A la mañana siguiente todos los varones se reunieron en la azotea del edificio para tomar acuerdos en cuestiones de seguridad, pues como Adrien había dicho el día anterior, además de akumas, también habría rapiña y debían estar atentos a su entorno.
- Vayamos por radios y dividámonos - Yves, sugirió.
Yves era un joven con cabello corto, negro y lacio, siempre se le veía despierto a horas muy tempranas y era demasiado estricto con los niños del refugio, razón por la que Adrien prefería mantenerse lejos de su radio de observación.
El joven había llegado al refugio por su cuenta y en muy mal estado, vestía un uniforme del colegio militar y al parecer tenía un rango respetable dentro del ejército; Sibille y Lucas lo recibieron y le dieron la atención necesaria, cuando estuvo mejor, dijo que el colegio había sido atacado por Climatika y que la estructura no había podido soportar el huracán que la chica del clima había creado dentro del lugar, ocasionando que el edificio se derrumbara sobre ellos, el tiempo de evacuación fue apenas suficiente para que salieran, pero eso no había evitado que muchos de los estudiantes y militares recluidos en el colegio resultaran gravemente lesionados, así pues, Yves había tenido que caminar una muy larga distancia buscando ayuda que nadie quería darle hasta que había encontrado aquel lugar. Desde ese momento, el pelinegro había formado parte de los operativos de rescate del refugio y todos le tenían respeto por su habilidad de orquestar y sintonizar operativos que siempre tenían el resultado esperado.
En tanto el maestro Fu, se mantenía a la expectativa y consideraba que Yves era un chico de sentimientos decididos y un gran corazón, solo que las circunstancias lo obligaban a mantenerse recto con tal de proteger a todos en el refugio; Adrien era de la misma opinión.
Yves por su parte pensaba que Adrien era el típico muchacho bueno - para - nada que vivía bajo las faldas de su madre, ¡qué equivocado estaba! Le molestaba ver al rubio durmiendo la mayor parte del tiempo y se preguntaba constantemente de qué privilegios gozaría el señorito que se le permitía hacer y deshacer a sus anchas.
Después de decidir lo que harían, bajaron todos a la planta para desayunar e informar cómo se llevaría a cabo todo el procedimiento. La más molesta de todos era Cybèle, tanto que casi aventó los platillos a la mesa, causando que unas migajas de la comida se saliera del plato; ninguno de los tres hombres quería preguntar lo obvio, solo la vieron sentarse con los brazos cruzados, con su ya cotidiano peinado messy bunny y el seño fruncido.
- Adelante - dijo con aspereza la joven - coman tranquilos, no tiene veneno - los miraba fijamente recargada en el respaldo de la silla.
Cybèle era todo amor y confianza, pero también era una mujer de carácter firme y un genio del diablo, al menos cuando no era tomada en cuenta, como en ese momento.
- Tal como estás sentada en este momento, haces honor a tu nombre - dijo Adrien con un tono de inocencia y amabilidad. Dibujó una sonrisa afable en su rostro y todos lo miraron interesados ante tal declaración.
La misma Cybèle se irguió mostrando desconocimiento de lo que su compañero le decía, bajó los brazos y suavizó su expresión severa, cambiándola por una de curiosidad.
- Cybèle es un diosa frigia, la "magna mater" - dijo dando énfasis a la palabra griega - se le representa sentada como todo un portento en una carroza jalada por dos leones.
Adrien Agreste seguía sonriendo, la vieja táctica del cambio de tema seguiría funcionando hasta el fin de los siglos, al menos contra una mujer, mil veces había puesto en práctica esta maña contra Natalie cuando las excusas se le acababan y era obvio, siempre funcionaba de maravilla. El hecho de ser el superhéroe parisino ya había convertido al rubio en un un estratega de la mentira y la alteración de información, calmar a Cybèle era pan comido.
- ¿Cómo sabes tanto? - alcanzó a vociferar la chica.
Al parecer el joven era algo más que un rostro bonito. Adrien había invertido muchas horas de estudio con tutores personales expertos en cada rama de conocimiento, razón por la que no tuvo problema alguno al ingresar a un colegio; aunque Adrien no quisiera admitirlo abiertamente, nuevamente su padre tenía razón al decir que el home schooling era mejor en cuestiones de aprendizaje, el joven ojiverde había aprendido muchas cosas que en el colegio no le enseñaban.
- Mi padre no solo era estricto con sus diseños. - resumió el muchacho. Nadie tenía porqué saber las intimidades familiares, aunque todos en la sala morían por saber la clase de vida que Adrien llevaba y se le quedaban viendo con atención, pero al darse cuenta que el rubio no diría nada más, prosiguieron con su rutina matutina.
Durante el desayuno nadie pronunciaba una palabra, incluso los niños ya habían aprendido las reglas del juego, al terminar, cada uno lavaba su traste y los secaba, a excepción de los menores que solo llevaban los trastes al fregadero y uno de los adultos se encargaba de lavarlos. Durante ese tiempo Yves miraba furtivamente a Cybèle quien se veía más tranquila pero aún adolorida y con dos moretones en el rostro, a saber que le había pasado y seguramente no querría decirlo, la relación entre ambos jóvenes no era muy buena desde el inicio, pues la chica era la que menos acataba las reglas y el del colegio militar quien más le regañaba, así que ya se traían en la mira mutuamente.
Yves finalmente se puso de pie y dedicó una última mirada a la joven quien miraba con cuidado a Adrien, Yves, al notarlo, giró su mirada hacia el rubio quien estaba totalmente sumido en su mundo; carraspeó la garganta y dio las gracias a las cocineras, las tres señoras, entre ellas Sibille, le sonrieron y entonces el chico estricto se dirigió a la cocina; el maestro Fu lo siguió con la mirada y después dijo en chino: "un kwami ha reaccionado a él", al oír ésto, el del kwami del gato negro se tensó y levantó la mirada a toda la mesa, muchos se le quedaban viendo, pero la más interesada en ello era la pelinegra, Adrien juraría que ella había entendido, y se quedó con la duda, el tiempo diría lo que había sucedido, mientras contestó en francés que él también opinaba que la comida estaba deliciosa.
Alrededor del mediodía, dos grupos de tres hombres salieron en camino a las diferentes tiendas de electrónica, la idea era encontrar walkie talkies de largo alcance o cualquier tipo de radio comunicador.
Cuando salieron del edificio todo parecía estar vacío, caminaron segregados en ambos lados de la calle con dirección al área comercial de la ciudad, ellos bien sabían que las probabilidades de encontrar lo que buscaban era casi nula, pero no había peor lucha que la que no se hacía. Caminaron cerca de una hora, les pareció muy extraño no encontrarse con nadie en el camino, así que decidieron separarse por parejas, así pues, Adrien e Yves optaron por caminar calle arriba hasta llegar a una plaza comercial.
- Pensé que no sabrías llevarme paso - admitió Yves sonriendo a su compañero - veo que tienes una buena condición física.
Adrien devolvió el gesto amablemente y se tocaba el cabello con un poco de nerviosismo. El pelinegro devolvió la mirada al frente y le preguntó al rubio que deportes practicaba a menudo, Adrien confió que su itinerario estaba bastante completo, al ser modelo, debía mantener una dieta estable y ejercitar, admitió que la esgrima y las artes marciales eran bastante extenuantes y que hacía poco menos de tres meses antes de la catástrofe que había empezado a practicar parkour. Adrien pidió discreción, puesto que había hablado como una señal de buena fe y obviamente, las palabras del maestro Fu estaban muy presentes, el joven cadete, sería un nuevo portador, a saber de que kwami, pero pronto sería un compañero de batalla.
