BUENOS DÍAS/TARDES/NOCHES... DEPENDE DE LA HORA EN QUE ESTÉN LEYENDO... HE TRAÍDO PARA USTEDES UN NUEVO CAPÍTULO, ESPERANDO QUE REALMENTE LO DISFRUTEN!


CAPÍTULO 31.


Aquel día, Kurt y Blaine decidieron ir a realizar la prueba de paternidad, para tener los exámenes a tiempo para el juicio. El castaño deseaba con todo su corazón que realmente Sebastian se hubiera valido de sucias artimañas para conseguir el positivo. Era horrible la posibilidad de que su rencor llegara a tal punto, sin embargo, el ojiazul esperaba que así fuera.

- He estado pensando… - comenzó a decir Kurt, mientras se dirigían a la clínica de su médico familiar. El castaño no se confiaría de hacer un examen como ese en cualquier sitio – En que, tal vez… Toda esta situación ha servido para algo…

- Ah, ¿sí? ¿Para qué? – dudó Blaine, quien se detuvo en un semáforo en rojo.

- Yo… creí que nuestra relación sólo existía y se mantenía, porque seríamos padres – confesó, recibiendo una mirada confundida de su novio – No me malentiendas – se apresuró en decir – Yo estoy muy enamorado de ti, y mis sentimientos son reales desde hace mucho, pero… Sentía que tú estabas siendo arrastrado a este compromiso, por tu obligación como padre de Ellie, y me hacía sentir culpable de fastidiarte la vida así.

- ¿De qué estás hablando? – rió Blaine – Jamás haría algo sólo por el deber moral… Yo me fijé en ti, te perseguí y te insistí hasta el cansancio… aun si no tenía idea de quién era el padre del bebé y tú lo negaras cada vez que preguntaba… - aclaró, sacando una sonrisa conmovida en el menor – Me enamoré de ti, y… aún si no hubieras resultado embarazado en aquella fiesta… Definitivamente iba a buscar la manera de que estuvieras conmigo… Porque llamaste mi atención mucho antes…

- ¿Hablas en serio? – cuestionó el castaño, con el corazón latiendo fuertemente en su pecho.

- Claro que sí… Te oí cantar en los vestidores de chicos – mencionó, con una sonrisa divertida tirando de uno de los lados de su boca – Y luego te vi y… Woah… tus ojos azules me cautivaron… además de esos malditos pantalones rojos que… ¡Hey! – se quejó, cuando recibió un golpe en su brazo de parte de Kurt.

- ¿Por qué arruinas el momento con tus comentarios fuera de lugar? – se quejó el chico, negando con la cabeza.

- Lo siento, soy honesto – alzó los hombros con inocencia.

Unos minutos después, ya se encontraban en el parqueadero de la clínica, un poco nerviosos, pero manteniendo la actitud positiva.

El procedimiento fue breve, exactamente igual que aquella vez con Sebastian.

- Los resultados estarán en una semana, aproximadamente – informó la enfermera, mientras se despedía de ellos.

- ¿Una semana? – susurró Blaine – No creo que estén antes de la audiencia preparatoria.

- Tranquilo, confiemos en que lo harán – entonces, salieron del lugar.

De regreso en el carro, acomodaron a Ellie, quien luchaba por zafarse del firme agarre de su silla de bebé.

- Elizabeth – le riñó el castaño - ¿Quieres dejar de moverte?

- Tal vez, está aburrida – sugirió el moreno – ¿Por qué no aprovechamos el día y vamos a alguna parte?

- Suena bien… - miró a su novio, y luego de vuelta a su hija, la cual observaba expectante, como si comprendiera lo que los adultos hablaban - ¿Tú que dices? ¿Quieres pasear un rato?

Se dirigieron al centro comercial, donde planeaban comer algo y comprar alguna que otra cosa.

- ¿Qué se supone que le diga a Sebastian cuando vaya a casa esta semana? – preguntó de improviso el menor, afectando el humor de Blaine al instante – No podría tenerlo allí, sabiendo lo que hizo…

- Deberías decirle que mientras no se resuelva lo del juicio, no puede visitar a Ellie – se encogió de hombros, como si lo que acababa de decir fuera la solución más evidente.

- Sí, creo que eso sería lo mejor… - rascó su barbilla, considerando sus opciones – Sólo espero que no haga un escándalo de eso y lo use en mi contra en el juicio.

- Si quieres… puedo hacerle una visita – alzó sus cejas sugerentemente, con malicia brillando en sus ojos color avellana.

- ¡Blaine! – se escandalizó el ojiazul.

- ¿Qué? No lo haría yo… - se adelantó en decir – Conozco gente que se dedica a eso… ¡Hey! – un golpe llegó a su brazo, sacándole una risa divertida – Cariño… Estoy bromeando, no te lo tomes todo tan enserio.

- Esto es serio, Blaine – gruñó, poniendo los brazos en jarras.

- Okay, okay… - se aproximó a él y besó su mejilla, logrando que el castaño relajara su postura.

Continuaron avanzando, Blaine llevando la carreola, mientras miraban atentos las vitrinas de cada tienda, compartiendo opiniones respecto a las prendas o artículos que vendían.

-o-

El día de visita para Sebastian llegó demasiado pronto, para gusto de Kurt. Una jaqueca se presentó en el momento en que el timbre sonó. Ellos ya habían tenido una breve e intensa conversación telefónica, pero el chico era terco y no deseaba dar su brazo a torcer.

- ¿Qué parte de "mientras no se resuelva el juicio" no entendiste, Sebastian? – recitó el castaño, apenas abrió la puerta.

- La parte que dice que yo soy el padre de Ellie y que tengo derecho a verla – respondió irónicamente - ¿Se te olvida?

- Sebastian… Tú complicaste las cosas con lo de la demanda – rebatió el menor – Ahora te aguantas las consecuencias… Y si te soy sincero, siento que voy a golpearte con algo si paso más de cinco minutos en tu presencia.

- ¡Eso no me importa! – alegó, intentando entrar - ¡Quiero ver a Ellie!

- Mira… - Kurt puso una mano al frente, evitando que avanzara más – Mi padre está en la casa, asique… si insistes en entrar, tendré que decirle que te saque de aquí de una patada… - la expresión del ojiverde cambió radicalmente a una de temor – No creo que quieras regresar a casa con un culo pateado, ¿o sí?

- Voy a mencionar esto en la audiencia… - lo amenazó – Terminarás muy mal, Kurt.

- Sí, sí… Salúdame a tu psiquiatra – se despidió, burlándose, antes de azotar la puerta – Idiota…

Agradeció ser lo suficientemente valiente para negarle las visitas por esa semana a Sebastian, pues Kurt pudo tener algo de tranquilidad antes de que el gran día llegara. Los resultados del ADN de Blaine no estaban listos aún.

- ¿Deberíamos llamar? – cuestionó Kurt la noche anterior a la audiencia preparatoria.

- Si eso te deja más tranquilo, hazlo cariño – respondió Blaine, desde la cama, donde estaba recostado jugando con Ellie.

Kurt tomó su celular y buscó el contacto de la clínica, para llamar. Ansioso, esperó que alguien contestara.

- Buenas tardes, consultorio del doctor Jenks – saludó la monótona voz de una mujer.

- Hola, habla Kurt Hummel – informó – Sólo quería averiguar cuando estará el resultado de un examen de paternidad que realicé hace algunos días.

- Espere un momento en línea, por favor – pidió la mujer. Kurt mordió la uña de su dedo meñique, esperando impaciente - ¿Señor Hummel? – volvió a hablar, después de un rato.

- Si – se apuró en responder.

- Los resultados estarán mañana a las dos de la tarde – aclaró - ¿Alguna otra consulta?

- No, muchas gracias – se despidió, finalizando la llamada, sin saber cómo sentirse.

Volteó a ver a su novio, quien soplaba la barriguita de Ellie, produciendo ruidos que mataban de risa a la niña.

- Estarán listos mañana – comentó, sentándose a su lado en la cama.

- ¿Lo ves? No hay nada de qué preocuparse – lo tranquilizó Blaine, pero la expresión en el rostro de Kurt lo hizo dudar.

- A las dos de la tarde – terminó de decir – Y la audiencia es a esa hora… ¿Cómo se supone que estaré en Westerville y en la clínica al mismo tiempo?

- Yo iré por el resultado – declaró – Si voy en mi moto… pudo reducir el viaje de dos horas, a… cuarenta y cinco minutos – lo miró con culpabilidad, porque sabía lo aprehensivo que el castaño era con la forma poco ortodoxa del mayor para conducir.

- Eso sería grandioso, pero… Es demasiado arriesgado – Kurt torció el gesto, sintiéndose abrumado nuevamente - ¿Qué pasa si la audiencia acaba antes y no alcanzas a llegar? O si…

- No lo digas – lo interrumpió el moreno, anticipando sus palabras. Ellos no podían pensar en cosas negativas, y Blaine sabía exactamente la idea que estaba pasando por la cabeza de su novio. Sebastian no podía ser el verdadero padre, no podía – Sólo… vamos a hacerlo así, ¿de acuerdo? – dijo, enfocándose en lo práctico – Iré un poco antes a la clínica y haré lo que sea necesario para llegar a tiempo… Confía en mí.

- Lo hago… - afirmó el castaño, tomando su mano, con una sonrisa.

El celular de Blaine sonó en ese momento, rompiendo el contacto de sus manos.

- Es Oliver – anunció, mientras cogía la llamada, saliendo del cuarto.

Kurt le había pedido a su novio que le ayudara a conseguir un abogado bueno, y él había sugerido a Oliver, porque confiaba plenamente en él, y sabía que era uno de los mejores. Por un momento, el castaño pensó en la mamá de Blaine como su abogada, para también conocerla y establecer una relación con ella. Sin embargo, reconsideraron la idea, luego de caer en cuenta que los Smythe los conocían y sería demasiado sospechoso que la esposa del juez se presentara en la audiencia, del lado de Kurt.

Blaine regresó al cuarto, irradiando felicidad.

- Oliver ya tiene todo el papeleo listo, y me dijo que usará todos los medios para hacerte ganar ese juicio – acarició la mejilla de su novio, mientras se sentaba frente a él – Todo saldrá bien, cariño.

- Sinceramente, eso espero – pero el corazón de Kurt se apretó, como si un mal presentimiento lo abordara de improviso.

-o-

El día de la audiencia preparatoria, Kurt estaba fatal y se sentía de la misma manera. No había dormido casi nada y sus nervios estaban destrozados, al igual que sus uñas, las que no dejaba de morder durante el desayuno. Toda su familia en pleno, se encontraba a su lado, dándole tanto apoyo como les era posible; Carole preocupada de Elizabeth y Burt, intentando infundirle valor a su tembloroso hijo. Incluso Finn, quien desde la graduación no los había visitado, luego de mudarse a Los Ángeles con Puckerman, llegó esa mañana para estar presente.

- Sólo quiero que esto acabe de una vez – murmuró Kurt, lanzándose al sofá. Ni siquiera era mediodía y el castaño estaba exhausto. Finn se acomodó a su lado, dándole una palmada en la pierna, en busca de alentarle.

- ¿Sabes qué? – comenzó a decir el mayor – Sebastian fue mi compañero de clases, cuando estuvo en McKinley… - Kurt alzó una ceja hacia su hermano, sin comprender a qué venía esa mención ahora – Compartimos bastante, antes de que ustedes se hicieran novios… Lo conocí entonces… También conocía a Blaine y bromeamos algunas veces, antes de que ustedes comenzaran a salir… o lo que sea que hacían…

- Finn… - el castaño se alzó para darle una mirada de advertencia.

- Sólo quiero dejar eso claro… antes de decirte lo siguiente – aclaró – No veía a Ellie desde mi graduación… Y de eso han pasado varios meses, por lo que ha cambiado bastante…

- Lo sé, pero aun no entiendo cuál es tu punto – presionó el ojiazul, comenzando a impacientarse.

- Ella es idéntica a Blaine – soltó – Sus facciones son exactamente iguales…

- No entiendo… - Finn interrumpió.

- Tienes que estar tranquilo – continuó – Estoy seguro que Anderson es el padre de Ellie.

Kurt observó por una indeterminada cantidad de tiempo a su hermano, no sabiendo qué sentir respecto a lo que acababa de decirle. ¿Estaría siendo sincero, o sólo intentaba tranquilizarle? Kurt quería confiar en sus palabras, dándole la razón.

- Gracias – fue todo lo que se le ocurrió responder, recibiendo una sonrisa de lado del mayor.

El timbre sonó y el ojiazul casi corrió a abrirla, encontrándose con el moreno del otro lado.

- Cariño – el pelinegro lo envolvió fuertemente en sus brazos, sabiendo lo mucho que el menor necesitaba ser contenido en ese momento - ¿Cómo estás?

- No lo sé – confesó – Aterrado y nervioso, supongo…

- Saldremos bien de esto, lo prometo – el mayor besó su frente, y luego sus labios con ternura.

El tiempo los torturó, pasando lentamente. Blaine se marchó una hora antes, para lograr cumplir con su objetivo de obtener esos resultados antes que la audiencia terminara. Kurt se sintió ansioso cuando le vio marchar.

- Será mejor que nosotros también salgamos ya – apuró el menor, siendo incapaz de resistir esa agonía un minuto más. Todo estuvieron de acuerdo, encaminándose hacia Westerville.

La corte estaba particularmente vacía ese día, logrando que los zapatos resonaran en los pulidos pisos de mármol; sin embargo, la sala donde se llevaría a cabo la audiencia preparatoria, era pequeña, con tres filas de bancas, el estrado y un par de sillas más. En el lugar, los Smythe ya se encontraban, preparando sus documentos, en compañía de una joven abogada. El estómago de Kurt se revolvió tan sólo con ver a sus ex suegros. El último recuerdo que guardaba de ellos era uno de los peores, aunque, sinceramente no tenía ninguno bueno de todas maneras. La madre de Sebastian le dio una mirada venenosa al chico de ojos azules, como si con ese gesto pudiera transmitirle un mensaje.

"No importa lo que hagas, estás acabado"

Carole, notando la actitud arrogante de la mujer, se aproximó a Kurt, con la intención de distraerle.

- Cariño, ¿a qué hora llegará el abogado? – preguntó su madrastra, dándole una sonrisa maternal.

- Debería estar por llegar – comentó en respuesta el menor, mirando con impaciencia hacia la puerta de entrada.

Y como si acabara de invocarle, el hombre mayor atravesó el umbral, sosteniendo un folder con toda la documentación que Kurt y Blaine habían reunido.

- Señor Miller… - el ojiazul se acercó al hombre, sintiendo un pequeño alivio de verle allí – Que bueno que haya llegado, ¿cómo se encuentra hoy? – saludó amablemente.

- Muy bien Kurt, gracias por preguntar – Oliver le palmeó el brazo, caminando hacia los demás integrantes de la familia Hudmel – Buenas tardes – se dirigió a todos – Bien, deberíamos prepararnos para lo que se viene – abrió el folder, entregándole una hoja a Kurt – Esto es un borrador que escribí, destacando los puntos importantes en la historia, que es crucial que menciones en tu declaración, ¿de acuerdo?

- Sí, si… - susurró el chico, pasando la mirada rápidamente por el escrito.

- ¿Tienes ya el resultado del ADN? – consultó. Kurt negó.

- Tendrían el resultado a las dos de la tarde – explicó – Blaine fue por él… Prometió llegar antes de que se acabe la audiencia.

- Hmm… Si no lo logra, podría ser un problema – murmuró para sí mismo – Bueno, confiemos en que lo logrará.

El mal presentimiento regresó a Kurt, acrecentando su ansiedad. ¿Realmente Blaine lograría llegar a tiempo para revertir la situación?

Los minutos pasaron y el reloj marcó las dos de la tarde en punto. El juez, padre de Blaine, entró en la sala junto con dos hombres más, vistiendo sus típicas túnicas negras. Todos los ocupantes de la sala se pusieron de pie, y la audiencia dio inicio.

Los ojos azules de Kurt no podían dejar de admirar el gran parecido de Blaine con su padre, y su mente divagó imaginándose a su novio viéndose igual en unos años.

El primero en declarar fue el castaño de ojos azules, quien, algo tembloroso se puso de pie y se dirigió al estrado. Era consciente que sólo se trataba de una audiencia preparatoria, pero para él, se sentía como un culpable de asesinato a punto de ser condenado a la pena capital. Hizo el juramento, y se sentó, retorciendo sus dedos sobre el regazo.

Oliver se acercó, para pedirle que narrara los hechos que los llevaron a esa situación, explicándole al juez que la paternidad de Sebastian era dudosa e inconsistente. El menor quiso hacer un hoyo y enterrarse vivo, porque consideraba aquella la peor forma de darle una primera impresión a su suegro. Aun así, con las mejillas sonrojadas, comenzó su relato.

- Yo, hasta noviembre del año pasado… mantuve una relación amorosa con Sebastian Smythe – dijo, sintiendo la garganta seca – Nosotros… asistíamos al mismo instituto, pero al terminar su segundo año, fue transferido a la academia Dalton, en Westerville – tomó una bocanada de aire, para aclarar sus ideas – Él estaba de interno en esa escuela, por lo que no podía salir sin autorización de sus padres, y dejamos de vernos cuando las clases comenzaron… - el abogado asintió, sintiéndose orgulloso de que el chico recordara recalcar aquellos importantes detalles – Yo poseo el gen portador, aunque no lo sabía… Hubo una fiesta… una semana después que iniciaron las clases, y yo fui… y tuve relaciones con un chico… - dijo, bajando la mirada, sintiéndose profundamente avergonzado – Tres semanas después… descubrí que estaba embarazado – completó.

- Señor Hummel – interrumpió el abogado – Usted estaba en una relación con el señor Smythe en el momento de la fiesta, ¿no es así?

- Sí, así es – respondió.

- Disculpe mi indiscreción, pero… Antes de la fiesta, ¿usted había tenido relaciones sexuales con alguien más? – los ojos azules de Kurt se removieron confusos – Quiero decir, ¿usted era virgen?

- No, no lo era – confesó.

- Y, ¿Cuándo fue la última vez, antes de la fiesta? – consultó, intentando esclarecer la diferencia de tiempo.

- Dos semanas antes – recordó el chico, pasando saliva, al sentirse expuesto totalmente. Su mirada captó la de Sebastian, quien parecía profundamente herido con lo que oía.

- De acuerdo, entonces… - prosiguió el abogado – Después de esa fiesta… Usted… ¿volvió a tener relaciones con Sebastian Smythe? Sí es así, le importaría decir ¿cuándo?

- Sí, fue… un mes después de que estuve con el otro chico, y una semana después de confirmar mi embarazo – terminó por decir, provocando que la sala se llenara de pequeños murmullos que se oían como zumbido de abejas.

- ¡Orden! – exigió el juez, dando un golpe con su martillo.

Kurt alzó su rostro, encontrándose con los ojos verdes de su ex novio, que estaban ligeramente brillantes, como si estuviera conteniendo el llanto. Eso lo descolocó totalmente.

Luego de que el menor diera su declaración, aportando con otros datos de menor importancia, como las constantes amenazas y la insistencia con la que Sebastian logró que realizaran la prueba de paternidad; la abogada de Sebastian se puso de pie, para hacer algunas preguntas.

- Señor Hummel… - la mujer sonrió con confianza, aumentando los nervios del chico castaño – Según el cuerpo de médicos de Ohio, quienes realizaron un estudio acerca del gen portador, se consideró que estos embarazos son completamente diferentes al de una mujer, por lo que el período de gestación no se asemeja en nada… - comenzó a decir, sacando de onda a Kurt, quien temía lo siguiente que pudiera decir la abogada – Si usted afirma haber tenido relaciones sexuales con mi cliente y con otro chico, en un espacio de una semana… ¿No deberíamos considerar que es algo ambiguo?

- Y-yo… no… - balbuceó el castaño, tomado con la guardia baja.

- Debido a que, como hombre usted no presenta ciclo menstrual, tampoco existe en usted un período fértil, por lo que puede embarazarse en cualquier momento – instigó la mujer, mientras Kurt miraba a su padre y a Oliver, en busca de una salida de esa situación – Su señoría, creo que, para el caso, la aclaración de fechas es irrelevante – se dirigió al juez, desestimando la primera evidencia.

- Concedido – decretó el juez.

Kurt bajó del estrado, sintiéndose frustrado e impotente. Con solo dos freses, la mujer había desarmado su defensa.

- ¿Qué vamos a hacer ahora? – susurró el castaño, sentándose junto a su abogado, con un ligero temblor en su voz.

- Intentaremos hacer tiempo, hasta que Blaine llegue – respondió, siseando – Comenzaremos con el acoso constante para conseguir el ADN.

Oliver Miller, haciendo uso de todas sus habilidades, se enfrentó contra la abogada de los Smythe, quien parecía que estaban ganando la batalla impecablemente, desestimando cada evidencia y cosa que el abogado decía. La mujer era excelente en lo que hacía, y demostraba una seguridad a la hora de hablar, que podría convencer a cualquiera de lo que sea.

Kurt insistentemente miraba la hora en su móvil y la puerta de la sala, rogando silenciosamente porque un milagro pasara para salvar la desastrosa audiencia en la que estaban. Aun así, agradecía el gran trabajo que Oliver estaba haciendo, complicándole la tarea a la abogada de Sebastian.

Entonces, lo más temido por Kurt, ocurrió, cuando la venenosa mujer sacó, como modo de prueba, el expediente de Blaine.

- ¡Objeción! – se adelantó a vociferar Oliver – Presentar un documento confidencial, como un expediente, es innecesario en este caso, porque el padre de Elizabeth es Kurt Hummel, y no Blaine Anderson.

- Blaine Anderson se encuentra en una relación amorosa con el demandado, y es parte del ambiente en el cual Elizabeth se desenvuelve, por lo que sí es importante – explayó la abogada – Sólo así podremos determinar que la niña no esté en un ambiente peligroso, donde su vida o desarrollo se vea afectado por situaciones de violencia o malas prácticas.

- Esto es absurdo – soltó Kurt, al borde del colapso.

El juez recibió el documento, aún si ya lo conocía de memoria, por tratarse de su propio hijo. Fue entonces que se arrepintió profundamente de intentar ser un padre en extremo estricto con Blaine, causándole un daño como ese, que años después le jugaría en contra de esta manera.

- Tanto Kurt Hummel, como Blaine Anderson, han demostrado actitudes violentas contra mi cliente, en variadas ocasiones, además del hecho de ocultarle información, como el derecho de estar con su hija – argumentó la mujer sin perder tiempo – En el pasado también el señor Hummel ha agredido verbalmente a los padres de mi cliente, los señores Smythe, en su propia casa, por lo que no podemos descartar esta seguidilla de actos violentos, que podrían atentar contra Elizabeth, vulnerando su derecho de crecer en un ambiente seguro y libre de peligros.

- ¡Objeción! – volvió a decir Oliver – La abogada defensora no tiene ninguna prueba de los hechos que menciona, por lo que sólo son suposiciones sin fundamento.

- El expediente de Blaine Anderson es una prueba – rebatió ella – Él fue sentenciado a un año en la correccional de Westerville por conducir en estado de ebriedad y provocar un accidente de tráfico, recibiendo la pena más alta para su edad.

- ¡Orden! ¡Orden! – el juez acalló la discusión que se había desatado frente a él, golpeando repetidas veces su martillo – Vamos a evaluar las evidencias y determinaremos si son válidas para el caso o no.

La sala volvió a sumirse en un silencio aplastante; el corazón de Kurt dolía en su pecho, al verse totalmente atrapado. Ya no tenía nada más para evitar que Sebastian le quitara a su hija, y temía que todo se fuera al caño cuando determinaran válidas las pruebas de la defensa. Quería llorar y lanzar todo a su paso, pero la cálida mano de su padre sobando su espalda, lo mantuvo con los pies en la tierra. No sabía cuánto más podría resistir esa angustiante situación, y la incertidumbre lo estaba matando.

El castaño observaba la afirmación en los ojos de los dos hombres sentados a cada lado del juez, quienes parecían estar de acuerdo con las evidencias, sin embargo, el señor Anderson negaba con la cabeza, queriendo descartarla. Finalmente, el hombre bajó la mirada con derrota, haciendo que se formara un nudo en la garganta de Kurt, quien ya presentía lo que se avecinaba. El martillo fue golpeado dos veces, para llamar la atención de los presentes, antes de informar su decisión.

- Según las características de caso, no podemos desestimar… - las palabras del juez quedaron a medias, cuando la puerta de la sala de audiencia fue abierta de golpe, mientras un atolondrado Blaine entraba a la carrera, aun con su casco puesto, la chaqueta algo desacomodada y un sobre cerrado en su mano.

- ¡Paren todo! – gritó el moreno, para luego intentar recuperar el aliento. A simple vista, parecía haber corrido un maratón.

Los murmullos volvieron a extenderse por el lugar, mientras el recién llegado se acercaba a su novio.

- Lo tengo… - susurró agitado, enseñándole el sobre.

- ¿Ya lo viste? – preguntó el ojiazul ansioso, siendo silenciado por el golpe del martillo.

- ¡Orden! – exigió - ¡No puede entrar de esa forma a una audiencia en curso!

- Nos disculpamos, su señoría - se adelantó en decir Oliver – Pero, acaba de llegar nuestra última evidencia para el caso… Si nos permite – el juez asintió con la cabeza – Dame eso – pidió, siseando hacia Blaine, quien le tendió el sobre.

Con manos hábiles, el hombre abrió el sobre, entregándoselo antes de siquiera mirarlo, al juez. Éste lo recibió, frunciendo profundamente el ceño.

- ¿Qué diablos es eso? – Kurt oyó a Sebastian decir con molestia.

Blaine envolvió la mano de su novio con las suyas, aun respirando con dificultad, cerrando los ojos a la espera del resultado. Él hubiera abierto el sobre antes, pero en su prisa por llegar, prefirió dejarlo para después.

El juez dejó la hoja sobre su mesa, tomando otro documento, comparándolo con el más reciente, alzando luego la cabeza para hablar.

- La audiencia será aplazada – anunció, provocando una sorpresa colectiva en los ocupantes de la sala – Hasta que un nuevo examen de paternidad sea realizado, en las inmediaciones de la corte, debido a que no puede haber dos resultados positivos, de distintos padres.

Kurt sintió que el alma salía de su cuerpo al oír aquello, mientras que Blaine sólo pudo soltar un agradecimiento y envolver a su novio en sus brazos. El castaño aun no reaccionaba, completamente perdido y confundido.

- ¡Kurt, Kurt! – Blaine lo sacudió en sus brazos - ¡Tenemos un positivo! – los ojos azules del menor centrándose en los cristalizados del moreno - ¡Tenemos un positivo!

- ¡Oh, Dios mío! – sollozó, reaccionando al fin, sin ninguna duda de aquel resultado, pues confiaba ciegamente en su médico familiar; lo cual, sólo podía significar una cosa.

Su mirada afilada se dirigió hacia Sebastian, quien parecía a punto de desmayarse de la impresión, mientras su madre le abanicaba el rostro con una hoja de papel, diciéndole palabras que el castaño no podía oír.

- ¡Objeción! – vociferó la abogada defensora - ¡Los documentos pudieron ser falsificados!

- ¡Denegada! – el juez golpeó con su martillo – Ya fue decretada la solución. Ambos, tanto Sebastian Smythe, como Blaine Anderson, se realizarán la prueba de ADN, para determinar quién es el padre – el hombre volvió a dar un golpe de martillo, dando por terminada la audiencia, poniéndose en pie y retirándose junto a los otros dos hombres.

- Señor Miller… - Kurt se dirigió a su abogado – Si es posible… una vez que termine la audiencia, me gustaría presentar una demanda contra Sebastian por todo esto… - pidió – Falsificación de documentos, daños y perjuicios y todo lo que corresponda…

- Por supuesto, Kurt – el hombre apoyó una mano en su hombro – Esto ha sido algo realmente difícil para ti, y es justo que lo hagas.

- Muchas gracias – el chico se despidió, regresando con su novio, que no cabía de la dicha que sentía.

Ellos no necesitaban esperar hasta el nuevo examen, porque la respuesta era clara a sus ojos. Blaine era, y siempre había sido el padre de Elizabeth; y Kurt agradecía nunca haber cedido a cambiar el apellido compuesto que Sebastian tanto insistía en quitarle.

Esa misma tarde; Blaine y Sebastian acudieron a realizar el segundo examen, bajo la custodia de un oficial de policía y un juez de paz, por lo que la pequeña sala se hizo pequeña, y Kurt se vio obligado a esperar fuera, hasta que lo llamaran para entrar con Ellie. A pesar de la extraña forma como las cosas resultaron, el castaño estaba tranquilo, y por primera vez, desde que se embarazó, comenzaba a sentir que las cosas estarían en paz.

Todos quedaron citados para el día siguiente, a la misma hora, en donde los resultados serían dichos finalmente, llevando ese caso a su final.

El regreso a casa fue extraño, pues, a pesar de tener el positivo con su médico de confianza, la sensación de inseguridad no había sido desterrada del todo, manteniéndolos nerviosos hasta el último momento.

- Blaine, yo… realmente siento todo lo que ha pasado – murmuró Kurt, cuando se despedían por la tarde, en la entrada de su casa – Si no fuera por mi culpa, nada de esto…

- Hey… cariño – las manos grandes del moreno acunaron el rostro pálido de su novio con ternura, obligándolo a mirar sus ojos - ¿Por qué estás disculpándote? – un pequeño beso fue depositado en sus labios suavemente – No es tu culpa, es del idiota de tu ex.

- Sabes que esto no estaría pasando si yo no hubiera mentido… - nuevamente fue interrumpido por los labios de Blaine.

- Kurt, somos humanos… Está en nuestra naturaleza equivocarnos… - rió suavemente – Ya deja de culparte, y sólo… disfruta de lo que tienes ahora… Tienes una hija preciosa, una familia que te ama… Y el mejor novio del mundo – terminó por bromear.

- Cuanta humildad – le siguió la broma – Pero, supongo que tienes razón… Te amo.

- Y yo te amo a ti – besó la punta de su nariz – Ahora, debo irme… - se despidió – Nos vemos mañana, ¿sí? – Kurt asintió – Intenta dormir y ya no pienses más.

- Lo intentaré – entonces, Blaine se marchó.

-o-

En la sala de audiencias, la tensión se cortaba con un cuchillo, mientras todos esperaban expectantes a que el juez leyera el resultado final del examen. Blaine mantenía la mano de su novio firmemente tomada, sintiendo inevitablemente el nerviosismo que toda esa situación acarreaba. Kurt por su parte, intentaba mantenerse respirando con normalidad, para no hiperventilar y terminar desmayado o en una sala de urgencias.

- El resultado del examen arroja un 99,9 por cierto de compatibilidad… - comenzó a decir el hombre, logrando que todos contuvieran el aliento - …con el señor Blaine Anderson.

El silencio se mantuvo por un par de segundos, hasta que Blaine dio un salto junto a un grito de felicidad extrema, sin importarle el lugar donde se encontraba. Seguido de eso, jaló a Kurt para que celebrara con él. El menor lentamente procesó la información, rompiendo a llorar, sintiendo como el peso de la tensión de meses, acumulada dentro de él, salía por fin de su cuerpo, en forma de lágrimas. Cuando los espasmos lo abordaron, Blaine decidió que era mejor que se sentara, para evitar que cayera al suelo. Sin embargo, su desahogo quedó en el olvido, cuando un estruendo resonó en toda la sala.

Sebastian acababa de patear la silla en la que anteriormente se encontraba sentado, con claras intenciones de patear otra más, completamente fuera de sí. Su madre se aproximó para detenerlo, pero ésta fue apartada al instante de un solo manotazo. El ojiverde, totalmente colérico, se abalanzó contra Blaine; y éste ni siquiera alcanzó a reaccionar, porque estaba pendiente de su novio, quien al ver la reacción de su ex, chilló espantado, mientras el puño del más alto se estrellaba de lleno contra la mandíbula del moreno.

Los dos policías, apostados en cada puerta de entrada, se apresuraron a controlar la situación, sosteniendo firmemente Sebastian, alejándolo de los Hummel y de Blaine. El pelinegro se sobaba el rostro, aun tirado en el piso, en tanto Kurt y Carole se cercioraban de que estuviera bien.

Cuando el caos acabó, Kurt le pidió a Oliver que realizara la demanda lo antes posible, preso de la ira por lo ocurrido.

Luego de un rato prudente, todos decidieron marcharse, dirigiéndose al estacionamiento. Kurt le pidió a Blaine que se adelantara, pues iría al baño. Al salir de los servicios, una escena lo detuvo de continuar caminando, por lo que se escondió para observar lo que ocurría.

Sebastian estaba hablando con sus padres, o más bien, les gritaba, moviendo sus manos en el aire, y señalándolos a ratos, como si exigiera una explicación. Los dos adultos no mostraban un sentimiento de culpa o arrepentimiento en sus rostros, más bien, a los ojos de Kurt, parecían indiferentes a la molestia de su hijo. Aquello quedó rondando en la cabeza del castaño, quien no dejaba de preguntarse qué tan culpable era realmente Sebastian, luego de ver eso.

Bien podría haber sido un plan de sus padres y él sólo fue la marioneta. Pero, entonces nuevas dudas surgían… ¿Por qué ellos harían eso? ¿Qué interés podrían tener los Smythe en su hija? Eso no tenía sentido para el ojiazul, por lo que se dijo a sí mismo que dejara eso en el pasado y diera vuelta la página de una buena vez.


BIEN! YA PODEMOS RESPONDER A LA GRAN PREGUNTA...

¿QUIÉN ES EL PADRE? BLAINE ANDERSON (Pues si wey, no mms)

QUERIDAS/OS LECTORES... ESTOY ALGO EMOCIONADA PORQUE, YA SÓLO NOS QUEDA EL CAPÍTULO 32, QUE ES FINAL... Y EL EPÍLOGO!

ESTOY RESERVANDO MIS LÁGRIMAS PARA LOS AGRADECIMIENTOS FINALES... ASI QUE NO VOY A LLORAR AÚN.

NOS LEEMOS, BESOS!