El resto de la conversación continuo con vaguedad, se enteró entro otras cosas que Castiel era el hijo ilegitimo de Chuck, que tenía cuatro medios hermanos que aparentemente lo detestaban. Sam volvió tarde de la escuela, se ve le veía abatido cuando fue a sentarse junto a su hermano. Pronto comenzarían las vacaciones, eso terminaba con la escasa vida social de su hermano. Quizás por eso suspiro dejando caer su mejilla contra el borde del colchón con los ojos dirigidos al televisor pero su mirada en un lugar distante.
Dean puso su mano sobre la cabeza de su hermano y pensó en Castiel, los dos eran solitarios chiquillos sin madre, pero Sam lo tenia a él, y si de algo podía enorgullecerse, eso era su pequeño Sammy, ¿Qué habría sido de él si en lugar de tenerlo a él hubiera tenido un puñado de hermanos mayores indiferentes y malvados?
Probablemente preferiría estar sentado en el borde de alguna banqueta fingiendo ser el único habitante de la tierra.
-Llegaste tarde.
-Fui a la biblioteca.
-Eres demasiado apuesto (no tanto como yo) como para matarte estudiando.
-Dean…
-No conseguirás ni una chica si te entierras de libros en la biblioteca.
Sam apretó los labios, pero hundió su cara en la sabana y desde ahí su voz sonó casi ahogada.
-…Hay una chica en la biblioteca… es linda pero… no sé cómo hablarle.
-Entonces quizás deberías ir a buscarme un libro, hazte el loco, pídele un consejo, buscar un libro para tu pobre hermano enfermo que se muere de aburrimiento criando pelusa en casa es lo suficientemente ñoño como para conseguirte una cita o dos.
Sam alzo la cabeza con un gesto de cansada incredulidad.
-Dean… eso es… desleal.
-De verdad, hazlo… he visto esa película y la que sigue quinientas veces… es la verdad.
-No voy a dejarte solo.
-Sammy… me voy a quedar en esta cama todo el día, como ayer, antes de ayer y antes de antes de ayer sin que pase nada, además, tienes un celular, y yo también.
-Si papá se entera…
-¿Desde cuándo papá se entera de lo que pasa? Ve a la biblioteca, busca a tu chica y tráeme un libro que no sea el jodido Harry Potter.
Dean sintió dolor al usar la voz de "padre" que siempre amedrentaba a Sam y lo ponía manos a la obra. Pero saber que estaba solo al fin luego de no sabía cuánto tiempo valió la pena, tiro las sabanas al costado, tamborileo un momento la venda, suavemente, calculando que tanto podría doler ponerse de pie, lo había intentado un par de veces mientras todos dormían, pero no se había atrevido.
Si se movía lentamente no dolía tanto, solo quería ir a la ventana, salir al pequeño balcón, tomar algo de aire fresco en la cara y no sentirse tan jodidamente desvalido, claro que todo el esfuerzo había tenido el efecto contrario cuando logro dar los seis pasos que lo separaban de la ventana y sostenerse en la cornisa preguntándose si podría volver a la cama.
-Eso fue… como el camino a Mordor…
Pero en ese Mordor había una brisa fresca y podía extender sus dedos por las baldosas frescas y rugosas, no era el aire de un ventilador, ni la de las sabanas. Cerro los ojos y alzo la mirada a la calle, era verdad lo que dijo Hellen, Castiel no estaba ahí. Suspiro preguntándose si seguiría encerrado en su habitación. Si Castiel fuera su hermano menor, tiraría la puerta de una patada y lo sacaría a rastras y lo obligaría a divertirse.
No, si Castiel fuera su hermano menor, para empezar nunca se habría encerrado de ese modo.
Escucho el sonido de una puerta correrse por encima de su cabeza, alzo la vista buscando señales de vida, pero salvo unas palomas que emprendieron su vuelo espantadas por el ruido, no vio nada. Dean era un excelente observador, debería ser detective… si tuviera apego a seguir la ley. No había puertas corredizas en los balcones de su edificio, solo en el vecino donde todas ellas estaban tapiadas, excepto las del último piso. Chuck debería estar en esas horas en la tienda… quizás ¿habría sido Castiel?
Una parte de él se reía de su pasatiempo secreto de pensar demasiado tiempo en el chico raro que probablemente fuera retrasado. La otra se aferraba al extraño sentimiento que había encontrado en aquellos ojos azules, no había sido tristeza, no había sido compasión, ni había sido sorpresa.
-Quizás es algo que solo los retrasados pueden sentir…
Tuvo que decírselo en voz alta, antes de girarse y volver dentro sintiendo que iba a romperse en pedazos, sabiendo que si no tenía cuidado, efectivamente lo haría. Pero todo salió bien, llego a la cama y Sammy volvió con una sonrisa en los labios y el libro de "El Principito" para Dean.
Al principio fue una sospecha, pero después fue una verdad clara, que cada vez que Dean abría la chirreante puerta que daba a su balcón escuchaba el sonido de una puerta corrediza cerrándose.
El primer día que pudo volver de la clínica sin tener que usar aquella odiosa silla de ruedas fue uno de los más felices de su vida, bajo del auto, su padre siquiera se quedó, tenía trabajo que hacer, así que ahí de pie en la banqueta frente a su edificio se sentía como un guerrero victorioso que volvía a casa, aunque antes decidió… que quizás.
-Quisiera ir a la tienda de Chuck un rato.
-Dean, papá dijo que fuéramos directo a casa.
-Solo será un momento.
-¿Sigues preocupado por Castiel?
-¿Quién te…?
-Bobby.
-¿Quién le dijo a Bobby?
-Jo.
-Matare a Hellen…
Sammy bufo con una sonrisa y se adelantó, obviamente se había apuntado en la excursión. Apenas pusieron un pie en la tienda el olor a viejo les golpeo la nariz, Chuck estaba de espaldas hablando por celular, su voz sonaba tan rígida y autoritaria que ambos hermanos se miraron el uno al otro preguntándose si no estaban frente a un hermano gemelo malvado del amable y un poco pusilánime Chuck de siempre.
-… diles que cierren la boca y hagan su trabajo, sigo siendo el jefe y esas son mis reglas, no, no son negociables...
Aunque Chuck se giró y al ver a los hermanos Winchester sonrió como siempre, les hizo un gesto con la mano para que esperaran un momento y termino su conversación telefónica con el mismo tono amable de siempre.
-Te llamare luego, Joshua… claro… que estés bien.
Dean y Sam se replantearon intercambiando una mirada si lo que decía Bobby sobre la mafia y Chuk eran ciertos.
-No queríamos interrumpir nada, solo...
-No, no, no lo hicieron… Dean… veo que estas mejor, que alegría… y Sam, cada día estas más… grande… je… ¿en qué puedo ayudarlos?
-Quería visitar a Castiel.
Chuck reviso su reloj de pulsera por encima de sus lentes.
-Es algo temprano… sí… bueno, es, por ahí, la primera puerta al final de la escalera…
Dean observo la puerta que le señalaban, Chuck parecía ocupado y haberles dado la libertad de ir por su cuenta, aunque dudo un momento decidió ir.
-Dean…
Aunque trato de reprimirlo con fuerza el aludido no pudo evitar soltar un gemido de dolor cuando Sam se sujetó a su brazo apretujándose contra su costado herido el como un niño asustado al que acababa de salirle un monstruo de la puerta del armario. Detrás de esa puerta había una oscuridad casi total y en un perchero junto a ella algunas marionetas de payasos y arlequines colgaban de sus hilos como pequeños cadáveres de bebes.
-Sammy… ¿aun te haces pis encima cada que vez un payaso?
La voz del mayor de los hermanos salió queda y dolorida, Sam se alejó de él dos pasos y Chuck se acercó curioso.
-¿Está todo bien?
-Sí… solo…
Sam totalmente avergonzado trato de hilar una explicación, pero Chuck asintió como si comprendiera todo sin que dijera nada.
-La luz… la luz arruina muchas de las cosas que hay ahí dentro.
Se adelantó y enseguida unas lámparas de luz verdosa se encendieron dándole un toque aún más siniestro al lugar, dejando sin embargo al descubierto una escalera de espiral de barandales de formas delicadas que se alzaba hasta los pisos superiores, en los pequeños corredores sobresalían cajas de diversos tipos y antigüedades regadas sin cuidado, no había paredes que separaran el pasillo de las habitaciones inferiores, solo la marca de que habían estado ahí, parecían repisas gigantescas del más complejo caos.
Las marionetas seguían ahí, pero ahora que Chuck había pasado al lado de ellas se balanceaban sus sonrisas de rojo esmaltado como si saludaran a Sam que ya había vuelto a la luminosidad de la tienda.
Pero Dean observaba las escaleras con frustración. Chuck estaba de pie a su lado.
-No creo que piense salir… pero, probablemente quieran quedarse a tomar el té de la tarde… aunque aún es demasiado temprano. Si no baja por el té, bajara a darle cuerda a los relojes.
-Creo que es mejor que volvamos a casa, gracias.
Dean se hubiera quedado, claro que lo hubiera hecho, pero sentía las vendas lentamente empaparse de sangre ahí donde Sam había golpeado sin querer. Mantuvo su dignidad y entereza hasta encerrase en su habitación, agradeciendo haberse puesto ropa oscura y encima la cazadora de cuero. Se cambió las vendas sanguinolentas por su cuenta, tenía que deshacerse de ellas o volverían a tirarlo en la cama hasta nuevo aviso.
Abrió la puerta de su balcón y no hubo ruido, recordó fugazmente que la noche anterior luego de su coctel de analgésicos le había dicho algo a su padre sobre odiar el chirrido de infernal de aquellas bisagras poseídas por trece legiones demoniacas…
… con esas palabras.
Pero su preocupación ahora era tirar aquellas vendas y playera al contenedor debajo de su balcón desasiéndose del cuerpo del delito. No se dio cuenta que aquella vez ninguna puerta corrediza se había cerrado, porque ninguna bisagra había chirreado.
Los enormes ojos azules de Castiel le observaban desde su balcón y Dean le regreso la mirada sintiéndose estúpido aun sosteniendo las prendas manchadas entre las manos.
