Adrien salía de su habitación pensando en las palabras de Cybèle, él también tendría que enfrentar su miedo y asumir que Ladybug podría no regresar. Mientras en la sala, Cybèle mostraba con entusiasmo las cosas que había llevado al refugio y le contaba la historia de cómo Chat Noir se había enfrentado a los dos jóvenes que la habían atacado. Adrien se preguntó por qué Cybèle decía tal mentira, hasta que la respuesta llegó por sí sola.

- Por eso no teman, niños - siguió feliz poniendo las baterías a la radio - Chat Noir no se ha dado por vencido, Ladybug regresará y volveremos a ver París como era antes, no pierdan la fe.

No perder la fe, si se escuchaba tan fácil. La joven tenía más esperanzas que el propio héroe, desde su bolsillo escuchó a Plagg decirle que "hay gente que cree en ti Adrien, no los vamos a decepcionar" , el joven apretó los puños y se colocó en un lugar donde su presencia fuera visible, entonces tomó aire y exclamó: "¡wow! ¿dónde la consiguieron?"; los niños rodearon a Adrien hablando al mismo tiempo diferentes partes de la historia que Cybèle les había dicho, el rubio sonreía al ver esas inocentes caritas felices contando la valentía del héroe gato y como había rascatado a la joven pelinegra de los dos vándalos.

- Esas heridas deben doler - cruzó sus ojos verdes con los de la chica que estaba asombrada de que el rubio le estuviese dirigiendo la palabra - me imagino que sentiste miedo, estabas tú sola contra dos personas malas - Adrien sonrió con amabilidad - déjame ayudarte a limpiar las heridas, iré por el botiquín.

En la cocina, Plagg salió sin temor a ser descubierto y aprovechó la ocasión para comer un trozo de Camembert, el kwami negro miró hacia su portador y con voz neutra dijo al de los ojos verdes: "qué gran detalle tuvo esa chica ¿no crees? Deberías agradecer que aún exista gente buena en este mundo" y acto seguido metió un trozo de queso a su hocico.

Desde que había sucedido todo hace un mes, no solo Plagg y Adrien habían cambiado, sino toda la gente, había más malos que buenos, todos querían emigrar, irse de la ciudad que alguna vez fue una de las más famosas del mundo, Adrien como Chat Noir había visto el momento mismo en que la ciudad había sido amurallada para evitar conflictuar con las otras ciudades de Francia, sumiendo en la desesperación a toda la gente que, literalmente, había quedado atrapada dentro de los muros, muchas familias habían sido separadas y gente había quedado abandonada a su suerte; a Adrien le preocupaba todo: la gente joven, los ancianos, los enfermos en los hospitales, la ciudad, la seguridad, sus amigos akumatizados, la desaparición de Ladybug… era demasiado para él, pero el chico sabía ocultar sus sentimientos y no permitiría que nadie se enterara que el héroe de París estaba más destruido que la ciudad misma; rebuscó entre los anaqueles, ahora era un poco más alto y podía rebuscar sin siquiera esforzarse en pararse de puntitas, cuando encontró el botiquín, esperó que Plagg se metiese a la camisa y después caminó hasta donde estaba la muchacha.

Ya se podía escuchar la radio, las noticias que venían de Versalles, la ciudad más cercana a París, esta sería la primera vez desde que se aplicó la ley marcial que el refugio sabría que estaba pasando desde el punto de vista del gobierno.

"... Todo se encuentra bajo control, Paris sigue estando sitiada por elementos del ejército, se prevé que las cosas empeoren para la ciudad de las luces y esperamos que las personas que se encuentran ahí, tengan lo necesario para subsistir.

El próximo viernes se dejarán víveres en la explanada de la Torre Eiffel con el fin de ayudar a nuestros compatriotas a sobre llevar esta dolorosa situación, le pedimos a la ciudadanía que nos apoyen llevando alimentos enlatados, agua en botellas pequeñas, alimentos no perecederos, así como leche en polvo, pañales y toallitas y cosas para el aseo personal a las oficinas de esta estación radiofónica."

"¡Debemos ir!" dijeron ambos jóvenes al mismo tiempo, Sibille, una mujer de cuarenta y cinco años, opinó que sería algo muy peligroso e iniciaron una discusión sobre si debían ir los jóvenes o los adultos. "... Los avistamientos del héroe de París, Chat Noir, son cada vez más seguidos, así como sus enfrentamientos con los akumas, la realidad es que para ser tan joven, el héroe gato se las ha ingeniado muy bien para contener los ataques de estos monstruos…"

- ¡Callen todos! - gritó Cybèle - quiero oír - y se aventó lo más cerca que pudo de la radio. Adrien también puso atención a lo que los medios tenían que decir sobre él y se sentía muy ansioso por ello.

"... No es posible que la suerte de Paris recaiga en las manos de un adolescente que día a día se juega la vida contra seres endemoniados. Llegará el día en que este joven no pueda más, necesita ayuda inmediata, ante la posible muerte de la heroína Ladybug, el chico se ve simplemente devastado" - la voz masculina que salía de la radio, tenía una seria nota de preocupación. Adrien mantuvo firme la mirada como si estuviera frente a frente con el reportero - "y no es para menos, las cosas se salen de sus manos, son demasiados enemigos contra él. Honestamente, deseo que el joven logre meter todo bajo control. Chat Noir, si nos estás escuchando, debes saber que confiamos en tí, haz hecho un gran trabajo, no te des por vencido, Francia entera tiene sus esperanzas en tí. Nuestras oraciones están contigo".

Adrien sentía que las lágrimas inundaban sus ojos, Cybèle estaba embelesada ante las palabras del locutor, ella susurró de forma apenas audible que estaba segura que Chat Noir lo lograría.

Los siguientes minutos Adrien estuvo curando las heridas de la chica y escuchando lo que los adultos tenían que decir con respecto a ir a buscar los alimentos. Según la información, el ejército entregaría las despensas en cajas selladas, las personas sólo podrían cargar una, así que lo más seguro sería que fueran personas ágiles, quizás con autos para transportar tantas cajas fueran posibles.

"No olvidemos que pueden haber akumas" - dijo uno de los hombres, este era robusto y piel muy blanca, vestía una camisa a cuadros y pantalón de mezclilla, su cabello oscuro estaba un poco largo luego de un mes sin ir al estilista. Entonces el giro de la plática cambió, otro joven llamado Yves Saint Eve, que era de la misma edad de Adrien y Cybèle, habló desde la entrada de una de las habitaciones, estaba recargado en el umbral de la puerta con los brazos cruzado y su ambarina mirada clavada en el grupo de gente que hablaban en torno a la radio.

Iremos solo los hombres más jóvenes, Adrien, Lucas y yo - dijo decidido, miró hacia Cybèle - esto no es un juego para niñas.

Cybèle se puso de pie casi de un brinco, ¿por qué habrían de tratarla diferente por ser mujer? La pelinegra lo miró como su igual y Adrien miró discreto al joven que había hablado.

- Cybèle - dijo Lucas, quien era un hombre entre los veinti tantos y treinta y pocos - no nos mal entiendas, pero será arriesgado, no podríamos irte cuidando de todos los akumas. Yves nunca tiene razón, pero esta vez es muy sensato lo que dice. ¿Verdad Adrien?

El rubio no se quedó callado, y le dijo que ella no podía moverse con rapidez a consecuencia de las heridas que tenía, y le recomendó quedarse a cuidar a los niños y estar pendientes de la radio.

Cybèle no vio esto con buenos ojos, se quedó mirando fijamente a los tres varones y después se fue a su habitación, necesitaba descanso y ya tendría cuatro días más para convencerlos de que podía ayudar. Con esa idea se quedó dormida, mientras que el día continuó sin novedad alguna.