Recomendación musical:"With or without you – Amy Lee"


Cap 27 – El despertar de la Bella Durmiente

Un mes.

Sí. Un mes entero había pasado Hermione tendida en la cama que compartía con Draco. A pesar de todo, él se había puesto bastante firme en que no la movieran al que era su antiguo cuarto. No es que ella necesitara alguna privacidad, y a él le daba cierta tranquilidad tener el calor de su cuerpo a su lado; con todo lo que había pasado, las pesadillas estaban más que a la orden del día y, inconsciente o no, ella seguía siendo una especie de bálsamo para él.

La preocupación por el estado de Hermione había obligado a que todos hicieran a un lado el dolor por los acontecimientos de aquél fatídico día y pusieran sus energías en ella. Amanda iba a comprobar su estado mínimamente una vez por semana, nunca había cambios, aunque, dicho con sus propias palabras, el único cambio que podía haber era que despertara de golpe, o que… bueno, lo que nadie quería decir en voz alta. Su cuerpo no parecía tener ningún problema, no estaba herida ni tenía algún tipo de maleficio sobre ella, no había hechizos afectándola. Este hecho les daba esperanzas como los desesperaba en igual medida.

Draco ya se había acostumbrado a que su habitación se volviese una especie de Sala Común. Muchas veces desayunaban o tomaban el té allí, porque Luna sostenía que Hermione podía oírlos y quería hacerla parte de sus conversaciones. Y cuando no, siempre había alguien que iba a visitarla. Potter se pasaba varias horas a diario llorando mientras sostenía su mano y hablaba con ella… Draco no sabía que le decía, pues optaba por darles su espacio y retirarse, pero era un ritual cuasi religioso. Así como también Luna diariamente la lavaba y la mudaba de ropas, incluso a veces la cambiaba de posición o la sentaba con varios almohadones detrás mientras le leía alguna historia.

Había descubierto que cuando se quedaba solo con ella, Theo también le leía. Pero no historias. Theo seguía con la labor de encontrar su cura, y compartía con ella los nuevos tomos que iba encontrando. Blaise encendía el reproductor de música y ponía The Beatles de manera continua, sobre todo solía repetir un par de canciones en particular que él decía que la ayudarían a encontrar el camino de vuelta.

Quizás las extrañas ideas de Lovegood se les estaban pegando a todos.

Pero nunca se llevaban la contra. Nunca se contradecían. Todos, secretamente o no, mantenían un ritual con el que creían estar ayudando a la recuperación de Hermione. Todos tenían mucha fe, y necesitaban depositarla en algo, canalizarla. Y tener fe, expresándolo de la forma en que cada uno lo hiciera, no podía ser, bajo ningún punto de vista, algo malo.

Lo más difícil de sobrellevar era el silencio. De golpe, Grimmauld Place parecía haberse deshabitado. Pansy, quien solía ser una de sus mayores alborotadoras, no estaba. Ron había muerto y con ello también había vuelto a George al mutismo y al hecho que Ginny decidiera ir a pasar una temporada con Charlie en Rumania para poder sobrellevarlo. Y el descubrimiento sobre la verdadera personalidad de su hermana, aisló aún más a Astoria en los confines de su habitación, ya apenas si se la cruzaban alguna que otra vez en las cocinas.

Tonks prácticamente se había instalado allí con el pequeño Teddy, pero no parecía ser suficiente. Era el único momento donde aparecían las sonrisas. El bebé ya había aprendido a gatear y con sus nuevos balbuceos los tenía a todos bastante embobados. El momento favorito de Draco era cuando se lo llevaba a dormir la siesta a su cuarto y Edward, como él seguía llamándolo, besaba a Hermione, luego a él, y se tiraba sobre ellos abrazándolos y así dormirse.

Lo único que rompía con esa tácita rutina eran los ataques mortífagos que se habían intensificado de manera abrumadora. Harry, George, Theo y Blaise participaban activamente en sus redadas y enfrentamientos, a pesar de varias protestas. Luna y Draco eran los únicos que permanecían en Grimmauld Place para echarle un ojo a Hermione, y por qué no, a Astoria.

Un mes de silencio, tristeza, ausencias, noches sin dormir, días fuera peleando, The Beatles como banda sonora y comidas enlatadas. Aunque la guerra había estallado hacía tiempo ya, desde hacía un mes parecía haberles golpeado todo directamente en la cara.

— — — — — — — — — —

Ese día, Amanda había acudido a su control semanal cuando tuvo una revelación.

–¡Es su magia! –Exclamó con emoción. Todos la miraron sin comprender. –Estuve leyendo algo estos días sobre la suspensión de magia. Es algo bastante poco común y por lo tanto no hay mucha información sobre ello. –Explicó ante los ojos atentos. –El diagnóstico señala que la magia de una persona se encuentra dormida por alguna razón, puede ser por un maleficio… lo que ya hemos descartado, o emociones extremadamente fuertes… la persona no puede soportarlo y como método de defensa su magia se desconecta. Al mantenerse en ese estado "dormido", la magia hace que, como nuestros cuerpos están formados en base a su contención, la persona entre como en un estado también de sueño.

–¿Cómo un coma? –Preguntó Harry intentando interpretar correctamente la información. La mujer asintió.

–Sí, algo así…

–¿Puede ir a lo que importa y decirnos cómo la despertamos? –Se impacientó Draco. Lo único que le importó de toda la explicación fue que finalmente parecían haber detectado el problema en Hermione.

–Ese es el inconveniente… –Dijo Amanda, apesadumbrada. –En los pocos casos registrados que hay, o han despertado por sus propios medios, o no la han hecho nunca…

Draco se volteó y golpeó su puño fuertemente como la pared. Todas las noticias que últimamente llegaban por muy buenas que parecieran a primera vista siempre tenían su lado negativo… y a veces, como en este caso, aún más grande que lo positivo que pudieran sacar.

Theo se acercó silenciosamente y apoyó una mano sobre su hombro.

–Estará bien. Encontraremos la manera…

–No lo sé, Theo…

–Tenemos una biblioteca llena de información, somos buenos magos… algo se nos ocurrirá.

–Theo, hace ocho meses buscamos una cura para mi maldición… –Replicó.

–Lo que menos necesitamos son tus comentarios negativos, Malfoy -se quejó Harry. –Haremos lo que haya que hacer. Traeremos a Hermione de vuelta. –Draco se crispó de golpe al escucharlo. Instintivamente Theo lo sujetó con fuerza antes que se fuera sobre el otro chico.

–Escúchame Potter, porque será la única vez que tendré la paciencia para ser considerado. –Sorpresivamente fue Blaise el que habló. –Draco está pasando un infierno, y aunque no tenemos los mismos sentimientos que él, también estamos dolidos y preocupados por Granger. Tiene todo el jodido derecho de ponerse como le plazca, y nosotros… TODOS nosotros –remarcó. –lo apoyaremos. Es Draco, obviamente va a quejarse y a ponerse pesimista –dijo con una sonrisa– pero eso no quiere decir que no hará todo lo posible por ayudarla, dejará su vida en ello si es necesario, incluso si no hay una mínima chance de que funcione. Así que haznos el favor a todos y cierra el pico.

Todos en la sala lo miraban atónitos. No era común que Blaise perdiera los papeles, y no casualmente, las pocas veces que lo habían visto había sido en defensa de los suyos. Luna le sonrió cálidamente.

–Harry, lo que Blaise quiere decir…

–Potter entiende bien lo que quise decir, Luna -Dijo Blaise secamente. –Pero gracias.

Nadie más habló.

Uno a uno, fueron dejando la habitación y se dirigieron silenciosamente a la biblioteca.

–Hermione debería despertar solamente para ver lo que logró –Sonrió George. Incluso él había dejado su auto-reclutamiento para ayudar. –¡Estamos todos en la biblioteca leyendo!

Y por primera vez en día, sonó una, aunque breve, risa general entre las paredes de la Mansión Black.

— — — — — — — — — —

Muchos encantamientos fueron probados sobre Hermione en los días siguientes. Ninguno funcionó. Más hubo alguno que por lo menos había provocado una reacción, aunque mínima, en su cuerpo. Desde movimientos hasta destellos mágicos. Todo servía para alimentar la esperanza.

Tonks se había sumado a la búsqueda entre libros, ahora iba cada día a visitarlos, para alegría de Draco y Theo. De Draco porque verdaderamente era un soplo de aire fresco el poder pasar un rato con su sobrino, y para Theo, que dada su reciente condición había adquirido un extraño gusto por la carne casi cruda. Ese "casi" era crucial. Luna lo intentaba, pero siempre le quedaba o demasiado cruda o pasada de cocción, aunque nunca se lo diría. Tonks ahora se hacía cargo de la cocina y Theo agradecía a todos los antiguos magos por ello, ya que tenía cierta experiencia adquirida en ese campo.

Severus los visitaba en cada oportunidad que tenía. Él estaba haciendo lo propio en Hogwarts, mientras pudiese mantenerse sin levantar sospecha. Generalmente hojeaba algunos tomos y si creía que podían ser útiles se los llevaba para que los estudiaran más a fondo. Habían sacado la información más útil gracias a él. También sabían que Madame Pomfrey estaba más que encantada en ayudarlo cuanto fuera posible.

Remus estaba trabajando codo a codo con el Ministerio. Minerva se lamentaba, pero estaba atada de pies y manos en el colegio. Y salvo por George, no habían tenido noticias de los Weasley.

–¡Hey, primo! –Tonks entró a la habitación donde Draco estaba recostado con Teddy, al lado de Hermione. El pequeñito estaba sentado sobre el estómago del rubio dando saltitos. –Les traje el almuerzo… –Sonrió. Draco se sorprendía de cómo la mujer era capaz de mantener su tono enérgico y encantador a pesar de todo lo que sucedía, sabía perfectamente que ella también estaba destrozada por dentro. Le hizo una seña para que dejara lo que sea que le había llevado sobre la mesa de luz, con poco interés. –Draco… –Su tono se volvió serio. –No podemos mantenerte a base de pociones como a Hermione, tienes que comer… –Él sonrió levemente.

–Lo sé. Sólo estaba pensando un poco…

–Últimamente pensar es lo único que haces –Replicó ella.

–Estoy bien. Y no te preocupes, que le daré de comer a Edward ahora mismo… sino pronto comenzará a comerme un brazo. –Intentó bromear para desviar la atención del tema. Tonks lo supo interpretar correctamente, pero eligió no presionarlo.

–No dudo de ello… –Sonrió. –Quiero decir, de que te vaya a comer el brazo. –Él le devolvió la sonrisa y se sorprendió al notar el peso de ella sentándose en la cama, a su lado. –Draco… –Comenzó en un tono a él le resultó extrañamente maternal, dándole una idea de lo que se avecinaba. –Sé que no eres de los que exteriorizan lo que están pasando, pero… no puedo dejar de meterme y decirte que no es necesario que te contengas, que puedes desahogarte y hablar, contarme que piensas, que sientes… No soy la mejor versión de un adulto que pueda haber –rió. –pero estoy aquí, y soy buena escuchando… pero por sobre todas las cosas estoy interesada por cómo estés y en lo que te pase…

–No sé de donde has sacado que no soy un charlatán acerca de mis sentimientos… –Bromeó en un incómodo intento de romper con el clima sentimental. –Pero gracias.

–No voy a conseguir más que eso, ¿verdad? –Insistió pero sin dejar de lado el tono de broma. Draco lo pensó un poco antes de volver a hablar. Tenía la fácil salida de aprovechar y decirle que no, que no conseguiría más de él por ahora, pero también, y, ¿por qué no?, tenía la chance de pensar en voz alta y que haya otra persona mayor de un año de edad del otro lado escuchándolo.

Su prima tenía el cien por ciento de razón. Él no era de los que hablaba. Nunca lo había hecho y lo cierto es que tampoco lo había necesitado. El destino, como lo llamaba Pansy, se había encargado de ponerle tres personas en el camino que no necesitaban de sus palabras para entender lo que estaba pasando por su cabeza o su corazón. Lo conocían mejor que sí mismo. Nunca tuvo que reconocer su enamoramiento hacia Hermione Granger, nunca tuvo que comentarles sus dudas por los ideales de su padre o reconocer cuanto temía de chico no estar a la altura de sus expectativas. Ellos lo supieron y hablaron de ello como si no hiciera falta un reconocimiento en voz alta de su parte, así como tampoco necesitaron que él les dijera que había cambiado de bando y era un doble espía para La Orden del Fénix, que ellos fueron y siguieron sus pasos con el mismo silencio.

Blaise había dejado en claro cuanto entendía por lo que estaba pasando cuando se enfrentó a Potter. No necesitaba ningún acto semejante por parte de Theo para saber que él también lo hacía.

Pero había algo con eso de hablarlo con alguien más que lo seducía de alguna manera. Y lo cierto era, que con las opciones que barajaba, Nymphadora era por lejos la mejor candidata. Su problema, como siempre, era su cobardía. Una cobardía que en este momento muy bien no entendía, ya que, confiaba ciegamente en que la mujer no se burlaría de él ni mucho menos juzgaría alguna de las palabras que salieran de su boca. Sin embargo, allí estaba. Sujetándolo de un brazo para no dejarlo ir, para no dejar que diera ese paso que, aunque mínimo, en ese momento parecía ser decisivo y significarlo todo para él.

Se incorporó mejor sobre la cama y acomodó a Teddy sobre él, sentándolo más cómodamente sobre sus piernas. Luego acercó la bandeja con comida hacia él, y con paciencia comenzó a darle de comer. Tonks siempre tenía el detalle de cortarle las cosas previamente y mezclárselas con el puré, para facilitarle la tarea.

–¿Cómo se supone que comience? –Preguntó medio pensando en voz alta, medio esperando realmente una respuesta. Recibió una suave carcajada.

–No hay un protocolo para esto, Drake… –Le acarició el brazo con complicidad. –¿Qué es lo que sientes? Suelta lo que piensas, no formules oraciones correctas en tu cabeza antes de hablar.

–Impotencia. –Soltó siguiendo su consejo. –Sé que no es así, pero no puedo evitar pensar que sin mi condición, yo podría ser de más utilidad. –Reconoció– Todos pueden leer y rebuscar en libros, hacer realmente algo, mientras que de lo único que puedo ocuparme es de vigilar su respiración y controlar que esté bien tapada por las noches… Estamos parados en el mismo lugar que hace un mes. Conocer que es lo que puede estar sucediéndole no cambió las cosas en nada. Estoy cansado de aferrarme a cualquier cosa para mantener la esperanza. Mi novia está sumida en un sueño profundo y mi mejor amiga puede estar muerta. No sé de donde sacar fuerzas. Lo único que puedo hacer es reunir coraje y bronca para cuando pueda enfrentarme a los hijos de puta que están causando todo esto… –Continuó. A pesar de su ímpetu al hablar, nunca dejó de alimentar a Teddy, que lo miraba prestando atención a lo que decía, al igual que su madre, como si lo estuviese entendiendo. –Tampoco puedo dejar de preguntarme que fue lo que causó esto. Entiendo lo que la sanadora Lightwin nos dijo, entiendo que fue un shock emocional, pero… ¿yo no fui suficiente para retenerla? Ella dijo haberme elegido, pero si por la muerte de Weasley ella se está dejando ir…

–No. –Interrumpió por primera vez. Su tono era firme y serio. –Ni se te ocurra ir por ese camino, Draco…

–Pero…

–He dicho que no. –Remarcó. –No puedes seguir lastimándote así con esa clase de pensamientos. Hermione te ama, te eligió a ti por sobre Ron porque lo que sentía por ti era más fuerte. Pero no puedes hacer a un lado lo que de todos modos él significaba para ella. Creo que Harry no cayó en el mismo estado sólo porque es demasiado consciente de sus responsabilidades, ni siquiera su inconsciente puede hacer eso a un lado… al contrario, justamente, su magia debe ser la que más lo ata a la realidad, por obvios motivos. Hermione no quiso abandonarte, simplemente el dolor la colapsó. No sólo perdió a Ron, no puedes olvidarte que Pansy se ha vuelto muy cercana a ella en este tiempo, y que además, si mal no recuerdo, consideraba una amiga a la muchacha Greengrass…

–No es que la esté culpando…

–Lo sé. No es eso lo que te estoy diciendo. –Se corrigió. –Simplemente quiero que dejes de pensarlo de ese modo porque no es el correcto. Estás autodestruyéndote, autoboicoteándote. No quiero que tu magia colapse también, Draco. Ni quiero que te hundas en un pozo depresivo… Ni quiero ni dejaré que lo hagas. Te necesito aquí, eres de la poca familia que me queda, Teddy te necesita –Miró a su hijo que soltó un gorjeo feliz al escuchar su nombre– tus amigos te necesitan, Hermione, sobre todo, te necesita…

Draco asintió, aceptando para sí mismo las palabras que su prima acababa de darle. No podía hacer sus propios pensamientos a un lado tan fácilmente sólo porque ella se lo había dicho, pero sí sabía que todo lo que le había soltado tenía sentido. O al meno el suficiente como para decidir tomarse su tiempo en meditarlo.

–Gracias. –Dijo luego de un rato. –Esta mariconeada de tener conversaciones sentimentales no ha estado tan mal… –Le sonrió. Tonks le palmeó la pierna juguetonamente mientras Teddy aplaudía el final de su cena y se acomodaba sobre el pecho de Draco en busca del calorcito humano que lo llevaría en viaje directo a las tierras de Morfeo.

–Cuando quieras, primo.

–Que no se te haga costumbre, prima.

— — — — — — — — — —

¿Cuánto era capaz de cambiar una persona en tan sólo un mes?, fue la pregunta que corrió por la mente de todos cuando Ginny Weasley hizo su reaparición en la mansión.

Fue una mañana como cualquier otra, cuando Tonks fue a hacer su visita diaria, pero esta vez, además de Teddy, llevaba otra acompañante, y a pesar de ser bien conocida por todos, nadie fue capaz de reconocerla… o de reaccionar.

La primera en hacerlo fue Luna.

–¡Ginny! –Exclamó corriendo hacia ella y apretándola en un abrazo. La pelirroja le correspondió al mismo y respondió con una sonrisa renuente. –¿Cómo has estado? ¡Hay tanto para contarte!

–Tranquilla, Luna… hay tiempo. –Intervino Tonks. Ginny parecía estar incómoda en su lugar.

–¿Qué tal, Pecas? Entrenar con dragones te ha vuelto ti misma un fuego… –La piropeó Blaise apoyado en el barandal de la escalera mientras la recorría de pies a cabeza con la mirada.

Ginny nunca había sido una chica fea o con mal cuerpo, muy por el contrario. Por eso resultaba tan extraño que con el correr de estos meses pudiese verse aún mejor.

Parecía haber crecido un par de centímetros, y su rostro haber adoptado algunos rasgos propios de la madurez. Su mandíbula se veía más pronunciada, sus pómulos más marcados y sus ojos más fieros. Llevaba el pelo atado hacia atrás en una alta cola de caballo, lo que despejaba su rostro y hacía más notorios los cambios.

Su vestimenta negra adherida al cuerpo acentuaba cada una de sus curvas, las cuales estaban más definidas también.

El entrenamiento con Charlie en Rumania le había sentado de maravillas.

–Y veo que a ti no se te ha quitado la zoncera –le sonrió. Blaise le guiñó el ojo, coqueto.

–¿Ginny? –La voz de George llegó desde el piso superior –¿Eres tú? –Blaise tuvo que hacerse a un lado cuando el pelirrojo bajó como tromba para llegar hasta su hermana y abrazarla. Esta vez la pelirroja sí sonrió ampliamente y lo apretó con fuerzas contra si.

–Te extrañé.

–Yo también pequeña. –Se separó de ella sujetándola todavía por los antebrazos y la miró a los ojos. –¿Charlie te ha cuidado bien? ¡Mira lo delgada que estás! Ningún dragón te lastimó, ¿verdad? –Ginny rió con ganas.

–George, ¡pareces mamá! Incluso, ella me ha hecho menos preguntas… –George sonrió.

–Está bien que me haya descuidado, pero creo que todavía mantengo la buena figura –Bromeó acomodándose el chaleco. Por un momento todos compartieron una risa.

De todos modos, el momento no duró demasiado. Cuando Ginny volvió a abrir la boca, las caras largas y las miradas caídas.

–¿Cómo está Hermione?

— — — — — — — — — —

La noche trajo más visitas a Grimmauld Place. Con la vuelta de Ginny, y aprovechando que Charlie se quedaría unos días antes de volver a Rumania, La Orden decidió hacer su primer reunión oficial tras aquella fatídica Navidad.

Hasta ahora se las habían arreglado reuniéndose en grupos reducidos y resolviendo sobre la marcha, pero eran conscientes que en algún momento debían de sentarse y armar un plan organizado a futuro. Seguir trabajando de la misma manera, a pesar de poder controlar los ataques de las líneas enemigas, no les dejaba avanzar en ningún otro aspecto. Defenderse no era necesario, porque los ataques seguían sucediéndose y la gente muriendo, necesitaban formar planes de ataque, necesitaban, en lo posible, poner un punto final de una vez por todas a la guerra.

Por primera vez, también, decidieron incluir a Astoria Greengrass a la mesa. Esta decisión había sido tomada tras mucho debate e intercambio de opiniones. Finalmente, concluyeron en que habiendo pasado lo pasado, Astoria no era más que una víctima, y no era peligroso develar cosas frente a ella. De todos modos, se aseguraron de esto con una pequeña dosis de Veritaserum y un Juramento Inquebrantable con el mismo Kingsley Shacklebolt, a cambio se le garantizó seguridad y protección… Astoria no tuvo que pensarlo mucho antes de aceptar.

–Daphne nunca se comportó de manera extraña –aseguró –. A menos que ser la hija perfecta, dulce y servicial se considere.

–Nunca hizo ningún comentario a favor de Voldemort… –Insistió la señora Weasley.

–No.

–Podemos dar fe de eso –Intervino Theo. Sus dos amigos asintieron.

–Incluso siempre fue bastante criticada en Slytherin por socializar tanto con gente de otras casas… Agregó Draco.

–Puedo recordar eso, además de ser siempre una alumna aplicada que no ha generado ni el menor inconveniente. –Dijo McGonogall, el tono de decepción implícito en su voz.

–Hermione dijo que eran amigas –recordó Ginny– Cuando la trajeron a la casa, ella dijo que se hicieron amigas en la biblioteca…

–¿Hay alguna posibilidad de que haya sido encantada bajo el Imperius cuando atacaron a sus padres?

–No. –La voz de Snape fue tan firme que no daba lugar a réplica– Yo mismo verifiqué en las dos muchachas que ningún encanto, de ningún tipo, estuviese en ellas.

–¡Oh, Merlín! –Chilló de golpe Astoria cubriéndose la boca con las dos manos. Todas las miradas se dirigieron a ella. Sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.

–¿Qué sucede, mi niña? –Preguntó cálidamente la matriarca de los pelirrojos.

–El ataque… si… si ella… alguien nos delató y… oh, Merlín… –Sus palabras se ahogaron en su propio llanto. Molly se puso de pie y de inmediato se acercó a ella para rodearla con sus brazos. El resto de la mesa intercambió miradas. Los tres Slytherin apretaban con fuerza la mandíbula.

–¿Cuánto tiempo nos ha estado tratando de idiotas? –retoricó Draco.

–Su respuesta no nos cambiará nada ahora. –Dijo Lupin– Lo único que podemos sacar en positivo es que ningún tipo de información útil para el otro bando llegó a sus oídos… –Astoria asintió firmemente mientras bebía un poco de agua.

–Incluso con eso ella se notaba paciente –dijo. Todos la miraron sin comprender. Respiró hondo antes de continuar. –Yo estaba bastante enfadada por tener que encerrarnos en nuestra habitación cada vez que alguien llegaba, por no poder circular libremente por la casa, o que las conversaciones se volvieran extremadamente banales cada vez que compartíamos el lugar con el resto… Daphne… –el nombre de su hermana salió con esfuerzo– ella nunca se quejó, decía que tuviéramos paciencia, que ya nos ganaríamos su confianza… –Una risa seca salió de la boca de Tonks.

–Lo irónico de todo es que habíamos decidido mantenerlas al margen por su propio bien. Queríamos darles espacio a mejorar completamente y que luego pudieran decidir por ustedes mismas que hacer. No las obligaríamos a pelear de nuestro lado si no querían hacerlo…

–Creo que seguir girando en torno a la señorita Greengrass no nos llevará a ningún sitio –dijo Snape.– Sus motivos o desde cuando los oculta no cambian lo que ha hecho, ni nos guiarán hasta ella y su grupo.

–Sabemos que están en Malfoy Manor –respondió rápidamente Blaise.

–Sí, pero han vuelto un lugar impenetrable –refutó el profesor. –En este momento, ni siquiera Draco sería capaz de entrar. Sólo podemos acudir cuando él mismo nos convoca.

–¿Entonces Daphne…? –preguntó Astoria.

–Debe haberse encontrado con alguien que la fuese a buscar y la hiciera ingresar –respondió.

–¿La has visto?

–No, Astoria, todavía no. –El rostro de la muchacha pareció apagarse un poco más.

–¿Cuál es el plan ahora? –Preguntó Harry. La mesa se mantuvo en silencio absoluto por unos momentos antes que todos comenzaran a hablar a la vez.

Para el final de la reunión no habían muchas soluciones.

El tema de Hermione no parecía tener salida y nadie sabía como seguir adelante con su emprendimiento derivado de la idea de Pansy de "embotellar amor", pero para todos, burlas más, burlas menos, parecía una idea que podía convertirse en una verdadera oportunidad.

Charlie había sugerido comenzar a recurrir a otros países en busca de ayuda. Por el momento, todos fuera de Reino Unido se habían mantenido bastante al margen. Los ataques no salían de ese perímetro y aquello creaba una falsa sensación de seguridad en el resto. Pero lo cierto era que Voldemort nunca iba a tener suficiente, y pronto iba a querer expandir su dominio. Todos los que mantenían contacto con gente en el extranjero se ocuparían de eso, lo que les daba algo por hacer y les quitaba la sensación de incompetencia.

McGonagall seguiría organizando las cosas desde Hogwarts junto a sus colegas. Mantener a los mortífagos a raya con el alumnado era una tarea cada vez más dificultosa, y debía dividir su tiempo con la investigación en la biblioteca.

Snape cada vez que podría se inmiscuiría en la biblioteca de los Malfoy. Draco sostenía que allí habían libros de pociones donde podrían encontrar algo que les arrojara una luz sobre el plan de las chicas. También investigaría el cómo quebrantar los nuevos encantamientos que protegían la mansión, y por supuesto, seguiría filtrándole a La Orden cuanta información llegase a sus oídos.

Los chicos se mantendrían entrenando, ahora con la incorporación de Astoria, y continuarían sus investigaciones en paralelo. Nada cambiaría mucho para ellos, para su frustración. Tonks casi podría reír por sus caras de desdicha si no fuese porque ella se sentía de la misma manera.

Cuando los invitados se fueron, la casa se sumió en su habitual y rutinario silencio. Cada uno se dirigió a su habitación y una vez dentro de sus camas dieron rienda suelta a sus pensamientos, que aunque eran propios, todos tenían la misma problemática en común.

— — — — — — — — — —

Cuando esa mañana Draco volvió a entrar a su cuarto luego de darse su baño, se encontró con la presencia de Ginny al lado de Hermione.

Fue suficiente escuchar su llanto para entender la situación. Intentó dar marcha atrás y dejarla con su momento de intimidad, pero la pelirroja lo notó antes que pudiese llevar a cabo dicho plan.

–¡Hola, Draco! –Dijo disimulando la voz estrangulada y secándose las lágrimas con su puño. –No es necesario que te vayas. Lamento haberme metido así en tu habitación.

–Esta bien –sonrió él– Esta habitación se ha convertido en una especie de Sala Común… ya verás como todo el mundo entra y sale. –Ginny respondió con una risa tímida.

–En esta casa siempre hubo un concepto extraño sobre la intimidad.

–¿Había un concepto? –bromeó él mientras se sentaba al otro lado de la cama y buscaba a tientas la mano de Hermione para sostener entre las suyas.

–Debe ser difícil… –murmuró mirando a la muchacha que dormía a su lado. Draco asintió. No fue capaz de responder con palabras por el nudo que se había formado en su garganta. Decir que la situación era difícil era un eufemismo. –Hey… –le sujetó el brazo con comprensión –Lo resolveremos. Lo prometo. –Él volvió a asentir.

–Sé que sí. –Dijo por lo bajo. –Pero se nos están acabando las ideas.

–¡Entonces hagamos una lluvia de ideas! –Exclamó Luna desde la puerta haciendo sobresaltar a los otros dos que no habían notado su presencia. –Lo siento… –Sonrió al notarlo. –Buenos días, chicos

–Buen día, Luna –Le respondió Ginny con una sonrisa. –¿Qué propones?

–Oh, bueno… cada vez que mi padre se quedaba sin ideas para algún titular o nota de la revista, hacíamos una lluvia de ideas. Quizás funcione, somos muchos, podemos descubrir algo… –Draco no estaba para nada convencido de que la propuesta funcionara, pero Ginny, que pareció notar su negatividad, se apresuró a alentarla.

–Puede ser una buena idea, Lun –dijo– ¿Por qué no juntas al resto de los chicos y lo hablamos en el desayuno?

–Los chicos ya están reunidos en el comedor –dijo sonriente– En realidad subía a buscarlos a ustedes porque eran los únicos que faltaban. Tonks vino temprano y ha preparado el desayuno.

–¿Nymphadora ya está aquí? –preguntó Draco con sorpresa –¿Está con Edward?

–Si te escucha llamarla así te matará… –rió Ginny.

–Sí, Teddy está abajo. Parece que tiene algo para mostrarnos. –Los chicos asintieron y se levantaron. Draco, no antes de apretar con fuerza la mano de Hermione que sostenía y depositarle un dulce beso en la frente. Ginny buscó con tristeza la mirada de Luna, pero la rubia no supo que respuesta dar más que una suave encogida de hombros.

En el comedor ya todos estaban dando cuanta de su desayuno para cuando ellos entraron. Draco apenas había terminado de cruzar la puerta cuando se vio abordado por los brazos de su prima que lo saludaba entusiasta.

–Ahora que ya estamos todos… ¿puedes decirnos que diablos es tan importante? –Se impacientó Blaise sin dejar de masticar su tostada.

–No es algo que tenga que decirles, de todos modos –Dijo Tonks manteniendo el suspenso– Theo, puedes prestarle tus ojos a Draco? –pidió

–Eso sonrió extrañó… –rió Harry. Theo le devolvió una mirada de acuerdo, pero de todos modos accedió acercándose al lado del rubio enlazando sus mentes. Tonks sonrió satisfecha.

Sin decir mucho más, tomó a Teddy de los brazo de Harry y lo puso en el piso. Lo primero que hizo el bebé fue dar un chillido alegre y cambiar su cabello a violeta chillón.

–Drake, ¿puedes llamarlo? –le preguntó con una sonrisa pícara. Draco enarcó una ceja y miró al niño con preocupación.

–Edward, ven… –dijo con poca seguridad. Theo sacudió la cabeza a su lado.

–No es un perro. Agáchate para recibirlo. –Draco bufó pero siguió la recomendación de su amigo, quién bajó junto a él para que no perdiera del todo la perspectiva de visión.

–Edward.. ven. –Repitió. Esta vez el niño dio otro gritito en reconocimiento y le regaló unos aplausos. Luego pareció poner su mejor cara de concentración y movió lentamente su piernita, dando su primer paso hacia delante. Luego el siguiente. Y otro más.

–¡Está caminando! –exclamó Ginny emocionada.

–Pero todavía no tiene un año… –agregó Harry.

Teddy siguió su caminata, ajeno a la conversación que comenzaba a entablarse. Sus pasos eran titubeantes y se tambaleaba dando la impresión de que la caída sería inminente, sin embargo no sucedió.

Bueno, a Draco le había ganado su instinto protector y se había adelantado un par de pasos, pero no dejaba de ser toda una hazaña del pequeño metamorfomago.

–Los bebés magos suelen desarrollarse más rápido que los muggles, sobre todo los metamorfomagos. –le explicó a Harry. –Mamá me cuenta que yo di mis primeros pasos a los siete meses, y a los seis ya balbuceaba.

–No me extraña que hables tanto… –bromeó Draco por lo bajo. Ya había deshecho la conexión con Theo y abrazaba a su pequeño sobrino, quién ya había vuelto a teñir su pelo de rubio, el cual parecía ser su color favorito. Tonks le golpeó el brazo.

–¡Podemos aprovechar este buen ambiente para llevar a cabo nuestro plan! –Exclamó de pronto Luna, mirando a Ginny. Todas las miradas se dirigieron interrogantes hacia la pelirroja, que no supo que responderles.

–Claro, Luna –dijo al fin. –Por qué no les cuentas a todos tu idea…

–Bueno, con mi padre cuando estamos estancados en algo de la revista, hacemos una lluvia de ideas. Consiste en decir las cosas que se les ocurran, por más disparatado que suenen, que puedan servir para el fin que se busca. –Las caras de todos parecían decir que estaban más perdidos que antes de escuchar la explicación. Luna parecía no reparar en ello. –En este caso, el fin sería despertar a Hermione. Sabemos que su problema es su magia. La consigna es que todos soltemos ideas de cómo podemos despertarla, ¡cualquier cosa que se les ocurra!. Yo las anotaré y luego las releeremos y veremos si podemos sacar algo que sirva –Finalizó sonriente. El resto preció entenderlo mejor con la ejemplificación.

–¿Puedes empezar tú con un ejemplo? –Preguntó Tonks. Sonaba verdaderamente interesada.

–¡Claro! –Respondió sin perder el entusiasmo. Con su varita creó una especie de pizarra holográfica y escribió la palabra "Sexo" en ella. Todos la miraron con los ojos ampliamente abiertos.

–Creo que no estoy entendiendo –habló Blaise con la carcajada escapándosele de entre los dientes. –¿No hablábamos de despertar la magia de Granger?

–Sí. Estás entendiendo bien.

–Has escrito sexo…

–Así es.

–Tú no escuches… –Le dijo Draco a Teddy mientras le tapaba los oídos, lo que divirtió al niño.

–¿Podrías explicar la idea, Luna? –Intervino Ginny, antes que todo se fuera aún más de tema.

–Cuando dos magos tienen relaciones sexuales, la magia pierde su contención, como la magia accidental en los niños. Así que creo que si Hermione tiene sexo con Draco, podría despertar su magia. –Explicó seriamente, pero lamentablemente el efecto fue todo lo contrario. Esta vez ni siquiera Astoria pudo guardarse la carcajada.

–Luna, creo que eso sería considerado violación… –Le dijo Theo con todo el tono comprensivo que fue capaz de reunir. Luna fue a contestar, pero Ginny volvió a adelantarse por el bien mayor.

–Bueno, ¡sigamos! –dijo, y con su varita escribió "Leer libros sobre magia" –Capaz escuchar sobre hechizos provoque alguna reacción en ella…

–Ya lo intentamos –Dijo Theo.

–Nos la pasamos leyendo en su habitación –Asintió Draco. Ginny pareció desanimarse un poco.

El siguiente en acercarse a la pizarra fue Harry, quien escribió "Piedra Filosofal", otra vez, la mirada interrogante se plantó en todos sus compañeros.

–¿Qué? –preguntó a la defensiva, alzando los hombros –Luna dijo que valía cualquier disparate que se nos ocurriera…

Nadie más respondió. Tonks fue la siguiente en escribir "Miedo".

–Podemos actuar una situación extrema. Si Hermione puede escucharnos querrá ayudar. Quizás llevarla al borde la ayude. –Explicó antes que surgieran las preguntas.

–Eso es cruel –Sonrió Blaise. Fue el siguiente. Su idea fue "Ataque", y mientras la escribía explicó –Tomando un poco la posta de aquí nuestra amiga Tonks… ¿y si la ahogamos con la almohada? ¿o incendiamos su cabello?

-¿Perdiste la cabeza? –Chilló Draco.

–No te alteres. Escucha que mi plan tiene sentido. –Dijo con calma – Snape nos ha dicho que la magia de cada uno, tiene por instinto el defender a su mago… lo que ha pasado contigo y la maldición. Si Hermione corriese algún tipo de peligro real, su magia estría obligada a defenderla, por lo tanto… ¡tendría que despertar!

–A veces eres brillante… -Halagó Theo, pero al ver el gesto de Draco se apresuró a aclarar. –Pero es muy peligroso, no podemos arriesgarnos.

–¡Es sólo una idea! Luego las analizaremos detalladamente con sus pro y sus contra a cada una –Dijo Luna. –¿Quién sigue?

Ginny volvió a acercarse a la pizarra.

–Crookshanks –repitió.– No sé por qué se me ocurrió. Pero su gato tenía algo mágico y siempre fue medio extraño.

–¿Sugieres que Granger es capaz de despertar por su maldito gato y no por todos nosotros aquí preocupados por ella? –Preguntó Draco, entre enfadado y confundido. Ginny se encogió de hombros.

–Quién sabe…

Antes que el debate volviese a abrirse, para sorpresa de todos, fue Astoria la que sacó su varita para escribir. "Ritual".

–Estamos hablando de magia. Ahora que sabemos puntualmente lo que buscamos. Así como hay rituales para dormir la magia en una persona, debe haber rituales para despertarla…

–Eso sería magia oscura –Dijo Harry.

–Sé que no tuvimos la clase de magia oscura como debemos tenerla –Intervino Tonks– Pero ya todos son grandes y creo que saben que la magia es lo que es según el fin para que la utilicemos…

–Aquí hay muchos libros de magia oscura –Agregó Luna.

–Y tenemos medios para conseguir muchos más…

–Hasta ahora parece la mejor de las ideas que tiramos –Dijo Tonks.

–Personalmente, no hay nada más que se me ocurra. –Se lamentó Harry.

–Y tampoco fue brillante la que tuviste –Chicaneó Draco.

–Por lo menos tuve una…

–¡Chicos! –gritó Ginny– No se peleen. Lo único que nos falta es tener pleitos entre nosotros.

–Voy a llevar a Edward con Hermione para contarle lo que nos ha mostrado hoy. –Dijo Draco sin darles una segunda mirada antes de voltearse y caminar hacia las escaleras.

Ginny entonces se dio cuenta que había cosas que jamás cambiarían.

— — — — — — — — —

El esparcimiento luego de la reunión había sido casi instantáneo. Sobre todo para aquellos que ya de por sí eran como fantasmas en Grimmauld Place, como era el caso de George.

Si bien, la llegada de su hermana lo había animado y había estado presente en los sitios comunes más de lo habitual, era por ese el motivo por el que ahora mismo se sentía saturado.

En vez de correr a encerrarse en el ático, había optado por bajar a las mazmorras, lo que ahora eran las habitaciones de entrenamiento. Supuso que por la hora nadie estaría allí y a él le vendría más que bien descargar un poco de energía.

Su sorpresa fue cuando al entrar se encontró a la menor de las Greengrass, o de hecho, la única Greengrass que quedaba, golpeando con concentración las bolsas de arena.

George tuvo que admitir que era más que una alegría para la vista. A pesar de ser de contextura pequeña, la muchacha tenía todo bien ubicado donde lo tenía que tener. Y verla con aquella ropa de entrenamiento muggle, sudada, y expulsando su furia en cada golpe, era todo un espectáculo.

–¿Necesitas ayuda? –le preguntó acercándosele por la espalda, haciéndola sobresaltar. Inconscientemente ella se volteó con el puño disparando directamente hacia su rostro. Los reflejos de golpeador nunca se pierden, y gracias a ello George pudo esquivarla tomándola por la muñeca.

–¿Estás loco? –gritó ella al reconocerlo –¿Acaso no ves que estoy concentrada entrenando?

–Oh, sí… lo he visto muy bien –Sonrió George mientras miraba abiertamente su pecho subiendo y bajando por la agitación. Automáticamente el rostro de Astoria mostró un cambio de actitud, sonriéndole felinamente. Zafó la muñeca que George todavía apresaba y paseó sus dedos por el pecho del muchacho.

–¿Qué haces aquí abajo?... No nos hemos visto mucho por aquí.

–Considerando que vivías encerrada en una habitación y ahora soy yo el que lo hace, no nos hemos visto mucho… –Respondió él, enarcando una ceja al notar ese cambio en ella.

–Estamos bastante solos aquí, ¿no crees? –siguió recorriendo su pecho– Deberíamos unir fuerzas.

–¿Contra quién?

–¡No contra alguien, tonto! –rió ella– Sólo… a nuestro propio favor –Desprendió el primer botón de la camisa de George.

–Puede ser una buena idea –Sonrió George. Luego la tomó por cintura y la pegó a él. –Y respondiendo tu primer pregunta… bajé a gastar un poco de energía.

–Creo que puedo ayudarte con eso. –Dijo. Y lo besó.

— — — — — — — — — —

Hay una especie de orden natural que dicta que el momento del baño es cuando los pensamientos avasallarán nuestra cabeza, filosofaremos y nos haremos preguntas existenciales.

Se agrega un plus cuando el baño es nocturno. Entonces se vuelve una revisión completa de lo sucedido en el día.

Ginny estaba en medio de ese proceso. Y es que ese día había dejado mucho por procesar y analizar.

Había temido que su vuelta a Grimmauld Place trajera a ella recuerdos que la hicieran volver atrás en todos los pasos que había logrado dar alejándose de su depresión.

Sus meses con Charly habían ayudado más de lo que había supuesto cuando tomó la decisión de irse con él. Los primeros días habían sido difíciles, no sólo sufría la pérdida de su hermano Ron, sino que también el desarraigo y la separación del resto de sus amigos, pero cuando comenzó a tener participación en las actividades del campamento su mente se fue ocupando.

Pero el presente traía tantas cosas por las cuales preocuparse que no le dejó lugar a los recuerdos. Por un lado, estando en Rumania, había podido aislarse de todo el tema bélico, como si allí el mal no fuese capaz de llegar, y el volver a Londres había sido volver a enfrentarse a la realidad. Pero también estaba el tema de Hermione.

Lo que más impotencia le generaba era que la solución parecía estar al alcance de sus manos y eran incapaces de resolverlo. El concepto de "magia dormida" parecía llevar consigo la idea de despertar, y despertar era algo que no podía ser muy difícil, ¿no?

Decidió que ya había gastado bastante tiempo bajo el agua al ver la yema de sus dedos arrugados como pasas. Bufó. No parecía haber sido suficiente para acomodar sus ideas. Cerró el grifo y envolvió su cuerpo con un toallón. Desempañó el vidrio del espejo y se observó por un momento, ella también era capaz de notar sus propios cambios. Dejó caer la toalla y miró su cuerpo al completo. Lo único que parecía ser igual era el dibujo que adornaba debajo de sus pechos. Llevó los dedos allí y lo rozó con suavidad sintiendo el relieve que perduraba, una señal más de que aquél no era un tatuaje corriente.

De pronto, mientras lo delineaba, una idea golpeó con fuerza su mente. Con los ojos abiertos de par en par, tomó su ropa lo más rápido que pudo antes de salir corriendo.

— — — — — — — — —

Draco estaba sentado en la cama, con la espalda recta apoyada en el respaldo, y a su vez, con Hermione entre sus piernas con su espalda sobre él mismo, mientras intentaba cepillarle el cabello. No es que fuera de alguna utilidad, pero se había vuelto parte de su rutina íntima. Luego lo trenzaría y lo ataría con una cinta en la punta, le pondría un poco de perfume y se dispondría a dormir.

Esperaba que cuando despertara lo dejara seguir haciendo lo mismo.

Le fue inevitable soltar un suspiro tras el pensamiento. No podía dejar de pensar o planear por cuando ese día llegara, no importaba cuan pesimista se sintiera, cuan negro se viera el panorama.

Cuando su humor no era tan malo, se permitía reírse un poco de sí mismo. Su miedo era enorme y muchas veces nublaba su juicio, pero interiormente su amor por ella creaba una esperanza que viviría hasta con la más pequeña de las posibilidades de un final feliz.

El destino le había enseñado que los imposibles no existían. Siempre creyó que tener a Hermione a su lado nunca sería más que la mayor de sus fantasías, pero ahí estaba, recostado a su lado. Y eso parecía ser lo suficientemente fuerte como para luchar contra la otra idea en su cabeza que lo presionaba con que la vida nunca lo iba a dejar ser completamente feliz. Era consciente que estaban en una guerra y que las cosas no serían fácil, esta tenía que ser una prueba más.

–Además –susurró al oído de Hermione. Nunca había dejado de hablarle, ya sea contándole las novedades o susurrándole palabras de amor y de cuanta falta le hacía. –Todavía no hemos hecho el amor… y tú estabas bastante interesada en ello –rió –Luna ha sugerido que podría ser una forma para despertarte, pero me pareció desconsiderado de mi parte el no dejarte participar en nuestra primera vez –Le besó la coronilla.

Justo cuando salía de detrás suyo y la acomodaba acostándola por completo en la cama, unos golpes fuertes y ansiosos retumbaron en la puerta. Draco se apresuró a abrir, preocupado con lo que pudiese encontrar al otro lado.

–¿Weasley? –la reconoció al abrir la puerta. El sentir lo acelerado de su corazón y su agitación, no ayudó a tranquilizarlo. –¿Qué sucedió?

–Perdón la hora pero… –respiró hondo tratando de recuperarse, había corrido, literalmente, de una punta de la mansión a la otra. –Pero… sé como despertar a Hermione.

— — — — — — — — — —

Poco después, la habitación estaba llena de gente. Draco había intentado mantenerlos a raya, pero los gritos de Ginny cuando fue a llamar a Luna, alertaron a toda la casa y no hubo manera de retenerlos cuando se enteraron lo que estaba sucediendo.

Harry había sugerido esperar hasta el otro día, según él, una noche más no haría a la diferencia, pero nadie apoyó a la moción.

Ginny se había puesto firme. Había mandado a llamar a Amanda y luego sacó a todo el mundo de la habitación, a excepción de Draco, lo que también trajo quejas de Harry.

Básicamente, no tenían idea de qué iban a hacer. O mejor dicho, como iban a hacer lo que querían hacer. Pero la idea de Ginny había sido una gran luz arrojada sobre ellos.

El poder de las tres.

Habían decidido que Amanda debía estar presente por cualquier cosa que pasara… esperaban que buena. Que Hermione despertara no quería decir que todo estuviera bien o que no fuera necesario hacerle un control inmediato, sólo para asegurarse. Nadie había estado en desacuerdo con ello.

Pero tras esa idea, lo cierto era que no tenían ni pista de cómo empezar. Habían logrado comunicarse con Lupin, quién era el que más sabía sobre la cultura Celta para ver si se le ocurría algo, pero el pobre hombre lobo, por mucho que supiera, nunca había prestado atención particular a la parte de cómo llevaban a cabo sus rituales.

Fue Blaise, antes de salir, quién soltó un pensamiento que les dio material para pensar.

–¿Y si hacen lo mismo que hicieron cuando mataron a Bella? –preguntó. –Sin la parte de matarla, claro –se apresuró a corregir.

Ahora, lo que les quedaba, era dilucidar ese pequeño detalle. Como variar su hechizo, primero, sin la parte de Hermione, y segundo, sin llegar a matarla.

–Quizás no sea necesario que hagan nada. –intentó Astoria– Su magia está dormida, quizás el intentar canalizarla sea suficiente para darle esa sacudida… –se encogió de hombros. Todos la miraron con sorpresa. Porque había hablado y porque lo que había dicho no sólo no era un cometario venenoso sino que en realidad era útil y podía funcionar.

–Creo que tiene razón –avaló Draco– Podemos partir de ahí, y si no funciona deberemos buscar información o algo que nos de otra pista.

Todos parecieron estar de acuerdo y lentamente fueron abandonando la habitación. No por ganas, sino por la eminente amenaza que se presentaba con Ginny.

Amanda sugirió mantenerse detrás de la puerta, y que la llamaran de ser necesaria. La mujer mayor era bastante temerosa a lo desconocido y un par de adolescentes invocando magia druida no era algo precisamente seguro. Draco, por su parte, únicamente se movió hasta una esquina de la habitación, para darles su espacio; Luna se había propuesto a compartir el hechizo de visión con él, pero sabiamente rechazó la oferta alegando que ella iba a necesitar toda su magia para lo que iban a hacer y no valía la pena arriesgarse por él.

Las dos chicas tenían el nerviosismo pintado en la cara. Se habían sentado una a cada lado de Hermione y la habían tomado de las manos mientras hacían lo mismo entre ellas también. Ginny dio un asentimiento a Luna como señal, y cerró los ojos.

Para Luna no fue difícil abrir su canal ni conectar con el de Ginny una vez que la pelirroja logró hacerlo, lo que había llevado un poco más de tiempo. Encontrar el canal de Hermione sí había sido complicado, sobretodo cuando la experiencia era tan extraña para ellas. Su mente parecía haberse metido en una especie de túnel, podían ver halos cruzando, que suponían era su magia y sus canales de energía. Instintivamente fueron atravesándolos hasta poder llegar a lo que evidentemente correspondía a Hermione.

Era una bola de luz que latía dentro de una cápsula invisible. Los colores en ella se entremezclaban entre sí generando una especie de psicodelia. La pregunta ahora era cómo liberarla.

Luna decidió cortar por un momento la conexión y volvieron inmediatamente a la realidad.

–¿Qué demonios? –exclamó Ginny una vez salida del trance. Los ojos de Luna mostraban la misma sorpresa.

–¿Qué sucedió? –preguntó Draco inmediatamente.

–Encontramos la magia de Hermione –explicó Luna–. Parece estar encerrada en una burbuja, pero no sé como podemos sacarla de allí.

–Creo que tengo una idea –dijo Ginny–. Debemos intentar manejar esos halos de nuestra magia. Una vez lo logremos, podemos utilizarla para romper esa burbuja o lo que sea que sea.

–No sé a qué se estarán refiriendo pero, ¿creen que pueden lograrlo? –preguntó Draco. Ginny se encogió de hombros.

–Tenemos que intentarlo. –dijo. Draco asintió.

Las chicas volvieron a mirarse y a tomarse de las manos antes de volver a sumergirse en sus mentes. Volver a encontrar la magia de su amiga no les costó ni la mitad del tiempo que les había llevado antes, pero ahora el tiempo lo perderían intentando hacer que su propia magia actuara como ellas lo deseaban.

Una vez que lo lograron, comenzaron a golpear con fuerza ese caparazón. La magia de Hermione parecía también estar haciendo fuerza desde dentro, atraída por aquello que formaba el poder de las tres. No tardó mucho para que esa burbuja invisible comenzara a mostrar en ella varias grietas. Esto produjo una nueva ola de motivación, por lo que su fuerza aumentó y en pocos golpes más lograron reventarlo.

La explosión fue tan fuerte que se vieron expulsadas instantáneamente. Una vez conscientes notaron, además de su agitación, un fuerte ardor bajo sus pechos. Sin importarles las preguntas que Draco hacía con impaciencia, levantaron sus remeras para encontrar sus triquetas brillando a rojo fuego, tal como lo habían hecho cuando aparecieron en ellas. Inmediatamente comprobaron a Hermione y se sorprendieron al ver como su marca incluso había quemado su camisón, logrando una transferencia del símbolo casi perfecta en la tela.

–Debería funcionar –Dijo Ginny. Comenzó a llamar y a sacudir a Hermione con insistencia.

–Draco, has entrar a Amanda –ordenó Luna. Podría hacerlo ella misma si no se sintiera tan agotada, incapaz de levantarse de la cama. Además, Draco seguía haciendo preguntas y ellas no tenían verdaderas respuestas para darle.

La sanadora entró rápidamente y tras echar un rápido vistazo a las otras dos chicas para verificar que estuvieran bien, se dispuso a trabajar en Hermione.

Todo el resto se había agolpado en la puerta, incapaces de entrar tras la mirada de advertencia que les había dirigido Ginny. Nadie hizo preguntas y trataron de mantener su tranquilidad mientras la mujer realizaba su trabajo. La impaciencia era cada vez mayor, pero la sonrisa que empezaba a estirarse en el rostro de Amanda los tranquilizó de inmediato.

–Ella está bien –les sonrió soltando un suspiro. Los demás respondieron en reflejo, jadeando y soltando exclamaciones de alivio–. Ahora sólo debe despertar, pero lo hará naturalmente. Ya no hay nada que la retenga, su magia está circulando por ella, aunque todavía con un poco de violencia. Cuando su cuerpo vuelva a acostumbrarse, se despertará por sí misma. –Todos asintieron, aceptando sus palabras, mucho más calmados–. Les recomiendo que vayan todos a descansar, yo haré lo mismo. Mañana Hermione tendrá muchas preguntas… y energía.

Un poco reticentes, pero todos estuvieron de acuerdo y se marcharon a sus dormitorios.

–Chicas… –las llamó Draco. Luna y Ginny se voltearon una sonrisa llena de fatiga–. Gracias.

–No tienes que decirlo –La sonrisa de Ginny se amplió.– Haríamos los que fuera por ella… Por favor, avísanos cuando hayan novedades.

— — — — — — — — — —

Draco se despertó por la calidez de unos labios sobre los suyos. Su primer instinto fue disfrutar plácidamente de aquél contacto, pero pronto la idea de que Astoria podría haberse vuelto a meter en su habitación lo golpeó y lo hizo sobresaltar.

–Hey, tranquilo. –Los sentidos no solían fallarle, y aquella sin dudas era la voz de Hermione. –Buen día, amor…

–¿Hermione? –no pudo evitar preguntar a pesar de su seguridad.

–¿Esperabas a alguien más? –respondió ella entre risas. Sorpresivamente él los giró, quedando encima de ella, y la beso con fuerza. Hermione le respondió con las mismas ganas.

–Te extrañe tanto –la abrazó.

–Draco, ¿estás bien? –preguntó ella. Draco se sorprendió por la pregunta y no tardó en demostrarlo con su cara de preocupación.

–¿Qué es lo último que recuerdas? –replicó. Hermione también mostró su sorpresa, pero su rostro comenzó a mutar, primero en concentración y luego en tristeza. Los recuerdos estaban tardando en llegar.

–Ron está… Y Pansy… –susurró con la voz rota. Draco la abrazó con más fuerza.

–¿Nada más?

–No, Draco. ¿Qué más debería recordar? –Draco suspiró antes de acomodarse frente a ella y hablar.

–Has estado en una especie de coma, Hermione –sabía que ella reconocería el término muggle perfectamente. –Tu magia estaba dormida, por el shock de todo lo sucedido, y no permitía que tú despertaras.

–¿Cuánto tiempo? –preguntó con preocupación. –Draco, ¿qué día es hoy?

–5 de febrero. –dijo, sin verdaderas ganas de contestarle. Supo que su reticencia estaba fundamentada cuando Hermione cayó inconsciente en sus brazos.

— — — — — — — — —

Con el despertar de Hermione el ambiente se había aligerado notablemente. Todos sufrían recaídas de vez en cuando, ya que las ausencias seguían haciéndose notar. Nunca faltaban los "Recuerdas cuando Ron hizo tal cosa…" o un "Pansy diría qué…".

Los más grave que había sucedido esa semana fue un estallido de Blaise contra Luna y su "comida de mierda", como la había llamado, seguido por la exclamación de cuánto extrañaba la comida de su mejor amiga. Ese pequeño desliz en su lengua lo había llevado casi a las manos con Theo, quien saltó a defender a Luna con vehemencia. Por suerte todos habían estado lo suficientemente atentos, y por ende, preparados para frenar la situación. Ambos estuvieron petrificados por media hora ese día.

Todo funcionaba bien, a excepción de Draco.

Exactamente siete días habían pasado y todos se preguntaban que diablos estaba atravesando la cabeza del rubio. Desde que Hermione despertó se había mantenido distante, con ella y con el resto. Para los chicos era como cuando Hermione estaba en coma, sus actitudes y mal humor eran bastante similares, pero Hermione estaba completamente perdida.

Seguían durmiendo juntos y compartiendo un beso de buenos días y otro de buenas noches. Pero hasta ahí llegaba todo. Durante el resto del día Draco evitaba los lugares comunes, se aislaba a jugar con Teddy cuando los visitaba, o bajaba a entrenar por su cuenta a las ex mazmorras.

Esa noche Hermione decidió ponerle fin a tanto misterio y hablar con él. Sabía que era difícil hacer que Draco se abriera, pero que por lo menos no la ignorara por completo lo tomaba como un signo favorable.

Draco había salido de ducharse y Hermione lo esperó sentada al borde de la cama, mirando directamente hacia la puerta.

–¿Qué haces todavía levantada? –preguntó él al percibirla.

–Quería hablar contigo… –murmuró retorciéndose las manos.

–¿De?

–Draco… no hagas como si no estuvieses actuando extraño.

–No hago como sí… no estoy actuando extraño.

–Mira… –dijo con cierta impaciencia– Sé que es un momento de mierda. Si mal no recuerdo lo discutimos antes de volverme la Bella Durmiente. Pansy es tu hermana, lo capto. Pero yo estoy aquí. Y más sabiendo lo mal que la pasaste en mi ausencia, no me explico porqué estas tan distante. No puedes ofenderte conmigo porque mi magia decidió tomarse vacaciones…

–No estoy ofendido –replicó con molestia.

–¡Entonces explícame que te pasa!

–No lo sé. No siento que me pase nada. –respondió frustrado, pasándose la mano por el cabello húmedo–. Nunca estuve tan aterrorizado en mi vida como este último mes. Sigo cagado de miedo que esta maldita guerra pueda quitarte de mi lado. Y la lógica dictaría que eso debería hacer que quiera encerrarte en este cuarto y no me despegue de ti ni un segundo…

–Pero tú no te guías por la lógica… –completó ella. Draco negó con la cabeza con una sonrisa irónica.

–No. Supongo que no. –se sentó a su lado.

–Nada va a pasarme. Esto tiene que servirte como prueba. Ni mi magia hará que te libres de mi –lo tomó de la mano y lo obligó a girar la cara hacia ella, aunque no hiciera diferencia, ya que no podía verla, ella se sentía ignorada de igual forma–-. Te amo, Draco. No dejes que tu miedo a perderme haga justamente que lo hagas…

Y no supo si fue por la emoción de escuchar esas dos palabras con las que tantas veces había soñado, o por la liberación de saber y aceptar que Hermione estaba fuera de peligro, al menos del inminente, pero Draco se rompió y abrazado a ella como si fuese su tabla se salvación, se puso a llorar.

A Hermione se le partió el alma al escucharlo. Había aprendido a descifrar la complejidad que era Draco Malfoy en su interior. Sabía que sus emociones y pensamientos no eran tan simples y directos como los de cualquier otro ser humano. Ella lo había elegido así, lo amaba así.

Lo abrazó con más fuerza y dejó que se desahogara. Sabía que no sólo lloraba por lo sucedido por ella, lloraba también por Pansy, por su ceguera, por sus padres, por el destino que le había tocado afrontar. Porque Draco nunca lloraba, entonces, una vez que lo hacía, lloraba por todo lo que guardaba dentro y lo había llevado a desbordar.

Ni siquiera se gastó en contar el tiempo que pasaron así. Simplemente, de la misma manera en que comenzó, había finalizado.

Draco se secó las lágrimas de los ojos y le sonrió brillantemente.

–¿Puedes repetir eso que dijiste? –susurró en tono seductor. Hermione sonrió antes de besarle los labios.

–Te amo, Draco Malfoy.


N/A: Oh, si, sé que probablemente ya nadie se acuerde de que iba este fic, pero aunque tarde, sigo insistiendo hasta que finalice.

En la última actualización les había comentado del fallecimiento de mi papá, y algunos meses después tuve que lamentar la muerte de mi sobrina, que era la persona más allegada a mi en el mundo. Así que pueden entender, o eso espero, que las complicaciones en sentarme a escribir han sido aún mayores de simplemente falta de tiempo... algo que también siempre me persigue, sobre todo en época de facultad.

Pero bueno, de a poco he podido ir escribiendo de a escenitas y finalmente terminar el capítulo. La demora fue larga, pero en retribución, el capítulo también. Que casi 10.000 palabras no es para nada poco :P

Espero que todavía quede alguien del otro lado y que el capítulo les haya gustado y valido la espera. Ojalá la continuación se me haga más sencilla de lograr.

Gracias y un beso enorme para todos!

Ilwen (12/08/2017)