Recomendación musical: "Arms – Christina Perri"

Cap 31 – Petricor, whiskey de fuego y filete a punto inglés.

Hacían cinco minutos que Hermione no podía dejar de reír.

Al principio, Draco pensó que era por la felicidad que le había producido cuando le dijo que podía verla, aunque en una especie de escala de grises medio brumosa, como si tuviera un velo o filtro de por medio, pero podía ver y con eso le bastaba. Cuando la risa no cesó, supuso que estaba nerviosa. Ahora, ya se estaba preocupando.

–¡No puedo respirar! –Jadeó entre carcajadas. Él la sujetó del brazo, preocupado.

–Me estás asustando, ¿estás bien? –preguntó. Pero su pregunta sólo provocó una ola de risas aún más fuerte.

–¡Ay, Draco! –siguió riendo. En algún momento se dio cuenta de cuánto estaba preocupándolo y se obligó a sí misma a calmarse. Llevó su tiempo y varias respiraciones profundas, pero lo logró. –Es que en los cuentos infantiles muggles… –sonrió con una pequeña risa escapándosele –los besos de amor verdadero son capaces de romper con cualquier maldición.

–Bueno, se necesitó algo más que un beso… –Rió Draco contento de finalmente comprender que provocó tal ataque de risa. Ella sonrió avergonzada. –No sé de dónde sacan los muggles esas ideas, pero, hablando enserio… ¿has sentido nuestra magia? –Hermione asintió sonriendo nerviosamente.

–Hemos expulsado un montón de magia, ¡eso debe haberte provocado algo!

–Y nosotros perdiendo tiempo en los libros… –murmuró en tono sugerente.

–¡Oye! –ella le golpeó el brazo juguetonamente. –Que no he sido yo quien lo ha estado posponiendo tanto.

–Tienes razón, como siempre. –Le besó suavemente los labios. –Eres tan hermosa, Hermione… –Le colocó un mechón de cabello detrás de la oreja y le acarició el rostro.

Era extraño para ambos, tantos meses después de comenzar su relación y era la primera vez que él podía verdaderamente contemplarla.

A pesar de la falta de color y demás, Draco tenía que reconocer que poder verla con sus propios ojos era incomparablemente mejor a cuando lo había hecho vinculado a través del hechizo.

No podía dejar de encontrar las diferencias con la muchachita que llenaba sus recuerdos escolares. Hermione se había convertido en toda una mujer en este tiempo y eso se reflejaba en su aspecto: su rostro ya no era redondo, sino más bien afilado en el mentón, sus labios estaban más llenos y sus ojos más fieros, sus hombros estaban rectos y sus clavículas más definidas, y, no es que tuviera con qué comparar, pero sus pechos eran un jodido paraíso… bueno, ya sus manos habían aprendido bien de eso.

Pero su análisis tuvo que interrumpirse bruscamente cuando Hermione notó la inspección sobre su cuerpo y se cubrió hasta el cuello con la sábana.

–¡Hey! –protestó él.

–¡Draco! ¿qué crees que haces?

–Mirarte, ¿no es obvio? –respondió sarcásticamente.

–¡Me da vergüenza, idiota! –él no pudo contener la risa.

–Hermione, amor, he hecho algo más que mirarte…

–Lo sé, pero es distinto. Hasta ahora era mayormente imaginación, ahora puedes verme y… –Tartamudeó.

–Hermione. –Su tono era firme. –Mírame. –Pidió, pero de todas formas la obligó a hacerlo al levantarle la cabeza con la mano en el mentón. –Eres hermosa. Eres mejor de lo que podría haber imaginado. –A pesar de todo, ella bajó los ojos, incapaz de sostenerle la mirada, llena de vergüenza. –¿Estás bien? –preguntó cambiando el tono a uno notablemente más dulce. Ella asintió con la cabeza. –Me refiero… ¿te… te duele algo? –Ahora su respuesta fue mover la cabeza hacia los lados, negando. Esta vez sonreía. –Entonces… –gateó hasta ella hasta que sus rostros sólo estaban a un palmo de distancia. Los ojos de Draco ya no se veían negros, pero era como si una niebla estuviera sobre ellos. Hermione estaba fascinada. –¿Crees que podamos repetir lo de hace un rato?

–Quizás si volvemos a hacerlo nuestra magia reaccione de nuevo y… –Draco interrumpió su perorata con un resoplido y volviendo a alejarse de ella, sentándose en la cama.

–No quiero que te acuestes conmigo por eso, no quiero que sea un experimento, ni algo forzado, ni condicionado de ninguna forma… simplemente porque lo deseamos, como esta vez. –Hermione se arrepintió inmediatamente de haber abierto la boca. Lo que menos había querido era que Draco la interpretara de esa forma. –Además, –volvió a hablar sin darle tiempo a disculparse y aclararse. –lo más probable es que haya sido cosa de una sola vez… la primera vez de ambos, ya sabes… tú lo has dicho, ¡todo ese montón de magia! –sonrió. –Y no quiero que te ilusiones y luego tu burbuja se rompa cuando nada suceda. Yo puedo vivir con esto, ¡joder! Creí que no iba a ver nunca más… ¡esto es un montón para mí!

–No voy a esperar nada, Draco… salvo tener otro revolcón memorable. –Le guiñó el ojo haciéndolo reír. Con el tiempo había aprendido que, con los Slytherins, bromear era la mejor manera de cortar la tensión.

–Me encanta verte… –confesó perdido en su sonrisa traviesa.

–Bueno, creo que puedo hacer que la vista valga la pena… –susurró. Esta vez fue ella la que gateó hasta él, sin darle importancia a la forma en que la sábana se había deslizado hacia abajo, dejando su cuerpo completamente al descubierto. Draco gruñó por lo bajo ante tremenda visión, y Hermione sonrió felinamente al ver la reacción de la zona baja de su acompañante.

Fue el último empujón que necesitó para armarse de coraje.

Sin apartar los ojos de los suyos, Hermione se puso de rodillas delante de Draco y se inclinó hacia delante. La vista de su trasero apuntando al techo casi lo lleva al límite, pero nada se comparó a cuando sintió los labios húmedos cerrándose alrededor de su erección.

–¡Mierda! –Escapó de entre sus dientes.

Un rato después, Draco veía fuegos artificiales… pero en blanco y negro.

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A pesar que ya hacía un buen rato desde que habían llegado de la misión y que todos se habían disperso a sus habitaciones para descansar, Theo todavía estaba sentado en la orilla de su cama con el uniforme puesto cuando llamaron a la puerta.

Sabía de quien se trataba incluso antes de abrir. No le sorprendía que fuera ella, le sorprendía que estuviera allí.

Abrió la puerta para encontrarse con la sonrisa de Luna.

–No podía dormir. –Declaró.

–¿Nargles? —Preguntó él, conociéndola.

–No, malos recuerdos.

La sinceridad y madurez de su afirmación le estrujaron el corazón. Casi sin darse cuenta la había agarrado y sujetado contra sí en un fuerte abrazo. Sin soltarla la movió hasta poder cerrar la puerta tras ellos, y lentamente los guió hacia la cama.

Luna no lloraba. Merlín sabía que no tendría la más remota idea de qué hacer si volvía a verla llorar. Pero su estado dócil y taciturno también era difícil de manejar para él. No sólo porque no era del tipo que brinda consuelo y tiene las palabras justas para decir; sino que Luna le provocaba esa emoción de cuidado y protección, que el verla así lo desequilibraba emocionalmente a él también.

Cuando la soltó se dio cuenta que ella sí se había quitado el uniforme y vestía un camisón de algodón color rosa y amarillo. Estaba jugando con el dobladillo deshilachado de la falda con sus dedos, sin atreverse a mirarlo.

–¿Por qué no quieres mirarme, Luna?

–Oh, es que tengo pensamientos que me avergüenzan y temo que si te miro puedas adivinarlos. –Theo casi se ahoga.

–Luna, no soy legermante.

–No. Pero no lo necesitas. Eres muy bueno para leer a las personas.

–Y tú nunca te avergüenzas de las cosas que piensas.

–Creo que es sensato cambiar algunas cosas de mi personalidad –admitió agachando la cabeza.

–¿Por qué dices eso? –preguntó frunciendo el ceño. Cuando le abrió la puerta, nunca hubiese imaginado que estarían teniendo una conversación siquiera similar a aquella.

–La guerra los hizo crecer, madurar y cambiar a todos. Creo que es hora que yo lo haga también…

–La guerra te endurece, sí. Te cambia la forma en que vez el mundo, también es cierto. Pero no cambia quien eres. ¿O has visto que nuestras esencias hayan cambiado? –Ella sacudió la cabeza hacia los lados.

–Pero si no fuera como soy, hoy podría haberme defendido, o…

–No. –la cortó con firmeza. –Nada de lo que sucedió fue tu culpa, nada de lo que podrías haber hecho hubiese sido útil, incluso podrías estar muerta ahora. –Argumentó sin miedo a sonar duro.

–¿Tú crees que está bien que sea como soy? –El tono inseguro de su voz se reflejaba en su mirada

–Luna –le alzó la cabeza suavemente acariciándole la mejilla. –No me hubiese enamorado de ti si fueses de otra manera. –Los ojos azules de Luna se abrieron al máximo y se llenaron de un brillo esperanzador. Pronto se arrojó encima de Theo, abrazándolo por el cuello. Pero cuando la espalda del chico chocó contra la cama siseó de dolor.

–¿Estás bien? –preguntó preocupada, él asintió pero la mueca de dolor en su rostro decía otra cosa.

–Es sólo mi espalda. –Explicó mientras se acomodaba lentamente. Luna tuvo que cubrirse la boca para disimular el jadeo.

–Theo, tus heridas están abiertas, la sangre está traspasando tu ropa… ¿cómo es posible?

–Weasley me advirtió que podía suceder. No hay un patrón sobre cuales son las causas, pero son heridas mágicas, nunca se cerrarán correctamente.

–Quítate eso y voltéate así puedo curarte. Voy a buscar algunas pociones. –Fue lo único que dijo en respuesta. Luego, fiel a su palabra, con una sonrisa salió de la habitación en busca de un botiquín de curación.

No tardó mucho en volver. Cuando lo hizo, Theo ya la esperaba de espaldas a la puerta de entrada con el torso desnudo. Quizás si no la miraba directamente la vergüenza sería un poco menor.

Luna trabajaba de la forma en que toda ella era: suave, sutil, delicada. Theo apenas sentía sus intervenciones si no fuera por el escozor de las pociones o las temperaturas de éstas. Hizo todo lentamente y se tomó su debido tiempo, relajándolo y hasta casi adormeciéndolo.

Ese último sentimiento se esfumó por completo cuando después de acabar con la labor, Luna comenzó a desperdigar besos sobre su espalda.

No había una explicación lógica, más bien fue un instinto animal el que se apoderó de él y de todos sus sentidos al completo. En un solo movimiento se giró y tiró a Luna sobre el colchón, quedando encima de ella y besándola al instante.

Luna pareció olvidar ser la niña dulce y sutil y le devolvió el beso con la misma ferocidad, incluso luchando por quien llevaba el control. Obviamente la fuerza de Theo era notablemente superior, pero le divertía y excitaba la actitud de la pequeña rubia y quería saber hasta donde llegaría, así que la dejó hacer.

Su sorpresa fue cuando lo empujó lo suficiente hasta volver a incorporarlo y luego sentarse a horcajadas sobre él. No despegó sus bocas ni un momento.

Los verdaderos problemas para Theodore comenzaron cuando ella comenzó a balancear sus caderas, haciendo que sus intimidades se rozaran arduamente, mientras soltaba suaves jadeos. Su miembro ya había saltado de alegría y su cordura parecía ansiosa por seguir el mismo camino. Con todo el dolor y la fuerza de voluntad de su alma, la alejó.

–Luna…

–Sé lo que hago, Theo. Quiero hacerlo.

–Pero…

–Oh –se sonrojó de golpe e intentó salir de encima suyo, pero ante el tono, Theo sospechó y la frenó. –Eres tú el que no quiere… –El chico tuvo que hacer otro esfuerzo, pero esta vez por no reírse en su cara.

–Luna, no hay nada en este momento que quiera más. –Luna parpadeó rápidamente, sin comprender. –No voy a poder contenerme.

–No quiero que te contengas.

–Luna –gruñó. –No puedo ser gentil, mi parte licántropa toma control y… –Luna lo silenció con un beso.

–Sé lo que eres, Theo. Sé que a tu manera me cuidarás. No quiero que seas lento y contenido… quiero que seas tú. –Su sonrisa no hizo más que afianzar sus palabras. Y aunque Theo nunca lo reconociera, sintió un calor en su interior que lo emocionó hasta casi las lágrimas. Así que antes de hacer papelones la besó.

La ropa voló y las palabras se esfumaron.

Theo cumplió con su palabra, no fue gentil. La amó fuerte y duro, y Luna no pudo ser más que feliz por eso, porque con cada uno de los besos con los que él cubrió todos los centímetros de su cuerpo, ella se sintió la mujer más amada del planeta.

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Pero no todos habían podido encontrar un dulce consuelo en los brazos de otro luego de la batalla.

George había tomado a Astoria del brazo y la había arrastrado a su habitación. Todos miraron la escena al principio con sorpresa y luego con preocupación. Esa relación y la forma en que parecía que se trataban no podía ser sana bajo ningún punto de vista. Pero sin dudas ese no era el momento de comenzar con cuestionamientos y discusiones.

Así que, en silencio, cada uno siguió en su negocio.

Remus había insistido en llevar a Tonks a ver un sanador, pero la mujer se había negado. Ella ya se sentía bien y quería estar en Grimmauld Place para los niños. Muy a su pesar, Lupin no tuvo más que aceptarlo mientras él volvía a reunirse con Shacklebolt y dar parte de lo sucedido. En la Orden no había habido bajas, milagrosamente, pero Lee Jordan tenía un brazo bastante comprometido y varios de los Aurores no habían corrido con la misma suerte.

Blaise, Ginny y Harry habían tenido una misma idea. Creyendo que todos estaban en sus habitaciones se escabulleron hacia los almacenes en busca de las botellas de Whiskey de fuego. Estaba casi amaneciendo y por ello fue mayor la sorpresa cuando los tres se encontraron en las cocinas al mismo tiempo. Ginny miró a ambos, se encogió de hombros y bajó a buscar la botella. Harry y Blaise ya estaban sentados en la mesa. No habría vasos en esta ocasión.

–¿Quién hará los honores? –preguntó levantando la botella. Blaise se encogió de hombros y la tomó en sus manos. La destapó con facilidad y pegó el primer trago.

–Dulce Merlín –saboreó cerrando los ojos. Harry fue el siguiente en tomarla. Tosió un poco por el escozor en la garganta pero no hizo comentario hasta que vio a Ginny pegar su trago como si estuviese tomando agua.

–¿Cuándo mejoró tu tolerancia al alcohol? –preguntó sorprendido. Ginny sonrió, pero el gesto no llegó a sus ojos.

–No vives con Charlie sin generar una buena resistencia al Whiskey de fuego. –respondió y hubo un común acuerdo sin necesidad de palabras.

El silencio se prolongó por algunas horas, sólo roto por algún carraspeo de garganta o el sonido de la botella al golpear con la mesa, y a pesar de lo que cualquiera pudiese pensar, no era incómodo en lo más mínimo.

El primero en quebrarse fue Blaise. Y sobresaltó a los otros dos cuando de repente golpeó con un puño la mesa.

–Lo siento –dijo, pero sólo fueron palabras, no lamentaba nada realmente. –No puedo hacer esto sin Pansy.

–Blaise… –intentó Ginny, pero la voz de Harry la cortó.

–¿Estás enamorado de ella? –preguntó. Los ojos de Blaise se oscurecieron y lo miraron fijamente. Ginny supo que las cosas se estaban por torcer, pero no tenía la capacidad para pensar rápidamente en como frenarlo.

–¿Eres idiota?

–Suelen decírmelo. –Respondió sencillamente antes de dar otro trago desde la botella. –Sólo fue una pregunta, estás tan… preocupado.

–Una inoportuna. –Agregó Ginny intentando cerrar el tema, pero no lo iba a tener tan fácil.

–Dime Potter… ¿estás enamorado de Granger? Porque también te vi bastante preocupado cuando no despertaba.

–¡Eso es distinto! –gruñó. –Ella es como una hermana para mi.

–¿Y qué te hace pensar que no funciona de la misma manera para mi y Pansy, eh? –A esta altura los dos se habían puesto de pie y estaban gritándose en las caras. –¿Sabes por qué? Porque en el fondo sigues creyendo que no nos importa nada ni nadie, que no podemos tener sentimientos nobles, porque no somos sangrientos Gryffindors no podemos preocuparnos por nadie más que por nosotros mismos. ¡Sal de tu puta burbuja, Potter!

–Nunca dije eso… –se defendió.

–¡Pero es lo que piensas! Y lo das a entender con cada acción que tomas, cada comentario…

–¡Bueno, deténganse! –Ginny los imitó poniéndose de pie. –Harry, es verdad, sigues actuando para la mierda con ellos, no tienen que caerte bien, pero se han ganado su lugar y confianza. –Harry fue a responder, pero la pelirroja alzó su mano haciéndolo callar. –Blaise, estás demasiado susceptible, Harry no hizo una pregunta malintencionada, así que toma la jodida botella y sigue bebiendo como hasta ahora.

Y como si fuese una ley marcial, los dos volvieron a sentarse y acataron sus órdenes.

–Jodidos Gryffindors –sonrió Blaise sobre el pico de la botella.

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Hermione y Draco seguían recostados en la cama, acariciándose, cuando el sonido de la lluvia golpeando contra la ventana llenó sus oídos.

Con una sonrisa pícara en el rostro, Draco le robó la sábana a Hermione y corrió a abrir los postigos. La visita no era maravillosa, ya que la ventana daba al interior de la Mansión y mostraba los jardines, pero para él cualquier vista era magnifica en ese momento.

Hermione chilló en un principio, pero al verlo asomado a la ventana disfrutando la vista, no pudo decirle nada. Así que, con la excusa de tener frío, se levantó y se acomodó a su lado cubriéndose también con la sábana.

–¿Qué piensas? –le preguntó luego de compartir un rato en silencio.

–Nada en particular –suspiró abrazándola más contra él. –¿Sientes el olor de la lluvia? Mis sentidos todavía están un poco potenciados.

–Estamos asomados a la ventana, Draco, claro que lo siento –rió ella y le besó la mejilla. –¿Lo llevas bien?

–Mejor que bien. –Sonrió. –Me siento culpable por sentir tanta paz en este momento después de lo que vivimos hace un par de horas… –Hermione alzó la vista hacia él, y le acarició la mejilla.

–Tú no tienes la culpa de lo que sucedió, así que no debes sentirte culpable por tener un buen momento. Has pasado por tanto, amor… te mereces este, como dices, momento de paz. La lluvia, esta brisa, yo… –bromeó robándole una sonrisa. –No sabemos cuanto va a durar… la guerra seguirá sucediendo… disfrutemos esto.

–Te amo. –Dijo. Ella lo miró sorprendida.

–¿Qué has dicho?

–Que te amo. –rió. –¿Qué? No puede ser una sorpresa para ti.

–No, pero… nunca lo habías dicho –murmuró todavía mirándolo como si le hubiesen salido tres cabezas.

–Hermione, ¿enserio necesitabas que lo dijera?

–¡No! Quiero decir… lo sé, nunca lo dudé, ni lo pensé tampoco. Estaba ahí desde el principio, ¿no? Supe todo lo que hiciste por mi y no necesitaba más que eso, pero… bueno, no lo sé, es distinto escucharlo directamente. –Explicó. Draco soltó una risa baja y la besó. Todavía sujetándola por los lados de la cara, la miró fijamente.

–Te amo. –Ella rió y su sonrisa era tan grande que parecía que iba a darle vuelta la cara.

–Te amo. –Repitió y él volvió a besarla. Después de mantenerse así unos minutos, volvió a hablar. –¿Crees que deberíamos avisarle al resto? –preguntó claramente haciendo referencia a la recuperación de la vista de Draco.

–No aún. –la abrazó más fuerte. –Quiero que seamos sólo nosotros un rato más.

–No puedo oponerme a eso. Tampoco quiero compartirte. –sonrió cálidamente. –Vuelve a la cama, iré a preparar unas tazas de chocolate caliente, ¿estás de acuerdo?

–No puedo oponerme a eso.

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Con lo primero que Hermione se encontró al bajar a las cocinas, fue a tres de sus amigos desmayados sobre la mesa con una botella de Whiskey de fuego vacía al lado.

Sacudió la cabeza desaprobatoriamente y soltó un suspiro. No era justo que les diera un sermón. Cada uno estaba sobrellevando las cosas como podía… simplemente se lamentaba que ellos no estuviesen encontrando un refugio más sano que una botella de alcohol.

Pero la segunda imagen, fue un poco más desconcertante. Luna Lovegood bailoteaba descalza por la cocina mientras preparaba algo al fuego, según podía deducir.

–¿Luna? –preguntó suavemente.

–¡Oh, hola, Hermione! ¡Qué sorpresa! –le sonrió la rubia.

–¿Puedo preguntar que haces?

–Ya lo has hecho… –señaló sonriendo todavía más. –Estoy preparándole un filete a Theo. Escuché que después del sexo a los hombres se les despierta el apetito… –comentó como si nada. Hermione iba a asentir mecánicamente cuando fue verdaderamente consciente de las palabras de su amiga.

–¿Tú y Theo han…?

–Sí. Hicimos el amor esta noche.

–¡Luna, eso es hermoso!

–Lo ha sido. –La pequeña rubia no paraba de sonreír. –¿Y tú, qué haces aquí?

–Vine a prepararnos un poco de chocolate caliente a Draco y a mi. –Luna la miró sospechosamente antes que Hermione estallara en una sonrisa y asintiera, afirmando a su pregunta silenciosa.

–Creo que amerita a una noche de chicas…

–Sí, o Ginny nos matará –dijo, e interiormente no pudo evitar pensar en cuánto le gustaría contarle a Pansy. –Será un día de sorpresas… Pero si quieres sorprender a Theo, te recomiendo que ya des vuelta ese trozo de carne –bromeó.

–Nunca sé como hacerlo. –Reconoció. –Él siempre me dice que está bien, pero sé que prefiere el de Tonks…

–Tienes que dorarlo de ambos lados. El centro quedará rojo. En el mundo muggle le llaman punto inglés.

–Gracias, Hermione.

–De nada, Luna.

–Quizás la noche de chicas deba esperar, no sé si Ginny estará lista –rió mirando a la colorada roncando sobre la mesa.

–Ya verás como se le prenderán todas las luces cuando sepa lo que le tenemos que contar. –Le guiñó un ojo en complicidad. ─ ¿Ha estado bien, te sientes bien? ─preguntó ahora con seriedad.

─Claro. Ha dolido un poco al principio ─pensó. ─Pero Theodore ha sido muy considerado y se me olvidó pronto ─rio mientras las mejillas se le teñían de rojo. ─ ¿Tú?

─A mi no me ha dolido ─reconoció Hermione. ─Estaba más preocupada que lo que en realidad fue.

─Me apena que no haya sido igual para Ginny ─dijo, recordando cuando la pelirroja les contó sobre su dolora primera vez. ─Y me alegra que hayamos perdido la virginidad juntas. ─le sonrió y tomó las manos de Hermione con cariño.

─Claro. ─respondió incómoda, sin saber muy bien que decir. ─Pero ahora recurda dar vuelta ese filete si quieres volver a sorprender a Theo.

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Draco se despertó nuevamente sintiendo el calor de un cuerpo cálido contra el suyo. Suspiró llenando sus pulmones con el olor que emanaba el cabello de su acompañante. Esta vez no demoró en abrir los ojos. Como si fuese algo que se fuera acabar, quería aprovechar su visión al máximo.

Suavemente, con temor a despertarla, comenzó a hacer un recorrido por su cuerpo. Sus dedos acompañaban el recorrido que marcaban sus ojos, comenzando por sus mejillas, su cuello y sus hombros, y bajando por medio de sus pechos hasta llegar hasta su tatuaje, al que pudo prestar atención por primera vez y recorrió con su índice verdaderamente fascinado con esa magia. Todavía podía sentirse en relieve. El suave movimiento debe de haberle hecho cosquillas porque Hermione se movió como si quisiese sacudirse de algo.

—¿Te desperté? —preguntó casi en un susurro para evitar hacerlo si no lo había hecho ya. Ella movió la cabeza afirmativamente, pero de su garganta sólo salió una especie de gruñido remolón.

Draco siguió con su tarea de recorrerla, ahora sin ninguna restricción, pero cuando llegó al hueso de su cadera algo le llamó la atención y se acercó violentamente hacia ella, incluso girándola levemente. Después de unos segundos de análisis soltó una carcajada.

—¿Qué encontraste tan gracioso? —preguntó mirándolo con desconfianza, aunque disfrutando la sensación de sus dedos en su piel.

—Oh, Granger… es que al parecer estabas destinada a mi desde un principio… —Sonrió gatunamente. Hermione acentuó su gesto de ceño y labios fruncidos y cejas arqueadas. —Mira aquí —señaló. —Tus lunares forman la constelación de Draco. —Y su sonrisa creció todavía más.

Hermione se retorció para poder mirarse, sin poder creer lo que le estaba diciendo. Ciertamente, ver la distribución de sus tatuajes no era algo que realmente se dedicara a hacer, pero, realmente. ¿cuántas posibilidades había?

Evidentemente, una era suficiente.

Draco había tomado una pluma de su mesa de noche y había comenzado a trazar el recorrido entre un lunar y otro. A Hermione la actividad le recordó a los juegos de armar figuras uniendo puntos que venían en las revistas para niños con las que jugaba en su casa.

Ahogó un jadeo cuando vio el resultado. Draco la miraba orgulloso.

—¿Cómo es eso posible? —chilló.

—Ciertamente, no tengo idea —rio. —Pero me encanta —Se inclinó y beso su dibujo para después morderlo suavemente.

—¿Necesitas seguir marcando territorio?, ¿no te alcanza? —Se rio ella ahora, haciendo referencia a dicho mordisco. Él volvió a besarla, y pronto sus besos comenzaron a subir, trepando por su torso.

—Draco… —gimió. —No podemos… de nuevo… debemos… desayuno —Murmuró entrecortadamente, al ritmo de su respiración, mientras Draco atacaba sus pechos.

—Aguafiestas. —gruñó él, alejándose. Hermione inmediatamente se arrepintió de haberlo frenado, extrañando sus atenciones. —Aunque creo que incluso ya nos hemos pasado la hora del almuerzo.

Ambos se levantaron y vistieron entre sonrisas y miradas traviesas. Y con la misma picardía bajaron las escaleras y se encaminaron hacia la sala de estar.

Pero la burbuja de alegría se reventó al ver a Tonks desparramada en el suelo inconsciente, con el pequeño Teddy parado a su lado. El niño sostenía la varita de su madre sacudiéndola mientras gritaba.

—¡Mamá! ¡Aíba! ¡Mamá!

Tras el golpe inicial por el panorama frente a ellos, recién al escucharlo cayeron en cuenta de lo que estaba sucediendo.

—¡NYMPHADORA! —gritó Draco casi tirándose al lado de su prima. Le sujetó la cabeza colocándola sobre sus piernas dobladas y comenzó a zarandearla con fuerza. A su lado, Teddy comenzó a llorar hasta que Hermione llegó a su lado y lo tomó en brazos.

—Shh. Tranquilo, Teddy. El Tío Draco está despertando a mamá, no hay por qué llorar.

—¡Nymphadora! —repitió sin dejar de moverla. —¡Enérvate! —le apuntó con su varita una vez que pudo razonar un poco. Para su suerte, Tonks pareció a volver a entrar en sí.

—Iré a buscar agua. —Dijo Hermione, pero cuando se volteó, Ginny corría hacia ella con un vaso, Harry y Blaise detrás. Evidentemente habían sido alertados por los gritos.

—Está bien. Estoy bien. —Murmuró ella incorporándose lentamente, era notable como todavía era víctima del mareo.

—Debe haber sido por los golpes de hoy. —Susurró Harry.

Hermione y Draco se miraron y suspiraron. De todo corazón esperaban que fuera cierto y sólo fuera una consecuencia de lo sucedido en la batalla, sinceramente no parecía ser grave más allá del susto que les había dado la imagen. Y quizás, no los hubiese asustado tanto si no la hubieses vivido antes en su visión… y la verdad era que todo lo que ya había pasado de ella había sido demasiado horrible.

—¿Puedo hacer algo por ti? —le preguntó Draco ayudándola a mantenerse sentada.

—Dejar de llamarme Nymph… ¡Oh, Draco, tus ojos! —gritó. Draco no pudo evitar reírse y pronto todas las miradas estaban sobre él. Se sorprendió al ser arrojado al piso víctima de un abrazo de su prima que había caído encima de él. Teddy gritaba desde los brazos de Hermione, estirándose hacia ellos, queriendo ser parte.

—¡Mamá! ¡Ío eico! —chilló alegre sacudiendo sus bracitos hasta que Hermione lo colocó encima de ellos y se unió al abrazo colectivo.

Parecía difícil de creer lo que ese grupo de personas había vivido hacía sólo un par de horas cuando todos los rostros llevaban una sonrisa y los ojos brillantes.


N/A: Bueno, se ha cumplido finalmente la marca de los 600 reviews, así que cumplo y dejo capítulo.

Como es el Dramione Day, decidí hacerles el regalito subirlo hoy en vez de esperar hasta el viernes, así que... FELIZ DÍA!

Finalmente descubrimos que fue lo que pasó con los ojos de Draco... y aunque es una mejora increíble, todavía queda esa molestia ahí dando vueltas.

Creo que venía faltando un capítulo más centrado en las parejitas que en todo el furor de la guerra, así que este viene a cumplir esa función, sin dejar de revelar o plantear algunos puntos que son importantes para el desarrollo de la historia, porque, ya saben, no me gusta hacer capítulos de relleno.

Ya les he ido contestando particularmente en los reviews, pero por las dudas lo aclaro acá también... todavía no sé que voy a hacer con el triángulo de Harry/Ginny/Blaise. Así que tengan paciencia. Creo que voy a estar dando vueltas tironeando con eso por bastante más tiempo. Lo que no significa que no vayan a pasar cosas significantes para un lado o para el otro.

Tengo el siguiente capítulo terminado y ya por la mitad del que le seguiría a ese. Así que voy a volver a meter presión con los reviews, y aunque no voy a poner un número de meta, voy a esperar una buena cantidad. Todo esto porque recibo muchos nuevos alertas y agregadas a favoritos... muchas más a la proporción de comentarios, y me parece un poco injusto, no? Ya que yo me tomo el tiempo de escribir y publicar para ustedes, lo mínimo que espero es un feedback y que se tomen 5 minutos en dejarme su opinión.

Así que eso... espero conocer sus opiniones respecto al capítulo!

Nuevamente feliz día para todas... sin en Dramione, sin dudas, mi vida no sería lo mismo!

Un fuerte abrazo. Hasta la próxima.

Ilwen (23/05/18)