Pronto llegaron a un plaza comercial conocido como "La forêt", se le llamaba de esa manera debido a que tenía muchas arriates con enredaderas y fuentes, era un lugar bastante concurrido y de socialité, Adrien tenía sus redes sociales infestadas de fotos y selfies en el lugar, solo las personas pudientes podían comprar en aquél lugar, de hecho, la boutique de la marca Agreste tenía su sucursal más grande en esa plaza, pronto pensó en llevarle ropa a los refugiados, idea que le externo al de los ojos ámbar y quien, a su vez, concordó con el rubio.
Pronto comenzará la temporada invernal - comentó Yves - los niños no tienen ropa de invierno.
Adrien sonrió, la idea lo ilusionaba, pero al entrar, lo que les esperaba era demasiado.
Dentro de La Forêt había cerca de doscientas personas paralizadas, cada una con un símbolo de pausa en el pecho, ambos hombres se quedaron helados ante la imagen. Todas las personas tenían aspecto similar, es decir todas huían a tropel, con cara de espanto, algunas mirando hacia su agresor que ya no se encontraba en la escena, Yves tocaba las manos de una mujer con rostro aterrado, parecían estatuas de cera, ninguno de los dos tenían idea de cuánto tiempo podrían tener estas personas en la misma posición.
Lady Wifi - dijo Yves en un susurro - oye Adrien, apresuremonos, no hay nada que hacer por ellos. Es una pena.
¡Oh, claro que sí había que hacer! Adrien asintió con la cabeza a su compañero mientras que trazaba para sí mismo una estrategia que consistía en tirar la torre de Wifi, era simple, después indicaría a todos los diferentes refugios a los cuales podrían acudir.
Les costó trabajo atravesar la mar de gente que presuntamente buscaba escapar, parecían árboles con los brazos extendidos al cielo y los rostros aterrorizados, algunas mujeres llevaban sus bolsas y compras en la mano, Yves comenzó a recolectar las bolsas mientras Adrien seguía avanzando en busca de la boutique de electrónica que él bien sabía que estaba en la segunda planta, a un lado de la tienda Prada; pronto encontró las escaleras eléctricas paradas y comenzó a subir brincando los escalones de dos en dos. Al llegar a la primer planta, miró a su alrededor y no vio a su compañero, lo buscó con una vista en picada rápida le encontró revisando unas bolsas de ropa, el de cabello negro levantó su mirada ambarina hacia Adrien y este le hizo un ademán de que seguiría sin él.
Cuando finalmente encontró la tienda, no tuvo que forzar la entrada, ambas puertas de cristal empañado estaban abiertas de par en par, entró dejando tras él las huellas de sus zapatos en una ligera capa de polvo que rodeaba todo, estuvo revisando cada anaquel con detenimiento y encontró lo que buscaba, pero no eran suficientes, así que se atrevió a husmear en la bodega, seguramente ahí habrían otros en existencia, abrió la puerta de madera hueca, color blanca lisa, encendió la luz y pronto se desesperó al ver tantas cajas apiladas con números de serie y modelos, volvió a regresar al área de ventas y tomó una de las cajas, se fijó en el modelo RC1DMV103 y regresó repitiéndose el mantra en un susurro, para luego ir señalando con el dedo cada caja que tenía la letra "R" al incio, hasta que lo encontró, eran seis, según él, eran más que suficientes así que las tomó todas con ayuda de un banquillo escalera, metió cada caja dentro de una misma bolsa y salió como si nada, del otro lado del pasillo caminaba Yves, llevaba una maleta de viaje a reventar; Adrien levantó ambas manos mostrando las bolsas con los aparatos electrónicos y esa fue la señal de huida.
Eran alrededor de las dos de la tarde cuando por fin regresaron al refugio y comenzaron a preparar todo para el viernes que sería la entrega de las cajas con víveres, después de eso comieron y repartieron la ropa que Yves había sustraído de la plaza. Los niños eran los más emocionados en tener cosas nuevas, después de ellos las señoras, que se sentían soñadas de tener abrigos que en un día cualquiera costarían hasta cuatro ceros. En todo ese tiempo Adrien aprovechó para alimentar a Plagg y pensar en la excusa para salir del refugio sin levantar sospechas, pensaba que era mejor ponerle play a las personas durante el día, sería más sencillo para ellos correr a un refugio y así no pernoctar en la calle. Se iba acercando cada vez más a la puerta mientras el resto seguía buscando ropa de su talla, había para todos y de todos los gustos, incluso había ropa repetida, era posible que el joven no se hubiese dado cuenta que estaba repitiendo ropa.
¡Mira Adrien! Parece tu tipo de ropa - exclamó Marie, la pequeña recién llegada, lucía feliz y muy emocionada y extendió la prenda de ropa al rubio, logrando con eso que toda la atención se pusiera sobre él.
El rubio rió nervioso y tomó el hoddie, color negro con una mariposa blanca bordada en el pecho del lado izquierdo, era una prenda impermeable de la última colección de su padre, agradeció a Marie y ésta le dio un beso en la mejilla al rubio. Adrien sostuvo el hoddie mirando la mariposa fijamente y otra vez comenzó a sentirse triste, salió de la planta sin importar que le vieran, caminó escaleras abajo, no iba a llover pero aún así llevó la prenda de ropa consigo y finalmente salió del edificio.
Mientras, Yves se metía a la cocina donde encontró a Cybèle lavando los trastes que quedaban, se acercó por su derecha y apoyó su mano contra la barra de la cocina integral y miró con el ceño fruncido a la chica.
¿No piensas buscar ropa de invierno? - dijo con un tono soberbio mientras ponía su mano libre dentro de una de las bolsas delanteras de su pantalón.
Al rato - declaró Cybèle sin darle importancia.
Cybèle bien sabía que toda esa molestia del hombrecito se debía a que no había salido a olerle los pies como el resto de los refugiados había hecho y muy para sí misma se preguntaba quién se creía el soldaducho, si la molesta era ella, desde luego que jamás le haría saber al tipo que moría por la mochila roja que nadie hacía caso, - antes muerta - pensaba. El chico alzó los hombros y después de vociferar un "bueno, tú te lo pierdes" salió de vuelta a la sala.
Cybèle pudo finalmente suspirar de cansancio y es que la presencia de Yves era bastante imponente y le intimidaba quedarse a solas con él, otra cosa que jamás le diría al joven, nuevamente se repitió que antes muerta. Cuando al fin terminó de lavar trastes salió a la sala y lo primero que buscó con la mirada fue la mochila roja que ya no encontró. Se decepcionó un poco y comenzó a revisar entre la ropa que quedaba, otra de las mujeres llamada Maxime, le señaló una blusa verde militar mangas largas de algodón, tenía un cuello circular y ninguna gracia, la agarró junto a una chaqueta impermeable color café, unos jeans oscuros y un par de botas también cafés claros y es que la temporada de lluvias comenzaría pronto, su nariz se lo afirmaba y su nariz nunca, pero nunca mentía. Se quedó un rato platicando con las personas y se talló la nariz que pronto se comenzaba a poner roja.
Niña, deberías tomar algo para tu alergia - dijo Maxime acomodándose los lentes de abuelita, pues bien, Maxime tenía cerca de los sesenta años de edad y su cabello comenzaba a ponerse canoso, se notaba que en sus años mozos fue una muñeca en toda la expresión, pues aún a su edad seguía conservando ciertos rasgos resaltables, como sus mejillas sonrosadas y sus ojos verdes claros que Cybèle siempre le halagaba.
Es que va a llover - dijo volviéndose a tallar la nariz - se puso de pie y dijo que mejor se metería a bañar y luego a dormir antes de que su nariz empeorara.
Ya así iba hacerlo hasta que algo llamó su atención, era una luz azul que venía de la habitación de los varones y que se filtraba por debajo de la puerta, Rousseau se desvió tragando saliva, pues tenía la sensación de que algo no estaba bien y tocó la puerta tres veces y del otro lado se escuchó un tropiezo y un golpe sordo, después la voz de Yves inquirió quién estaba del otro lado de la puerta. Después de escuchar aquello, Cybèle rodó los ojos y sin contestar se dirigió a su habitación pues su nariz la estaba matando.
