Hola, estoy demasiado sensible como para escribir algo... Nos vemos abajo!


CAPÍTULO 32 [FINAL]


Kurt tardó en llegar al carro, donde todos lo esperaban. Blaine vio salir a los Smythe, quienes rápidamente se dirigieron a su vehículo, marchándose del lugar como alma que lleva el diablo.

- No puedo creer que exista gente tan malintencionada – comentó Carole - ¿Cómo pueden vivir con sus consciencias?

- Ellos no tienen consciencia, querida – respondió Burt, envolviéndola con su brazo – Pero, me gustaría saber qué era lo que querían lograr con todo esto.

- Es simple… Sebastian quería estar con Kurt – murmuró Blaine – Y sus padres le estaban cumpliendo el capricho.

- No, yo creo que hay algo más – negó el mayor con la cabeza.

Kurt salió en el instante en que el moreno iba a rebatir lo que su suegro decía, captando la atención de todos.

- ¿Mucha gente en el baño? – bromeó Finn, que se había mantenido al margen de todo.

- No, yo… - Kurt no estaba seguro si era necesario comentar lo que había presenciado minutos atrás – Sólo… estaba algo perdido – optó por callar - ¿Nos vamos?

- Sí – confirmó Burt, mientras todos subían al vehículo.

-o-

Blaine condujo tan rápido como el límite de velocidad establecido le permitía. No podía dejar de reír de pura felicidad; pues la confirmación final de su paternidad lo tenía en las nubes.

Elizabeth estaba al cuidado de una niñera que contrataron para la ocasión, por lo que, aunque Blaine llegó primero que todos, no dudó en tocar el timbre y envolver a su hija en un apretado abrazo, en cuanto entró a la casa Hudmel.

- ¡Buenas noticias, princesa! – habló a Ellie, mientras la alzaba, sonriente – De ahora en adelante, nadie volverá a separarnos jamás – juntó sus frentes, sintiendo las lágrimas venir a sus ojos – Te juro que estaré siempre contigo.

Kurt llegó un momento después, uniéndose a la conmovedora escena. Sus ojos se cristalizaron por el simple hecho de ver lo perdida que estaba la mirada del moreno en su hija. Lentamente se acercó, limpiando la humedad de sus mejillas, envolviendo la cintura de su novio con delicadeza.

- Al final, creo que todo salió bien – comentó el castaño, acomodando su mentón en la curva del cuello del pelinegro.

- Sí… por fin, no más secreto… - murmuró, besando la mejilla de su bebé – No más dudas… - se volteó, para capturar los labios del menor – Podemos ser una familia real ahora.

- Ya lo somos – Kurt posó un beso más, antes de separarse de ellos.

-o-

Kurt a veces recordaba la forma extraña en que Sebastian había hablado con sus padres después de la audiencia, pero con el paso de los días, perdió importancia.

Ahora estaba feliz, en compañía de su novio y padre de su hija. Pronto llegarían las vacaciones de invierno y la primera navidad de Ellie lucía prometedora. Blaine pasaba cada tarde con ellos, desde que decidió renunciar al Lima Bean. En principio, estaba algo reticente por marcharse del lugar, pero luego de hablar con sus padres y pasar por el asunto de la audiencia, no deseaba alejarse de su hija.

Entonces, mientras arreglaba sus cosas para marcharse a casa, luego que sus clases terminaran, recibió una llamada que no se esperaba.

- ¿Qué diablos quieres ahora, Sebastian? – casi gruñó por el teléfono.

- Hola, Kurt… - su tono de voz suave, lo descolocó un poco – Siento molestar, pero… necesitaba hablar contigo – aclaró su garganta y el ojiazul sólo esperó – Sé que no tengo derecho a pedirte nada, después de todo lo que pasó… Aun así, me gustaría que nos viéramos en la cafetería de siempre… - pidió – Realmente es importante…

- No tengo tiempo para esto – lo cortó el menor, caminando hacia la salida del instituto.

- Por favor, Kurt… - la súplica implícita en sus palabras – Prometo que será la última vez.

El castaño se lo pensó un momento, y la verdad es que sentía que necesitaba cerrar ese capítulo con su ex novio, y tal vez aquella fuera la ocasión para hacerlo definitivamente.

- ¿A qué hora? – preguntó, oyendo un suspiro de alivio del otro lado de la línea.

- ¿Te parece bien hoy, a eso de las cinco? – sugirió.

- De acuerdo, nos vemos ahí.

Enseguida que finalizó la llamada, marcó el número de su novio. Habían instaurado una regla de no secretos en su relación y el castaño respetaría eso.

- Hola, cariño – saludó alegremente el moreno - ¿Terminaste tus clases ya? ¿Quieres que pase por ti?

- Si y no – respondió.

- ¿Qué? – cuestionó Blaine con confusión.

- Sí terminé mis clases, pero no pases por mí hoy – explicó – Yo… iré a hablar con Sebastian esta tarde – dijo, esperando la reacción de su novio.

- ¿Es una broma? – soltó en un bufido.

- No, no lo es – respondió con voz firme – Él me llamó hace un rato, pidiéndome que nos encontráramos, porque hay algo importante que quiere hablar conmigo – detalló – No me dijo que era, sólo que sería la última vez… Y yo creo que sería bueno terminar las cosas por la paz… cerrar el ciclo.

- Kurt, él intentó quitarte a tu hija – exclamó molesto el moreno - ¿Ya lo olvidaste?

- Sigo pensando que pudo ser idea de sus padres – rebatió, subiendo un poco su tono de voz – Te dije que los vi discutiendo, y no puedo sacarme eso de la cabeza.

- ¿Sabes qué? – lo interrumpió el mayor, con ironía – Haz lo que quieras.

- Blaine, no… no me digas eso – la energía decayó en Kurt al oírle – Se supone que debemos contarnos las cosas, pero no me lo pones fácil si te comportas de esa manera… ¿Acaso no confías en mí?

- Por supuesto que confío en ti, cariño… pero, no en él – confesó – Sólo… cuídate, ¿sí? – pidió, regresando a la calma – Y si llega a hacer algo inapropiado, me dices y yo le rompo la cara, ¿de acuerdo?

- Blaine… - Kurt negó con la cabeza, a pesar de que su novio no podía verlo – Te llamaré en cuanto acabe.

- Te amo – se despidió.

Cuando Kurt cruzó las puertas de la cafetería favorita de Sebastian, el mayor ya se encontraba en el lugar, girando en sus manos un vaso ya vacío, con algo de nerviosismo. Alzó la mirada, encontrándose con la azulada de Kurt, iluminando ligeramente su expresión apesadumbrada.

Sin esperar una invitación, y con la esperanza de acabar esa conversación a la brevedad, Kurt tomó asiento frente al ojiverde, acomodando su bolso sobre su regazo.

- Hola… - saludó el mayor, casi en un susurro - ¿Cómo estás?

- ¿Realmente estás preguntándome eso? – le increpó el ojiazul, alzando una ceja.

- Sí, lo siento… - Sebastian bajó la mirada, indeciso de qué decir para que Kurt bajara sus muros – Y… también lo siento por todo lo que pasó… - los ojos del menor se mantuvieron fijos e incrédulos.

Un breve silencio incómodo le siguió.

- Entonces… - el menor murmuró - ¿Para qué me citaste aquí?

- Porque… quería disculparme contigo, Kurt – soltó, bajando la mirada - Lo cierto es que… yo nunca supe que ese ADN era falso, por eso me comporté así contigo… Porque realmente creía que Ellie era mi hija, y ahora… Me siento como un grandísimo idiota – soltó una risa sin pizca de humor, haciendo a Kurt morder su labio, incómodo – Cuando me enteré que todo había sido manejados por ellos… ¡Ahg! Quise lanzarme por una ventana… - se removió en su asiento, alzando la mirada para posarla en la de Kurt, frente a él – Sé que no sirve de mucho, pero en serio, lo siento mucho.

- Esto no tiene mucho sentido para mí – confesó el menor, cruzando sus brazos a la altura del pecho – Digo, ¿por qué tus padres harían todo esto? ¿Para qué tomarse tantas molestias? – cuestionó – No lo entiendo… ¿Qué ganaban con hacerlo? – el ojiazul descruzó los brazos, apoyando ambas manos en la mesa - ¿Te dieron alguna razón?

- Sí… una muy estúpida, en realidad – Sebastian torció la boca en un gesto de vergüenza – Ellos me dijeron que había sido una desgracia sólo tener un hijo, y que éste saliera gay – comenzó a explicar, viendo la sorpresa cruzar por el rostro pálido del contrario – Se asustaron por el hecho que no tendrían nietos, o más bien dicho, herederos – Sebastian rodó los ojos – Ya sabes que mis padres son muy herméticos, y no permitirían que un niño que no fuera legítimamente hijo mío, tocase su fortuna…

- Pero, Ellie no es… - Kurt fue interrumpido.

- No había forma de que alguien más lo supiera – dijo, encogiéndose de hombros, como si fuera lo más lógico del mundo – Mi madre dijo que ella parecía ser hija mía…

- Eso es tan… horrible – se escandalizó el menor - ¿Cómo pueden pensar en hacer algo tan despiadado? ¿No tienen corazón? Y no lo digo sólo por el daño que me causarían a mí, sino también a ti… - el desconcierto pintado en toda la cara de Kurt – Viviendo toda tu vida engañado… No lo puedo creer.

- Lo sé… yo… - Sebastian pasó una mano por su cabello castaño, despeinándolo un poco – Por eso decidí irme de casa – miró a su ex novio, con una pequeña sonrisa – Ahora estoy quedándome en los dormitorios de la universidad.

- Wow… - comentó el menor, algo sorprendido por oír aquello – Es… es bueno que decidieras alejarte de personas tan negativas…

- Sí, el niño rico… es un desheredado – intentó bromear, recostándose en la silla – Mi vida es un completo desastre en este momento… Pero, me siento tranquilo de alguna manera – esta vez se permitió sonreír con sinceridad, ante la mirada compasiva que le estaba dando Kurt – De todos modos, no podía seguir viviendo con ellos… lo que hicieron fue muy fuerte para mí – confesó – Yo… adoraba a esa pequeña, aunque ella no quisiera estar conmigo… - la sonrisa se transformó en una mueca triste – Hubiera dado cualquier cosa porque realmente fuera mi hija biológica.

- Lo lamento, Seb – Kurt lo miró, ladeando su cabeza, intentando empatizar con el mayor. Este negó con la cabeza enseguida.

- No… Soy yo quien lo siente, Kurt – se apresuró en decir – Siento que mis padres y yo hayamos causado tantos problemas – Sebastian puso su mano, sobre la de Kurt que reposaba sobre la mesa – Y te agradezco por tu paciencia y el tiempo que me permitiste estar junto a tu hija, a pesar de que me comportara como un imbécil contigo.

Lentamente retiró su mano, cuando se volvió incómodo. Ambos chicos se miraron con intención de añadir algo más. Kurt por primera vez en mucho tiempo, se sintió aliviado. Después de todo, no había sido mala idea asistir a esa cita con su ex novio. Ahora podía mirarle sin rencor, y su corazón se sentía más liviano.

- Yo… creo que debería marcharme – Kurt interrumpió el prolongado silencio que se había instaurado entre ellos – Están esperándome en casa y…

- Lo entiendo – interrumpió el mayor, dándole una sonrisa amplia – De nuevo, lo siento y… gracias por todo.

- Sebastian, yo… voy a demandar a tus padres, ¿lo sabes? – Kurt se sentía incómodo ahora.

- Es lo que debes hacer, no te preocupes por mí – el chico asintió, respaldando sus palabras – Ellos tienen que compensarte por los malos ratos.

- De acuerdo, entonces… - el ojiazul le tendió una mano a su ex novio – Adiós, Sebastian.

El aludido tomó su mano con firmeza, despidiéndose por última vez.

- Adiós, Kurt – la voz del mayor tembló ligeramente, pero el ojiazul se negó a preguntar por qué y sólo se marchó.

Una vez solo, Sebastian pudo dejar salir su tristeza tranquilamente, pensando en lo desafortunado que había sido por enamorarse de aquel chico tan increíble, del que sólo obtuvo un corazón roto.

-o-

Kurt regresó a su casa, profundamente abatido, repitiendo en su cabeza una y otra vez la conversación tenida con Sebastian. Por fin había cerrado aquel capítulo de su vida, que tan difícil fue para él; ansioso por iniciar uno nuevo en compañía de su novio y su hija.

Aquel día, Blaine decidió invitarlos a su departamento, para tener un agradable momento en familia. Ellie era feliz jugando con los coloridos animales de goma que Blaine había comprado para ella, en tanto que la pareja conversaba en la sala, acerca de la reciente cita con Sebastian.

- He llamado al señor Miller y le he pedido que imponga la demanda a los padres de Sebastian – comentó Kurt, dándole un sorbo a su taza de café, para luego dejarla sobre la mesita frente a él.

- ¿Estás seguro? – dudo Blaine, algo escéptico.

- Si, cien por ciento… - confirmó el menor – Creo que sólo usaron a su hijo como un títere en esto… así que, prefiero que quede fuera de todo.

- Bueno, a fin de cuentas, es tu decisión – murmuró el moreno, no muy convencido.

- Además, él ya se disculpó… fue sincero conmigo, y yo le creo – continuó, como si necesitara justificar sus acciones frente a su novio.

Kurt fue sorprendido por un dulce beso, dado por el moreno. Aquella pequeña acción, dándole a entender que, no importaba lo que finalmente decidiera hacer, él siempre lo apoyaría.

-o-

Un nuevo invierno llegaba a su fin y la vida de Kurt y Blaine cambiaba a cada paso. Elizabeth estaba pronta a cumplir su primer año de vida, sin mayores inconvenientes. La pequeña se había vuelto tan habladora como su desarrollo le permitía. Para el castaño, parecía que sólo hace unos días la niña soltaba su primera palabra, haciéndolos llorar como dos bebés, al oírle decir "papá".

Ahora que el fin de las clases se aproximaba, Kurt estaba enfrentando una gran toma de decisiones. El ojiazul aplicó a todas las universidades que pudo, en busca de la mejor opción para su familia, pues ya no podía pensar sólo en él. Como pareja decidieron estar juntos a donde sea que Kurt fuera a estudiar. Blaine, que llevaba excelentes calificaciones, no tendría ninguna complicación en pedir un traslado a otra universidad.

El juicio contra los padres de Sebastian, los señores Smythe, también estaba en proceso, debido a que ellos poseían grandes influencias, y pretendían negociar un arreglo para evitar la cárcel. Kurt no se sentía conforme con que el dinero les ayudara a evadir lo que les correspondía por sus horribles y despiadados actos, sin embargo, él sólo era un chico de casi dieciocho años.

El día que las cartas de aceptación fueron llegando a la casa Hudmel, Kurt sentía que los nervios se lo comerían vivo. No se sentía preparado para abrirlas y sólo leer negativas. Para su salud mental, Blaine estaba a su lado, conteniéndolo y dándole palabras de aliento, asegurándole que todos querrían tener su gran talento en su universidad. Con aquello en mente, se dispuso a abrir cada uno de los sobres, separando los rechazos de las aceptaciones.

La primera pila, sólo tenía dos cartas. Kurt no pudo sentirse decepcionado, porque nada más había aplicado a esas universidades como un plan B. la segunda pila contenía cinco cartas, la mayoría de universidades situadas en la ciudad de sus sueños. Nueva York.

- Tendrás que decidirte por alguna, cariño – lo instó su novio, acomodando las cinco cartas frente a él, como si de las cartas del tarot se tratase – Piensa en que tienes la oportunidad de poder elegir… Yo no fui tan afortunado.

- Es que… no es tan fácil… - se quejó el menor, torciendo el gesto – La mayoría están en Nueva York… ¿Cómo se supone que pagaremos los gastos de mudanza? ¿Y dónde viviremos?

- Cariño, ya sabes que mis padres… - la frase del moreno quedó a medias, cuando el ojiazul alzó su mano para detenerlo.

- De ninguna manera, bebé – negó con su cabeza – No vamos a vivir a costa de tus padres… Hemos sabido resolverlo hasta hoy, sin la ayuda monetaria de nadie… bueno, casi – corrigió – No comenzaremos ahora a ser una carga para ellos.

- Kurt, mis padres ni siquiera saben en qué gastar el dinero – rio Blaine, divertido con la reacción de su novio – Lo único que desean es gastarlo en mí y en su nieta… además, no olvides que venderé mi departamento.

- Blaine, hablamos de Nueva York… - Kurt rodó los ojos – Con lo que te den por él, no estoy seguro de conseguir un lugar decente.

- Exageras, cariño – Blaine no dejó de sonreír, imperturbable, a pesar de la negatividad del menor.

Kurt paseó su vista por cada una de las cartas, comparándolas entre sí, esperando que de esa manera su decisión fuera más fácil.

- ¿Estás seguro de querer salir de Lima? – dudó de pronto el menor, alzando su mirada a la de su novio – Lo digo… por tus padres… ¿No los extrañarás?

- ¿Acaso tú no extrañas a Burt y Carole? – rebatió el moreno, sentándose en el regazo del castaño – Cariño, es nuestra oportunidad de tomar nuestras propias decisiones… Debemos aprovechar que somos jóvenes.

Blaine se inclinó para besarle suavemente, envolviendo el cuello del ojiazul con sus manos.

- Papi… - la dulce voz infantil de Ellie los hizo separarse. La niña acababa de despertar de su siesta, y restregaba uno de sus ojos, mientras permanecía sentada en su cuna.

- Hola, princesa… - el moreno anduvo hacia ella. La pequeña no dudo en extender sus brazos para ser cargada por el mayor - ¿Dormiste bien? ¿Sí? – Elizabeth asintió, aunque no entendiera del todo lo que su padre le preguntaba.

- Iré a preparar un biberón – anunció Kurt, saliendo de su habitación.

El castaño bajó las escaleras, pensando en todo lo que se avecinaba. Sobre él recaía la responsabilidad de elegir el lugar donde vivirían una vez que se graduara, y no se sentía bien. Entendía que a Blaine no le importaba donde estuvieran, mientras permanecieran juntos, pero por alguna razón, se le hacía egoísta decidir algo que les correspondía a ambos.

Cuando regresó a su cuarto, quince minutos después, la escena que lo recibió le comprimió el pecho. Blaine estaba recostado en la cama, mientras que su hija pasaba con poca delicadeza un cepillo por su pelo, acomodando pequeños pasadores para formar moños en el cabello negro de su padre. El ojiazul contuvo las ganas de reír, para no interrumpir su sesión de belleza. Se limitó a tomar su móvil del bolsillo trasero del pantalón, para capturar esa escena en un par de fotografías.

-o-

La joven pareja estaba completamente agotada, e intentaban reponer energías, recostándose en la cama. Aquel día había sido una locura total para ellos, organizando y llevando a cabo el tan esperado cumpleaños de su hija. Todos sus amigos acudieron a la celebración, también sus padres, llenando el departamento de Blaine. La pequeña Elizabeth dormía, totalmente exhausta en su cuna. Junto a esta, una pila de cajas de regalos y obsequios recibidos por cumplir su primer año de vida.

- Creo que tiene abuelos demasiado competitivos – murmuró Kurt, observando el montón de presentes con una mueca – Parecía una competencia de quién traía el regalo más grande – se volteó a mirar a su novio – No quiero que Ellie crezca con ese pensamiento.

- Cariño, son abuelos… se supone que deben consentirla – el moreno lo atrajo a su cuerpo para besarlo – Además, una vez que nos vayamos, Ellie no podrá verlos tan seguido como ahora… No les quites eso, ¿sí?

Kurt asintió, acomodándose en el abrazo que su novio le ofrecía.

- Deberíamos aprovechar que está dormida, ¿sabes? – susurró el ojiazul, haciendo círculos con su dedo sobre el pecho de Blaine.

- Hmm… Que travieso, cariño… - la risa grave resonó en la habitación - ¿No dijiste que estabas cansado?

- No para eso – alzó sus cejas de forma sugerente, para luego robarle un beso al moreno.

Blaine tomó aquello como una invitación, volteando su cuerpo de improviso, aprisionando el de su novio contra el colchón. Con intensidad, capturó la boca de Kurt en un húmedo y necesitado beso, que le quitó el aliento al menor. Las manos experimentadas del castaño, recorrieron los brazos trabajados del contrario, pasando por su espalda, terminando en el borde de su pantalón, apegándolo más a él, para sentir la fricción de sus crecientes erecciones. El ojiazul gimió suave, justo en el oído del moreno, incitándolo a subir la intensidad. Los labios del mayor descendieron por su cuello descubierto, causándole pequeñas corrientes eléctricas al menor, erizándole el bello del cuerpo.

- Oh, Blaine… - gimió Kurt, viendo como éste le desabotonaba la camisa con destreza, dejando su torso al descubierto, para luego cubrirlo de calientes lamidas – Sí… - la temperatura subió rápidamente en la habitación, acompañada del sonido húmedo de sus caricias.

La ropa fue retirada conforme Blaine continuaba su camino de besos, hasta llegar al elástico de su boxer. El moreno alzó la mirada, deleitándose con la profunda expresión de placer en la cara de su novio. Le acarició sobre la tela de su ropa interior, sólo con la intención de desquiciarlo un poco.

- Maldición, Blaine… - gruñó el ojiazul en respuesta, oyendo la risa grave del mayor - ¿Quieres matarme?

- Si supieras todo lo que quiero hacerte – ronroneó, dándole una pequeña mordida en la cara interna del muslo.

- ¡Mierda! – Kurt sintió un calor extenderse por todo su cuerpo, haciéndole jadear. Blaine volvió a subir, acrecentando la frustración del castaño.

- Tienes una boca muy sucia, cariño – se burló, antes de volver a besarlo con ganas. El menor aprovechó esa posición, para quitarle la camiseta negra que llevaba puesta, forcejeando después con sus ajustados jeans. El moreno lo miró divertido.

- Igualdad de condiciones, bebé – dijo, dándole una sonrisa ladina. Su novio sólo rio.

Kurt decidió cambiar de lugar, obligando a Blaine a caer de espaldas contra la cama, para montarse sobre él. Las sensaciones explotaron ante la nueva forma en que sus cuerpos se tocaban, estimulándolos. Pronto, las caricias superficiales, se convirtieron en toques más profundos, sus manos adentrándose en todas partes, buscando el placer del contrario. Sus besos tornándose interminables, fundiéndose en uno solo. La habitación estaba en penumbras, el aire era caliente, y el sonido de sus cuerpos chocando con cada embestida, resonaba suavemente en cada rincón. Los gemidos de ambos se perdían en la pasión del momento, llevándolos al clímax.

- Blaine… Oh, Blaine… - repetía el castaño, sintiendo su estómago contraerse con la potencia de su corrida – Maldición…

- Kurt… Te amo… - siseó sobre el oído del menor, vaciándose dos segundos después, en el interior del mencionado.

Con los cuerpos sudorosos y una gran sonrisa de satisfacción, la pareja se acomodó en un abrazo, cubriéndose con las mantas de la cama, para dormirse profundamente en cuestión de segundos.

-o-

La graduación de Kurt llegó antes de lo que esperaba, recibiendo las felicitaciones de su maestro y el director, además de un premio al esfuerzo, por lograr graduarse, a pesar de todo lo que había vivido esos dos años. Blaine orgulloso, lo envolvió en un abrazo, dándole el ramo de rosas más grande que pudo encontrar. La imagen de su novio yéndolo a alentar en las regionales acudió a su mente, haciéndole sonreír. La siguiente en colgarse de su cuello, fue Ellie, quien ya había comenzado a caminar por si sola.

- ¡Papá! – chilló la niña, para estampar un beso en su mejilla después.

- ¡Hey, princesa! – Kurt la apretujó en un abrazo – Papá ya es un graduado – le dijo, aunque ella no pudiera entenderle.

Algunos de los amigos del castaño se acercaron a ellos luego, para saludar a la pequeña, elogiando lo grande y bella que estaba. El ojiazul no gustaba alardear, pero realmente su hija era hermosa.

No fue hasta el día siguiente a la graduación, que Kurt volvió a tener noticias de la demanda impuesta a los señores Smythe. Oliver Miller se tomó el tiempo de pasar por casa de los Hudmel, para informarle la resolución del juez.

- No sé exactamente cómo, pero ellos consiguieron un arreglo – dijo el hombre, haciendo que el castaño torciera el gesto. No se consideraba a sí mismo una persona vengativa, pero creía en la justicia y se sentía decepcionado de cierta manera – Y sé que el dinero no compensará todo lo que tuvieron que vivir… Aún así, esto es para ti, Kurt – Oliver le tendió un sobre sellado, que el menor no tardó en abrir, curioso de cuánto les había costado zafarse de un tiempo en prisión.

- Oh, Dios mío… - los ojos azules de Kurt se abrieron en sorpresa, inseguro de cómo leer aquella cifra tan larga – Tiene que ser una broma… Es-esto es… m-muchísimo dinero… ¡Santo cielo! – el chico no daba crédito de lo que tenía entre sus manos.

- Teníamos una muy buena defensa, por lo que no tuvieron alternativa – el señor Miller se encogió de hombros, satisfecho de ver la expresión de su cliente – Era eso o la cárcel.

- Y-yo… yo ni siquiera sé… q-qué hacer con todo esto – balbuceó Kurt, aun sin asimilar todo.

- Bueno, Blaine me comentó que pensaban mudarse a Nueva York… - mencionó – Eso les ayudará bastante – señaló el cheque en las manos del menor, dándole luego una sonrisa paternal.

- Muchas gracias, señor Miller… - agradeció sinceramente el castaño – Ha hecho un gran trabajo.

-o-

La vista desde aquel departamento era simplemente maravillosa y Kurt no dejaba de admirar el gran ventanal de la sala. Las voces resonaban con eco, en la habitación vacía; Blaine y Elizabeth recorrían el lugar; ansiosos por querer verlo todo, mientras el castaño no lograba apartar su atención del paisaje frente a sus ojos.

- ¿Qué te parece? – preguntó Blaine, llegando a él con Ellie tras sus pasos.

- Pío, pío… - Ellie señaló el par de palomas que se mantenían de pie sobre el borde exterior del ventanal – Hola… - la pequeña agitó su mano, como si las aves pudieran devolver su saludo.

- Creo que es perfecto – susurró en respuesta a la pregunta de su novio, perdido en sus pensamientos.

- A mi también me encanta – el moreno envolvió la pequeña cintura del castaño, pegando su cuerpo a él para besar la curva de su cuello – Además, tiene una habitación extra que podemos convertir en un estudio… o en un cuarto de juegos… - murmuró.

- Sí… No, bebé… Eso no pasará – bromeó – Será un estudio, definitivamente.

- Entonces, ¿nos quedamos con este? – Kurt volteó para besarle, asintiendo luego – Bien, vamos a firmar esos papeles.

- Papá… - la pequeña jaló el pantalón de Kurt – Pío-pío… - señaló la ventana, y la ausencia de las palomas en esta – No tá… - mostró un puchero y el ojiazul sólo pudo sonreír enternecido.

- Ven aquí… - la tomó en sus brazos – Princesa, podrás ver muchos más pajaritos una vez que nos mudemos, ¿de acuerdo? – Ellie asintió – Muy bien… Ahora, vamos.

Una semana después, Kurt, Blaine y Elizabeth estaba terminando una tediosa mudanza, a su nuevo apartamento en Nueva York. Si bien, no estaban en un sector exclusivo, consiguieron un lugar a sólo unas pocas calles del Central Park, con escuelas y universidades cerca. La pareja ya había decidido buscar una guardería para su hija, pues a Blaine aun le quedaban dos años para terminar su carrera de composición. El moreno finalmente optó por la música, la única cosa en la que él consideraba que podría trabajar el resto de su vida sin aburrirse. En cuanto a Kurt, todavía no se sentía cien por ciento seguro, pero la posibilidad de estudiar diseño estaba conquistándolo.

Por el momento, sólo deseaban acomodarse adecuadamente en su nuevo hogar, crear sus propias costumbres y ver cómo funcionaban las cosas, viviendo juntos por primera vez.

-o-

Las clases habían acabado por ese día, Kurt cursaba su segundo semestre en la universidad, llevando excelentes calificaciones hasta el momento. Como cada día, el castaño pasó por su cafetería favorita, para pedir los croissants que Blaine adoraba, las galletas con chispas de colores para Ellie y un par de muffins para él. Terminada su compra, se detuvo en la guardería de su hija, con la intención de pasar a recogerla, llevándose una sorpresa.

- Elizabeth no está – dijo la mujer, provocando un pequeño espasmo de miedo en el castaño – Blaine pasó más temprano por ella – explicó. El alma volvió al cuerpo de Kurt.

- Oh, muy bien… - puso una mano en su pecho – Él… no me dijo nada.

Salió del lugar, tomando su móvil para marcarle, sin recibir respuesta y siendo enviado al buzón.

- ¿Qué pasa con él? – murmuró para sí mismo, sin entender nada. Blaine jamás pasaba por Ellie, porque sus clases terminaban dos horas más tarde que las de él, tampoco solía tener su teléfono apagado, por si ocurría cualquier emergencia.

Algo estaba mal y un fuerte presentimiento abordó a Kurt, haciendo que sus palmas sudaran y su corazón latiera más rápido.

Se forzó a acelerar el paso para llegar al departamento, pues la ansiedad le estaba ganando la batalla. Rebuscó sus llaves, extrañado de no oír ni un sólo ruido en el interior; por lo general, el lugar se volvía muy ruidoso cuando Ellie estaba en casa. Aquello sólo pudo ponerlo más nervioso.

Abrió la puerta, dejando sus llaves en la mesa junto a esta. Caminó por el pequeño pasillo, llegando a la sala, encontrándose con una escena muy distinta a la que esperaba. La pequeña mesa de café contenía una botella de vino y dos copas, además de un ramo de rosas rojas en un florero. Confundido, Kurt se aproximó a la mesa, dejando su bolsa de compras en el sofá.

- Te estaba esperando… - oyó la profunda voz de Blaine a su espalda y casi soltó un grito del susto. Se volteó en medio segundo, notando que estaba vestido mucho más elegante de lo que acostumbraba – Hola, cariño – le dio una sonrisa de lado.

- ¿Qué es todo esto? – Kurt por un momento temió que se tratara de una fecha especial y que él la hubiera olvidado.

- Yo… quise hacer algo especial para nosotros… - el moreno dio un par de pasos para acercarse a su novio.

- No es nuestro aniversario, ¿o sí? – exteriorizó sus dudas, sacando una risa grave en el contrario, quien negó divertido, con la cabeza – Bien, que alivio – bromeó, relajándose.

- Te decía que… quise hacer algo especial para nosotros… - retomó el pelinegro, envolviendo las manos de Kurt entre las suyas, guiándolo hacia el sofá, para que se sentara, mientras Blaine quedó arrodillado frente a él – Porque… hay una cosa que quiero hacer hace mucho tiempo… - los ojos inquietos de Kurt se removieron, en busca de una respuesta anticipada. Sin poder evitarlo, el castaño comenzó a respirar de forma irregular – Pero, no soy bueno con las palabras, ni el romance… así que pensé en algo sencillo… sólo nosotros dos – se acercó para besarle brevemente – Y, tal vez no sea como tú esperabas… Aún así, debes saber que hice lo mejor que pude… - una risita nerviosa se escapó de sus labios. Blaine lo miró intensamente a los ojos, notando el estado nervioso en el que su novio se encontraba – Creo que con decirte que te amo, y que quiero pasar mi vida contigo no basta… Yo, siento que hay un paso más grande que necesito dar contigo, para que mi felicidad sea completa… - las lágrimas amenazaron con nublarle la vista al menor – Comenzamos nuestra relación totalmente al revés… - rió, siendo secundado por Kurt – Primero tuvimos una hija, luego nos hicimos novios y finalmente nos mudamos para vivir juntos… Así que, intentaremos hacer las cosas mejor desde ahora – Blaine rebuscó en el bolsillo de su pantalón, sin dejar de mirar la expresión de completa emoción en el ojiazul.

- Oh, Dios mío… - susurró, incapaz de contenerse, cuando vio que el moreno sacaba una pequeña cajita de terciopelo.

- Mierda, yo… ni siquiera sé cómo se supone que se hace esto – bromeó, buscando la forma de abrir la caja, ante su expectante novio – Pero… Kurt Hummel… - la caja fue abierta, y las lágrimas de Kurt cayeron al ver el anillo - ¿Te casarías conmigo?

Kurt tuvo que tomarse un momento, para encontrar su voz, perdida por los sentimientos que lo abrumaban. Limpió torpemente la humedad de sus ojos con sus manos temblorosas, y luego se lanzó al frente para besar a Blaine a modo de respuesta.

- Sí… sí quiero – susurró, después de separarse.

Sus bocas volvieron a juntarse, sin tener oportunidad de que Blaine pusiera el anillo en su dedo. La pareja terminó sobre la alfombra, demasiado felices para preocuparles.

- ¡Felicidades! – oyeron un coro de voces, provenientes de la cocina.

- ¿Qué demonios…? – Kurt brincó lejos de su, ahora prometido, para encontrarse con los rostros contrariados de toda su familia.

- Yo… - Blaine se rascó la nuca – Creo que olvidé que ustedes estaban aquí.

- Ya nos dimos cuenta – murmuró Burt, aun cubriendo los ojos de su nieta, para que no presenciara las muestras afectivas de sus padres.

El castaño se puso de pie, sintiéndose avergonzado de ser atrapado in fraganti; acercándose a su padre y su madrastra. Los padres de Blaine también se encontraban allí, quienes abrazaron a los muchachos, felicitándolos por su compromiso.

- ¿Y el anillo? – preguntó Carole, tomando las manos vacías de su hijastro.

- ¿Uh? – sólo entonces, los chicos repararon en el hecho de que nunca fue puesto.

- Aquí está – Blaine recogió la caja olvidada, bajo la mesa de café, regresando junto al ojiazul - ¿Debería volver a preguntarlo?

- Definitivamente – sentenció su madre, recibiendo una rodada de ojos del moreno.

- No es necesario… - pero la frase de Kurt fue interrumpida, cuando vio a Blaine posar su rodilla en el suelo, robándole el aliento por segunda vez.

- Kurt Hummel… - repitió, conteniendo la risa - ¿Te casarías conmigo?

- Sí… - el moreno alzó una ceja, dándole a entender que le faltaba decir algo más. El castaño soltó una risita – Sí quiero.

Entonces, el anillo fue deslizado en el dedo anular del ojiazul, con suavidad; y el momento fue sellado con un beso lleno de amor.


FIN.


Bien;

Como he dicho en capítulos pasados...

Estoy reservando mis emotivas palabras para el capítulo final...

Sé que éste es, pero... Aún nos queda el epílogo, por lo que allí podrán leer todos mis sentimientos en una nota larguísima... Si es que quieren leerla, claro está...

Sin embargo; quisiera aprovechar de agradecerles de antemano a todos quienes me han leído. Quiero que sepan, que aunque no conteste a los reviews, siempre los leo... Sólo que paso a subir los capítulos rápido, porque mi tiempo es limitado.

Pero, ya me tomaré el tiempo de responder a todos en el Epílogo, asi que... Espérenlo con ansias!

Nos leemos!