Hola... No, nuevamente, no morí... Estoy aquí... [Para quienes quieran saber, dejaré una nota explicativa al final]
Disfruten!
CAPITULO 25.
Los días en el calendario avanzaron normalmente, y el día citaba 20 del mes de mayo. Aquel sería el día en que finalmente Elizabeth tendría el alta y podría ir a casa con sus ansiosos padres. Kurt aún estaba en medio de pensarse la proposición que su novio le había hecho de vivir juntos. Cuando el moreno lo abordó en el hospital, el ojiazul no supo que decir, y sólo atinó a decir que se lo pensaría por unos días, los cuales se habían convertido en semanas. Blaine por su parte, esperaba paciente que el menor considerara su oferta, matando el tiempo en rediseñar su apartamento, confiando en que su novio no sería capaz de rechazarlo.
Kurt se encargó de preparar su cuarto para que todo estuviera perfecto para recibir a su hija. Sus amigos habían llamado temprano para confirmar su llegada, y poder ir a conocerla. Aunque el castaño ya se sentía mucho mejor de su operación, deseaba tener tiempo a solas con su bebé y Blaine, pero al parecer, eso no sería del todo posible. Aun así, no tuvo corazón para negarles la entrada a sus amigos.
El timbre sonó y el castaño casi corrió hacia el recibidor, abriendo la puerta de un tirón.
- Hola, cariño – lo saludó un recién bañado Blaine, oliendo a perfume - ¿Estás listo?
- Sí, por supuesto que sí – envolvió a su novio por el cuello, besándolo rápidamente, para dirigirse hacia su carro.
- ¿Instalaste la silla para el bebé? – consultó el mayor.
- Papá lo hizo ayer – confirmó – Y creo que ya soy experto en quitarla y volverla a poner – el castaño le guiñó un ojo.
- Me encanta verte tan feliz – confesó el moreno, subiéndose en el lado del piloto – Habías estado algo triste estos días.
- Lo sé, pero… supongo que sabes por qué – Kurt le dio una mirada significativa, recibiendo un asentimiento del ojimiel – No tener a Ellie conmigo… ha sido horrible… - soltó un suspiro melancólico – Por eso hoy estoy feliz… porque al fin la tendremos con nosotros en casa.
- ¿En qué casa? ¿Tú casa? ¿La de tus padres, o...? – el menor sintió un nudo en el estómago al oír su cuestionamiento, recordando que aún no respondía a su propuesta.
- Ya sabes… - intentó desviar el tema – En casa, con nosotros… y las personas que la quieren…
- Puede tener eso, estando en el departamento… tu, yo… Ellie – dijo con poca sutileza.
- Bebé, yo… he estado pensando en eso, y… - los ojos del moreno brillaron de anticipación - …aun no estoy seguro de qué hacer… - la decepción se vio reflejada en el rostro de Blaine – Sólo, dame unos días más, ¿sí?
- Han pasado más de dos semanas – enfatizó, con un tono algo áspero.
- No es una decisión que se pueda tomar a la ligera, Blaine – Kurt contestó molesto – No estoy eligiendo zapatos.
- Si se tratara de zapatos, podrías tardar una vida entera… - soltó el mayor, incapaz de reprimir su mal genio.
- Vamos a la clínica de una vez – pidió el castaño, mordiéndose la lengua antes de iniciar una discusión. Nada debía ensombrecer ese día, porque él no lo permitiría.
El viaje se realizó en un inquietante silencio, irrumpido por pequeños suspiros de parte de Kurt, y una que otra tosecita del moreno. Al llegar al lugar, el ojiazul casi brincó fuera del Navigator, pero no llegó lejos. Blaine lo alcanzó, tomándolo por el brazo con delicadeza.
- Cariño, no… no quiero que las cosas sean así entre nosotros – comenzó a decir, rompiendo las barreras que comenzaban a formarse en el castaño – Lo siento si he sido insistente, yo… sólo quiero tenerte a ti y a Ellie en mi vida…
- Lo entiendo, Blaine… - Kurt descruzó los brazos, rendido ante los ojos de cachorro que el pelinegro hacía – Pero, no puedes pretender que tome decisiones grandes, cuando no estoy emocionalmente estable aún… acabo de traer una niña al mundo, y eso fue muy agotador… Estar sin ella también lo ha sido… No puedo pensar en nada más ahora que en eso…
- Lo sé, cariño… - el moreno lo envolvió en un abrazo – Sólo quiero apoyarte… porque estamos juntos en esto, ¿recuerdas? – Kurt asintió con la cabeza – Te amo.
- Yo también te amo… - se dieron un beso casto – Ahora vamos por nuestra bebé.
Con ánimo renovado y las manos enlazadas, la pareja caminó al interior de la clínica, en busca de su pequeña hija. Kurt tuvo que firmar algunos documentos y el pediatra encargado de su hija, le dio un par de recomendaciones para el cuidado de Elizabeth.
Cuando finalmente salieron de la clínica con Ellie en brazos, estaban flotando en una nube de felicidad. La niña estaba bien, sana y feliz como ellos. Kurt aseguró todo el conjunto de cinturones de seguridad que la silla de bebé tenía, alrededor del diminuto cuerpo de su hija, probando la firmeza de cada uno con algunos tirones, una vez que estuvieron atados en el centro. La niña agitó sus manos y pies, en su nueva posesión, y el castaño lo tomó como una celebración. Se sentó junto a ella, negándose a apartarse si no era estrictamente necesario. Blaine condujo cuidando que la aguja no superara el límite de velocidad establecido, para que la histeria de Kurt no se desatara, ahora que llevaban un bebé a bordo.
- Debería comprar de esas pegatinas para poner en la parte trasera… - comentó el castaño, mientras mecía una sonaja frente a su hija, y ésta la miraba con sus enormes ojos azules – Ya sabes, para que los conductores sean más cuidadosos cuando estén tras de nosotros.
- Dudo que eso realmente funcione… - Blaine retuvo la risa.
- ¿Quién sabe? Tal vez logre tocar alguna fibra sensible en un loco al volante – el menor se encogió de hombros – Voy a llamar a papá, para decirle que llegaremos pronto.
El ojiazul paseó por su lista de contactos, presionando sobre el de Burt.
- ¿Papá? – el bullicio del otro lado de la línea, hizo dudar al castaño.
- Hola, chico… ¿Cómo va todo? – preguntó, alejándose de la fuente del ruido.
- Bien… vamos de camino, con Ellie… - la curiosidad le ganó la partida a Kurt y no pudo evitar averiguar que ocurría - ¿Qué es ese sonido? ¿Planean una fiesta sorpresa o algo? Porque… te advierto que el doctor me dijo que Ellie no debe tener emociones fuertes aun…
- No, no es nada de eso… Sólo es Finn, jugando con los chicos del coro – explicó, y Kurt suspiró aliviado.
- De acuerdo, entonces… nos vemos en casa – se despidió, finalizando la llamada.
- ¿Qué pasó? – quiso saber el moreno.
- Por un segundo creí que estaban montando una especie de celebración… - gesticuló el ojiazul, abriendo sus ojos – Pero, gracias al cielo, no era nada de eso.
- ¿Qué hay de mal con las fiestas? – cuestionó, con doble sentido.
- Nada para nosotros… pero, para un bebé… es demasiado ruido y sus oídos no pueden soportar esos decibeles.
- ¿Desde cuándo te volviste experto en niños? – se burló el pelinegro, arriesgándose a recibir una reprimenda de su novio.
- Para que sepas, estuve leyendo muy buenos artículos en internet… - confesó – Necesitaba estar preparado, y la información era muy buena.
- Okay, supongo que tendré que hacerlo también… para estar a la altura de mi documentado novio – continuó bromeando, recibiendo un golpecito en el brazo con el sonajero.
Al llegar a la casa de Kurt, no lograron tocar el timbre, antes de estar envueltos por un emocionado tumulto de personas, con manos curiosas por tocar a la pequeña Elizabeth. El castaño se esforzó en mantenerse sereno, pero la efusividad de sus amigos, lo terminó por alterar un poco.
- De acuerdo, am… - tomó una inhalación para ordenar sus ideas – No quiero ser grosero, pero… Ellie ha pasado un tiempo poco agradable en la clínica, lejos de sus padres y quisiera disfrutar ahora que por fin la tenemos en casa… - Blaine les dio a todos una mirada de disculpa – Les agradezco sinceramente su interés y el que hayan venido – el ojiazul tomó en sus brazos a la pequeña bebé – Ya es hora de que esta princesa coma algo y descanse.
Sin detenerse a dar más explicaciones, se retiró hacia la escalera. El moreno se encargó de despedirse de todos y reiterar los agradecimientos. Cuando se marcharon por fin, el pelinegro subió a la habitación, suspirando aliviado, ya que, al igual que Kurt, deseaba tener tiempo a solas con ellos.
- ¿Necesitas ayuda? – preguntó el moreno, al entrar al cuarto y ver como el castaño terminaba de cambiar el pañal de Ellie.
- ¿Puedes preparar un biberón? – consultó, levantando a la bebé de la cama, cuidando de hacerlo adecuadamente, sosteniendo su cabecita. Blaine negó, sintiéndose apenado.
- No sé cómo hacerlo – confesó.
- El pediatra me dio una hoja con las medidas de fórmula… busca en el bolso de ahí – indicó con su dedo índice hacia la pañalera de su hija.
El moreno rebuscó por los papeles que su novio había guardado anteriormente y hallando lo que necesitaba, sonrió triunfante hacia él y se encaminó a la cocina. Se enfocó en seguir al pie de la letra las indicaciones detalladas del procedimiento.
Sacó el biberón de su empaque y lo esterilizó como sugería el pediatra en su informe, luego, quitó el sello del tarro de formula maternizada y prosiguió preparando la leche, probando su temperatura en su muñeca, asegurándose de que estaba perfecta. Se sintió tan orgulloso de sí mismo por lograr preparar el biberón a su hija, por lo que corrió escaleras arriba.
- Lo hice – informó, siendo incapaz de ocultar la alegría que eso le producía. Kurt lo miró con un brillo especial en sus ojos azules, como si viera a un niño pequeño luego de decir su primera palabra.
- ¿Quieres… quieres dársela tú? – ofreció, haciendo que Blaine asintiera.
- Sí, claro que quiero – Kurt le entregó a la niña cuidadosamente y el moreno se dio a la tarea de alimentar a la pequeña Ellie.
Sin que Blaine lo notara, el castaño sacó el móvil de su bolsillo, capturando la adorable imagen.
- ¿Qué haces? – sonrió apenado el moreno, al oír el sonido del obturador.
- Creando memorias – respondió Kurt, acomodando la cuna, para recostar a su hija luego de que comiera – Además, no sabes lo tierno que te ves con Ellie en brazos.
- Ah, ¿sí? – se rió suavemente el moreno. Kurt asintió travieso.
Cuando la pequeña dormía plácidamente en los brazos del moreno, decidieron recostarla en la cuna.
- No fue tan difícil… - susurró Blaine, para no perturbar el sueño de su hija.
- Sólo la tenemos hace tres horas – se rió Kurt – Supongo que no hemos vista nada aun de la paternidad.
- Puede ser… - el pelinegro observó atentamente a Ellie, su rápida respiración y los movimientos que hacía con su boca – Me gustaría que se mantuviera así para siempre… no quiero que crezca – Blaine arrugó la nariz, en un gesto divertido, el castaño sólo rió más.
- Yo tampoco…
Ambos padres se mantuvieron frente a la cuna de su hija, sólo contemplándola dormir.
- Sería hermoso despertar cada mañana viéndola dormir – murmuró Blaine, rompiendo la burbuja de fantasía de Kurt. El castaño sabía lo que su novio estaba insinuando con ese comentario.
- Aun estoy pensando en eso, Blaine – intentó no oírse molesto, pero no lo consiguió del todo.
- No sé qué es lo que debes pensar tanto… - el moreno volteó a mirarlo, con una expresión dolida en el rostro - ¿Es tan difícil decir sí o decir no?
- Por supuesto que lo es – alegó el ojiazul, alejándose de la cuna, para que sus voces no despertaran a Ellie.
- Creo que no te das cuenta de que mientras más tiempo pasa… lo único que consigues es herirme – confesó, con el ceño fruncido en enojo.
- Lo siento, Blaine… nunca ha sido esa mi intención… pero… - el menor tomó una respiración profunda – He cometido errores antes por no pensar las cosas antes de hacerlas.
- Woah… - Blaine dijo sarcásticamente - ¿Errores? ¿A qué te refieres? ¿A nuestra hija? – le increpó en susurros.
- ¡Dios, no! – siseó - ¿Por qué haces un drama de todo esto? – le acusó el castaño, cabreándose.
- ¿Sabes qué? – lo detuvo el moreno – Me iré ahora… para que pienses tu respuesta – musitó, recogiendo su chaqueta de la cama – Llámame cuando la tengas.
Blaine salió del cuarto de su novio, rápidamente, dirigiéndose a las escaleras. Al llegar al vestíbulo, se encontró con la familia de su novio, por lo que les informó que debía irse, dando una rápida despedida.
Burt vio como el moreno se despedía, escondiendo su incomodidad, para luego marcharse como alma que lleva el Diablo. Esperó a que las cosas se tranquilizaran un poco, y entonces, siendo incapaz de resistir su curiosidad, subió las escaleras, hasta el cuarto de su hijo.
- Toc, toc… - bromeó, con una sonrisa al ver a Kurt apoyado con sus brazos en el borde de la cuna, mirando a su pequeña bebé dormir profundamente - ¿Puedo pasar?
- No tienes que pedir permiso, papá – respondió el castaño con un ruedo de ojos, sin moverse de su posición.
- Oh, bueno… Ahora eres un padre de familia… Las cosas han cambiado, ¿no crees?
- No me digas que tu también vendrás con eso – el chico se masajeó la sien, estresado de tanto drama.
- ¿De qué hablas? – indagó el hombre, mirando a su hijo con curiosidad. Éste alzó la vista con una expresión triste en el rostro - ¿Pasó algo malo entre Blaine y tú?
- Hmp… - el ojiazul suspiró profundamente – No lo sé… - Kurt anduvo hacia su padre, sentándose en el borde de la cama – Él espera que responda a su propuesta, pero yo no he tenido cabeza para pensarlo detenidamente.
- ¿Pro-propuesta? – se escandalizó Burt.
- ¡Oh Dios, no! – Kurt negó con sus manos – Blaine no está pidiéndome que me case con él o algo parecido – la cara del mayor mostró el alivio que sentía – Él quiere… que Ellie y yo nos mudemos a su departamento… y que vivamos juntos.
- Bueno, eso es algo muy parecido al matrimonio – acotó Burt – Pero, ¿por qué no has aceptado?
- Porque… me parece una locura – confesó con pesar – Amo a Blaine sinceramente, tenemos un bebé juntos… Pero, no me siento preparado para dar ese paso aún – Burt escuchó atentamente a su hijo – No quisiera que, por intentar darnos lo mejor, termine sobre exigiéndose en el trabajo… O, peor… cansándose de mí.
- Chico… - su padre lo miró con preocupación – En primer lugar; nadie aquí está pidiéndote que te vayas… Esta es tu casa, y lo será siempre, así te cases y hagas tu vida… Puedes volver y todo está tal como lo dejaste… - Kurt se sintió agobiado y sus ojos se cristalizaron – En segundo lugar, no necesitan vivir juntos, para demostrar que están juntos… como cualquier chico, Blaine tiene la necesidad de posesión y quiere tenerte con él, por temor a que, ahora que ya no cargas una barriga enorme, puedas conocer a alguien más… Además, son sólo unos críos… Kurt, disfruta tus etapas, sé joven, diviértete… Ya tendrás tiempo de unir tu vida a Blaine, si lo deseas, y vivir juntos ese proceso… Apenas vas a cumplir 17 años… Y en tu casa tienes todo lo que necesitas; tus cosas, tu espacio, tu gato, tu familia… Blaine puede venir cuantas veces quiera y tú también puedes visitarle… - Kurt asintió en comprensión – No se apresuren demasiado, ya verán como luego agradecerán mi consejo – el hombre sonrió, y el castaño le devolvió la sonrisa apenas.
Sabía que su padre tenía razón, aún era muy jóvenes; incluso para tener un bebé, pero Ellie ya estaba aquí, y la amaba con su vida. El castaño no necesitaba sumar más presión y estrés a sus vidas, pues sólo deseaba terminar el instituto adecuadamente, para realizar sus sueños a futuro.
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Le tomó dos días más a Kurt, decidirse a llamar a Blaine, para decirle que había tomado una decisión finalmente.
El moreno estaba emocionado de por fin recibir la tan ansiada respuesta, por lo que terminó de arreglar algunas cosas en su departamento y, prácticamente, voló a casa de su novio.
- Hola, cariño – saludó al castaño, en cuanto éste le abrió la puerta. Lo besó brevemente, notando lo mucho que lo había extrañado esos días.
- Hola, bebé – susurró apenas el ojiazul, con el estómago revuelto, por lo que debía decirle.
Los chicos se acomodaron en la sala, donde Kurt tenía a Ellie, en su pequeña mecedora. Blaine no se contuvo de tomarla en sus brazos.
- Hola, Ellie… ¿extrañaste a papi? – le habló a la niña, quien se removió en sus brazos, con sus ojos abiertos y felices – Yo a ti, sí… eres una princesa preciosa – continuó hablando, mientras acariciaba su carita con su enorme mano.
El castaño decidió esperar un poco antes de darle la mala noticia, optando por preparar algo para comer. Blaine se entretuvo, jugueteando con su bebé, haciéndole caras divertidas y mostrándole alguno de sus juguetes más coloridos, a los que la niña respondía con pequeños ruiditos y errantes movimientos de sus manos curiosas por querer tomar todo lo que veía.
Cuando la pequeña se durmió, el ojiazul supo que era el momento de hablar.
- Blaine… - lo llamó, para que el moreno lo siguiera a la cocina, así no despertarían a Ellie, en caso que las cosas se salieran un poco de control. El pelinegro caminó tras él, anticipando las intenciones de su novio. Entraron a la cocina, y el moreno se acomodó en la isla de la cocina; Kurt optó por quedarse de pie, apoyando la cadera en la encimera.
Kurt se retorcía los dedos, mientras en su cabeza las ideas iban y venían. Blaine lo miraba con esa esperanza llameando en sus ojos color miel, que hacía sentir al castaño que iba a romperle el corazón. Sin embargo, el moreno esperaba una respuesta y él ya tenía una.
- Blaine, yo… Estuve pensando en tu propuesta y… - el castaño no se atrevía a mantenerle la mirada a su novio – No… - el semblante de Blaine cayó notoriamente – No creo que sea una buena idea vivir juntos aún…
- Pero… ¿por qué? – preguntó el pelinegro, esforzándose en mantener su decepción oculta.
- Porque… somos muy jóvenes todavía… Dime, ¿cómo vamos a mantenernos sólo con tu trabajo en Lima Bean?
- Puedo trabajar turnos dobles – ofreció, incapaz de contenerse.
- No... no quiero que… - Kurt se acercó a su novio, sentándose frente a él y tomando sus manos entre las suyas – Bebé, no quiero que te mates trabajando, sólo por nosotros… Me sentiría horrible… - Blaine bajó la mirada a sus manos enlazadas – Te amo, y no me perdonaría que, por acelerar las cosas, terminemos esta relación tan bella que hemos logrado, después de tanto… - el moreno asintió, conteniendo las ganas de decir algo más, dándose cuenta de que Kurt estaba decidido a permanecer en su casa – Además, Carole me ha ayudado muchísimo con Ellie… Yo no podría aprenderlo todo, sólo leyendo blogs de internet… Y tengo mucho que aprender aún.
- Entiendo – se limitó a decir el moreno, forzando una sonrisa en su rostro cabizbajo.
- Gracias – Kurt lo besó en la mejilla. Se mantuvieron un momento en silencio, ambos mirando sus manos enlazadas. El castaño sintió curiosidad al notar que las manos de Blaine tenían pequeñas gotitas de pintura blanca, sin embargo, no quiso preguntar por qué.
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Blaine parqueó su moto, y pateó una piedra que se le cruzó en el camino. Se sentía herido y molesto por la decisión de Kurt de quedarse en casa de su padre. Deseaba ser un novio comprensivo y abierto de mente, que respeta la opinión del chico que ama, pero no podía esconder su frustración, además de las ganas de tenerlos a ambos junto a él cada día. Ahora eran una especie de familia, y no lograba hacerse a la idea de tener que vivir separados.
Cerró la puerta de su departamento con un sonido seco, lanzando su casco a un lado del sofá. Observó su alrededor y quiso golpearse a sí mismo por haber tenido esperanza. Jaló un extremo del gran lienzo que colgaba desde el techo, a lo ancho de la sala, con la frase "Bienvenidos" en él; enrollándolo torpemente y arrojándolo cerca del bote de basura, luego sacó un tenedor de un cajón de la cocina y acribilló sin piedad los coloridos globos, que decoraban las paredes en grupos de tres. No se molestó en recoger los restos que quedaron tirados por el piso; estaba exhausto y dolido. Sin embargo, entrar a su cuarto, fue otra bofetada en la cara. Vio con auténtica nostalgia el trabajo de toda una semana en vano, con detalles pintados en las murallas y motivos infantiles en un rincón para su hija, además de las pequeñas figuritas de unicornios que colgaban del techo, pensadas para quedar sobre la cuna de la bebé.
Blaine se cubrió el rostro con las manos, soltando un grito ahogado. Volvió a mirar el cuarto, pensando en lo mucho que Kurt hubiera amado verlo. Finalmente, luego de pasar un par de minutos más de pie en el umbral de la puerta de su habitación, se lanzó sobre la cama, prometiéndose a sí mismo que se encargaría de quitar todo al día siguiente.
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Blaine solía saludarse seguido con los chicos del club Glee últimamente, desde que les pidiera ayuda para su serenata de San Valentin. No podía afirmar que fueran amigos ahora, pero definitivamente algo había cambiado; incluso, bromeaba de vez en cuando con Finn Hudson cuando se topaban en los vestidores o en la cafetería. Aquella cercanía les permitió trabajar en conjunto para planear una sorpresa para Kurt, quien estaría cumpliendo años en un par de días.
- Hey, yo soy su hermano – alegó el más alto – Creo conocerlo un poco mejor.
- ¿Alguna vez has organizado algo como esto? – lo cuestionó Blaine, mirando su libreta de apuntes, llena de borrones por ideas desechadas cruelmente al ser anotadas – No soy un experto, pero creo que lo básico es tener una decoración alegre… No lo sé… Globos, confeti… cosas así.
- Estamos hablando de Kurt… - aclaró Finn, como si pensara que el moreno lo hubiera olvidado por un momento – Él es demasiado quisquilloso con esas cosas… Incluso tiene su ropa ordenada en escala de colores… ¿Cómo vamos a encontrar una decoración a su altura?
- Okay, entiendo tu punto… - Anderson pasó una mano por su desordenado cabello, el cual era un desastre a esa altura – Podríamos poner solo globos plateados, o dorados… ¿Eso estaría mejor?
- Sí, puede funcionar – Finn asintió, imaginando la reacción de su hermanastro – Pero olvida el confeti… Kurt odiaría tener papeles por todo su pelo, o su ropa.
- Confeti… fuera – el moreno tachó el ítem mencionado de su larga lista de opciones – Diablos… No pensé que organizar algo casual, terminaría convirtiéndose en un grano en el culo – bromeó el más bajo.
- Lamento decirte, amigo… Que con mi hermano nada puede ser sólo "algo casual" – Finn se encogió de hombros, para luego palmear el brazo del más bajo.
- No quiero ni pensar en la comida… - masculló el moreno, mordisqueando el extremo de su bolígrafo con frustración.
- Oh, no… Le diré a mamá que se encargue de eso – se adelantó a decir Hudson – Ella es buena con esas cosas y a Kurt le gusta su comida… Será una cosa menos de qué preocuparnos – la sonrisa de su cuñado le hizo sonreír también.
- Bien, gracias… Sólo pregúntale qué va a necesitar, para ayudarla con eso, ¿okay? – el más alto asintió con la cabeza.
Blaine se disponía a pasar al siguiente ítem en su listado, cuando su teléfono sonó, con la imagen de Kurt y Ellie parpadeando en la pantalla.
- Oh, hablando del rey de Roma… - bromeó, poniéndose en pie y caminando un par de pasos lejos de Finn por algo de privacidad – Hola, cariño…
- Hola, Blaine – se oyó la alegre voz de su novio del otro lado de la línea - ¿Cómo va el trabajo? ¿Muchos clientes hoy?
- Oh, no realmente… - el moreno miró a todos lados, temiendo por un segundo que el castaño le cayera de sorpresa en la cafetería, arruinando su plan secreto con Finn – Ha sido una tarde lenta.
- Oh… - hubo un pequeño silencio, interrumpido por un enternecedor gimoteo de parte de su hija.
- Aun siento extraño escuchar llorar a Ellie – confesó, sintiendo su corazón inflarse dentro de su pecho – Se me hace tan hermoso…
- A mi también, aunque supongo que eso solo será por un tiempo corto – bromeó – Bien, creo que esta señorita tiene hambre… Yo, sólo quería saludarte y saber como estabas… - Blaine no pudo evitar la sonrisa que le partió el rostro a la mitad.
- Tan cursi… - se burló.
- Te sonará cursi… pero ya siento que te extraño… y creo que Ellie también – Blaine soltó una risita, complacido con las palabras de su novio.
- Yo también extraño estar con ustedes, pero… el deber llama y…
- Lo sé, lo sé… sólo que me acostumbré a tenerte en casa este último tiempo – un suspiro se escapó de Kurt – Bien, yo… no te interrumpo más… Nos vemos en la noche – se despidió.
- Okay… Te amo – murmuró, antes de finalizar la llamada.
Regresó a la mesa donde Finn esperaba, entretenido con su celular.
- Era Kurt… - comento, no muy seguro de porqué le estaba detallando aquello a su cuñado.
- ¿Pasó algo? – indagó, pero al ver la brillante expresión en el rostro del moreno, se relajó.
- No, no… sólo… ya sabes, cosas… - el más bajo se rascó la nuca, ahora sintiéndose expuesto – Que me extraña y eso.
- Oh, Okay… - Hudson sonrió con simpatía, sintiendo la incomodidad del otro, por lo que aclaró su garganta y desvió el tema de regreso a la organización del evento.
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Puckerman y Hudson estaban terminando de poner los últimos globos, completando la decoración del lugar. A pesar de haber optado por algo bastante sobrio, el departamento en sí, lucía fenomenal. Blaine salió de su cuarto, recién bañado, acomodando una chaqueta negra de cuero sobre sus hombros, cuando los chicos chocaban los cinco, satisfechos con su trabajo.
- ¿Qué tal, Anderson? – preguntó Noah, con un tono de autosuficiencia - ¿Nos das el visto bueno?
- Mmmh… - Blaine miró detenidamente a su alrededor, realmente evaluando el trabajo realizado – Creo que se ve bien… Bastante bien.
- ¿Sólo eso? – se quejó el chico del mohicano - ¡Podríamos comenzar a trabajar como organizadores de eventos si nos va mal con la escuela! – alardeó, ganándose una rodada de ojos de parte del más bajo. Finn sólo lo miró con una ceja alzada ante su exageración.
- Si, si… como sea – lo cortó el moreno, mirando la pantalla de su celular – Yo ya tengo que ir por Kurt – informó – Más les vale que tengan todo listo cuando regrese con él…
- Sí, tranquilo – aseguró Finn con una sonrisa de lado – Tu ve por él, Romeo – bromeó, ganándose un dedo medio por parte del más bajo, que tomó su billetera y caminó hacia la puerta.
- No olviden mensajearme cuando sea hora – les recordó – Y, por favor… No rompan nada – advirtió antes de salir por la puerta. Los chicos en el interior se miraron con expresión divertida – Y me refiero a ti, Puckerman – se oyó a través de la puerta cerrada.
El aludido masculló una maldición entre dientes.
- ¿Habrá escuchado cuando rompiste esa copa? – dudó Finn, recibiendo un golpe en el brazo de parte de Noah.
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Kurt miró con culpa a su novio, sintiéndose casi miserable por lo que estaba a punto de hacer.
- No lo sé, no… no creo que pueda hacerlo… - murmuró el chico, pestañeando cuando sus ojos picaron.
- Cariño, sólo será un momento… Media hora máximo… - aseguró Blaine, sosteniéndolo de ambas manos - ¡Lo juro!
- ¿Y es tan necesario que sea hoy? – dudó aún – Digo, podemos dejarlo para otro día, organizarlo con más tiempo… no lo sé… o buscar la manera de no dejarla…
- Kurt, no estás dejando a nuestra hija abandonada en una parada de autobús – bromeó a medias el moreno, comprendiendo su angustia – La estás dejando con su amorosa y responsable abuela, que la cuidará y se preocupará de ella… Por sólo media hora – Blaine fortaleció el agarre de sus manos, infundiéndole confianza.
- Es que, es tan pequeña… que me siento como un mal padre – el moreno quiso golpearse a sí mismo por tener que mantener todo en el misterio.
- Cariño, eso no es así, y lo sabes – retomó su charla motivacional – Eres un gran padre, que se dejó de lado con solo 16 años, para asumir su rol a la perfección… Deja de pensar esas cosas – lo jaló hacia la puerta de salida – Ahora vámonos… Mientras antes salgamos, antes estarás de regreso con ella – le dio una sonrisa y el castaño asintió, aunque no convencido del todo.
Se montaron en el carro de Kurt y Blaine condujo por las calles de Lima, recordando su plan. Debía tardarse por lo menos treinta minutos para que todo mundo alcanzara a llegar a su departamento y no arruinar la sorpresa.
- No tenías que molestarte con esto… - comentó Kurt, jugueteando con el cinturón de seguridad a la altura de su pecho.
- Cariño, ser novios… también implica tiempo a solas… aunque sea poco – le dio una mirada significativa – Además, te hará bien un pequeño relajo… sólo nosotros dos.
- Sí, creo que sí – Blaine pudo percibir el temblor en la voz de su novio, lo que implicaba que no se sentía seguro del todo.
La mirada de Blaine recayó sobre el indicador de combustible y sonrió. Finn había hecho un buen trabajo después de todo.
- Agh, que mala suerte… - se quejó, tratando de sonar natural y no sobreactuado. El castaño lo miró con una ceja alzada. Blaine lo captó con el rabillo del ojo – Tendremos que parar por gasolina… - dio tres golpecitos con su dedo sobre la aguja que indicaba que el tanque se encontraba casi vacío.
- ¿Qué? – los ojos azules y curiosos del menor observaron el salpicadero con incredulidad – Pero… ¿cómo…? Y-yo estaba seguro de que… tenía más de medio tanque… - se rascó la nuca, completamente confundido.
- Tal vez alguien ocupó el carro estos días… - sugirió el moreno, conteniendo su sonrisa al notar los engranes de la cabeza castaña de Kurt trabajando a toda máquina por comprender la situación – Pero, tranquilo… no debería tomarnos demasiado tiempo.
- Okay… - el ojiazul se rindió, dejando caer su cabeza sobre el respaldo del asiento – Aunque no tengo dinero… no pensé que fuera necesario…
- Cariño, no estoy pidiéndote dinero – se burló el mayor, encaminándose hacia la gasolinera más lejana que conocía.
Luego de un rato de andar, Kurt comenzó a incomodarse nuevamente.
- ¿Porqué es que aún no te has detenido en ninguna parte a cargar combustible? – dudó.
- Porque la de la salida norte es más barata – dijo con naturalidad.
- Blaine… ¿hablas enserio? – preguntó, sentándose derecho, ahora sintiéndose algo molesto – Nos tomará media hora sólo ir por gasolina y llegar al restaurante – calculó, frunciendo el ceño.
- Voy tan rápido como puedo – aseguró el moreno.
- Lo prometiste, Blaine… - murmuró el castaño. Guardó silencio un rato y luego sacó su móvil – Será mejor que llame a Carole y le avise que tardaremos más.
- De acuerdo, has eso – el pelinegro sintió una punzada de culpabilidad por permitir que su novio se angustiara en vano, pero sabía que la sorpresa lo compensaría. Había visto a su chico tan comprometido con la paternidad que estaba casi seguro que se olvidó completamente de su propio cumpleaños por estar sumido en su responsabilidad con Ellie.
Blaine sabía que se estaba tardando bastante, aunque sólo para Kurt, porque para lo que su plan respectaba, todo iba perfecto. Se atrevió a mensajear a su cuñado, preguntando si ya todo estaba listo y cuando recibió la confirmación, terminó de cargar combustible. Pagó y se marchó en dirección a su departamento. Kurt tardó bastante tiempo en identificar la ruta y percatarse que nuevamente, no estaban yendo hacia su destino inicial.
- No quiero sonar paranoico… pero, ¿por qué no tomamos la salida hacia la zona comercial? – cuestionó, luciendo cabreado.
- Esto… - Anderson se rascó la nuca, porque temía ver a Kurt a los ojos al decir lo que debía decir – Gasté más dinero del que había contemplado y necesito ir a mi departamento por más – se arriesgó a darle una sonrisa llena de culpabilidad, y sólo pudo ver a su novio palmear audiblemente su frente.
- Esto tiene que ser una broma… - masculló, sobando una de sus sienes para mantener la calma y no sufrir una jaqueca – Dime que es una broma, por favor.
- Cariño, lo siento… son cosas que pasan… - se justificó pobremente – Imprevistos que no pudimos evitar.
- Es que… yo… - Kurt se mordió la lengua para no hablar de más. Guardó silencio un minuto completo – Quiero que me lleves a casa.
Aquella petición hizo voltear a Blaine con los ojos grandemente abiertos. Estaba sorprendido, aunque no debería, después del mal rato que le había hecho pasar a su novio.
- Pe-pero… ¿y nuestra cita? – se quejó el moreno – Hice reservaciones – mintió.
- Lo sé… - soltó un largo suspiro – Supongo que será mejor dejarlo para otra ocasión… yo… no me siento del todo bien para una cita… Lo siento.
- Cariño, ya casi llegamos a mi departamento… - argumentó – Y Carole te aseguró que podías tardar tanto como quisieras… No entiendo…
- Sólo no me siento de humor – se encogió de hombros y volteó a ver por la ventanilla, dando por finalizada la charla.
A pesar de eso, el pelinegro no se detuvo, ni dio vuelta hasta llegar al apartamento. Aparcó y corrió a abrir la puerta de Kurt, quien lo miró confundido.
- ¿Qué haces? – cuestionó.
- Vamos… sólo, ven conmigo – pidió, poniendo su mejor cara de cachorro.
- Blaine, no creo que… - el ojimiel se acercó a él y lo besó brevemente en los labios.
- Sólo acompáñame adentro, y luego te iré a dejar a tu casa sano y a salvo – prometió, tendiéndole una mano a su novio, quien la miró con duda, cediendo finalmente.
- No sé qué pretendes, pero ni sueñes con que tendrás suerte, Anderson – advirtió.
- No estaba pensando en eso… - le dio una mirada divertida a Kurt, quien se veía algo más relajado ahora – A menos que estés sugiriendo un rapidín antes de regresar a casa – bromeó, recibiendo un golpe en el brazo.
- Ya quisieras – dijo el castaño, incapaz de esconder la sonrisa.
Salieron del ascensor y Blaine rebuscó sus llaves, comenzando a hablar en un tono más alto de lo normal, para advertir su presencia a los ocupantes de su departamento.
- Ahg… Creo que estoy algo adolorido por conducir tanto – vociferó y Kurt lo miró divertido por ello.
- Estoy justo aquí, no necesitas gritar – se burló.
- No estoy gritando, sólo… - volvió a vociferar – Tengo un pitido en el oído que no me deja oír bien.
- Sólo abre la maldita puerta – se quejó el menor.
Blaine obedeció, abriendo y deliberadamente dejando caer sus llaves.
- Sólo entra – mandó, mientras él tardaba en coger el manojo de llaves que pateó a propósito lejos de él.
El castaño entró y buscó el interruptor de la luz, accionándolo.
- ¡SORPRESA! – gritó un coro de voces, haciendo que el chico casi cayera sobre su trasero del susto, pero Blaine lo sostuvo a tiempo, ayudándolo a pararse nuevamente.
- ¿Q-que… es esto? – tartamudeó, mirando a todos los ocupantes del lugar. Sus amigos de Glee club estaban allí, sonriéndole, su familia… incluso su pequeña Ellie en su carreola. Había globos plateados y dorados en las paredes y colgando del techo, además de un elegante lienzo que citaba "Feliz Cumpleaños Kurt". Entonces cayó en la cuenta de que todo había sido por eso. Volteó a mirar a Blaine, quien lo observaba expectante a la espera de su reacción – Eres un… Agh… - enterró su rostro en el hombro de su novio, envolviéndolo en un descuidado abrazo. El moreno rió complacido, pero al sentir al chico estremecerse, supo que lloraba.
- Cariño… Que… ¿Qué pasa? – intentó mirarlo a los ojos; sin embargo, el castaño se negaba a apartarse de él. Pasó una mano por su espalda, mientras que todos se acercaban a averiguar que ocurría con el cumpleañero.
- Dios… yo… - Kurt sorbió su llanto y miró los ojos mieles del mayor, totalmente conmovido – Yo no esperaba algo así… - negó con la cabeza, tratando de regular su respiración – Ni siquiera lo había recordado.
- Lo sé… has estado tan ocupado, y has pasado por tantas cosas estos días… - comenzó a decir Blaine, limpiando las lágrimas restantes de las pálidas mejillas de Kurt con sus pulgares – Supuse que no tendrías en cuenta los días, ni el calendario, pero… - puso alegría en su voz, tomándolo por los hombros y volteándolo hacia los demás – Eres un chico afortunado por tener muy buenos amigos, una familia que se preocupa por ti, y un novio increíble que te ama… - bromeó, haciendo reír a todo, incluido el castaño, que aun trataba de controlar sus emociones – Todo esto es por y para ti.
- Gracias… gracias, de verdad… a todos – dijo, sintiéndose un poco más calmado, ahora que la sorpresa había pasado.
Luego de saludarse con todos, compartir y divertirse, pasaron a bailar un poco. Kurt, aunque quería, no pudo hacerlo, por su reciente operación. Blaine le prometió salir a bailar cuando se sintiera bien. El pastel fue lo siguiente y luego de abrir los regalos, que no fueron pocos, la fiesta decayó, llegando a su final. Los chicos del club Glee fueron los primeros en marcharse; el señor Schuester se ofreció a llevar a los que vivían más lejos y otros se colgaron de quienes andaban en carro. Burt, Carole y Finn le comunicaron a Kurt que también se marcharían. El castaño se sintió confundido en un principio, pues suponía que regresarían juntos a casa.
- Cariño, yo… me tomé la libertad de pedirle a Carole que preparara un bolso con ropa y pañales extra, para que pudieran quedarse aquí esta noche – comentó Blaine, observando la indecisión cruzar por los ojos azules de su novio – Mañana los llevaré a casa… - prometió. Entonces una gran sonrisa pintó el rostro del menor.
- Suena bien para mí – afirmó el castaño, despidiéndose luego de su familia – Hace mucho que no estaba aquí… - dijo Kurt, mirando el lugar, ahora vacío y algo desordenado – Para Ellie es su primera vez.
- Sí… - Blaine abrazó al menor por la espalda, envolviendo su pequeña cintura con sus brazos, apoyando la barbilla en el hombro de su novio – Me encantaría tenerlos más seguido aquí… No te mataría – hizo un puchero y el ojiazul sólo rio divertido, girándose para besar su mejilla.
- Okay, entendí… - bromeó – He sido algo ermitaño… Pero, no quería presionarte con todo esto… Tu aun tienes que terminar tus clases, estás en los exámenes finales, y además, tienes tu trabajo por las tardes… No tendría mucho sentido venir de todos modos, si cuando llegaras, Ellie ya estaría dormida… - se encogió de hombros – Eso, sin contar que cada dos horas se despierta… por hambre o por un pañal sucio… No podrías dormir nada… Y-yo creo que… creo que sólo estoy siendo muy considerado – Blaine rió.
- No me importaría cambiar pañales a las 4 de la mañana y no dormir una mierda, con tal de tenerlos a mi lado – confesó, depositando un beso en el cuello del menor.
- No dirías lo mismo después de dos noches seguidas en vela – se burló el más alto, liberándose de su cálido abrazo, para ir hacia la bebé - ¿Ves estas ojeras? – señaló los oscuros círculos bajo sus ojos – Ni la mejor "BB Cream" pudo cubrirlas – Blaine frunció el ceño, tentado a preguntar qué rayos era eso - Es una crema con coloración, por si no lo sabes… - se anticipó ante la confusión evidente en el moreno.
- Oh… - dijo, sin saber que más añadir. En silencio, Kurt tomó a Ellie, llevándola hacia el cuarto de Blaine – Llevaré la pañalera – se ofreció, tomándola desde el sofá. Apagó las luces y revisó que todo estuviera bien, antes de seguir al menor al cuarto.
Kurt ya había recostado a su hija, y ahora estaba mirando con curiosidad el montículo de cosas que Blaine tenía en una esquina de su cuarto, y que había estado reticente a botar a la basura. En ese momento supo que debía haberlo hecho.
- ¿Qué es esto, Blaine? – preguntó el castaño, sintiendo un hueco en su corazón, al leer "Bienvenidos", en un lienzo pintado a mano, además de un montón de decoraciones con motivos infantiles. Kurt entendió perfectamente porqué eso estaba allí, y eso no hizo más que destrozarlo por dentro y hacerlo sentir como la mierda.
- N-no… no es nada… Sólo… - Blaine se adelantó, quitándole el lienzo de las manos a su novio e intentando, en vano, tratar de cubrir las cosas bajo éste – Basura que no he tenido tiempo de tirar.
- Blaine… - soltó en un susurro el castaño – Yo no sabía…
- Da igual – lo cortó el moreno, mirando con una sonrisa que no llegó a sus ojos – Fue una estupidez de todos modos.
- No, no lo fue… - Kurt sentía sus ojos picando por soltar el llanto, pero se contuvo – Realmente, lo siento…
- No te disculpes, tú no has hecho nada malo… - el moreno lo guió hacia la cama – Ahora vamos a dormir y olvídate de esto, ¿sí?
- Blaine… - volvió a susurrar, en un hilo de voz.
- Olvídalo – el moreno lo besó, intentando dejar de lado aquello, para no arruinarle la velada a su novio. Había conseguido sorprenderlo hasta las lágrimas con su cumpleaños sorpresa y no deseaba que nada opacara eso.
Bien... Creo que siempre termino desapareciendome por el mismo motivo, pero no... no es que sea una escusa... Donde vivo la señal de internet no llega bien, para nada. Además la compañía era horrible... tuve que cancelar el contrato, después de estar casi un mes entero sin internet [Es horrible, no se lo deseo a nadie] Y bien... recién hoy me instalaron el servicio y... Espero que ahora ya no hayan más problemas con eso, o me tiraré por una ventana, lo juro.
En cuanto a la novela... Se viene el drama, porque qué creen? Yo amo el drama... además de que ya he definido el final... Y, sí... estamos en los capítulos finales... Máximo serán como 10 capitulos más y ya tengo 3 listos, asi que... Preparense!
