Recomendación musical:"I put a spell on you – Creedence Clearwater Revival"


AVISO: Si no han visto las tres primeras películas de la saga Star Wars (Espidodios IV, V y VI), y les molesten los spoilers, seguramente quieran andarse con cuuidado en este capitulo :)


Cap 25 – ¿Dulce o truco?

—¡Ha llegado Santa! —Canturreó George cargando una bolsa roja sobre su espalda. Todos en el comedor lo miraron interrogantes. Se suponía que sólo iba al Refugio a buscar algunas de sus pertenencias que todavía quedaban allí luego de la destrucción de La Madriguera. Poco a poco parecía que George empezaba a tomar la Mansión Black como lugar de pertenencia, aunque en realidad poco se dejara ver en las zonas comunes, ya que cuando no estaba trabajando en la tienda de bromas se mantenía reclutado en el ático.

—Yo entiendo que aquí perdamos un poco la noción del tiempo... —Habló Hermione. —Pero mañana es Halloween, no Navidad…

—Ya lo sé, mi pequeña sabelotodo. —Dijo el pelirrojo.—Pero eso no me ha impedido ser el ser bondadoso que alegrará un poco la estadía de sus pobres almas en este lugar… —Y antes que siguieran mirándolo con los entrecejos fruncidos, o peor, comenzaran a hacer preguntas, abrió la bolsa sobre el suelo y con un gesto los invito a acercarse.

Todos se pusieron de pie automáticamente, más Hermione fue la primera en acercarse a la bolsa para inspeccionar. Temía por lo que pudiese haber dentro, pero sobre todo temía porque fuera algo inapropiado y Blaise lo encontrara primero. Pero al ver lo que había en su interior tuvo que ahogar una exclamación en la palma de su mano.

—¡Harry! —Chilló luego. —¡Mira! -Exclamó mientras sacaba un raro artefacto de forma rectangular con algunos cables saliendo de uno de sus lados. Los ojos de Potter se iluminaron de forma tal que el resto de los presentes terminó de desconcertarse.

—Pero, ¿también hay…? —La pregunta quedó inconclusa cuando Hermione empezó a asentir efusivamente con la cabeza. El muchacho por poco y se zambulle dentro de la bolsa.

—Debe ser algo muggle. —Reflexionó Blaise al ver la emoción que estos dos compartían y que ninguno más parecía comprender.

—¿Pueden ser tan amables de compartir su sabiduría con nosotros pobres ignorantes? —Dijo Draco sin disimular su molestia. Harry y Hermione intercambiaron una mirada.

—¿Acaso ninguno de ustedes tomó Estudios Muggles? —Preguntó Hermione, aunque tras soltar la pregunta se dio cuenta de su estupidez, estaba rodeada de orgullosos sangre pura. Rápidamente se lo hicieron saber cuando los seis Slytherins comenzaron a reír, incluso Daphne, que parecía ser siempre la más accesible. Ron se puso del tono de su cabello.

—¿Es una computeadora? —Preguntó Luna, concentrada como si se tratase de un juego de adivinanzas.

—Se llama computadora. —Le corrigió frunciendo un poco el entrecejo al imaginarse una máquina destinada a propiciar insultos. —Pero no lo es, aunque estuviste cerca.

—¡Ya sé! —Gritó Ginny, emocionada. —¡Es un cine! —Esta vez fue el turno de Harry y Hermione de reír.

—Es un televisor. —Harry terminó con el misterio por fin. —Y una videocasetera. —Luna lo miró ladeando la cabeza. —La televisión es la caja que reproduce imágenes… las películas. —añadió mirando a Ginny. —La videocasetera es otra caja más pequeña, donde se ponen cintas que tienen las películas. —Finalizó. Se frustró un poco al ver que todos mantenían la misma cara de desconcierto que al principio, si es que estas no se habían acentuado. Hermione suspiró antes de relevar a su amigo en la explicación. Tomó asiento y todos la imitaron, quizá esto se volviese un poco largo.

—¿Recuerdan la explicación que les di sobre mi reproductor de música? —Hermione miró directamente a los Slytherins quienes asintieron de inmediato, orgullosos de tener ese conocimiento. —Bueno, esto funciona de manera similar, pero con imágenes. En la videocasetera metes unos casettes el doble más grandes que los de mi música. Éstos en vez de tener grabadas canciones, tienen imágenes, que suelen ser películas…

—¿Qué es una película? —preguntó Astoria.

—Es una historia, como un libro, una novela, pero interpretada por personas, por actores.

—¿Cómo una obra de teatro?

—¡Sí! —celebró la castaña al tener algo para aferrarse como referencia. —A diferencia que las películas tienen otros efectos y… —Iba a seguir explayándose, pero Harry la interrumpió, conociendo a su amiga le daría en detalle las diferencias entre una cosa y la otra.

—Sí, parecido a una obra de teatro…

—Y bueno, es el televisor el que nos muestra las imágenes que contienen esas cintas…

—¿Y cuál es la diversión? —Preguntó ahora Pansy, sin entender porque ver a unos cuantos muggles dentro de una caja podría provocar la emoción que denotaron esos dos al ver los regalos de George.

—La diversión está en la película que elijas. —Volvió a explicar Hermione tratando de no perder la paciencia pero reacomodándose en su asiento y humedeciéndose los labios. —Como he dicho, las películas son historias, de distintos tipos y géneros…

—¡Hey, Granger! En la bolsa hay algunas para elegir… ya sabes, es más fácil que lo entiendan al verlo. —Interrumpió George. Hermione asintió dándole la razón, pero al segundo se quedó quieta, como pensando, con los ojos clavados en el pelirrojo.

—A todo esto… ¿de dónde sacaste tú estas cosas? —Cuestionó. —¿Y cómo es que sabes lo que son, al fin de cuentas? —George le dedicó una de sus patentadas sonrisas.

—Granger, Granger… ¿todavía te sorprendo? —Se acercó y le pasó un brazo alrededor de los hombros —Me halagas —rió. Pero el cojinazo que ella le propició lo silenció al instante, —No es necesaria la violencia, mujer. —Se quejó sobándose la mitad de la cara. —Nuestro padre lo tenía guardado, tú sabes lo que le gusta coleccionar cosas muggles, y le pareció bien que le diéramos uso. —Explicó. —Y respecto a tu otra pregunta, yo sí tomé Estudios Muggles.

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Fue un rato después, cuando ya habían sacado los aparatos de la bolsa y buscaron un lugar para acomodarlos y una manera de hacerlos funcionar, cuando Hermione acorraló a Harry en la cocina de Grimmauld Place. El azabache todavía estaba tomando el primer sorbo de agua cuando la chica soltó la pregunta.

—Harry… es raro que yo te pida permiso a ti, pero eres la persona a cargo aquí, así que… ¿te importaría dejarme ir al supermercado? —Pidió inocentemente. Harry se ahogó y empezó a toser. Sin siquiera detenerse a auxiliar a su amigo, Hermione prosiguió. —Es que me hace mucha ilusión mostrarles a todos lo que son las películas y hacer la experiencia completa con refrescos y palomitas… —La ilusión a la que hacía referencia Hermione era claramente visible en el brillo de sus ojos

—No lo sé, Herms, ¿no crees que es arriesgarse mucho por un par de chucherías? —Reflexionó con dificultad. La garganta aún le escocía y tenía los ojos llenos de lágrimas.

—Soló es ir aquí a la vuelta, y ¡realmente creo que vale la pena! —Exclamó.— El grupo se está llevando bastante bien por fin y necesitamos un poco de distracción… Además, de poderles dar una alta dosis de muggles a toda esta parda de sangre puras. —Sonrió bromeando, como último recurso para convencerlo. Y pareció surtir efecto porque Harry se mantuvo pensativo unos momentos.

—Está bien. —Aceptó en un suspiro. —Pero no irás sola.

—Harry, no es algo peligroso, pero tú no puedes acompañarme, no podemos tampoco tentar la suerte.

—Yo iré. —La voz de Blaise les llegó desde el marco de la puerta. —No sé a donde quiere ir Granger, pero la acompañaré. —Y la seguridad y seriedad con que propuso aquello no le dieron a Harry lugar a negarse.

Sólo Hermione presagió lo terrible que podría resultar su travesía.

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No hacían todavía ni diez minutos desde que habían cruzado las puertas mecánicas del supermercado que Hermione ya quería hechizar a Blaise.

Al principio le dio cierta ternura ver la cara de asombro del moreno ante algunas simples demostraciones de tecnología muggle. Incluso fantaseó con lo genial que sería llevarlo a un parque de diversiones cuando la guerra terminara. Pero cuando como un crío de cinco años comenzó a tocar, preguntar y pedir todo, esa ternura se disipó como el humo.

Habría sido fácil tomar un par de Coca-Colas y maíz para preparar las palomitas y largarse, pero Pansy le había encomendado algunas cosas para la cena de Halloween, sumado a que ella pensó que estaría bien añadir algunos dulces; no irían a tocar el timbre de los vecinos, pero podrían comerlos entre ellos. Así que las compras le llevaron un poco más de lo normal, y sobre todo, algunas vueltas más entre las góndolas de productos de las que hubiese preferido.

Con cualquier otra persona, Hermione ya creería que se trataba de una tomadura de pelo. Pero era Blaise. Y aunque insoportable, no era sorprendente que preguntara de que se trataba uno de cada tres productos que veía y cuando Hermione, que, a pesar de su hartazgo, nunca podría negarse a dar información e instruir a alguien, le respondía, inmediatamente preguntaba si se podían llevar uno.

Aunque lo intentó, a Hermione no le salía eso de ser un alma despiadada y sucumbió a dejar que escogiera un par de cosas. Claro que bajo su supervisión. No creía que fuera una buena idea dejar a Blaise con una máquina para afeitar o un set de jardinería. Pero vio inofensivo el infusor de té con forma de submarino color amarillo además de verse conmovida por la expresión del chico al reconocerlo, un tatuaje temporal de una rosa con dos pistolas y un puntero láser con varias cabezas intercambiables con distintas figuras. También le dejó llevarse una remera con la leyenda "Sex Instructor. First lesson free".

Antes de acercarse a la caja, Hermione frenó en seco a Blaise y le ordenó que desde ahora y hasta que salieran de allí se comportara y se guardara las preguntas para después. Él asintió naturalmente, pero en poco tiempo ya le estaba costando llevar a cabo su promesa. Durante la fila se la pasó revoleando la cabeza para mirar todo a su alrededor, muchas pantallas y cosas parecidas a los televisores como el que tenían en casa llenaban el lugar. Las luces, la música, e incluso se vio maravillado con la cinta que transportaba la mercadería que habían comprado.

Pero se mantuvo callado.

Si Hermione no hubiese estado tan nerviosa por con lo que su acompañante pudiera salir de un momento al otro, se hubiera reído de sólo verlo. Los ojos abiertos de par en par revoloteando de un lado al otro, su lengua humedeciendo constantemente sus labios e incluso podía sentir como si le picaran las manos.

Incluso no emitió palabra cuando Hermione sacó un pequeño plástico y se lo entregó a la muchacha que tan amablemente los había atendido. En el mismo silencio metió las compras en unas bolsas de papel que Hermione le había pasado y finalmente las cargaron y encararon hacia la salida.

Hermione se asustó un poco cuando incluso ya habían cruzado el estacionamiento y Blaise se mantenía con la boca cerrada y la vista brillante al frente.

Sólo cuando dieron vuelta a la esquina, y el supermercado salió de su campo de visión, Blaise frenó en seco y se giró hacia ella con una sonrisa que bien le recordaba al Gato de Cheshire, un aspecto bastante maniático para su gusto.

—¿Cuándo volveremos?

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Cuando regresaron a Grimmauld Place, todos, menos las hermanas Greengrass, estaban en el patio trasero entrenando. Hermione sintió el aguijón de la culpa por habérselo perdido por ir de compras, sobre todo porque ese día estaba atestado de planes como para que lo recuperara luego.

A Blaise poco le importó perderse el entrenamiento, así como tampoco le importó interrumpir el de los demás.

—¡Ya estamos en casa! —Canturreó al cruzar la puerta. Todos pararon lo que estaban haciendo de inmediato.

Draco se acercó rápidamente tratando de encontrar la presencia de Hermione. La chica tardó un poco más en salir y él la abrazó de inmediato.

—Ha sido un completo fastidio. —Se quejó Harry refiriéndose al rubio.

—Estaba preocupado. —Gruñó él en su defensa, sin soltar su agarre de la cintura de Hermione.

—Fueron sólo unas compras aquí cerca… —Dijo ella dulcemente.

—¡E iba conmigo! —Agregó Blaise.

—Por eso mismo… —El comentario de Theo produjo la risa de todos menos del moreno.

—Teniendo en cuenta que me dejaste con todas en las bolsas en la puerta para venir corriendo aquí, para la próxima vez me buscaré otro acompañante. —La cara de Blaise tras esas palabras produjo otra ola de risas.

—Vamos, te ayudaremos a guardar. —Ofreció Harry encaminándose hacia el interior de la casa. Al ver la cantidad de bolsas dirigió la vista directamente a su mejor amiga. —¿Sólo unos refrescos y maíz para palomitas? —Hermione pareció encogerse en su sitio.

—Lo sé, es que Pansy me encargó algunas cosas para mañana y quise también comprar otras chucherías. ¡Y traje snacks! —Dijo esto último por el público conocimiento de que Harry era adicto.

—¿3D? —Preguntó con los ojos brillantes. Hermione asintió.

—¡Y miren lo que tengo! —Chilló Blaise comenzando a mostrar sus adquisiciones. Incluso se sacó la camisa y estrenó su nueva remera. Harry volvió a mirar a Hermione pero ésta sólo pudo encogerse de hombros, no tenía una respuesta valedera para darle.

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Todos se habían mostrado entusiasmados con el hacer palomitas de maíz. Miraron expectantes, como chicos, como Hermione colocaba aceite en una olla y la ponía al fuego para poco después volcar un puñado de semillas dentro.

Pero cuando esas "semillas" comenzaron estallar contra la tapa de la cacerola estruendosamente, ya no les gustó tanto.

—Soldado que huye, sirve para otra guerra. —Dijo Blaise saliendo de la cocina y todos lo siguieron.

Hermione rió negando con la cabeza.

—Sangres pura…

—¡Hey, que yo soy uno y aquí sigo! —La voz de Ron la sobresaltó al tomarla por sorpresa. No tanto porque se tratara de él, sino que creía haberse quedado sola.

—Tú no cuentas, traidor a a sangre… —Bromeó ella.

—Suenas tan como Malfoy que das escalofríos.

—Ron…

—¿Qué? —Se defendió. —¡Lo digo enserio! En son de paz… ¡Y no soy el único que lo piensa! No es que sea algo malo… —Intentó arreglarlo. —Resulta hasta divertido.

—Supongo que son cosas que pasan cuando estás mucho tiempo con alguien. Seguro tengo adheridas como propias algunos gestos que he sacado de ti o de Harry…

—Lástima que a mi nunca se me haya pegado de ti lo de estudiar. —Bromeó él haciéndola reír. Y recién entonces Hermione se dio cuenta cuánto lo extrañaba. Pero no como pareja, sino simplemente a Ron, su amigo.

No podía echarle toda la culpa sobre su distanciamiento a Ron. Si bien él se había comportado como un idiota con ella diciéndole cosas horribles y siendo el que la evitara a toda costa, las cosas se habían dado así por las decisiones que ella había tomado y quizás porque no había terminado obrando de la mejor manera. Entendía a Ron, como también justificaba sus propias acciones. Ella había tomado una decisión incluso sabiendo que las cosas probablemente se dieran de ese modo, y hoy por hoy tampoco se arrepentía de haberla tomado. Sólo se alegraba que Ron tuviese el corazón lo suficientemente grande como para hacer su dolor propio a un lado y volver a acercarse a ella.

—No es que vaya a ser su amigo. —De pronto Ron volvió a hablar. Se lo notaba nervioso con su cuerpo, aunque simplemente estuviese parado a su lado. —Y no tiene que ver sólo con esto, contigo… es algo desde antes, lo sabes… Nunca podríamos llevarnos bien, no estamos hechos para eso.

—Lo sé.

—Pero, estoy haciendo el intento por aceptarlo, por aceptar su presencia en esta casa, aceptar que está de nuestro lado y es de ayuda… aceptar que está contigo. —Terminó en un susurro. —Cuesta y duele… lo último. Pero quizás algún día lo logre. Es mejor que a perderte completamente y no hablarte, como este tiempo. Eso sí ha sido doloroso. Lo de Fred… siento que me he vuelto más huraño y malhumorado. Y no es algo que me guste ser…

—Porque eso no eres tú. —Le sonrió ella, él le correspondió.

—Posiblemente. Aunque últimamente me he estado preguntando mucho quién soy realmente, y quién quiero ser. Si voy por el camino correcto. Así me di cuenta que estaba haciendo todo al revés.

—Bueno, añade que te has vuelto un tanto filosófico a la lista. —Rió ella. Con ternura le acomodó el pelo largo del flequillo que ya le cubría hasta la mitad de los ojos. —El gesto de venir aquí a arreglar las cosas, que intentes aceptar a Draco… eso no hace más de decir lo buena persona que eres, Ron.

—Pero no lo estaba siendo.

—Pero recapacitaste, y me alegro que lo hicieras. —Le volvió a sonreír, y él ya no tuvo más nada que decirle. —Ahora sigue siendo un buen chico y dame una mano con esto…

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Cuando Hermione llegó con las palomitas todos estaban acomodados sentados frente al televisor y entre Draco, Theo y Blaise se habían terminado ya una botella grande de Coca-Cola.

—Hermione ¿por qué me habías ocultado esto por tanto tiempo? —Preguntó Draco aferrado a su vaso.

—Es excelente… dulce —Agregó Theo.

—Si, MUY dulce. —Enfatizó ella, pensando en la sobredosis de azúcar que les podía dar. Serían más hiperactivos que con diez tazas de café.

—¿Podemos conseguir más? ¡Tendremos que ir al supermercado de nuevo! —Chilló Blaise. Hermione no le contestó. Sólo intercambio una mirada preocupada con Harry, pero su amigo tampoco supo que decir.

Antes que siguieran hablando de refrescos y Hermione terminara por arrepentirse de su idea, tomó un paquete de Cheetos y se sentó en el piso a los pies del sillón, al lado de Draco y apoyada como respaldo en las piernas de Blaise. Harry lo tomó como señal para darle inicio a la película.

George había traído un buen surtido con él para escoger, pero Hermione sin dudas creyó que presentarles lo que eran las películas con la saga de Star Wars, era la mejor opción por lejos y Harry estuvo completamente de acuerdo.

Antes que Hermione hiciera algo, Theo se ofreció a vincular él su mente con la de Draco, lo que llamó la atención de la muchacha e incluso sintió una leve pizquita de celos, pero cuando Draco aceptó, no fue capaz de decir nada al respecto.

Las primeras imágenes se proyectaron en el televisor y varios dieron un salto. Luego, se hizo un silencio que únicamente fue interrumpido por el ruido de los baldes de palomitas. Incluso los chicos habían dejado de lado su recién adquirida adicción a la Coca-Cola por prestar atención a lo que sucedía.

Todos estaban impresionados por lo que sus ojos veían. Los efectos de las naves, los robots, las armas, la existencia de otras galaxias y junto con ellas de especies. Incluso sin conocer lo que muchas de esas cosas eran realmente, eran capaces de disfrutar y seguir el hilo argumental. Ya al finalizar acribillarían a Granger con preguntas.

Ninguno ocultaba su emoción cuando algunos sucesos claves se daban a lugar. Hubo exclamaciones, gritos y hasta Blaise había aplaudido en un par de oportunidades. Las chicas suspiraron por Luke… aunque cuando apareció Han Solo en pantalla varias cambiaron sus lealtades. Hubo lágrimas con la muerte de Obi Wan y gritos de júbilo con la destrucción de la estrella de la muerte.

Unánimemente todos pidieron que pusieran de inmediato la continuación. Hermione sugirió que se tomaran un momento para descansar, ir al baño y demás, pero nadie secundó la idea e insistieron con más ímpetu. Nadie se había movido de su sitio cuando Harry cambió la cinta.

La segunda parte fue la preferida de varios. Yoda los había cautivado y el entrenamiento de Luke les había encantado. Blaise incluso propuso intentar sumar algunos ejercicios a sus entrenamientos, a lo que Theo estuvo de acuerdo. Hermione y Harry se espantaron, Nott parecía ser siempre el más sensato de todos y lo habían perdido.

Pansy aclamaba que se volvería heterosexual por Han Solo y Luna aseguraba que en América del Sur había una especie de criaturas mágicas muy similares a Chewbacca que eran capaces de controlar las emociones humanas.

De tanto en tanto Theo se encargaba de echarle un vistazo a Hermione, para deleitar la vista de Draco. A pesar de ya haber visto la película ella estaba súper concentrada con la vista fija en el televisor, expresando facialmente cada emoción que le producía. Le debía una a su amigo… no le molestaba ni un poco perderse algunos minutos de película en el cambio.

Lo más divertido para Hermione y Harry fue la reacción de todos al descubrir la identidad de Darth Vader y conocer su parentesco con Luke. Lo habían estado esperando desde el principio, sobre todo al ver cuan compenetrados estaban todos con la historia. Hubo gritos ahogados desde todas las direcciones y un hasta "Por los calzones de Merlín..." sin identificar.

Quizás por el shock, pero esta vez sí aceptaron tomarse algunos minutos para ver la última. Hermione ni siquiera se animó a sugerir dejarla para ver otro día. Después de todo llevaban cuatro horas de corrido sentados y con los ojos fijos en la pantalla y el cuerpo comenzaba a pasar factura.

Así que estiraron las piernas, fueron al baño y recargaron sus vasos. Pero nadie habló de la película.

Decidieron que ya habían tenido suficiente de recreo cuando Blaise comenzó a hablar como Yoda y consiguió convertir su varita en un lightsaber.

—Ustedes no dejar ser feliz a yo. —Fue lo último que dijo antes que Hermione le sacara su sable y Harry le diera "Play" a la película.

Quizás ese entretiempo que se habían tomado los había alborotado un poco, porque esta vez estaban más distendidos, incluso haciendo comentarios sobre el argumento de tanto en tanto. Se escuchó más de un silbido masculino cuando Leia hizo su aparición como esclava y Pansy ya no estuvo tan segura de volver a cambiar su sexualidad por Han. Pero durante las escenas de acción o tensión no se sentía ni el volar de una mosca.

Volvieron a correr algunas lágrimas cuando Yoda se hace uno con la fuerza y con la reaparición de Obi Wan. Pero rápidamente pararon la película y comenzaron a hacer apuestas por quién sería el otro Skywalker, pues suponían que debía ser alguien que ya conocieran. Hermione y Harry se abstuvieron de participar, pues ya conocían la verdad, y la encuesta la ganó Han Solo por mayoría.

—Eso explicaría porque ambos son tan sexy. —Había argumentado Astoria.

—Y tienen un color similar de cabello… —Agregó Luna.

—Para mi es Obi Wan. —Dijo Blaise.

—Obi Wan es mayor que su padre, so menso. ¿Acaso no prestas atención a la historia? —Se quejó Theo.

—Puede haberle mentido.

—Se murió de anciano, Blaise. —Pero el moreno le sacó la lengua, incapaz de dar el brazo a torcer.

—Apuesto por Leia. —Dijo Draco. Clocando un galeon sobre la mesa.

—¡Se besaron! No se besaría con si hermana… —A Ginny le había recorrido un escalofrío de pensarse involucrada sentimentalmente con uno de sus hermanos.

—Pero ellos no lo saben.

—Pero eso sería… —Se sacudió. —Un tanto retorcido por parte del autor de la historia.

—Sería un buen giro. —Sostuvo el rubio.

—Aparte ella lo hizo por poner celoso a Solo. No está enamorada de él. —Justificó Pansy, aunque ella ya había hecho su apuesta por el cazarrecompensas.

Pero los dimes y diretes terminaron pronto cuando Obi Wan le revela a Luke que se trata de una hermana y él se da cuenta que su hermana es Leia. Orgulloso, Draco tomó toda la recaudación de la mesa.

Otra vez se hizo el silencio absoluto cuando Luke se reencuentra con su padre, y parecía a hacerse más denso a medida que la escena avanzaba. Ninguno pareció siquiera pestañear en el momento en que Vader elige salvar a su hijo de Palpatine, terminando con su vida.

Y otra vez llanto cuando Luke intenta salvar lo que queda de su padre y éste le pide que le quite el casco, mostrándole lo poco de humanidad que quedaba en él antes de morir en sus brazos.

Todos parecieron salir de su estupor recién cuando sobre lo último, finalmente, Leia y Han Solo se besan. Entonces volvieron lo vítores, silbidos y aplausos, que se repitieron cuando finalmente la película mostró sus títulos finales.

—¡Los muggles amar yo! —Chilló Blaise aún sentado mirando el televisor, alzando sus manos.

—Es difícil entender cómo pueden hacer todo eso sin magia… —Pensó Pansy en voz alta.

—Lo cierto es que no es algo fácil de hacer. —Reconoció Hermione. —De todos modos, estas películas tienen sus años, hoy en día logran efectos mucho más realistas.

—¿Más? —Se sorprendió Ron.

—Sí, las computadoras y la tecnología avanzan a cada momento para ellos.

—Creo que al no tener magia están más obligados a usar la inteligencia que nosotros. —Expresó Draco. —Nosotros nos quedamos en la comodidad que las varitas nos ofrecen.

—Si salimos de esta, creo que invertiré en una compañía que nos acerque a los magos la tecnología muggle. —Pensó Theo con seriedad. —Incluso podríamos adaptarla o ser capaces de mejorar algunos aspectos con la facilidad con la que contamos gracias a la magia.

—¡Theo, eso sería maravilloso! —Hermione no pudo ocultar su alegría.

—Si aceptas socios, estoy dentro. —Dijo Draco.

—Y yo… no puedo dejar a mis mejores amigos solos en esto. —Se agregó Blaise.

—Ni lo sueñen. —Se atajó Pansy cuando la atención se dirigió hasta ella. —No invertiré nunca en una empresa dirigida por ustedes.

—Lo hará. —Dijo Draco.

—No hay dudas sobre ello. —Concordó Theo.

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Se sentía un poco idiota, pero después de todo lo que la Lunática había hecho por su amigo, le debía intentarlo, Además, Hermione se lo había pedido.

Así que ahí estaba, parado en la arcada que daba inicio al ala Sur de la Mansión, aquella a la que no podían ingresar de ninguna forma, a minutos de la medianoche. Luna insistió en que había tenido una especie de revelación leyendo un libro de la biblioteca.

Esa noche era noche de Sabbat, el Samhain, para ser precisos. Y a ella le pareció que era el momento adecuado para llevarlo a cabo. Era un hechizo simple, por lo que a todos les pareció inofensivo que lo llevaran a cabo para probar, no iban a perder nada. Constaba de dos partes; uno que lo reconocería a él como heredero por sangre, y otro que lo terminaría de vincular a la casa. Era un hechizo simple, y que según había encontrado Luna, con fines bastante domésticos. Salvo por la protección, a todos les parecía algo bastante improbable en la familia Black. Sobretodo con el previo conocimiento sobre su uso de Elfos Domésticos.

Luna lo miraba con los ojos abiertos, entusiasmada,y tratando de contagiarlo. Draco estaba incómodo, no veía la hora de que por fin llegara la puntualidad de la medianoche. Ya estaba arrepentido de haberle insistido a Hermione para que se fuese tranquila a descansar. ¿En qué estaba pensando? ¿Cuándo podría ser una buena idea quedarse solo con Luna?. No porque la chica le cayera mal, sino que era eso… incómodo.

Cuando la hora llegó, Luna pareció ponerse seria de golpe, comprometida con la labor, lo que a Draco le causó gracia, pero ella ignoró. Le tendió una daga al muchacho, y sostuvo el libro en alto frente a ambos para que pudiese leer el conjuro a través de sus ojos.

Draco se hizo un pequeño corte en la palma y dejo la sangre caer hacia el piso, Luna enlazó sus mentes.

—Sanguinem sanguis meus. —Comenzó. Se sentía un completo idiota. —Lignum et lapidem. Ego sum heredem. Ego sum Dominus. Responsum. —Finalizó no muy seguro. —No tengo idea de lo que acabo de decir… —Le reconoció a Luna mientras deshacía su vínculo. Lo cual era cierto, por él tranquilamente podría haber convocado el espíritu de algún ser maligno, pero Granger lo había leído y dicho que estaba bien, y ¿en quién podía confiar más que en ella?. Luna iba a responder cuando de repente una luz se propagó desde el lugar donde las gotas de sangre habían caído hasta iluminar todo el arco. Incluso Draco, con su ceguera, fue capaz de percibir la luz.

Luego, como si fuese una lombriz grande y brillante, se escurrió escaleras arriba, comenzando a bifurcarse y crear otras lombrices, hasta que pareció abarcar todo el lugar y finalmente desaparecer así de repentinamente como comenzó.

Draco y Luna se contemplaron por un momento, evaluando si era seguro, antes que el rubio abriera la boca la chica ya estaba dando saltitos escaleras arriba. Supuso que entonces todo estaba bien, así que resignado la siguió. Al alcanzarla, Luna lo tomó de la mano y realizó el encantamiento para que pudiera ver a través suyo nuevamente.

El lugar estaba completamente destrozado por el paso del tiempo, Maderas que crujían, tapizados manchados, paredes despintadas. No había retratos ni pinturas adornando las paredes. En realidad, observó, no había ningún tipo de ornamentación en los pasillos o escaleras. No había que recorrer mucho para notar cuanto más grande era esa parte de la casa en comparación a la que habían estado habitando. No pudo evitar preguntarse a que pudo deberse dicha división. No le encontraba sentido teniendo en cuenta que esta parte no contaba con cocinas, ni por ende, despensas.

No le dedicó mucho más que ese simple pensamiento a la incógnita. La verdad era que estaba cansado y quería meterse en la cama con Hermione. Había sido muy interesante esto de desencantar la Mansión y descubrir todo eso nuevo, pero lo cierto es que todo iba a seguir igual mañana por la mañana.

No fue necesario que lo dijera, Luna ya había interpretado su cansancio y lo había arrastrado a la planta baja, donde más allá de las escaleras había una amplia entrada sin puertas. Al acercarse descubrieron un enorme salón con una enorme araña de cristal colgando del techo justo en su centro.

—¿Una sala de baile? —Se sorprendió. —Es un poco amplia para ser un simple recibidor.

—Dime tú, eres el experto en Mansiones. —Se rió la chica. —Pero no parece muy descabellado que los Black tuvieran sus fiestas para la sociedad, ¿no crees?

—No —Dijo con cierta precipitación. —Mi madre me ha contado de ellas. Es más… —Susurró y sin decir más arrastró a Luna por el salón hasta llegar a otra puerta. —El salón de té. —Anunció. —Tiene vista al jardín de invierno. Señaló, y en efecto, allí estaba el jardín… o lo que se suponía que debía serlo. La vista lo desalentó un poco.

—No te preocupes. —Luna le acarició el brazo. —Mañana comenzaremos a trabajar en ello y lo mejoraremos. —Él simplemente asintió como agradecimiento. —Ahora volvamos al salón parece un buen lugar para que termines el encantamiento.

Esta vez Draco no contestó y la siguió como autómata. Otra vez el recuerdo de su madre llegaba a él y el día de su cumpleaños estaba próximo. No quería volver a entristecerse, así que apartó el pensamiento y se concentró en Luna que a su lado volvía a abrir el libro frente a ellos.

—Ego sum Dominus. Et nos unum sumus. Quia tueri sanguine, nihil est melius quem domum. —Recitó. Luego tomó la varita del bolsillo de su pantalón y junto con una floritura exclamó —¡Viculs!

Al instante se emitió una luz cegadora que pareció partir desde la punta de su varita hacia toda la estancia. Luna tuvo que cerrar los ojos, enceguecida, y Draco se vio afectado de la misma manera por el vínculo.

Cuando la rubia volvió a abrir los ojos, ambos ahogaron una exclamación.

Los pisos relucían, las paredes se mostraban impolutas, y las maderas se mantenían firmes. Instintivamente Draco corrió arrastrando a Luna hacia el salón de té. Éste se presentaba en óptimas condiciones, como todo lo demás, pero lo que Draco quería ver era el jardín de invierno.

Luna contuvo las lágrimas al ver como allí se exponían diversos tipos de plantas con sus respectivas flores llenas de color. Pero Draco volvió a tirar de ella, instándola a acercarse todavía más al ventanal. A un lado, un camino de flores blancas y azules que parecía llegar hasta el final del lugar, había captado su atención.

—Narcisos… —Susurró él con la voz rota. Luna rompió el encantamiento al percibir el estado del chico, y no lo malinterpretó, a Draco no le hubiese gustado verse a sí mismo llorando.

No sollozaba, no estaba dejando salir todo su dolor en forma de lágrimas. Era sólo una gotita cayendo por cada ojo y algunas más agolpadas, negadas a caer. Pero Luna lo conocía lo suficiente como para saber lo incómodo que le debía estar resultando la situación. Y no porque fuera ella en particular, sino que simplemente no era la persona con la que Draco se sentiría a gusto en ese momento. De todos modos, antes de habar, tuvo el atrevimiento de tomarlo de la mano. Sonrió al no ser rechazada.

—Es mejor que vayamos a descansar. Mañana será un día muy largo y hay muchas cosas por hacer. —Él simplemente asintió y se pasó rápidamente la mano por el rostro para secarse las lágrimas, como si recién notase que habían estado ahí todo ese tiempo.

Salieron en silencio del lugar y Luna ahogó un grito cuando vio que había sido toda la Mansión la que se había beneficiado con el encantamiento y ahora lucía deslumbrante. Le ofreció a Draco volver a vincular sus mentes para que lo viera pero él se negó alegando cansancio, al otro día le pediría a Hermione que se lo mostrara.

La chica no insistió y le deseó las buenas noches al despedirlo. Draco entró en silencio a su habitación, sabiendo que Hermione se encontraría allí, y que por la hora seguramente ya estaría dormida. No se equivocó.

Al apoyar la cabeza en la almohada, volvieron a él todos esos sentimientos que le daban ganas de llorar desconsoladamente, pero otra vez los hizo a un lado. Se abrazó a Hermione y cerró los ojos con fuerza mientras aspiraba el dulce aroma de su pelo, una mezcla de vainilla y coco, lo que rápidamente logró tranquilizarlo.

Lograr el sueño le resultó más fácil de lo que pensaba. Se dejó llevar, mientras escuchaba a su madre contarle historias sobre como jugaba a las escondidas con sus hermanas y sus primos en aquél jardín, con su madre y su tía Welburga vigilándolos desde la sala del té, o sobre cuanto le gustaba cuidar sus flores, cómo les ponía música en los atardeceres que pasaba allí, e incluso detallándole que cuidado necesitaba cada especie. En secreto, le había confesado, que sus favoritas eran las que llevaban su nombre y el color de sus ojos: los narcisos azules.

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Draco amaneció temprano esa mañana a pesar de haberse acostado bastante pasada la medianoche. Hermione dormía de igual manera que cuando la vio al llegar, con la diferencia que ahora estaba abrazada a él con brazos y piernas.

Se deshizo de ella como pudo y se levantó en silencio. Con una idea en mente se dirigió al cuarto de los chicos para despertar a Pansy. La morena casi le echa una imperdonable, pero se suavizó cuando él le contó lo que planeaba. Aunque recordándole cuan enojada estaba y que se las cobraría, aceptó inmediatamente a ayudarlo.

Esperó pacientemente sentado en la cocina hasta que Pansy volvió de hacer su encargo.

—¡Es todo bellísimo! —Exclamó chillando. —Ya está todo listo. Ve y despierta a tu chica.

Draco no esperó más para correr escaleras arriba.

Despertó a Hermione desparramándole besos en el rostro. Ella se removió remoloneando y lo abrazó por el cuello para acercarlo y besarle los labios.

—Así sí que son buenos días… —murmuró ella con una sonrisa que él correspondió.

—Levántate. Tengo una sorpresa para ti. —Le dijo y ella obedeció de inmediato, entusiasmada. —Ven. Voy a tener que taparte los ojos.

—Que misterioso todo… —Draco no le respondió. Se limitó a tomar una de sus corbatas y a atársela al rededor de la cabeza.

—No hagas trampa y dime la verdad, ¿ves algo?

—Nada. —Respondió firme.

—Bien. —Dijo él, y la tomó del brazo, orientándola hasta salir de la habitación.

Bajaron las escaleras entre risas, algunos golpes y muchos besos. Draco la condujo pacientemente todo el recorrido y Hermione repitió varias veces la frase "En verdad no se como haces para moverte tan bien sin ver".

Ella estaba un poco sorprendida por la longitud de la caminata. Sobre todo porque no habían siquiera salido al patio. Una idea comenzó a formarse en su cabeza pero prefirió no pensar en ello, no tenía sentido ponerse analítica cuando la intención de su novio era sorprenderla.

Finalmente Draco la hizo detenerse. Abrió una puerta delante de ella y un agradable cambio de aire le dio la bienvenida. Sintió las manos de él justo detrás de su cabeza, sosteniendo la corbata ahora desatada.

—¿Lista? —Preguntó. Ella asintió entusiasta.

Al abrir los ojos una hermosa habitación repleta de flores se mostraba frente ella. No pudo evitar soltar un gemido ahogado. "Hermoso" era un adjetivo que se quedaba corto.

—Draco esto es… —Titubeó sin encontrar una expresión adecuada. Él sonrió, dejar a Hermione Granger sin palabras era el mayor de los logros. —¡Eso quiere decir que pudieron desencantar la Mansión! —Draco asintió. —¡Eso es genial! —Se dio vuelta y lo abrazó con fuerza.

—¿Sabes que más es genial? —Murmuró contra sus labios.

—¿Qué?

—El desayuno que nos preparó Pansy… —Le señaló el interior, la salita de té. Hermione estalló en una carcajada.

—¿Has hecho levantar a Pansy para que nos prepara el desayuno? —Draco asintió. —¡Eres un cretino! —rió.

—Sí, cariño. Es una de mis tantas virtudes.

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A medida que se fueron despertando, todos se sorprendieron en primer lugar por la notable mejora de la mansión y luego todos se agolparon en el nuevo sector de la casa, maravillados.

Durante el desayuno, Pansy había diagramado una lista de tareas para cada uno. A pesar de que pareciera estar todo reluciente, había cosas que arreglar. Sitios que se habían mal utilizado llenos de magia negra, unas mazmorras con calabozos, y Harry que aseguraba que había al menos un par de boggarts.

Había suficientes habitaciones como para que contando las de su ala tuviesen una cada uno. Las discusiones sobre quién se quedaría con cual no tardaron en llegar. Sólo estuvieron de acuerdo con que Hermione y Draco compartieran el recién descubierto dormitorio principal, y George y Harry sostuvieron que querían quedarse donde estaban. Decidieron que luego realizarían un sorteo o que se batirían a duelo por los cuartos.

A la hora de repartir las tareas, Hermione y Theo fueron designados a la nueva biblioteca sin permitirles rechistar. Allí había más libros que en la otra, quizás el doble. Y eso había despertado las esperanzas, había una gran posibilidad de encontrar algo que ayudara a Draco.

Harry, Draco, Blaise y Ginny bajaron a las mazmorras a ver que podían hacer con ese sitio, además de demoler todas los calabozos. Si bien Draco no podía ser útil a primera vista, imaginaban que ahora la casa seguiría sólo sus órdenes a la hora de hacer remodelaciones de ese tamaño.

George y Ron se ofrecieron a encargarse los boggarts, adjudicando que ya tenían experiencia. Nadie estuvo en desacuerdo.

Así que por muy poca gracia que le causara a Pansy compartir espacio con Astoria, ellas, Luna y Daphne se encargarían de quitarle lo lúgubre, tétrico y oscuro a las habitaciones. Al ser la tarea más fácil, pronto terminaron y se unieron a los chicos en busca del boggart.

En las mazmorras las cosas tampoco costaron mucho, ni siquiera necesitaron de la presencia de Draco como habían supuesto así que Harry, Blaise y Ginny se entretenían haciendo una especie de pecera de entrenamientos, lo que sí les iba a llevar un buen rato. Draco se había aburrido y había subido a ver si podía hacer algo con el resto. Odiaba sentirse así de inútil.

Allí se encontró con que las chicas habían terminado con su labor y que eran media docena de personas para encontrar un simple boggart.

—¡Hay muchos lugares oscuros en este sitio! ¡Podría estar en cualquier parte! —Se había defendido Ron.

—¿Dónde dijo Potter que lo escuchó?

—Estaba bajando las escaleras de este piso. Podría ser cualquiera de estas habitaciones.

—Probemos en la biblioteca —Propuso Luna. —Allí todavía no hemos entrado…

Todos se preguntaron ¿por qué no?, se encogieron de hombros y salieron tras la rubia. Hermione y Theo no ocultaron sus caras de asombro cuando vieron a todo ese escuadrón entrar y comenzar a abrir todas los libreros.

—Pensamos que quizás a nuestro amiguito le guste leer… —Bromeó Astoria mientras abría la escotilla debajo de la chimenea. —¡Ahhh! —El alarido que pegó llamó más la atención que su mal chiste.

Al acercarse todos vieron a la morena arrodillada en el piso sosteniendo algo y llorando desconsoladamente, se trataba del cuerpo sin vida de su hermana Daphne. La misma Daphne que se mantenía pálida del susto al observarse en aquella imagen.

—Tori… Tori, estoy aquí.

—¡No, no… tú también no! —Lloraba la chica completamente ajena a lo que su verdadera hermana le decía. Abrazaba con tal fuerza el cuerpo que a Ron le costó hacer que lo soltara.

Inmediatamente, al quedar ahora el par de pelirrojos frente al boggart, éste cambió su aspecto transformándose en su fallecido hermano Fred. Y si bien, ambos sabían que se trataba de una ilusión, no fueron capaces de moverse y se mantuvieron estáticos mirándolo, mientras gruesas lágrimas corrían por sus ojos.

Hermione estaba a punto de correr a socorrerlos viendo que George estaba a punto de ceder sus rodillas, cuando Draco se lo impidió y se posó frente a la criatura. Otra vez el cambio, aunque fue un alivio que Draco no lo pudiera ver. La imagen de la siempre hermosa Narcissa Malfoy comenzando a demacrarse hasta parecer un muerto en vida que luego sacaba una daga y se cortaba las venas, no era algo que ninguno allí olvidaría fácilmente.

El rubio no dudo en lo que tenía que hacer. Sacó la varita y sin titubear lanzó el hechizo.

—¡Riddikulus!

El silencio sepulcral se prolongó por varios segundos hasta que la cantarina risa de la antes llorosa Astoria resonó en el lugar. Pronto todos estaban contagiados y Draco supo que había funcionado.

—Gracias, Malfoy. —La palmada en el hombro que recibió por parte de Weasley lo tomó por sorpresa.

Pero no tanto como cuando apenas después escuchó la voz de Pansy decirle a Astoria que bajara a las cocinas que ella le prepararía un té.

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Era irónico cómo siempre protestaban por las ideas de Pansy, pero después todos le terminaban dando el gusto. Así fue como lo que en un principio iba a ser una cena con algo más elaborado delo habitual y quizás algunos juegos terminó en eso: Una fiesta de disfraces con alcohol y música alta.

Ella no podía dejar pasar una celebración de Halloween sin disfraces, y Blaise tuvo, para su parecer, la fabulosa idea que todos fueran disfrazados como personajes de Star Wars. Y para hacerlo aún más divertido -para él, claro-, ellos serían quienes designaran el personaje para cada uno.

Obviamente, la mayoría se quejó poco conforme con lo que le había tocado, pero ellos o no permitieron que se los intercambiaran.

Ginny y Daphne, eran las que peor había salido paradas, como un Ewok y el encantador R2-D2 respectivamente. Pero se las ingeniaron para lucirse de todas formas. Como no había tiempo de hacer disfraces o salir a buscar, habían armado todo con cosas que tenían o transfigurando otras. Así Daphne lo único que hizo fue pegar unos retazos de tela azul sobre un vestido blanco y cambiarle el color a azul también, a un sombrero negro que tenía. Ginny tomó uno de los tapizados de pieles que habían encontrado en una de las habitaciones del ala sur, y con ella se hizo un top triangular, una minifalda y forró la caña de un par de botas Se recogió todo el cabello y encima se colocó una pashmina color tierra de Hermione, envolviendo su rostro. Como frutilla del postre hizo unas orejitas de algodón y se pintó de negro la punta de la nariz. Como resultado, la inocente criaturita había dado lugar a un sexy disfraz. A Astoria sólo le habían transfigurado un poco y cambiado de color las túnicas del colegio, para que interpretara a una Jedi y Luna se había vestido completamente de marrón, con guantes y pantuflas incluidas y se había colocado su sobrero en forma de cabeza de león, negándose completamente a cambiar su forma, para interpretar a Chewbacca.

Salvo él mismo, todos habían estado de acuerdo con darle el papel de Darth Vader a Harry. Él entendía lo gracioso de la ironía, pero lo cierto era que no tenía ganas de lidiar con el disfraz. Luego que Astoria soltara el desafortunado comentario de "Mira si Quien-ya-sabes resulta ser tu padre." Pansy se ofreció a ayudarlo con eso con tal de sacarlo inmediatamente de allí. Lo terminó vistiendo completamente de negro y al igual que Daphne, pegándole algunos apliques pero hechos en cartulina, incluidas unas hombreras por las que encima le ató una capa de igual color. Definir que hacer con el casco les había llevado un poco más de tiempo. Pansy quería ponerle una bolsa negra en la cabeza, pero no tuvo quórum. Finalmente, al ser Halloween, se les ocurrió la idea de representarlo en la escena que se muestra sin casco, completamente demacrado, lo cual resolvieron con un poco de maquillaje.

Theo era un Stormtrooper y había arreglado el asunto del traje manera similar a Harry pero en color blanco. Y Luna con paciencia le había pintado una caja cuadrada simulando el casco, "con agujeros para que puedas ver y todo" como ella misma había dicho.

Ron como Luke, y George como Lando, no habían tenido mayores complicaciones en transfigurar sus ropas. Incluso probaron algo de transfiguración humana cambiándose el color del cabello y George hasta agregándose unos divertidos mostachos.

Draco no estaba conforme con su papel de Han Solo. Lo del chico bueno no era para él. Pero todos habían dicho quera su versión rebelde apenas vieron el personaje aparecer en la película, y cuando Pansy sacó la idea de los disfraces ya supo cual iba a ser su destino. Su único consuelo era que a Hermione le habían asihnado a la Princesa Leia, y eso significaba que eran pareja… así que no se quejaría, lo único que le faltaba es que le dieran ese lugar a la Comadreja, y Pansy era capaz de hacerlo sólo por revancha. Para él ni siquiera habían tenido que modificar ropa, entre los chicos habían conseguido todo, había sido bastante sencillo. Hermione había alargado un vestido blanco que le había prestado Daphne y le agregó una capucha, su mayor dificultad había sido lograr que su pelo se mantuviese peinado en esos dos característicos rodetes.

Pansy también iba como Leia, pero en versión esclava. Lo de ir tapada no era muy para ella. Llevaba un corpiño dorado y una pollera marrón abierta en los dos lados. Se había alargado el cabello y atado en una alta cola de caballo.

Pero sin dudas, el premio de la noche se lo llevaba Blaise con su disfraz de C-3PO. No sabían de donde había sacado el tiempo, pero se había armado un prototipo de armadura dorada que le cubría todo el cuerpo, con incluso las articulaciones correspondientes para poder moverse, dentro de lo que cabía, cómodamente. Luna le había pintado la cara de amarillo y una especie de anteojos.

El papel de Yoda había quedado honoríficamente guardado para Teddy. Edward.

A pesar de todas las quejas iniciales, lo cierto era que los disfraces le estaban dando un toque más que divertido a la no-tan-improvisada fiesta. La imagen era una buena antítesis de lo que había sido la primera, en el cumpleaños de Draco y Pansy. Esta vez los grupos estaban mucho más homogeneizados, teniendo en cuenta también, que eran el doble de personas.

Todos habían estado aunque sea por una pieza en la pista de baile. Habían acondicionado el salón de la casa destinado a ello, y Pansy había encantado el reproductor de música de Hermione para que variara las cintas y sonase a todo volumen.

Si, un grupo de sangres pura bailoteando al son de música muggle.

En ese momento George bailaba con Daphne Greengrass mientras Ron conversaba con su hermana y tomaban un trago. Blaise también estaba en la pista de baile acompañando y tratando de imitar los pasos de Luna, al igual que Draco y Hermione que bailaban más discretamente a un lado.

Theo, Harry, y Ginny miraban divertidos las distintas danzas, comparándolas, mientras que Pansy seguía suministrándoles nuevas bebidas.

En un momento determinado Hermione sacó la bolsa de chucherías que había comprado el día anterior en el supermercado y todos se divirtieron con las paletas que pintaban la lengua, los caramelos que hacían cosquillas en tu boca o esos pastelitos que al morderlos les salía un jarabe verde del interior… George se había hecho particularmente adicto a estos. Blaise, un niño como siempre, iba jugando con las gomas de azúcar con forma de dientes de vampiro.

—¿Los muggles saben de la existencia de los vampiros? —Preguntó Astoria. Cuando no era una jodida perra podía mostrarse como alguien culta y con quien mantener una charla civilizada y hasta interesante.

—No. —Respondió Harry. —Para ellos son sólo un mito, todo parte de la leyenda de Drácula.

—Luego se ha desvirtuado un poco la esencia, tienen adoradores, han escrito hasta novelas románticas sobre ellos… —Agregó Hermione con el ceño fruncido.

—Los muggles tienen una imaginación sorprendente. —Dijo Blaise. —Es extraña la manera como a pesar de no conocer la magia la buscan e intentan acercarse a ella… de imitarla.

—Estas golosinas no tienen nada que envidiarle a las de Honeydukes. ¿Cómo lo logran? —Preguntó George, notablemente interesado.

—Mediante mezclas y sus respectivas reacciones químicas. Algo parecido a las pociones…

—Lo que dice Blaise tiene sentido —Intervino Draco. —En un principio ambos mundos estuvieron mezclados, los muggles supieron siempre de la existencia de la magia… luego al darnos caza y nuestros antepasados tener que crear este "mundo oculto", tras pasar las generaciones fue volviéndose una leyenda para ellos. Sumado a que cada tanto nace un mago hijo de muggles o algún mago se casa con un muggle. —Hermione asintió ante la lógica que Draco había encontrado.

—La mayoría de los cuentos para niños incluyen magia.

—Salvo que la bruja siempre es la mala del cuento —Agregó Harry. Hermione volvió a asentir.

—Sí, las buenas son las hadas madrinas…

—¿Hadas madrinas? —Preguntó Pansy participando por primera vez en la conversación.

—En resumidas cuentas, son brujas buenas, que se hacen pequeñitas y tienen alas, y cumplen deseos. —Resumió Harry. —La del cuento de Cenicienta hasta tiene varita.

—Las de La Bella Durmiente también. —Le recordó. —Muchos cuentos tienen cosas de la realidad, lo he pensado cuando recién conocí el mundo mágico. Supongo que los escribió algún mago y se hizo popular entre los muggles. —Se encogió de hombros. —Conocen a Merlín.

—Bueno, muy interesante la charla de Cultura Muggle, pero podemos dejarla para otro día porque esto es una F-I-E-S-T-A. —Deletreó con énfasis. —Y hablando de magia… —Hizo un movimiento de varita e hizo que una nueva ronda de tragos apareciera sobre la mesa. Todos vitorearon alegremente. Ella aprovechó y tomó a Hermione y Luna de la mano, ésta última agarrando a Ginny, y las arrastró hasta la pista.

Mientras ellas bailaban bastante ajenas al resto, Harry, Ron, George anunciaron que irían a tomar aire al patio y las Greengrass se les sumaron al instante. Los tres chicos se quedaron bebiendo y mirando a las cuatro chicas que se divertían abiertamente. Theo tomó a Draco por sorpresa cuando enlazó sus mentes, haciéndolo espectador del show.

Todo era distendido hasta que la música dio un cambio bastante brusco en el ritmo.

—¡Oh, Dios, amo esta canción! —Exclamó Hermione emocionada, antes de comenzar a moverse lentamente al compás de la música.

Ésta era cadenciosa, sinuosa, tremendamente sensual. Y Hermione con sus movimientos hacía mucho énfasis en ese último calificativo. Al principio las otras tres la miraron sorprendidas por su actitud, pero luego intercambiaron una mirada entre ellas y divertidas se propusieron imitarla. Draco escupió de golpe lo que fuese que estaba tomando, ahogándose.

Las cuatro bailaban pegadas una a la otra, moviendo sus cuerpos de manera lenta y serpentina. Pronto eso pareció significarles poco y agregaron sus manos, las que paseaban por sus propios cuerpos y los de sus acompañantes. Parecían haberse metido en una burbuja de lujuria donde ninguno de los tres chicos tenía cabida.

Pobre de ellos que las miraban con ojos desorbitados y mandíbulas abiertas. La respiración de los tres estaba agitada y lo mejor de todo era que sus objetivos eran distintos. Draco gruñía cada tanto cuando Theo se focalizaba demasiado en Lovegood.

De repente fue demasiado por aguantar. Blaise se incorporó de golpe, llegó hasta ellas, tomó Ginny de un brazo para apartarla y acorralándola contra la pared, la besó. Aunque decir beso es un poco simple para describir la manera que devoró sus labios, sobre todo cuando la pelirroja cayó en cuenta de lo que estaba pasando, se abrazó a su cuello y le devolvió el beso con el mismo ímpetu.

Las otras tres miraron la escena entre risitas.

El coraje de su amigo le dio el empujón que necesitaba a Theo, pero él no montaría un numerito. Luego de cortar su vínculo con Draco, se acercó hasta Luna, le susurró algo al oído y le tendió el brazo. La chica, con los ojos más abiertos y brillantes que nunca, lo tomó y ambos se perdieron por algún pasillo.

—Yo mejor me voy… —Rió Pansy al notar que había quedado para sostenerles la vela a Draco y a Hermione y también desapareció.

Draco se mantenía en el mismo sitio. Bastante conmovido por lo que acababa de ver. Hermione se acercó hasta él y le besó provocativamente los labios

—¿Estás ebria? —Le preguntó él una vez finalizó el beso.

—Un poco. —Ella frunció el ceño. —No como para que el alcohol domine mis acciones, si es lo que verdaderamente quieres saber. Me estaba divirtiendo.

—Lo que digas…

—¿Estás molesto? —Se sorprendió. Draco se frotó los ojos y negó con la cabeza.

—No. Has estado fabulosa.

—Bien.

—Bien.

—¿Vamos a acostarnos? —Le sonrió, proyectándolo en su voz. —De pronto y sólo tengo ganas de estar contigo.

—Vamos. —Le sonrió, y tomándole la mano se dirigieron allí.

Cuando encararon las escaleras se encontraron a Pansy dormida sentada en uno de los escalones. Draco, como pudo, la alzó en sus brazos.

—Ve yendo, yo acostaré a Pansy. —Ella le dio un pequeño beso en los labios y subió delante de él.

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A pesar de creer en primer instancia que Hermione no estaba muy ebria, por experiencia personal, el primer lugar donde la buscó luego de recostar a Pansy fue en el baño.

Descartando dicha ubicación, sonrió para sí mismo al imaginar cuan dormida podría encontrarse si había ido directo a echarse en la cama.

Abrió la puerta de su habitación, y el panorama que lo recibió fue completamente distinto a ese imaginado. Hermione estaba de espaldas a él, sentada al borde de la cama, dando la impresión de estar observándose en el espejo frente a ella, lo cual dudaba puesto a la sugerente pose que mantenía. Y todo esto podía observarlo en detalle por él mismo gracias al hechizo que lo afectó apenas abrió la puerta.

Hermione se mantenía en su lugar. Y aunque le sonreía, se notaban los nervios picándole. Draco tragó en seco. Otra vez ese bendito conjunto de lencería.

—¿Dulce o truco? —Susurra ella y él pierde todo sentido.

Se arrodilló en la cama y gateó hasta ella. Era bastante difícil seguir sus propios sentidos cuando le llegaban imágenes desde otro punto de vista. Una vez la alcanzó, no pudo resistir el pasear con las manos por su cintura y subir hasta abarcar de lleno sus pechos, apretándolos ligeramente. Ella gimió. Tuvo el instinto de echar la cabeza hacia atrás pero se contuvo para poder mantener la vista en el espejo.

Cuando el chico comenzó a besarle el cuello con ímpetu, aprovechando cuan despejado se encontraba gracias al peinado, no pudo evitar cerrar los ojos, por mucho que se esforzara. Mucho menos al sentir el broche de su sostén desprenderse.

—Déjalo. Ya me alcanzó lo que vi. Disfruta —Se alejó de su cuello sólo lo necesario para llegar a susurrarle a su oído. Como pudo, Hermione asintió y finalizó el hechizo. Luego se volteó para poder, literalmente, devorar la boca del rubio, dejando finalmente caer la prenda por completo.

Las manos de Draco viajan hasta alcanzar su trasero y lo aprieta con fuerza. Hermione gime aún con los labios pegados y las lenguas enredadas. Sin separarse se las ingenia para pasar sus piernas para adelante y rodear la cintura de Draco con ellas, quedándose sentada arriba de sus piernas dobladas. Siente su erección golpear directamente en su zona de placer y esta vez no puede evitar echar la cabeza hacia atrás mientras un pesado suspiro escapa desde lo profundo de su pecho.

Él aprovecha esa separación y se inclina hasta llegar a lamer con la lengua uno de los pezones erectos de su acompañante. Ella grita, mitad sorpresa, mitad excitación. El repite la acción con la misma respuesta y lo vuelve a hacer hasta que decide abrir del todo su boca y meter todo lo que entre de aquél pecho dentro.

En un sólo movimiento él se alza y la recuesta con la espalda sobre el colchón. Ella apenas es consciente de lo que sucede cuando siente ser liberada de sus bragas. Algo en su cerebro le manda un alerta, es la primera vez que Draco la desprende de esa pieza de su ropa anterior. Todos los juegos siempre fueron por encima o por debajo, pero con bragas puestas al fin. Otra voz la manda a callar, para hacer el amor se necesita la ropa fuera. Y Merlín sabía cuanto ella estaba deseando que él la hiciese suya.

Pero todas esas voces, toda su consciencia, todos sus sentidos se apagaron, o mejor dicho, se agolparon en su bajo vientre, cuando la lengua de la serpiente hizo contacto con sus húmedos pliegues.

Gritó. Porque no pudo ni supo hacer otra cosa.

Sus manos viajaron por motu proprio hasta enredarse en esas finas hebras doradas con el único propósito de acercarlo más. Había sido tomada por sorpresa no sólo por lo repentino de la acción, sino porque no se había imaginado estar en esa situación. Ni siquiera era capaz de notar la clara inexperiencia del chico, que estimulaba con su boca con cierto titubeo y pendiente de las reacciones que cada movimiento provocaba. Pero Hermione estaba demasiado bien viendo las estrellas como para detenerse en algo así de insignificante. Él siempre había aprendido rápido,y sin dudas nunca le iba mejor que cuando se dejaba llevar por su instinto.

Un resquicio de cordura volvió a ella sólo para hacerle notar que la rasposa barba de tres días de Draco se rozaba con su intimidad. Ser conocedora de ello no hizo otra cosa que encenderla más. La sensación de aspereza entre sus pliegues era desquiciantemente devastadora.

No tardó mucho más en venirse.

Quiso darle aviso a Draco, pero, ¿para qué dar excusas?, apenas era capaz de lograr que dos neuronas hicieran sinapsis como para encima también conseguir hacer funcionar sus cuerdas vocales. Al encontrarse con tamaña sorpresa, lejos de molestarse, Draco la sostuvo mejor desde las caderas y se hundió más en ella, determinado en absorber todo lo posible de su esencia y de prolongar su pequeña muerte cuanto le fuera posible.

Hermione sentía las piernas electrificadas y un tortuoso escalofrío en la espina dorsal. Incluso una vez finalizado todo era incapaz de mover alguno de sus miembros.

—¿Estás bien? —Se ve obligado a preguntar viendo que la chica ni habla ni se mueve.

—Cuando sepa donde quedó mi cerebro te contesto. —Responde ella entre risas, contagiándolo. —Definitivamente, Malfoy, amo esa lengua de serpiente tuya…

—Y no sabes como me pone cuando me llamas por mi apellido. —Gruñó él antes de morderle seductoramente el lóbulo de la oreja.

—Déjame ver… —Susurra ella en el mismo tono y a tientas llega hasta su miembro, el cual apresa con seguridad. —Parece que tienes razón… —Comenzó a mover la mano.

—Hermione… —Gimió él. Bajito y gutural. Con voz grave, casi que para adentro.

Ella se sintió motivada, afianzó el agarre y aceleró el movimiento de su mano. Vio como Draco mantenía los ojos cerrados y la boca entreabierta, y a pesar de la fatiga eso la hizo volver a excitarse. Una idea se formó en su cabeza, demasiado tentadora, aunque no sabía si se sentía verdaderamente preparada para dar el paso, para devolver el favor.

Sus cavilaciones debieron de proyectarse de alguna manera en sus movimientos porque Draco adivinó sus pensamientos en cuestión de segundos.

—No. —Dijo firmemente. Recién al escucharlo, Hermione pareció volver a tierra.

—Pero…

—No. —Repitió, tajante —No es que estés en deuda o algo así…

—Yo quiero…

—He dicho que no, Hermione. Será mejor que vayamos a dormir. —Y para reforzar sus palabras, se desvistió, se acostó de lado en la cama y se cubrió con las mantas.

Hermione seguía pasmada en el lugar, mirándolo como si no pudiese creerse lo que estaba pasando. Draco ya había cerrado los ojos cuando Hermione habló.

—¿Me estás jodiendo? —Espetó. —Bueno, no, claramente no estás haciéndolo.

—Hermione…

—No, ¡Hermione nada! —Chilló. —¿Qué demonios está mal contigo? ¿O conmigo? ¡O con lo que maldita sea! —Decir que Draco estaba sorprendido por el floreado vocabulario de Hermione era decir poco.

—Nada está mal contigo.

—¡Entonces explícame! —Insistió sentándose frente a él, con una pierna a cada lado de su cuerpo tendido. Draco se sintió obligado a incorporarse un poco. —Porque no sé lo que tú creas, pero no es normal que cada vez que llegamos a este punto, tú te eches atrás. No sé si está claro, pero ¡no me estas forzando a nada! ¡Me estoy entregando a ti en bandeja de plata!

—Y eso quizás sea un poco precipitado… —Intentó defenderse, manteniendo la calma.

—¿Precipitado? ¿Ahora crees que nos estamos precipitando? —La indignación hacía estragos en su voz. —¡No te parecía muy precipitado cuando empezaste a meterme mano incluso antes que decidiera estar contigo! ¿Qué cambió?

—Y en ese entonces tú no estabas tan dispuesta a que Weasley te hiciera suya. Dime tú, ¿qué cambió? —Hermione tuvo que respirar profundo y recordarse a ella misma que eso también era parte de Draco Malfoy. Escupir veneno como método de defensa.

—Oh, quizás cambió que estoy contigo y no con Ron. —Respondió. —Ron no me despertaba lo que tú, Ron no me hizo descubrir lo que tú. No estoy desesperada por follar con alguien, quiero hacer el amor contigo…

—Hermione…

—Y no entiendo qué está pasando. Cómo la persona que me llevó a conocer el placer con sólo tocarme, que tanta paciencia me tuvo al respecto, siempre me rechace cuando le demuestro que estoy lista para entregarme a él.

—No es que te rechace…

—Si lo haces. —No lo dejó hablar. —Me llevas al éxtasis y luego das todo por finalizado. Sólo una vez pude atestiguar que tú también lo disfrutaras. ¡Mírate ahora! Hasta te has metido en la cama con tal de dar por zanjadas mis intenciones.

Draco bufó, comenzando a impacientarse. La discusión estaba tomando un tinte que no le gustaba para nada, y era completamente consciente que probablemente se pusiera peor. No era necio y sabía que era completamente su culpa. Era cierto que no había pensado que su reparo por no avanzar en el campo sexual harían tales estragos en la confianza y autoestima de Hermione. Era lógico, si lo pensaba; simplemente él era un idiota por no haberlo hecho. Sin embargo, tampoco le estaba siendo fácil ahora el mantener su orgullo a un lado. Escucharla creer que ella podía ser el problema, o que él no disfrutara de ella, le dolía. Porque él había vivido un infierno hasta llegar a ella, y ella conocía la historia con detalle.

—Sabes de primera mano cuanto te deseo, Hermione, no puedes cuestionarme eso, no puedes dudar de ello. —Le dijo, finalmente.

—¿Entonces porque no haces nada con ese deseo? —Suavizó la voz. —Estoy aquí, queriendo pertenecerte por completo. —Alzó la mano y la llevo hacia su pálido rostro acariciándolo con ternura. El torció un poco la cabeza para acentuar el contacto.

—Porque eres lo más puro que tengo —Reconoció. —Porque tú y lo que siento por ti es tan puro que no puedo permitir que eso suceda así, aquí, con tanta mierda y guerra al rededor. Con miedo de no saber si sobrevivimos. En una casa que hasta hace unos días parecía que se caería sobre nuestras cabezas. Con Weasley en el piso de abajo. Con Blaise entrando cuando le apetece.

—Amor…

—Eres tan hermosa, Hermione. Y ya te lo he dicho cuando quise empezar a cortejarte, me duele no poder darte lo que te mereces, no poder llevarte a comer, salir a caminar por la noche tomado a tu mano… ser un asqueroso cursi como a ti te encanta que sea. No quiero quitarte, quitarnos, también la oportunidad de no tener nuestra primer noche como la mereces…

Después de ese discurso, Hermione no se guardó las ganas de besarlo y así lo hizo. Al separarse, clavó los ojos en él, a pesar que no pudiera verla, ella sabía perfectamente como él podía sentirla.

—Draco, tú mismo lo has dicho. Estamos rodeados de tanta guerra, tanta muerte y horror… ¿no te parece que deberíamos tomar todas las chances que tengamos a nuestro alcance de esa pureza, de ese amor, de esa felicidad? —Puso un dedo sobre sus labios silenciándolo antes que la interrumpiera. —Podemos morir cualquier día, en cualquier momento. ¿Quieres dejar ir la oportunidad? Si algo me pasara, no quieres poder recordarme también de esa forma, sabiendo cuánto te quería, cómo me entregué a ti de todas las formas posibles? Yo sí quiero tener eso.

—Nada te pasará. —Respondió hosco. Ella le sonrió con ternura.

—Me gustaría que fueras un poco más objetivo en esto. No es que lo desee, pero es una posibilidad el que alguno de los dos, o los dos, no salga con vida…

—¿Quieres que sea objetivo?, la verdad es que no sé cuanto recordaré de ello. Por empezar porque no podré verte mientras te haga mía, y siguiendo con que ya empiezo a olvidarme tu rostro de antemano. —La manera en que Draco bajó la cabeza tras su declaración, le dio a Hermione la pista de que aunque todo lo anterior había sonado bastante convincente, el verdadero meollo de la cuestión estaba ahí. Ella lo tomó por el mentón obligándolo a levantar la mirada.

—Entiendo que esto sea difícil para ti, y me molesta un poco que no creas en eso, en que puedo entenderte, y que no seas capaz de contármelo. —Le dijo. —No hay mucho que pueda decirte, pero me gustaría que pensaras en si en verdad vale la pena perdernos de ello. ¿Tanto vale lo que podamos ver? Creo que lo que importa es lo que vamos a sentir. Y no me malinterpretes —Se atajó. —No estoy siendo hipócrita como si eso no fuera importante, sé que lo es, sé que lo sería especialmente para ti, pero… en la balanza, creo que aunque no puedas verme, vas a sentirme. Y nadie va a quitarte eso, Draco. Y será igual de especial porque es contigo…

—¿Realmente lo crees? —Preguntó dejando ver un poquito de su inseguridad. —¿Realmente es por vivir eso conmigo y no por tener la experiencia por miedo a lo que pueda pasarnos?

—¡No seas tonto! —Exclamó, aunque secretamente conmovida. —Si fuera así habría estado con Ron a pesar de sentir que no estaba lista o que él no era el indicado. —Se acercó a él lo suficiente como para llegar a susurrarle al oído cómodamente. —Quiero que me hagas tuya, Draco Malfoy.

—Si te hago mía, luego tendré que desposarte. —Intentó aligerar un poco el ambiente para disimular el escalofrío que había recorrido su columna y había terminado agolpándose en su zona sur. Ella le sonrió.

—No te veía un tipo tan conservador….

—Familia Sangre Pura, querida -Se encogió de hombros. —¿Qué puedo decir…? —Ella estalló en una carcajada.

—Es irónico que digas eso tratándose de una Sangre Sucia. —Respondió en tono seductor. Él la abrazó por el trasero acercándola más a él.

—Oh, pero por ella vale la pena la desheredación. Simplemente que las costumbres quedan, ya sabes… —Ella volvió a reír. Música para los oídos de Draco. Él le acarició el rostro y le peinó unos mechones de cabello que habían escapado de sus rodetes hacia atrás de sus orejas. —Realmente me gustaría.

—¿Casarnos? —Preguntó ella. Él asintió.

—Quiero todo contigo. —Dijo serio. —Si todavía me aceptas cuando todo esto termine… te daré todo, Hermione. La boda, la casa, los niños. El cielo si así lo pides. —Ella volvió a acariciarlo. —Sé que hace pocos meses estás conmigo, pero yo llevo esperando años por esto, no te asustes porque me muestre tan efusivo con todo eso… —Ella lo silenció con un dedo en sus labios.

—Yo también lo quiero todo contigo, amor. Ya te lo he dicho, si te elegí es porque estoy segura de eso, además sé como te sientes tú respecto a nosotros, así que no me asustas… —Lo tranquilizó. —Pero no tenemos por qué esperar a que todo termine para empezar… —Murmuró sugerente. Draco arqueó una ceja, interrogante. —Ya sabes, los niños… podemos ir practicando. —Draco rió y le dejó un beso en el cuello.

—Amo cuando eres osada y estás decidida a algo. ¿No te darás por vencida verdad? —Ella negó sacudiendo la cabeza. Ya había dejado de castigarse mentalmente cada vez que le respondía con movimientos, era un alivio que Draco pudiera interpretarla. —Me siento acosado.

—Creo que lo estás siendo… —Le sonrió. —Entonces, ¿qué me dices? ¿Me harás el amor? —Draco tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para manejar los temblores de su cuerpo.

—Lo haré… pero no hoy. Me siento un maldito idiota con lo que voy a decir, pero… necesito un poco de tiempo para hacerme a la idea.

—Va a resultar que el Gran Draco Malfoy era sólo otro niño mojigato… —Bromeó ella y como represalia él la volteó sobre la cama y comenzó a hacerle cosquillas. —Está bien, está bien. —Se rindió. —Puedo conformarme con eso… por ahora. —Draco le sonrió de una manera tan encantadora que la hizo derretir. —¿Puedo besarte ahora o también es demasiado para ti? —Volvió a reír.

—Ven aquí y cállate. —La tomó por la cintura hasta pegar sus cuerpos y la besó. Hermione no fue lenta en abrazarlo con las piernas, enredar las manos en su pelo del mismo modo que lo hacía con sus lenguas. —Estás haciendo trampa, Granger. —Dijo él casi sin aliento al separarse. Ella rió por lo bajo y volvió a besarlo, pasándole tortuosamente la lengua sobre los labios.

—Una chica tiene que intentarlo...


N/A: Bueeeno, aquí estoy de vuelta y con un capítulo bien largo. La verdad que cuando me di cuenta de lo largo que iba a ser creí que me llevaría mucho más tiempo tenerlo listo pero los planetas se alinearon y acá pude traerlo!

Mucho tiene que ver con la motivación que me han dado con los reviews que han sido varios, muchas gracias!

En cuanto al capítulo, lo primero que quiero decir es que originalmente los chicos iban a ver Batman, pero la muerte de Carrie Fisher (la Princesa Leia) me ha dado bastante duro y bueno, quise hacerle un pequeñito homenaje aunque mucho no fuera, ya que justo tenía la oportunidad servida en bandeja. (Perdón, Batman, ya te lo compensaré jaja)

Ha sido un capitulo de transición y tranquilo. Lamento que esta paz y felicidad de los chicos acabe pronto pero ya el capitulo que viene vuelve el drama y todas esas cosas que trae consigo una guerra.

Todas se han mostrado más conscientes de lo que sucedía con Draco que la misma Hermione, creo que su propia frustración no la estaba dejando ver más allá y se había ido por el lado de echar abajo su propio autoestima... nada raro para ser mujer, digamos la verdad. Pero bueno, han podido arreglarlo y despejar todas las dudas.

Dato: El tema que dejé al principio es también la canción que bailan las chicas. Gasté mucho tiempo buscando una versión anterior al 1997, dado que mis favoritas son posteriores jaja.

Espero que este capítulo tenga el mismo (o mejor) éxito que el anterior. Lamento no poder sus rr en estos días, pero es eso o ponerme a escribir y creo que todas prefieres que haga lo segundo. Espero también contar con los mismos factores positivos y poder traerles rápidamente el siguiente capitulo, y cómo dije antes, pueden ayudar con sus motivadores reviews!

Espero que hayan empezado genial este año. Les mando un beso enorme!

Ilwen. (20/01/2017)