Capítulo 10: Catastrophe.
Al día siguiente, después de desayunar, los cuatro adultos salieron a caminar con la excusa de que el anciano Fu tenía que salir de visita a un lugar muy personal y como era peligroso salir solo, los tres jóvenes lo ayudarían por si algo sucediese… y tampoco era como que le importase mucho a las personas lo que fuera que el maestro Fu hiciera con su vida, la plática con el maestro comenzó apenas se hubieron alejado lo suficiente del refugio y se hubieron cerciorado que estaban completamente solos. Era un día nublado, fresco, aun así, la ciudad se percibía un poco más relajada, no se sabría cómo describirlo, quizás era solo la percepción de ellos, pero tener a Yves dentro de la partida contra Hawk Moth daba cierto grado de tranquilidad.
Aun así fue una plática bastante sensible, se tocaron temas importantes como el hecho de que Ladybug debía ser sustituida por otra persona, Adrien había hecho una sugerencia disfrazada de cumplido para Cybèle, ya que él sabía de primera mano que la chica ojiazul sabía defenderse bien, el maestro Fu se mostró un poco convencido, pero Yves casi pudo haber golpeado en el rostro a Adrien, "es una mala idea", repetía constantemente.
Cybèle es una chica, es débil – dijo en voz baja.
¡¿Qué?! – gritó la joven indignada – ¿acaso escuché bien? ¿Acabas de llamarme débil por el hecho de ser mujer?
Cybèle – dijo Adrien – no te molestes. Yves solo está preocupándose por ti.
Cierto – asintió – no quiero que termines como Ladybug – después de haberlo dicho, reflexionó, había sido un pésimo comentario – Es decir, Adrien, no te ofendas, pero no quiero que te pase o más bien, nos pase… ¿qué diablos digo?
Cállate Yves – ordenó molesta Cybèle mirando al del miraculous del pavorreal y luego dirigiéndose al anciano maestro – lo siento maestro Fu, pero no podría ser Ladybug. Yo… no me siento segura de poder hacer un buen papel.
El anciano miró fijamente a la joven chica, y resumió que la idea del rubio no era tan mala, pero que definitivamente, ella aún no era la indicada para ser Ladybug, de esa manera, terminó ese tema. Aunque el chico del kwami del gato, seguía pensando que era mejor que fuese Cybèle, para sus adentros, creía que no era una buena idea involucrar más gente, empezaba a sentirse un poco nervioso al respecto, no sabía desde cuando era tan inseguro, pero no estaba bien, debía empezar a sacar la cabeza del lodo. Regresaron al refugio con unas flores y unos panes que le habían regalado a Adrien en un refugio cercano.
Ser tú tiene ciertas ventajas, ¿no? – Cybèle sonrió con astucia. Adrien se sonrojó y dijo que eso era porque aún había gente amable en Paris y recordó las palabras de Plagg, no iba a defraudarlos.
Yves iba molesto consigo mismo, no podía creer que hubiese arruinado la plática dos veces seguidas, seguramente, ahora mismo Cybèle y Adrien creían que era una persona pedante, pateó una lata que se encontraba a sus pies, lo que ocasionó que la joven pelinegra, mirara hacia él y le frunciera el ceño, de una manera extraña, así que mejor les dio alcance y se acomodó justo entre ambos jóvenes y les sonrió a ambos pidiendo una disculpa por su falta de tacto, a lo que la joven le respondió un ligero caderazo y Adrien le dijo que él había entendido el punto, que no se sentía ofendido de ninguna manera; mientras el anciano sonreía, le gustaba la amistad que se había formado entre el trío de chicos.
Los días pasaron con presunta rapidez y pronto era viernes, todos los varones estaban nerviosos, incluidos ambos héroes en sus identidades civiles. El sol brillaba en lo más alto del cielo y no parecía haber ningún problema hasta ese momento, aunque bien no sería algo fácil de hacer, esperaban que el plan de Yves funcionase a la perfección.
Alrededor de las ocho de la mañana, salieron en caravana hasta un punto cercano al punto de encuentro, iban preparados con maletas y un carro robado, les esperaba cerca de ahí, por si debían huir rápidamente. El plan era fácil de seguir y la regla de oro era evitar problemas lo mejor posible; entre Yves y Adrien había un acuerdo de que en caso de emergencia uno de ellos se encargaría de la evacuación y el otro se transformaría en héroe para distraer al enemigo.
Mientras iban en camino, todos miraban con tristeza las calles descuidadas de Paris, aunque ya era cotidiano ver la degradación de los lugares icónicos, no podían acostumbrarse y les inundaba una tristeza difícil de explicar, sede repente se vio en sus rostros pequeños atisbos de una posible emboscada pues algo no parecía correcto. Al punto en el que se encontraban, ya deberían haber visto a otras personas rondando por la zona, pero no; Adrien e Yves intercambiaron miradas y como si pudieran comunicarse de esa manera, miraron a sus acompañantes, justo se encontraban en la avenida Anatole y no había ni un rastro de gente.
"Podrían estar todos escondidos"- pensó Adrien intentando ser optimista, la ayuda gubernamental era un hálito de esperanza para muchos parisinos y muchos creían firmemente en la veracidad de esa información. Del otro lado de la calle, ya se veían otras personas que llegaban con autos, perfectamente coordinados para llevar la mayor cantidad de ayuda. Yves volteó a ver su reloj de pulsera, daban exactamente la hora acordada, agradecían que la gente comenzara a mostrarse, se relajaron un poco y al llegar a la explanada de la torre, se sentaron a esperar por la ayuda, la cual ya no tardaría en llegar.
Mientras en el refugio, los niños jugaban en la habitación bajo la supervisión de Maxim, Sybil y Cybèle. Súbitamente la habitación había quedado en completo silencio, los niños corrieron a esconderse bajo las camas o detrás de algún adulto pues el mismo Papillon se había presentado ante ellos, con el porte de un hombre distinguido y de socialité, sosteniendo su bastón y preguntando molesto por su hijo Adrien.
