Capítulo 8: Galletas con un toque de sal
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Mezclaba con energía las claras de huevo que se encontraban en un bol metálico a mano, siempre le encontraba más interés hacerlo a mano que con un ayudante de cocina o batidora eléctrica. Decía que había más reto en ello. Sonrió al ver el punto nieve en el que las claras empezaban a tornarse y siempre se sorprendía como con un poco de química y física la comida podía volverse algo mágico.
-Hermano ya voy a clases, nos vemos en la tarde-
-¡Ah, Kari!- se asomó por la cocina rápidamente y vio a su hermana ponerse los zapatos mientras que el gran instrumento reposaba sobre la pared -¿Mimi ira hoy a clases?-
-Pues supongo que sí, July de segundo año anda recibiendo algunos consejos de Mimi y las he visto hablar un poco, al parecer esa presentación es muy importante para ella- hablaba mientras recordaba las veces en las que las veía juntas probablemente- ¿Por qué? ¿Le llevarás comida?- el moreno asintió- ¿Y a mí?-
-Por supuesto que para ti también hermanita, no puedo dejar a mis chicas favoritas sin alimentos- le guiño el ojo mientras que su hermana reía, se devolvió a la cocina.
-Si la veo le diré que tienes algo que darle ¿Esta bien?-
-Perfecto-
Tai conoció a Mimi primero que Kari, puesto su hermana estaba enferma en esas vacaciones cuando la vio jugando con una pila de arena, toda cubierta de ella. Le causo gracia verla y por ello no dudo en acercarse. Antes de poder preguntarle por qué estaba así, ella se giró y le hablo primero sonriéndole de una manera abierta. Y en pocas palabras, se pusieron a jugar en la arena juntos. No paso mucho tiempo cuando Kari se les unió y su amistad empezó.
Ella vivía un par de apartamentos de donde ellos Vivian, y fue cuestión de encuentros cuando sus padres empezaron a juntarse a causa de ellos. Mimi no tenía más familiares en Japón, por lo que sus padres siempre estaban encantados con las visitas de los hermanos Kamiya. De hecho agradecía a la mama de Mimi, Satoe. Quien fue que lo inicio en el arte culinaria, enseñándole los diferentes alimentos que habían y como prepararlos. Él siempre amo el futbol, y creyó que su camino era el deporte, pero fue gracias a esa demostración que desde ese momento Tai supo que uno de las cosas favoritas que él más le gustaban hacer se volvería en su pasión y su carrera, para toda la vida.
En secundaría muchas chicas se aproximaban a él para pedirle consejos de cocina y demás, los chicos se burlaban de él por esto mismo diciendo que la cocina era de mujeres, pero luego él mismo se encargaba de patearles el trasero en el futbol que aun cuando ya no era su pasión definitiva le encantaba jugarlo: Si no puedes jugar contra un "cocinero" ¿Cómo pretendes hacerlo contra un jugador de verdad? Siempre les decía luego de ganar en el campo. Mimi siempre se reía a carcajadas cuando le contaba sobre estas cosas mientras probaba las cosas nuevas que el moreno preparaba, ella nunca cuestionaba lo que cocinara por más raro que parecía. Pues, para quien no sepa. La señora Satoe tenía un gusto peculiar por juntar muchas cosas a la hora de comer que nunca pensarías que irían juntos. Podía unir cosas que nunca pensabas y fue eso lo que más le gusto a Tai, las posibilidades de hacer un simple plato era infinitas.
Su sueño entonces siempre fue la pastelería francesa, aun cuando le gustaba el arte culinaria japonesa, le sorprendía este aspecto y por eso no dudo en presentarse para conseguir una beca y obtenerla. Su mayor sorpresa fue cuando su hermana logro conseguir una en el conservatorio de París, donde él sabía que Mimi también estaba estudiando. Y en ese momento él pensó que las aventuras que en su infancia y parte de su preparatoria tenían, las podrían continuar en la hermosa ciudad de Paris.
Caminaba con un paquete en mano, muy preciado para él. Ya había entregado sus bocadillos a Kari, ahora solo faltaba Mimi. Pero este campus era más grande de lo esperado, y la castaña de ojos miel no respondía su celular.
Su propia hermana y él sabían lo despistada que podía ser Mimi, pero era esa naturaleza amable e ingenua lo que hacía a esta castaña única. Había algo puro en su forma de hablar y de ver el mundo. Y eso, era una de las cosas que más amaba de ella. Cualquiera que la conociera de pequeña diría que era una niña caprichosa y casi una princesa. Siempre creció rodeada de lo mejor gracias a los gustos de su padre pero ella era abierta a las experiencias, y nunca juzgo a nadie por su físico, su bolsillo o su educación. Sencillamente los veía por quienes eran.
Miro su celular y suspiro.
-Probablemente este ensayando- iba subiendo un tramo de escaleras cuando escucho un golpe en seco. Creyendo que alguien había resbalado y caído por las escaleras subió a prisa, para encontrarse en el descanso de escalones apoyada en sus rodillas mirando al suelo y con partituras regadas a la mismísima- ¡Mimi!- Dejo el paquete en el suelo, se acercó a ayudarla.
-¿Tai?… Hola- hablo alegre, pero Tai la podía ver algo fatigada y un poco pálida, no dudo en mirar su mano derecha por un momento.
-¿Estas bien?-
-S-sí, solo ando algo cansada- Termino de recoger las partituras y con ayuda de Tai se puso de pie- No me fije por donde iba, tropecé-
-¿Quieres que vayamos a una enfermería?-
-¿Qué? No, que va Tai. Solo necesito llevar esto al departamento y listo-
-¿Segura?- Mimi era una de esas personas que no le gustaba molestar ni ser una molestia, con el paso de los años fue que aprendió eso de ella, antes se solía quejar por muchas cosas y siempre andaba con caprichos a punto donde Tai en muchas veces fue el plebeyo de esta princesa. Así fue como se ganó su título. Pero luego ella fue cambiando y madurando y esa niña quedo atrás, ya no se quejaba por muchas cosas pero si sabía que se las reservaba porque entendió que el mundo no giraba a su alrededor. Por eso a Tai le costó un poco aprender a conocerla y reconocer cuando algo no estaba bien. Podía saber que esta era una de esas ocasiones ¿Qué tal si…? Miro de reojo su mano derecha.
-Sí, si ¿Has traído comida?- Le sonrió angelicalmente y eso fue todo lo que basto para que él se olvidará de su preocupación, se giró para ver el paquete en el suelo y asintió se acercó al mismo y se lo enseño.
-Lo mejor para mi princesa-
Ya habían dejado todo ese montón de partituras en el departamento de composición y se encontraban en los jardines, cerca de la cafetería degustando una gran variedad de dulces que el propio Tai había hecho.
-¡Esto es increíble Tai! Cada día me sorprendes, harás que engorde- decía mientras probaba otro bocado. El cocinero sonreía complacido, la verdad es que había visto a Mimi muy delgada desde que volvió y él sabía el rápido metabolismo que la castaña tenia, pero esto parecía algo diferente así que ayudarla a ganar unos kilos más no la matarían y ella no se oponía. Sea como sea ella siempre se vería…
-Te verías igual de hermosa para mi aun sí engordas Mimi- vio como la chica paro de comer y desviando la mirada y agitando su brazo izquierdo en señal de hacer "casual" el comentario, rio por lo bajo. Él siempre sabía como apenarla.
-Qué cosas dices Tai, harás que me atore con algo de comida- luego rio abiertamente. Él amaba esa sonrisa, esa risa. Más que nada. Si, él hace mucho tiempo se dio cuenta que estaba enamorado de su amiga de su infancia pero, nunca se ha atrevido a decir sus sentimientos por miedo a perderla. Verla solo sonreír, por los momentos era suficiente para él.
-Tachikawa-san ¿eres tú?- Ambos se giraron al escuchar que llamaban a la castaña y notaron una pelirroja abrigada acercarse.
-¡Oh! Takenouchi-san ¿Cómo estás?-
-Muy bien… Pero—se detuvo, y ahí fue cuando poso sus ojos sobre el moreno quien miraba con un interés temporal a la chica, la chica bajo la mirada hasta la mesa y noto el montón de dulces y comida en la misma- ¿Tu eres la persona que hace todo eso?- Tai se sobresaltó por la directa pregunta de la mujer y la miro sorpresivo. Él solo asintió- ¡Wow! No tienes idea como quede encantada con ellos, no podía creer que Tachikawa-san recibiera ese tipo de atención ¡Que envidia!- se sentó empujando levemente a Tai de su asiento, este solo la miro algo irritado. La vio alcanzar un dulce y morder un bocado. Instantáneamente soltó un chillido de emoción- Esto es la gloria ¡Tienes tanta suerte Tachikawa-san!-
-He he, gracias Takenouchi-san… Pero por favor, llámame Mimi, me incomoda cuando me llaman por mi apellido-
-Bien, pero solo si tú me llamas Sora, Mimi-chan- se giró al moreno y se inclinó levemente- Un verdadero gusto conocerte, Sora Takenouchi aquí-
-Taichi Kamiya-
-¿Kamiya?... Uhmm… De casualidad eres hermano de Hikari Kamiya- él volvió a asentir, Tai se sentía extrañado de no sentirse tan elocuente pero había algo en la mujer y las libertades que se tomaba que lo descolocaba. La familiaridad se sentía. Era como cuando Mimi lo conoció por primera vez pero aun así, completamente diferente. Pero había algo más que le molestaba. Miro a la castaña que sonreía. Toda esa comida la había hecho especialmente para ella, ahí entonces estaba esta pelirroja comiéndola como si hubiera sido invitada y lo peor del caso es que Mimi no parecía molestarse con ello. Sintió una punzada, por alguna razón se sentía como si Mimi estuviera rechazando mis sentimientos. Aunque realmente si lo pensabas, Mimi casi nunca se molestaba si alguien venía a compartir comida, siempre decía: Entre más mejor.
-Tai y yo nos conocemos desde que éramos pequeños- El moreno se miró atraído nuevamente a la conversación olvidándose de sus emociones, vio fijamente a la castaña y sintió algo en sus mejillas calentarse, asintió y desvió la mirada. Esa sonrisa que Mimi le había dedicado ante la insinuación de que se conocían de pequeños era diferente. No con ello decía que estaba tratando de decirle algo. Por Kami, Mimi aunque era una prodigio en la música era una despistada en su máxima expresión- Siempre ha cuidado de Kari y de mí, desde que tengo memoria-
-Mimi…- Fue lo único que atino a decir. Había una nubosidad diferente en sus ojos, era nostalgia y ¿arrepentimiento? Arrugo su rostro al notar esto.
-Uhhh, se oyen muy buenos amigos Mimi-chan-
-Pues claro, además. Yo soy la fan número uno en cuanto a su comida se trata. He probado todo lo que él hace y solo diré que la mujer que se case con él deberá ir al gimnasio porque no podrá evitar una comida de él. Sencillamente tienen alma propia- agarro un bocado y noto como sus ojos se apagaban un poco más. Tai apretó su mano. La joven frente a ella, algo le pasaba. Esta era Mimi, pero a la misma vez no lo era. Él estaba seguro de ello, pero a diferencia de muchos; sabía que ella no hablaría por más que se lo preguntará. Así que solo le quedaba hacer lo que sabía hacer mejor, hacerla sonreír y esperar el momento necesario para que ella hablará. Y para él, no había otra cosa que amar más que su sonrisa. Era tan dulce como la azúcar, y tan ligera y esponjosa como el merengue a punto de nieve. Casi daban ganas de besarla. Se rasco su cabellera algo apenado por el pensamiento y tomando aire le extendió un nuevo bocadillo.
-Mimi… Este lo pienso presentar en la prueba de mañana, me gustaría que lo probarás. Hace años que no me das tu opinión-
-Por supuesto mi dulce caballero- Y así tan rápido como la nube llego, se iba retirando. Era fácil distraer a Mimi y más con cosas que requerían su opinión. La vio extender su tenedor y Tai pudo notar como este empezaba a temblar intentando partir un pedazo. Su ceño se frunció. Se supone que eso ya no debería estar pasando. La miro, nuevamente aun con sonrisa en labios la nube oscura parecía querer regresar y soltando el aire que al parecer había guardado. Supo que hacer. La castaña frente a él no le diría lo que le pasaba, pero sabía que con paciencia lo sabría y así haría su papel de caballero. Protegiendo su felicidad y esa sonrisa que tanto amaba. Tomo la mano de Mimi y le ayudo a cortar el pedazo mientras le quitaba el tenedor. Ella se miraba extrañada, cuando vio que este se lo extendió apuntando a su boca.
-Será como en los viejos tiempos Mimi, donde yo te daba a probar y tú me gritabas o elogiabas- la noto brincar en su asiento, para luego sonreír. Ahí estaba, la dulce sonrisa que tanto le gustaba y ella pareció no quejarse de la situación y se inclinó, mientras él le daba el pedazo en sus labios, suaves y del color como la dulce fresa. Se retiró y observo como la chica masticada y ponía una mano sobre su boca algo asombrada.
-Esto es increíble Tai, has crecido tanto. Casi parecía ayer cuando confundías la sal con el azúcar- poso el codo sobre la mesa mientras jugaba con su cabello.
-¡Oye! Eso fue una sola vez- Se hizo hacia atrás y rio libremente. Se sentía bien, esa burbuja nadie la rompería ni a ella, ni a su felicidad. Solo debía ser paciente y esperar a que la castaña le hablara. Fue un carraspeo que lo hizo notar que había alguien más a su lado. Algo molesta por haber sido apartada del dulce momento entre ellos- Lo lamento Takenouchi-san, pero mi intención de venir hoy era para pedir la opinión de Mimi… Creo me deje llevar. Mañana tengo una prueba muy importante-
-Lo siento Sora-san-
-No es nada… ¡Pero! Como medida de disculpas, también tendrás que darme a probar de ese postre- El hombre de cabellos chocolates pudo notar un cierto aire de sensualidad cuando lo decía sin dejar a un lado una elegancia y educación y pudo notar como la joven se ponía en posición esperando que él hiciera lo mismo que hizo con Mimi. Puso los labios entre abiertos y cerró los ojos, Tai empezó a sudar y miro de reojo a Mimi. Trago saliva.
-¿Es en serio?-
-…- La pelirroja lo miro fijamente por un momento y luego volvió a cerrar los ojos. Tai apretó sus labios y agarrando valentía tomo otro trozo y empezó a acercarlo hasta la boca de la pelirroja. Miro de reojo a la castaña y algo dentro de él se incomodó. Sentía que la estaba traicionando. Fijo su mirada en la pelirroja y se molestó ¿Quién se creía? Llegar así a su mesa, empezar a comer los platillos que había hecho especialmente para Mimi y ahora sin escrúpulos ni tabúes le pedía que la alimentara ¿Acaso ella no era japonesa? ¿No tenía respeto? Negó con la cabeza, y en un rápido movimiento tomo la muñeca de la pelirroja y está soltando un aire de sorpresa, noto como los ojos chocolate le hacía agarrar el dulce ella misma. Ella lo miro algo compleja. De una manera que Tai no pudo describir para luego sentir como ella se reía abiertamente y metía el postre en su boca. Esta mujer está algo loca.
-De verdad que esto esta delicioso… Estoy segura que te ira de maravilla en tu prueba Kamiya-san- dijo como si nada de lo anterior hubiera pasado, mientras seguía contenta probando lo demás. Miro a Mimi quien parecía estar tranquila ante la situación y suspiro- Por cierto Mimi-chan… El motivo por el que te estaba buscando es porque el profesor Escobar dijo que Christian The—Thie… Algo mann en persona desea venir a conocerte- el moreno noto como la castaña paro de comer y bajo el tenedor y mirando con un leve puchero de reproche.
-Ya le dije que no, que no me interesa. Que no lo hare. Que ya deje de presionar- Parecía molesta, realmente molesta. Pocas veces la había visto de esa manera. Tai arrugo su frente. La vio ponerse de pie- Por favor Sora-san, si puedes hacerle llegar ese mensaje te lo agradezco- Y sin despedirse ni nada se retiró.
-Mimi…-la llamo pero ella hizo caso omiso- Realmente parecía molesta-
-Qué extraño… El profesor Escobar es uno de los mejores caza talentos de nuestro conservatorio. Tiene muy buenos contactos para hacerte subir a la gloria…- Tai ante el comentario solo miraba por donde la castaña se había ido, eso le preocupaba aun más. Mimi era todo, menos descortés. Noto a la pelirroja como se ponía a buscar en el celular algo, un 'No puede ser' atrajo su atención.
-¿Qué ocurre?-
- Christian Thielemann, ese es el hombre que busca conocer a Mimi-chan-
-¿Y que hay con ello?- Noto como la pelirroja se molestó y le mostro el celular.
-¡¿Es que no sabes de nada?! Este es uno de los directores concertistas más reconocidos en la actualidad. Él maneja la Orquesta Dresde. Mejor conocida como Staatskapelle de Dresde. Es como compararla con la de Londres o la de Viena. Solo los mejores ingresan ahí y es obvio que el director NO va a buscarte, tu audiciones- bajo el celular y resoplo mirando por donde se había ido Mimi- Me pregunto ¿Por qué se negará?-
-Quizás no le interese esa orquesta…- hablo de manera casual mientras empezaba a recoger sus cosas. Él castaño sabía que había algo más que le estaba preocupando a la castaña pero no lo compartiría con una persona que ni conoce y que le gusta meterse donde no es llamada.
-Pfff!- ese sonido hizo que Tai se molestará nuevamente.
-Pueda que sea de esa manera-
-¿Entonces porque lanzar un concierto con uno de los más grandes pianistas de este instituto?- Tai enarco la ceja recordando como Kari había comentado que ella y Mimi tocarían en un concierto dentro de un par de meses en compañía de Yamato Ishida, recordaba que ella dijo que eso impulsaría su carrera a la grande y que quizás los caza talentos por fin la notarían- Para que estudias música si no deseas ser reconocido. No tiene sentido-
-No todos son de esa manera Takenouchi-san-
- Seamos realistas, todos aquí nos preparamos para salir al mundo real, poder conseguirlo debes ser el mejor de lo mejor e inclusive recibir dinero haciendo lo que nos apasiona. Toma a Yama como ejemplo, él literalmente tiene la vida hecha con solo chascar los dedos-
-¿No te has puesto a pensar que personas como Mimi o Ishida-san, no desean ser reconocidos por sus dotes?-
-¡Por favor! Todos desean la fama, ser reconocidos, por quienes son y no lo que los demás desean que seas ¿Tu no?- Él moreno iba a abrir la boca pero vio que esta chica no le daría tregua, así que suspiro y terminando de recoger miro a la morena. Esta chica le molestaba, más no entendía por qué.
-Me voy-
-¡Espera! ¿No me vas a responder?-
-No, yo solo vine por un motivo y ese, ya se fue-
Miraba el agua hervir, y tiro en ella los huevos para sancochar. Suspiro pesadamente. Le volvió a escribir a Mimi por quinta vez y esta no le respondía. La llamo 2 veces y cayo su buzón de mensajes de voz. Ahora que lo piensa. Ella parecía agotada cuando la vio, muy pálida y más delgada ¿Qué le habría pasado? No podía llamar a la Sra. Satoe para preguntarle. Cuando la castaña se fue de improviso a los Estados Unidos. Él no dudo en llamar a la Sra. Tachikawa y esta le afirmo en confidencia lo que había ocurrido.
"Tai-kun… Te pido no digas nada. Nos fuimos para tratar la mano derecha de Mimi… Puede ser tratado pero solo la llevaremos a ver con el mejor… Así que no te preocupes"
Luego con palabras de calma que todo estaría bien le colgó. Tai, se había guardado ese secreto por mucho tiempo. Al poco tiempo volvió a llamar para saber cómo iba el tratamiento y fue cuando tuvo información que se trataba de algo tan sencillo como el Túnel Carpiano, busco por Google y entendió lo que había ocurrido, una operación de rutina que apenas se notaría. Recordaba con suavidad las palabras de la Sra. Satoe. Era algo que podía ser operable y que todo saldría bien que pronto regresarían a Paris.
El siguiente año a ese, Tai estaba conversando con la señora Satoe y Mimi se enteró de que él sabía todo. No habrá más decir que la castaña se molestó profundamente y tardo una semana en siquiera hablarle a su madre o a él. Pero fue la misma Mimi quien luego hablo con él y le pidió que no dijera nada para no preocupar a nadie, y que todo ya estaba bien que pronto volvería. Y de ahí, pasaron los años y no supo más nada de ese hecho. Mimi no se volvió a comunicar con él por un largo periodo, cuando supo que volvía y la vio tocando nuevamente, supo que realmente todo estaba bien. Supo que su mano estaba a salvo. Además si llamaba a su madre; Mimi lo mataría luego por andar averiguando lo que no le correspondían. Pero aun así, estaba preocupado por saber que le pasaba a su princesa. Mimi pocas veces se molestaba o se le veía con problemas. Hubo una vez en donde parecía estarlo diciendo que sus padres se iban a divorciar porque andaban con mucho secretismo para ella y ella se culpaba diciendo que era debido a ida para París. Esa noche lloro cuando solo su madre llego a casa. Resulta que su padre solo andaba buscando a otra ciudad el regalo de cumpleaños perfecto para su hija así como un regalo por haber quedado en una escuela tan prestigiosa y este era el violín que Mimi usaba en ocasiones especiales, uno muy especial para ella y fue el mismo que le ayudo a conseguir una beca. Solo cuando estaba a punto de quiebre es que la ojimiel hablaría. Pero él deseaba que no fuera así, porque restaurar a la chica que quedaba luego de quebrarse tardaba mucho y eso a él lo mataba lentamente.
La castaña siempre fue emocional, y es que pensaba demasiado en los demás antes que su propia seguridad y felicidad. Y estaba claro que ella no quería preocuparlo a él.
Bufo.
¡Bip!
Casi al instante que escucho su celular corrió hasta el mismo y noto que en efecto era un mensaje la castaña.
"Lo siento, no escuche el teléfono. Estaba ensayando" Mimi [20:34]
"No te preocupes. Me dejaste preocupado esta tarde ¿Todo bien? ¿Quieres hablar?" [20:35]
"Si Tai, todo bien… No es nada que debas de preocuparte" Mimi [20:50]
Miro todo el teléfono y sabía a ciencia cierta. Mimi, no estaba bien. Si una mujer, y sobre todo Mimi te decía: Todo está bien. Eso quiere decir que todo estaba mal. No podía pensar que era su mano porque si hubiera sido así no habría tocado como le comento Kari y no estaría volviendo a tocar, como sabia y escuchaba de a diario cuando él caía a llevarle algo de comer. Sin pensarlo agarro unas cosas de su nevera, apago la hornilla, tomo su abrigo y salió. Decidió tomar un taxi para llegar lo más rápido posible hasta donde la castaña, el taxi que había tenido planeado para mañana así poder llegar a tiempo al examen. No importa, se levantaría más temprano sí así debía ser. Solo, debía llegar antes. Antes de que esta decidiera ocultarse como solía hacer cuando no quería hablar con alguien. Miraba su reloj, mañana tenia prueba pero sabía que Mimi era más importante. Solo la vería unos minutos, usaría la comida como pretexto para visitarla, sabía que la castaña no habría comido y luego iría a su casa. Toco el timbre apenas llego al piso de la chica y moviendo su pie con algo de inquietud y secando el sudor de sus manos espero a que esta abriera la puerta. Apenas la misma se abrió, noto que la castaña se iba a quejar, la tomo por la muñeca y tiro de ella, la rodeo con los brazos y la estrecho contra él. La escucho soltar un aliento de sorpresa.
-Solo tenia que hacer esto- La soltó y miro, ella aún se veía confundida. Él levanto la bolsa- Sé que no has comido nada, así que pensé venir y hacerte la cena-
-¿Y por eso me tenías que asustar con ese abrazo?- La vio cruzarse de brazos molesta y haciendo puchero.
-Sabía que te molestaría que estuviera aquí a esta hora… Además, me gusta abrazarte siempre hueles muy bien- Noto como ella se sobresaltó y giro su rostro ocultando su vergüenza.
-Pasa-
Estuvieron cortando vegetales y verduras un rato y ahí es cuando Tai en su concentración pudo notar nuevamente como no solo era la mano derecha la que a veces solía temblar, sino había un tic muy ligero en la izquierda, noto como su pecho subía y bajaba ligeramente como si existiera fatiga. La única manera de hacerla hablar era llevarla a su punto de quiebre. Odiaba que sea así, pero se odiaría aún más por lo que tenía que hacer para llevarla a ese punto. Paro de cortar y miro su tabla.
-Mimi…-
-¿Si?-
-¿Tocarías para mí?- La miro y vio como sus ojos miel lo miraban con confusión.
-Claro, pero termin-
-No, ahora… Por favor. Extraño verte tocar- tomo las manos de la castaña y abrió el grifo, esta solo se dejaba llevar sin dejar de mirar al moreno y el con suavidad lavaba sus manos del olor a cebollín- Siempre venía a verte a tocar, ahora caigo en cuenta que no lo he hecho en un buen tiempo- La miro mientras secaba sus manos- ¿Harías eso por mí?-
-Pero no sé qué tocar Tai-
-Solo… Toca lo que te salga del corazón, lo primero que recuerdes-
Robert Schumann, Violin Sonata No . 1, Op. 105fue la pieza que ella escogió. Obviamente Tai no sabía tanto de música clásica pero podía sentir las emociones de esta pieza. Le había pedido que tocará lo primero que asomara su mente para poder entenderla. Poder comprenderla, porque él sabía lo mucho que ella amaba la música, lo mucho que la hacía llorar, reír, bailar. Y ahora que la veía, estaba viendo algo nuevo algo que ella; verla tan quebrada cuando tocaba era algo que nadie vería de ella. Por eso, verla tocar esta pieza solo indicaba lo cerca que estaba a punto de quiebre. Robert Schumann fue un alma compleja que nunca estaba satisfecho con su trabajo y nunca dejo pasar la oportunidad para poder hacer algo mejor, siempre. Quería hacerlo mejor. Es cierto que esta pieza en especial, fue escrita dos veces por lo mismo: No le gusto el arreglo de la primera. Esta pieza esconde un frenetismo inquieto, lleno de inseguridades y búsqueda de supremacía, búsqueda de salir de la inanidad que mentalmente puede estar agobiando al compositor. Es como si buscará aliento con cada tonada, cada nota, cada focal.
Aunque esta era una pieza que se acompañaba con piano, su violín era tan fuerte que no parecía requerir de compañía pero su alma gritaba otra cosa; verla tocarla en solitario era verla luchar una batalla sola. Y eso, a Tai no le gustaba. Apretó sus manos. Podía notar como su rostro se contraía ante lo afligida que la música sonaba y aun cuando parecía frenética había algo de dulzura. Como una esperanza, una búsqueda que luego se sentía en la segunda parte del violín pero era casi tangencial porque nuevamente volvía al tumulto inicial en donde todo parecía acumularse y quería salir, quería explotar, quería gritar. El pecho de Tai subía y bajaba ante las emociones que esta pieza le estaba relatando, pudo percibir que estaba fallando las notas por una pequeña arruga que se hacía sobre su labio cuando algo no estaba quedando como ella quería. Comenzó a ver como mordía su labio y su rostro se mostraba más inconforme, como en sufrimiento.
La vio dar un paso hacia un lado, y fue ahí cuando Tai se puso de pie porque su cuerpo se lo pedía. Y sin previo aviso, vio como las piernas de Mimi fallaban y estas tocaban el suelo. Él alarmado quiso acercarse a auxiliarla pero lo dejo pasmado el hecho de que Mimi, no parara de tocar hasta la última nota. Y por esto mismo, él no se atrevió a moverse. Sino hasta que ella termino y se quedó mirando el suelo. Tai pasó de un rostro preocupado a uno que quería consolar. Verla sonreír nuevamente, y solo eso ocurriría única y exclusivamente si Mimi hablará. Se agacho hasta quedar frente a ella, y retirando su violín y baqueta con cuidado noto como su mano temblaba y sus hombros se encogían al mismo tiempo que se encorvaba. Se sentía avergonzaba, Tai podía percibirlo. Pasó unos mechones detrás de su cabello y tomando el rostro entre sus manos pudo ver los ojos de Mimi, cubiertos por aquella turbulenta neblina que lo tenía en dolor a él también. La acerco y dando un beso sobre su frente para luego apoyar frente con frente agarro aire y le susurro mientras acariciaba su cabello.
-No sé lo que realmente este pasando Mimi, y esperare a que me lo digas a tu tiempo pero, no olvides…- Se separó un poco de ella y la observo. Esa nubosidad en sus ojos, la que no permitía que las sonrisas que tanto le encantaban a ella llegará también a reflejarse por completo en sus ojos-… Que estoy aquí para ti- Tomo su mano derecha y la acaricio con el pulgar- ¿Es tu mano acaso?-
-Tai…-
-Mimi, necesito que me digas que pasa- la sintió tensarse y apretar sus labios- Solo hablándolo sé que te sentirás mucho mejor y yo… Yo estoy aquí para ti- Volvió a tomar su rostro con ambas manos cuando sintió que iba a esquivarlo- Nunca te he obligado a nada, ni te he faltado el respeto presionándote pero… Esta vez, tengo que hacerlo… Me mata verte así, no soporto ver a alguien como tú así…-
-Tai...-
-Así que, por favor… Dímelo-
La volvió a acercar para rodearla con sus brazos y esto fue lo único que necesito para hacerla relajar nuevamente en su cuerpo, pero esta vez sintió como los brazos lo rodeaban y en un movimiento sin palabras asintió con la cabeza. La estrecho más contra él cuando sintió algo húmedo empezar a mojar su camisa y acaricio su cabello cuando los hombros de la castaña temblaron en un acto reflejo.
Y esa noche, Mimi le conto lo que ocurría.
Y Tai se prometió que la protegería y le devolvería esa sonrisa.
Así sea lo último que hiciera.
Pero que esta vez, no la dejaría ir.
No la dejaría ir, de su lado.
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Este capitulo de año nuevo se lo dedico a EstherBea y Mimato Bombon Kou~ Porque sus historias me llenan de emoción hahaha, además espero les haya gustado. Hemos conocido a Tai y como es que su pasión crecio, así como es ahora el primero en saber que le ocurre a Mimi, aun cuando ya sabia parte de ello. Y se volverá en el caballero de dorada armadura para proteger la sonrisa de Mimi.
Les deseo feliz año nuevo y recuerden dejar sus reviews ;)
