Recomendación musical: "Una canción diferente – Celeste Carballo"
Cap 29 – Fulgor
Si los ánimos habían comenzado a acomodarse un poco después que Hermione volviera en sí, la muerte de Fleur volvió a hundirlos.
Bill había mantenido la idea de su esposa, y había bautizado a su pequeña niña como Victoire, aunque lejos estuvieran de conseguir ello.
Molly se estaba ocupando enteramente de su crianza, dado que para su padre era un golpe emocional demasiado duro enfrentarse a la bebé y no recordar que su amor había dejado la vida dándola a luz. Ninguno lo culpaba, todos entendían que sólo era cuestión de tiempo. Además, los dejos de licantropía en él habían tomado fuerza y su carácter era tan volátil como el polvo. Había optado por acompañar a Charlie con su tarea en Rumania.
Ninguno era cercano a Fleur, siendo sinceros, pero la situación los había devastado a todos.
Draco, obviamente estaba, por sobre todo, preocupado por Hermione. Luego de su coma mágico, ella parecía, al menos en apariencia, haber olvidado lo que la había dejado en ese estado en primer lugar. Podía ponerse melancólica, al igual que todos, pero nada pasaba a mayores que eso. Ahora todo había vuelto a ella con una fuerza arrolladora.
Más de una noche lloraba en sueños el nombre de Weasley, y más de un día decidía quedarse dentro de la cama y no salir de allí ni para comer.
Sus amigos insistían en que necesitaba pasar el duelo de alguna manera, todos lo habían hecho mientras ella estaba fuera, por lo que en algún momento le iba a llegar el turno. Él no parecía satisfecho con aquella explicación, había algo dentro suyo que seguía punzándole y dejándole un sabor amargo.
No era necio. Sabía que trataba de convencerse de que su preocupación era porque ella pudiese tener una recaída y que esta vez no pudieran volver a traerla en sí pero que no era eso lo que en verdad estaba molestándole.
Que tu novia se despierte llorando una noche por su ex novio muerto, era entendible. Quizás podía comprenderlo por un par de veces más. Pero cuando se volvió un hecho cuasi diario… bueno, eso hería el orgullo de cualquier hombre, ¿no?.
No lo había hablado con nadie dado que temía que lo tildaran de insensible o algo por el estilo. No creía que lo fuera, ellos lo dirían sólo porque no estaban en su lugar. Él estaba convencido que su preocupación estaba fuertemente justificada. Desde que todo había sucedido, Hermione apenas interactuaba con él, dormían en la misma cama pero ya no lo buscaba para abrazarlo por la noche, no iba a visitarlo a su sala de pociones donde el seguía trabajando por las tardes, ni se unía a él y a Edward cuando jugaban en el jardín.
Él había podido ganar su corazón de las manos de Ron Weasley; pero no era idiota, no creía poder ser capaz de poder ganarle a un fantasma.
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–Saca tu trasero de la cama –Tonks irrumpió en la habitación buscando a Hermione. –El resto de la Orden está aquí, Snape trae novedades.
Hermione se tapó la cabeza con la almohada y gruñó debajo como única respuesta. Hoy había sido uno de esos días en los que la tristeza era demasiado grande como para hacer cualquier cosa.
Tonks, que después de ver la misma acción repetirse a lo largo del mes, ya había perdido la paciencia. En dos pasos se acercó a la cama, le quitó la almohada y la destapó.
–Dije que arriba. –su voz era firme.
–No veo que diferencia hará que esté o no allí. –argumentó. Tonks suspiró y se sentó junto a ella en la cama.
–¿Cuándo vas a dejar de revolcarte en la mierda? –preguntó sin rodeos. –Hermione, voy a ser directa, y lo siento si hiero tus sentimientos pero tú estas hiriendo a varios con esta actitud. Todos estamos tristes. Todos perdimos a alguien. Los Weasley más que nadie y todos están sentados aquí abajo, determinados en actuar para poder acabar con esto por una vez por todas. Parkinson puede seguir con vida allí fuera luchando por sobrevivir. Draco está luchando una guerra en tu nombre, perdió la vista en el camino, abandonó a su madre, y también está sentado abajo, incluso rodeado de gente que no le gusta, por acabar con esto. –Hermione se quedó completamente sin palabras. El discurso de Tonks le había golpeado justo donde debía hacerlo. La mujer la miró por un momento, dándose cuanta que había comenzado a tener el efecto deseado. –No te estoy pidiendo que no estés triste, pero necesitas aprender a vivir con ese dolor y no dejar que te consuma. Estás arrastrando un montón de gente contigo…
–¿Draco? –preguntó. Tonks asintió con la cabeza.
–Está usando a Teddy de confidente –rió–. Y Harry está perdido también. No te olvides que él no aprendió a convivir y relacionarse con las serpientes como tú. Él no está perdiendo sólo a Ron en este momento…
Hermione volvió a asentir antes de terminar de hacer las mantas a un lado e incorporarse. Tonks limpió los rastros de lágrimas de sus mejillas y le besó la frente.
–¡Esa es mi niña!. Ahora ponte guapa para mi primo. –sonrió y salió de la habitación.
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Hermione trató de arreglarse lo máximo posible en poco tiempo. No es que pretendiera producirse demasiado, pero un vistazo al espejo bastó para convencerse de poner un poco de trabajo en sus ojeras.
Se colocó un vestido gris sencillo, con unas panty medias opacas verdes y un saco del mismo color. Tampoco es que estuviera yendo a una cita o algo así. No sabía porque se estaba poniendo nerviosa.
Cuando bajó las escaleras no pudo evitar que una enorme sonrisa emergiera; Draco estaba encorvado, tomando a Teddy de las manitos mientras lo ayudaba a caminar. Notó que las lágrimas comenzaban a arremolinarse en sus ojos, pero esta vez por un lindo motivo. Tonks tenía razón, estaba olvidándose de las cosas por las que valía la pena vivir.
–¡Aoni! –chilló Teddy al mirarla –¡Aoni! –Manteniendo la sonrisa, bajó los últimos escalones y recorrió los últimos pasos que la separaban de sus chicos.
–¡Hola Teddy! –lo saludó sin poder contenerse de tomarlo en brazos. –Ya eres todo un niño grande. –El bebé sonrió orgulloso como si entendiese el cumplido.
–Io. Eico. –Respondió señalando al rubio. Hermione tuvo que contener la risa al verlo bajar la mirada, como si pudiese estar contemplando la punta de sus zapatos.
–Hola, amor… –Draco levantó la cabeza tan rápidamente que no hubiese sido extraño que su cuello tronara.
–Hola. –Hermione nunca creyó vivir para enfrentarse a un Draco Malfoy bajo los efectos de la timidez. Todavía intentando no reírse para no correr el riesgo de herir su susceptibilidad se acercó a él y tomándolo por la camisa acortó la distancia de sus labios.
–¡No! –chilló Teddy y empezó a meter sus manitos en medio de los labios de los dos en un intento de separarlos, lo que hizo reír a ambos adultos.
–Alguien es un poco posesivo con sus tíos… –La cantarina voz de Tonks llegó a ellos mientras tomaba a su hijo de los brazos de Hermione. –Voy a darles un poco de espacio –les guiñó el ojo. –No tarden mucho. Estamos esperando a Severus para empezar la reunión.
Los dos asintieron agradecidos aeq24 la mujer y se dirigieron hacia el sofá. Permanecieron un par de minutos en silencio, jugando con sus dedos, hasta que Hermione decidió que ya era tiempo de arrancar.
–Perdón. –soltó. –No he sido yo misma últimamente.
–No tienes que…
–No. –Lo cortó, y apretó un poco más fuerte el agarre de su mano. –Déjame hablar. No intentes justificarme, no lo he hecho a propósito, pero mi comportamiento fue terrible y sé que te lastimé en el proceso. Así que déjame disculparme, y dame la posibilidad de remediarlo. –Por primera vez desde que se reunieron, una sonrisa iluminó el rostro de Draco.
–Tengo varias ideas de cómo puedes compensarlo… –Su sonrisa felina se extendió mientras Hermione dejaba que el alivio la llenase.
–¿Puedo comenzar ahora? –preguntó con picardía, acercándose un poco más.
–¿Quién soy yo para detenerte? –respondió con el mismo tono.
Su beso, que por apasionado no dejaba de lado la dulzura, fue interrumpido por el ruido de la chimenea.
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A pesar de la breve sesión de besos y de que le había asegurado que todo estaba bien, Hermione todavía podía sentir la tensión en Draco cuando se sentaron juntos en la reunión. Aún así, no se opuso a que ella lo tomara de la mano por debajo de la mesa como acostumbraba a hacer.
Remus, Kingsley y McGonagall se habían llevado a Snape para hablar hacia un lado apenas irrumpió en el lugar. No podían escuchar lo que se decían, pero su antiguo profesor de pociones no se mostraba para nada entusiasmado con la abordada.
Llegado al tope de su fastidio, el hombre se había dado la vuelta con su característica hondeada de capa, y los había dejado hablando solos. La cara estupefacta de McGonagall había sido digna de fotografiar.
–Me parece una falta de educación llamar a reunión a toda la Orden y que pretendan tener una selectiva y privada en un rincón –fue lo primero que dijo al tomar su lugar en la punta de la larga mesa. Hermione pudo jurar que vio un asomo de sonrisa en el hombre cuando vio a la profesora bajar la mirada y sonrojarse. –No traigo buenas noticias.
–Nunca lo haces, Sev. –le sonrió George. Snape lo ignoró.
–El Señor Oscuro planea dos ataques en simultáneo a dos barrios Muggle mañana en la madrugada. –Hubo un jadeo general en respuesta. –Su plan es atacar fuertemente en Ottery, mientras crea una distracción en Great Bedwyn. Va a mandar a todas sus fuerzas a ello, tanto novatos como altos rangos… vamos a necesitar también poner todas nuestras fuerzas.
–Siempre ponemos todas nuestras fuerzas –reprochó Tonks. La mirada de Snape dirigió directamente a Draco.
–¡No hay manera! –protestó Lupin poniéndose de pie. –No voy a arriesgar la vida del niño.
–¿No es lo que todos están haciendo aquí? –Habló Draco cansado de que hablaran de él como si no estuviese presente o no pudiese decidir por él mismo. Hermione apretó un poco su mano.
–Arriesgar nuestra vida no significa suicidarnos. Estás ciego, ¡por el amor de Merlín! –Interrumpió Harry.
–¿Y tú qué mierda tienes que opinar?
–Yo perdí una oreja y nadie creyó que era incapaz de luchar… –agregó George en un rápido intento de romper la tensión entre esos dos. Los adultos le mandaron una mirada fulminante mientras los chicos intentaban, en vano, ocultar sus sonrisas.
–Severus, con todo respeto, tú no estás aquí entrenando con los niños. Creo que puedo tener una visión más acertada sobre quién está en condiciones de ir a la pelea y quién no.
–Profesor Lupin, con todo respeto, –escupió con sarcasmo– tú no has estado entrenando particularmente con Draco, yo sí. Creo que puedo tener una idea más acertada sobre si puede ir a la pelea o no. –se burló. El rostro de Remus se llenó de ira inmediatamente mientras apretaba los puños. Tonks puso sus manos encima y lo acaricio levemente.
–Cariño, no te sulfures, pero… yo creo que Severus tiene razón –pronunció con extremada suavidad. Remus se giró a mirarla como si de repente le hubieran salido tres cabezas. Snape sonreía con orgullo. –Draco lo está haciendo bien. Podemos llevarlo a la zona más tranquila, y estaremos cerca por si algo sucede…
–¿Van a girar toda la estrategia de batalla alrededor suyo para que pueda cumplir su capricho? –Volvió a chillar Harry.
–¡No es un capricho, Harry! –esta vez gritó Hermione. –Escuchaste al Profesor Snape. Necesitamos toda la fuerza que podamos juntar. Draco ha demostrado que puede defenderse y atacar si ningún problema. No sé porqué haces un drama tan grande de esto.
–Se supone que los Slytherins huyen de las batallas, no van corriendo a ellas. –Murmuró entre dientes, ignorando completamente a su mejor amiga. Para sorpresa de todos, fue Blaise el que se incorporó de golpe y apuntó a Harry con su varita.
–Hace casi un año que estoy arriesgando el culo junto a mis amigos por esta causa, Potter, así que retira toda esa mierda antes que hechice tus bolas.
–Blaise… –Ginny rápidamente había dado vuelta a la mesa y se había colocado tras él. Ahora lo sostenía cariñosamente por el hombro. –Déjalo. No piensa en lo que dice.
–Que te quede clara una cosa, Potter –volvió a hablar Draco. –No me caes bien, intento tolerarte sólo porque eres el mejor amigo de Hermione… y es por ella que voy a esta batalla, como es por ella que estoy de este lado en esta maldita guerra. Lamentablemente tú eres la clave para que todo acabe, sino ten por seguro que ya habría hechizado yo tus bolas.
–Dices que haces todo por Hermione, ¿pero no entiendes que lo único que haces es ponerla en peligro yendo al campo de batalla? Ella tendrá puesto un ojo en ti y no se cuidará las espaldas.
–¡Harry James Potter! –gritó. –¿Estás tratándome de idiota?
–No, pero…
–¡Suficiente! –se levantó la señora Weasley. –Creo que ya ha sido suficiente. –Todos inmediatamente cerraron sus bocas y volvieron a tomar sus lugares.
–Draco irá a la misión. –Habló Kingsley. –Como propuso Nymphadora, irá a la zona de distracción y tomaremos todas las precauciones. –Snape bufó audiblemente. –Habiendo dejado esto en claro, creo que deberíamos armar los grupos de redada y trazar nuestros planes.
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Ya casi todos habían dejado la sede. Sólo la familia Lupin y algunos Weasley todavía quedaban rondando por el lugar.
Molly había insistido en darle una limpieza rápida al lugar y prepararles provisiones alimenticias para el resto de la semana. Para ello, le había dejado a una llorosa Victoire a Draco en los brazos.
Lo de habérsela dejado había sido literal. Draco apenas fue consciente de estirar los brazos para sostener el pequeño bulto antes que la mujer lo dejara. Él no tenía idea sobre bebés. Ni siquiera había tenido que lidiar con Edward en una edad tan pequeña.
Un poco por instinto y otro poco por lógica, había comenzado a balancearse en un intento de calmar a la niña. Sorprendentemente había funcionado al instante.
–Ven, siéntate. –Escuchó a Hermione llamarlo desde el sillón.
Temeroso de romper el encanto que mantenía a la criatura en sus brazos calmada, se acercó lentamente a ella.
–No sé porqué siguen insistiendo en darme niños… –bufó. Hermione rió alegremente. Victoire miraba a Draco con sus enormes ojos azules firmemente abiertos, llenos de adoración.
–A ellos les gustas –señaló. –Aunque reniegues, eres bueno con los bebés. –Draco bufó volviendo a hacerla reír. –¿No quieres tener niños? –preguntó.
–¿Contigo? Diez.
–Hablo enserio. –le golpeó juguetonamente el brazo, contenta de notar como la incomodidad entre ambos se iba esfumando.
–Yo también. Los únicos niños que me gustarán son los que tengamos juntos.
–¡Teddy te gusta! –refutó sonriendo. Él chasqueó la lengua desestimándolo.
–¿Tú? ¿Quieres niños? Te gustan, así que siempre di por sentado que sí, pero realmente nunca lo hablamos. –Preguntó intentando disimular la ansiedad en su voz. Ella sonrió.
–Claro que sí. Cuando la guerra acabe planeo encargarme contigo de la repoblación –bromeó.
–Me gusta ese plan. –Le sonrió de vuelta.
–Lamento que hayan tenido que nacer envueltos en este horror… –acarició la cabecita de la niña, que con sus ojos aún seguía cada movimiento de Draco.
–Les daremos un lugar mejor, estamos trabajando para eso –le besó la frente. No sabía muy bien de donde había salido ese positivismo en él, pero parecía reconfortar a Hermione.
Ella se había acomodado recostándose sobre su hombro, con cuidado de no incomodar a la bebé, cuando la señora Weasley se acercó a ellos.
–Veo que la pequeña también ha caído bajo el encanto del dragón –sonrió cariñosamente. Draco se apresuró a tendérsela, aliviado cuando ya no tuvo que cargarla. –Tengo algo para ustedes. ¡Chicos! –gritó llamando al resto. –Acérquense por favor.
Cuando todos estuvieron reunidos, con un movimiento de varita convocó varios paquetes que depositó sobre la mesa. Cada uno tenía una tarjeta con el nombre de cada uno de ellos.
–Antes de que… –su voz se quebró y tardó un par de segundos en volver a componerse. –bueno, que todo sucediera… Pansy estuvo hablando sobre cómo la guerra no tenía que hacer que dejasen de lado el verse bien –rió con cariño.
–Eso suena como Pansy. –sonrió Blaise.
–Tonks fue la única que la escucho realmente, y consiguió que Pansy bocetara algunas ideas. Nos pareció terrible que sus ideas quedaran en la nada, así que como ella no pudo confeccionarlo, con Andrómeda nos hemos tomado el tiempo de hacerlos, y bueno… no sé que opinen ustedes… pero nos pareció un lindo gesto. –Había empezado a titubear nerviosa, e interiormente se preguntaron porqué podría creer que cualquiera de ellos se opondría a la idea.
–Es una idea maravillosa, señora Weasley –tomó la voz Draco por el grupo. –Apreciamos mucho que hayan tenido este gesto. Me encargaré de agradecerle a mi tía también. Será muy importante para todos el llevar con nosotros a Pansy de alguna manera. –Todo el grupo asintió de acuerdo y los ojos de la matriarca Weasley se llenaron rápidamente de lágrimas.
–Bueno, bueno –intentó dispersar la emoción. –¿Qué esperan? ¡Abran los paquetes!
Inmediatamente todos se los repartieron ansiosos, incluso Astoria tenía su uniforme. Fue increíble notar a Pansy en cada uno de los detalles de los trajes aunque ella no los hubiese podido confeccionar.
Los de las chicas trataban de un pantalón estilo engomado que iba firmemente adherido al cuerpo y llevaba una especie de pequeña falda con vuelo por encima. La parte superior era una especie de chaleco rígido escotado, con textura reptil, las mangas terminaban alzadas en punta y tenían apliques para agregar una capa que también venía en el paquete, al igual que unos mitones largos hasta el codo de cuero y apliques de metal y un cinturón que todos sonrieron al ver, tenía una triqueta como hebilla. Lo complementaban un par de botines con la misma textura del chaleco.
El conjunto de los chicos era bastante similar, salvando que su pantalón no era tan ajustado y tampoco llevaba una falda, la otra diferencia notoria era que los mitones no eran tan largos, y llevaban botas acordonadas hasta la pantorrilla.
Todo era negro, y viniendo de Pansy no lo podían esperar de otra manera, pero llevaba todos los detalles en metal plateado, e incluso las escamas tenían dejos de ese color que variaban con la luz.
–Me siento un superhéroe muggle. –Canturreó Blaise envolviéndose en su capa. Hermione le sonrió con cariño.
–Y no importa todo lo que tengan que pasar… al final los superhéroes siempre ganan.
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La noche había tardado en llegar. La tarde se había hecho eterna para todos y la espera no hizo más que alimentar su ansiedad. Iba a ser la primer misión nocturna que tendrían, y eso le sumaba un condimento adicional a los nervios. También era la primer misión a la que asistirían todos.
Hermione y Draco eran, probablemente, los más afectados por aquél hecho.
Ahora ambos se encontraban recostados en su cama, encerrados de su habitación, en un intento de mantenerse aislados de la situación por el ratito que les quedaba. No dentro de mucho más deberían comenzar a prepararse para salir, pero mientras tanto pensaban quedarse así, aferrándose el uno al otro, escuchando sus respiraciones y el bombeo en sus pechos.
No hablaron. Ni siquiera se movieron. Incluso, a pesar de la opresión que afectaba a sus corazones, ninguno soltó una lágrima.
Quien sabe cuantos minutos después los golpes en la puerta los sacaron de su burbuja.
Se levantaron y Draco besó la frente de Hermione mientras ella le dedicaba una débil sonrisa.
No había muchas alternativas, esta noche podía salir todo muy bien, o todo como el mismísimo infierno.
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Llegado el momento se juntaron en el salón de Grimmauld Place entrada la medianoche. El resto de la Orden que también estaba designada a estas misiones ya estaba allí. Era extraño que a pesar de las notables bajas que habían sufrido con el correr de los meses, seguían siendo un buen número.
Se sonrieron unos a otros al verse lucir los uniformes diseñados por Pansy.
Todos los rostros mostraban los mismos síntomas de cansancio, ansiedad e incertidumbre. Los nervios no discriminaban ni en género ni en edad. Y como prueba estaban dos experimentados como Tonks y Remus, sentados uno al lado del otro y con las manos sujetadas con fuerza.
Fue el hombre lobo quien finalmente tomó la palabra.
–Ya todos saben lo que tienen que hacer, –dijo– pero sólo para no dar margen de error haremos un repaso. Grupo A… –enumeró– Harry, Hermione, Ginny, Luna, Draco, Theo, Blaise, Astoria, y yo. Grupo B: Bill, George, Oliver, Lee, Arthur y Dora se encontrarán con los Aurores allí. Y Amanda, Molly y Andrómeda se quedarán en la base sanitaria con lo niños, listas p ara cualquier percance. –respiró hondo.– Severus dijo que él estará en el grupo que atacará Great Bedwyn, y que será el foco de distracción mientras el grupo mayor de Mortífagos ataca Ottery... Los Weasley ya están instalados en El Refugio, junto a Xenophilius y los Diggory a modo preventivo. –explicó–. Todos tienen sus trasladores, funcionarán de la misma manera que siempre, apareciéndolos en la base.
–Remus… es hora –interrumpió su mujer. El hombre suspiró pesadamente.
–Bien. Espero que no queden dudas. Manténganse alerta, no hagan estupideces. Lo principal es mantenerse con vida, de ahí evalúan si actúan o no. –Todos asintieron. –Primero se aparecerá el Grupo A, para no levantar sospechas.
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Se aparecieron directamente en el ojo de la tormenta.
Fue un verdadero milagro que una maldición no los partiese al medio apenas aparecieron, ya que estos volaban de un lado al otro sin ton ni son. Hermione pensó lo suficientemente rápido como para invocar un escudo que los protegiese mientras terminaban de asimilar todo: La mitad de las casas estaba incendiada o en ruinas, los gritos de los pobladores se colaron por sus oídos como aguijones.
–Es una emboscada… –susurró Theo por lo bajo.
–Que Godric nos ayude. –gruñó Remus. –Defiendan todo lo que puedan y manténganse a salvo. Sepárense en grupos de tres. Ginny, Hermione y Luna, saben que tienen que ir juntas. Draco, vas con Theo y Blaise. Harry, tú y Astoria conmigo. ¡Ahora! –Gritó sin darles tiempo a responder. Rompió el encantamiento de Hermione y comenzó a disparar sus propios hechizos.
Un minuto después, todos estaban metidos completamente en el fulgor de la batalla.
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El segundo grupo llegó antes que sus contrincantes al campo de batalla. Por lo que decidieron permanecer ocultos y no delatar su presencia hasta que aparecieran. Se dispersaron por distintos sitios, pero por cuestiones lógicas nunca se separaron demasiado de La Madriguera.
No tuvieron que esperar demasiado para que la acción comenzara. Los mortífagos decidieron ir al punto y al momento de su llegada comenzaron las explosiones. Pronto los miembros de la Orden y los Aurores tuvieron que salir y dispersarse.
La primer explosión había sido en casa de los Diggory. Nada había llegado a mayores, pero una de las habitaciones estaba completamente demolida. A Tonks no le llevó precisamente mucho trabajo capturar al grupo de carroñeros responsable.
Bill y George no se habían movido de su casa. Ya estaban listos para defender su hogar cuando Lee y Oliver se acercaron corriendo detrás de dos mortífagos. Se sonrieron uno al otro y descubrieron sus posiciones. Encerrados entre los cuatro jóvenes, los magos tenebrosos se quedaron sin alternativas. Uno fue desarmado y apresado rápidamente… el otro desapareció frente a sus ojos.
Otro grupo de mortífagos aprovechó esta distracción e intentó atacar el hogar de los Weasley lanzando un hechizo de incendio en los jardines, pero otro grupo de Aurores se encontraba allí.
Los superaban en números extraordinariamente, y eso era más que extraño, ya que se suponía que Ottery St. Catchpole sería donde los Mortífagos darían el gran golpe. Eso sólo podía significar una cosa…
Tonks no pudo pensar en ello mucho más, ya que una mano enguantada le tapó la boca y con el otro brazo la arrastraron hacia dentro de la residencia Diggory.
–Severus, ¡vuelves a hacer eso y juro que hechizaré tus pelotas! –chilló una vez liberada. Snape ni siquiera fue capaz de sonreír por la amenaza. Se había quitado la máscara y su rostro estaba más pálido que lo normal.
–Deben irse de aquí. Junta a todos y vayan a reforzar Great Bedwyn. Fue todo una trampa. Todos están allí. Yo mismo debo estar allí.
–¡Mierda!
–¡Ahora, Nymphadora! ¡Váyanse ya!
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Después de lo que le habían hecho a Bellatrix, tal vez haber agrupado a Luna, Ginny y a Hermione juntos no había sido la mejor idea.
Desde que llegaron, en ningún momento pudieron asentarse, formar algún plan o incluso atacar. Habían tenido que correr y defenderse en todo momento. Cada vez que perdían de vista a un grupo de Mortífagos, uno nuevo aparecía.
Ahora habían logrado esconderse en el garaje de una casa que ya había sido atacada, confiando en que si nadie las había visto entrar, no iban a volver a meterse allí.
Pero las habían seguido.
–Oh, no tú de nuevo… –gruñó Ginny al ver la figura de un mortífago rodeada por tres perros.
–Weasley… –saludó irónica, imperturbada frente a las tres varitas que la apuntaban.
–¿Dónde está Pansy? –preguntó Hermione, llena de furia.
–A eso he venido. –dijo con cierto dejo de frustración notable en su voz– Ella está aquí. Me ha pedido que les diga que está bien, y que no se arriesguen por ella.
–¿Y tú le haces caso? –preguntó Ginny, con fingida ingenuidad.
–Ese es mi asunto, pelirroja. Pero ustedes no tienen porqué hacerle caso –dijo haciendo hincapié en la última parte, claramente incitándolas a buscar a Pansy. Luego comenzó a dar la vuelta para marcharse tal por donde había venido.
–¿Te irás sin más? –preguntó Luna, con los ojos ligeramente abiertos. Las otras dos también estaban sorprendidas, pero casi golpean a su amiga por manifestarlo en voz alta.
–Pansy me odiaría si les tocase un pelo… –sonrió bajo la máscara. Ondeó su capa y desapareció.
Las tres chicas se tomaron un momento para asimilar lo que había sucedido, mirándose entre ellas, haciéndose preguntas silenciosas sin encontrar ninguna respuesta.
–Cada vez estoy más segura que estos nuevos proyecto de mortífagos tienen serios problemas en la sesera. –Musitó Ginny.
–Creo que en vez de preocuparnos por los problemas mentales de Mae, debemos preguntarnos que vamos a hacer con la información que nos dio…. –razonó Hermione.
–Para cualquier accionar, primero tendríamos que averiguar como salir de aquí –bufó la pelirroja–. Claramente somos un objetivo puntual. Le han puesto precio a nuestra cabeza.
–No íbamos a matar a Bellatrix y salirnos con la nuestra –Luna se encogió de hombros.
–No podemos quedarnos escondidas por el resto de la batalla –dijo sabiamente Hermione. –Vamos a tener que recuperar fuerzas y volver a salir.
–No creo que haya momento mejor que este. –Opinó Ginny. Las otras chicas se miraron entre sí y se dieron cuenta que tenía razón.
Más allá del lógico cansancio físico no estaban heridas, y los metros que tenían por delante estaban despejados; al menos lo suficiente como para encontrar a alguien de la Orden u otra base donde asentarse.
Con un breve asentimiento se pusieron de acuerdo, afianzaron el agarre a sus varitas y volvieron a echarse a correr.
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A Draco le llevó una gran porción de tiempo el poder concentrarse y, por ende, comenzar a accionar una vez que pisaron el campo de batalla.
A pesar del arduo entrenamiento al que había sido sometido por su padrino, había demasiado ruido, no sólo proveniente de la estridencia de los hechizos, sino por los gritos de los muggles torturados y asustados, y por el desmoronamiento de las casas.
Apenas llegar les habían dado la bienvenida con una lluvia de maldiciones, lo que de por sí hizo que le costara ubicarse en espacio y tiempo. Pronto todos estaban corriendo, y cuando quiso acordar no tenía idea del paradero de su novia.
Theo se había ofrecido a lanzar su hechizo vinculante, pero el rubio había declinado la oferta seguro de que aquello sólo lograría desconcentrarlo más.
Sus dos amigos lo habían rodeado formando una especie de fortaleza para él mientras ponía toda su concentración en que su percepción se limitara objetivamente a donde necesitaba poner atención.
Blaise incluso había encontrado el momento para bromearle sobre cuan irónico le parecía que necesitara cerrar los ojos para concentrarse, ya que igual con los ojos abiertos no veía nada. Draco eligió no perder el tiempo explicándole que técnicamente era como si pudiese ver la energía, y lo dejó ser entre risas.
De todos modos, logró centrarse en lo que debía y entrar en acción propiamente. Decir que sucedió en el momento oportuno es una subestimación.
–Mierda… –murmuró Blaise entre dientes al ver como un grupo de mortífagos acababa de doblar en la esquina y se enfrentaba directamente con ellos. El moreno contó a siete de un simple vistazo rápido.
Instintivamente, él y Theo trataron de dejar a Draco detrás, pero éste se les adelantó y antes de poder reaccionar, había extendido las palmas y de ellas creció una onda de energía que expulsó al grupo de mortífagos unos cuantos metros hacia atrás, tirándolos sobre sus espaldas sobre el suelo.
Sus dos amigos lo miraron estupefactos, pero fueron lo suficientemente inteligentes como para hacer la sorpresa a un lado y echar a correr, sin ánimos de averiguar si alguno del otro grupo había quedado consciente.
Draco repitió la acción con un simple movimiento de su mano derecha, desechando hacia un lado a otros mortífagos que se interpusieron en su camino.
–¿No piensas utilizar tu jodida varita? –preguntó Blaise jadeante, sin dejar de correr. Draco se encogió de hombros en respuesta.
–No voy a quejarme. Esto parece funcionar lo suficientemente bien para mi. –Agregó Theo.
–¡DESMAIUS! –el grito arrollador de Blaise los tomó a todos por sorpresa. –¡Las chicas, por allí! –indicó, corriendo unos metros delante y luego doblando hacia la derecha en la siguiente calle.
Los otros dos lo siguieron sin chistar. Justo en la esquina estaba el cuerpo inconsciente del mortífago al que Blaise acababa de darle. Unos poco más adelante, Hermione, Ginny y Luna, peleaban espalda con espalda contra cinco carroñeros que las rodeaban.
Rápidamente leyeron las intenciones de las tres chicas cuando se miraron entre sí y comenzaban a extender sus manos la una a la otra. No podían juzgarlas, no parecían tener otra salida posible, pero ahora estaban ellos para ayudar.
Draco sintió el peligro, y el miedo por Hermione lo llevó a actuar casi sin pensar. Si en vez de tener la atención en ellas, sus amigos lo hubiesen estado mirando a él, hubiesen notado como sus ya de por sí oscuros ojos se oscurecían todavía más.
–¡NO! –Rugió en un intento de frenar a las chicas en su acto y de distraer a sus atacantes. Funcionó en ambos lados.
Luego, con una simplicidad escalofriante, extendió su brazo con la palma de la mano hacia arriba y la giró ligeramente, como si estuviese enroscando algo. Algo como los cuellos de los cinco carroñeros.
El crack se escuchó al unísono, al igual que el ruido de los cuerpos desplomándose en el suelo.
–¿Qué carajos? –Blaise no pudo contenerse –¿Cuándo diablos aprendiste a hacer eso?.
Pero las preguntas quedaron sin respuesta. Draco se acercó en unas pocas zancadas a una Hermione que permanecía parada estupefacta en su lugar.
–¿Estás bien? –preguntó tomándola por el rostro y obligándola a enfocar su mirada en él. –¿Te han hecho algo?
–Estoy… estoy bien, Draco –medio tartamudeó, todavía dirigiendo miradas a los cuerpos tendidos a sus pies.
A su lado, Blaise y Theo también corroboraban el estado de las otras dos. Theo se había vuelto casi animal al ver un corte en la frente de Luna.
–Voy a matarlos… –siseó entre dientes.
–Creo que Draco te ha ganado de mano. –Susurró Blaise sin ocultar su tono de sorpresa.
–Draco… –Murmuró Hermione recobrándose un poco del shock.
–Luego. –La silenció él. No tenía que ser muy inteligente para saber hacia donde se dirigiría esa conversación. Si salían de ésta tendrían suficiente tiempo para los regaños y las explicaciones.
Hermione abrió la boca, dispuesta a replicar, pero el estallido de una aparición a pocos metros de ellos la frenó.
Tonks apareció tomada del brazo de Oliver Wood, y más lejos pudieron ver a George corriendo a la par de Lee Jordan.
–¿Qué hacen aquí? –interrogó Ginny apresurándose hacia ellos.
–¿Están bien? –agregó Hermione.
–¡Estamos perfectos! –se burló con mal humor Tonks. –Temíamos que ustedes no lo estuvieran y haber llegado demasiado tarde.
–¿A qué te refieres? –volvió a preguntar Hermione.
–Emboscada. –Adivinó Theo. Tonks asintió y Oliver se detuvo a explicar.
–Snape tuvo que alertarnos. Crearon algunas distracciones, pero pudimos controlar todo con facilidad…
–Demasiada. –Volvió a bufar la Auror.
–Esas significan peores malas noticias de lo que parece… –Dijo Theo.
–¿A qué te refieres? –Preguntó Wood.
–Si tramaron una emboscada así, es porque sospechan que hay un traidor entre sus filas. ¿Qué otro sentido tendría? Y viniendo aquí, acaban de confirmarlo.
–¿Pretendes que al recibir la información nos quedáramos con los brazos cruzados? –lo confrontó el chico con mal tono, acercándose con prepotencia hacia Theo.
–Hubiese sido lo más inteligente, sí. –Respondió sin inmutarse por la reacción del ex Gryffindor. Tonks se apresuró a sujetar a Oliver por el brazo.
–Ambos tienen razón. –Concluyó. –Al venir hacia aquí confirmamos que alguien nos alertó sobre la emboscada… Pero tampoco podíamos dejarlos solos en peligro.
–Técnicamente hemos delatado que tenemos un informante en el momento en que acudimos a los dos ataques –Para sorpresa de todos, fue Draco el que intentó calmar las aguas esta vez– Esto sólo ha empeorado un poco las cosas.
–Un poco bastante. –Corrigió Blaise.
–Un poco bastante. –Cedió el rubio con un suspiro. –De igual forma nos van a matar si seguimos parados aquí, cotilleando como vecinas.
–Tienes razón. –Aceptó Tonks. –¿Cuál es el plan?
–¿Qué plan? –Bufó Draco.
–¿Correr e intentar que no nos maten? –intentó Ginny.
–Y maldecir a cuanto mortífago se nos cruce en el camino mientras tanto, no te olvides de ello, pelirroja –Blaise le guiñó el ojo, ella revoleó los ojos con exasperación.
–Entonces, ¿no hay plan? –volvió a preguntar Tonks, ignorando completamente el intercambio anterior. Todos negaron con la cabeza casi sincronizados. Su mandíbula se apretó ligeramente. –¿Dónde está Remus?
–Apenas llegar nos tomaron por sorpresa, nos estaban esperando. –comenzó a narrar Luna. –No tuvimos alternativa que separarnos para, como dijo Ginny, intentar mantenernos con vida. Él se fue con Harry y Astoria hasta donde sabemos, no hemos vuelto a verlos.
–Nosotros acabamos de reunirnos, también habíamos tomados distintos caminos. –Agregó Hermione, en un intento de aligerar la preocupación de su amiga al no saber nada de su esposo.
– Bien. –Suspiró. –Ya nos hemos puesto en evidencia, pero al menos somos un buen número para hacerles frente ahora, el cuerpo de Aurores también está aquí. Vamos a intentar mantenernos unidos, a menos que por la fuerza debamos dispersarnos, y mantendremos la estrategia que venían llevando: lo principal es sobrevivir, pero nos cargaremos cuanto mortífago se nos interponga.
–Es un buen plan. –Blaise se encogió de hombros.
–Voy a respaldar a George y Lee… –anunció Oliver, notablemente incómodo entre tantas serpientes. Tonks asintió, el repitió el gesto hacia todos y se marchó.
–Creo que hay algo que debemos hablar antes. –Habló Hermione con notada intención.
–Hermione… –Farfulló Draco con enfado.
–No, Hermione no. Lo que pudiste hacer, más allá de lo terrorífico, ha sido muy poderoso ¡No puedes dejarlo pasar sin más!
–¿Qué ha pasado? –Preguntó Tonks con sospecha.
–Realicé magia sin varita. –Respondió Draco con aburrimiento.
–Magia oscura. –Acotó Blaise
–No verbal. –Dijo ahora Theo.
Recién entonces Tonks pareció ser consciente de los cuerpos a su alrededor.
–¡Por las barbas de Merlín! ¿te los has cargado tú solo?
–Sí. –sonrió con orgullo.
–Y de una sola vez. –Agregó Luna tímidamente.
–¿Alguien más tiene algo que decir? –protestó él. Nadie contestó.
–¿Severus sabe de esto? –Preguntó Tonks con seriedad. Draco se encogió de hombros.
–Sabe que hago magia oscura, sabe que hago magia sin varita y no verbal… así que supongo que sí.
–Draco, no puedes experimentar en el campo de batalla… –comenzó a reprenderlo.
–No soy idiota. Me comería la reprimenda sí hubiese salido mal, lo cual no pasó. Así que por favor, ¿podemos dejarlo de lado?
–No, no podemos –aseguró la mujer, pero continuó hablando antes que Draco pudiese protestar. –¿Puedes hacerlo de nuevo? No es que apruebe la magia oscura, pero puede ser útil en un caso de fuerza mayor… –intentó justificarse. Su primo sonrió.
–Claro.
–Bien. Repito, guardaremos ello sólo para casos de fuerza mayor, lo mismo para ustedes. –Miró a las tres chicas, que automáticamente asintieron. –No demos a conocer nuestras ventajas. Todos utilizaremos nuestras varitas.
–Aburrido.
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Un rato después se las habían ingeniado para separarse de nuevo. Lo peor de todo fue que ahora incluso los grupos de las chicas y de los chicos se habían disperso entre sí.
Sabían que debían estar a escasos metros unos de los otros, incluso algunos de ellos podían ver a alguno de sus compañeros algunas calles más adelante
La desesperación de Hermione mermó un poco al ver que Draco estaba con Tonks luchando contra un mortífago. Esta vez, con su varita en mano. Estaba a escasos metros de alcanzarlos cuando una luz verde pasó por su lado.
–¡Mierda! –masculló. –¡Impedimenta!
–¡Pertificus totalus!
–Lucius…. –susurró Hermione por lo bajo al reconocer la voz de su atacante. No tuvo tiempo de detenerse mucho más en el pensamiento porque otra maldición se dirigió hacia ella.
–¡Colloshoo!
–¿Le molesta que me mueva, señor Malfoy? –le provocó tras desviar el hechizo con facilidad. –¡Incarcerous!
–Debo admitir que como toda rata eres escurridiza… –sonrió de lado. –¡Crucio! –Hermione quiso escudarse tras la puerta de un automóvil destrozado pero el rayo la golpeó justo en su pierna descubierta.
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Luna está asustada. No sabe cómo pasó, estaba luchando con un grupo de carroñeros y cuando quiso acordar había terminado sola en un callejón. Había corrido toda la vuelta a la calle y no encontraba a ninguno de sus compañeros. Lo que encontró fueron mortífagos por doquier.
Sabe que tiene que pasar desapercibida, pero entra a una casa y no puede evitar llamar a los gritos a sus amigas. Nadie responde.
Cuando deja la casa, en el rellano la espera Mulciber Jr. Su rostro y sus manos están llenos de sangre, en una de ellas sostenía su varita y en la otra una daga. Luna supo que tratándose de él, probablemente estuviera maldita.
Quiso correr y esquivarlo pasando debajo de su brazo, pero el hombre fue más rápido y la sujeto por la cintura, con un solo empujón la volvió a ingresar a la vivienda.
–Al fin una sangre pura entre tanta inmundicia –se lamió los dientes superiores y el gesto fue nauseabundo para la pequeña rubia. –Lástima que terminarás igual que todos ellos. –rió.
Luna volvió a gritar. Esta vez ningún nombre salió de su boca. Sólo un prolongado y agudo grito entremezclado con lágrimas. Intentó correr pero su intento le facilitó las cosas al hombre, que la tiró de espaldas sobre un sillón.
Todos tenían razón sobre ella. Era estúpida. Era demasiado inocente para esta guerra. Todos sus intentos por escapar habían sido de ayuda para su atacante. Se sentía impotente y era su propia vida la que peligraba.
Mulciber se había inclinado sobre ella y estaba corriendo un mechón de cabello rubio despejando su rostro con su varita. Luna cerró los ojos con fuerza incapaz de mirar su desagradable rostro.
–¿Luna? –La voz llegó desde la puerta y Luna la reconoció enseguida. Theo estaba más que agitado, seguramente le escuchó gritar. Sonrió con tristeza, todavía incapaz de decidir si se sentía aliviada porque la había encontrado o apenada por ponerlo en esa situación. –¡Luna! –esta vez gritó al encontrarlos y reconocer la situación. Mulciber no llegó a reaccionar, envuelto en su lujuria, cuando el hechizo de Theo lo golpeó de lleno y lo voló varios metros hacia atrás. –¡Expluso!
Sin dirigir una mirada a Luna, Theo se acercó en dos zancadas al cuerpo golpeado del mortífago, dejó su varita de lado y lo tomó por las solapas de su capa levantándolo y volviéndolo a golpear contra el piso. Para mayor comodidad, pasó una pierna a cada lado del cuerpo tendido, quedando a horcajadas sobre él, y comenzó a golpearlo con los puños sin tregua.
Luna se cubría la boca impresionada por la furia que Theo descargaba en cada golpe. Parecía que su mente estaba en otra dimensión mientras seguía machacando una y otra vez al hombre ya inconsciente bajo él, pero sabía que era mejor mantener distancia. No había nada que pudiera hacer para calmarlo, lo haría eventualmente cuando notara que ya lo había matado.
Se dio cuenta que el momento había llegado cuando luego de un feroz rugido, Theo comenzó a sollozar. Supo que era seguro acercarse a él y eso hizo, abrazándolo por la espalda. Él se giró y la sujetó con fuerza contra él.
–Lo siento… –susurró contra su pelo.
–Shhh. No tienes nada que disculparte. Yo debería hacerlo. Me has salvado.
–No era yo mismo, Luna… Yo… sabía que estaba enojado y sé que de todos modos, aún consciente, lo hubiera matado por lo que pensaba hacerte, pero…
–Lo sé, Theo. No hace falta hablar de ello. Ya pasó. –Él asintió.
–¿Estás bien?
–Sí, gracias a ti lo estoy. –Logró sonreírle. Luna no solía mentir, pero había ocasiones en las que era necesario. Decirle a Theo que seguía asustada no sacaría nada bueno.
–Necesitamos salir de aquí. ¿Estás en condiciones de caminar? –Preguntó haciendo un paneo rápido de su cuerpo por primera vez. Ella movió la cabeza afirmativamente y se incorporó tendiéndole la mano.
–El lobo feroz ha salvado a Caperucita –canturreó mientras salían nuevamente a la calle. Theo no entendió la referencia, pero no importó. Había salvado a su bruja y ella estaba sonriendo de nuevo.
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Hermione podía sentir todos sus músculos arder. Odiaba perder el control de su cuerpo, odiaba volver a caer bajo ese maldito hechizo. Intentó alejar su mente del dolor pero éste era demasiado como para poder pensar en otra cosa, apenas si era consciente de los pasos de Lucius acercándose a ella.
–Pobre idiota –escupió el hombre con desdén. –Creíste que con una simple chatarra muggle podrías frenar los efectos de una poderosa maldición… –Hermione quiso escupirle que podría haberlo hecho, pero el hechizo golpeó su cuerpo y no la "chatarra muggle", pero no hubo forma de mover su lengua siquiera. –Incarcerous. –Las sogas rodearon el cuerpo de Hermione con fuerza. Como si pudiera moverme, pensó. –Creo que será adecuado entonces, que mueras así, como una simple sangre sucia. –Anunció, y Hermione pudo ver y reconocer el brillo de la daga de Bellatrix.
–¡Expeliarmus! –Justo cuando Hermione apretaba los ojos con fuerza, rindiéndose ante lo inevitable, escuchó la voz de Tonks y la daga voló de las manos del Malfoy mayor. Pronto sintió las cuerdas aflojarse a su alrededor y adivinó que la bruja se las había ingeniado para liberarla.
–Tú otra vez… –se quejó Lucius con aburrimiento. –Eres incluso más molesta que tu madre.
–¡Palalingua! –Gritó con la determinación pintada en los ojos. Lucius se sorprendió al sentir la lengua pegada a su paladar, sin dudas no se esperaba un ataque de ese estilo. –Eso te enseñará a no hablar mal de mi madre.
–¡Tonks, cuidado! –gritó Hermione, al ver de refilón a un mortífago pasar corriendo y lanzar un hechizo de derrumbe sobre un edificio cercano, pero fue demasiado tarde.
Fue evidente que Lucius había previsto el movimiento porque antes que Hermione terminara de advertir a su amiga, se había desaparecido.
Creyó haber visto a Tonks escudarse con un encantamiento antes que las piedras comenzaran a caer sobre ella, pero todo fue demasiado rápido como para estar segura. Sus gritos se confundieron con el ruido de la construcción viniéndose abajo. Parecieron pasar minutos hasta que finalmente todo se detuvo.
Tal estruendo llamó la atención del resto de los miembros de la Orden, y funcionó improvisadamente como punto para que todos volvieran a reunirse.
Draco, por cercanía, fue el primero en llegar, seguido de cerca por Blaise.
–¡Tonks! –gritó ella. –¡Tonks quedó atrapada allí abajo!.
Sin saber lo que estaba haciendo, pero víctima de la preocupación, Draco comenzó desesperadamente a volar las piedras de un lado a otro utilizando magia sin varita. Los trozos de roca flotaban por el aire, sorprendiendo a cada uno de los que iban llegando al lugar.
Theo fue el que pudo poner un poco de pensamiento en toda la situación y utilizó el hechizo vinculante con Draco para que pudiera ver lo que estaba haciendo.
–Draco, aguanta. –dijo– Blaise, Potter, vamos a mover el resto de las piedras.
Sin chistar por las órdenes, ambos se pusieron a la tarea. Pronto Oliver, George y Lee estaban a su lado. Bill estaba a un lado intentando no mirar. Ginny, Luna y Astoria estaban sosteniendo a un Remus Lupin muy fuera de sí.
Draco estaba ajeno a todo lo que sucedía a su alrededor, seguía levantando y moviendo rocas. Si se dejaba de lado lo terrible de la situación, la vista de la escena era maravillosa, viéndolo parado allí, con los brazos extendidos y cientos de restos del edificio flotando a su alrededor.
–¡Draco, detente, puedo verla! –gritó Hermione, que hasta ahora se había mantenido en el borde observando. Se sentía demasiado débil como para sumarse activamente.
Inmediatamente todos se acercaron a una inconsciente Tonks, y la ayudaron a quitarse lo poco que le quedaba encima. Estaba un poco magullada pero no tanto como habría de esperarse, evidentemente y gracias a Merlín, había logrado sostener un poco el escudo sobre ella.
–¡Enervate! –Apuntó Hermione. Tonks se incorporó de golpe, tomando una gran bocanada de aire.
–Mierda… –susurró.
–¡Dora! –Remus cayó de rodillas junto a ella abrazándola. –¿Cómo estás? ¿Tienes heridas?
–No, Remus, estoy bien… sólo un poco dolorida en general. Nada que no haya sufrido en los entrenamientos de Moody. –Le sonrió con cariño.
Draco se había acercado a Hermione para corroborar su estado, cuando algo llamó la atención de gran parte del grupo.
Unas calles más adelante se asomaba una gran nube de humo. Recién entonces se dieron cuenta que los mortífagos parecían haber desaparecido de la zona. Rápidamente intercambiaron miradas y no hubo dudas entre ellos. Tomaron sus varitas firmemente y corrieron hacia allí.
Corrieron calle arriba hasta que los que encabezaban la marcha chocaron contra un escudo invisible de aislamiento. Hubo un jadeo colectivo cuando miraron más allá.
Decir que la imagen que los esperaba era devastadora, era un completo eufemismo.
Draco tuvo que volver a pedirle a Theo que los vinculara al escuchar el sollozo de Hermione antes de sentirla derrumbarse de rodillas a su lado.
–Draco, no creo… –intentó convencerlo. Si lo hubiese dudado por algún motivo, la tensión en la garganta de su amigo terminó de convencerlo.
–Theo. –Dijo firmemente. Fue lo único que necesitó.
Tuvo que recordarse respirar cuando recibió la imagen de lo que tenían enfrente. Incluso sentía las rodillas ceder. Entendía perfectamente el llanto y la desesperación que lo rodeaba entre sus compañeros; él mismo no sabía como reaccionar. Recordaba perfectamente esta imagen de la visión que habían compartido con Hermione; había sido una de las escenas más atroces y no habían podido hacer nada para evitarla.
Detrás de las ruinas, el polvo y las cenizas, había una enorme montaña conformada con cuerpos. Todos despedazados o en posiciones normalmente antinaturales. Gracias a la distancia no eran capaces de ver sus caras deformadas por el horror, pero sabían que allí estarían. Soñarían con esto por el resto de sus vidas, estaban seguros.
–¡MALDITO DESGRACIADO HIJO DE PUTA! –Gritó Draco cuando reconoció a Aaron Manson parado en la cima de la montaña humana, sonriendo con sádico placer.
–Oh, Draco, no te enojes, no ha sido nada personal. –Su sonrisa se amplió. –No puedo decir lo mismo de tu… problema visual, pero pude ver que lo has hecho muy bien, felicitaciones. –Draco gruñó bestialmente. Aaron volvió a reír. –Buen truco han encontrado para que veas, ¿de qué se trata? Ya me contarás… –Su sonrisa soberbia se mantenía con fuerza. –Para premiarlos, voy a hacer que valga la pena tu momento de visión… –anunció. Con un gesto hacia el grupo de mortífagos que lo esperaba abajo llamó a Mae, que con una aparición llegó a la cima junto a él. Pero no estaba sola…
–¡PANSY! –El grito fue unánime entre los tres Slytherins, lo que aumentó la diversión de Manson. Ninguno se había dado cuenta de cómo sus cuerpos habían reaccionado involuntariamente y se habían inclinado hacia delante, en un intento de alcanzarla, volviendo a chocar contra el escudo.
Pansy levantó los ojos sólo un momento y fue para dirigirles una mirada de advertencia. No quería que se arriesgaran por ella. Asintió en un intento de convencerlos que estaba bien, pero era algo imposible de creer al ver su estado.
Su ropa estaba hecha girones, y cada trozo de piel a la vista tenía heridas o magulladuras.
–Lamento que no podamos quedarnos más tiempo para conversar, pero ya sabes, el Señor Oscuro se impacienta cuando no volvemos pronto con novedades…
–Te cazaré yo mismo. –Pronunció Draco entre dientes. –Te mataré con mis propias manos.
–Para eso tienes que encontrarme, ¿no? –rió. Y como odiaba que le quitaran la última palabra, con un giro de varita, desapareció.
Theo todavía no había cortado su conexión cuando llegó a sentir la mirada de su padre sobre él antes de también desaparecerse junto al resto de los mortífagos.ñññurales. Gracias a la distancia de la montan seguros.
ror, pero sabposiciones normalmente antinaturales. Gracias a la distanci
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Cuando llegaron a Grimmauld Place, lo hicieron en silencio, y de la misma manera cada uno se encaminó a su respectiva habitación.
Hermione se había mantenido abrazada a Draco sin separarse un ápice de su pecho, así que él, como pudo, fue guiándola escaleras arriba hasta que por fin pudo depositarla en la cama.
Nunca había visto a Hermione así, pero suponía que cada uno tenía su propia marca de quiebre, y ella, al parecer, había tocado su punto… incluso teniendo en cuenta esta etapa ermitaña por la que acababa de pasar.
Lentamente intentó separarse un poco de ella para poder acomodarla mejor, pero Hermione se aferró con más fuerzas.
–No. –espetó con la voz ronca.
Él no tuvo corazón para llevarle la contra, por lo que se quedó así, sosteniéndola por otro rato.
A pesar de entender su situación, ya que a él mismo lo que acababan de vivir le había afectado más de lo que era capaz de expresar, no podía dejar de preocuparse por que la chica sufriera otra recaída.
Pensar en todo eso le hacía sentir a Draco que su vida había sido casi un camino de rosas en comparación.
Sin decir una palabra la cargó, pasando uno de sus brazos bajo su espalda y el otro por detrás de sus rodillas. Ella se sorprendió ante el movimiento pero tampoco dijo nada, únicamente se reacomodó volviendo a acurrucarse contra él.
Con una seguridad que en realidad no poseía, Draco caminó con Hermione a cuestas hasta llegar al cuarto de baño. Recién entonces Hermione aflojó un poco su agarre, permitiéndole a él el poder maniobrar y sentarla al borde de la bañera.
Ella lo miró con los ojos abiertos pero mantuvo el silencio.
Draco abrió tentativamente los grifos, dejando el agua caer, con temor a que Hermione se sobresaltara, pero ella se mantuvo en su estado cuasi ausente. Con la misma calma se arrodilló frente a ella y comenzó a despojarla de su ropa. Cuando la bañera estuvo llena, Hermione entró en ella por sí sola.
Con una leve sonrisa, todavía arrodillado, Draco se quitó los mitones y comenzó a frotar con ternura el cuerpo de Hermione mientras la enjabonaba; inclusive se encargó de masajearle cada zona tensa, notando como se relajaba instantáneamente bajo sus manos. Cuando comenzó a encargarse de su cabello, ella se permitió cerrar los ojos.
Cuando el agua comenzó a perder temperatura, ella se puso de pie y se dejó envolver por un toallón. Antes que Draco pudiese pensar su siguiente movimiento, ella ya se había abrazado a su cuello a la espera que la sacara de allí.
De nuevo imitando el estilo nupcial, Draco rehízo sus pasos hasta la habitación.
Intentó recostarla sobre la cama, pero ella hizo fuerza para mantenerse sentada, lo que lo extrañó un poco, pero no tanto como para hacerle comentario.
Tomó una respiración profunda, y con la misma toalla con que la había envuelto, comenzó a secarla. Despacio, tentativamente, atento a cualquier reacción que ella pudiese tener. Nada sucedió, así que continuó con su tarea.
Le frotó primero los brazos, y luego la espalda. Hermione cerró los ojos y se inclinó ligeramente hacia él mientras lo hacía. Draco sonrió, debía de gustarle la sensación, así que se mantuvo pasando la mano por su espalda un poco más.
No quiso pensarlo de esa manera, pero al pasar la toalla sobre su pecho su respiración se hizo más pesada. No quería asustar a Hermione, así que trató de apresurarse en esa zona y bajó rápidamente hacia su estómago. Ella lo sorprendió cuando tomó sus manos y volvió a subirlas. Recién entonces Draco notó que no era el único respirando irregularmente.
Levantó la cabeza y, a pesar de no poder verla, podía sentir la intensidad de su mirada como si lo quemara.
Cerró ligeramente sus manos alrededor de sus pechos y la escuchó gemir. Su respiración salía densa a través de sus labios entreabiertos, casi jadeante.
Eso fue suficiente para él. Se inclinó y la besó.
Puso toda su fuerza de voluntad en besarla dulcemente, con tranquilidad. Pero Hermione había tomado el mal hábito de lanzar gemiditos por lo bajo que lo estaban volviendo loco.
Ella fue la que tomó la iniciativa e introdujo su lengua para que jugueteara con la suya. Él no pudo hacer más que aceptarlo gustoso, a pesar de la sorpresa. Sorpresa que se incrementó al sentir las uñas de Hermione recorrer su pecho.
–Hermione… –Se vio en la obligación de separarla y llamarla. Estaba muy cerca de la delgada línea previa a perder toda cordura.
–Ámame… –Fue su única respuesta. Un susurro sobre sus labios. Una palabra que llegó dentro de Draco con la fuerza de mil huracanes.
No dijo nada. Su réplica fue volver a besarla, recuperando mágicamente su intención de mantener las cosas con calma.
Sabía lo que iba a suceder, no retrasaría más lo inevitable, así que ¡dioses que lo disfrutaría!.
Dejó sus labios sólo para comenzar a desperdigar besos en todo su rostro y comenzar a descender por su cuello. No la tocaba con nada más que sus labios, en cambio, ella se aferró a él con fuerza, cruzando sus brazos detrás de su nuca, acercando sus cuerpos más y más.
Ahora sí, Hermione permitió que Draco los recostara sobre la cama y se acordó de volver a respirar. Fue recién entonces que se soltó de él y únicamente lo hizo para poder desprender su chaleco. Draco la tenía fácil, ella ya estaba desnuda, tenía todo el trabajo por hacer.
Mientras Hermione llevaba a cabo su tarea, Draco mantuvo sus ojos negros fijos en ella, cómo si pudiese atravesarla con la mirada. Hermione pensó que su única intención era el de perturbarla, ¡y vaya que lo estaba logrando! Ni siquiera cuando ella terminó de desabrochar su prenda y fue él quien la descartó al suelo le quitó los ojos de encima.
Si se ponía a pensarlo, probablemente esa era la cosa que más la excitaba.
–Eres hermosa… –Susurró antes de pasarse la lengua por el labio inferior.
–Por favor… –Se quejó ella con impaciencia. Draco soltó una risa ahogada.
–¿Qué es lo que quieres? –le provocó
–Te lo he dicho… que me ames.
–¿No crees que lo estoy haciendo? –enarcó una ceja con diversión. Ella le pegó en el pecho.
–Apúrate. –Rió. Pero su risa pronto murió en los labios de él.
Esta vez las cosas fueron, como pidió Hermione, con un poco más de prisa. Mientras sus lenguas seguían enredándose, las manos comenzaron a tener participación, y no dejaron de recorrer el cuerpo del otro. Hermione rápidamente llegó a la cintura del pantalón de Draco, pero no satisfecha con eso, bajó aún más hasta tener su miembro envuelto entre sus dedos.
Draco tuvo que dejar de besarla para poder gemir. El placer de su toque lo había golpeado con una fuerza casi brutal. Cuando Hermione comenzó a bombearlo se sorprendió de no haber estallado en ese mismo momento.
–No hagas eso. –Murmuró a media voz.
–¿Por qué? –Ahora fue ella la que sonó divertida.
–Si quieres que te ame, será mejor que te detengas. Sino seré el único con un final feliz –bromeó. Ella revoleó los ojos, pero acató la orden quitando su mano de allí. En cambio, volvió a la cintura de su pantalón y lo desprendió con facilidad al igual que su cinturon. –¿Intentas decirme algo, Hermione?
–Te amo –respondió ella. Okey, no era la respuesta que esperaba, pero era mejor aceptada que si hubiese seguido el tren de broma que él había arrancado.
–Serás mi muerte, amor. –dijo. Le dio un corto beso en los labios y se dirigió directamente hacia sus pechos.
Se dedicó a besar con lentitud cada uno de ellos, como si los estuviera saboreando. Incentivado por la presión que los dedos de Hermione hacían en su cuero cabelludo, enredándose entre su pelo.
Tan perdida estaba en sus sensaciones Hermione, que no se dio cuenta en que momento Draco había terminado de deshacerse de sus pantalones; cuando quiso acordar estaba sintiendo el contacto de la piel de sus piernas mientras se enroscaban con las suyas.
De lo que sí fue completamente consciente fue de la mano de su novio comenzando a viajar hacia el sur de su cuerpo, y posteriormente de cómo sus dedos se abrían camino entre sus pliegues hasta que uno encontró refugio en su interior. Ser consciente no la preparó para la sensación. Inevitablemente lanzó un jadeo mientras arqueaba la espalda y alzaba las caderas, lo que motivó a Draco a comenzar el movimiento dentro de ella.
A pesar de su inexperiencia, Hermione no era una amante pasiva y asustadiza. Ella movió sus caderas al son, abrió sus piernas para brindarle mejor acceso, y clavó las uñas de una de sus manos en la blanca piel de la espalda de Draco, demostrándole su disfrute mientras que con la otra seguía sujetándolo por la cabeza.
Quizás la vergüenza la atravesara una vez todo hubiese acabado.
Ninguno de esos gestos pasaba por alto para el rubio, al contrario, no hacían más que encenderlo más y más. Ya no hacía falta que ella lo tocara en sus puntos clave, estaba a punto de acabar sólo por sentir lo que provocaba en ella. Le hubiese gustado poder hacerla llegar una vez antes, pero no creía poder aguantar tanto esta vez.
–Hermione, necesito…
–Sí. –Respondió ella sin dejarlo terminar de formular la frase.
Draco volvió a trepar en la cama hasta que sus ojos quedaron a la misma altura. Besó su frente, sus párpados, sus pómulos, y finalmente su labios. Hermione sabía que estaba intentando relajarla para lo próximo, pero lo que él no sabía era que en ese momento lo único que la relajaría iba a ser sentirlo dentro de una vez por todas.
Sólo se tensó un poco cuando lo sintió alinearse a su entrada, pero rápidamente se obligó a distenderse. Justo en ese momento Draco volvió a besarla y ella se permitió perderse nuevamente en su boca. Fue entonces que él aprovechó y en un certero movimiento entró en ella.
–Oh, Cirse… –Gimió Hermione en voz alta.
–No. Draco, amor. –Bromeó él, apenas encontrando la ubicación de sus cuerdas vocales. Lo cierto es que él había estado más nervioso que ella, y la sensación de estar en su interior era la cosa más esplendorosa que había experimentado alguna vez, ni siquiera sería capaz de describirlo si alguna vez tuviese que hacerlo. No pudo evitar preguntarse si siempre se sentía así.
Ella se rió, y dioses, eso casi termina de matarlo. La contracción de sus paredes alrededor de su miembro fue la gloria y el infierno al mismo tiempo. Decidió que era hora de comenzar a moverse antes de cometer un papelón.
Se dio cuenta que Hermione no sólo aprendía rápido en cuestiones académicas, sino que en las artes amatorias también lo hacía. No que él fuese un experto, ambos estaban explorando nuevos terrenos, pero había cogido el ritmo al movimiento que hacían sus caderas a una velocidad asombrosa.
Ahora la tenía con las piernas abrazadas a sus caderas, lo que le permitía llegar más lejos. No, definitivamente nunca se cansaría de esto.
Comenzó a acariciarle el cabello, se imaginó que estaría esparcido por toda la almohada y la imagen le resultó en mismas medidas erótica y adorable. Pronto la estaba sosteniendo sin tanta delicadeza mientras golpeaba en su interior con más y más fuerza.
–Eres mía… –susurró en voz alta, aunque había sido un pensamiento para sí mismo. Después de todo y de tanto tiempo de amarla en silencio, allí estaba, bajo él, él dentro de ella... y se sentía mejor que en cualquiera de sus mejores fantasías.
–Sí –gimió ella. –Y tú eres mío.
–Siempre, amor. Siempre…
Tan conectados estaban el uno con el otro, que ni siquiera se percataron de cómo sus cuerpos comenzaron a levitar lentamente, flotando sobre la cama. Con cada embestida surgían nuevos gemidos y cada gemido parecía ser combustible para la magia involuntaria que estaban drenando.
Recién fueron conscientes de ese hecho en el momento en que todo acabó. Con un último gemido unísono, con las uñas de Hermione clavadas en la pálida espalda de Draco, con un beso feroz llevándose el poco aliento que les quedaba. Los cristales en la habitación tintinearon con el temblor provocado por la magia que acababan de liberar, y la espalda de Hermione cayó en caída libre nuevamente sobre el colchón.
Sus respiraciones eran tan agitadas que ambos decidieron mantenerse en silencio por un momento para acostumbrarse y terminar de hacerse a la idea de lo que acababa de suceder. Ella seguía abrazada al cuerpo de su novio mientras él, tratando de no aplastarla con su peso muerto, escondía la cabeza en el hueco de su cuello. Ninguno abría los ojos, pero los dos tenían plantadas amplias sonrisas de satisfacción y felicidad en el rostro.
A pesar de su creencia inicial, y el motivo por el cual había retrasado todo, Draco no podía decir que no había podido disfrutar al cien por ciento de la experiencia. Nunca creyó que fuera capaz de sentir tanto y todo junto. Todos sus sentidos y terminales nerviosas habían estado activadas y potenciadas. Escuchar cada jadeo, cada palpitación, cada roce entre sus pieles, había sido… bueno, no creía hubiese palabras para describirlo.
Y eso que todavía no había procesado el hecho concreto de que acababa de hacer el amor con la mujer de sus sueños. A pesar de tantos años de fantasías, nada lo había preparado para esto. Lo que acababan de compartir había sido la mejor experiencia de su vida, y sabía, que aunque las relaciones sexuales como tales pudieran mejorar con la experiencia, nada nunca se igualaría con lo que acababan de vivenciar.
Pensó que se sentía hasta físicamente distinto, y no se refería a la incomodidad que la primera vez podía acarrear, era algo más. En su cabeza hizo clic el recuerdo de que también había sido la primera vez de Hermione y probablemente ella se sintiese bastante más incómoda con ese hecho que él; así que juntando toda su fuerza de voluntad se incorporó un poco para preguntarle como se sentía.
Pero la pregunta no pudo salir de sus labios.
Apenas despegó los parpados deseó no haberlo hecho. Todo parecía una gran nebulosa y se sintió terriblemente mareado. Volvió a cerrar los ojos y sacudió la cabeza. Pronto sintió las manos de Hermione tomándolo apremiadamente por los hombros.
–¿Draco? ¿Amor, te sientes bien? –Preguntó ella con urgencia. Draco quiso responderle, realmente su último interés era preocuparla, pero se dio cuenta que era un punzante repentino dolor de cabeza el que no lo dejaba reaccionar. –¿Draco? –insistió.
Se frotó la cara con una mano, cómo si simplemente pudiese despegarse aquella molestia. Escuchaba a Hermione repetir su nombre, pero parecía lejano a él. No sabía qué le estaba pasando pero estaba decidido a no dejarse vencer. Se concentró en el sonido de su voz hasta que finalmente pudo llegar a ella con claridad otra vez. Su siguiente paso fue volver a intentar abrir los ojos.
Sorprendido, tuvo que parpadear varias veces al verse casi cegado por una luz blanca.
Fue la voz de Hermione la que le dio repentinamente sentido a todo.
–Draco… ¡Merlín bendito, Draco, tus ojos!
N / A: Y acá llegó lo que llamo el final de la primera parte! No es que vaya a publicar lo que sigue aparte ni nada de eso, pero bueno, en mi mente la historia está dividida en dos bloques, y hasta ahora llega lo que sería el primero.
Empiezo con las aclaraciones del capítulo, y luego voy a las disculpas por la demora y demás.
Creo que es el capítulo más largo por el momento, sino, debe andar cerca. En ningún momento pensé en dividirlo porque necesitaba que todo se sucediera junto para que tuviera sentido, al menos para mi.
Llegó la primera vez entre los dos, quizás no en el mejor clima, pero para mí siempre estuvo planteada de la misma manera, por eso estaba ansiosa por llegar a esta parte. Debo dar crédito a la serie The Magicians, de la que me robé la idea de hacerlos flotar. Las que leyeron mi fic Dancing in the Dark, saben que no se puedo dejar de lado toda la parte mágica que conlleva mi teoría de la magia accidental, pero me pareció una buena variante el modo en que describí esta vez, para que no quedaran las dos escenas iguales
De aquí en más, y por eso también la diferencia de bloques, entramos un poco más más profundo en la trama de Los Oscuros, y van a empezar a pasarlas cosas con saltos temporales un poco más grandes. No quiero adelantar mucho más, por lo que tampoco voy a dar pistas sobre qué sucede con lo que se menciona al final del capítulo. Muajaja.
Como se menciona en el capítulo, ya vemos más escenas relacionadas a la visión, lo cual también acrecentará en esta segunda parte.
Voy a subir a mi grupo de FB (groups / FansIlwenMalfoy) los bocetos de Pansy de los trajes. Estaba aburrida y me puse a dibujar (horriblemente) para ayudarme visualizarlo mejor mientras escribía, y quizás les sirva también a ustedes.
Ahora sí, lamento muchísimo haberme tardado tanto con este capítulo, sabía que iba a tardarme y lo avisé en el anterior, porque era largo y una temática bastante pesada, pero incluso tardé más de lo que imaginé. Así que espero que hayan tenido una linda navidad, un gran comienzo de año, un día divertido de reyes y unas felices pascuas ... ¿me olvidé de algo? jajaja
No tardaré demasiado tiempo con el capítulo 30 (¡Wow! ¡Ya 30!) Porque al igual que la Visión, también es más corto.
Nadie lo debe haber notado porque nadie le da bola a las recomendaciones musicales, pero es la primera canción en Español que pongo. Lo dudé bastante, para seguir manteniendo la misma línea, pero sinceramente no había ninguna que pegara mejor. Si no la escucharon antes, háganlo! :)
Creo que no me queda mucho más que decir, más que, como siempre, espero hayan disfrutado la lectura. Ahora es su turno de hablar y hacer saber sus opiniones y teorías (locas o no) para alegrarme y motivarme un poco.
Les mando un beso grande!
Ilwen ( 06/04/18 )
