Alerta: violencia de género.
Capítulo 11: Où qu'est- que c'est Adrien?
¿Dónde está Adrien? – repitió el villano, mirando de refilón a cada una de las personas que se encontraban en esa habitación. Por su parte, Cybèle intentaba alcanzar con la mirada a cada uno de los niños, cerciorándose de que todos estuvieran en esa habitación. "1… 2, bajo la cama… 3, 4…" se mencionaba a sí misma en una voz casi imperceptible.
¿Hay algo que quiera mencionar, mademoiselle? – la joven miró asustada hacia el único hombre que se encontraba en el refugio en ese momento. Y las palabras se quedaban atoradas en su garganta, en ese momento ella solo podía recordar lo poco que Chat Noir y los medio habían declarado la noche en la que Ladybug había desaparecido y no podía evitar sentir más temor, ese hombre, literalmente, había desaparecido a la heroína de Paris y por supuesto, más se convencía que ella no podría sustituir a Ladybug, le faltaba el valor y la determinación de la heroína.
"Vamos Cybèle, solo es una pregunta, ¡contesta!", a pesar de eso esfuerzo mental por responder, lo único que consiguió lograr fue una vacilante negación con su cabeza; apretó sus puños y bajó la mirada al piso, escuchó a uno de los niños murmurarle a Dios que enviara a alguno de los súper héroes y que mantuviera a Adrien a salvo de su padre. Cybèle casi pudo llorar, la inocente ironía del infante podía romperle el corazón a cualquiera, ella por su parte solo le pedía a Dios que el héroe gato no pusiera un pie en el refugio, sería desgarrador ver pelear a padre e hijo, incluso si Hawk Moth desconociese la identidad del héroe felino, el hecho de saberlo ella misma, pensó que sería demasiado para poder soportar y en ese momento pensó en los sentimientos de Adrien, ¿sería posible que todo este tiempo el joven rubio se había sentido así de impotente? ¿o alguna vez se había planteado que tendría que enfrentar a su propio padre? Quizás la respuesta más probable era que sí y por eso siempre andaba en las nubes.
No lo repetiré amablemente la próxima vez – gruñó el villano entre dientes apoyando ambas manos en la empuñadura del bastón - ¿Dónde está el joven Adrien Agreste? – fijó su mirada en una de las manitas que se asomaban "escondidas" bajo la cama, Cybèle se dio cuenta de esto y pronto contestó sin pensar.
No está aquí, solo lo estamos las mujeres y niños – lo miró con valentía. La joven pronto se arrepintió del tono de voz que hubo utilizado contra el villano y este a su vez alzó la ceja no dando crédito a la voz altiva que la chica apenas acababa de utilizar.
Sin decir una palabra más, dio unos pasos al frente, tomó del cuello a la chica en un arranque de coraje y le susurró cara a cara que ya había desaparecido a una mujer antes, entonces la retó: "¿crees que no lo haría también contigo? Dime donde está Adrien y yo me voy, es simple", pero la chica no tenía intenciones de traicionar a alguien en el refugio y solo respondió "solo sé que salieron en busca de comida".
Bien, supongamos que dices la verdad – le dijo con temple mientras le soltaba el cuello, dejándole caer sobre su trasero, ella lo miró con temor, repitiéndose en su cabeza que él le había creído – si Adrien en verdad no está aquí, me parece que deberé darle una razón para que vaya a visitarme.
Entonces, pasó por la puerta la Horrificadora que empezó a bañar a todos los presentes con la baba morada y encerrándolos en una crisálida hecha del mismo material mientras Hawk Moth tomaba del cabello a Cybèle, sacándola de la habitación, la chica forcejeaba por huir y ayudar a los niños que a su vez estaban aterrorizados y gritaban a todo pulmón que alguien los salvase. Al salir del refugio, Le Papillon soltó a la joven quien lloraba a mares pensando lo peor para cada uno de los niños.
Si tan solo me hubieses dicho, ¿no crees que habría sido más fácil? – la joven ojiazul cubría su boca con ambas manos, cuando El Faraón se interpuso entre ella y el edificio donde habían quedado todos encerrados – Llévala a la mansión, en cuanto Adrien regrese sin duda irá a buscarla – ella vio como el monstruo desplegó su alas y sin poner resistencia se dejó llevar en brazos de El Faraón, Cybèle no tenía más fuerzas ni mentales, ni física para oponerse a dos villanos, se encontraba en un shock mental, ella solo podía pensar en si sobrevivirían para cuando el rubio y el cadete regresaran al refugio.
Mientras en la plaza de la Torre Eiffel, la gente comenzaba a reunirse al ver que un helicóptero militar sobrevolaba la zona, Yves les dijo a todos que lo mejor era no acercarse y quedase ahí, ya que los militares marcarían un perímetro justo detrás de ellos. Lucas, uno de los refugiados, se impacientaba al ver que todos se acercaban lo más cercano posible y le parecería que perderían las cajas con la ayuda.
No se desesperen, nos van a formar, si la gente hace un revuelo aquí, el helicóptero se irá con la ayuda – vamos a esperar. Adrien confiaba en su compañero y se mantenía con los brazos cruzados, hasta que el helicóptero estuvo lo suficientemente cerca del suelo y comenzó a levantar el polvo y entonces todos tuvieron que taparse la boca y cubrir parcialmente su vista para evitar que el polvo los asfixiara; del helicóptero bajaron dos militares pidiendo que se hicieran hacia atrás para que las hélices del helicóptero no hiriesen a alguien.
¡Háganse hasta atrás! – decían ambos militares - ¡hacia atrás! – repitieron. Cuando las hélices finalmente pararon, el resto de los militares descendieron del helicóptero y comenzaron a dar indicaciones específicas sobre cómo se llevaría a cabo la entrega de las cajas con despensa para todos. La gente se metía entre la multitud, todos querían ser los primeros, pero Yves se las ingeniaba para mantener al grupo unido y entre los primeros, la gente estaba en pánico, pues creían que las cajas no serían suficientes.
Los militares organizaban al resto de la gente y tal como iban pasando se iban retirando del lugar, según las indicaciones; los refugiados que se encargaban de cuidar los automóviles intercambiaron lugares con los que ya traían las cajas con la ayuda. Estuvieron en el lugar aproximadamente unas tres horas más después de eso, a la espera de que quedaran víveres para repartir. Yves se acercó a uno de ellos y con un saludo militar les dio la bienvenida a Paris.
Mi nombre es Yves Saint Laurent del Colegio Militar -bajó la mano para terminar el saludo del águila, famoso entre la milicia de todo el mundo. El militar al frente le devolvió el saludo y se presentó bajo el rango de sargento y le dijo también que él era el encargado del operativo. – Señor – dijo Yves con voz fuerte - ¿establecerán un campamento fijo como centro de apoyo?
No tenemos órdenes expresas de realizar tal plan. Se espera en breve la cooperación internacional – el cadete se mantuvo serio – agradeció las palabras del sargento, pues él bien sabía que ese tipo de información tenía que surgir inmediatamente y el hecho de que no fuese mencionado por el personal militar de la ONU ante situaciones de riesgo solo significaba que no había intención de enviar más personas a la zona y eso no había sucedido nunca en la historia de la ayuda de la ONU.
Yves regresó donde se encontraban los demás y explicó lo que el sargento a cargo le había dicho mientras el helicóptero militar comenzaba el despegue, los rostros de todos no eran muy esperanzadores, de cualquier manera, debían regresar al refugio pues seguramente las chicas ya estarían preocupadas porque no se habían comunicado en todo el día.
Eran casi las 6 de la tarde, y nunca se imaginaron lo que verían al entrar al edificio. Era impactante.
