Hola... ¿Yo? ¿Actualizando tan seguido? Ha de ser porque soy feliz con internet en casa otra vez... Disfrutenlo!
CAPÍTULO 26.
Los somnolientos ojos de Blaine luchaban por cerrarse, pero el chico se decía a sí mismo que no podía perderse la clase, porque ciertamente aquello entraría en el examen. Con las calificaciones que llevaba por hasta el momento, no podía darse el lujo de dormirse.
Sin embargo, el cansancio que cargaba el moreno era demasiado. Llevaba un mes completo sumido en una intensa rutina que lo mantenía corriendo de acá para allá y aprovechando hasta el más mínimo tiempo libre para estudiar. Sí, el chico malo y patán de McKinley High, estaba estudiando como un demente. Le había prometido a su novio ser un buen alumno y darle un buen ejemplo a su hija, para que no pensara que él era simplemente un fracasado. No deseaba que su princesa tuviera esa visión de su papi.
Se dio de cara contra el pupitre, sacando risitas murmuradas en sus compañeros de clases, a los que no tomó en cuenta; cuando el sueño le ganó la pelea. Miró el reloj y casi se sorprendió de que su pequeño pestañeo durada media hora. Se pasó las manos por el rostro, para despertar, se sentó derecho y forzó a su cabeza a concentrarse en lo que el maestro estaba explicando en el frente del salón.
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- ¡Anderson! – gritó su jefe desde la caja registradora. El moreno asomó su cabeza de detrás de la máquina del café – El cliente pidió un Macchiato y tu preparaste un Capuccino – lo regañó.
- Lo lamento mucho – se disculpó, casi en piloto automático. No tenía idea como aun podía seguir de pie, cuando su cuerpo sentía que se apagaría en cualquier momento – Lo cambiaré enseguida – le aseguró al cliente, poniendo una falsa sonrisa.
- Que no se repita, Anderson… o lo descontaré de tu paga – advirtió el hombre. Su jefe no solía ser del tipo abusivo, pero ese día la cafetería estaba abarrotada de gente y todos debía rendir al cien por ciento para sacar las ordenes rápido y no perder ningún cliente por las largas esperas.
- No se preocupe, no volverá a pasar – prometió el chico, regresando su atención en la máquina de café, golpeándose la mejilla, en busca de hacer reaccionar su desconectado cerebro – Idiota – murmuró para sí - ¿No puedes hacer nada bien? – se regañó, volviendo a golpearse.
A pesar de su agotamiento, se sintió emocionado cuando terminó su turno. Cogió sus cosas tan rápido como pudo y salió disparado del lugar, pasó por su departamento, dándose una ducha rápida para eliminar el rastro de café y sudor de su cuerpo y metió a su bolso los apuntes para el examen del día siguiente. Hizo el trayecto en su motocicleta, al límite de velocidad permitido, llegando al frontis de la casa de su novio en menos de quince minutos.
- ¡Blaine! – el castaño lo recibió con entusiasmo, besándolo y haciéndolo pasar rápidamente - ¿Qué tal tu día? – indagó, tomando la mano del moreno y guiándolo a su cuarto, como acostumbraban.
- Bien… - mintió, pero no pasó desapercibido para el castaño.
- ¿Bien? – alzó una ceja, incrédulo – No te oyes nada bien… ¿Pasó algo? ¿Reprobaste algún examen?
- No, no… - "Aún", pensó el mayor – Sólo… estoy cansado, eso es todo.
- Es que has estado haciendo muchas cosas últimamente – comentó el ojiazul, sentándose en el borde de su cama – Necesitas un respiro.
- Sabes que no puedo… - la frustración se coló en su tono de voz – Basta con que repruebe un solo examen y tendré que repetir el curso, tampoco puedo dejar mi trabajo porque necesitamos el dinero…
- Ya te he dicho que… - Blaine se arrodilló frente a su novio, para que sus rostros quedaran a la misma altura.
- Cariño, no voy a ser esa clase de novio… - advirtió – Sé que tu padre quiere ayudarnos, pero no es correcto que él tenga que mantener a nuestra hija – Kurt torció el gesto – Si fuimos lo suficientemente adultos para hacerla y traerla a este mundo, también debemos actuar como adultos y hacernos cargo de ella y sus gastos… Agradezco las intenciones de tu padre… Aun así, no puedo aceptar su ayuda – decretó y el castaño asintió en comprensión.
- Entiendo – se miraron en silencio a los ojos, por el simple placer de hacerlo. Repentinamente, el moreno se abalanzó sobre el menor, cayendo este de espaldas sobre la cama. Sus labios fueron directos a su cuello; besando y lamiendo con pasión – Blaine, ¿qué haces? – susurró el ojiazul, conteniendo la risa – Vas a despertar a Ellie.
- Shhh… Mantendremos las bocas ocupadas – aseguró, capturando el labio inferior del chico, en una unión llena de calor y necesidad. Sólo entonces, ambos notaron lo mucho que sus cuerpos se habían extrañado.
Las manos curiosas del moreno recorrieron los costados de su novio, explorando y rememorando su piel y su figura; mientras que su boca no se rendía en el trabajo de dominar el beso. Intentó no presionar demasiado a Kurt, debido a que aún no estaba del todo recuperado de su cirugía, por lo que se conformaría con sólo besarlo por ahora. El castaño envolvió sus brazos alrededor del cuello del mayor y jugueteó con su desordenado cabello negro. Se dejó hacer, hasta que un inconfundible llanto, le puso fin a su candente sesión de besos.
- Te lo dije… - se quejó Kurt.
- Aun así, valió la pena – Blaine se levantó de la cama, tendiéndole una mano al chico para que se pusiera también de pie – Aunque… ahora no sé qué hacer con esto – dijo, acomodando sus jeans, dejando en evidencia el prominente bulto en sus pantalones.
- Yo no estoy en mejores condiciones – bromeó de vuelta el castaño, imitando el gesto de su novio – Pero, tendremos que dejarlo para otro día.
- Mmmh… - Blaine suspiró frustrado, sin embargo, optó por sacar sus apuntes y ponerse de lleno a estudiar. Seguramente eso le esfumaría las ganas de continuar lo que empezaron.
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- Anderson… - llamó el maestro de ciencias, mientras entregaba los exámenes calificados – Ten – el hombre mayor, de aspecto malhumorado, le entregó el papel, con un gran 8 pintado en color rojo, que le sacó una sonrisa al moreno – Buen trabajo – comentó, antes de retirarse para continuar su labor.
- ¡Sí! – festejó, empuñando sus manos con alegría. Inmediatamente sacó su móvil, tomando una selfie de él y su calificación. Acto seguido, se la envió a Kurt.
Tardó solo un par de segundos en ver su fotografía y llenar el tablero de mensajes de emojis expresando su felicidad; junto a un "¡Eres el mejor!". Con esa simple respuesta, Blaine sintió que cada esfuerzo valía la pena.
El pelinegro era consciente que sólo se trataba de uno de tantos exámenes que le faltaba por rendir y aprobar para terminar el curso sin problemas, pero se sentía satisfecho que de todas las carreras diarias que tenía que hacer entre la escuela, su trabajo y su familia; aun lograra sacar las calificaciones necesarias. No era por ser mediocre, pero no esperaba obtener un 10, no era iluso. Sólo esperaba sacar un suficiente y no repetir el curso.
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Kurt se sintió de ánimo aquel día; estaba soleado y el aire cálido que indicaba que se acercaba el verano, renovaba sus energías. Ellie había cumplido ya dos meses desde su nacimiento y el castaño ni siquiera era consciente de en qué momento eso pasó, pues él seguía sintiendo que su hija acaba de nacer. Sin embargo, aquel día tan brillante, decidió que sería bueno salir a pasear con su bebé, más allá de las consultas rutinarias con el pediatra, necesitaba distraerse un poco del encierro, por lo que, notando la falta de ropa en su closet y que a su pequeña no le vendrían nada mal un par de vestidos también, empacó lo necesario en su pañalera y se dirigió junto a ella, hacia el Navigator del castaño. Era emocionante salir como un padre con su bebé, casi como si de un total adulto se tratase. Aseguró el cinturón y todos los broches con un "click" y una vez que tironeara para asegurarse que estaba todo bien, se subió frente al volante.
Agradecía profundamente que su padre no dejara de darle una considerable suma mensual para sus gastos de ropa y artículos personales, además del aporte monetario de Blaine, quien insistía en que había conseguido ese trabajo sólo para su hija, asique debía gastarlo en ella. Por lo que, con una sonrisa, parqueó el carro en el gran estacionamiento del centro comercial. Bajó la carreola de Ellie y luego la acomodó en ella.
Pasearon por el lugar, entrando en algunas tiendas de bebés, y Kurt sólo deseaba llevárselo todo, porque cada cosa que veía le parecía adorable. Era casi imposible para el ojiazul contener a su comprador compulsivo interno. Sin embargo, se limitó a comprar sólo lo necesario, sintiéndose apenado por no ser su propio dinero el que estaba gastando. Se dijo a sí mismo que, por este mismo motivo, debía ser prudente y no exagerar.
Recorrió también algunas tiendas con ropa que era de su gusto, sin la posibilidad de probarse nada, porque no pensaba despegarse de su bebé ni por medio segundo, por lo que se conformó con medirse las prendas frente a un espejo, juntando una costura con otra, haciéndolas calzar y asegurándose que le quedaría bien. Sabía que había vuelto a su talla anterior, pero su inseguridad le podía más.
Cuando sintió que era prudente, se detuvieron en una cafetería, para poder alimentar a la pequeña Ellie, quien comenzaba a incomodarse dentro de la carreola, haciendo pequeños pucheros, rompiendo el corazón del castaño, quien no soportaba ver ese gesto en su hija.
Pidió un café y una rebanada de cheesecake, en tanto sacaba de la pañalera un termo con la leche ya preparada para la bebé. Tuvo un momento realmente agradable cuando su orden llegó. Casi estaba acostumbrado a comer con una sola mano, mientras la otra sostenía el biberón de Ellie, por lo que ambos disfrutaron su merienda. Cuando terminaron de comer, Kurt tranquilamente tomó en sus brazos a su hija, jugueteando con ella. Aún era temprano y no tenía mayor prisa, además de que recorrer tantas tiendas, había cansado un poco al chico.
Sin embargo, su cansancio y las ganas de permanecer en la cafetería se esfumaron en cuanto divisó un rostro familiar, ingresando a la cafetería, con su habitual sonrisa. Se maldijo internamente, presa del pánico e, intentando ser rápido, dentro de lo que podía, acomodó a su hija de regreso en su carreola, pidiendo la cuenta al distraído mesero, al que tuvo que chasquearle los dedos. Suplicó porque el impulsivo gesto no llamara la atención de aquella persona que el castaño deseaba evitar a toda costa, fallando cabalmente.
Los ojos verdes, llenos de curiosidad al oír el sonido, se voltearon captando una escena que lo tomó por sorpresa, agradeciendo en hecho de haber salido temprano de clases ese día. Olvidando su motivo original para entrar al local, se dirigió directamente hacia la mesa del presuroso castaño, quien estaba pagando ansioso su orden y se apuraba en colgarse la pañalera al hombro.
- ¿Kurt? – la conocida voz lo interrumpió antes de que pudiera huir de ahí, o siquiera ponerse de pie - ¡Sí eres tú!
El castaño no entendía de dónde provenía tanta amabilidad repentina, después de su última conversación en que literalmente esa persona lo había mandado a la mierda.
- Sebastian – respondió, resignando a la incómoda conversación que se avecinaba. Tal vez, muy dentro de él, aun se sintiera algo culpable por haberle mentido tan descaradamente.
- Es… sorpresivo encontrarnos… ¿no crees? – los vibrantes ojos verdes de Sebastian lo miraron tanto como su posición le permitió, como si estuviera apreciando su nueva apariencia ahora que no cargaba una panza de embarazo.
- Sí, es sorpresivo… ¿no deberías estar en clases? – dudó el menor, intentando zafar de la charla.
- Sí, pero… tuvimos un ensayo, para la graduación, ya sabes y… nos dejaron la tarde libre – explicó, sentando frente al ojiazul – Entonces, pensé en las ganas que tenía de tomar un café… y sabes que esta es mi cafetería favorita – señaló, haciendo al castaño golpearse mentalmente. Sabía que había estado allí muchas veces antes, pero nunca relacionó el por qué - ¿Qué importa que esté a dos horas? El café es increíble y lo vale.
- Mmmh… ya veo – Kurt tosió un poco, sintiéndose fuera de lugar y mirando a su hija, quien estaba tranquilamente mirando a la nada, jugueteando con sus manos – Yo, estem… y-ya me iba… tengo algo de prisa y… - intentó ponerse de pie, pero entonces Sebastian lo sostuvo del brazo, haciendo que el cuerpo entero del menor se crispara ante el gesto.
- No tienes que irte así… - dijo, con una extraña emoción que el ojiazul pudo percibir en su mirada – Yo… no pretendía incomodarte… - Kurt dudó entre volver a sentarse y ser amable, o simplemente tomar a su hija y salir de ahí como alma que lleva el diablo – Sé que las cosas acabaron muy mal entre nosotros, pero… - y ahí estaba, Kurt sabía que la culpa lo devolvería a poner su trasero en el asiento – Diablos… Kurt, yo… no he dejado de pensar en ese día… - el menor torció el gesto. Lo cierto es que él estuvo mucho tiempo cuestionándose si había hecho lo correcto, soltándole la verdad sin anestesia, viendo cómo se rompía frente a él, aquel chico que tanto quiso alguna vez – Siento que todo fue tan… brutal, no lo sé… dije muchas cosas horribles, y me siento muy mal por ello.
- No deberías… - soltó Kurt, sin poder evitarlo – Era normal que descargaras tu rabia… yo actué mal, te mentí y… no espero que te disculpes… - el menor negó con la cabeza – Si la situación hubiera sido al revés, no creo que yo reaccionaría mejor.
- Ya, pero… aun así… no sentía ni la mitad de todo lo que te dije – insistió – Y, te sonará a locura total, pero… y-yo… yo no he podido sacarte de mi mente, ni de mi corazón… no sé porque… a veces pienso que soy un idiota y que debería estarte odiando por todo… - soltó una risa sin humor – Sin embargo, eso no es así…
- Sebastian… - murmuró, con un nudo en la garganta, por tener que romper las ilusiones del chico frente a él nuevamente – Yo… tu sabes que estoy con alguien… tengo una relación desde hace un tiempo con un chico… - los ojos verdes de Sebastian parpadearon heridos.
- ¿El padre de tu bebé? – quiso saber.
- Sí – afirmó el ojiazul, en un suspiro.
- Entiendo… - sólo entonces, sus ojos cayeron sobre la carreola junto a ellos. Kurt se sintió aprehensivo al ver la mirada del mayor, curioso sobre su hija – Debe ser una bebé muy linda… si es hija tuya – comentó, sonriendo con tristeza - ¿Puedo verla?
Con reticencia, Kurt bajó la capucha de la carreola, manteniendo una protectora mano sobre el volante. El rostro del chico de uniforme fue un poema. Ellie agitó sus manos, soltando un pequeño gorgoteo, para luego chupar sus dedos con energía y mover sus pies. Era una bebé feliz, ajena a la complicada situación emocional que su padre estaba enfrentando justo frente a ella. Sebastian la miró atento, con ojos brillantes y una involuntaria sonrisa en su rostro.
- Wow… - susurró, absorto – Ella es hermosa… muy hermosa… - comentó, haciendo sentir orgulloso a Kurt – Es… se parece tanto a ti… y tiene tus ojos, tu pelo… - continuó – Es como si… - volteó a mirarlo – Como si sólo fuera tuya – Kurt no sabía si tomar aquello como una broma o como algo más - ¿Cuál es su nombre?
- Elizabeth – informó Kurt, decidido a marcharse de una vez por todas – Seb, yo… no quiero ser grosero ni nada, pero… ya llevamos demasiado tiempo fuera de casa y ella necesita descansar… - el brillo en los ojos del mayor, se apagó en cuanto lo oyó – Lo siento, nos vamos.
- Oh… entiendo – le dio una sonrisa ladina al ojiazul – Te diría que nos vemos pronto… pero, eso sería ser iluso – una extraña sensación recorrió el cuerpo del menor, casi como si sus sentidos captaran el peligro en las palabras de Sebastian. No quería pensar mal, pero algo no le daba buena espina.
- Bien, adiós Sebastian – cortó el chico, colgándose la pañalera al hombro y volviendo a bajar la capucha de la carreola, para evitar la mirada curiosa de Seb.
- Adiós, Kurt – se despidió resignado el ojiverde.
En cuanto estuvo fuera de la cafetería, Kurt deliberadamente apuró el paso. Deseaba salir tan rápido como le fuera posible del centro comercial. Se sentía extraño y no dejaba de pensar en la incómoda conversación con Sebastian. Aun se le hacía utópico haberlo encontrado allí, y las cosas que se dijeron. ¿Qué era exactamente lo que Kurt sentía en ese momento? ¿Por qué la sensación de estar traicionando a Blaine no lo abandonaba? Él sólo había sido cortés al quedarse a escuchar, y tampoco respondió afirmativamente a ninguno de sus comentarios respecto a lo mucho que pensaba en él. Kurt se comportó correctamente, dejando en claro que estaba saliendo con un chico, que era Blaine. Sin embargo, algo dentro de él le gritaba que no debió darle la instancia a Sebastian para que le dijera que no había dejado de pensar en él. De haberse largado en cuanto lo vio, ahora tendría su consciencia tranquila y no estaría prácticamente a media carrera por el estacionamiento, tratando de huir de allí.
Una vez dentro de su carro, soltó el aire que estaba conteniendo. Se sentía a salvo allí, por lo que, en un esfuerzo de dejar atrás aquel encuentro indeseado, encendió el radio, sintonizando una emisora que emitía un especial de jazz; para luego poner en marcha el vehículo, saliendo del lugar, sintiendo los latidos de su corazón en la garganta.
Decidió por el bien común de su relación, no comentar el incidente con Blaine, pues había visto lo abrumado que su novio estaba con todas sus responsabilidades, y no deseaba cargarlo con más preocupaciones, mucho menos deseaba traer de vuelta el recuerdo de su ex novio, escarbando en las heridas del pasado. Su noviazgo no necesitaba un ciclón como ese, ahora que por fin disfrutaban de un clima soleado, metafóricamente hablando. Les había costado tanto lograr una estabilidad y madurez emocional, que Kurt no se atrevía a ser el causante de su desequilibrio.
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El timbre sonó por toda la casa Hudmel, como era costumbre, alertando la llegada de Blaine. Kurt casi corrió a abrir la puerta, encontrándose con un radiante Blaine, quien lo envolvió en un efusivo abrazo, dándole una vuelta entera en el aire, y besándolo en cuando lo regresó al suelo.
- Hola – entonó con evidente alegría en la voz. Kurt rió.
- Hola para ti, también – saludó el castaño, volviendo a besarlo – Supongo que tu felicidad se debe al 8 en tu examen, ¿cierto?
- Sip – el moreno afirmó con su cabeza, aun sin apartar las manos del castaño - ¿Deberíamos celebrarlo? – alzó las cejas sugerente, sacando una carcajada del menor.
- Sabes que no puedo, aunque quisiera – le susurró de vuelta.
- Mmh… lo sé – masculló Blaine, poniendo una fingida expresión de molestia en su rostro - ¿Cuánto más me harás esperar? ¿Quieres que muera? – Kurt no pudo evitar reír con ganas.
- No vas a morir sin sexo – advirtió – Aunque, puedo ofrecerte otras cosas – el menor le guiñó un ojo, coqueto – Ya sabes, no todo se hace con las manos…
- Uuuh… - dio un gruñido en aprobación, cambiando su mirada a una intensa – Dime más…
- ¡Hey, Blaine! – la voz de Finn terminó abruptamente con la candente conversación que mantenían los chicos, aun abrazados junto a la puerta de entrada.
- Finn – el recién llegado le dio un asentimiento, intentando no ser grosero con el más alto, por arruinarles el momento.
- ¿Interrumpí algo? – dudó al ver la molesta expresión en su hermano – L-lo siento… yo… me-mejor me voy…
- Agh… - Kurt soltó un suspiro, frustrado – Creo que deberíamos ir a ver a Ellie – sugirió, liberándose del agarre del moreno, pero entrelazando sus manos, para dirigirse a la sala, donde la pequeña bebé era mimada por su abuela, quien le hablaba con una divertida voz aguda, mientras hacía caras extrañas. El menor se aclaró la garganta, para no ser inoportuno. La mujer, sin borrar su sonrisa, volteó a mirar a los chicos, quienes se acercaron a ella.
- Hola, Blaine… ¿Cómo estás? – saludó Carole.
- Hola, muy bien, gracias… - contestó el aludido. La mujer sin decir una palabra, le entregó a Ellie, como acostumbraba.
- Ve con papi, princesa – se dirigió a la bebé, despidiéndose con su mano, una vez que se la entregara a su padre – Iré a terminar la cena, muchachos.
Carole desapareció por el pasillo y Blaine centró su atención en su hija.
- Hola, Ellie… papi ya llegó, para jugar contigo – comenzó a decir, ante la mirada de adoración de Kurt. Si había algo que el castaño amaba, era ver el brillo en los ojos mieles del moreno cada vez que miraba a Ellie. Reflejaban tanto amor que su corazón dolía y se comprimía en su pecho. Jamás podría cansarse de ver aquello, ni en un millón de años - ¿Has hecho enojar a papá hoy? ¿No? ¿Has sido una niña buena? Así se hace… - continuó interactuando con su hija – Siempre debes ser una chica buena… ¿de acuerdo? – la pequeña solo lo miraba, intentado centrar su vista para enfocar adecuadamente el rostro sonriente de su padre, soltando gorgoteos y moviendo sus manos errantes.
Más tarde, Ellie se durmió, dejando un espacio para que sus padres pudieran hablar a solas. Blaine se encontraba intentando memorizar sus apuntes de geografía, cuando Kurt se acercó a él, envolviendo sus brazos alrededor de él, por detrás, dejando un beso en la curva de su cuello.
- Estoy harto de los malditos profesores y sus exámenes de mierda – se quejó el moreno, pasando una mano por su rostro cansado – En serio, ¿de qué me servirá memorizar todo esto, si ni siquiera pienso trabajar en algo así? No tiene sentido – argumentó, sacando una suave risa en el menor.
- Ya queda poco para que esto acabe, bebé – lo intentó reconfortar el castaño – Sólo una semana más, y serás libre… No desesperes.
- Lo dices porque tú tienes que dar exámenes libres – refunfuñó el moreno.
- Eso no quita que sean exámenes de todos modos – se encogió de hombros – La ventaja es que Mercedes y Tina prometieron darme todas las respuestas – le guiñó un ojo.
- Hey, tramposo – Blaine se volteó en la silla, poniéndose de pie y picando a Kurt en las costillas – Eso no se hace… ¿Qué clase de ejemplo me estás dando?
- Ni que fuera tu madre, Blaine – rió el menor, intentando escapar de las peligrosas manos del pelinegro.
- Ven aquí… - el mayor tiró de Kurt, apegándolo a su cuerpo, con las intenciones pintadas en su cara.
- ¿Qué pretendes, Anderson? – dudó el castaño, sintiendo como el moreno lo acorralaba contra la puerta de su closet.
- ¿Está la puerta cerrada? – preguntó, antes de dejar un camino de besos por el cuello de su novio, quien se estremeció involuntariamente ante el roce de sus húmedos labios.
- No con seguro – advirtió, intentando no hablar demasiado alto.
- Mmmh… - el ronroneo bajo del mayor le envió escalofríos por todo el cuerpo, electrificando el aire.
La boca de Blaine ascendió en su camino, recorriendo la mandíbula de Kurt, llegando ansiosamente a su boca, besándolo demandante y con necesidad. El moreno no podía controlarse cada vez que veía a Kurt. Lo extrañaba, a él, su piel, sus caricias, sus besos, su aroma, oírlo gemir, hacerle el amor… su cuerpo entero vibraba con solo abrazarlo, pidiéndole más, negándose a conformarse con un par de besos. Sin embargo, Blaine sabía que Kurt no estaba listo. Había sido intervenido, cortado y vuelto a cerrar, y aquel procedimiento necesitaba tiempo para sanar del todo y no doler. El moreno no podría cargar con su consciencia si algo malo le ocurriera al menor por ser precipitado. Además, Kurt apenas tenía 17 años… y él se sentía algo mal por hacerlo pasar por algo tan grande a él sólo… Lo mínimo que podía hacer era esperar por él, respetar sus tiempos y permitirle sanar correctamente, antes de hacer nada.
- Blaine… - el nombre del moreno fue más un jadeo, pero el aludido supo lo que el chico quería decir.
- Lo sé, tranquilo… - lo calmó – No voy a abusar de ti, ni nada parecido… sólo quería algo de privacidad… sin interrupciones – le guiño un ojo y continuó con su labor, cuando sintió el cuerpo del menor relajarse en sus brazos.
Sus bocas volvieron a encontrarse, chocando de forma brusca y necesitada. Kurt sabía que después de eso necesitaría una ducha fría o algo, porque, maldición, Blaine lograba ponerlo al cien. Las manos del menor revolvieron el pelo negro de su novio, volviéndolo un desastre total. El moreno alzó al chico en sus brazos, sentándolo sobre el escritorio y Kurt, por acto reflejo, envolvió sus piernas en la cintura del pelinegro, permitiéndole al mayor un mejor acceso a todo su cuerpo. Se besaron y tocaron tanto como pudieron, inundando la habitación de sonidos húmedos y pequeños jadeos susurrados. Kurt no supo en qué momento la camiseta de Blaine desapareció, pero estaba muy feliz de poder tocar la piel de su novio con sus manos y su boca, sintiendo su sabor salado y varonil en sus labios.
- Umm, cariño… - murmuró Blaine, cuando la mano de Kurt bajó por su pantalón, encontrándose con el premio mayor. El chico casi se ahogó con su propia saliva al notar el enorme bulto en sus pantalones; ya ni recordaba lo bien dotado que su novio estaba, y el pensamiento lo hizo sonrojarse – Podrías echarme… una mano con eso – bromeó, entre su nebulosa de excitación.
Kurt no perdió tiempo, y quitándole el cinturón, bajó los pantalones del moreno, con su ayuda. Cambiaron de posición, quedando Kurt de rodillas y Blaine apoyado contra el escritorio; no sin antes echarle el seguro a la puerta. No se arriesgarían a matar de un infarto a quien se atreviera a entrar al cuarto. El castaño no dudó mucho más, cuando notó la felicidad y el brillo en los ojos avellana de su novio. Él realmente quería hacer esto por él, porque lo disfrutaba y no como una compensación.
Sin pensarlo mucho más, usó su boca para succionar el prominente miembro de su novio, saboreándolo y reconociéndolo. Ciertamente había pasado demasiado tiempo desde la última vez que había hecho el amor, y el menor casi olvidaba como hacerlo. Sin embargo, Blaine parecía satisfecho con su desempeño, pues no dejaba de gemir, mordiéndose los labios para no hacer demasiado ruido y despertar a Ellie o alertar a los demás ocupantes de la casa de lo que estaban haciendo.
Chupó y lamió con energía, viendo a Blaine deshacerse frente a él, con las piernas temblorosas y un montón de frases susurradas entre dientes. El mayor puso una sugerente mano sobre su cabeza castaña, indicándole que estaba cerca, pero eso no detuvo al chico, quien deseaba darle la experiencia completa al moreno. Casi al borde del placer, el mayor peleó por apartar a Kurt, porque su resistencia no duraría mucho tiempo más. Kurt, tercamente continuó, enfocado en darle la mejor mamada de su vida a Blaine.
Cuando el mayor ya no tuvo fuerza para luchar contra lo que el castaño le hacía, se rindió y el climax lo golpeó con una fuerza aturdidora, haciendo que sus piernas temblaran aún más, obligándolo a sostenerse del escritorio, mientras se vaciaba en la cavidad de su novio; quien, de forma experimental, tragó tanto como pudo, sintiéndose un erudito al lograrlo.
- Oh, mierda… Kurt… - gruñó con los dientes apretados – ¿Qué me has hecho? – cuestionó, poniendo una mano en la barbilla del ojiazul y mirándolo con adoración. El chico rió travieso.
- ¿Te ha gustado? – el moreno casi se cae al suelo con la pregunta.
- ¿Bromeas? – lo ayudó a ponerse de pie – Esta ha sido la mejor… mejor mamada de mi vida… - aseguró, con la mayor sinceridad que pudo, a través de la sensación de placer que aún lo invadía – Y he recibido muchas.
Kurt torció el gesto ante el comentario final.
- ¡Blaine! – lo golpeó en el brazo – No se supone que digas esas cosas… Acabas de arruinar el momento.
- Cariño… sólo soy honesto – se justificó, regresando su ropa su lugar – Deberías sentirte orgulloso de ti mismo…
- Sólo me siento furioso y quiero golpearte – soltó el castaño, sacudiendo sus rodillas.
- Kurt, no seas… No lo dije con esa intención… - intentó recuperar el momento perdido – Sabes que no tengo un maldito filtro entre mi cerebro y mi boca, y que siempre soy honesto… - explicó, envolviendo al castaño en sus brazos, aunque éste mantenía los suyos fuertemente cruzados sobre su pecho – Sé que no fue la forma más romántica de decírtelo, pero realmente… ha sido lo mejor… Lo juro.
Kurt soltó un suspiro, resignado.
- Eres un idiota – dijo a modo de respuesta.
- Pero, aun así, me amas… - bromeó, recibiendo una ceja alzada de parte del menor.
- No tientes tu suerte, Anderson – advirtió, sin descruzar sus brazos aún.
- ¿Dejarás de estar molesto si yo te doy una mamada? – ofreció, haciendo que Kurt abriera los ojos sorprendido.
- ¿Qué? – exclamó, para luego bajar la voz, al recordar que no estaban solos en la habitación - ¿Crees que puedes solucionar todo con una mamada?
- Te daré la mejor que hayas tenido – le guiñó un ojo, logrando que separara sus brazos – Será tan buena, que querrás repetición – continuó bromeando.
- Tal vez otro día… - dijo, al ver la hora en el reloj, sobre su mesita de noche – Ya es tarde, deberías ir a casa… y seguir estudiando – le aconsejó, escuchando un gruñido en respuesta.
- Aguafiestas… - masculló, liberando su agarre – Esa… es la peor excusa que me han dado.
- ¿Continuarás recordando tus conquistas pasadas? – se quejó Kurt, nuevamente cruzando los brazos.
- Lo siento, yo… creo que será mejor irme, antes de salir golpeado de aquí – se burló, guardando su block de apuntes en su bolso, para luego despedirse del castaño – Te amo, aunque te enojes…
- Idiota – susurró Kurt sobre sus labios – También te amo.
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El día estaba particularmente lento, tanto que Blaine casi dormitaba sobre sí mismo, disimulando su cansancio, mientras pasaba repetidamente un paño por el mesón que hacía mucho que ya estaba limpio.
- ¿Pretendes ver tu reflejo ahí, o qué? – bromeó su jefe, al ver al chico incansablemente limpiando.
- Oh, no… yo… - el moreno, tomado por sorpresa, se sintió avergonzado – Ya terminé – se deshizo del paño y le sonrió a su jefe.
- Anderson… - comenzó a decir y el aludido lo miró curioso - ¿Qué planeas hacer cuando acabes la escuela? – indagó, con un brillo peculiar en su mirada.
- Yo… - el chico lo pensó un rato, dándose cuenta que no había pensado realmente más allá de aprobar sus exámenes y graduarse de una buena vez. Lo poco que planeó junto a Kurt para sus vacaciones, era más que nada salir a algún lugar, tal vez visitar a los padres de Carole, porque el castaño había amado el lugar, la vez que lo visitó en invierno. Quizá buscar la forma de ir a la playa; aunque todos esos deseos, eran conversaciones aleatorias, y nada definido aún – Creo que no mucho… - respondió finalmente, rascándose la nuca - ¿Por qué?
- Bueno, verás… - el hombre se apoyó en el mostrador con su codo – Siempre que llega el verano, la mayoría de los chicos que trabajan aquí, renuncian y se van a la universidad o de vacaciones, dejando el local sin personal – explicó – Y te he visto trabajar, Blaine… eres bueno, rápido y eficiente – el moreno sonrió ante el cumplido – Por eso pensaba en que… si estás de acuerdo, comenzaras a trabajar a jornada completa, una vez que acabes tus clases – ofreció, sorprendiendo al pelinegro – Obviamente la paga será mejor y tendrás dos días libres a la semana… Sé que tienes una hija recién nacida, puedo ser flexible si necesitas algún permiso especial… Todo se puede conversar, ¿sabes? – el hombre miró esperanzado al chico, quien se debatía internamente, en busca de una respuesta para su jefe – No tienes que aceptar de inmediato, porque imagino que debes pensártelo… Pero, espero que tomes esta oportunidad.
- Muchas gracias, yo… pensaré bien y, le diré mi respuesta en cuanto la tenga – afirmó, manteniendo sus emociones a raya.
No podía negar que el ofrecimiento de su jefe lo tenía feliz, porque aquello significaba tener un trabajo estable, más dinero y seguridad. No tendría el temor de perder su empleo, ni dejar a su hija sin un sustento. Sin embargo, no sabía cómo lo tomaría Kurt, quien se veía muy entusiasmado con la idea de unas vacaciones los tres solos. Aun así, el moreno se dijo a sí mismo que no tendrían cómo viajar sin dinero, por lo que la oferta de trabajar a tiempo completo, podría solucionar ese problema, y tal vez muchos más.
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Kurt sonreía radiante, viendo su hoja de calificaciones, con todas sus materias aprobadas. Había tenido una larga semana de exámenes y agradecía profundamente que sus amigas no se hubieran olvidado de él, mandándole periódicamente los contenidos de cada clase. Oficialmente, su segundo año había terminado satisfactoriamente, a pesar de todo. Su teléfono vibró en su bolsillo, por lo que se disculpó y salió de la oficina del director para contestar.
- Hola, Blaine… - el castaño fue interrumpido de inmediato.
- ¡Aprobé! ¡Kurt, aprobé todo! – la alegría rebosaba del chico al otro lado de la línea – No puedo creerlo… ¡De verdad lo hice! – continuó, haciendo al ojiazul reír.
- ¡Felicidades, bebé! – dijo Kurt, intentando no correr a encontrarse con él – Ya somos dos, acaban de entregarme mis calificaciones… También aprobé.
- ¡Oh, cariño! ¡Tenemos que celebrar en grande! – bromeó, o tal vez no.
- Estoy en la oficina de Figgins – informó – Ven por mí, y podemos escaparnos – añadió con voz sugerente.
- Voy corriendo, amor – la llamada finalizó, y Kurt hizo su mayor esfuerzo para no reír como un loco, mientras volvía a entrar a la oficina del director.
Vio como su padre le estrechaba la mano a Figgins, agradeciéndole por la ayuda que le habían brindado a su hijo para completar su año escolar sin mayores alteraciones.
- Nos vemos en septiembre, señor Hummel – se despidió el hombre con su acento afuerino – Kurt, disfruta tus vacaciones – el aludido le dio una sonrisa, y salió del lugar junto a Burt.
- Papá, am… Blaine y yo… - se aclaró la garganta – Vamos a ir juntos a casa… más tarde – la mirada verdosa del mayor cayó sobre las mejillas sonrojadas de su hijo - ¿Estás bien con eso?
- No tengo problemas, y sabes que Carole adora pasar tiempo con Ellie – su mirada se clavó en los ojos azules e inquietos del castaño – Pero, no quiero más nietos por ahora – advirtió, haciendo que el sonrojo de Kurt llegara hasta sus orejas.
- ¡Papá! ¡Yo no…! ¡Nosotros no íbamos a…! – el hombre rió, divertido de ver el mohín de su hijo - ¿Por qué piensas tan mal de mí?
- Am… no lo sé… - se burló el mayor – Tal vez, porque son adolescentes… Y tienes historial – lo molestó aún más.
- ¡Dios! ¿Sabes qué? ¡Olvídalo! – negó el castaño – Le diré a Blaine que vaya directo a la casa – sacó su móvil, molesto.
- Kurt… - la voz de su padre lo hizo alzar la mirada – Sólo estaba bromeando… - el castaño soltó un bufido – Diviértanse… pero no demasiado.
- Agh… ¡Papá! – Burt carcajeó, mientras le revolvía el pelo a su hijo, dejándolo sólo a mitad del pasillo.
Kurt rodó los ojos, sintiendo que su humor se echaba a perder por las bromas de su padre; entonces Blaine lo abrazó por la espalda, depositando un beso en la curva de su cuello.
- Hola, cariño – murmuró contra su piel - ¿Te han dicho que ese pantalón te hace ver caliente?
- Sí, tú lo hiciste hace meses… - recordó el castaño, volviendo a sonreír – Y acabas de hacerlo ahora.
- Me encanta – ronroneó.
- Am, bebé… estamos aún en la escuela… - advirtió, viendo las miradas curiosas a su alrededor – Deberíamos…
- Oh, sí… ¿Viniste con Burt? – preguntó, tomando la mano de su novio y guiándolo hacia el parqueadero.
- Sí, así que ya me quedé sin auto – bromeó.
- Mmh… será como en los viejos tiempos – alzó las cejas sugerentemente, señalando su flamante moto negra.
- Agh… odio esa cosa – gruñó el menor en respuesta – Mis pies no dejan de vibrar luego de bajarme, y no me parece nada segura.
- Pero me hace ver genial, y eso es lo que vale – le guiñó un ojo, haciéndolo reír.
Llegaron rápidamente al apartamento del moreno, bajaron y caminaron al interior hablando cosas sin importancia. Cuando entraron al elevador, se vieron completamente a solas, y bastó eso para que ambos se acercaran, con la clara intención de besarse.
Kurt sintió que su cabeza chocaba contra el cristal a su espalda, cuando Blaine lo abordó algo brusco.
- Lo siento, cariño – murmuró sobre los labios del castaño, reprimiendo una risita. El menor no le dio importancia.
Se besaron con pasión y necesidad, olvidándose del mundo que los rodeaba, de la cámara de seguridad y del lugar en donde estaban. Cuando el sonido típico anunció su llegada al piso de Blaine, éste tomó a su novio de la cintura, levantándolo y llevándolo a horcajadas por el pasillo. El moreno rogaba porque ninguno de sus vecinos tuviera la ocurrencia de asomarse a mirar. Kurt rió, completamente extasiado por el atrevimiento de Blaine, llevándolo alzado hacia la puerta de su departamento.
Blaine intentó buscar la llave, sin detener sus besos, ni bajar a su novio; luchando con el bolsillo del pantalón estúpidamente apretado.
- Deberías… - intentó sugerir Kurt, haciendo ademán de bajarse.
- No, sólo… ya casi – aseguró el moreno, negándose a dejar morir el momento – Mierda… ya, ya las tengo… - maldijo, sacando más risas a su novio – Un poco más… - introdujo la llave, sintiendo el click - ¡Sí!
Pateó la puerta, para abrirla y la cerró de la misma manera. Anduvo aún con el castaño en sus brazos, fuertemente sujeto con sus muslos en las caderas del moreno, hasta llegar a su cama, donde finalmente, lo sentó.
- Creo que… no deberíamos… - dudó Kurt, mirando a su alrededor, evitando la potente mirada que el moreno estaba dándole en ese momento – Papá me advirtió que no quería más nietos – alzó un hombro, escuchando a su novio chasquear la lengua.
- Tengo condones… muchos, muchos condones… - ofreció – Como no he podido usarlos… yo… - el moreno se rascó la nuca – Espero que no hayan expirado.
- Blaine… - Kurt suspiró, de pronto su lívido comenzó a desaparecer – Deberías asegurarte de eso, antes de hacer cualquier cosa.
El moreno, intentando no perder demasiado tiempo, rebuscó en su mesa de noche, soltando maldiciones entre dientes, por cada preservativo que tomaba.
- Vas a odiarme, cariño – dijo apenado. Kurt volvió a reír – Te juro que compraré mañana mismo…
- De acuerdo… - Kurt lo miró de lado, aun sentado sobre la cama, apoyándose sobre sus brazos extendidos – Y no te odio.
El estómago del menor sonó, llamando la atención del moreno.
- Uh… ¿Tienes hambre? – Blaine señaló su estomagó con un dedo, divertido.
- Supongo que sí – el pelinegro tomó su celular del bolsillo trasero y tecleó en él.
- Pediré una pizza – informó – La comida es lo único que podría compensar este percance.
- Estoy de acuerdo – el ojiazul se puso de pie y siguió a su novio hacia la sala.
-o-
- Aun no puedo creer que no hayas aplicado para ninguna universidad – comentó Kurt, sacando una rebanada de pizza de la caja - ¿Qué planeas hacer en septiembre, entonces?
- No lo sé, trabajar… - murmuró el aludido, apoyando un codo sobre la isla de la cocina y su cabeza sobre la palma – No todo es ir a la universidad, Kurt… Hay personas que simplemente no se nos da – se encogió de hombros.
- Bebé, no quise ser molesto, pero… no puedes pasarte la vida trabajando en el Lima Bean como barista – insistió el castaño, mirándolo con preocupación.
- Kurt, yo… Mis planes, antes de conocerte, eran muy distintos… - comenzó a decir – No estaba seguro ni siquiera de graduarme, pero… entonces apareciste tú, me diste una hija maravillosa y… todo quedó revuelto en mi cabeza… Sólo sé que deseo darles lo mejor… No sé cómo, ni cuánto me tarde en encontrar un trabajo que nos permita eso… - tomó una bocanada de aire – Incluso en algún momento pensé en aplicar a las universidades… Pero… el haber estado en la correccional… me perjudica, lo sabes… Entonces, me dije ¿qué caso tiene? – la sinceridad llameaba en sus ojos ambarinos – Sólo me queda mantenerme donde estoy, hasta que algo mejor aparezca.
- Blaine… siempre puedes optar a una pasantía o hacer algún tipo de curso rápido de especialización básica… - intentó convencerlo el menor – Cualquier cosa que te saque del Lima Bean y te deje más tiempo para estar conmigo y Ellie, además de una mejor paga… No necesitas matarte trabajando.
Blaine vio el brillo de esperanza en los ojos azules de su novio y supo que no le gustaría nada lo siguiente que diría, sin embargo, era necesario que el castaño supiese que estaba considerando aceptar el ofrecimiento de su jefe de tomar el trabajo de jornada completa.
- Cariño, yo… sé que hemos hablado de viajar estas vacaciones y eso… - la incertidumbre pintó un arcoíris en el rostro del menor – A mi realmente me gustaría poder salir con ustedes… - el moreno no sabía cómo soltarlo sin morir en el intento – Pero, tengo la oportunidad de ganar más dinero… mi jefe me dijo que quería ponerme a trabajar en jornada completa – Kurt torció el gesto inmediatamente, sin poder evitarlo – Me ofreció dos días libres a la semana y duplicar mi salario, además de permisos especiales cuando lo necesitara… - Blaine suspiró desanimado al ver la expresión molesta de Kurt – Sé que no es lo que esperabas, lo entiendo… pero, sin dinero, ¿cómo pretendes salir y viajar? Ellie siempre estará necesitando cosas, ropa, pañales… odiaría no poder darle todas esas cosas, solo por esperar que algo mejor me caiga del cielo – el pelinegro tomó ambas manos del menor, por encima de la mesa – Siendo objetivos, en mi situación actual, es esto o nada…
Fue el turno de Kurt para soltar un profundo suspiro.
- Supongo que sí – y aquello fue todo lo que dijo el castaño. Cuando terminaron de comer, decidieron ir a casa de Kurt, porque ya habían pasado dos horas, y el ojiazul no deseaba abusar de la buena voluntad de su madrastra.
Blaine a pesar de todo, se mostró feliz al saludar a Burt y Carole; tomó a Ellie en sus brazos y jugó con ella, hablándole y bromeando como solía hacerlo. Kurt estaba perdido en sus pensamientos, rememorando la conversación con su novio. No estaba seguro cómo o cuando, pero él sabía que encontraría la forma de que Blaine tuviera una segunda oportunidad para aplicar a la universidad. No importaba cual, sólo le preocupaba que se quedara estancado y terminara odiándolo más tarde, sintiéndose fracasado por no haber podido hacer lo que quería. Kurt no quería cargar con la culpa de truncar su futuro, por haberse embarazado. Ni él mismo pensaba dejar de lado sus metas, aun con la crianza de su hija a cuestas, se sentía capaz de lograr graduarse de la universidad. Lo haría por su bebé y por él mismo.
Los padres de Kurt anunciaron que saldrían a comprar algunas cosas al supermercado, para preparar la cena, mientras que Finn sólo se encerró en su cuarto a hacer Dios sabe qué. Kurt entre tanto se acomodó en el sofá individual, viendo como su novio y su hija interactuaban. Blaine agitaba pequeños y coloridos juguetes frente a sus ojos, haciendo que Ellie moviera sus manos y soltara pequeños gorgoteos de felicidad. La escena era hermosa, y Kurt prometió guardarla en su memoria por siempre, atesorándola.
De improviso, el timbre sonó. Kurt se puso de pie, suponiendo que algo habían olvidado Burt o Carole; pero se quedó helado al ver quien estaba frente a su puerta. Era como un dejavú, un horrible dejavú que no deseaba repetir. Kurt sintió el inevitable impulso de cerrar la puerta en la cara de la persona que lo miraba con nerviosismo, pero se contuvo, porque no deseaba alertar a Blaine de lo que estaba pasando a tres metros de él.
- Sebastian… - susurró el castaño, tratando de ordenar sus ideas.
- Hola, Kurt – saludó el más alto, con una media sonrisa - ¿Cómo estás?
- Sorprendido – confesó - ¿Qué haces aquí?
- No esperabas verme, ¿uh? – intentó bromear, para alivianar en momento, pero al ojiazul no le hizo gracia.
- Por supuesto que no – respondió directo – Creí que habíamos zanjado todo el otro día… No entiendo qué te hizo creer que podías venir a visitarme ahora – con el ceño fruncido, observó a Sebastian.
- Yo… también pensé que era absurdo venir aquí… - dijo, removiéndose incómodo – En realidad, es algo tonto… pero, desde que vi a Elizabeth… - el cuerpo de Kurt se crispó en anticipación al oír el nombre de su hija – Ella se parece tanto a ti que… la idea de que pueda ser también mi hija, no me deja de dar vueltas en la cabeza.
- ¡¿Qué?! – chilló en un susurro el menor - ¿Estás de broma?
- ¿Por qué? Es posible, Kurt… - insistió el más alto – Fuimos pareja, quedaste embarazado cuando estábamos juntos… La bebé es castaña, como yo… - Kurt puso una mano al frente, en señal de alto.
- Es castaña por mí, tiene los ojos azules por mí, y todo lo demás es de su padre… - aclaró – No quiero ser grosero, Sebastian, pero no me estás dejando otra alternativa… - tomó una bocanada de aire, para infundirse valor – Ellie es mi hija, no existe ninguna posibilidad de que sea tuya, sé calcular fechas y no es tuya…
- ¿Qué te hace estar tan seguro? – alegó.
- Lo sé, y ya… - decretó – Ahora te pido que te vayas, porque no quiero más problemas, ¿de acuerdo? – intentó darse la vuelta para cerrar la puerta.
- ¡Hazle una prueba de ADN! – se apresuró en decir, deteniendo incrédulo al menor.
- ¿Cómo dices? – Kurt simplemente no daba crédito de lo que estaba escuchando.
- Si le haces una prueba de ADN, saldremos de la duda – explicó Sebastian esperanzado – Y con los resultados, si resulta ser mi hija, aclararemos todo… Pero, si no lo es, dejaré de molestarte…
- No – dijo con firmeza.
- ¿Por qué? ¿Temes que salga positivo? – instigó el ojiverde.
- No, no estoy dispuesto a exponer a mi hija a un examen innecesario, sólo por tu capricho – aclaró – Ahora, vete.
- Piénsalo, Kurt – añadió, retrocediendo un par de pasos – Yo no me daré por vencido tan fácilmente.
- Vete – repitió, cerrándolo luego la puerta con fuerza de más.
Intentó tranquilizarse, antes de volver a la sala, regularizando su respiración con profundas tomas de aire.
- ¿Hablaste con tu ex hace poco? – la voz dolida de Blaine, lo hizo desear matar a Sebastian - ¿Cuándo fue eso?
- Am, sí… - Kurt no iba a mentirle – Yo fui al centro comercial con Ellie hace más de una semana… Nos topamos por casualidad en una cafetería.
- ¿Y hablaron? – dijo el moreno, más como una afirmación que como una duda – ¿Tomaron café juntos, también?
- No, Blaine… no malinterpretes las cosas – lo frenó de seguir especulando – Fue él quien se acercó a mí, yo intenté evitarlo, pero me fue imposible… ni siquiera recuerdo qué fue lo que dijo…
- Claro… - Blaine estaba más que molesto y Kurt podía notar que sólo se estaba conteniendo porque tenía a su hija en brazos – Entonces, le presentaste a nuestra hija… ¿O tampoco lo recuerdas? – dijo con ironía.
- Te digo que no fue así… - repitió el menor.
- ¡Él la llamó Elizabeth! – gruñó - ¿Cómo mierda sabía él, el nombre de nuestra hija? ¡Es evidente que no intentaste evitarlo! – lo acusó - ¿La cargó en brazos también? ¿Te ofreció apadrinarla? ¿Cuándo pensabas decírmelo, Kurt?
- ¡Por Dios! – bufó frustrado el castaño - ¡Te estás comportando como un idiota!
- ¡Ah, claro! Ahora resulta que soy un idiota… - Blaine negó con la cabeza, regresando a la sala, para acomodar a Ellie en su mecedora – Sólo quiero saber… de toda esa conversación que tuvieron… - el moreno se pasó una mano por el rostro, colérico – Qué le hizo pensar que podía ser el padre de Ellie, ¿eh?
- ¡No lo sé! – confesó Kurt, al borde de las lágrimas. Caminó un par de pasos lejos de su hija, para no alterarla con su discusión – Él sólo dijo cosas… que se sentía culpable por todo lo que me dijo aquella vez que vino a mi casa… - comenzó a contar, dejando que las lágrimas cayeran libres – Cuando yo le dije que no era el padre de mi hija… Pero, él insistió que no sentía la mitad de lo que me dijo y que debimos haber terminado las cosas de otra manera… Blaine, yo… no le tomé importancia… lo consideré insignificante y por eso no te dije nada… Tú habías aprobado tu examen ese día, estabas tan feliz… no quise arruinar tu día contándote algo tan absurdo… - escondió su enrojecido rostro entre sus manos y lloró amargamente – Nunca le dije nada… Incluso le aclaré que tenía una relación seria contigo, que estaba bien… - sollozó, haciendo que el corazón de Blaine se rompiera un poco.
- Está bien, Kurt… - el moreno se debatió entre abrazar o no a su novio. Finalmente lo envolvió en sus brazos – Mierda, lo siento… Tú sabes que yo no sé cómo manejar esto… Lo celos son algo nuevo para mí… - explicó, intentando contener el llanto del menor – Y ese tipo nunca ha dejado de rondarte… no se da por vencido nunca – se quejó.
- Blaine, realmente… lo siento – Kurt alzó el rostro, humedecido por las lágrimas y Blaine se sintió fatal. Con sus pulgares intentó quitar el rastro del llanto de sus mejillas.
- No, yo soy quien se comportó como un idiota… - le dio una sonrisa ladina – Creo que sobre reaccioné.
- Esto es una mierda… - se quejó el menor, pasando el dorso de su mano por la cara.
- Lo es – la pareja guardó silencio por un minuto completo, interrumpido sólo por el sonido de Kurt sorbiendo su llanto – Kurt, puedes ser plenamente sincero conmigo… Y decirme si es que… ¿existe alguna posibilidad, por más mínima que sea, de que Ellie… no sea mi hija? – los ojos azules del castaño lo miraron directamente a los suyos, y sin ningun titubeo, respondió.
- No – el semblante del moreno se relajó ante su respuesta – Puede que Ellie tenga mi pelo y color de ojos… Pero ella es igual a ti… tiene tus facciones, y esa forma de mirar que sólo he visto en ti.
- Te creo – el moreno selló sus palabras con un beso. Era simple, con el sabor de las lágrimas de Kurt, pero necesario para ellos.
¿Creían que Sebastian no volvería? Pues... ¡Surprise Motherf...! Ok no!
Sí, el drama jamás puede faltar en una creación mía, ya saben... eso le da el sazón a la historia...
Espero sus reviews, díganme sus apreciaciones... Los leo!
Besos!
