Disculpen la tardanza, nuevamente les agradezco que hayan leído y dejaran un comentario. Les envío un gran y fuerte abrazo.
B. M.
"También se que Adrien es Chat Noir", las palabras pasaron por su cabeza como unas diez veces y lo único que atinó a decir fue "¿desde cuándo lo sabes?".
La chica no le respondió pues en ese momento el anciano maestro entró acompañado de su kwami, Adrien y Plagg quien revoloteaba buscando entre la alhacena algo que pudiera morder y parloteando cosas sobre que tenía hambre y que su furia caería sobre todos por tenerlo famélico.
Basta Plagg, no engañas a nadie - replicó Adrien burlándose un poquito del gato negro - admito que estoy un poco inquieto por el hecho de que Cybèle esté enterada de nuestras identidades civiles.
Sí, casi mata al maestro. ¡Este hombre es peligro! - dijo Plagg volando alrededor de Yves; Adrien ladeaba la cabeza sonriendo y aseguró que eso tampoco lo creería alguien.
Después de ellos, entró el anciano maestro en compañía de su kwami, Wayzz, el pequeño ente se acomodó en el hombro de su portador y esperó a que este explicara los hechos.
Desafortunadamente el refugio es muy pequeño y Cybèle tuvo la casualidad de vernos mientras platicabamos - dijo el líder de los miracoulers quien miraba a la joven apenada y sonreía con amabilidad - hay situaciones que no se pueden controlar, como la desaparición de nuestra dulce Ladybug - Adrien desapareció su sonrisa, en ese momento, él sintió dos manos posarse en sus hombros, al mirar, ahí estaban Yves y Cybèle tratando de darle ánimos, así que en agradecimiento, él les devolvió una sonrisa para demostrarles que se enfrentaría al problema. - o que Cybèle nos haya descubierto; lo importante es cómo le haremos frente al problema.
Adrien era quien mejor entendió las palabras del maestro y por esa razón él era en ese momento quien debía enseñar a Yves a manejar a los akumas y planear nuevas maneras de ponerlos en jaque, tal como lo habían hecho con LadyWifi, miró hacia la pared cercana a la puerta de la cocina donde había un reloj de pared, en cinco minutos más sería la media noche y pronto sería su hora de salir a patrullar las calles parisinas y notó que Yves seguía con las mismas ropas húmedas desde que habían vuelto al refugio.
Me apena tener que dejarles, pero ya comienzo a sentirme resfriado - dijo Yves mientras se tallaba la nariz.
Caminó hasta la habitación de los hombres y le siguió el gran maestro diciendo que mañana habría suficiente sol para ir a dar un paseo todos juntos, pues al final de todo, un pobre anciano tiene necesidades.
Más que superhéroes, son súper mentirosos - dijo la ojiazul saliendo de la cocina para dejarse caer en el sillón. Adrien se puso serio, pero después de ver la sonrisa de Cybèle, se volvió a relajar - así que… eres famoso - declaró con amabilidad. Volteó a ver a la lámpara y ahí dejó clavada su vista, después de dos segundos, miró a sus manos y comenzó a raspar el esmalte de uñas de la uña del dedo pulgar con su otro dedo pulgar; estaba nerviosa, nunca había hablado con Adrien. En ese momento, recordó la plática que había tenido con Chat Noir sobre Adrien y se sintió completamente avergonzada, seguramente el joven modelo había pensado que ella estaba enamorada de él o algo por ese estilo y pues no era así, "¡qué vergüenza!" no paraba de pensar el hecho y casi podía llorar por ello, su rostro palideció e incluso sintió náuseas.
¿Te sientes bien? - le dijo Adrien sentándose a un lado de ella - te ves enferma.
Adrien intentaba cruzar miradas con Cybèle y ella le rehuía, de repente se había quedado callada. Adrien se preocupó, pero mejor optó por seguir la plática y le respondió que ser modelo era terrible, no podía comer dulces, debía cuidar su piel y peso, llevar dieta especial y sobre todo, no tenía tiempo de nada, le confesó que desde siempre había deseado ser normal, salir a jugar y ensuciarse la ropa como los demás.
Cuando conocí a Plagg, me emocioné tanto con la idea de mi nueva vida - dijo en voz baja y tranquila - nunca imaginé que pasaría todo esto. He conocido mucha gente amable, gente a la que le importo por ser yo, no por ser un Agreste. Es genial. - sonrió - cuando te escuché hablar de mí, me sentí algo… extraño; era la primera vez que alguien hablaba de mí con sinceridad, incluso My lady me hablaba con suavidad cuando desconocíamos nuestras identidades civiles, haya sido como fuere, no creo que debas avergonzarte de haberle dicho a Chat Noir lo que piensas de mí; él y yo no somos muy diferentes que digamos - sonrió con disimulo, como si el hecho de reconocer abiertamente que él era el héroe gato lo reconfortase.
Cybèle estaba agradecida con el fútil intento del rubio de hacerle sentir mejor, porque de hecho, difícilmente lo lograría ya que el hecho de que él admitiese ser el héroe de París solo complicaba un grado más la situación, Cybèle sentía atracción hacia el enmascarado, más no hacía Adrien Agreste y ahora, con todo lo acontecido, ella sentía que había sido demasiado obvia. Miró hacia una esquina en el techo y observó con dedicación la humedad que estaba filtrándose hacia el interior y mientras pensaba en si decirlo directamente o no, sintió su estómago estrujarse, lo que le causó unas grandes náuseas.
Mientras, Adrien estaba sentado mirando el piso, todo era muy incómodo y si su experiencia no fallaba, la primera ley de Murphy actuaría en su contra. Clavó su mirada en el piso y pasó una de sus manos sobre su cabello revolviéndolo sutilmente y finalmente bufó.
Adrien - dijo la joven mujer. El rubio levantó la mirada y miró de soslayo, la expresión de Cybèle no era muy optimista, seguía mirando al techo evitando todo contacto visual con su rubio amigo; lo que para el joven, no era más que el réquiem de una amistad.
No digas nada Cybèle, te lo pido… - regresó la mirada abajo. Ya no tenía más que decir y no sabía cómo debía afrontar la situación, no quería que alguien del refugio fuera akumatizado y menos por su culpa.
Adrien - prosiguió la joven, no dando mucha importancia a lo que su interlocutor le había dicho, tomó valor y retuvo un poco de aire en sus pulmones - Chat Noir y tú, a pesar de ser el mismo… bueno, soy su fan número uno - se detuvo y finalmente se atrevió a mirar al ojiverde y al ver su cara de asombro, no supo qué más decir -es decir, de Chat Noir - agregó puntualizando la obviedad - ¡No te ofendas! tú también eres genial - añadió con rapidez - pero Chat Noir es … no sé cómo decirlo, él es… - buscaba la palabra sin dar con ella.
… Él es genial - declaró - Lo sé - sonrió. Nunca había hecho gala de su fanfarronería, pero esta vez, esa declaración era más una confesión que una presunción - Está bien si solo eres mi fan - dijo en voz baja.
Sí - susurró la ojiazul mientras pensaba para ella que era consciente de que no tenía oportunidad alguna contra su Lady y todo el tiempo, jamás se había hecho la idea de que sucedería un milagro y Chat Noir se enamoraría de ella, o algo cursi por ese estilo; no, para nada, Cybèle Rousseau era una mujer que vivía en la realidad y que no alimentaba falsas esperanzas, sobre todo cuando todo era tan evidente, ella no buscaba tres pies al gato sabiendo que tiene cuatro.
