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C8 – Máscaras
Hermione volvió a despertarse a causa de los ruidos provenientes de la habitación continua.
Esta vez no era la mitad de la noche, el nuevo sol ya le daba la bienvenida. Y tampoco eran ni gritos ni llanto lo que escuchaba… eran más bien ¿cosas rompiéndose?
Con igual desesperación saltó de la cama. Ni siquiera se paró a pensar en qué podía ser lo que estaba sucediendo.
Tampoco pensó en golpear la puerta a pesar que se encontraba cerrada. Sólo cayó en cuenta de todo eso que no había pensado cuando prendió la luz y se enfrentó al panorama.
Draco se encontraba en el medio de la habitación, vestido sólo con sus pantalones, con el pelo completamente desordenado, como quien se lo hubiese tironeado. y el rostro surcado por lágrimas, rodeado por todo lo lo que alguna vez había ocupado un lugar sobre alguna repisa o dentro del ropero. Todo tirado por el suelo, mucho yacía roto… hasta había descolgado los doseles de su cama y dado vuelta el colchón.
El muchacho frenó en seco su arrebato de furia apenas la sintió entrar. Aunque lo más acertado sería decir que había quedado paralizado.
Ninguno de los dos era capaz de decir nada. Lo único que podía oírse era la respiración acelerada d los dos, aunque por distintos motivos. Hermione, impulsada por esa fuerza que la llevaba a hacer cosas que con lógica jamás se atrevería, en dos zancadas surcó la distancia que los separaba y lo abrazó.
Se estremeció al sentir como Draco reaccionaba aferrándose a ella como si fuese su tabla de salvación. Pudo sentir su desolación como propia y las ganas de llorar comenzaron a punzar. Le acarició el cabello con toda la dulzura que fue capaz, sintiendo ella misma como sus dedos temblaban.
Draco lloraba contra su cuello. Probablemente luego se odiaría por ello, pero ahora era lo único que lo reconfortaba aunque sea un poco. Con cada sollozo apretaba aún más el puño cerrado sobre la tela del pijama de Granger. Sentía las piernas débiles y se dejó recargar un poco sobre el pequeño cuerpo que lo sostenía.
Lentamente Hermione, al notarlo, comenzó a caminar hacia atrás hasta llegar al colchón tirado en el suelo. Con la misma tranquilidad, y sin soltarlo, lo fue guiando hacia abajo hasta llegar a sentarse, pero en un giro de los acontecimientos, Draco presionó un poco más, y terminaron recostados.
Como un niño pequeño en una noche de tormenta, la cabeza platino quedó refugiada en el pecho de la Gryffindor, que mecánicamente seguía pasando sus dedos por aquél cabello mientras susurraba palabras para reconfortarlo. Pero Draco no la escuchaba, estaba sumido en una especie de burbuja, aislado de todo… menos de la calidez que el otro cuerpo le brindaba.
Hermione, dueña de una profunda intriga, tomó aire para luego soltar la interrogante, pero él pareció leerle los pensamientos y habló antes.
-Será mejor que te vayas -Su voz sonó tan rota y áspera como quien pasa meses sin usar sus cuerdas vocales. No era exactamente lo que ella esperaba escuchar.
-No lo creo.
-No quiero descargarme contigo, no tengo filtro y sé que voy a ser hiriente
-No sabes lo que dices…
-Sí lo sé, y por ello te estoy pidiendo que me dejes solo -explicó, todavía conservando la paciencia.
-No me iré, tengo una caparazón que me hace inmune a lo que puedas decirme -ella tampoco demostró ningún tipo de exaltación- Sé que no lo dirás enserio.
-Eso es lo que no entiendes. Será verdad todo lo que te diga, pero lo haré de la manera en que sé que te dolerá.
-Entonces tampoco me importa.
-Granger, no seas tan terca…
-Hay cosas que no se pueden evitar… -sonrió- Vamos, dispara… ¿qué tienes que decirme?
-No funciona así -gruñó
-Entonces dime que sucede… -Hermione esperó que la tratara de metiche metomentodo, pero su sorpresa fue recibir un nuevo apretón seguido de otro sollozo. Fuera lo que fuese, a Draco lo estaba atormentando hasta el simple hecho de siquiera pensarlo y ella comenzaba a sentirse como un ogro por presionarlo. -Está bien, Draco… Shhh… está todo bien. Lo entiendo, no hace falta que hables si te hace daño…
-Es mi cumpleaños -susurró muy muy por lo bajo
-Lo sé, Pansy se ha ocupado de que todos lo tengamos en cuenta -sonrió
-Dime, Granger… -su voz se volvió de pronto más fría, y Hermione se preparó para recibir el ataque prometido- ¿Cómo haces para vivir sin saber nada de tus padres?
No se esperaba esa pregunta, mucho menos viniendo de él. La tomó con la guardia tan baja que el pensar en ellos le provocó un vacío repentino en la boca del estómago.
-Yo… sé que están a salvo.
-¿Cómo puedes estar tan segura?
-Les lancé un Obliviate -dijo de una vez, con las palabras casi montándose sobre las otras por la velocidad en que las dejó ir- Tienen nuevas vidas en otro lado del planeta, no saben de la existencia de nuestro mundo… ni de mi... están a salvo -sonrió con tristeza. Draco alzó la cabeza para mirarla, lleno de desconcierto.
-¿Cómo pudis…? -pero la pregunta murió en sus labios. Todavía podía controlar su lengua, y no había que ser muy inteligente para calcular que aquello no debió serle nada fácil a la muchacha… quizás él tendría que haber sido así de valiente.
Hermione tampoco era tonta y supo perfectamente de la acusación que iba a recibir, pero que él se hubiese arrepentido de hacerla, sólo por ella, le valía lo suficiente para no afectarle.
-Me alegro que no tengas que pasar por esta incertidumbre -sonrió con ironía- Despertarte cada día en una casa que no reconoces porque no eres capaz de ver lo que te rodea, que ña gente con la que convives te menosprecie y a ti tampoco te haga mucha gracia compartir tu estadía con ellos, que la información más importante que tengas de tus padres es que los han visto en otro ataque o simplemente que todavía están con vida… ¿Sabes? En sus cartas Snape ni siquiera es capaz de decirme en que condiciones se encuentran… Sólo que vivos. -Hermione afianzó su abrazo. Draco había dejado caer su primer máscara y ella estaría ahí para él- Ni siquiera sé que piensan sobre mi… ¿sabrán que me cambié de bando? ¿creerán que estoy muerto?… ¿Tú que creerías, Granger? -preguntó, y por el silencio que dejó establecerse, ella supo que estaba esperando una respuesta.
-No lo sé, probablemente lo peor… -Draco asintió quedamente.
-Mi madre debe estar destruida… es mi cumpleaños, ella no sabe nada de mi y yo aquí dejando que Pansy me organice un festejo -rió amargamente -Daría cualquier cosa por hacerle saber que estoy bien, pero sé cuan a la mierda mandaría todo este esfuerzo. -Hermione asintió dándole la razón- La extraño, Hermione… ¿tú los extrañas?
-Sí, Draco… muchísimo -Reconoció con la voz estrangulada… Le costaba bastante a hacerse una imagen maternal de Narcissa Malfoy, siempre tan en su pose aristocrática y rígida. Pero aunque Draco no entrara en detalles, la forma en que se refería a ella le era suficiente para saber el amor que tenía para con su hijo y cómo no parecía tener reservas en demostrárselo. Algo cálido le recorrió el pecho al reconocer aquello, a que otro prejuicio cayera y le dejara entrever una realidad más esperanzadora sobre las personas. -¿Quieres hablarme de ella? -Draco rio irónico.
-Es igual a ti -soltó como si fuera un comentario sin peso. Hermione abrió desmesuradamente los ojos al mirarlo, Draco pudo imaginarlo a la perfección… la conocía tanto. -Es muy fiel a sus convicciones, pero antepone a los suyos sobre cualquier cosa… así se encontró apoyando a mi padre en su afán de conseguir grandeza al lado de un mago tenebroso y luego haciendo lo que fuera por protegernos de él… Es una gran mujer.
-Vaya… suena a alguien a quien me gustaría conocer -Draco sonrió.
-¿Quien sabe?… quizás cuando todo esto termine.
-Ojalá, Draco… -dijo con sinceridad. - ¿Y tu padre?
-Es un bastardo -gruñó- al contrario, a él no le importó empeñar a su familia con tal de logar las gracias del Lord… no le importó que me marcaran como ganado, no importó ensuciar a mi madre -a medida que hablaba iba apretando más y más los dientes- Sin embargo, también me gustaría que saliera vivo de ésta… sólo para hacerle frente con lo que he hecho, estoy seguro que tendría el valor de enfrentarlo, me llenaría de placer ver el desagrado en sus ojos, y poder decirle cosas que no me atreví a decirle…ya no soy un crío, ya no le temo. -sentenció. Hermione no pudo hacer más que volver a abrazarlo y besarle la frente.
-Te has convertido en un gran hombre, Draco… tu madre estará muy orgullosa de ti, porque tomaste su camino, no el de tu padre...
-Lo sé… -admitió con tristeza. Se tomó unos segundos antes de volver a hablar- ¿Cómo haces, Granger?
-¿Para qué? -preguntó con verdadera curiosidad.
-Para ver lo mejor de las personas…-Ella sonrió antes de responder-
Simplemente sé que está allí.
-¿A pesar de que te tratamos como si no valieras nada durante todos estos años? -arqueó una ceja, escéptico.
-Me diste motivos para esforzarme en intentar demostrar lo contrario… el truco está en buscarle la vuelta positiva a las cosas, sino vivirás deprimido por lo que el mundo te hace.
-¡Vamos!, no puedes decirme que no te dañaba lo que te decía… ponía todo mi esmero en ello, ¡estás tocando mi orgullo! -bromeó haciéndole reír.
-Créeme que varias veces tuve que controlar mis ganas de matarte, hurón… poro ¿qué puedo decir?, soy incapaz de odiar.
-¿A nadie?
-Bueno, a Voldemort sí, por supuesto… -se encogió de hombros- Pero no es una acción que se me de fácil… si me dejara afectar por todo, no perdonara y generara resentimiento, me habría quedado sola en primer año, no estaría aquí contigo, no estaría de novia con Ronald… -aquello último provocó su ya tan conocida punzada.
-Yo creo que eso último deberías replanteártelo.. -dijo, pero a pesar de su sinceridad, Hermione lo tomó como una broma, soltando una carcajada.
-Tengo un regalo para ti –soltó de repente. En otra circunstancia, con cualquier muchacha de su gueto, Draco podría tranquilamente haberle dicho que no se molestara, que él mismo podía servirse de su boca. Pero era Granger con quien estaba hablando y esa no era, definitivamente, una variable posible.
-Él único regalo que quiero es quedarme aquí, así, hasta que sea irremediable el tener que bajar y enfrentar el mundo -admitió- ¿Me regalarías eso, Granger? ¿Te quedarías conmigo?
Y ella lo supo. Supo que decir que sí era aceptar algo más que quedarse un rato con él allí. Supo que estaba aceptando darle algo más que su tiempo y compañía. Supo que las palabras de Malfoy tenían un trasfondo, un sentido oculto. Claro que lo supo… y claro que igualmente dijo que sí.
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-¡No voy a desperdiciar todo este desayuno… iré a bajarlo aunque tenga que hacerlo arrastrándolo de sus cabellos! -chilló una morena dando vueltas alrededor de la mesa del comedor.
-Tú no irás a ninguna parte -Theodore la sostuvo del brazo al momento en que intentó cruzar la puerta. -Déjalo en paz -Pansy se cruzó de brazos como digna niña caprichosa.
-Pans, -habló Blaise- lo escuchaste hablando con Granger, y si Granger tampoco bajó aún es porque siguen juntos… no le cagues el momento.
-No te dejaremos cagarle el momento -ratificó Theo. Pansy dio un pequeño saltito de enfado en respuesta.
-Odio a Granger
-Creí que Granger era tu nueva amiga…
-Ni siquiera va a lograr un buen regalo de cumpleaños follándosela, deben estar hablando aburridamente, mientras yo aquí le preparé todo este desayuno…-Blaise se acercó hasta ella y la abrazó protectoramente.
-Es Granger, obviamente Draco no tendrá tanta suerte. Pero extrañamente él disfruta de su compañía, así que cubrámoslos mientras podamos. Le obligaré a comer todo este desayuno cuando baje, así sea la hora de la cena.
-¡No, qué tengo más comida para la cena! -exclamó en un chillido, provocando la risa del moreno -Voy a dejarles el desayuno en la puerta -sonrió conforme con su idea.
Theo negó con la cabeza. Pansy era incorregible. Única en su especie.
Por ello mismo sabían que no había nada que pudieran hacer para impedírselo y la dejaron con su quehacer.
Con todos los platos con tartas, los budines, las tostadas, las tazas, la tetera y demás elementos flotando detrás de ella, fue subiendo las escaleras mientras contorneaba las caderas como si se tratara de una pasarela de moda.
Minuciosamente acomodó los objetos hasta que quedó conforme con su disposición y apariencia, y como una niña pequeña, golpeó la puerta y bajó rápidamente el primer tramo de las escaleras, lo suficiente para que no lo vieran pero bastante cerca como para escuchar cuando abrieran, riendo por su travesura.
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Hermione se quedó estática viendo el despliegue de platillos que descubrió al abrir la puerta. Se restregó los ojos, todavía víctima del sueño y volvió a clavarlos allí. Tardó sólo un par de segundos en que sus neuronas terminaran de despertar y deducir que todo debía ser obra de Pansy.
-¿Granger? -le llamó Draco llegando a su espalda, intrigado por su tardanza.
-Hay un desayuno como para cinco personas en la puerta.
-Pansy -sonrió de lado.
-Lo supuse.
-Éntralo. Será mejor que lo comamos, no quieres saber como se pondrá sino… -Hermione sonrió, no hacía falta conocerla mucho para imaginárselo.
Sin darle mucha vuelta más al asunto, Draco se volvió a adentrar a la habitación y a tientas volvió a acomodar el colchón sobre la cama, sentándose allí.
Hermione, con un movimiento de varita fue transportando la bandeja desde la puerta hasta donde estaba el muchacho.
Fue un simple segundo, cuando de refilón le llamó la atención un cuaderno de tapa de cuero negra, que en el ataque de furia de Draco había terminado al lado de la puerta. No lo pensó mucho, pero luego la culpa la atormentaría durante el resto del día… aprovechando la floritura de su varita del encantamiento anterior, lo hizo desaparecer y lo envió hacia su cuarto. Se mordió el labio con fuerza. Ni siquiera sabía porque había hecho algo semejante, y el haber aprovechado la ceguera de Draco para hacerse de ese cuaderno, la hacía sentir una peor cucaracha.
Estaba a punto de excusarse, ir a su habitación y volver a traerlo, cuando Draco decidió hablar.
-Voy a necesitar tu ayuda aquí… No es muy educado que toquetee todo para saber que estoy comiendo -admitió con cierto tinte de vergüenza. Hermione le sonrió con ternura antes de sentarse a su lado.
-Hay té y jugo de calabaza para beber. Hay pastel de melaza, pudin y tostadas con mermelada… -comenzó a enumerar
-¿Mermelada de manzana y arándanos? -interrumpió con la ansiedad característica de un niño.
-Si, aquí está… -le tendió el platillo que Draco tomó de inmediato.
-¡Esa es mi chica! -celebró. Y Hermione podría jurar que vio sus ojos brillar.
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Junio 5, 1997
Esa terrible carga de, pese a mi juventud, no sólo aparentar sino también hacerme cargo, de lo que debería con al menos cinco años más. Me condena mi seriedad metódica, quizás hasta impropia para alguien de mi edad.
Tal vez haya madurado antes, pero eso significa que cada vez los desafíos serán mayores, que se definirán los rumbos de las puertas que se me abrirán.
O quizás el calendario pase sin importancia, quizás decida arrojarme al lago o hacer un viaje por tierras impensables para mi linaje, con el único fin de huir de mi destino que no es mio, de terminar este viaje fuera de las tinieblas, brillar por fin, más allá de mi fin.
Hermione cerró el libro rápidamente, como si eso menguara la gravedad de lo que había hecho.
No había manera de justificarse, desde que vio el nombre completo de Draco, escrito prolijamente en la primera página de aquél libro, supo que se trataba de su diario. Pero igualmente lo abrió. Lo abrió y lo comenzó a leer.
Ese era el primer escrito, no se había atrevido a seguir leyendo. Confirmado que se trataba del diario de Malfoy y estar leyendo sus secretos de primera mano, convertía su acción en una violación de primer grado.
Lo peor era que sabía y no iba a evitarlo porque no podía hacerlo… iba a seguir leyéndolo.
Le atraía en demasía la oscuridad de sus palabras, la sinceridad de sus pensamientos, la desnudez de sus sentimientos. Pensar que alguna vez hasta había dudado que Malfoy los tuviera… ¿qué más prueba que aquella?
El escrito tenía exactamente un año. Justo poco antes que todo el infierno se desatase.
Ella también había empezado a escribir en ese período, quizás un poco antes… era como si explayar en palabras la vorágine de sentimientos que la agobiaban la ayudara a mantenerse un poco más cuerda.
¿Lo habría hecho él con el mismo fin? La temática de su texto le daba una repuesta afirmativa. Él también necesitaba escapar de todo lo que estaba pasando. Y tener esa versión y no la que él mostraba, orgulloso de su familia, su procedencia y su marca, lo hacía un ser más humano, lo acercaba a esa versión que ella estaba empecinada a forjar sobre él.
Estaba a punto de volver a darle una leída, cuando escuchó la puerta de la biblioteca abrirse.
-Hermione, ¿estás aquí? -La voz de Ron le resultó inconfundible.
-Si, estoy aquí -respondió para que la encontrara.
Ron apareció con su cabello colorado todo desordenado y una sonrisa adormilada desde las estanterías. La imagen le representó una ternura tal que fue incapaz de no sonreírle.
-¿Qué haces aquí?… ¿Qué leías? -repreguntó dirigiendo la vista al libro que tenía apoyado en el regazo, dado que la respuesta a la primer pregunta era demasiado obvia. Hermione bajó la vista hasta sus manos. El libro estaba recubierto a un cuero negro, como escamoso, similar a la piel de una serpiente, o un Dragón. Sonrió, ¿podía ser de otra manera?
-Es un libro de magia negra -mintió- Estoy buscando alguna solución para la maldición de Malfoy -Ron asintió un tanto incómodo. No le gustaba mentirle, pero tampoco era tonta, y por las características del libro no podía decir tampoco que se trataba de literatura muggle.
-No me gusta que estés fisgoneando entre ese tipo de magia…
-Estoy agotando recursos… -se justificó. Ron chasqueó la lengua.
-Tampoco veo por que tienes que hacer tú todo esto… sus amigos podrías ocuparse.
-Ron, ya hemos discutido sobre esto… déjalo estar -le pidió, y extrañamente, Ron accedió, por lo cual estuvo más que agradecida.
-Entonces… ¿ningún avance? -Hermione le sonrió, le gustaba cuando el fingía interés a pesar de sentir completamente todo lo contrario.
-No -suspiró- Estoy comenzando a sospechar que el Profesor Snape tenía razón, que se trata o de una combinación, o de un hechizo inventado por alguna familia sangre pura… Theodore comenzará a evaluar lo primero, y ver si puede lograr alguna combinación… ya no sabemos como buscar -se encogió de hombros.
-Quizás… quizás mi padre pueda conseguir en el ministerio el archivo de maldiciones creadas ilegalmente… tal vez figure algo -Hermione abrió los ojos con sorpresa.
-¿Harías eso? -preguntó con ilusión- Ese listado podría sernos sumamente útil. -Esta vez fue Ron quién se encogió de hombros… no estaba muy convencido de lo que estaba haciendo, pero si ello la haría sentir mejor a su novia, lo haría con gusto… aunque significara también ayudar al hurón.
-Claro… -Apenas terminó de pronunciar la palabra cuando Hermione se le había arrojado encima abrazándolo por el cuello.
-Eres el mejor, Ron… ¡Gracias!
-Por ti lo que sea -le susurró al oído, haciéndola sonrojar. Ella le respondió con un pequeño beso en los labios antes de separarse completamente y mirarlo a los ojos.
-Entonces… ¿te portarás como todo un caballero esta noche, verdad? -Ron bufó
-Estoy completamente en desacuerdo que se lleve a cabo una fiesta en estos momentos -dijo con seriedad- No soy capaz de participar de algo así aún… menos por el cumpleaños de esos dos… Probablemente ni aparezca, así que no tendrás de qué preocuparte. -Hermione asintió respetando su opinión, lo de Fred todavía estaba demasiado fresco como para presionar allí.
-Piénsatelo… te extrañaré -le sonrió con cariño, peinándole el cabello con los dedos.
Ron la besó con ímpetu. Y a Hermione le resonaron como un alerta roja las palabras de Pansy. Sobre todo cuando el pelirrojo intentó imprimir un poco más de pasión, inmiscuyendo su lengua y haciéndola recostar en el sillón.
Piel vs cariño.
Había algo que no funcionaba bien allí.
Cuando Ron comenzó a acariciar su cintura, buscando el borde de su camiseta para colarse por debajo, aquello le hizo más ruido que nunca. Definitivamente no funcionaba así.
-Ron -lo frenó sosteniéndole la mano por la muñeca- Perdóname, pero no… aún no estoy lista -"Y no sé si alguna vez lo estaré" ¿ahora la voz de su consciencia sonaba como la de Pansy Parkinson? ¿Pero qué demonios?
-No pasa nada, preciosa… discúlpame tú. Me dejé llevar y fui muy rápido -Hermione asintió sin mirarlo a los ojos y no dijo más nada, era incapaz de apartar a Parkinson de su cabeza… Maldita serpiente que había plantado ideas.
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Estaba frente al espejo mirándose con aparente decisión. Sus ojos verdes estaban fijos en su reflejo, mientras sostenía unas tijeras con fuerza.
Con la mano que le quedaba libre acarició su larga cabellera negra. Nunca se lo había dejado crecer tanto… nunca había tenido cuestiones que le ocuparan la cabeza más que el mantener su imagen.
Debía admitir que el estilo no le quedaba nada mal. Conservaba un cabello brillante y sedoso, tanto a la vista como al tacto. Unas pequeñas ondas formadas por su propio espesor cortaban el lacio llovido con el que caía naturalmente.
Siguió peinándolo con los dedos. Llevaba rato allí adentro y por lo único que era consciente de ello era por los gritos de Theo y Blaise pidiéndole que se apresurara en abandonar el baño, que ellos también querían alistarse.
Se había vestido para la ocasión un una blusa color rojo vivo, sin mangas pero con cuello alto, era semitransparente por lo que debajo llevaba un corsette blanco que enmarcaba su figura, y un pantalón short negro tiro alto, holgado al punto de parecer una falda cuando estaba parada. Estaba hermosa, pero sin embargo, al mirarse al espejo por primera vez, algo no la conformaba… y lejos estaban de ser las delicadas sandalias bajas a juego.
Fue entonces cuando comenzó a evaluar su cabello. Tardó poco tiempo en ir en busca de las tijeras; el problema fue usarlas.
Había algo demasiado profundo en ese simple acto para ella, por lo cual quería llevar a cabo el ritual que merecía. No le bastaba con comenzar un nuevo año de vida esa medianoche, necesitaba algo más que marcara un cambio en ella. La guerra había formado una nueva Pansy, y necesitaba exteriorizarlo de alguna forma… Quizás cortarse el cabello no fuera la más significativa, pero fue la que la conformó de momento.
Cambiar podía ser también volver a lo que alguna vez había sido, se dijo y cerrando los ojos dando el primer tijeretazo.
Luego de ese, los demás fueron más sencillos de llevar a cabo.
Esta vez, sus ojos brillaron a ver la imagen que se le devolvía. Su yo de quince años le decía que todo estaría bien, que ahora era quien era, sin más máscaras que sostener para aparentar.
Sacudió su melena, ahora por los hombros, y sonrió, sintiéndose plena por primera vez en mucho tiempo.
Suspiró, alzó la cabeza y tomó el pomo de la puerta.
Ahora sí era capaz de enfrentar el mundo y darle la bienvenida a un nuevo año en su vida.
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Pansy estaba bastante enfadada con Weasley y Potter por haberse auto reclutado en su habitación negándose rotundamente a participar del festejo.
No es que deseaba contar con su presencia allí… pero había preparado un gran banquete que se echaría a perder si esos dos trolls seguían negándose a unírseles.
Y para colmo, Granger todavía no daba señales.
Sus tres amigos parecían bastante absortos en sus bromas, cuando la cabeza de la castaña se asomó por las escaleras y le chistó.
-Pansy… necesito ayuda aquí -le pidió apenada.
Pansy suspiró burlonamente y sacudió la cabeza antes de subir a socorrerla
Al encontrarse con ella, disimuló su sorpresa ante lo bien que se veía, y la miró expectante, alzando una ceja.
-Yo… ehmm… no sé maquillarme -Pansy estuvo apunto de soltar una carcajada ante la confesión, pero se obligó a mantener la seriedad.
-No lo necesitas -dijo sin más -Estás perfecta así como estás… diría que te ves incluso mejor que yo, pero ni loca admitiría eso en voz alta -le guiñó el ojo -Sólo te delinearé un poco los ojos… pero ¡maldita! Hasta las pecas se ven bien en ti…
Hermione rió bajando la cabeza, sin saber todavía como reaccionar a los halagos. Ella no era una chica que los recibiera con frecuencia, y mucho menos tan enfáticamente. Era irónico que fuera de la mano de los Slytherins que experimentara su mayoría.
Le hubiese gustado demorarse un poco más, darse una segunda, o hasta tercera, vista al espejo… pero Pansy, acabada su labor, enlazó sus brazos y tiró de ella escaleras abajo.
Blaise y Theo, instantáneamente giraron a Draco hacia las escaleras cuando las vieron aparecer. A pesar que no pudiera verla, Granger estaba digna de tener todos los ojos puestos en ella.
-¿Qué sucede? -preguntó desconcertado
-Granger…
Hermione no era capaz de sostenerles la mirada, así que disimulaba hablando con Pansy o simplemente mirándola a ella. Siempre admiró la comodidad con la que se manejaba teniendo toda la atención puesta encima.
Dentro de toda la ropa que Parkinson le había obligado a comprar, había creído que eso era lo más discreto y acorde al festejo. Había optado por un vestido, también sin mangas y con cuello cerrado. Era color verde, con unos detalles en dorado que le daban mucho brillo, y otros pocos en negro; en la parte de lo que sería el escote, tenía unos lindos detalles en pedrería azul. La parte del torso iba bien pegada al cuerpo, pero la pollera hasta la rodilla era más bien vaporosa. Lo acompañaba con unas botas caña corta de taco, color negro. Se había alisado el cabello con pociones y luego de hacerse la raya de lado, se ató los lados en una media cola, sujeta con un broche.
-Así que la rata de biblioteca tenía piernas… -admiró Blaise mirándola despreocupadamente de arriba a abajo. Theo le pegó un empujón en el brazo.
-Te ves muy bien, Granger -re formuló el castaño. Draco frunció el gesto.
-Me gustaría, realmente, sumarme a los halagos… -musitó. Ella le sonrió con ternura y cambió el brazo de Pansy por eso suyo.
-Mejor, no me siento cómoda con tantos piropos… recibir uno tuyo sería apocalíptico -bromeó- Feliz cumpleaños -le besó la mejilla. Y si hubiese prestado un poco más de atención, hubiera notado como los colores ascendían por el pálido rostro del rubio, lo que no pasó desapercibido para sus amigos.
Al momento de sentarse a la mesa, Pansy amenazó con tirarles la puerta abajo, por lo que Harry y Ron no tuvieron alternativa de salir.
Lo peor para ellos fue salir con sus fachas y encontrarse con los elegantes atuendos de sus compañeros. Ambos quedaron de mandíbula abierta al ver a las dos muchachas y miraron con recelo los elegantes trajes negros de las tres serpientes.
Con una tonta excusa volvieron a desaparecer, y volvieron ataviados en los pantalones de vestir negro del uniforme, Ron con una camisa blanca y Harry con una negra, que era lo más acorde que habían encontrado.
Todos los Slytherins se obligaron a no reírse en sus caras, y Hermione se acercó con ternura a acomodarles los cuellos y besar dulcemente a su novio.
-Hermano, la verdad, a veces deberías estar agradecido por las cosas que puedes evitarte ver -susurró Blaise con desprecio al ver la escena. Draco al imaginarse la situación compuso su característica cara de asco.
-Pero se está perdiendo ver el gran trabajo que hice con la mojigata -agregó Pansy con picardía.
-No me lo recuerdes -gruño. -Espero que no te hayas pasado…
-¡Me ofendes! -exclamó con fingida ofensa- conoces mi buen gusto, Drake. Granger es la medida justa de elegancia, y sensualidad…
-Oh, cállate, serpiente...
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Los intentos de Hermione por unir los dos grupos parecían en vano.
Si bien la cena había transcurrido en paz y hasta habían logrado mantener una conversación en común, nada trasgredía más de eso.
Al momento en que Pansy puso música y se puso a preparar tragos, Harry y Ron se fueron a sentar al sofá, mientras los Slytherins reían y bailoteaban divertídamente.
Si le hubiesen preguntado en Hogwarts, Hermione hubiera apostado su varita que el concepto de diversión de los grupos estaba invertido.
Ella se había mantenido en terreno neutral, parada con un trago en la mano que Pansy le había preparado "especialmente" y no se atrevía a probar, hasta que Blaise se acercó a ella con todas las intenciones de bailar.
-Oh, que no se te ocurra, Zabini…
-Ya se me ha ocurrido -le guiño el ojo mientras le tendía la mano
-Soy pésima bailando -se excusó, pero de igual manera le aceptó.
-Te he visto defenderte en el Torneo de Tres Magos, a mi no me engañas… si pudiste dejarte guiar por el troll de Krum, conmigo será tan fácil como andar en escoba…
-No sé andar en escoba -replicó ante la mirada sorprendida del chico- Además… ¿qué es lo que tienen todos contra Viktor? -se quejó indignada. Blaise chasqueó la lengua y rió, pero no le dijo nada
Dejándose guiar por el moreno, Hermione payaseó en la improvisada pista de baile, porque de ninguna manera podía decirse que lo que hacían era bailar.
Pudo sentir la vista de Ronald clavada en su nuca, más eligió no seguirle el apunte y divertirse como estaba haciéndolo. Si él no era capaz de adaptarse y disfrutar, no era su culpa.
Su mirada fue a parar a la también improvisada barra, donde Draco hablaba con Pansy… demasiado cerca, según su apreciación.
Más incómodo le resultó ver como Draco recorría el rostro de Pansy con sus dedos, como reconociéndola, mientras ella se mantenía estática con los ojos cerrados. Vio como sonreía y le decía algo cuando le acarició el cabello descubriendo su reciente corte. Vio como sus manos comenzaban a bajar por su cuerpo, deteniéndose en las texturas de su ropa. Tragó en seco.
-¿Celosa? -la voz de Blaise sonó lejana, pero lo suficientemente cerca como para sacarle de su burbuja.
-¿Eh? ¿Qué? ¿Yo? No… ¿De qué hablas? ¿Porqué…? ¿Por qué lo estaría? -Blaise soltó una carcajada ante el atropellamiento de preguntas
-No les quitas la vista de encima… Y te noto un tanto incómoda.
-No, en absoluto -negó, demasiado rápido y fuerte como para sonar natural. -Además sé que entre ellos no pasa nada… ¿verdad? -necesitó corroborar
-Verdad. A Pansy le interesarías más tú que Draco… o que cualquier otro chico, aunque no es el caso… No sé si me explico.
-Oh… -a Hermione le cayeron mil fichas de golpe. Sonrió- Entiendo… De todos modos, yo tengo novio.
-¿Y me lo aclaras a mi porque…?
-Porque crees que estoy celosa. -espetó con superioridad.
-Ah, ya… y esa es tu prueba irrevocable. Claro. Lo que tú digas… -Odiaba ese tono de los Slytherins. Parecía de manual, todos lo utilizaban. Esa manera de decirte: "piensa lo que quieras, yo manejo la verdad absoluta".
Estaba buscando las palabras para discutirle cuando vio a Draco caminar directo hacia ella. Era increíble la seguridad y confianza que emanaba al moverse,a pesar de su ceguera. No necesitaba nada para guiarse, como si hubiese nacido en el lugar, o las cosas fueran a correrse de su paso para dejarle el camino libre.
-Blaise, no monopolices a los invitados… después de todo es mi cumpleaños.
-Sólo tenías que pedirlo, compañero. -le palmeó el brazo y tomó la mano de Hermione para depositarle un beso, caballerosamente -Un place compartir este baile con usted, señorita Granger. -Hermione exageró una reverencia tomándose el borde de la falda.
-El placer ha sido mio, Señor Zabini
De repente todo se volvió más tenso con la partida de Blaise, el aire era más pesado, hacía mucho más calor…
-No paran de halagarte, Granger… debés de estar muy hermosa, verdaderamente.
-Una pena que no puedas juzgar por ti mismo… -fingió seguridad. Sabía que era la única manera en la que podía manejarlo sin morir de vergüenza en el intento.
-Realmente… aunque me conformo con el honor de saber que te has vestido así en mi cumpleaños… ¿te has puesto así para mi, Granger? -Draco se acercó peligrosamente, y su voz sensual no ayudó a mantener sus ideas despejadas. Recorrió el lugar con la miada buscando auxilio pero Ron y Harry se habían ido y los Slytherins estaban completamente en sus asuntos.
-Oh, lamento romper tu corazón, pero en realidad ya sabes… lo hice por Pansy.
-Cierto… -sonrió de lado.
-Yo… tengo mi regalo para darte, está en mi habitación.
-Si quieres llevarme a tu habitación, sólo tienes que decírmelo, querida…
-¡Draco! -le reprendió- quédate a aquí, subiré a buscarlo
-Déjame acompañarte -le pidió, pero por la forma en que la tomó del brazo y se echó a andar, fue más bien una orden.
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-Toma… -le tendió un gran paquete de forma cuadrada, apenas ingresaron a la habitación. -Feliz Cumpleaños, Draco.
-Era verdad… -susurró en voz baja, como si realmente le costara creer que le había comprado un regalo. -No era necesario…
-Pero quise hacerlo -replicó- Anda, ¡ábrelo! -le insistió ansiosa. Draco dejó escapar una sonrisa.
Se sentaron en la cama y Draco se ocupó de desenvolver el paquete. Hermione le ayudó a sacar un libro enorme y a abrirlo aleatoreamente en una de sus páginas. Le tomó de la mano y lo guió para que pasara las yemas de sus dedos sobre el papel. Draco sintió pequeñas elevaciones.
-Es un libro que enseña braille, es un sistema de lectura y escritura muggle para las personas que no pueden ver… Creí que te sería útil aprenderlo en este tiempo, mientras con Theo buscamos una solución… -Un dedo sobre sus labios la obligó a callar.
-Gracias -dijo. Y fue la palabra más sentida que Hermione recibió en mucho tiempo. No pudo hacer más que asentir. -Deberás ayudarme a aprenderlo…
-¿Yo? ¿Enserio? -su voz chillaba a causa de la emoción- ¡Me encantaría!
-Es un trato, entonces…
-Lo es -sonrió. -Ahora… ¿volvemos? -le invitó tendiéndole la mano mientras se ponía de pie. Draco se la tomó pero sin intención de pararse.
-Sólo un momento más… sólo una cosa más… -Hermione se tensó ante el pedido, pero esperó pacientemente- ¿Puedo pedirte un último regalo de cumpleaños? -Hermione asintió y Draco a pesar de no verla, pudo identificar aquél gesto- Descríbete… quiero saber que llevas puesto esta noche, que es lo que todos tanto te halagan… que te has puesto para mi. -Hermione se vio incapaz de refutarle esto último, los nervios nublaron cualquier resquicio de buen juicio que podía quedar en ella. Simplemente se humedeció los labios y habló.
-Un… un vestido -tartamudeo- Un vestido verde. -Draco enarcó una ceja
-Vaya… ¿así que verde, Granger? -sonrió de lado- Aunque… podrías ser más específica.
-No sirvo para esto…-se justifico. Y fue entonces cuando su lengua fue más rápido que su cerebro, sin vuelta atrás -¿Por qué no te fijas tú? Como hiciste con Pansy… -y Draco sintió el fuego arder internamente. En cualquier otro momento le podría haber chicaneado sobre la atención que había estado poniendo sobre ellos, pero ahora… ahora no podía decir nada que pudiese provocar, aunque remotamente, que ella diera marcha atrás. No podía darle ni motivos ni tiempo para que se arrepintiese y se fuera.
Con suma parsimonia se puso de pie para quedar a su altura y estiró su brazo hasta sentir el contacto de su piel. Al igual que había hecho con su amiga, primero se paseó por su rostro, aunque se deleitó mucho más, tomándose más tiempo entre movimiento y movimiento. Su piel era tan tersa como recordaba de aquél pequeño contacto en el día de la batalla. Luego descubrió que su cabello estaba alisado y casi soltó un gruñido. Lo peinó hasta que sus puntas lo dejaron al borde de sus hombros, donde aprovechó para desviarse hacia la parte más interesante.
Paseó por su cuello, contactando por primera vez con su vestuario
Hermione era incapaz de moverse, sobre todo cuando sentía los apenas perceptibles temblores que Draco profesaba al tocarla. Por alguna razón él estaba nervioso, y ello le producía una mezcla entre vergüenza y poder.
Su respiración se aceleraba con cada movimiento, provocando que su pecho subiera y bajara con violencia.
Draco recorría los contornos de su cuerpo con la mayor delicadeza que era capaz, más de una vez se había reprendido mentalmente por presionar más de lo moralmente aceptable, aunque en realidad justamente era de eso de lo que más ganas tenía.
Nunca había tenido que poner tan en juego su auto control. Granger le estaba dando vía libre para deleitarse con su cuerpo, para recorrer sus sinuosas formas, y él debía mantenerse a raya.
Cuando llegó al borde de la falda no pudo controlar el impulso de acariciar la piel que se escondía debajo. Granger gimió. Fue justo en su oído, y sonó tan jodidamente sensual que todo se fue a volar al mismísimo infierno.
Se quedó quieta. Endemoniadamente quieta. Y él subió la mano sin pudor por el largo de su muslo.
No sólo no estaba oponiendo resistencia, sino todo lo que sentía de su cuerpo estaba rendido a él. Ni siquiera lo hizo cuando él apoyo todo su cuerpo contra el suyo, haciéndole notar la urgencia de su intimidad. Sólo movió la cabeza hacia atrás, contorneándose como un jodido felino.
Le obligó a mirarla. Claro que lo hizo. Porque lo que estaba a punto de hacer él era una completa locura y necesitaba, o bien un signo para frenarlo, o uno que le diera su aprobación.
Le ponía de los pelos no poder mirarla, no poder saber que gestos dominaban su rostro, tratar de interpretar en su mirada que estaba sintiendo, que estaba pensando. Volvió a utilizar su mano para recorrerla: los ojos cerrados, las mejillas calientes, los labios separados…
Lo había decidido, ya estaba saboreándola, cuando, como no podía ser de otra manera, un estruendo los interrumpió.
La burbuja se rompió de inmediato, haciendo que Hermione se sobresaltara.
Los ruidos provenían de la puerta, incesantes, pronto se sumaron los gritos de Pansy llamándola.
No lo pensó mucho, Hermione hizo a un lado cualquier rastro que quedara de aquella locura que había vivido, tomó del brazo a Draco y los apareció en el comedor.
Los golpes allí abajo se continuaban, abajo no había rastros de sus amigos y los Slytherins la miraban sin saber que hacer.
-¿Quién es? -habló lo suficientemente fuerte para que su voz se escuchara por sobre los golpes. Éstos cesaron de inmediato.
-Los Weasley -la voz de Molly sonaba intranquila, de un modo que le puso la piel de gallina. Cuando estiró la mano sobre el pomo para abrir la puerta, Draco le puso la suya encima y le negó con la cabeza con un gesto de advertencia. Enseguida lo entendió.
-Digan algo que sólo ustedes y yo podamos saber -fue lo único que se le ocurrió pedir.
-¡Déjenme a mi! -reconoció la voz de Ginny al otro lado- Ginny Weasley es tu mejor amiga y es la única persona que sabe que hasta tercero usaste un pijama de los Ositos cariñosos. -Hermione se puso roja de golpe, ¿acaso no tenía otra anécdota?. Fulminó con la mirada a Blaise que preguntaba a viva voz sobre "¿los ositos qué?"y abrió la puerta.
La imagen la desarmó por completo.
Frente a ella el matrimonio Weasley junto a Ginny, Luna y el profesor Lupin la miraban con lo que sólo un ataque podía dejar como consecuencia. Ropa rota, heridas, polvo. Y sobre todo, esos rostros llenos de tristeza y cansancio.
-Los mortífagos han atacado la Madriguera -anunció Remus mientras le tendía una máscara de aquellos seguidores al Señor Oscuro, la cual tomó temblorosa.
La fiesta había llegado a su fin.
n/a: Hola! Un poquito más tarde de lo habitual, pero aquí estoy cumpliendo!
Más de una querrá matarme por como dejé las cosas, pero no creo que ninguna esté más frustrada que Draco xD
Me causaba mucha risa como vienen tirando parejas para Pansy. Venía siendo sutil con las indirectas, pero bueno, esta vez fui un poco más explícita, espero hayan captado por donde va el personaje.
El loock de Hermione lo basé en el de Emma Watson para a revista Vogue del mes pasado, por si lo quieren chusmear!
Acá tienen para quienes extrañaban a Ginny y Luna :)
Ya saben que cualquier duda me la hacen llegar por un rr que siempre los respondo... al igual que las criticas o lo que sea :)
Un beso grande a todas, que tengan un gran fin de semana y un muy feliz día de las madres para quienes son mamás en Argentina!
Hasta el viernes que viene :)
Ilwen (16/10/2015)
