Hola, hola... ¿Cómo han estado? Yo... algo atareada, ya saben... con las festividades, navidad, año nuevo y mi aniversario de matrimonio, que fue el 04 de este mes... En fin! He venido a dejarles un capitulo más de su historia favorita :v

Disfruten... Y no me odien!


CAPÍTULO 27.


La decisión de Blaine fue definitiva, cuando aceptó la propuesta de su jefe; convirtiéndose en un trabajador de tiempo completo. Kurt nunca estuvo convencido del todo, pero tampoco deseaba intervenir con su voluntad.

Los meses de verano pasaron rápidamente, y Ellie creció sana, llegando a cumplir casi cinco meses de vida, o 3 en edad corregida, como Kurt se empeñaba en decir a quien le preguntara. Lograron viajar como deseaban, visitando la casa de los padres de Carole, quienes los acogieron como si de sus nietos verdaderos se tratara, pasando unos días realmente agradables. También visitaron tantas atracciones como pudieron; desde un zoológico, hasta una feria de juegos, aprovechando cada fin de semana en que Blaine no tenía que trabajar.

Pero, tan pronto como el verano llegaba a su fin, Kurt se vio nuevamente ordenando su horario para comenzar su último año de preparatoria. Convinieron como pareja, que Blaine regresaría a trabajar solo por las tardes, cuidando a Ellie en las mañanas, hasta la hora en que el castaño terminara sus clases; de esta forma, no necesitarían comprometer a nadie más en el cuidado de su hija, siendo tan responsables como la situación les permitía, ya que Kurt se sentía fatal al tener que depender de la disponibilidad de su madrastra para que cuidara a Ellie.

Blaine aceptó el arreglo de horario, hablándolo con su jefe, quien no tuvo objeción, considerando el excelente trabajo que el moreno había realizado durante los meses de verano. Le prometió ponerlo a cargo de la caja registradora, conservando su salario de tiempo completo.

A pesar de ser algo tedioso, Blaine quiso acompañar a su novio en la compra de sus útiles escolares, disfrutando del paseo con su hija, pasando por un helado, mientras charlaban de todo y nada. Aquella fue la despedida de un verano tranquilo, familiar y hermoso, que el castaño atesoraría por siempre en su corazón y en sus recuerdos.

El primer día de clases, el moreno junto a Ellie llevaron a Kurt hasta la puerta de entrada de McKinley High, siendo rodeados por el club Glee, quienes estaban ansiosos por tener a la pequeña en sus brazos; dándole cumplidos por lo bella que estaba la pequeña, con sus enormes ojos azules y los pequeños rizos de cabello castaño que comenzaban a formarse en su cabeza.

Bastó una semana, para que Blaine se convirtiera en un padre experto; se preocupaba de cada aspecto que incluía a la bebé, superando los inconvenientes que surgían en el camino. El moreno se sentía orgulloso de sí mismo por ser capaz de cuidar a su hija, y Kurt estaba aliviado y agradecido de la gran labor que su novio hacía cada día, permitiéndole estudiar tranquilo.

Fue un día entre semana, particularmente estresante para Kurt, debido a que los profesores comenzaban a cargarlos de tarea y trabajos, cuando el caos comenzó. En el parqueadero del instituto, un particular vehículo que el ojiazul conocía bien, esperaba por él. Recargado sobre la puerta del copiloto, con su móvil en la mano, Sebastian Smythe aguardaba por Kurt, con una expresión inescrutable en el rostro. El menor se vio tentado a fingir no haberlo visto, sin embargo, necesitaba pasar frente a él para llegar a su carro. No había opción esta vez.

- Hola, Kurt – saludó su ex, quitándose las gafas oscuras, con una sonrisa cínica. Kurt no conocía aquella faceta del ojiverde.

- ¿Qué quieres, Sebastian? – respondió con voz molesta.

- Oh, tú ya lo sabes… - su tono cargado de sarcasmo cabreó al más bajo.

- No – decretó Kurt, directo y seco – Eso no va a pasar.

- Kurt, estoy siendo considerado contigo, por el bonito recuerdo que tengo de nuestra relación… - comenzó a decir el chico más alto, aproximándose al menor, el cual retrocedió por instinto – Solucionemos las cosas como personas civilizadas… Así todos quedamos felices – la sonrisa falsa se acentuó y Kurt sólo pudo rodar los ojos, ante su cinismo – Si estás tan seguro, no veo a qué le temes.

- A nada Sebastian… - explicó cabreado – Sólo no quiero exponer a mi hija a todo esto… Es una bebé, ¿entiendes eso? – bufó – No voy a cumplir tus caprichos a costa de la incomodidad de ella.

El mayor chasqueó la lengua repetidas veces, en señal de reprobación.

- Como dije antes… estoy siendo considerado, Kurt – el semblante de Sebastian cambió a uno frío – No me obligues a ponerme rudo… Así que piénsalo mejor.

- ¿Estás amenazándome? – Kurt alzó una ceja, incrédulo.

- Tómalo como quieras – el mayor dio la vuelta a su carro, subiéndose a él y poniéndolo en marcha. Se despidió con una mano alzada y una sonrisa, dejando al menor con una maldición en la boca.

Kurt tomó aire, buscando tranquilizarse. No permitiría que esa situación lo afectara, ni mucho menos, echara a perder todo lo que había logrado hasta el momento. No le daría esa ventaja a Sebastian, de verlo asustado.

-o-

Aquel desagradable encuentro volvió a repetirse; Sebastian obteniendo siempre la misma respuesta y Kurt cada vez más cabreado con las amenazas entre líneas que el mayor le lanzaba, aunque las últimas ocasiones eran mucho más directas, sin atisbos de bromas o sarcasmo. Sebastian era frío y demandante con su petición de realizar la prueba de ADN a su hija.

Kurt ya no tenía ganas de seguirle el juego y tener que escuchar sus frases cargadas de arrogancia, por lo que la última vez le dijo con una gran sonrisa, que se fuera a la mierda, dejándolo luego con la palabra en la boca.

Blaine estaba al tanto de las insistentes visitas de Sebastian hacia la escuela de su novio, y aunque se moría de ganas de aparecerse de sorpresa y romperte la cara de un golpe, Kurt le aseguraba que no era necesario caer bajo, porque aquello solo empeoraría todo, dándole mayores motivos a Sebastian para buscar venganza. El castaño no podía olvidar que su ex venía de una familia adinerada, con influencias de dudosa reputación y que era capaz de hacer cualquier cosa con tal de cumplir su capricho.

Una de las usuales tardes, en que Blaine jugaba con su hija, mientras Kurt se daba una ducha, el timbre sonó. No habiendo nadie más en casa que ellos, el moreno tomó a Ellie en sus brazos y se dirigió a la puerta, sorprendiéndose de ver a Sebastian allí. El chico de ojos verdes frunció inmediatamente el ceño al encontrarse con un completo desconocido para él, en casa de Kurt, sosteniendo a la pequeña con familiaridad.

- Hola, yo… estoy buscando a Kurt – saludó con un tono de voz formal. Blaine sabía perfectamente de quién se trataba, por lo que quiso jugar con él un poco.

- ¿Sí? – alzó las cejas - ¿Quién lo busca? – contuvo la sonrisa.

- Am… soy Sebastian, Sebastian Smythe – se presentó, algo incómodo – Él sabe quién soy… sólo… ¿Puedes decirle que lo busco? – pidió con algo de ansiedad.

- Oh, lo lamento… - fingió pesar, con la voz cargada de burla – Pero él no está para recibir a nadie en este momento.

- Es importante – informó Sebastian, comenzando a captar el sarcasmo en el moreno.

- Si, bueno… no se puede – se encogió de hombros – Tendrás que venir otro día – Blaine intentó cerrar la puerta, pero una precipitada mano se lo impidió.

- No estoy bromeando – advirtió, y el moreno sintió el enfado en su voz. Aquello le hizo sonreír – Realmente, necesito hablar con él.

- Okay, veo que no te irás… - soltó una risita baja – De acuerdo, puedes darme tu recado y yo se lo entregaré más tarde.

- No es contigo con quien quiero hablar… - respondió molesto – Además, es algo privado.

- ¿Privado? Mmh… - Blaine le dio una mirada divertida a Ellie, quien le sonreía al moreno, ajena a lo que ocurría frente a sus brillantes ojos azules – Bien, creo que no estás informado… Yo soy Blaine, el novio de Kurt – los ojos verdes de Sebastian se abrieron en sorpresa, para luego llamear de ira. Aun así, el más alto se mantuvo impasible – Y, con Kurt, tenemos de esas relaciones donde nos contamos todo, ¿sabes? – continuó con su tono sarcástico – Por lo que no hay asuntos "privados" entre nosotros – le mostró una sonrisa falsa, esperando por la respuesta del chico frente a él.

- Está bien, Blaine – Sebastian pronunció su nombre con desagrado – Vine a pedirle una vez más a Kurt que hagamos un examen de ADN para confirmar si esta lindura es hija mía – los níveos dedos de Sebastian intentaron tocar la mejilla de Ellie, pero la rápida reacción de Blaine se lo impidió, dejándolo con la mano tendida en el aire, la cual retiró sonriendo cínico.

- Pierdes tu tiempo, Sebastian… - Blaine lo miró conteniendo la risa, manteniéndose tranquilo – Porque los únicos padres de Ellie, somos Kurt y yo – el rostro del ojiverde mutó a uno de ira total, ante lo apacible que el moreno lucía, sin ser afectado por sus palabras.

- Si Kurt sigue negándose, voy a demandarlo – amenazó – Soy capaz de llegar hasta las últimas consecuencias para lograr ese examen… Kurt sabe que mis padres tienen los medios para conseguirlo… - los ojos de Sebastian eran fuego puro, pero el pelinegro conservó la calma, descomponiéndolo aún más – Y si obtengo un resultado positivo, será mejor que Kurt se olvide que tiene una hija porque lo primero que haré, será quitársela… él sabe que soy capaz de eso y más… Mis abogados lo destrozarán.

- Deberías buscar a alguien más a quien molestar – murmuró Blaine, su voz totalmente en calma – Y un psiquiatra.

Antes de recibir otra respuesta por parte del más alto, Blaine cerró la puerta en sus narices, sintiéndose satisfecho de fastidiar al ex de su novio. Realmente el tipo estaba más chiflado de lo que el moreno estimaba.

Kurt apareció en ese momento en la cima de las escaleras, acomodando su chaqueta, observando a su novio con curiosidad.

- ¿Qué ocurre? – dudó, al notar la incomodidad de Blaine. El moreno soltó un suspiro apesadumbrado, ahora que no tenía a Sebastian en frente, no necesitaba fingir tranquilidad.

- Vino tu ex – respondió el pelinegro con un dejo de fastidio en su tono de voz, revelándole al menor que aquello no había terminado nada bien.

- ¿Sebastian estuvo aquí? – se escandalizó el castaño, bajando a toda prisa – Y, ¿qué quería?

- Ya sabes… - Blaine se encogió de hombros, abrumado por la situación – Insiste en lo del ADN, y amenazó con usar sus abogados en tu contra y quitarte a Ellie – los ojos azules de Kurt centellearon con espanto – Es un imbécil… así que no le prestes atención.

- Blaine, yo… yo no quisiera hacerlo, pero… - el chico tomó una respiración profunda – Conozco a Sebastian, y por desgracia, a su familia también… Son gente muy influyente en el área judicial… Si ellos quisieran perjudicarnos, no dudarían en hacerlo con todo lo que puedan – el moreno se mordió el labio, sintiéndose frustrado. Deseaba de todo corazón ayudar a su novio y quitarle ese problema de encima, pero no estaba en facultad de hacerlo.

- Cariño, si tú estás seguro que Sebastian no es el padre de Ellie… Deberías dejar de preocuparte por las cosas que ellos puedan hacer – le aconsejó, pasando una mano por su mejilla – Además, estamos juntos en esto, ¿recuerdas?

Kurt asintió, sintiéndose cálido en el interior por las palabras de su novio. Él tenía razón, se había prometido no dejar que Sebastian influyera en su vida de manera negativa, ni mucho menos arruinara la bella relación que tanto trabajo les costó conseguir.

-o-

El rostro de Kurt palideció drásticamente, aún más de lo usual, al leer la carta que acaba de llegar a su buzón.

- Tiene que ser una maldita broma – masculló, tentado a romper el papel en mil pedazos, para descargar su ira - ¡Agh! ¡Idiota! – vociferó, volviendo a meter la carta en su sobre con fuerza innecesaria.

Regresó al interior de su casa, buscando su celular, discando el botón de llamado rápido.

- ¿Cariño? – respondió Blaine desde el otro lado de la línea.

- Me acaba de llegar un citatorio – dijo, sin rodeos.

- ¿Qué? ¿De qué estás hablando? – el moreno no llegó a procesar la información a la velocidad que Kurt esperaba.

- Sebastian cumplió sus amenazas y puso una demanda en mi contra, exigiendo un examen de ADN para confirmar su paternidad – explicó, intentando mantenerse estable, mientras sus ojos picaban por llorar – Estoy citado a comparecer con Ellie para hacerle la prueba.

- Ese grandísimo hijo de puta – bufó entre dientes el pelinegro - ¿Cómo se atreve?

- Te lo dije, Blaine… - las lágrimas le nublaron la vista al castaño, quien parpadeó repetidas veces para contenerlas – Esa gente no acepta un no por respuesta… Y Sebastian aún debe estar dolido por haberle mentido así.

- Creo que finalmente, consiguió lo que quería – una risa amarga se escapó de la boca de Blaine, calándole los huesos a Kurt, quien no pudo evitar dejar caer su llanto, debido a la frustración que sentía.

- Me siento tan culpable… - murmuró Kurt en un hilo de voz – Debí haber sido honesto desde el principio con todos… - el menor sorbió su llanto con disimulo – Esto no estaría pasando, de haberlo hecho.

- Kurt, cariño… ya es un poco tarde para arrepentimientos – habló Blaine – Lo hecho, hecho está… Ahora debemos preocuparnos de solucionar esto lo mejor posible – Kurt escuchó a su novio atentamente – Vamos a hacer el maldito examen y cuando los resultados salgan, les cerraremos la boca a esos imbéciles… ¿de acuerdo?

- Sí… - susurró el castaño, asintiendo a su vez, aunque era consciente de que el moreno no podía verlo. Limpió las lágrimas de su rostro con el puño de su sudadera e intentó recomponerse.

Blaine tenía razón, nuevamente. Haría el examen de ADN, le demostraría a Sebastian lo equivocado que estaba y luego ellos podrían pasar la página y continuar como hasta entonces.

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La sala de espera del laboratorio clínico estaba excepcionalmente fría, o tal vez Kurt se sentía gélido bajo la letal mirada de Sebastian, quien se había acomodado frente a él, del otro lado del pequeño lugar, deliberadamente para observar hasta el más mínimo movimiento que hiciera el castaño. Ellie jugueteaba con un sonoro cascabel de color amarillo, mientras Kurt la mecía en su carreola. El ojiazul odiaba que Blaine no hubiera podido acompañarlo, y tampoco nadie de su familia. Odiaba también tener que enfrentarse a los punzantes ojos de Sebastian completamente solo. No deseaba estar allí, no quería ver la expresión de victoria en la cara afilada de su ex novio, como si hubiera visto el futuro con un resultado positivo a su favor. Aquello le sacaba de quicio.

- ¿Sebastian Smythe? – llamó una joven enfermera, sosteniendo una planilla, la cual miró nuevamente - ¿Elizabeth Anderson-Hummel?

Kurt tuvo un poco de satisfacción al ver como la expresión triunfal del chico frente a él se arruinaba al oír el nombre de su hija siendo mencionado por la mujer. En efecto, Kurt y Blaine coincidieron en poner el apellido de ambos, como uno compuesto, quedando el del moreno antes que el de Kurt.

El ojiazul arrastró la carreola por el pulido y brillante piso blanco, entrando en la espaciosa sala de exámenes. La enfermera preparó algunas cosas, para luego acercarse a su hija con un hisopo estéril, pasándolo cuidadosamente por la boca abierta de Ellie, guardándolo luego en un pequeño tubo con tapa rosca. Escribió el nombre de la bebé y repitió el procedimiento con Sebastian, por lo que Kurt, sin ánimos de aguantar por más tiempo la presencia del mayor, salió del lugar, tan rápido como pudo, antes de que su ex novio pensara en seguirlo.

-o-

Kurt estaba cómodamente recostado sobre la cama de Blaine. Ellie dormía profundamente junto a él y Blaine, feliz y tranquila entre sus padres. Los chicos estaban mirándose atentamente el uno al otro, hablando de la escuela y el trabajo. Era un apacible día viernes en que las clases de Kurt se habían suspendido por la sospechosa explosión química de uno de los laboratorios, que infestó todo el instituto.

El castaño agradecía cada oportunidad de estar juntos, considerando el reducido tiempo que tenían entre semana, dejándole sólo sábados y domingos para verse, los cuales a veces se veía en la obligación de ocupar para estudiar o juntarse con sus compañeros de clase para realizar los proyectos que sus maestros le dejaban. Por lo que una mañana completa en compañía de su novio y su hija, era maravilloso.

De improviso, su celular vibró en su bolsillo. Con cuidado, esforzándose en no despertar a su hija, se puso de pie, indicándole al moreno por medio de una seña que saldría del cuarto para contestar.

- ¿Diga? – murmuró, cerrando la puerta tras de él.

- Buenos días – saludaron de manera formal del otro lado de la línea - ¿El señor Kurt Hummel?

- Sí, soy yo – confirmó, sintiendo un nudo formarse en la boca del estómago. Antes de que la desconocida mujer se sumergiera en una explicación de quien era o los motivos de su llamada, el castaño ya lo sabía, y aquello lo puso ansioso en cuestión de segundos.

- Le estamos llamando para informarle que el resultado del examen de paternidad que le realizó a su hija, está listo – comunicó. Kurt sólo pasó saliva – Puede pasar a retirarlo cuando guste.

- De acuerdo, muchas gracias – finalizó la llamada, sintiendo que se le secaba la boca.

Había intentado no pensar en eso durante lo que demoraba en estar lista la respuesta, pero fracasó rotundamente. Ahora estaba echo un manojo de nervios y debía ir a buscar los resultados, y ni siquiera se sentía preparado para ello.

Regresó al cuarto, luego de tomar varias respiraciones para calmarse. Necesitaba estar tranquilo, por su bien y por el de su familia.

- ¿Pasó algo? – indagó Blaine, al ver la palidez en el rostro del castaño.

- Am… sí, ya… ya están los resultados del ADN – explicó, sentándose en el borde de la cama, junto a su novio – Debo ir a la clínica a recogerlo.

- Oh… - el moreno no supo que decir exactamente. No sabía tampoco como sentirse al respecto; ¿ansioso? ¿tranquilo? ¿preocupado? No, todo era muy confuso, con la incertidumbre de lo que pudiera decir el examen.

Blaine quería confiar en la veracidad de su paternidad, y en las palabras dichas por su novio. Ellie era su hija, debía serlo… de lo contrario, el pelinegro no sabría componerse ante un golpe tan duro como ese.

La pareja condujo hasta la clínica, con la intención de salir del asunto de una buena vez. Kurt se mantenía callado, pero su cabeza no dejaba de gritar de ansiedad pura.

Para aumentar la tensión del momento, en la recepción del lugar se encontraron con Sebastian, quien seguramente había recibido la misma llamada telefónica. Los sobres fueron entregados a Sebastian y a Kurt. El ojiazul le lanzó una mirada asustada a Blaine, cuando vio que su ex novio no perdía tiempo en abrir el papel doblado con el resultado. Kurt lo imitó, desdoblando la hoja, pasando la mirada rápidamente por el texto inicial, buscando una sola cosa.

Su corazón se saltó dos latidos y el aire de sus pulmones fue exhalado de golpe al leer el resultado.

Sebastian soltó una exclamación a su lado, para luego dejar ver una enorme sonrisa triunfal, que casi tiró a Blaine de su silla. Clavó su mirada en su novio, quien lucía enfermo.

Sus ojos azules, a punto de desbordarse de lágrimas, se alzaron lentamente para capturar los avellana frente a él. Su mirada cargada de culpa y sorpresa, le dio el tiro de gracia. Blaine casi pudo oír su corazón rompiéndose dentro de su pecho, y la decepción cerrándole la garganta. Kurt agradeció no haber llevado a su hija con ellos, y haberla dejado con Carole, porque aquello hubiera resultado devastador.

Blaine, sin decir una palabra y con la mirada rota, se puso de pie y se marchó. Kurt tardó una fracción de segundo en reaccionar y correr tras él.

- ¡Blaine! – vociferó, con la voz quebrada por el llanto - ¡Blaine, por favor!

El castaño salió al exterior, desesperado mirando hacia todos lados, buscándole. Casi sonríe de alivio cuando lo ve apoyado en el muro lateral, pero sus intenciones se esfumaron al ver su rostro.

- Blaine… - se acercó a su novio, inseguro de qué debía decir ahora – Yo… yo no sé lo que pasó… - murmuró, quitando las lágrimas de sus mejillas – Estaba seguro de que tú eras el padre de Ellie… no entiendo cómo pudo pasar…

El castaño casi brincó del susto cuando el moreno le dio una potente patada a un contenedor de basura, colérico.

- ¿Quieres saber qué pasó? – respondió con la ira tiñendo su tono de voz – Pasó que hice el papel de idiota ¡Eso pasó! – terminó en un grito lleno de frustración - ¡El idiota que creía ser el padre del bebé de otro! – soltó una risa amarga, sin rastro de humor – Debí haber escuchado cuando me dijiste que te dejara en paz, porque yo no era el padre, y no teníamos nada que ver… - añadió bajando la voz a un murmullo grave.

- No, Blaine… - el castaño, algo desesperado, intentó acercarse, envolviéndolo en sus brazos.

El moreno, furioso, apartó su gesto bruscamente, para luego alejarse caminando con rumbo desconocido. Kurt solo pudo envolverse a sí mismo, llorando silenciosamente. El caos que temía, le había dado una patada en la cara y todo se había ido al carajo.

El dolor que sentía era tan grande que su cuerpo se entumeció, comenzando a temblar con pequeños espasmos. Estaba desorientado y no tenía idea de qué haría de ahora en adelante con su vida, con su hija y con él mismo. En su ensimismamiento, no escuchó los pasos de Sebastian tras de él, quien salía de la clínica con la felicidad pintada en todo su rostro.

- Kurt, que bien que no te has ido aún – comenzó a decir el chico de ojos verdes, sin importarle el estado en que se encontraba el menor – Me gustaría acordar algunas cosas con respecto a la bebé, ya sabes… me he perdido de mucho y…

- No es un buen momento – lo cortó Kurt, volteándose con expresión vacía y mirada ausente.

- Hey, quedó demostrado que soy el padre de esa niña, por lo que tengo todo el derecho del mundo de recuperar el tiempo que perdí por tu culpa – lo acusó.

- Arreglaremos eso en otro momento – volvió a decir – Ahora, no puedo.

Sin esperar una respuesta de parte del mayor, Kurt caminó hacia su carro y se marchó.

Se vio obligado a detenerse un par de calles después, porque sus manos no dejaban de temblar, ni su cuerpo de sufrir espasmos. Kurt sentía que iba a morir.

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El ojiazul ni siquiera fue consciente de cómo logró llegar a su casa en una sola pieza, pero estaba agradecido por ello. Bajó de su carro, aun con las piernas débiles y el cuerpo tembloroso. Fue recibido por su familia, aunque la ausencia de Blaine lo golpeó dolorosamente. No hizo falta que el castaño les enseñara el resultado del examen, ni que dijera nada. Burt pudo ver lo ocurrido en los ojos de su hijo, por lo que se limitó a envolverlo en sus brazos, sabiendo que el menor no estaba nada bien.

Kurt sintió el cálido abrazo de su padre como una válvula de escape, que liberó la presión que tenía en su pecho, logrando que dejara salir todo de su interior. Entonces, lloró… y no se detuvo hasta que sus ojos se secaron y el reloj dio una vuelta completa. Vació su corazón roto, dejó fluir su tristeza y toda la angustia que lo oprimía, pero no se sintió mejor en absoluto.

Carole le aseguró a un destrozado Kurt que ella se encargaría de Ellie, para que él pudiera tener un momento para sí mismo. Como un cadáver andante, el ojiazul subió a su cuarto, lanzándose a su cama para continuar llorando, aunque ya no se sacudía como antes, sólo eran lágrimas cayendo silenciosamente y sin pausa, mojando la almohada bajo su cabeza.

En algún punto de su desahogo, se durmió; espantándose al ser despertado por el sonido de su celular. Inmediatamente, la ilusión de que se tratara de Blaine, lo hizo contestar tan rápido como pudo, aun con el letargo del sueño sobre su cuerpo.

- ¿Hola? – murmuró con la voz rasposa.

- Hola, Kurt… - el corazón agitado de Kurt se detuvo y el rostro se le arrugó en desagrado – Soy Sebastian… sí, aún conservo tu número de teléfono, lo sé… es patético – bromeó, haciendo que el ojiazul se sintiera enfermo con sólo oírlo reír – Pero ahora me resulta útil – Kurt no dijo absolutamente nada, sólo sostuvo el aparato contra su oreja – Aún así, no intentes evitar mis llamadas, porque no tengo problemas en ir a tu casa… Creo que ese punto ya quedó demostrado…

- Hmm… - gruñó en respuesta el menor.

- Bien, sólo llamaba para que arregláramos algunas cosas con respecto a Elizabeth… - el ojiverde chasqueó la lengua repetidas veces – No sé si me gusta ese nombre para nuestra hija – Kurt no sabía que pensar al respecto, pero si de algo estaba seguro, es que no le permitiría hacer nada para alterar la rutina de su bebé – Lo toleraré por ahora, ya veremos más adelante… También lo del apellido debe ser modificado – Sebastian continuaba su monólogo, sin preocuparse de que lo estuvieran realmente oyendo, con la seguridad de que tenía a Kurt en sus manos – Pero, eso no es lo más relevante aquí… El motivo real es… que quiero verla y pasar tiempo con ella, asique sería bueno que designáramos días para que pueda ir y estar con ella, tal vez llevarla a mi casa también…

- No – fue la firme y directa contestación del menor – Ellie no saldrá de mi casa por ahora, es demasiado pequeña.

- Okay, entiendo… - Seb se aclaró la garganta para continuar – Estaba pensando en que me gustaría ir todos los días, después de clases, para pasar tiempo juntos, ¿qué dices?

- Yo también tengo compromisos, y cosas que hacer – explicó Kurt, cabreado de todo – No puedo cancelar todo, para esperar tus visitas.

- Kurt… ¿qué prefieres? ¿Eh? – preguntó el mayor, sacándolo de foco - ¿Arreglar esto por las buenas, organizándonos y siendo considerados con la situación? ¿O, dejarlo en manos de los abogados y terminar peor?

- Ahg… - el ojiazul suspiro apesadumbrado. Lo que menos deseaba era hacer que su hija pasara por aquello. Le aterraba la sola idea de imaginarlo – Está bien… hagamos un arreglo entre nosotros… sinceramente, no deseo agrandar el problema, si no solucionarlo de la mejor manera, sin que Ellie se vea afectada en lo más mínimo.

- Así es como me gusta… - se rió el otro – Cuando los chicos son inteligentes.

- Si eso es todo lo que querías decir… - lo cortó Kurt, más que furioso – Adiós, Sebastian.

- Nos vemos pronto – el tono de voz del ojiverde le erizó la piel, de forma aterradora.

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Kurt tamborileó sus dedos contra la mesada de la cocina, esperando por una respuesta del otro lado de la línea; sin embargo, como las anteriores veces, nadie cogió la llamada.

- Maldición, Blaine… - murmuró, para morder luego la uña de su dedo meñique – Contesta…

El sonido de la grabación del buzón sonó, y el castaño soltó un suspiro.

- Am… Blaine, soy… soy yo… - se pasó una mano por la frente, exasperado – Te he llamado muchas veces, y creo que ya perdí la cuenta de cuantos mensajes te he dejado… Sólo… por favor, necesitamos hablar de esto… No podemos dejar las cosas así… llámame pronto, ¿sí? – soltó un nuevo suspiro – No me ignores más.

Finalizó la llamada con tristeza.

Tantas veces había sentido el impulso de ir a su departamento, pero sabía que no encontraría a Blaine allí, porque el chico pasaba toda la tarde en el trabajo, y no se sentía seguro de ir hasta el Lima Bean, pues no deseaba perjudicarlo si las cosas se salían de control y terminaban en una discusión. Ser el causante de que perdiera su empleo, era lo que menos quería Kurt.

Sin embargo, los días seguían pasando, y sus ojos estaban adormecidos e irritados de tanto llorar, además de verse obligado a pedirle ayuda a su madrastra para cuidar de Ellie, a pesar de que Carole no tenía ningún problema con hacerlo, Kurt se sentía mal. Sebastian también le sumaba más preocupaciones a la pila que ya cargaba el chico, con sus insistentes llamadas para acordar una fecha en que pudiera ver a Ellie. Kurt intentaba evadirlo con excusas, pero ya se le estaban agotando y temía que el otro tomara represalias judiciales en su contra.

Ante todo eso, Kurt, con una determinación que había olvidado que poseía, se dirigió al Lima Ben, en cuanto sus clases de ese día acabaron. No podía evitar sentir un nudo en la boca del estómago, cuando entró al local, que solía frecuentar en sus últimos meses de embarazo. Ya no estaban los mismos baristas, sólo Blaine había mantenido su trabajo allí, ahora atendiendo la caja registradora, con una falsa sonrisa, que Kurt podía percibir que no llegaba a sus ojos color miel. Se puso en la fila, rogando porque el moreno no lo viera aún, por temor a que huyera. Cuando fue su turno, la fingida expresión en el rostro de Blaine, desapareció, siendo reemplazada por una inescrutable.

- Blaine… - murmuró Kurt, con un hilo de voz – Yo…

- Buenas tarde, ¿qué va a ordenar? – interrumpió, desconcertándolo con la frialdad con la que le hablaba.

- Tenemos que hablar… - insistió el castaño, esperando que el chico frente a él cediera un poco.

- Estoy en horas laborales – sentenció, sin dejar lugar a discusiones, pero Kurt no quería darse por vencido tan fácilmente. Rebuscó en el interior de su bolso y plantó un par de billetes sobre el mesón con brusquedad, armándose de valor nuevamente.

- Bien, ahora soy tu cliente… - informó, poniendo un nuevo tono de voz, cargado de determinación – Así que tendrás que escucharme tanto como tarde en pedir mi orden – alzó una ceja, con autosuficiencia, recibiendo un suspiro resignado del moreno.

- De acuerdo… - murmuró Blaine, mirándolo con atención - ¿Qué vas a ordenar?

- Primero que nada… Lo siento – dijo con sinceridad, intentando tomar la mano de Blaine, pero esta fue apartada rápidamente – Realmente, lo siento por todo lo que pasó… Yo – tomó una bocanada de aire – Yo sigo pensando que es imposible que Sebastian sea el padre de Ellie, porque… yo no soy un idiota, ¿sabes? Estoy seguro de que antes de esa fiesta… cuando estuvimos juntos… Yo, llevaba semanas lejos de él… - los ojos de Blaine se removieron inquietos ante la mención de Kurt – Él estaba en ese internado y no podíamos vernos… Y, no te niego que sí estuvimos juntos después de eso, pero… yo ya había confirmado mi embarazo con cinco semanas… - Kurt escrutó el rostro del mayor, en busca de algún indicio que le dijera que le creía en algo de todo lo que estaba diciendo – Tienes que creerme.

- ¿Qué vas a ordenar? – repitió Blaine, sin inmutarse ante la detallada explicación que Kurt le había dado, porque le había dolido como la mierda escucharlo decir que después de haber estado juntos, también se había acostado con su ex novio, siendo que él nunca pudo volver a estar con nadie más.

- Un capuccino – susurró – Blaine, ¿está escuchando lo que te estoy diciendo? – el moreno digitó algunas cosas en la maquina frente a él, ignorándolo – Estoy seguro que hubo algún error cuando tomaron la muestra o algo, porque no puede ser él… No hay forma.

El pelinegro le entregó la orden al chico que estaba en la máquina de café y volteó a mirar los ojos azules de Kurt, que estaban rojos y cristalizados con las lágrimas no derramadas.

- Por allá le entregarán su orden, que tenga buena tarde – murmuró con voz monótona, esperando que el menor se moviera hacia el costado.

- ¿Es enserio? – Kurt puso una mano, cubriendo su boca, aguantándose las ganas de echarse a llorar ahí mismo, ante la total indiferencia de Blaine – ¿Ni siquiera te importa lo que pase con nosotros? – dudó – Se supone que estamos en una relación y tú… ¿sólo lo dejarás así?

- Hay más clientes que esperan ser atendidos – dijo, dándole una mirada vacía y fría.

Kurt, ante tal demostración de frialdad, presionó sus labios en una línea y sus manos en puños, saliendo a grandes zancadas de la cafetería, importándole poco el capuccino que había ordenado. Sus ojos apenas le dejaban visualizar lo que tenía delante de él, por la copiosa cantidad de lágrimas que salían de ellos. Se detuvo en una esquina, apoyándose contra un muro, intentando regularizar su respiración, y limpiando sus ojos. No podía conducir así, era arriesgado.

Se deslizó hasta quedar con la cabeza oculta entre sus piernas, sacando toda la tristeza de su interior. Si bien, ya había llorado demasiado, su cuerpo parecía no poder detenerse.


"Pañuelos! Pañuelos! Lleve sus pañuelos!"

Sí, lo sé... Esto está peor que la Rosa de Guadalupe... Pero, uds ya me conocen y saben que el drama me motiva y me da 100 años de vida...

Nos leemos pronto!

Besos!