Ya rondaba el medio día y Adrien estaba empapado en sudor frío, pasó ambas manos por su cabello el cual también estaba húmedo, miró hacia la ventana sobre él y se deslumbró con los rayos de sol que atravesaban la ventana, al mismo tiempo atravesaba su mano diestra entre la luz y sus ojos y entonces se dio cuenta que aún estaba temblando, puso su brazo sobre su cara y volvió a quedarse dormido luego de unos minutos.
Volvió a despertar totalmente repuesto luego de una hora más, salió de la habitación y se fue al baño común, tomó una ducha rápida y salió del edificio en busca de sobrevivientes.
Sus rondines tenían rutas diferentes cada vez, así mismo, era más frecuente encontrar akumas nuevos rondando por las calles, él ya no sabía si las personas estaban cayendo en desesperación o si su padre, Gabriel Agreste, o dicho mejor, Hawk Moth, había conseguido controlar el miraculous de la creación y ya podía materializar sus propios akumas; la sola idea lo abrumó, se detuvo en un tejado al sentir un escalofrío recorrer su espalda, erizandole la piel, clavó su mirada en sus pies y luego bajó a nivel de piso, caminó lentamente entre las calles prácticamente vacías, pasó frente a un edificio con paredes de cristal y se detuvo a ver su reflejo; no le gustó lo que vio, estaba más delgado, y su piel se veía claramente pálida, pero lo que más lo sorprendió, fue su mirada, no sabía cómo describirla, quizás triste, ¿vacía? Posiblemente deprimida, quién sabe, la noche anterior había tenido que vérselas con La Marionetista, Manon, la simpática niña que Marinette cuidaba de vez en cuando y con la que había tenido una pequeña sesión de fotos; Chat Noir había tenido que ingeniárselas para huir, sí, tuvo que huir, lo cual le dejaba un terrible sentimiento de futilidad, pero no iba a golpear a una niña, ni tampoco podía purificarla; el gato negro apretó los puños hasta enterrar sus garras en sus palmas de las manos, se volvía a jurar una vez más que encontraría la manera de ayudarlos a todos, con Ladybug, sin Ladybug y a pesar de Ladybug, esta última opción la consideraba muy poco porque entre sus planes no estaba el buscar un reemplazo para Marinette; en su mente se repetía que no cambiaría a la ojiazul, sino que buscaría a alguien que pudiera ayudarlo, no era lo mismo, no sería lo mismo, incluso ya odiaba a la nueva Ladybug. Se miró nuevamente en otra vitrina, en un póster de eau de toilette pour homme de la temporada pasada de Gabriel Agreste, entrecerró los ojos y delató sus fosas nasales con molestia y emitió un pequeño bufido. No era lindo verse "feliz", "fresco" y "guapo", como decía su fotógrafo, al menos no en ese momento de tanta desesperación.
Chat Noir buscaba una tienda de electrónica, específicamente una radio, extensiones y muchas baterías. Quería saber que pasaba fuera de París, y si se decía algo de todo el caos que reinaba en la metrópolis. Caminó con mayor rapidez entre las calles aparentemente vacías hasta que en un esquina se encontró de frente con Cybèle, ¿es que acaso lo seguía? Chat Noir puso ambas manos en la cintura y observó a la muchacha quien tenía los nudillos lastimados, y llevaba extensiones y una caja con una radio.
- ¿Debería llamar a la policía o a una ambulancia, Mlle. Rousseau? - dijo el joven rubio. Cybèle escondió su rostro entre la cosas, se veía apenada y no dijo ni una palabra - ¿va a llevar esto al refugio? Puedo ayudarle con ello, parece pesado. - insinuó el gato levantando una ceja, la joven negó con la cabeza y lo miraba atentamente mientras Chat Noir miraba las gotas de sangre que caían a la acera. De repente, vio como los pies de Cybèle se ponían en movimiento, Chat giró sobre sí mismo y echó a correr cuando se dio cuenta que la joven había emprendido la carrera; no le tomó mucho tiempo darle alcance, él era mucho más rápido y ágil que la pelinegra, cuando se le adelantó, hizo crecer su bastón hasta tocar la punta de la nariz de la chica y esta se detuvo de golpe cayendo sobre sus nalgas - ¿qué esconde Mlle. Rousseau? Usted nunca se ha visto tan nerviosa.
- Yo… nada. - dijo finalmente - Chat Noir no entendía que podría haber robado que sea tan malo, es decir, había ley marcial en toda la ciudad, nadie iba a criticarla por vandalizar. El joven guardó su bastón y le tendió la mano. Ella se puso de pie y entonces Chat vio la realidad, tenía el vestido rasgado y una marca en el cuello.
- ¿Quién… - ni siquiera terminó de hablar cuando la joven levantó la caja como si nada hubiese pasado y le dijo "no importa, de verdad, ni siquiera vale la pena", después de eso sonrió. - al menos dime que no te lastimaron - estaba encolerizado, quizás si no se hubiera detenido a pensar en el pasado, habría podido evitar que lastimaran su presente.
- No lo hicieron. No se que imaginas, pero te aseguro que no fue así. - empezó a caminar fingiendo tranquilidad, la verdad era, que estaba algo adolorida y el joven héroe lo sabía.
Caminó a su lado mientras le quitaba la caja, ella relajó su cuerpo, Chat Noir le pidió que le contara qué había sucedido o se volvería loco. Ella comenzó hablando en voz baja, le comentó que había salido a escondidas luego del desayuno porque había escuchado que uno los refugiados, cuyo nombre era Adrien, decir que necesitaba una radio; Chat Noir se quedó callado, ella continuó su historia hablando vagamente de su relación con el joven hijo del diseñador.
- Él es un buen chico, casi no habla, al menos conmigo y… pensaba que esta sería la ocasión para saber más de él. ¡Pero no lo malinterpretes! - sacudió ambas manos frente a un culpable Chat Noir que no hacía más que escuchar atentamente - Yo solo quiero ayudarlo… él es el hijo unigénito de Gabriel Agreste y supongo que el haberse enterado de que su padre es Hawk Moth, debió haber sido muy duro para él - bajó la mirada y después miró a su acompañante a los ojos - aún así él es valiente, entusiasta; incluso lo he visto salir luego del toque de queda para buscar cosas para el refugio. Admiro su valor y determinación.
Chat Noir sintió sus mejillas sonrojarse, y desvió su mirada hacia la calle. Los edificios daban lástima, estaban abandonados y en muy mal estado, él seguía escuchando a la joven que continuó su historia diciendo que, al llegar a tienda tuvo que romper el vidrio y por eso tenía los nudillos lastimados, y bromeó un poco con llevar guantes la próxima vez; dijo haber tomado todo lo necesario pero que al salir del lugar se dio cuenta que dos jóvenes entre los trece y quince años la seguían, al principio pensó que solo le darían un susto o que querrían quitarle la radio, pero, había más en el lugar de donde ella había sacado el que ahora el rubio llevaba cargado, así que apresuró el paso y al ver que ellos hacían lo mismo, empezó a correr, al dar la vuelta en una esquina uno de ellos la tomó del cabello para detenerla y comenzaron a decirle que una mujer no debía andar sola cuando hay ley marcial, insinuaron ciertas obscenidades que hicieron molestar al del traje negro, en ese momento el que la tenía agarrada por el cabello la aventó contra el piso, provocando que las cosas cayeran esparcidas y fue ahí donde se había raspado ambos codos, el segundo hombre, al cual ella describió como de la altura de Chat Noir, con ojos oscuros y piel latina se acercó a ella diciéndole que pronto se enteraría quienes eran ellos y que le advirtió que se fijará bien en sus caras porque las recordaría por siempre. Para esto, el héroe apretaba fuerte los dedos contra la caja, pero nunca se imaginó escucharla reír a carcajadas y eso sí que atrajo su atención, nunca la había oído reírse esa manera y solo pudo quedársele viendo.
- Nunca he tenido una vida holgada - dijo - nací en una familia muy sencilla, con padres que huyeron de su casa cuando eran muy jóvenes y no tenían ni idea de cómo empezar una vida juntos; así que cuando era una niña, solía ir a ver como entrenaban artes marciales los niños que podían darse esos lujos y llegaba a mi casa a practicarlo por mi cuenta - ella caminaba con un paso muy lento, seguramente debido al dolor, Chat Noir siempre sintió que su padre lo obligaba a practicar deportes y otras artes con tal de tenerle ocupado en algo mientras él trabajaba, pero ahora que escuchaba a su compañera del refugio, la palabra "lujo" había sido como una bofetada con guante blanco para él - sorprendentemente era muy buena - continuó tranquila - tanto que cuando cumplí once, empecé a competir en peleas callejeras y de esa manera aportar dinero para mi casa, mi padre y mi madre ya habían terminado sus estudios y créeme que con mucho esfuerzo, así que todo iba mejorando para nosotros. A los doce, entré por primera vez a un doujo y a los trece ya tenía una beca y era seleccionada juvenil…
- Así que, quienes se enteraron quién eras tú, fueron ellos y por eso estás toda golpeada - resumió el parándose frente a ella con una sonrisa triste - ¿no le temes al dolor? - preguntó a sabiendas que la respuesta era lógica. Ella removió su cabello suelto - además, no dejas de ser una dama.
Cybèle se miró, no recordaba cómo se sentía el dolor, pero era definitivo que lo último a lo que temía era luchar.
- La verdad es que tenía años sin recibir un golpe sin mis protecciones - rió amablemente - hay veces en las que no puedes escapar de la realidad y debes enfrentarlo. Y sí, tuve mucho miedo - finalizó con pena.
Caminaron hasta la entrada del edificio y el joven héroe ayudó a Cybèle a llevar todo hasta la puerta de la planta donde estaban todos refugiados, entonces se despidió de él.
- Gracias por ayudarme Chat Noir - dijo ella y después bajó la mirada como buscando como decir lo que pensaba - ammm… ¿cómo decirlo? Yo estoy segura que Ladybug regresará. - sonrió con pena - nunca dudes que haces un excelente trabajo.
Chat Noir abrió los ojos con sorpresa y luego bajó sus orejas en señal de tristeza "eso espero" dijo apenas en un susurro y salió por la ventana del edificio para perderse de vista y después entrar por la ventana que él siempre mantenía abierta.
