Kurt, sin dejar de besarse. Sus pulmones quemaban, pidiendo oxígeno, por lo que se apartaron, respirando agitadamente y mirándose con los ojos nublados de emociones.

- No puedo creer que todo esto realmente esté pasando… - comentó el castaño, evidentemente conmocionado.

- Créelo, cariño, porque acabo de darte una maldita serenata, y tú acabas de aceptar ser mi novio – bromeó el mayor – Pero… Kurt, yo… no tengo idea de cómo un noviazgo funciona… – confesó, caminando hacia la cama, sentándose en el borde. Kurt lo imitó – Tampoco sé si seré un buen novio, sólo sé que quiero estar contigo, porque ya no puedo alejarme de ti… de ustedes… ¡Mierda, vamos a tener un bebé! ¿Cómo podría estar lejos de ti? – los ojos azules de Kurt rápidamente se llenaron de lágrimas sin derramar, mientras escuchaba a Blaine hablar – Aunque tuviera que poner mi mundo de cabeza, por ustedes… lo haría sin dudar… Con tal de estar a tu lado una vida entera.

- ¡Dios! – los ojos del castaño se rebalsaron y él se abanicó con sus manos – Eres tan cursi… - bromeó, secando la humedad de sus mejillas – Blaine… realmente, te amo – dijo finalmente, como respuesta a todo.

Sin necesitar más conversaciones, Blaine cerró la distancia entre ellos, poniendo una mano en el costado de la cara de Kurt, para besarle con delicadeza, mientras con su pulgar apartaba una solitaria lágrima que caía.

-o-

El viento le revolvía el pelo al castaño, y Kurt no dejaba de reír, mientras Blaine lo observaba como si fuera la primera vez que lo hacía. Tal vez no era el mejor lugar o el más romántico, pero su, ahora novio, lucía plenamente feliz y el corazón del moreno estaba tan henchido de satisfacción por verlo así, que no cabía en su pecho. La rueda de la fortuna giró lentamente, y el asiento doble, subió; sacando una exclamación excitada y nerviosa del chico junto a él, que se aferró a su brazo, como si su vida dependiera de ello. Poco a poco, la vista de la ciudad desde las alturas se extendió frente a ellos, dejándolos contemplar todo el paisaje como una fotografía en alta definición.

- Esto es tan hermoso – comentó el menor, sin soltar su mano – Increíble.

- Tú lo eres más – murmuró Blaine sobre su oído, sacando otra risita nerviosa del ojiazul – Okay, eso fue muy cursi – el moreno se burló de sí mismo, uniéndose a su risa.

- Lo fue… - estuvo de acuerdo – Pero, gracias.

Continuaron contemplando la impresionante vista, hasta que regresaron al suelo, tan lento como subieron.

Un par de algodones de azúcar después, decidieron que su paseo a la feria de juegos había terminado, ya que Kurt en su estado no podía subir a casi ninguna atracción sin lastimarse o al bebé. Regresaron al carro del castaño, bromeando porque el menor aun llevaba restos de algodón rosa en su nariz y mentón, los que Blaine feliz limpió con su boca.

Regresaron a la casa de los Hudmel, encontrándose con todas las luces apagadas. Kurt abrió con su llave, mirando a su alrededor con curiosidad al no ver a nadie.

- ¿Papá? – vociferó, no recibiendo respuesta alguna. Blaine lo detuvo de encender las luces, diciéndole que no necesitaba hacerlo. El moreno cerró la puerta tras de ellos y encaminó a su novio hacia el comedor. Una luz tintineante llegó a los ojos del castaño, haciendo que mirara a su novio, confundido - ¿Qué es esto?

- Shhh… sólo camina y verás – Blaine lo llevó hacia la última sorpresa del día.

Kurt soltó un pequeño jadeo cuando entró al comedor y observó toda la escena. Un sin número de velas iluminaban toda la estancia, incluyendo un elegante candelero en el centro de una mesa perfectamente acomodada para una romántica cena; con cubiertos, copas y platos.

- Blaine… - susurró Kurt, absorto con lo que veían sus ojos – Tú… eres increíble – se giró y lo envolvió en un abrazo.

- Lo sé, lo sé – bromeó – Tu mereces esto, y mucho más – le respondió al oído, para luego mirarlo a los ojos y sellar la velada con un beso de ensueño.

- Te amo – murmuró Kurt.

- Yo te amo más.

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- Kurt, cariño ¿dónde estás? – la voz del moreno sonaba ligeramente preocupada.

- Blaine, estoy en la consulta del obstetra – explicó el castaño - ¿Ya olvidaste que te dije que vendría hoy?

- No, pero creí que sería por la tarde… – Blaine se rascó la nuca, mirando hacia la entrada del instituto – Y que me pedirías acompañarte.

- Lo siento bebé, pero mi papá insistió en traerme… y no pude decirle que no – Kurt se mordió el labio, apenado. Ya casi cumplían un mes de novios y jamás hacían nada separados.

- No te preocupes, yo entiendo – se apresuró en decir el pelinegro al notar la incomodidad de su novio - ¿Nos veremos más tarde? ¿A qué hora llegarás a clases?

- No lo sé – confesó, viendo a su padre que le hacía señas porque ya era su turno – Tengo que cortar, pero te llamaré en cuanto salga de la consulta – se despidió rápidamente – Te amo, bebé.

- Y yo a ti, cariño – la llamada finalizó, y el ojiazul anduvo tan rápido como pudo hacia el interior del lugar, dándole alcance a su padre.

El médico los recibió como siempre, con su amabilidad habitual. Luego de realizar las preguntas de rutina, miró a Kurt con algo más de seriedad.

- Bien, Kurt… como ya estás en la semana 26 y estimamos que te quedan alrededor de dos semanas para darle termino a tu embarazo – comenzó a decir y el estómago del menor se contrajo en anticipación – Yo te recomiendo mantenerte alerta, y lo más tranquilo posible… Estás dos semanas son muy importantes, porque debes detectar las señales de que tu bebé está listo para nacer, ¿de acuerdo? – el chico sólo asintió, con sus ojos muy abiertos – Lo mejor será que estés en casa, presentes una licencia en tu instituto y esperes el momento del parto… - la cabeza del castaño giró vertiginosamente – Yo te daré un documento, para que tu padre pueda llevarlo a tu escuela y así no tengas ningún problema, ¿okay? – incapaz de decir algo más, Kurt volvió a asentir – Así podrás pasar tranquilamente estas dos semanas en casa.

Burt tomó la palabra, preguntando algunos detalles, sin embargo, la mente de Kurt se alejó de allí. Sus manos comenzaron a sudar en cuanto su cerebro procesaba la información recibida. Sólo dos semanas lo separaban de conocer a su hija, de tenerla en sus brazos y jamás soltarla. Pero, el miedo que se negaba a reconocer, lo invadió hasta la punta de sus extremidades. Ciertamente a sus casi 17 años, no estaba preparado para pasar por esta experiencia y todo lo que implicaba traer un niño al mundo. Temía horriblemente ser incapaz de darse cuenta cuando su bebé estuviera lista para nacer. ¿Y qué pasaba si no había señales? ¿Si las dos semanas terminaban y nada ocurría? ¿Si por su torpeza, algo malo le pasaba a su hijita? Jamás se lo perdonaría, y Blaine tampoco.

La presión en su cráneo comenzó a bombear tan fuerte, que podía escuchar su corazón latirle en las orejas. La respiración se le comenzó a dificultar y como si de un televisor apagándose se tratara, los bordes de su visión se oscurecieron hasta que sólo quedó un punto ínfimo de luz en el centro.

Cuando la consciencia regresó a él, se encontraba en su casa, acostado sobre su cama. La luz que entraba por la ventana era tenue, por lo que la confundida cabeza del castaño asumió que era bastante tarde. Una punzada lo envió de regreso a la almohada, después de intentar levantarse. Maldijo para sí mismo y se giró, en busca de su móvil. Éste no estaba en ningún lugar visible. Miró el techo, mientras las paredes dejaban de girar a su alrededor y hasta que se sintió lo suficientemente fuerte para ponerse de pie.

Muy lento, fue enderezándose sobre el acolchado, apoyando un codo, luego sólo su mano, sentándose y respirando pausadamente. ¿Qué le había ocurrido exactamente? Kurt no podía asegurarlo, pero sospechaba que sus nervios le habían jugado una mala pasada en la consulta, logrando que se desmayara. Eso explicaría el chichón punzante en el lado derecho de su cabeza.

Con algo más de calma, se puso de pie, examinando su cuarto en busca de su bolso. Éste yacía colgado en la silla frente a su tocador. Se acercó a él y rebuscó por su celular. El aparato marcaba las 7 en punto, y el menor se maldijo nuevamente cuando vio una cantidad descomunal de mensajes y llamadas perdidas de Blaine. Recordó haber prometido llamarle en cuanto saliera del obstetra.

Presionó el botón de llamar, pero sólo oyó el monótono correo de voz. Suspiró y se prometió llamar luego. El estómago de Kurt gruñó en protesta, y sólo entonces notó que estaba hambriento. Ya en las escaleras, escuchó las voces y algunas risas bajas provenientes del comedor. Se sorprendió al ver a su familia reunida allí, con Blaine sentado junto a su padre, cenando y conversando.

- ¿Hola? – saludó el menor, recibiendo la mirada de todos los ocupantes de la mesa. Blaine, como picado por un rayo, saltó para ir al encuentro de su novio.

- Hola, Kurt – vociferó su padre con una sonrisa – Que bueno que despertaste al fin.

- ¿Qué diablos me dieron? – cuestionó, señalando un pequeño algodón en su brazo, sujeto con cinta – ¿Tranquilizante para elefantes?

- Cariño, ¿Cómo te sientes? – la dulce voz de Blaine captó su atención – Tu padre dijo que te desmayaste.

- No sé, sólo… me duele la cabeza – hizo además de sobarse su chichón.

- Lo hubieras visto… - bromeó Burt, mirando al moreno – Se puso blanco como un fantasma, y eso para Kurt ya es un logro con lo pálido que siempre ha sido – el castaño resopló – Y, de la nada, sólo se desplomó en el suelo… - simuló una caída con su mano chocando contra la mesa – Me dio un susto de muerte… Luego el doctor y yo lo subimos a la camilla, él le revisó el pulso y un montón de cosas, incluso se aseguró que el bebé estuviera bien… - Kurt puso una mano sobre su vientre, aprehensivamente al oír la historia – Pero, dijo que sólo fue una subida de presión y un colapso nervioso – el hombre se encogió de hombros, finalizando su narración.

- ¿Y, era necesario sedarme? – cuestionó el aludido – Eso fue… como a las 9 de la mañana – explicó, algo molesto - ¡Son las 7 de la tarde!

- Tranquilo, amigo – le restó importancia Burt – Mientras estuviste en la ambulancia, te pusieron suero y esas cosas para que no te deshidrataras… - aclaró, sin contentar del todo a su hijo – De eso es el piquete, nadie te sedó.

- Entonces, ¿cómo pude dormir tanto tiempo? – dudó, sintiéndose abrumado.

- Supongo que tenías sueño acumulado – su padre hizo un gesto con su mano para que la pareja se uniera a ellos en la mesa – Ven y come algo, debes estar hambriento.

Arrastrando los pies, el castaño se acomodó junto a su novio, comiendo tanto como fue capaz. Terminando la cena, subió a su cuarto con Blaine.

- Ni siquiera pude ver a Ellie – se reprochó Kurt, sentándose sobre la cama.

- Tu padre lo hizo y aseguró que estaba bien – el moreno intentó tranquilizarlo. Ambos chicos guardaron silencio.

El pequeño Snow apareció desde el baño, brincando al regazo del pelinegro, como acostumbraba últimamente. El chico lo acarició y jugueteó con él.

- Por un momento… - comenzó a decir el castaño, mirando un punto muerto a la distancia – Tuve tanto miedo… - Blaine detuvo su juego con el gato y lo miró con preocupación – El doctor hablaba de muchas cosas y yo sólo podía pensar en que estaba aterrado… - los ojos azules de Kurt subieron para capturar los de su novio – Me quedan dos semanas y no sé cómo voy a… es que, no hay una forma… muy clara de saber cuándo… y si yo no me doy cuenta – los nervios de Kurt estallaron – Se supone que debo sentir cuando ella esté lista, pero ni siquiera sé si yo lo estoy… No lo estoy… No creo que pueda hacer esto y… - los brazos cálidos de Blaine lo rodearon, transmitiéndole la calma que carecía – Blaine, estoy asustado.

- Cariño, es normal tener miedo – el moreno pasó una mano por la espalda del menor, suavemente de ida y vuelta - ¿Crees que yo no estoy asustado? Pero, te conozco… Sé que puedes hacerlo, así de bien como lo has hecho hasta ahora… Soportaste burlas y amenazas… Me soportaste a mí – bromeó, sacando una risita del castaño – Tómalo como tu examen final… ya has aprobado con sobresalientes todas las otras pruebas, esto es sólo un paso más.

Kurt se separó de su novio, para mirarlo a la cara.

- ¿Has pensado en ser orador motivacional? – Blaine resopló, divertido – Serías muy bueno.

- Hmm… sí, claro – el moreno pasó una mano por la mejilla del castaño – No estás solo en esto… ¿de acuerdo?

- Lo sé, bebé – el ojiazul giró su rostro para besar la palma de la mano de su novio.

- Me encanta cuando me dices así… - el pelinegro depositó un beso en sus labios – Es mejor a como me decías antes…

- Blaine… - Kurt lo miró apenado – Realmente, eras insoportable.

- ¿Cómo era? – el mayor puso una mano en su barbilla, recordando – Idiota, ligón, imbécil… delincuente… - rió.

- Jamás te dije delincuente – negó Kurt.

- Pero, lo pensaste – el moreno hizo un gesto – Eres un libro abierto, y siempre he podido ver tus pensamientos… en tus ojos.

-o-

Blaine llegó temprano al instituto, al día siguiente. En el camino, cortó una rosa blanca del jardín, en donde un Gran Danés casi le muerde el trasero; sólo para obsequiársela a su novio, por el mal rato que había vivido ayer. Sin embargo, grande fue su decepción al darse cuenta que Kurt no llegaría a tiempo ese día tampoco. El timbre del inicio de clases sonó y el castaño no aparecía. El moreno llamó a su celular varias veces, pero se encontraba apagado, y permaneció así todo el primer bloque. Cuando la hora de almuerzo llegó, no soportó más su angustia y fue en busca de Finn, desesperado por tener alguna noticia del menor.

- ¿No te lo dijo? – preguntó el jugador, algo confundido – Kurt ya no vendrá más al instituto.

- ¡¿Qué?! – chilló, tomado por sorpresa - ¿Por qué? ¿Qué está mal? ¿Le pasó algo? ¿El bebé está bien?

- ¡Woah! – Hudson puso las manos al frente para frenar la avalancha de preguntas que el moreno estaba haciéndole – Tranquilo, él… Kurt está bien y el bebé también – Blaine soltó el aire contenido en alivio – Pero, el doctor le dijo que debía estar en casa hasta tener al bebé por seguridad, eso es todo.

- No entiendo por qué nadie lo mencionó ayer – cuestionó, más para sí mismo.

- Tal vez, con lo del desmayo, se les olvidó – Finn se encogió de hombros, despreocupado y caminó con su bandeja hacia una mesa.

- Gracias, Finn – murmuró Blaine, recibiendo un asentimiento de cabeza de parte de su cuñado.

El resto de las clases, fueron una tortura para el moreno, quien desde antes de comenzar su noviazgo real con el ojiazul, había comenzado a tomar cada clase en serio, en un intento de superarse y ser un buen ejemplo para su hija; lo cual significaba que ya no podía simplemente fugarse como solía hacer para ir a la casa de su novio y corroborar que todo estuviera bien. No que no confiara en la palabra de su cuñado, pero últimamente era bastante aprehensivo cuando de Kurt se trataba.

Su pie no dejó de dar golpecitos contra el suelo, ni su lápiz de chocar contra la página abierta de su libro de ciencias. La mente del ojimiel volaba lejos, centrándose plenamente en su novio. La clase transcurría lentamente en un segundo plano, sin que al chico le afectara, más que en lo mucho que deseaba que acabase de una buena vez.

La mejor parte de esa tarde, fue el hermoso sonido de la campana que marcaba el final de la hora, que a Blaine le supo a gloria. Sin detenerse por nada, tomó su bolso, metió como pudo los cuadernos y libros, corriendo hacia su motocicleta. Si chocó a alguien por el camino, no pudo parar para disculparse, porque no podía importarle menos.

En tiempo record, ya estaba deteniéndose frente a la puerta de la casa Hudmel, bajando como alma que lleva el diablo y presionando el timbre, casi dañándolo con la intensidad que cargaba.

- ¿Blaine? – saludó un soñoliento Kurt, mirando la hora en su móvil - ¿Cómo llegaste tan rápido aquí? ¿No te saltaste las clases, o sí?

- No, no, cariño… sólo… creo que ignoré un par de semáforos – Blaine se rascó la nuca, avergonzado al notar que había exagerado al preocuparse demasiado - ¿Estás bien? Finn dijo que ya no irás a clases.

- No del todo – murmuró el castaño, cerrando la puerta tras de sí, cuando el pelinegro hubo entrado – Terminaré el año escolar rindiendo exámenes libres y haciendo algunos ensayos escritos… ya sabes… para compensar.

- Oh… - el moreno se acomodó en el sofá, y esperó a que Kurt se le uniera – Será extraño no verte cada mañana…

- Lo sé, también para mí, pero… Debo cuidarme estas dos semanas – el menor se encogió de hombros, resignado – De hecho, mi obstetra me llamó hace un rato para decirme que hay una fecha para la cesárea y…

- ¿Cuándo? – preguntó Blaine, sintiéndose de pronto muy nervioso y emocionado a la vez.

- Exactamente en dos semanas – informó – Será el martes de la subsiguiente semana – los ojos de Kurt se removieron inquietos.

- Hey, no hay nada de qué preocuparse – lo tranquilizó el mayor – Ellos son profesionales y han hecho esto cientos de veces… y aunque, imagino que no es igual en un hombre, ellos sabrán que hacer… Confía en mí.

- Sí, supongo que si me concentro en los exámenes, no pensaré tanto en eso.

- Tienes razón, sólo debes estudiar y, si tú quieres, yo puedo ayudarte después del trabajo, a estudiar también – ofreció, haciendo que Kurt estallara en una carcajada.

- Gracias, bebé… Pero, tus calificaciones son peores que las de Puck… - se burló y Blaine lo miró ofendido – Aun así, me gustaría que estudiáramos juntos, puede ser de ayuda para ti.

- Okay – el moreno torció el gesto, todavía molesto.

- Bebé… sólo era una broma – Kurt le tomó el rostro con ambas manos – Lo siento, no quise… - Blaine no dejó que se siguiera disculpando, pues lo besó.

- Disculpa aceptada – murmuró sobre sus labios, volviendo a besarlo y perdiéndose en el sabor dulce de Kurt y la suavidad de sus gentiles caricias sobre su piel.


Hasta aquí... 6,500 palabras... un gran capítulo que me tomó bastante tiempo, lo sé... pero creo que valió la pena, ya que por fin Blaine confesó lo enamorado que estaba... Y quién no?

Les agradezco a quienes me siguen leyendo, a pesar de mis retrasos y de todo... y a quienes leen sin comentar, gracias también, espero dejen alguna señal para saber quienes me leen.

En fin! Nos leemos pronto (espero) en otro capítulo.