Holaaa! Les traigo un nuevo capítulo! Disfruten!
CAPÍTULO 28.
Blaine Anderson se sentía abatido y sus ojos dolían por llorar tanto. Sí, el chico malo hacía mucho que dejó de ocultar sus sentimientos, exactamente cuando conoció a Kurt. El alegre muchacho de ojos azules y cabello castaño logró romper sus muros, y las cosas comenzaron a importarle demasiado, por lo que ahora, se encontraba tirado en su cama, con un corazón roto y muchas dudas rondando su mente.
Kurt había dicho bastantes cosas en el Lima Bean, y como en una especie de película, sus palabras se repetían una y otra vez, haciéndole reconsiderar todo. Él aseguraba que Sebastian no podía ser el padre y que había un error, pero la simple idea de que su novio, o lo que fuera en ese momento, se hubiera acostado con el odioso de su ex, le dolía horriblemente y nublaba su juicio.
Quizá Kurt tenía razón, y las cosas estaban pasando de esa manera porque mintió más de la cuenta. Él era responsable de lo que ocurría, y Blaine sólo se había visto tristemente involucrado.
No… A pesar de todo, Blaine amaba sinceramente al castaño; y si algo se preservaba intacto en el tiempo, eran sus sentimientos hacia el menor. Tal vez por eso se le hacía todo tan doloroso, consiguiendo que sintiera que debía hacer algo al respecto. El ojiazul se veía destrozado, cuando vino a verle, casi tanto como el mismo Blaine lo estaba. El moreno necesitaba ayudarlo.
Pasaron varios días antes de que Blaine se decidiera finalmente a romper la promesa que se hizo cuando salió de la correccional, pero, si era por Kurt, valdría la pena.
El viaje en motocicleta fue largo, tardando casi hora y media en llegar al lugar. El barrio se veía tranquilo, limpio y lujoso; tal como lo recordaba. Tomó varias respiraciones, antes de llamar a la puerta, pues no estaba seguro de la reacción que podría tener esa persona al verle después de tanto tiempo.
- ¿B-Blaine? – la sorpresa colándose en su tono de voz - ¿Blaine, eres tú? – el moreno sólo pudo asentir, rememorando la última vez que vio a ese hombre. La edad se hacía presente en su rostro y en su cabello oscuro, ahora cubierto por algunas hebras grises – Realmente eres tú, muchacho.
Los grandes brazos del mayor lo rodearon con cariño, palmeándole la espalda, invitándole a pasar.
- Oh, Dios… ha pasado tanto desde que te vi, Blaine… - el moreno miró el interior del lugar, recordando las incontables veces que había estado allí en el pasado – Creo que fue en el juicio…
- Sí – lo cortó el menor, no queriendo recordar aquello – Yo… lo siento por… no avisar que vendría, es sólo que… perdí su número de teléfono…
- Pudiste pedírselo a tu padre – dijo con una sonrisa, notando la mueca de disgusto en el rostro del chico – Por cierto, ¿cómo está él? Llevo mucho tiempo sin hablarle…
- Yo también – respondió seco, dándole una sonrisa forzada – Y… si no le importa… no quisiera hablar de eso, por favor.
- Oh, claro… - el hombre anduvo un par de pasos, hasta sentarse en el sofá de la sala, señalándole a Blaine que lo acompañara – Ven, muchacho…
Blaine se acomodó en el cómodo sitial, frotando sus manos, perdiéndose un poco en los abrumadores recuerdos que pretendía evitar a toda costa.
- Señor Miller… - el hombre frente a él negó con un gesto de su mano, interrumpiéndole.
- Llámame Oliver… ya no eres un niño – sugirió, dándole una sonrisa paternal.
- Muy bien… Oliver, yo… - el chico soltó un suspiro – Necesito su ayuda.
- Dime, ¿qué ocurre? – indagó.
- Diablos, no sé por dónde empezar… - se rascó la nuca - Tengo mucho para decirle.
- ¿Qué te parece si partes por el principio? – bromeó, dejando oír una risa grave, que Blaine imitó.
- De acuerdo… - inevitablemente, los ojos del moreno comenzaron la brillar, con el simple recuerdo de Kurt y la forma cómo se conocieron – Después de salir de la correccional, el servicio de integración me buscó un instituto donde me recibieran, aun con mi historial… Así terminé en una escuela pública de Lima – explicó – Allí… conocí a un chico – sintió un ligero calor en sus mejillas, pero el hombre solo asintió – Él me gustó tanto, en cuanto lo vi por primera vez… Tan delicado, siempre sonriendo… a veces lo oía cantar cuando estaba en los camerinos, y tiene una voz hermosa, como todo en él…
- Déjame adivinar… ¿Tenía novia? – bromeó el señor Miller.
- Oh, no… peor… - rió el pelinegro – Tenía un novio… un tipo pedante, con dinero y cara de galán de revista… Un completo idiota – se encogió de hombros, haciendo reír al hombre – Bueno, hubo una fiesta y el chico que me traía loco, fue con sus amigos… Yo creo que fue cosa del destino o realmente soy un maldito suertudo, porque terminamos bailando juntos y… - gesticuló con sus manos – Ya sabe… algo más que sólo bailando.
- Debo suponer que es algo importante, y por eso me lo estás contando… - comentó Oliver, dándole una mirada divertida – Si no, deja de presumir.
- En realidad, si fue algo importante… muy importante, yo… - una sonrisa triste apareció en el rostro del menor – Creo que nada fue igual para mí después de estar con él…
- Nunca te oí hablar así de nadie – murmuró.
- Es que Kurt es único – soltó, sin poder evitarlo.
- Oh, tiene nombre… - se burló el hombre, haciendo reír a Blaine.
- Sí. Kurt Hummel – Blaine se mantuvo en silencio un momento, pensando en lo siguiente que diría - ¿Has oído hablar del gen portador?
- Claro que sí, aunque es algo muy raro… - dijo, pasando una mano por su barbilla – Además, de que son escasos los hombres que descubren que lo poseen.
- Por eso Kurt es único… - continuó el moreno, con la mirada perdida – Él tiene el gen portador… se enteró un par de semanas después de la fiesta, y yo un poco después… por accidente – el hombre se esforzó en no sobre reaccionar ante lo que oía, porque el semblante de Blaine se veía realmente triste – Él me odiaba, siempre estaba gritándome que me alejara, y que no le buscara… Pero, ya me conoce… Suelo ser algo terco, mucho más cuando realmente quiero conseguir algo… - el señor Miller asintió – Y lo conseguí – una sonrisa llena de satisfacción iluminó el rostro del menor – Kurt terminó con su novio, porque… bueno, era un idiota… aunque siempre se mantuvo rondándolo, aun así… acabamos como novios, además de… padres adolescentes… sí, todo un drama – Blaine se encogió nuevamente de hombros – Pero, éramos tan felices… Yo… jamás había experimentado nada igual… sentir sus pataditas y verla a través de una pantalla… ver su vientre crecer y llenarse de vida de esa manera… - una lágrima recorrió su mejilla, y Blaine la apartó con una risa triste – Ella se volvió mi todo, junto con Kurt…
- ¿Es una niña? – consultó Oliver, sintiéndose profundamente conmovido por el relato del chico - ¿Cuál es su nombre?
- Elizabeth – dijo Blaine, sintiendo un nudo en la garganta de sólo nombrarla en voz alta – Kurt me asegura que es mi hija… Yo no sé qué pensar.
- ¿De qué hablas? – quiso saber el hombre, ligeramente confundido – Dijiste que en la fiesta…
- Sí, pero él también tenía un novio, ¿recuerda? – intentó explicarse, su tono teñido de frustración – Estuvieron juntos después de eso… Y él apareció hace poco, demandó a Kurt para hacerle un examen de ADN a… Ellie… - las lágrimas golpearon sus ojos de improviso, mientras en su cabeza revivían las imágenes de lo ocurrido en la clínica – Lo resultados dieron a favor de él…
- Oh, entiendo – susurró el hombre, acercándose a Blaine y palmeando su espalda, ahora que el moreno no podía contener su llanto por más tiempo.
Se mantuvieron así un tiempo. Oliver le ofreció un vaso de agua al chico, intentando consolarlo con frases alentadoras. Blaine agradeció el gesto, logrando componerse luego de un rato.
- Entonces, ¿qué es lo que realmente quieres de mí? – cuestionó el señor Miller, mirándolo con determinación – Porque no creo que sólo hayas venido a contarme tus problemas, para que te consolara, ¿o sí? – Blaine le dio una sonrisa triste.
- No… no soy ese tipo de persona – torció el gesto – Hace unos días Kurt fue a la cafetería donde trabajo, dijo muchas cosas que… no puedo sacar de mi cabeza, y no quiero cerrarme a la idea de que pueda ser verdad – Blaine bebió un corto trago de agua, devolviendo el vaso a la mesa – Él dijo que… antes de la fiesta, llevaba semanas lejos de su novio, porque él estaba en un internado o algo así… y que, luego de la fiesta, confirmó el embarazo… antes de estar con el noviecito ese… - añadió despectivamente – Según Kurt, no hay posibilidades de que él sea el padre del bebé y que hubo algún error en el examen.
- Y, ¿tú crees que eso es así? – indagó el mayor.
- Quiero creerle… - confesó, sintiendo sus ojos humedecerse – Realmente, deseo que sea cierto.
- No voy a mentirte, Blaine… - comenzó a decir Oliver, tomando una postura erguida en el sofá – La situación se complica, habiendo una prueba de paternidad de por medio… Es un caso prácticamente cerrado, con un resultado positivo… Como abogado, podría recomendarte que le pidieras a Kurt que realizara otro examen… Pero, no sé si serviría de mucho…
- Yo… no sé si deba… - la tristeza apareció otra vez en su semblante – Con todo lo que pasó, Kurt y yo nos alejamos… y no me siento con el derecho de pedirle algo así… Tampoco quiero exponer a Ellie a otro examen...
- Y el tipo, ¿es de fiar? – preguntó – Digo, viene de una familia adinerada, pero… ¿es una persona decente?
- No estoy seguro, aunque Kurt dice que tienen grandes influencias en el sector judicial.
- Hmm… - el hombre se rascó el mentón, analizando la situación – Tengo una hipótesis, que puedes comentársela a tu chico… Tal vez, el tipo ese usó sus influencias para manipular el resultado… Si él está tan seguro de que tú eres el padre, eso explicaría la situación… - los ojos de Blaine brillaron esperanzados. Aquello le hacía sentido – En tal caso, ustedes pueden hacer una contrademanda, por falsificación de documentos médicos, además de daños y perjuicios… El tipo podría terminar en la cárcel, fácilmente.
- Tiene lógica… Pero, como te dije, Kurt y yo ya no nos hablamos, desde… el resultado del ADN – aclaró, bajando la mirada a sus manos entrelazadas.
- ¿Por qué, Blaine? – cuestionó el hombre – Acaso, ¿ya no sientes lo mismo por él? ¿Dejaste de quererlo?
- Oh, no… creo que eso no pasará jamás – negó enérgicamente con la cabeza.
- ¿Entonces? – la mirada perspicaz del mayor lo hizo cuestionarse muchas cosas – Kurt debe sentirse devastado ahora, completamente sólo, con una bebé pequeña y un montón de problemas…
- Lo sé, pero… no es tan fácil… - Blaine pasó una mano por su pelo negro, despeinándolo – Él va a estar ahí, reclamando su lugar de padre con Ellie, y yo… no puedo soportar eso, cuando era yo quien ocupaba ese puesto…
- Nada quita que sigas siéndolo, muchacho – Oliver soltó un suspiro – Vivimos en los tiempos modernos, donde las parejas tienen hijos, luego se separan y rehacen su vida con otros, dándole a esos niños la oportunidad de tener más de dos padres… No necesitan compartir un vínculo sanguíneo para decirles "papá".
El moreno se mantuvo en silencio, mientras su cabeza procesaba todo tipo de pensamientos, analizando las palabras del hombre frente a él.
- Yo… pensaré en eso… - concordó – Y… me gustaría saber si, en un caso determinado que necesitáramos tu ayuda… ¿podemos contar contigo?
- Blaine, hace dos años que no ejerzo como abogado – torció el gesto – Pero, siempre podré hacer una excepción por ti, muchacho… eres como el hijo que nunca tuve… - rió.
- Oliver, tienes tres hijos – rebatió el pelinegro, contagiado con su broma.
- Todo unos ingratos – se quejó, conservando su sonrisa – Desde que se graduaron, jamás volvieron, ni para una navidad o un cumpleaños…
- Yo tampoco vine en mucho tiempo – comentó, su semblante tiñéndose de tristeza.
- Tenías asuntos más importantes… - el hombre se acercó a él y palmeó su espalda con cariño – ¿Quieres quedarte a cenar? Marta va a preparar su estofado especial.
- Me encantaría – respondió Blaine, sintiéndose como un niño pequeño otra vez, recordando lo mucho que le gustaba la comida que preparaban en esa casa.
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Kurt Hummel estaba a poco de llegar a su límite. En el último mes, desde que su vida se volvió un caos, había tenido que lidiar con mucho más de lo que se sentía capaz de soportar.
Por un lado, tenía la escuela, con exámenes y proyectos; los cuales no aprobaba de la mejor manera, porque casi no le quedaba tiempo para estudiar, y mucho menos pensar en reunirse con sus compañeros de clase después de la escuela, porque debía cuidar de su bebé.
Carole había sido su mayor apoyo, pero el sentimiento de culpa no lo abandonaba, cada día que la mujer debía quedarse en casa, en lugar de ir a trabajar, sólo por cuidar de Ellie.
Por otro lado; Sebastian no le daba ni un descanso, yendo a su casa todos los días, sagradamente, ocupando toda su tarde. Al principio no le dio mucha importancia, pero a medida que los días pasaron, se dio cuenta de que aquello no iba a resultar. ¿Por qué? Simple… Ellie parecía detestar a Sebastian. En cuanto lo veía cerca, comenzaba a llorar y no se detenía hasta que Kurt la rescataba de los brazos del mayor. Kurt creyó que mejoraría una vez que se familiarizaran; sin embargo, cada día era peor, al punto que para evitar que Ellie terminara enfermándose de tanto llanto, Kurt debía estar con ellos, en lo que durara la visita de Sebastian, lo que no le dejaba ni tiempo ni energía para sus deberes escolares, ni para nada.
Cuando llegaba la noche; acontecía la tercera cosa que lo tenía al borde del colapso… Ellie lloraba, no solo por un rato, sino, por horas y horas… Kurt, aunque intentaba sobrellevar la situación, mostrándole juguetes, cantándole o asegurándose de que no tuviera hambre ni el pañal sucio; no lograba calmar su llanto, terminando los dos en un mar de lágrimas. A veces Kurt pensaba en que tal vez su hija extrañaba a Blaine, tanto como él lo hacía… ellos pasaban mucho tiempo juntos antes, por lo que no sería raro que el hecho de ya no verlo más, de un día para otro, estuviera afectándole de esa manera.
El castaño también estaba sufriendo por el mutismo de Blaine. Ni siquiera sabía que pasaría con ellos, ni si aún continuaban siendo una pareja. Todo era confuso, y que no diera indicios de querer mantenerse en su vida, lo empeoraba todo. Kurt sólo deseaba decirle cuanto lo extrañaba, y que Ellie lo necesitaba, pero le dolía el corazón de sólo pensar en decirle algo así, después de todo lo ocurrido, porque eso sólo lo dañaría más.
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Las grandes puertas del lugar intimidaron al moreno, quien sostenía un folio con su documentación, muy pegado a su cuerpo, conteniendo su nerviosismo. Aun no se sentía del todo seguro de ir allí, pero ya que no tenía un objetivo para continuar su vida como hasta ahora lo hacía, no perdía nada con intentar algo nuevo.
Entró, siendo recibido por el jovial ambiente universitario. Caminó hacia la recepción, informando que tenía una cita y luego de que le indicaran que esperara, se sentó en una de las tantas sillas dispuestas en el recibidor.
Ahora que recibía una buena paga, y no tenía en quien gastarla, por decirlo de alguna manera; Blaine había decidido que haría un cambio en su vida, invirtiendo en su futuro. Ya sea que las cosas con Kurt funcionen o no, Blaine no quería ser el mismo chico fracasado, que se conforma con el simple empleo de barista en una cafetería. No, Blaine quería demostrar que podía hacer mucho más que eso, que valía la pena. Y, aunque no lo diría en voz alta, tal vez nunca; hacía esto para que Ellie algún día pudiera sentirse orgullosa de él.
Blaine no pensaba rendirse con Kurt; y Dios sabía que lo amaba demasiado a él y a la pequeña Elizabeth, como para desaparecer de sus vidas. No lo haría, pero… de todos modos, aunque deseaba correr a la casa de los Hudmel y envolver en sus brazos al castaño para no soltarlo más, no sabía cómo hacerlo. Ni siquiera estaba seguro de cuando sería el momento adecuado. ¿Debería comenzar con una llamada telefónica? ¿Sería mejor simplemente sorprenderlo, llegando a su puerta?
Por ahora, sólo esperaría que el destino le mostrara cuándo.
La mujer de la recepción le indicó que pasara a la oficina, guiándolo al interior de un pasillo lleno de puertas, cada una con su respectiva placa, informando el nombre y cargo de quien estaba dentro.
- Bienvenido, señor Anderson – lo recibió una mujer atractiva, que bordeaba los cuarenta, señalándole con una mano para que ocupara el asiento frente a ella – Mi nombre es Marian, y soy la encargada de asuntos académicos.
- Es un placer – saludó el moreno, estrechando la mano de ella.
- Recibimos su solicitud, aunque está un poco fuera de plazo… - comenzó a decir ella, notando la desilusión cruzar por los ojos del menor – Pero, queremos hacer una excepción con usted – la sonrisa regresó al oírle - ¿Trajo su documentación?
- Sí – le tendió el folder, sintiéndose ansioso.
La mujer tardó un rato en revisar cada uno de los documentos que había llevado Blaine, asintiendo y murmurando, mientras leía.
- Por ser esta una universidad pública, no tomaremos en consideración su expediente – informó, haciendo que Blaine soltara un suspiro de alivio – Además, ajustaremos su horario para que no interfiera en su trabajo.
- ¿Es en serio? – Blaine no podía creer todo lo que oía – Gr-gracias.
- Seré sincera con usted, señor Anderson – la mujer apoyó sus codos sobre el escritorio, enlazando sus dedos a la altura de su mentón, observándolo con confidencialidad – Su ingreso ha sido, gracias al programa que el gobierno nos subvenciona, por cada alumno… ¿cómo decirlo?... problemático – el moreno alzó las cejas en confusión – O sea, aquellos chicos que no tuvieron un gran desempeño en secundaria, o que, como usted, pasaron por reformatorios o servicio comunitario… como una clase de incentivo para superarse.
- Pues… aun así, me siento agradecido – rio el pelinegro.
- Eso es bueno, porque… basta con que firme algunos papeles, y podrá comenzar a asistir desde este lunes a clases – informó la mujer, dándole una sonrisa amable.
- Wow, eso es fantástico – Blaine volvió a estrechar su mano, aunque aún tenía papeleo que llenar, pero se sentía tan feliz.
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El timbre resonó por la casa Hudmel, y aquel sonido que antes hacía correr al castaño con una enorme sonrisa hacia la puerta, ahora lo hacía maldecir y renegar, deseando lanzarse por una ventana.
- Lindas ojeras, Kurt – saludó el mayor, cuando la puerta se abrió.
- Linda vida – murmuró, caminando hacia la sala, sin voltear a verle, susurrando un "idiota".
Sin ánimos de entablar conversación con Sebastian, Kurt tomó su libro de historia del sofá y continuó leyendo. Ellie estaba profundamente dormida en su carreola y el ojiazul por fin tenía un momento para lograr estudiar, pues tendría un examen al día siguiente.
- Le traje esto a Ellie – informó el más alto, aun de pie en medio de la sala, sin saber exactamente qué hacer, pues era la primera vez que llegaba en medio de una siesta de la bebé.
- Hmm… - murmuró Kurt, sin despegar sus ojos de su lectura – Puedes dejarlo por ahí – señaló a un lugar indeterminado, ignorándolo por completo luego.
- ¿Puedo… sentarme? – preguntó con molestia, al ver que el menor no le prestaba atención.
- Por mí, puedes hacer lo que quieras – graznó, sin mirarle.
- Gracias, que amabilidad – ironizó, ocupando el lugar junto al ojiazul, en el sofá.
El momento se volvió incómodo rápidamente, con el único sonido del reloj sonando, logrando que cada "tic-tac" impacientara más a Sebastian.
- ¿Qué lees? – quiso saber el ojiverde, intentando sacar algún tema de conversación.
- La caída del muro de Berlín, ¿te importa? – masculló, bajando por fin su libro, hasta sus piernas cruzadas.
- Preguntaba, porque… si es que aún lo recuerdas, soy muy bueno en historia – se jactó, apoyando un brazo en el respaldo, girándose para quedar frente a Kurt.
- Lo sé… Pero, estoy bien estudiando solo – recalcó la última palabra.
- Antes estudiábamos juntos… Y era divertido – continuó, ignorando los hostiles mensajes entre líneas que le lanzaba el menor – Por cada respuesta correcta, nos dábamos un premio – dejó ver una sonrisa ladina.
- Tú lo has dicho, Sebastian… "antes" – hizo comillas en el aire – Cuando éramos novios…
- Hmm… si bien recuerdo, aun no éramos novios cuando hacíamos eso – soltó una risita grave – Eras tan astuto, con tus juegos… Siempre lograbas confundirme… Hasta que terminé enamorándome de ti.
- ¿Por qué sacas eso ahora, Seb? – cuestionó Kurt, sintiéndose abrumado por los recuerdos.
- Porque… Pasa el tiempo y yo… - el mayor se acercó al ojiazul lentamente, atento a las reacciones del contrario – Sigo sintiendo lo mismo… Es como si nada hubiera cambiado, cada vez que te miro a los ojos… Sigue estando ahí el chico del que me enamoré, el tierno y dulce niño con voz de ángel…
- Estás loco… - murmuró Kurt, notando que Sebastian estaba cada vez más cerca, entrando en pánico.
- Loco, pero por ti… - susurró, lanzándose hacia el frente, para poder capturar los labios de Kurt en un beso.
La boca de Sebastian no alcanzó a tocar la del menor, pues éste puso a tiempo sus brazos como una protección, empujándolo de regreso a su sitio.
- ¿Qué demonios crees que haces? – gruñó, poniéndose de pie, con la cara roja de rabia.
- Kurt, no te hagas el desentendido… - Sebastian sonrió a medias, conteniendo su frustración – Sé que aun sientes algo por mí, como yo por ti.
- Definitivamente, perdiste el juicio – el ojiazul alzó las manos al cielo, pidiendo clemencia - ¿Olvidaste acaso que tengo un novio? – le increpó – Si estás aquí es únicamente por Ellie, así que te pido que no confundas las cosas, Sebastian.
- Yo, la verdad… no entiendo cómo funciona ese noviazgo que tienes – habló con ironía – Si ni siquiera se ven…
- Ese no es tu problema – lo cortó – Ahora, será mejor que te vayas, porque no estoy de humor para aguantar más estupideces.
- Pero, aun no termina mi hora de visita – se quejó el más alto.
- ¡Me importa una mierda! – casi gritó Kurt – Ellie está durmiendo y no creo que vaya a despertar, porque no durmió nada anoche, y no puedo verte a la cara sin querer golpearte – confesó.
- Kurt, no puedes…
- Sí, sí puedo… - interrumpió - ¡Es mi casa, maldita sea! – señaló con su dedo índice la puerta – A ver si así aprendes a comportarte.
El mayor salió del lugar, molesto y frustrado por no lograr lo que deseaba; mientras que Kurt regresaba a sentarse al sofá, cubriendo su rostro con sus manos temblorosas, dejando salir su llanto.
Estaba harto de todo, de la actitud de Sebastian, el incesante llanto nocturno de su hija y, por sobre todo, la ausencia de Blaine. Le necesitaba tanto, mucho más en ese momento.
Tomó su celular y sin pensarlo dos veces, marcó su número. Esperó, conteniendo la respiración, mientras suplicaba porque el moreno cogiera la llamada.
Su corazón se rompió un poco más, al oír el mensaje grabado del buzón… luego de eso, sólo pudo llorar más.
¿Se me fue la mano con el drama? ¿Qué opinan?
Pero; tranquilos... no me maten aún, porque ya en el próximo capitulo, volveremos a tener interacción Klaine... No les doy más spoiler, sólo espérenlo!
Besos!
