Hola a todos... Iba a subir este capítulo ayer, pero por temas de salud, pasé el día en el hospital... Pero, bueno... aquí está uno de los capítulos más esperados de esta historia... Disfruten!
CAPÍTULO 24.
La mente del joven Kurt estaba desenfocada, llena de temor y angustia, mientras soportaba valientemente cada punzada de dolor que arremetía contra su cuerpo. Sus nervios estaban destrozados al no ver a Blaine por ninguna parte. Sólo veía paramédicos y enfermeros, que lo revisaban cada minuto y le preguntaban cosas que su cabeza no llegaba a procesar. Un pitido incesante se había apoderado de sus oídos, aislándolo del sonido exterior, causándole una migraña. Su agitada respiración se mantenía superficial, para amortiguar el agudo pinchazo que atormentaba su vientre bajo cada cinco minutos. Sus músculos temblaron, cuando lo acomodaron en una camilla con sábanas blancas y estériles, dentro de una sala preparatoria. En breve, estaría metido en un quirófano, completamente solo. Aquello lo aterraba sobremanera. Kurt deseaba que Blaine estuviera a su lado, pero él no aparecía aún.
Junto a su camilla, una pantalla monitoreaba los latidos del castaño y los del bebé, asegurándose que todo estuviera bien, mientras preparaban el pabellón para realizar la cesárea, por medio de la cual, traería al mundo a su hija. La primera cara familiar que entró por la puerta, fue la de su padre, vestido con un sobretodo de color celeste, al igual que la gorra y mascarilla que traía puesta. Kurt creyó oírlo bromear al respecto, pero el ensordecedor pitido no le permitía percibir más que ruido blanco. La siguiente persona en entrar, fue su obstetra, quien portaba una ficha en su mano, la cual leía con atención.
- Creo que fue un error posponer tu cirugía, de todos modos – comentó muy cerca de Kurt, logrando éste oírle. Sin embargo, no fue capaz de decir nada, debido al dolor – El anestesista vendrá enseguida, para sedarte y llevarte al quirófano – el hombre, con una calma que a Kurt comenzaba a irritarle, le guiñó un ojo, mientras observaba el monitor de latidos.
De improviso, la puerta de la sala de Kurt dio un azote al abrirse violentamente.
- ¡Kurt! – vociferó la exaltada voz de Blaine, haciendo que el menor suspirara aliviado. Él estaba allí - ¡Kurt, cariño!
- Blaine, con un demonio… - se quejó el ojiazul, forzándose a escupir las palabras – ¿Dónde diablos… te habías metido?
- Lo siento, cariño… - el moreno se acercó a su novio y tomó una de sus manos entre las suyas, besando sus nudillos – Me quitaron el móvil, en medio de un examen… te juro que vine tan rápido como pude… Lo juro…
- Am… ¿Disculpe? – el obstetra llamó la atención de Blaine, con una expresión algo molesta por la brusca irrupción del pelinegro – Debe ir a cambiarse, si quiere estar aquí – le señaló a Burt, quien parecía un cirujano en las ropas que traía puestas.
- Sí, sí… lo siento – se disculpó, dándole un beso en la frente a Kurt, y encaminándose junto al profesional, hacia el lugar indicado – Vendré en seguida, ¿sí? – el chico sólo pudo asentir.
El anestesista entró dos minutos después, pidiéndole al menor que se sentara. Armándose de toda la fuerza que le quedaba, el chico se acomodó, sentándose con los pies colgando de la camilla. Fue increíblemente doloroso soportar las contracciones en esa nueva posición, que, al parecer, incrementaba el dolor. Ni siquiera notó el pinchazo en la base de su columna, hasta que un hormigueo le recorrió la pelvis, adormeciendo y desapareciendo las insoportables punzadas en su vientre, reduciéndolas a una ligera molestia.
Kurt casi sonrió al dejar de sentir aquel sufrimiento, tentado a cuestionar audiblemente por qué no lo habían anestesiado en cuanto llegó. Con la nueva sensación, el chico se relajó un poco en la camilla, al tiempo que los enfermeros quitaban el freno de las ruedas y arrastraban la camilla fuera de la sala de preparación, en dirección al quirófano.
Ahora que el castaño no sentía dolor alguno, un aplastante temor lo recorrió. Sería cortado y abierto, para que le sacaran a su hija. La imagen mental era abrumadora y el ojiazul sintió que le faltaba el aire. Blaine apareció a su lado, de algún lugar desconocido para el menor, tomando su sudorosa mano y mirándolo con todo el amor del mundo, infundiéndole la tranquilidad que le faltaba.
- Todo estará bien – le susurró, con la voz amortiguada por la mascarilla que portaba – Yo estaré contigo en todo momento, no voy a dejarte solo.
Pero, las palabras de Blaine no pudieron hacerse realidad, pues en cuanto llegaron al pabellón, fue apartado para realizar la cirugía. Kurt se sintió solo de nuevo, y tan mareado por todo lo que estaba pasando, que temía desmayarse en cualquier momento.
El enorme foco de luz sobre él, lo enceguecía y le calentaba las mejillas. Su cuerpo fue sacudido, en tanto el castaño yacía tan tranquilo como podía estar en su situación, mirando el techo blanco del lugar. Sabía que los doctores estaban trabajando en su vientre, sin embargo, prefirió centrarse en algo más. Los minutos pasaron como si fueran horas; las extremidades del muchacho se entumecieron y el aire seguía faltándole. Mató el tiempo, esforzándose en regularizar su respiración, ahora que podía inhalar profundamente.
Entonces, la magia vino cuando un tembloroso y agudo llanto rompió el ligero silencio de la sala.
- ¿Hora? – pidió el médico.
- Son las 10:50 de la noche… - comenzó a citar una enfermera – …del 28 de Marzo.
Los ojos azules de Kurt se abrieron en sorpresa y anticipación. Su corazón se contrajo en pura felicidad, sintiéndose lleno de emociones, que se desbordaron en lágrimas. Una joven enfermera se aproximó a él, con un pequeño bulto envuelto en una sábana verde. Le quitó el paño del rostro, dejando ver a la diminuta criatura, que lloraba, aferrándose a la vida, en busca del primer contacto con su progenitor. La mujer acomodó a la pequeña bebé sobre el pecho de Kurt, quien la recibió dichoso, esforzándose por controlar su llanto, para ver al milagro de su vida.
La niña se calmó en cuanto sintió el calor y olor de su padre, siendo arrullada por éste. Los ojos azules de Kurt conectaron con los de su hija, logrando que el resto del mundo dejara de existir a su alrededor. Ella era todo lo que el castaño necesitaba en su vida, y aunque jamás buscó ser padre a los 17 años, nunca podría arrepentirse de nada, porque aquellas locuras, lo había llevado a conocer al segundo amor de su vida.
- Hola, bebé… - le susurró – Yo soy tu papá… - la pequeña envolvió el dedo pulgar de Kurt con su mano, apretándolo – Y te amo.
Por fin podía verla. Su hija. Su Elizabeth.
-o-
Blaine se paseaba, impaciente y nervioso, jugueteando con uno de los ridículos guantes que le forzaron a usar. No entendía para qué se había enfundado en semejante pinta, si ni siquiera podía estar junto a su novio ahora. Sin embargo, nada de eso importó, cuando un particular llanto cortó toda línea de pensamiento que el moreno pudiera tener. Era el llanto de su hija, el cual le infló el pecho al pelinegro, haciéndolo sentir invencible. Estuvo tentado a entrar, irrumpiendo en el quirófano, pero se contuvo ante la idea de que lo vetaran de la clínica por causar escándalo.
Burt, quien se paseaba tanto como él, a su lado, soltó un jadeo al escuchar a su nieta, mirando las puertas del pabellón con la ansiedad pintando todo su rostro. Ambos hombres se miraron con la sonrisa más grande del mundo, para luego abrazarse, emocionados.
Una enfermera salió a darle la noticia de que la bebé ya había nacido y que se encontraba en perfectas condiciones, al igual que su padre.
- ¿Podemos verla? – pidió Blaine, incapaz de contenerse por más tiempo.
- Por supuesto, síganme – los hombres siguieron a la enfermera, que los llevó por un pasillo, llegando a una sala con varias cunas acomodadas en el interior, en su mayoría vacías – Por aquí – indicó una cuna, en donde otra enfermera estaba terminando de vestir y acomodar a la pequeña bebé.
- Oh, Dios mío… - susurró Blaine, sin apartar la mirada cristalizada del diminuto cuerpo de su hija – Es tan hermosa…
- Sí que lo es – estuvo de acuerdo Burt a su lado.
- Pero, ¿por qué tienen que ponerle todo eso? – preguntó Blaine, señalando un par de tubos que conectaban a su nariz con un respirador artificial.
- Eso es porque la bebé ha nacido antes de que sus pulmones terminaran de madurar – explicó la mujer con amabilidad – Por lo que tendrá que estar conectada al respirador, hasta que sea capaz de respirar por sí misma – la mirada confundida de Blaine viajó desde la enfermera, al frágil cuerpo de su bebé.
- Eso quiere decir que… ¿No podremos llevarla a casa aún? – dudó Burt.
- Lamento decirle que no – confirmó la mujer, haciendo que el semblante de ambos hombres decayera notoriamente – Lo siento, pero es lo mejor para el bebé.
- Entiendo – Burt le dio una palmada en el hombro a Blaine, sacándolo de su ensimismamiento.
- Aun así, pueden pasar tanto tiempo como quieran con la pequeña – los animó – Mientras terminan de operar al padre y se recupera.
Blaine caminó con pies de plomo hacia la incubadora que contenía a su hija, mirándola como si se tratara del cristal más delicado del mundo, que podría romperse con sólo mirarla demasiado. A través de las mangas incluidas, se aproximó a la rosada mejilla del bebé y la acarició lentamente, sintiendo como esa pequeña niña, se robaba su corazón por completo.
- Hola Ellie… - susurró el moreno, con una gran sonrisa de orgullo y las lágrimas resbalándole por la cara – Yo soy tu papi… Y, creo que ya te amo – rió ligeramente.
-o-
Carole, Burt y Blaine se encaminaban ansiosamente a la sala donde Kurt se encontraba aun recuperándose de la cirugía. El día anterior, había estado profundamente sedado y decidieron dejarlo descansar, considerando todo lo que el chico había vivido ese día. Blaine entró primero, viendo al castaño sentado, vistiendo una bata blanca y luciendo unas hermosas ojeras bajo sus ojos cansados. Junto a su cama, una cuna con su bebé, aun conectada al respirador artificial. El día estaba soleado y la luz que entraba por las ventanas, lograba darles un aspecto angelical a Kurt y a su bebé.
- Hola, cariño – saludó Blaine, acercándose a su novio, mirándolo con adoración.
- Hola – susurró apenas, exhausto.
- ¿Cómo te sientes? – se aventuró a preguntar el chico.
- Como si acabara de salir de una trituradora – bromeó – Pero, sobreviviré… Todos lo hacen.
- Ese es mi novio – Blaine depositó un corto beso en sus labios resecos, acariciando su mejilla pálida – Eres increíble.
Luego de algunos mimos más, y de que Burt se aclarara la garganta sonoramente, sólo para molestarlos, Blaine se puso de pie, dándoles lugar a sus padres de saludar a Kurt.
El moreno centró su atención en su hija, que dormía tranquilamente, perdiéndose en los rítmicos movimientos de su pecho con cada respiración. Las largas pestañas le acariciaban las mejillas sonrojadas, y Blaine pudo notar que la pelusilla que le cubría la cabeza, era del color exacto que Kurt tenía. Castaño. Observó largo rato cada minúsculo gesto que hacía la pequeña, hipnotizado por lo mucho que la niña se parecía a él. Podía identificar la forma de su propia nariz en ella, y su boca.
- ¿Blaine? – la dulce voz de Kurt le hizo alzar la vista. Él caminó hacia su novio, sentándose en el borde de la camilla – Sólo… quería decirte que… Independiente de cómo fueron las cosas entre nosotros – Kurt cuidó que sus palabras no revelaran demasiado, ya que estaban frente a su padre – Tú eres el único padre de Ellie…
Blaine sintió su corazón latir con fuerza, antes de inclinarse para besar a Kurt.
- Te amo – le susurró una vez que se separaron.
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Dos días después, Kurt ya podía ponerse de pie, con algo de dificultad y dolor, pero lo hacía. Caminaba lento y cuidando cada paso que daba, porque hasta el más mínimo movimiento se incrementaba en su abdomen, al tener un gran corte. El médico a cargo había emitido el alta, y su padre junto a su novio vinieron por él para llevarlo a casa. Sin embargo, el castaño no deseaba irse, y no precisamente porque la estadía fuera agradable, sino porque, por motivos de fuerza mayor, su hija debía quedarse por lo menos por tres semanas más y eso estaba partiéndole el corazón en dos. No se sentía capaz de dejar a su pequeña bebé recién nacida sola. Blaine le aseguró que él estaría con ella, para que Kurt pudiera ir a casa y descansar, argumentando que el ojiazul se había llevado la parte más dura de todo esto y que merecía dormir, al menos, doce horas seguidas para recuperarse.
Aun así, Kurt no se sentía satisfecho. Al contrario, una vocecilla interna lo acusaba por abandonar a Ellie en ese lugar, a cambio de suplir sus necesidades egoístas.
- Cariño, ¿estás listo para irnos? – la profunda voz de Blaine, lo sacó de su burbuja de pensamientos.
- No lo sé, no quisiera irme y dejarla aquí… así – confesó Kurt, sintiendo que las lágrimas acudían a sus ojos.
- Kurt, ya hablamos de esto… - el moreno se acercó a su novio, buscando consolarlo – Ellie necesita continuar con el respirador… Y tú acabas de ser operado y estás cansado… debes ir a casa, dormir… Ella te necesita bien y no luciendo como un zombi – bromeó, haciendo que el menor se espantara.
- ¿Tan mal me veo? – Blaine arrugó la nariz, asintiendo - ¿De verdad? – se escandalizó, rebuscando por algo que le mostrara su reflejo.
- Cariño, es una broma… - lo detuvo de su frenética búsqueda – Eres hermoso, aun con esas ojeras y el cabello sin peinar, pero… sabes a lo que me refiero – lo sostuvo por los hombros para que el ojiazul lo mirara – Yo la cuidaré, me quedaré con ella en las noches… Te mandaré fotos y hablaremos por teléfono tanto como lo necesites… Pero, debes ir a casa y descansar – sentenció la última frase, no dando lugar a discusión.
- Okay – susurró Kurt, sintiendo que sus ojos picaban nuevamente – Sólo… no te alejes de tu móvil.
- No lo haré, cariño – prometió, besándolo cortamente en los labios – Confía en mí.
El camino de regreso a casa fue una de las pruebas más difíciles que Kurt tuvo que enfrentar, después del parto. Se sentía vacío y dolorido; como si le hubieran arrancado a su bebé de las entrañas y no fuera a verla jamás. Tal vez lloró en silencio, aprovechando que viajaba en el asiento trasero. Y quizá su padre lo notara, pero no hiciera ningún comentario al respecto, porque de alguna forma comprendía parte del complejo proceso que Kurt estaba pasando.
Burt ayudó a su atormentado muchacho a bajar del carro, casi tentado a cargarlo hasta el pórtico, pero se contuvo, ante la mirada ausente de Kurt. Al entrar, el castaño quiso salir corriendo. Todo el mundo estaba en la sala de su casa, esperando su llegada como si de una celebridad se tratara. En su interior sabía que ellos sólo querían darle su apoyo, porque lo querían y eran sus amigos, pero en ese momento, el ojiazul no tenía cabeza para pensar en celebrar nada, pues no estaba de ánimos y no sentía que hubiera reales motivos para hacerlo. Aun así, conteniendo sus ganas de correrlos a todos, les agradeció su preocupación y la molestia de visitarlo. Dio las gracias también por los obsequios que algunos habían traído para Ellie, explicando que no vendría a casa hasta dentro de tres semanas más. Cuando sus amigos comprendieron el extraño estado anímico de Kurt, optaron inteligentemente por marcharse, dándole sus mejores deseos y palabras de aliento.
La tercera prueba, vino cuando entró a su cuarto.
Sabía que debía estar agradecido de que todo hubiera resultado bien. Su obstetra le había advertido de las probabilidades, y que no todos los embarazos masculinos llegaban a término, y él lo logró. Su bebé estaba sana y bien cuidada en la clínica, con el cuidado permanente de Blaine. Sin embargo, contemplar la imagen de la cuna de madera blanca junto a su cama, y los diversos artículos de bebé dentro, lo hundieron en un hoyo anímico. En cuestión de segundos, se sintió abrumado por la falta de su bebé. Ya no la tenía dentro, pateándole y haciéndose presente. Y la realización en su mente de que jamás volverían a estar tan juntos como lo estaban antes de esa semana, llegó a él, y lo golpeó en la cara.
Se recostó con dificultad y se arropó hasta que su cabeza quedó totalmente cubierta. Entonces, lloró; vaciando todas las emociones contenidas en su alma y en su corazón. Cuando se sintió más liviano, se durmió profundamente.
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Los días pasaron lentamente, mientras Kurt se recuperaba y la inflamación propia del post parto desaparecía. Ahora podía caminar con normalidad, al menos por la casa; las escaleras ya no eran una tortura, las duchas eran placenteras y dormir también. Blaine le reportaba sagradamente cada dos horas la condición de su bebé, enviándole fotos como lo había prometido y contestando todas las llamadas que Kurt hacía.
Sin embargo, deseaba ver a su hija en realidad, y no a través de la pantalla de su celular, por lo que encarecidamente le pidió a Burt que lo llevara al hospital, y así darle un descanso a Blaine, ahora que él ya se sentía mucho más recuperado de la operación.
El mecánico golpeó la puerta del dormitorio de su hijo con los nudillos, esperando recibir la confirmación de Kurt para entrar.
- Pasa, papá… - autorizó, con la ansiedad tiñendo su voz.
- ¿Cómo te sientes, chico? – preguntó, caminando con su andar torpe, hasta sentarse frente a él en la cama.
- Estoy bien – aseguró – Lo suficiente como para ir al hospital.
- Si tú lo dices… - el hombre rió suavemente – La extrañas mucho, ¿cierto?
- Más que a nada en el mundo… - la angustia abordó al muchacho, quebrándose al hablar – Sólo la tuve conmigo unos días, pero… Siento que ya no puedo vivir sin ella…
- Lo sé, entiendo lo que sientes… - Burt le palmeó el muslo – Pero, antes… quiero preguntarte algo… - Kurt se mantuvo tranquilo, mientras asentía atento - ¿Qué quisiste decir, cuando le dijiste a Blaine que, independiente de como hayan sido las cosas entre ustedes, él es el único padre de Ellie? – recitó de memoria lo que había escuchado de boca de su hijo hace unos días.
- Yo… am… - el castaño se aclaró la garganta, sintiéndose profundamente incómodo – Es… es porque… bueno tu sabes que Blaine no es…
- No, Kurt… no lo sé – lo interrumpió su padre, al oír su tartamudeo nervioso – Porque, si me dices que Blaine no es el padre, puedo entenderlo… Pero, eso no significa que no haya un padre real de Ellie, ¿o sí? – cuestionó – Hijo, creo que, a estas alturas, ya da igual… Vamos, sólo dime… ¿Quién es el padre?
- Er… ¡Rayos! – siseó el chico, sintiéndose atrapado – Cr-creo que… tienes razón… qué más da – comentó más para sí mismo – Sólo… sólo prométeme que no vas a pesar mal de mí – pidió, arrugando el rostro en un gesto avergonzado – O que, lo que te diga, cambiará la imagen que tienes de mí, o de Blaine – Burt asintió sólo una vez, con firmeza. Kurt podía confiar en que las cosas, en este punto, no podía echarse a perder – Hmmm… bien – el castaño tomó una bocanada de aire, infundiéndose valor, antes de hablar – Conocí a Blaine en una fiesta… - inició, logrando que el ceño de su padre se frunciera al instante – La típica fiesta que Santana hace en su casa al inicio del curso… - explicó – Yo fui con mis amigas del Glee, y con Puck… Bailamos y… bebimos – casi susurró la última palabra, bajando la mirada, apenado – Y, tú sabes que yo jamás he bebido, pero… no lo sé… me dejé llevar y lo hice – se encogió de hombros, sintiéndose tonto – Blaine y yo bailamos, aunque no sé cómo terminamos bailando juntos – soltó una risa, pero se detuvo en cuanto vio la expresión de su padre.
- Seguramente porque estabas demasiado ebrio – ironizó el hombre.
- Sí, tal vez… - reconoció el ojiazul – Y, fue por el mismo motivo que… lo demás pasó – decidió obviar los detalles, para evitarle un problema cardiaco a su padre – Yo… realmente, nunca quise que nada de eso pasara, pero… no estaba en mis cinco sentidos… - volvió a bajar la mirada – Sólo bastó eso para que la vida se me volviera patas arriba… Yo aún estaba de novio con Sebastian, pero casi no nos veíamos… y el instituto, los ensayos con el coro… entonces comenzaron los primeros síntomas y… descubrí que estaba embarazado – Kurt revivió en tiempo record un mar de emociones dentro de su cabeza, por lo que hizo una pausa para ordenar las ideas, antes de continuar – Desde el principio, siempre supe que el padre era Blaine, porque simplemente no habían posibilidades de que Sebastian lo fuera… - su voz se apagó, otra vez sintiendo que faltaba a su lealtad como hijo.
- ¿Porque tú y Sebastian ya se acostaban, pero dejaron de hacerlo cuando él se encerró en esa escuela? – dijo, más afirmando que preguntando.
- Algo así… - Kurt miró a su padre, con la mirada cristalizada - Dios, papá… es por esto que no podía decírtelo… yo… me sentía fatal, porque había muchas cosas que sabía que tú no aprobarías, y que estaban mal… De verdad, lo siento…
- Kurt, yo lo sé… - lo frenó el mayor – Y creo que ya tuviste suficiente expiación de pecados este último tiempo.
- Supongo… - luego de una breve pausa, continuó – Contarle a Blaine de mi embarazo, jamás estuvo en mis planes… Pero, ese chico es… la persona más persistente que he conocido… y, aunque yo no lo deseaba, él se enteró, porque encontró las imágenes de las ecografías que me había hecho para confirmar el embarazo… - Kurt, inevitablemente sonrió – Él sólo enloqueció… y, luego lo tuve orbitando a mi alrededor, asegurándome que él era el padre del bebé… - el castaño suspiró melancólico – Blaine siempre lo presintió y nunca se rindió… a veces me siento culpable por intentar alejarme de él… y negar cualquier posibilidad de que fuera el padre… Fui un total cretino con él – Burt le pasó una mano por el hombro, reconfortándolo – Sebastian también creyó ser el padre, y yo no sabía qué hacer, cometí errores e hice estupideces, asustado de quedar expuesto como lo que era, un adolescente irresponsable… Seb intentó hablar con sus padres, y todo resultó un desastre… terminamos nuestra relación porque ellos fueron groseros conmigo y él no fue capaz de defenderme… O, tal vez, yo sólo buscaba una excusa para cortar con él porque la culpa no me dejaba dormir en paz… Realmente, descansé al no tener que pretender delante de él, ni tener que hablar a escondidas con Blaine, que para ese entonces, se había vuelto una pieza importante en mi vida sin darme cuenta… él sólo… siempre estaba ahí cuando algo pasaba, si me sentía mal, si necesitaba apoyo… o si estaba triste… Blaine lograba distraerme de mis problemas, sacarme una sonrisa… - haciendo eco de sus palabras, el chico sonrió ampliamente – No digo que siempre todo fuera felicidad, pues… por mi afán de ocultar toda relación con él, acabábamos discutiendo… él sólo quería decirle al mundo entero que el bebé que yo esperaba era de él… Yo no podía vivir con eso… - se contuvo de decir que su actual novio era considerado un perfecto delincuente por todo el instituto, además de un casanova – Sentía que todos me juzgarían, porque conocieron a Sebastian y fueron parte de mi noviazgo con él, y si yo, simplemente aparecía con otro chico a días de haber roto mi relación, además de anunciar que esperaba un bebé de él… No había manera de que eso pasara… Pero, nunca conté con que me terminaría enamorando de Blaine, ni él de mi… Somos tan diferentes, como polos opuestos… sin embargo, aquí estamos… - con los ojos anegados en lágrimas, Kurt alzó la vista, para encontrarse con los verdes ojos de su padre – Porque él no se dio por vencido conmigo.
- Es… es una historia complicada, en realidad – comentó el hombre, asintiendo con la cabeza – Entiendo tu predicamento.
- Por eso no quise decirte la verdad, ni a nadie… - reconoció con pesar – Sabía que estaba mal, y yo mismo me reprochaba muchas cosas… No deseaba decepcionarte, aunque de todos modos lo hice.
- Hijo, tú no eres perfecto… como nadie lo es, tampoco – lo reconfortó – Todos cometemos errores alguna vez, de distinta manera, algunos más grandes que otros… Sin embargo, tu hiciste lo correcto… tal vez tardaste, pero yo fui testigo de cómo finalmente le confesaste la verdad a Sebastian, y también reconociste la paternidad de Blaine… - Kurt sorbió su llanto – Y, estar con él… es la mejor decisión que has tomado… Es un buen chico y eso lo pude notar desde la primera vez que lo vi… él te ama, te hace feliz… y juntos serán buenos padres…
- ¿Tú crees? – consultó el ojiazul, con un hilo de voz.
- Kurt, ya no puedes arreglar el pasado… las cosas que hiciste, se quedarán así – continuó Burt – Pero, tienes una pizarra completamente en blanco para trazar un futuro, ahora que has aprendido de lo que ya viviste… Tomen la sabiduría que han adquirido y decidan lo mejor para ustedes.
- Gracias por entenderme siempre, papá – el muchacho se lanzó con delicadeza a los brazos de su padre, que lo envolvieron fraternalmente, acariciándole la espalda, mientras Kurt lloraba en su hombro – Eres el mejor.
- Tú serás mejor que yo – aseguró el mayor, limpiándole las lágrimas de las mejillas a su hijo.
-o-
Media hora después, padre e hijo estaban sentados en el carro de Burt, camino a la clínica. Kurt marcaba el número de su novio, para avisarle que en breve estarían allí, mientras el hombre buscaba una estación de radio decente.
- Cariño, ¿cómo estás? – saludó Blaine al instante en que contestó.
- Bien, yo… voy a ver a Ellie – dijo, esperando la reacción de Blaine.
- ¿Vienes aquí? – dudó – Cariño, tú deberías estar descansando en casa y lo sabes.
- Bebé, no puedo pasar un minuto más en casa, sabiendo que mi hija me necesita – se esforzó en no transmitir su frustración a través de su voz – Y yo… yo la necesito a ella… y a ti… Quiero verlos… no puedes regañarme por eso.
- No lo haré, cariño – el tono del moreno se suavizó – Te estaremos esperando.
- Gracias.
Kurt finalizó la llamada con un suspiro melancólico. Extrañaba sentir el calor y contacto de su novio, además de verlo sonreír. También extrañaba ver a Ellie, mirarla dormir tranquilamente, apreciar sus pequeños movimientos, su olor… Anhelaba tenerlos a ambos.
Tardó más de lo esperado en llegar a la habitación donde estaba su hija, pues aun no podía moverse tan rápido, por su cesárea sin cicatrizar. Abrió la puerta con el corazón latiéndole rápidamente, ansioso de volver a encontrarse con su pequeña familia de tres.
- Hola, cariño… – Blaine se acercó a su novio, besándolo y dándole una apreciativa mirada, ahora que volvía a usar su ropa habitual, o al menos, algunas de ellas, con cierto porcentaje de elasticidad – T-te ves… increíble… - los ojos mieles del moreno no se apartaron del ojiazul, mientras éste andaba hacia la incubadora, para ver a su hija.
- ¿Cómo han estado? – preguntó Kurt, sin despegar la mirada de su bebé, que comenzaba a despertarse en ese preciso momento.
- Extrañándote… - confesó el mayor, aproximándose a Kurt y envolviendo desde atrás, sus brazos alrededor de la cintura del castaño.
- Eso veo… Mira… - señaló a su hija – Es-está abriendo sus ojos…
- Te sorprenderá ver esto – comentó Blaine, llamando la atención de Kurt, quien se acercó aún más a su bebé. La pequeña se removió un poco, meciendo sus manos descoordinadamente, antes de que finalmente sus ojos se abrieran del todo.
- Es increíble… - susurró Kurt, al notar que su hija, además de tener su mismo color de cabello, también poseía unos hermosos ojos azules, como él.
- Es una copia en miniatura de ti, cariño – se burló el moreno a sus espaldas.
- No, yo no… ella tiene tu nariz… - se adelantó en decir – También tiene tu boca… y, podría jurar que sus cejas serán triangulares…
- Sí, como no – bromeó el mayor – Ella es tan hermosa como tú…
- Por supuesto que es hermosa, pero… ella tiene tus facciones – insistió el menor – De mí solo tiene el color de pelo y de ojos…
- Kurt… - Blaine volteó al castaño para que lo viera a los ojos – No me importa si se parece a ti, a mí o a Finn… - el ojiazul arrugó la nariz ante la mención de su hermanastro – Ellie es perfecta, por el simple hecho de ser nuestra hija.
Kurt no pudo evitar sentirse abrumado, por lo que solo atinó a besar a su novio profundamente, como hace tiempo no hacía.
Cuando el aire les faltó, Kurt decidió que era tiempo de dedicarse a su hija. Se acercó, metiendo las manos en las mangas incorporadas, para poder acariciarla. No era el ideal, en la mente de Kurt, pero prefería tocarla de esa manera, a verla por su celular. Esto al menos, se sentía más real.
Blaine observaba la escena, con su corazón satisfecho y lleno de felicidad. No podía desear nada más en el mundo. Entonces, una idea atravesó por su cabeza, alertando todos los puntos nerviosos de su cuerpo.
- Hola, Ellie… Hola, cariño… - Kurt le hablaba a su hija – Papá ya vino… papá está aquí… Oh, que hermosa eres… eres una princesa hermosa… - la sonrisa en el castaño lograba deslumbrar a Blaine, quien miraba al chico como si le volviera a ver por primera vez, pero con un toque diferente, más maduro, más cercano… más suyo.
- Kurt… - el aludido alzó la vista, encontrándose con los inquietos ojos de Blaine, que lo miraban suplicantes – Vente a vivir conmigo – soltó, siendo incapaz de contenerse.
- ¿Uh? – el menor no estaba seguro de haber oído bien.
- Vivamos juntos, los tres… - explicó, acercándose a su novio – En mi departamento… - Kurt parecía pasmado – Y-yo sé que es pequeño, pero, si acomodamos un poco los muebles, podemos hacer espacio para la cuna y tus cosas también… Haremos que funcione.
Kurt apenas podía enviarle la señal a su cerebro de que parpadeara, porque aún estaba intentando procesar la propuesta que acababa de hacerle su novio. ¿Vivir juntos? Cuando aún no terminaban el instituto… Era arriesgado, por no decir una locura… ¿Cómo pagarían los servicios, alimentación, gastos del bebé, pañales, leche y consultas con el pediatra? El trabajo de barista en el Lima Bean de Blaine no les alcanzaría para todo eso, y a Kurt aun le restaba un año para graduarse…
No sabía cómo decirlo, pero, en realidad… Sí era una locura.
Los entusiastas ojos claros de Blaine, esperaban una respuesta, sin embargo, Kurt no estaba seguro de qué responder.
FIN.
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No... Broma!
Pero, debo confesar que, en un origen, el final de la historia era este… terminaba con la proposición de Blaine de vivir juntos, y luego yo haría una secuela, llamada "¿Cómo ser padre?" … Sin embargo, al reescribir la línea de tiempo de la novela, me di cuenta que aún quedaban cosas por resolver, antes de sumirse en la tarea de ser padres, y finalmente… opté por eliminar la idea de una segunda parte o secuela, comprimiendo la historia en una sola, bajo un solo título…
Creo que si narrara todo lo que la crianza de un bebé conlleva… tendríamos más de seis secuelas de 100 capítulos, y lo dice una madre de una niña de apenas 2 años y 8 meses. Por lo que, enfocándome más bien en el romance de Kurt y Blaine, sólo tendremos una historia, larga, precisa y concisa… (O al menos, eso espero). En fin, aun no es el final… queda mucho drama y acción por contar... Así que... No se espanten.
Espero sus reviews... que me animan a continuar escribiendo...
Y, nos vemos en el próximo capítulo...
Besos!
