Hola! Les traigo un nuevo capítulo... No quiero spoilearlos, así que sólo lean y disfruten!
CAPÍTULO 29.
El mes de octubre transcurría rápido, trayendo con él, los días fríos y el anuncio de un otoño despiadado. Ellie había sido la más afectada con las bajas temperaturas, pues Kurt pudo verla estornudar repetidas veces.
- ¿Qué tienes princesa? – le habló a la pequeña, quien estaba sentada tranquilamente en su regazo - ¿Algo te pica en la nariz? – jugueteó, simulando que le "robaba" con una mano su pequeña naricita, mientras hacía caras graciosas a la niña – Ahora, ya no podrás estornudar más – bromeó, y Ellie dejó salir un estornudo – Bueno, creo que serás una rebelde sin causa.
Negó con la cabeza, posando el dorso de su mano sobre la frente de Elizabeth, para comprobar su temperatura, por si las dudas. En efecto, su piel estaba ligeramente más caliente de lo usual, pero Kurt se dijo a sí mismo que no debía entrar en pánico. Tranquilamente caminó con la bebé en brazos, subiendo las escaleras hacia su cuarto, en busca del termómetro.
- No está alta… ¿qué deberíamos hacer? – le preguntó a la pequeña, quien lo miró atento, sin entender ni media palabra de lo que su padre decía – Bien, el médico dijo que si pasaba de 38°, podía considerarlo una fiebre… Así que, vamos a estar tranquilos por ahora, ¿sí?
La puerta de la entrada resonó, por lo que Kurt supuso que su padre habría llegado ya.
- Vamos a saludar a tu abuelo – regresó a la planta baja, dándole un abrazo a su padre, quien se lanzó directo a tomar a Ellie para mimarla.
- Kurt – llamó su atención el hombre – Saldré con Carole esta tarde, asique asegúrate de cerrar bien las puertas y, ya sabes…
- Oh, por supuesto – el menor estuvo tentado a decirle que temía que Ellie empeorara y comenzara a tener fiebre, pero el hecho de que sus padres casi no tenían tiempo para ellos, lo detuvo. Aunque no quería estar solo en caso de necesitar ayuda, no podía negarles esa libertad a ellos – Que se diviertan – le dio una sonrisa, recibiendo a su hija de vuelta en sus brazos.
Cuando la pareja salió, Kurt sintió una extraña sensación en la boca de su estómago. No le gustaba estar sólo, sin embargo, agradecía que fuera sábado y que Sebastian no estuviera metido en su casa, porque no soportaba su presencia.
Las horas pasaron tranquilas, y Ellie sólo fue empeorando, afiebrándose cada vez más, comenzando a llorar y haciendo a Kurt entrar en pánico. Él sabía lo que debía hacer, pero los nervios lograban bloquearlo totalmente y se maldecía a sí mismo por ello. Atinó a tomar nuevamente la temperatura de su hija, notando que pasaba los 38°.
Tomó algunas respiraciones profundas, e intentó calmar el llanto de Ellie, fracasando luego de cinco minutos. Cogió el celular y marcó a Carole. Se sentía horrible por interrumpir su salida con su padre, pero quien mejor que ella para ayudarle, siendo enfermera.
Fueron una llamada tras otra, pero Carole jamás contestó y su padre tampoco.
- De acuerdo, Kurt… - comenzó a decir, intentando enfocarse – Eres casi un adulto, puedes resolver esto… No puedes dejar que el pánico te gane… - miró a su pequeña hija, haciendo un pronunciado puchero, sacándole algunas lágrimas al castaño – Cariño, no sé si pueda conducir así… - le mostró sus temblorosas manos, sintiéndose el peor padre del mundo – Necesito ayuda…
Sin pensarlo demasiado, y temiendo recibir la respuesta usual, marcó el número de la única persona que realmente necesitaba a su lado.
El buzón saltó luego de un par de tonos, pero Kurt no se resignó. Bien podía estar tomando una ducha y no escuchó el celular.
- Blaine… yo… - carraspeó para aclarar su temblorosa voz – Tengo una situación aquí… Con Ellie… Sé que no debería llamarte para esto, pero estoy solo en casa y… Maldición, estoy muy asustado… ni siquiera creo ser capaz de conducir hasta la clínica así, y Ellie no deja de llorar, porque tiene fiebre… - soltó, atropellándose con sus propias palabras, sintiendo que el llanto lo abordaba – Sólo… por favor, te necesito…
Cortó la llamada, finalizando así su mensaje. Intentó mantenerse tan sereno como su histeria le permitía, mirando intermitentemente la pantalla de su celular y la cara de la bebé. Cuando el sonido del aparato indicó una llamada entrante, Kurt casi lloró de felicidad al ver el rostro de Blaine parpadeando en éste.
- ¡Blaine! – dijo, sonando desesperado y feliz al mismo tiempo – Gracias al cielo.
- Kurt, ¿qué le pasó a Ellie? – preguntó, y el ojiazul pudo percibir su preocupación en su tono de voz - ¿Ella está grave?
- Yo… no lo sé, p-pero tiene fiebre m-muy alta – tartamudeo, nervioso – Necesito llevarla con el médico.
- Okay, estaré ahí en cinco minutos – prometió, finalizando la llamada.
Sólo entonces, Kurt sintió que el alma le volvía al cuerpo.
Rápidamente, funcionando en piloto automático, arregló un pequeño bolso con ropa y pañales, además de la documentación suya y de su bebé. Bajaron a la sala y esperaron ansiosamente a que el moreno llegara.
El sonido de una motocicleta a la distancia, logró que el corazón del castaño latiera tan fuerte, siendo capaz de sentirlo en todo su cuerpo, palpitando violentamente. Era él.
Kurt tomó a su bebé y la pañalera, dirigiéndose a la puerta, con las llaves de su carro en una de sus manos. Blaine no llegó a tocar el timbre, pues el menor abrió antes de eso. Los dos chicos se miraron como si se reencontraran después de años de no verse, con sus ojos llenos de sentimientos confusos y mil palabras que decir. Sin embargo, no era el momento aún para hablar de eso.
- Hola… - soltó en un susurro el moreno, quedándose algo estático frente al castaño.
- Ho-hola… - balbuceó el otro, sintiendo sus ojos humedecerse.
El llanto estridente de Ellie rompió el silencio de la tarde, sacándolos de su burbuja, e impulsándolos a moverse rápidamente.
- Será mejor que vayamos de una vez – musitó Blaine, quitándole el bolso del hombro a Kurt y las llaves del vehículo.
Se subieron; Kurt en el asiento trasero, junto a la silla de la pequeña Elizabeth, y Blaine conduciendo. No cruzaron muchas palabras en el camino, pues el moreno iba a toda velocidad y el ojiazul continuaba asustado.
Fueron atendidos rápidamente, y el médico les explicó a ambos que sólo se trataba de un resfrío común, por lo que Kurt respiró tranquilamente. Aun así, le dio algunas recomendaciones y un par de medicamentos.
El pensamiento de que tal vez debía informarle a Sebastian cruzó por la mente de Kurt, pero se negaba a aguantarse una llamada telefónica con el ojiverde. Optó por mensajearlo, detallándole que no era nada grave y que la niña se encontraba perfectamente ahora.
- Nos dio un gran susto – comentó Blaine, acercándose al menor, en la sala de espera.
- Sí, yo… Suelo entrar en pánico cuando estoy solo frente a una situación desconocida – dijo en respuesta – No sabía qué hacer.
- Pero, hiciste lo correcto – lo animó el moreno, dándole una sonrisa sincera.
- ¿Crees que… estuvo bien que te llamara? – preguntó temeroso de la respuesta que pudiera recibir del contrario.
- Sí, por supuesto que sí… - se apresuró a contestar, sin ninguna vacilación.
- Gracias por acompañarme… - murmuró el ojiazul, dándole una mirada intensa – No sé qué hubiera hecho sin ti.
- Probablemente, hubieras encontrado la manera de solucionarlo, porque eres muy inteligente – lo elogió – Aún así, me alegra que llamaras.
Ambos chicos se sonrieron un momento, antes de disponerse a regresar a casa.
Ellie durmió profundamente en el camino de regreso, permitiendo que Kurt se relajara, después de las grandes cantidades de estrés que tuvo que manejar.
Una vez en casa, el castaño acomodó a la pequeña en su cuna, regresando a la sala, donde Blaine le esperaba.
- Yo… debería irme ahora – anunció el pelinegro.
- Blaine… - lo detuvo, tomándolo del brazo con delicadeza, sintiendo que, si no aprovechaba esa oportunidad, lo perdería para siempre - ¿Podemos… hablar un momento? – pidió, con los ojos brillantes por las lágrimas que se acumulaban ya.
- Sí, claro – dio un asentimiento con su cabeza y Kurt lo guio hasta quedar sentados frente a frente en el sofá de tres cuerpos.
- Blaine, yo… - su voz volvía a sonar temblorosa, sin embargo, al castaño no le importó, porque necesitaba sacar todo lo que guardaba dentro de él y ése era el momento de hacerlo – No quiero que las cosas estén así entre nosotros… Porque… siento que mi corazón no podrá soportar tanto dolor… - puso una mano en su pecho, arrugando su suéter – El no verte, el no estar juntos… está destrozándome… - un sollozo se escapó de sus labios, y Kurt no intentó contenerlo – Y sé que esto no es lo que esperabas, que estás lastimado… Realmente lo siento… Sólo, no quiero que nos rindamos.
- Cariño… - susurró, pasando una mano por el brazo del ojiazul, tratando de consolarlo - ¿Crees que para mí no ha sido doloroso?... Esto ha sido lo más… difícil… que he enfrentado jamás – confesó, abriendo su corazón con el menor – Yo… yo tenía esta gran ilusión de formar una familia contigo… y con Ellie… - las lágrimas no dejaban de fluir de los ojos de Kurt, al escuchar las palabras del moreno – Pero, ahora sólo me siento como… un extraño, sobrando en esta escena.
- No es así, Blaine… Te juro que no es así… - se adelantó en aclarar – Tú no eres ningún extraño… - sorbió su llanto, intentando componerse un poco – Por favor, bebé… No quiero que terminemos nuestra relación, ni que me dejes… Yo te necesito demasiado… y Ellie también… - Blaine sintió un nudo en su garganta, afectado con todo lo que Kurt le decía – Y me siento como una mierda por decirte esto, pero… Ellie no ha dejado de llorar desde que dejó de verte, y puedo jurar que te extraña tanto como yo… Ustedes se pasaban todos los días juntos, y ahora… ya no es así…
Entonces, Blaine no pudo contenerse más, rompiendo en llanto frente a Kurt. El castaño no dudó en envolverlo en sus brazos, para contenerlo, pasando una mano suavemente por su espalda.
- Kurt, yo… - sollozó – Yo siento que cada día que paso lejos de ustedes… muero un poco más… y no puedo hacer nada – se limpió las lágrimas con el dorso de su mano, para mirar a Kurt – El examen está ahí y yo… no puedo hacer algo contra eso…
- Blaine… tú eres mi novio – el castaño sostuvo el rostro del contrario con sus manos, para que le mirara directo a los ojos – Y, a pesar de todo lo que ha pasado… Lo que yo y Ellie sentimos por ti, no ha cambiado, ni va a cambiar… - prometió con una sonrisa triste – Además, muchas parejas pasan por situaciones similares… No hay nada de malo en que estemos juntos… Sebastian ya se metió en medio… No le demos la satisfacción de destruir lo que tenemos… Si logramos superar esto, podremos superar lo que sea… Porque nos amamos… Yo te amo.
Blaine, incapaz de hablar en ese momento, por el cúmulo de emociones dentro de él, se limitó a asentir. A Kurt le bastó con eso, para aproximarse al moreno, juntando sus labios en un beso triste y salado, debido a las lágrimas.
El pelinegro se sintió de nuevo en su hogar, porque el castaño lo era. Sólo con él se sentía completo.
Estaban tranquilamente, besándose en la sala, luego de su emotiva charla, cuando el timbre sonó, interrumpiendo el momento.
- Debe ser papá que se olvidó las llaves – se disculpó el menor, poniéndose de pie con una sonrisa auténtica, quitando el rastro de humedad de sus ojos y mejillas.
Sin embargo, como si un balde de agua fría le cayera encima, el rostro de Sebastian lo recibió del otro lado de la puerta, con una expresión realmente molesta.
- Hola, Kurt – saludó, cruzándose de brazos.
- ¿Qué haces aquí? Hoy es sábado y ya es muy tarde – le increpó el castaño, frunciendo el ceño.
- Eso no me importa… ¿Por qué no me llamaste cuando Elizabeth se enfermó? – reclamó, con la clara intención de entrar a la casa.
- Porque yo la llevé a la clínica y el médico dijo que sólo era un resfrío común… - aclaró, poniendo su mano al frente para frenarlo – Te lo dije en mi mensaje.
- Un simple mensaje no es suficiente, Kurt – rebatió el otro, alzando un poco la voz – Pudiste llamarme, y así yo la hubiera llevado con mi médico familiar…
- No era necesario, ella está bien – insistió, subiendo su voz una octava, lo que llamó la atención de Blaine en el interior. Éste se acercó a la puerta, con la intención de respaldar a su novio.
- Oh, ya veo… - dijo con sarcasmo al notar la presencia del moreno – No era necesario llamarme, pero sí lo llamaste a él, ¿no es así?
- Eso no te incumbe, Sebastian – lo cortó – Ya te he dicho que Blaine es mi novio, y no hay nada de raro en que él me ayude en estas cosas.
- Pues, a mí no me gusta que esté cerca de la niña – atacó, sorprendiendo al castaño – No lo conozco y no confío en él… - declaró, haciendo a Blaine chasquear la lengua en incredulidad – Recuerda que puedo demandarte aún para lograr la paternidad compartida…
- ¿Estás demente? – bufó Kurt, cabreado.
- Claro que no, simplemente me preocupa que mi hija no esté criándose en un ambiente adecuado – soltó, encendiendo la ira del menor.
- Mira, Sebastian… Los exámenes podrán decir que eres el padre… - comenzó a decir con un tono de voz amenazante – Pero, antes de que llegaras a mi puerta con tus amenazas, tus pruebas de paternidad y todas tus mierdas, era Blaine quien cumplía el rol de padre de Ellie, haciendo un magnífico trabajo… - el rostro de Sebastian se descompuso de rabia – Así que no te permito que metas tu nariz en donde no te corresponde.
- Eso… - dijo con los dientes apretados y señalándolo con su dedo índice - …ya lo veremos.
Dicho eso, se dio media vuelta, saliendo del frente de la casa Hudmel a grandes zancadas. Kurt cerró la puerta, dejando salir un suspiro cansado.
- No sé por cuánto tiempo más voy a soportar a este imbécil – susurró el castaño, pasando una mano por su rostro, frustrado. Unas manos grandes lo tomaron por las caderas, apegándolo a su cuerpo, conteniéndolo y sacándole una pequeña sonrisa.
- Olvídate de ese idiota… - susurró Blaine en su oído – No le des el gusto de arruinarnos la reconciliación – bromeó, soltando una risita grave, justo en la curva de su cuello.
- Tienes razón… - el ojiazul lo envolvió con sus brazos, reposando su barbilla en el hombro del contrario – Lo siento…
- No te disculpes, cariño… - negó el moreno – Entiendo que todo esto te tenga cansado… Pero… - Blaine se separó para mirarle a los ojos, con un nuevo brillo de orgullo en ellos - ¿Quieres oír una buena noticia?
- Sí, por favor – rogó el menor, sacando una risita de Blaine.
- Es algo… no lo sé… inesperado, supongo… - tomó una bocanada de aire y continuó – Estoy en la universidad – soltó, desconcertando al castaño, quien frunció el ceño sin comprender lo que oía.
- ¿Cómo… es eso? – dudó, ladeando la cabeza.
- Antes de que las vacaciones acabaran, envié una solicitud a la universidad pública de Lima… y ellos me llamaron – el moreno comenzó a sonreír sin poder evitarlo – Resulta que hay una mierda del estado que obliga a las universidades públicas a recibir a gente como yo, con malas calificaciones y expedientes de delincuentes… Algo así como para reintegrarnos a la sociedad, creo – se encogió de hombros, viendo la expresión divertida en el rostro de su novio – En fin, ahora soy un universitario… ¿Puedes creerlo?
- ¡Oh Dios mío! ¡Blaine! ¡Eso es grandioso! – exclamó, asimilando la información recibida, presionando su cuerpo en un abrazo – Estoy tan orgulloso de ti, bebé… ¡Eres increíble! – se apartó ligeramente, sólo para capturar la boca del mayor en un beso apasionado, quitándole el aliento al pelinegro.
- Woah… de saber que te pondrías así, lo hubiera hecho antes, cariño – bromeó, sacando una risa del castaño.
- Y… ¿en qué piensas especializarte? – preguntó Kurt, tirando de su mano, de regreso a la sala.
- No lo sé aún… ni siquiera sabía si me recibirían, así que no he pensado en eso realmente – confesó, rascándose la nuca.
- Bueno, no nos preocuparemos por eso ahora – comentó el menor, demasiado entusiasta con la buena noticia – Veremos cómo vas avanzando y cuando sea el momento, decidirás lo que más te gusta.
- Supongo – el tintineo de las llaves en la puerta, interrumpió su momento.
Burt y Carole aparecieron desde el vestíbulo, y los ojos de ambos adultos se iluminaron al ver al moreno junto a Kurt.
- Hola, Blaine – el saludo paternal del hombre, conmovió los ojos claros del mencionado. Se puso de pie y se dejó palmear la espalda por su suegro con agrado – Es bueno verte aquí, chico – comentó, ahora Carole le besaba la mejilla, dándole una caricia con su mano luego – Se te extrañaba.
- Yo… yo también extrañaba estar aquí, con ustedes – admitió, dándole una mirada de soslayo a su conmovido novio que permanecía sentado en el sofá, observando la escena.
La pareja de adultos compartió una mirada cómplice, antes de hablar.
- Nosotros… estamos algo cansados… - empezó a decir el mayor.
- Sí, creo que nos iremos a dormir… - añadió su esposa, tomando el brazo de su marido para dirigirse a las escaleras – Que tengan buenas noches, chicos.
Y sin decir nada más, Kurt y Blaine volvieron a quedar a solas.
- Es mi idea, o tus padres nos están dejando solos a propósito – el moreno alzó y bajó las cejas sugerentemente, recibiendo un golpecito en el brazo de parte de su sonrojado novio – Oh… tu cara está roja… ¿no es tierno eso, después de todo lo que hemos hecho ya? – el castaño soltó un bufido, fingiendo molestia.
- Ya, cállate – lo tomó por el cuello e hizo desaparecer la distancia entre ellos – Te amo, Blaine… Realmente, te amo mucho – sus ojos brillando.
- Yo también te amo, cariño… - el pelinegro acarició su nariz contra la del menor, en un gesto infantil – Realmente te amo mucho – repitió las palabras antes dichas por el contrario, sacando un risita del chico frente a él.
- Es lo más cursi que hemos dicho – Kurt arrugó su nariz, que aún se rozaba contra la de Blaine – Pero, me encanta.
- Tú me encantas – añadió el moreno, terminando por reír ambos.
-o-
Blaine Anderson había logrado formar una rutina simple. Temprano por la mañana; luego de pasar por una cafetería, iba hacia la casa de los Hudmel en busca de su novio, quien lo recibía radiante. Desayunaban de camino a la escuela, hablando de sus actividades por realizar ese día. Se despedían frente a McKinley High, y Blaine se llevaba el carro de Kurt hasta la universidad pública de Lima. Se esforzaba en dar lo mejor de sí en sus clases y cuando su jornada llegaba a su fin, pasaba nuevamente por su novio al instituto, besándolo feliz y regresaban a casa del menor, donde se tomaba tiempo de saludar a la pequeña Ellie, que no dejaba de sonreír al verle, balbuceando y extendiendo sus bracitos hacia el pelinegro con entusiasmo. Después de una hora en casa de su novio, tomaba su moto y se dirigía a cumplir con su trabajo en el Lima Bean. Antes de dormirse, hablaba largamente por teléfono con Kurt, quien le detallaba los últimos acontecimientos del día, finalizando así un día más de la semana. No era su ideal pasar tan poco tiempo con el castaño y la pequeña Ellie, pero sabía que al final, valdría la pena el sacrificio.
Para Kurt no era tan distinta la rutina diaria, a excepción de que, por las tardes había optado por regular la frecuencia con la Sebastian se pasaba por su casa, limitándolo a cuatro veces a la semana, sólo una hora por día, alegando que él también tenía que hacer cosas y una vida, que debía dejar de lado cada vez que éste estaba allí. El ojiverde no dejó de quejarse de que, como padre, no podía hacerlo a un lado de la vida de su hija y que merecía verla más seguido, pero Kurt se mantuvo firme, sintiendo el apoyo de su familia y su novio en el proceso.
- He pensado en llevarla a mi casa este fin de semana – comentó Sebastian, como si hablara del clima, un jueves por la tarde, mientras Kurt le daba el biberón a Elizabeth – Ya que es el cumpleaños de mi madre y me ha pedido conocerla.
- ¿Qué? – escupió el ojiazul, casi atragantándose con su propia saliva.
- O sea, ya ha visto foto de Ellie, pero… No es lo mismo – continuó hablando el mayor, sin notar la expresión de negación en el más bajo – Por eso pensaba en que sería bueno que pudiera pasar tiempo con ellos también.
- ¡No! – sentenció Kurt, mirándolo con determinación en sus ojos – Tus padres siempre me detestaron y fueron despiadados conmigo… - argumentó - ¿Por qué serían gentiles con mi hija? ¡Definitivamente eso no pasará! ¡No llevarás a mi hija con esa gente!
- Son mis padres de quienes estás hablando, Kurt – rebatió el contrario, sintiendo la ira invadiéndole – Y, también es mi hija… ¡Por eso ellos la quieren ver! – exclamó, dejando ver una palpitante vena en su frente - ¡No puede ser siempre todo a tu antojo!
- No es a mi antojo… - dijo, bajando su tono de voz, para no asustar a su bebé – Si así lo fuera, tu no estarías aquí ahora…
- ¿Siempre tienes que ser tan arrogante? – soltó el mayor, medio riendo.
- ¿Yo, arrogante? – chasqueó la lengua, irritado – Eres tú el que volvió a mi vida cuando yo estaba bien, y mandaste todo al demonio…
- Bueno, esto no estaría pasando si tú no te hubieras revolcado con ese tipo, mientras aun eras mi novio… ¡Maldita sea! – Sebastian gruñó, fuera de sí, pasando una mano por su cabello, despeinándolo. Tomó un par de bocanadas de aire para tranquilizarse, caminando por la sala. Kurt se mantuvo en silencio, herido porque, a pesar de todo, sabía que las palabras de su ex novio estaban llenas de verdad. Era absurdo justificarse, cuando era consciente que la culpa sólo la tenía él.
- No creo que sea prudente que lleves a Ellie a casa de tus padres… - hablo de improviso, con un tono de voz bajo – Porque ella no deja de llorar cada vez que está en tus brazos… - argumentó, cambiando su estrategia – Jamás le has cambiado un pañal y no tienes idea de cómo preparar un simple biberón… - los ojos de Sebastian se ampliaron en sorpresa, reconociendo que eso era cierto - ¿Qué pretendes hacer? ¿Tenerla un fin de semana completo llorando, sólo por cumplirle el capricho a tu madre? – Kurt torció el gesto – Lo siento, no puedo permitirlo, si eso pone en riesgo a mi hija.
Silencio.
Sebastian, caminó hacia su olvidado bolso sobre el sofá, acomodándolo sobre su hombro.
- He estado pensando en decirle a mi abogado que inicie la demanda de paternidad compartida – dijo aquello, con voz monótona, carente de cualquier emoción, desestabilizando completamente a Kurt – Creo que lo haré hoy… Así que no te sorprendas cuando recibas la citación de la corte – le dio una última mirada y caminó hacia la puerta – Adiós, Kurt – entonces, se fue.
El corazón del menor se apretó en su pecho, observando la frágil figura de su hija en sus brazos, mirándolo con sus brillantes ojos azules, irradiando felicidad por el simple hecho de tenerlo junto a ella. Y, maldición, Kurt haría lo que fuera con tal de que nadie jamás lo apartara de su hija. Lucharía a muerte si fuera necesario, porque ese era el amor que sentía por ella. Sebastian no podría con él… contra ellos. No iba a dejarse vencer, así no supiera cómo solucionarlo, buscaría la manera de torcerle la mano al destino, conservando con él al ser más preciado en su vida, su pequeño milagro. Su Elizabeth.
OOOOOOkay!
¿Será que Kurt mostrará sus garras? ¿Se convertirá en un papá luchón? (Mal chiste, lo sé)
Debo informarles... Con el dolor de mi corazón... Que desde el siguiente capítulo, comenzamos a vivir el final de esta historia... Por lo que, prepárense para lo que viene, porque todas sus dudas serán aclaradas...
Pero, no envíen sus amenazas aún, porque aun nos faltan por lo menos 4 capítulos, más el epílogo.
Realmente, desde el 2015 que comencé a escribir esta historia, así que me siento feliz y satisfecha de estar concluyéndola finalmente. Sin embargo, no voy a despedirme aún, dejaré las palabras emotivas para el gran final.
Besos!
