Hey, hey... ¿Qué crees? Ya les traje un nuevo capítulo de su fanfic favorito... E iniciamos oficialmente, la recta final de esta gran historia...
CAPÍTULO 30.
Blaine solía conformarse solamente con la llamada telefónica de su novio por las noches, después de su jornada laboral; sin embargo, después de escuchar la primera frase que soltó el castaño, desde el otro lado de la línea, un nudo se instauró en la boca de su estómago y sólo pudo ir a su casa para verificar que tan grave era el daño.
"Sebastian hará la demanda por paternidad compartida".
Aquello no dejaba de repetirse en su mente, mientras barajaba sus opciones. Recordaba con claridad la conversación que había tenido con Oliver, sabía que conservaba un as bajo la manga… Pero, era una apuesta elevada, con una mano peligrosa e improbable. Cualquier cosa podía pasar si recurría a ella.
Por Kurt lo haría. Valía la pena si lo hacía por él, se dijo a sí mismo.
Tocó el timbre y tres segundos después, estaba envolviendo a su nervioso novio en sus brazos cálidos.
- Esto es una mierda… - murmuró contra la curva de su cuello.
- Lo es, cariño… Aun así, lo solucionaremos – prometió, incluso si no tenía ninguna certeza.
- No estoy muy seguro… - vaciló Kurt, apartándose ligeramente para mirarlo a los ojos – Quiero luchar por mi hija y su felicidad… Sé que ella sólo estará bien, si está a mi lado… Pero…
- ¿Pero? – Blaine le instó a seguir, después de que se mantuviera en un silencio incómodo.
- Blaine, estoy tan cansado de todo esto… - confesó con su voz quebrada – Es como remar en círculos… por mucho que haga e intente solucionar las cosas, siento que no avanzo nada… Estoy estancado en esta situación… Y me pregunto, ¿hasta cuándo? ¿En qué momento tendré paz? ¿Cuándo seré plenamente feliz con ustedes?
El moreno observó la desesperada súplica en los ojos del menor, que buscaba una solución real; y sólo logró que la incomodidad en su interior creciera cada vez más.
- Cariño… - el mayor caminó con su novio hasta sentarse sobre la cama – Hay… hay algo que… - tomó aire, soltándolo lentamente, intentando encontrar las palabras precisas – Hay algo que quiero contarte y… - revolvió un poco su pelo - ¡Mierda! Esto es difícil… - se quejó, mientras la incertidumbre y preocupación aparecían en el rostro de Kurt – Por eso no me atreví a decirlo antes… No creas que no confío en ti o algo parecido, sólo… Creo que aún duele…
- ¿Qué ocurre? – cuestionó el ojiazul, inquieto.
- Y-yo… yo… - aclaró su garganta, antes de continuar – Yo vengo de una familia adinerada… - soltó, pero Kurt mantuvo su expresión en blanco, como si las palabras aun no fueran procesadas en su cabeza – Mis padres son… personas con mucho dinero, en realidad… - lentamente los ojos del menor se expandieron en comprensión – Los Anderson son parte de la elite de Ohio… M-mi padre… él es juez y mi madre es abogada… - explicó, sintiéndose abrumado - ¿Recuerdas que te conté que terminé en la correccional por aquel accidente de coche? Bien, pues… Mi padre fue el juez asignado para ese caso… - la boca de Kurt cayó abierta, aun sin emitir ninguna palabra – Él no quería quedar como un juez corrupto, por darle una sentencia ligera a su hijo… por lo que determinó para mí la condena más alta… - frotó sus manos sobre sus muslos, esforzándose en evitar los dolorosos recuerdos, fallando miserablemente – Fue publicado en la prensa local… Casi como si se tratara de un logro personal para él… Fue muy duro para mí ¿sabes? Yo… no esperaba que me absolviera de todo… Sólo… sólo deseaba que fuera consciente de que yo no era un criminal, ni mucho menos… Que yo no era como los tipos con los que me encerró por un año… ¡Un maldito año! – exclamó, sintiendo sus ojos arder.
Las manos de Kurt se envolvieron al cuerpo del moreno, en un intento de contenerlo. Pasó una de sus manos por la espalda del pelinegro, dándole apoyo de manera silenciosa.
- No contento con eso… - continuó, una vez que se sintió más compuesto – Me quitó la herencia que me correspondía… Y, no es que me importe el dinero… Pero, se sintió como la mierda – confesó, riendo sin humor – En fin, cuando… cuando salí de la correccional yo… busqué a mi hermano mayor…
- ¿Tienes un hermano? – preguntó el castaño, incapaz de contener su curiosidad.
- Sí… - asintió con su cabeza – Cooper, el hijo consentido… Un buen hermano en realidad, sólo… algo ocupado – intentó bromear – Él me ayudó a vender mi carro, y con ese dinero, compró el departamento donde vivo ahora… Yo aún era menor de edad, asique no podía hacerlo por mí mismo y no pensaba seguir bajo su mismo techo – explicó – Le pedí que no le dijera a nadie de mi paradero, porque… yo no quería tener que verle la cara a mi padre jamás…
- ¿Por qué? – consultó el otro, ingenuamente. Blaine soltó una risa amaga.
- Estuve un año metido en esa pocilga de mierda… - escupió con ira acumulada – Y él jamás se apareció por allí para saber cómo estaba, o si necesitaba algo… Ni siquiera para regañarme… - su mirada se centró en un punto muerto, con la rabia muriendo – Nada… él simplemente no apareció… Entonces, me juré a mí mismo que nunca volvería a recurrir a él.
- Lo siento tanto, Blaine… Debió ser horrible todo eso… - intentó empatizar el castaño.
- Sí, lo fue… - afirmó, regresando su mirada a la de su novio, esforzándose en sonreír para él – Pero, ahora necesitas ayuda y… estoy dispuesto a hacer uso de todo lo que pueda por ti… - aseguró, descolocando a Kurt – Si tengo que ir hasta la casa de mis padres y rogarles… lo haré, si con eso mantienes la custodia total y definitiva de Ellie… Haré todo lo que pueda, incluso usaré esas influencias a tu favor… Lo que sea, sólo… dímelo y yo haré.
- Blaine, yo no… yo no puedo pedirte eso – se lamentó el menor – Viviste una situación muy dura con tus padres… No puedes simplemente llegar a su puerta y lanzarles todo como una bomba… No es correcto, no deberíamos hacerlo.
- Kurt… lo que hizo papá… sí, fue una mierda… - farfulló – Pero, es una niñería comprado con lo que pasará si Sebastian logra ganar ese juicio con sus trucos sucios…
- Lo sé, lo sé… - dijo quejumbroso – Aun así, no deja de ser algo delicado… Tú deberías hacerlo porque quieras, y no por ayudarme a mí.
- Ustedes son mi todo… Jamás dudaría en arriesgarme a cualquier cosa, si con eso ustedes están bien – la sinceridad llameó en los ojos amielados del moreno, conmoviendo el corazón de su novio.
- Por lo pronto, debemos conseguir un abogado… - informó el menor - ¿Conoces a alguien?
- Tengo a la persona perfecta – le dio una sonrisa ladina.
- Genial… Esperaremos a que la maldita citación llegue, y veremos qué pasa – la confianza regresando a Kurt y el peso en sus hombros desapareciendo ligeramente.
Blaine abrazó al menor, y luego se dedicó a ver a la pequeña Ellie dormir pacíficamente. El moreno sólo deseaba jamás dejar de admirar aquella criatura que le llenaba el alma de dicha y rebozaba su corazón de felicidad.
- Creo… creo que debería marcharme ya… es tarde y… - la mano de Kurt rápidamente lo sostuvo del brazo, con ojos expectantes.
- Quédate – soltó, antes de poder analizar sus palabras, dejando salir su más profundo deseo – Sólo… quédate conmigo esta noche – una súplica implícita en su voz.
El mayor miró vacilante a su alrededor, para luego voltear hacia la puerta.
- ¿Y Burt? – dudó – Él podría molestarse por…
- Yo me encargo de eso, no te preocupes – aseguró – Espérame aquí – pidió, para luego desaparecer tras la puerta cerrada.
Blaine dio un par de pasos por el cuarto, pensando en todo. ¿Realmente sería capaz de enfrentar nuevamente a su padre, para verlo cara a cara? ¿Qué tan mal podría salir aquello? ¿Le abrirían siquiera la puerta?
Pasó una mano por sus rizos, desordenándolos aún más, sintiéndose frustrado con toda esa situación. Sin embargo, su motivación era demasiado grande… Necesitaba hacerlo, a como dé lugar… Por Kurt y Ellie.
El castaño regresó luego de diez minutos; una sonrisa traviesa comenzando a dibujarse en su boca, mirando al moreno con complicidad.
- Listo – informó. Aquella simple palabra agitó el corazón del pelinegro, como una avalancha – Le he dicho a mi padre que, como ya es muy tarde, no puedes conducir a estas horas… él ha puesto algo de resistencia, pero finalmente cedió – le guiñó un ojo – Aunque, tuve que prometerle que no tendría sexo contigo.
- ¿Uh? – la sorpresa reflejada en todo el rostro del mayor - ¿Qué?
- Ya sabes cómo es papá… - se encogió de hombros – Cree que sólo somos un par de adolescentes hormonales que, a la primera oportunidad, terminaremos follando como conejos – se burló. Blaine se quitó la chaqueta rápidamente, acortando la distancia entre ellos.
- Y no se equivoca – susurró sobre la boca de su novio, antes de capturarla en un beso lleno de deseo y pasión contenida. El moreno extrañaba como nunca al castaño; sentir su suave piel de porcelana, saborear su cuerpo y oírle gemir entre sus brazos. Aquellos recuerdos lo llevaron de cero a cien en segundos.
- Blaine… - se quejó el menor, oyéndose más como una súplica – No estamos solos – señaló la cuna de madera blanca, donde Ellie dormía sin enterarse de lo que ocurría a su alrededor.
- Ella no nos escuchará… - aseguró, volviéndolo a besar, esta vez con mayor intensidad, recorriendo con su lengua hasta el último rincón del contrario, buscando fundirse con él.
Los jóvenes se desprendieron rápidamente de la ropa, quedando sólo con camiseta y bóxer.
- Vamos a la cama – sugirió el castaño, siendo seguido de cerca por su acalorado novio.
- Hmm… - ronroneó el pelinegro, sin despegar las manos de su estrecha cintura, ni los labios de la curva de su cuello.
Se envolvieron en las mantas, tocándose con propiedad, en la privacidad que les brindaba la noche. Blaine podía sentir el nerviosismo del chico entre sus brazos, y lo entendía perfectamente, pues él mismo no estaba en diferentes condiciones. Había pasado realmente mucho tiempo desde la última vez que pudieron estar así. Se extrañaban; anhelaban la forma en como sus manos recorrían su piel y la manera en que sus cuerpos encajaban a la perfección, volviéndose uno sólo.
Los jadeos susurrados de Kurt chocaban contra el lóbulo de la oreja de Blaine, llevándolo al límite. Sabía a gloria saber que él era capaz de hacerle sentir todo eso a su hermoso novio, con solo besarlo y tocarlo. Una ligera capa de sudor perlaba la frente del castaño y su cabello estaba revuelto contra la almohada, dándole al castaño un aspecto salvaje e increíblemente caliente. Blaine devoró su boca con necesidad, moviendo su pelvis contra la del menor en un vaivén lento y tortuoso, haciéndole perder la cabeza a ambos.
Se amaban, se deseaban y necesitaban tener ese contacto, esa conexión maravillosa… Querían volver a ser uno.
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La mañana siguiente tuvo un hermoso despertar. Blaine se sentía pleno y rebosante de felicidad de ver la desordenada cabellera castaña de su novio descansando sobre su pecho. Había sido una noche maravillosa, sin dudas. Acarició con parsimonia su espalda suave, deseando grabar aquella imagen en su mente para siempre. Un creciente llanto lo apartó de sus pensamientos, trayéndolo de regreso a la realidad. Tan despacio como pudo, dejó a Kurt en la cama, ya que el chico lucía realmente cansado, como si llevara semanas durmiendo a medias, dirigiéndose luego a la cuna de Ellie, viéndola restregar uno de sus ojos con su pequeña manita. Aquella niña había crecido tanto, que el moreno no podía creer que ya tuviese siete meses.
Como si el tiempo regresara atrás, el moreno se encargó de cambiar el pañal de Elizabeth, además de cambiar su adorable pijama de conejos, por un par de pantalones floreados, una hermosa camiseta de algodón grueso con un estampado que citaba "La princesa de papá". Blaine no podía estar más de acuerdo con esa frase, mientras murmuraba cosas a la pequeña para sacarle mil sonrisas. Ella inmediatamente rodeó el cuello de Blaine con sus brazos en cuanto la alzó de la cuna, caminando hacia la salida.
- Dejaremos que papá duerma un rato más, ¿sí? – susurró a Ellie, cerrando la puerta con suavidad – No ha tenido un tiempo fácil… - bajaron las escaleras, encaminándose hacia la cocina – Ahora, te prepararé el biberón de leche más delicioso que hayas probado en tu vida, ¿de acuerdo?
La niña sonrió como acostumbraba, mientras el moreno la acomodaba en su silla alta, asegurándose de que quedara bien sujeta. Se desplazó por las alacenas, sacando y guardando cosas, logrando poner frente a su hija un biberón lleno en cuestión de minutos.
- Tu desayuno está listo – bromeó, regresándola a sus brazos ansiosos por tenerla con él tanto como pudiera, sentándose en el sofá de la sala, con la pequeña en su regazo. Encendió la televisión, pasando por los canales, hasta que una colorida caricatura le pareció adecuada para Elizabeth – No sabes como he extrañado estar contigo… - comentó, acariciando el suave cabello castaño de la niña con su nariz, sintiendo el dulce olor de su shampoo de bebé – Me hiciste mucha falta, Ellie… no tienes idea de cuánto… - contuvo su tristeza, para no quebrarse. Blaine no era el tipo de chico que lloraba por cualquier cosa, y no quería serlo.
El moreno era plenamente consciente de que se estaba saltando su primera clase del día, pero no podía importarle menos. Ellos estaban viviendo una situación complicada y necesitaba apoyar a su novio con eso. No podía simplemente marcharse y dejarlo lidiar con toda la carga emocional que aquello conllevaba, como lo hizo en el pasado. No repetiría su error.
No pasó mucho tiempo antes de que resonaran un par de pasos suaves en la escalera. Kurt apareció poco después, luciendo relajado y sus mejillas se colorearon ligeramente al verle jugar con Ellie.
- Hola, cariño – saludó el moreno, mirándolo con adoración - ¿Has dormido bien?
- Sí… Hace mucho no dormía más de tres horas corridas – bromeó, o eso creyó el pelinegro - ¿Has desayunado ya?
- Oh, no… Estaba esperando que despertaras para que lo hiciéramos juntos… - informó con una sonrisa – Si me doy prima, alcanzaré a llegar al segundo bloque de clases – añadió.
- Okay, preparé algo rápido, entonces – Kurt se retiró a la cocina y Blaine continuó su dinámico juego de esconderse tras sus manos, para aparecer tres segundos después delante de Ellie, sorprendiéndola y sacándole una risa.
Cuando Blaine y Kurt se encontraron desayunando, el moreno no fue capaz de contener más lo que rondaba su cabeza.
- Cariño… Hace unos días… - comenzó a decir, captando la atención de su novio, quien alzó la vista de su taza de café – Fui a visitar a un viejo amigo de mi familia… Él era muy cercano a nosotros, y es el mejor abogado que conozco – los ojos del castaño brillaron. Blaine rascó su nuca – O al menos lo era, pues ahora está retirado… Aun así, hablamos de muchas cosas y hay algo que me inquieta mucho…
- ¿Qué es? – lo instó el menor.
- Yo… no creo que la prueba de ADN sea tan verídica… - soltó y el ojiazul sólo lo miró con sorpresa – Siento que puede ser falsa… Digo, Sebastian tiene dinero y bien pudo págale a alguien en la clínica para cambiar el resultado, no lo sé… - miró sus manos, avergonzado – Sé que suena fantasioso, pero esas cosas también pasan en la vida real, ¿sabes? – Kurt sólo se mantuvo en silencio, analizando todo lo que oía del pelinegro – Conozco a las personas adineradas y las formas que utilizan para cumplir sus caprichos… - el castaño asintió lentamente con su cabeza, hallándole todo el sentido a lo que decía – Kurt, si tú… si tú estás seguro en las fechas, nada de esto tiene sentido.
- Lo sé, yo también lo he pensado, pero… no sabía que hacer – confesó – Todo esto ha sido tan caótico… yo… ni siquiera he tenido un respiro.
- Sería bueno que lo consideraras – recomendó el moreno, antes de cerrar el tema, no queriendo sonar insistente. Realmente el castaño tenía demasiado que sobrellevar estos días.
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- ¿Ya recibiste la citación? – mencionó un sonriente Sebastian, entrando a la casa de los Hudmel, sacando de quicio a Kurt, quien elevó una ceja con escepticismo. Por supuesto que la había recibido, y su buzón había pagado las consecuencias, cuando le soltó una patada de frustración, pero no dejaría que el otro notara su malestar.
- ¿Te importa? – devolvió con otra pregunta, dirigiéndose a la sala sin prestarle mayor atención.
- Oh, extrañaba esa faceta tuya… - dijo con voz cantarina – Tu ironía y tus palabras afiladas… El viejo Kurt está de vuelta.
- Lástima que no pueda decir lo mismo – volteó a mirarle con una sonrisa cínica – No podría extrañar nada que venga de ti – sentenció, borrando la sonrisa y tomando a su hija en brazos.
- Hola, pequeña… - saludó el mayor a Ellie, plantando una sonrisa en su rostro y extendiendo sus manos hacia ella, provocando de la niña comenzara a llorar estridentemente, como cada vez.
- Esto es tan agotador – susurró Kurt, soltando un profundo suspiro.
- Pues, lo siento si te agota… Pero, no dejaré de insistir con Ellie – respondió mosqueado, haciéndole señas con sus manos a la bebé, en busca de ganar su simpatía.
Kurt inevitablemente pensó en cómo su hija casi brincaba a los brazos de Blaine, aferrándose a él, en cuanto lo veía; la forma en que pasaban el rato sólo los dos y la manera en que jugaban sin mayor complicación. Comparando la relación de su novio y su hija, con la de Sebastian y Ellie; algunas cosas no calzaban.
La hora pasó lento, y las miradas venenosas entre los dos muchachos no se detuvieron en todo ese tiempo
- ¿Por qué siempre es tan difícil? – bufó, intentando mantener a Ellie en sus brazos por más de cinco minutos sin que llorara, fracasando rápidamente.
- No lo sé… - se mofó el ojiazul – Con Blaine jamás he tenido ese problema – añadió con malicia.
- ¿Qué insinúas? – la ira colándose en su pregunta - ¿Qué él es mejor padre para Elizabeth que yo? Porque, te recuerdo que, aunque sueñes con que no sea así… el padre soy yo…
- No tienes que recordármelo, Sebastian – soltó con los dientes apretados, conteniendo la rabia – Para eso hay un maldito examen de ADN que lo hace, muchas gracias.
- Tan melodramático – susurró, chasqueando la lengua.
Una vez que el tiempo del mayor finalizó, Kurt tomó su celular, para hablar con su novio.
- Hola cariño – saludó con una audible alegría.
- Bebé, yo… - Kurt tosió ligeramente, sintiéndose abrumado – Sé que no debería presionarte con esto, pero… Si tan sólo pudieras… romper tu promesa y buscar ayuda con tus padres – soltó, con un nudo en el estómago - ¡No quiero obligarte a hacerlo, lo juro! Pero, Blaine… se nos acaban las opciones y no puedo imaginar una vida con Sebastian en ella… Mucho menos me veo apartado de mi hija, o soportando su sarcasmo y a sus padres… No puedo con esto… ¡Ayúdame! Como sea, pero hazlo, por favor…
- Woah, cariño… respira… - lo detuvo, alarmándose al oír las rápidas palabras que salían de la boca de Kurt atropelladamente - ¿Te encuentras bien? ¿El idiota ese te dijo algo?
- Un par de chistes malos, pero ese no es el punto… - insistió – Estoy sobrepasado, Blaine… siento que no puedo resistir esta situación por mucho tiempo más… Sebastian es casi literalmente un grano en el culo.
- Me imagino que lo es… - ambos chicos guardaron silencio.
- Entonces… ¿lo harás? – preguntó, algo vacilante.
- Por ustedes, haría cualquier cosa, cariño – respondió con voz grave, enviándole escalofríos a la columna vertebral de Kurt, llenando su corazón de un cálido sentimiento de felicidad plena.
- Gracias… de verdad, te lo agradezco – exclamó, suspirando.
- Aun así, Kurt… no quiero que te hagas expectativas de todo esto – se apresuró en decir, algo desganado – La última vez que hablé con mis padres, no terminamos nuestra conversación en buenos términos y… puede que yo le haya gritado cosas bastante fuertes desde la puerta… - Kurt tragó el nudo en su garganta con dificultad – Bien pueden sólo darme con la puerta en la cara, así que…
- Entiendo… - aseguró el castaño – Es grandioso sólo que estés dispuesto a hacerlo, gracias – una sonrisa llegó a los labios de Kurt.
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Las manos de Blaine estaban húmedas, y la incomodidad en la boca del estómago no lo dejaba pensar con claridad. Un dejavú lo embargó, en cuanto comenzó a recorrer las olvidadas calles del sector alto de Westerville. Su antiguo barrio, en el que vivió toda su vida, le dio la bienvenida mostrándose como en una postal, donde el tiempo no parecía afectarle. Todo se encontraba exactamente igual que en su memoria. Los árboles y los parques; tal vez algunas casas cambiaron sus colores, después de todo, pero la mayoría del paisaje permanecía congelado en el tiempo. Desde la distancia, el moreno divisó el pomposo arbusto en forma de elefante del jardín, que su madre tanto amaba. Estaba cerca, y aquello sólo aumentaba su ansiedad y el sudor de sus palmas.
Detuvo su motocicleta dos casas antes, para no llamar demasiado la atención, ahora que no estaba seguro de haber tomado la decisión correcta. ¿Cómo se supone que les lance una bomba como esa? Ciertamente sus padres se sorprenderían al verle, ya siendo un adulto…
Caminó vacilante, llegando al frente de la casa de sus padres, observando el césped perfectamente cortado a cinco centímetros del suelo, con los aspersores funcionando en una coordinada coreografía de riego. La casa lucía como siempre, con la pintura intacta y con aspecto de recién adquirida. Dio un par de pasos hacia el pórtico, arrepintiéndose en último momento. Porque, no había manera de que les dijera a sus padres que era gay, que en una fiesta embarazó a un chico, que coincidentemente tenía el gen portador, y que, además de eso, apareció otro padre y ahora ambos se disputan la paternidad porque desconfían de su honestidad. Era mucho para procesar en un primer encuentro, luego de más de dos años sin verse.
Blaine, sintiéndose como un cobarde, dio la media vuelta, descaminando el trecho que había avanzado, para marchase de allí; sin embargo, el sonido de la puerta principal abriéndose, lo paralizó.
- ¿Blaine? – la confundida y temblorosa voz de una mujer le hizo voltear la cabeza, para mirar por sobre su hombro - ¿Blainey, eres tú? – los ojos del moreno se abrieron en sorpresa cuando la vio avanzar hacia él a gran velocidad, haciéndolo girar para enfrentarla. Su huida siendo descartada.
No pudo procesar lo que ocurría a una velocidad normal, por lo que no alcanzó a reaccionar antes de que los brazos de su madre lo envolvieran en un apretado abrazo, que prometía durar un par de minutos.
- ¡Oh, Dios mío! ¡Blainey, sí eres tú! – exclamó la mujer, totalmente conmocionada, sin ánimos de apartarse de su hijo - ¡No puedo creer que realmente estés aquí!
- Hmm… yo… - balbuceó, incómodo por la situación y la gran cantidad de emociones que lo estaban abordando. No deseaba sentirse como lo estaba haciendo, porque él vino preparado para otro tipo de escenarios, y nunca se imaginó ser recibido como si acabara de regresar de la guerra.
- ¡Tu padre va a estar tan emocionado de verte! – musitó, apartándose del menor, tomándolo del brazo para llevarlo dentro. El pelinegro se dejó arrastrar por las cálidas manos de su madre, hacia el interior de la casa que fue su hogar por tanto tiempo.
El interior estaba intacto; cada retrato y mueble, incluso las figuritas de porcelana sobre estos, se mantenían como en una fotografía, produciéndole escalofríos a Blaine.
- ¡John! ¡John, ven aquí! – vociferó la mujer, dirigiendo su voz a las escaleras, mientras arreglaba su cabello azabache, acomodando los rizos que se habían desordenado en el abrazo - ¡Apresúrate, John!
- ¿Qué ocurre, Pam? – la voz potente del hombre fue como un golpe seco en medio del estómago para Blaine. Su padre estaba allí y él no se sentía nada bien, sólo con escucharlo hablar - ¿Te encuentras bien? – John Anderson apareció en lo alto de la escalera de caracol, con expresión preocupada, pasando su mirada de su mujer, al recién llegado, enmudeciendo al instante en que lo vio.
Blaine no alzó la mirada para verle, porque no estaba seguro de lo que su rostro podría decir. Sus emociones estaban devastando su interior y los recuerdos; tanto buenos, como malos, se repetían en su cabeza una y otra vez. El moreno no quería sentir nada de eso, él no era particularmente bueno con los sentimientos.
Para su sorpresa, pues su padre siempre fue un hombre serio y formal en todo ámbito; éste dejó sus habituales formalidades y bajó los escalones a toda prisa, para llegar a Blaine, quien instintivamente retrocedió dos pasos, al verlo acercarse. El hombre puso ambas manos alrededor del rostro de su hijo, como si quisiera comprobar que realmente era él y no se trataba de una especie de ilusión.
- Blaine… - susurró con la voz quebrada, haciendo que el nudo en la garganta del menor, no le permitiera emitir sonido alguno. Sus ojos mieles vieron la felicidad y tristeza mezclada en el rostro de su padre, y picaron por llorar. Sin embargo, él no lo haría – Blaine… hijo… Esto es tan sorpresivo… - y sin añadir más, imitó la acción de su madre, atrayéndolo a sus brazos, envolviéndolo con anhelo. El pelinegro tuvo que tomar varias respiraciones para no ceder ante el impulso de echarse a llorar como un niño en el pecho del hombre.
No había palabras que Blaine pudiera decir, que alcanzaran a describir todo lo que estaba en su corazón en ese momento, por lo que sólo calló, esperando que los múltiples sentimientos se apaciguaran.
Pasó un rato antes de que los tres pudieran sentarse en la sala, mientras una de las empleadas domésticas servía té y galletas para ellos.
- Ha pasado tanto tiempo, Blainey… - murmuró su madre, extendiendo su mano para tomar la de su hijo y darle un apretón – Creí que jamás volvería a verte – una solitaria lágrima descendió por el rostro de la mujer.
- Yo… - Blaine aclaró su garganta – Estaba ocupado… haciendo de cuenta que ustedes no existían – dijo sin tapujos, perforando el corazón de sus padres.
- Cariño, nosotros… - la mujer fue interrumpida.
- Lo sé, pero… - Blaine sonrió con tristeza – Me sentía tan herido… Aun me duele que hayan actuado así conmigo, ¿saben?
- Blaine… - esta vez, fue su padre quien habló – Sólo intentaba educarte… mostrarte el camino para…
- No era la manera – lo frenó el menor, con dureza en su voz – Y lo sabes.
- Ahora lo sé – declaró el hombre, mirándolo con la esperanza de que su hijo notara la sinceridad de sus palabras.
- Eso es bueno… aunque es algo tarde, ¿no crees? – Blaine vio como su padre bajó la mirada – Aun así… aquí estoy.
- Y estamos tan agradecidos… - se apresuró el decir su madre, sonriéndole al pelinegro – Realmente, es maravilloso ver lo mucho que has crecido… Ya eres todo un hombre y eso… nos llena de orgullo.
- Sí… Ahora tengo un trabajo y estudio en la universidad – respondió, poniendo su otra mano sobre el agarre que su madre tenía sobre él – Me he convertido en un chico bueno.
- Siempre has sido un chico bueno – corrigió su padre – Sólo que ahora eres consciente de eso, y actúas como tal – Blaine torció el gesto, pensando en si la opinión de su padre cambiaría luego de que le comentara que le gustaban los chicos.
Ambos padres eran del estilo conservador, siempre preocupados del qué dirán y de las reuniones con sus amigos de la alta sociedad. Tener un hijo gay sólo podría desprestigiarlos, por lo que no creía que sería nada grato para ellos oírle decir su gran verdad.
- Oh, no… lo del trabajo y el estudio es reciente – aclaró, rascando su cabeza – Lo cierto es que es gracias a una persona especial – los ojos de su madre brillaron de emoción, adivinando a qué se refería su hijo.
- ¿Es así? – indagó el hombre, tomando la taza humeante de té.
- Sí… es por esa persona que decidí venir hasta aquí – confesó, tomando una bocanada de aire – Hace unos días visité a Oliver – su padre lo miró con sorpresa – Necesitaba aclarar algunas cosas, pero… creo que ahora todo se ha complicado y… nos enfrentamos con un pez gordo…
- ¿De qué hablas, cariño? – dudó su madre, frunciendo el ceño en confusión.
- Am… ¡Diablos! – quiso reír – He contado esta historia muy seguido últimamente… Tal vez debí traerla escrita – bromeó, viendo el desconcierto en los rostros de sus padres – Bien… mi último año de preparatoria, estuve en una escuela pública de Lima… en una fiesta conocí a Kurt… - una sonrisa acompañando la mención de su nombre – Nos enrollamos y unos meses después supe que sería padre – su madre estuvo a punto de escupir el café – Pero, resulta que su ex novio… es un idiota, y está herido porque Kurt terminó con él para estar conmigo… aunque no estábamos realmente juntos… Yo sólo era su apoyo, o algo así…
- Espera un momento, cariño – su madre interrumpió, poniendo una mano al frente - ¿No es Kurt un nombre de chico? – Blaine asintió - ¿Por qué entonces lo tiene una chica?
- Porque Kurt… es un chico – aclaró, viendo la sorpresa reflejada en todo el rostro de su madre.
- ¿Q-qué? – tartamudeó la mujer – Pero, ¿C-cómo…?
- Mierda… - susurró el pelinegro, pasando ambas manos por su rostro, sabiendo que hasta allí había llegado todo – Tal vez yo no debí venir… - se puso de pie – Lo siento, por incomodarlos con esto…
- Espera, Blaine… - lo frenó su padre – Nadie aquí está pidiendo que te vayas – el chico paseó la mirada desde el hombre, hasta su madre quien aún lucía confundida. Sin embargo, sus padres no estaban rechazándolo, ni mirándolo con asco o algún sentimiento parecido.
- De acuerdo… - el moreno volvió a sentarse – Fue mi error no ser claro desde el principio… - hizo una pausa, tomando aire nuevamente – Entonces, Kurt… él es… un chico grandioso – recalcó – Lo conocí y fue un flechazo instantáneo, aunque yo no iba a reconocerlo, porque sólo quería andar como un casanova, conquistando a todas las chicas del instituto… Pero, con él fue diferente… Kurt tenía algo especial… Además del gen portador – bromeó – Yo no había escuchado jamás de algo parecido, hasta que a él se le cayó el bolso con unas… fotografías de un ultrasonido… - los ojos de ambos adultos lo miraban atentos a su historia – No tuve que ser un genio para darme cuenta de que algo pasaba… En fin – soltó un suspiro – Resumiendo, su ex novio apareció hace unos meses, se encontraron en una cafetería y él vio a Ellie… - sus ojos volvieron a brillar – Elizabeth es… la hija de Kurt… que es un sueño, como un angelito… Y él creyó que podía ser su hija, porque bueno… ellos eran novios y estaban juntos cuando nosotros nos enrollamos en la fiesta… Aun así, Kurt estaba seguro de que era imposible, porque las fechas no calzaban – Blaine hizo una pequeña pausa – Fue ahí donde las cosas comenzaron a complicarse… Este tipo tiene dinero, y sus padres tienen influencias… Demandó a Kurt y consiguió hacer una prueba de paternidad, que dio positivo… - torció el gesto, recordando inevitablemente lo ocurrido – Entonces, se metió a la casa de Kurt a hacerle la vida imposible, siempre amenazándolo con quitarle a su hija, y diciendo que lo demandará por la custodia personal de Ellie, porque tiene los mejores abogados y todo eso… - sus padres continuaban atentos al relato – Y finalmente… el muy maldito… lo hizo.
- No entiendo, si hay una prueba de paternidad… - comentó el padre de Blaine - ¿Por qué…?
- Porque él no es el padre – afirmó con seguridad – Yo estoy seguro de que no lo es… Antes tenía mis dudas, pero ahora… creo firmemente que no lo es.
- Cariño – su madre entró en la conversación, dirigiéndose a su esposo – ¿No te suena similar al caso de los Smythe?
- Tienes razón… - el hombre recordó – Es exactamente igual.
- ¿De qué hablan? – quiso saber el moreno - ¿Quiénes son los Smythe?
- Es una familia que… bien, no son de nuestro agrado, pero participan activamente en las reuniones del club – explicó – Ellos están tramitando una demanda de paternidad compartida para su único hijo, aunque desconozco a quien sea que estén demandando – los ojos de Blaine se removieron inquietos.
- ¿Sabes el nombre del hijo? – indagó.
- Sebastian – respondió su madre – Y es un chico encantador – el moreno sintió nauseas.
- ¿Llevarás el caso? – quiso confirmar Blaine, antes de decirle algo más.
- Sí, ayer me lo asignaron – confirmó.
- Es él – declaró el pelinegro, confundiendo a sus padres – El ex novio de Kurt, es Sebastian…
- Oh… - la madre de Blaine llevó una mano a su boca, sorprendida.
- Que pequeño es el mundo – comentó el hombre, dándole una mirada tranquilizadora a su hijo – Blaine… creo que sería bueno que tú y la hija de… ¿Kurt? – el menor asintió – Se realizaran también una prueba de paternidad.
- ¿Por qué lo dices? – cuestionó, a pesar de que ya lo había considerado.
- Porque… ayer que me asignaron el caso… Dimitri Smythe vino a mi despacho, y me ofreció una gran cantidad de dinero, a cambio de ayudar a que su hijo ganara el caso – dijo, descolocando a Blaine – Yo me negué, porque ya sabes que soy un juez recto – a veces, demasiado, pensó, mirando a su hijo – Por lo que creo que no es primera vez que hacen este tipo de cosas para conseguir lo que quieren.
- Ese hijo de puta… - su madre tiró su oreja.
- ¡Blaine! ¿Qué clase de lenguaje es ese? – lo regañó.
- Lo siento mamá – respondió automáticamente, como un niño pequeño – Pero, Kurt debe saber esto…
- Sí, creo que debes decirle – confirmó su padre – Yo tendré en cuenta el soborno, como un as bajo la manga – le guiñó un ojo a Blaine.
- P-padre… - balbuceó el pelinegro, algo apenado – Yo… ¿puedo contar con tu ayuda? No te pido que hagas nada inadecuado, sólo… no lo sé… podrías aconsejarnos para estar preparados – pidió, frotando sus manos con nerviosismo.
- Por supuesto, hijo… - el hombre le regaló una gran sonrisa – Voy a ayudarlos en todo lo que pueda.
-o-
Cuando Blaine detuvo su moto frente a la casa Hudmel, luego de visitar a sus padres, sentía que había quitado un enorme peso de sus hombros. Llevaba más de dos años sintiendo rencor y renegando contra ellos, pero todo lo que anteriormente sentía, se desvaneció prácticamente en cuanto los vio. Los extrañaba y se sentía profundamente arrepentido de no haberse dado cuenta antes. Si hubiera dejado una dirección o alguna forma de contactarlo, daba por hecho que ellos lo habrían buscado al instante en que se marchó de casa, pero su rabia lo tenía cegado en ese entonces.
Nuevamente, Kurt había conseguido algo que era improbable para él… volver a reunirse con sus padres.
Llamó a la puerta, dejando sus conjeturas de lado al momento en que los brillantes ojos azules de Kurt y Ellie lo recibieron. El moreno besó efusivamente a su novio, para luego alzar a la pequeña Ellie, que ya no era tan pequeña, con más de siete meses de edad.
- ¿Cómo ha ido todo? – quiso saber el castaño, incapaz de contener su curiosidad por más tiempo – He estado pensando en eso, desde que hablamos esta mañana.
- ¿No puedes saberlo, viendo mi rostro? – se señaló a si mismo con su dedo índice, mostrando una sonrisa.
- Debo asumir que… ¿muy bien? – dudó, haciendo una mueca divertida.
- Sí… raro o no, pero… fue grandioso – terminó por decir, envolviendo a Kurt en un abrazo, besándole nuevamente, con Ellie entre ellos – Y… tengo noticias.
- ¿Buenas noticias? – Kurt tomó a Ellie, dejándola en su alfombra de juegos, agitando un sonoro juguete frente a ella, para mirar a su novio de nuevo.
- Tal vez – se encogió de hombros, sentándose en el sofá – Le asignaron el caso de tu ex a mi padre – soltó, logrando que el menor abriera los ojos como platos – Y… los padres de él… sobornaron a papá, para que le ayudara a Sebastian… ¿puedes creerlo? – Kurt lo miró boquiabierto – Cuando él me lo dijo, yo quedé tan sorprendido como tú lo estás ahora – le tendió una mano para que la tomara. Kurt no tardó en aceptar su gesto. Blaine lo jaló a él, sentándolo en su regazo – Lo único que puedo pensar es que… definitivamente no podemos confiar en ellos, ni en nada que provenga de esa familia… ¿No fue Sebastian quien sugirió la clínica donde se realizó el examen de ADN?
- Tienes razón – susurró el castaño, aun algo consternado – Él pudo cambiarlo… para que le diera positivo.
Kurt palideció, poniendo una mano en su frente, abrumado por todo lo que oía.
- ¡Oh, Dios mío! – exclamó, reaccionando tardíamente - ¡Nos engañó! Y todo este tiempo ha estado burlándose en mi cara… ¡Ese hijo de puta!
- Hey, hey… - intentó contenerlo – Es sólo una teoría… No podemos saberlo hasta confirmarlo.
- Vamos a hacer ese maldito examen de ADN – declaró, ahora más seguro.
- Hablé con mi padre de eso… - continuó Blaine – Él prometió ayudarnos en lo que pudiera, pero no puede hacer mucho… Porque, digamos que tiene una moral muy grande y no desea hacer nada inadecuado.
- Entiendo – asintió el menor.
- Por ahora, es crucial que tengamos los resultados del ADN antes de la audiencia preparatoria, porque es allí donde se fijarán los testigos y la evidencia… Si no lo tenemos para entonces, no servirá – su novio volvió a afirmar con la cabeza.
- Creo que me sentiría más tranquilo si hacemos el examen con mi médico familiar – comentó el castaño, aun algo inquieto.
- Será como tú quieras, cariño – Blaine besó sus manos unidas.
Poco a poco la verdad está saliendo a la luz... Pero, ¿será sólo eso lo que traman los Smythe? Entérense de todo en el siguiente capítulo de "¿Quién es el padre?"... Sólo por Fanfiction... okno!
Nos van quedando sólo 3 capítulos más...
Besos!
