¿Y ahora qué? ¿Castiel iba a delatarlo?
No… más importante que eso, ¿Castiel estaba siempre ahí vigilando su balcón? Eso debería resultar espeluznante para cualquiera. Pero Dean se quedó ahí observándolo como un bobalicón mientras él otro le observaba también. No estaban frente a frente, eso era quizás lo más extraño, la perspectiva de estar en un duelo de miradas con alguien en una barandilla dos pisos más arriba.
Era incomodo, extraño y al mismo tiempo fascinante. Lo saludo con un gesto de la mano, entonces Castiel retrocedió, se perdió de vista casi al mismo tiempo que se escuchaba el inconfundible sonido de la puerta corrediza. Se sintió idiota al caer en cuenta que quizás lo había asustado.
"Estúpido Dean, saludar a alguien con una mano ensangrentada…"
Cuando Dean abrió los ojos la mañana siguiente, se quedó observando el techo por unos minutos sin moverse, apenas respirando, el costado estaba más dolorido que el día anterior, pero no había sangre. No era eso lo que le preocupaba, era el sueño del que había despertado.
Antes de despertar se había encontrado sumergido en aquellas luces verdosas e irreales de la bodega de a tienda de Chuck, pero esta vez no había una puerta de luz, no había una salida, y si la había, no estaba en ningún lugar, al girarse Castiel estaba ahí de pie, como aparecido de la nada y avanzaba hacia él mientras retrocedía, ambos se enfrascaron de nuevo en una guerra de miradas esta vez estando a centímetros el uno del otro. Dentro de un sueño todo y nada tienen sentido, dentro de ese lapso de incertidumbre entre lo posible y lo imposible, todo está permitido, por eso cuando las manos del otro se detuvieron sobre su cadera, lo natural y correcto era terminar con la distancia que había entre sus labios, ganando la batalla cuando los ojos azules de Castiel cerraron sus puertas para abrir las de su boca.
Aquel beso fue ansioso, el que solo pueden darse dos almas viejas que se reencuentran luego de siglos de vagar por el mundo en busca el uno del otro, cuando sus alientos se estrellaron sintió en como si a su sedienta boca hubieran rodado dos gotas de agua. Un beso no iba a bastar para saciar el final de aquella espera. En la irrealidad onírica había encontrado en su contraparte una tibieza real y el gorgoreante palpitar de la excitación en el fondo de su vientre que se inflamaban y se contraían al compás que le marcara la lengua traviesa que había dudado en dejarle entrar del todo y se retorcía contra la suya con negligente timidez contradiciendo a sus cadera que alineada a la suya se movían descarada.
Las manos de Castiel seguían en sus caderas, sus ojos volverían a abrirse, pero él debía evitarlo, como si enfrentarse de nuevo a los ojos del otro fuera algo que no podría volver a soportar, lo rodeo con sus brazos, lo atrajo contra su cuerpo y aunque el otro le contesto estrechando su abrazo también, fortaleció sus lasos como si fuera a escapársele, dejando lejos de sus pies el suelo, sus piernas buscaron soporte en las suyas, cerca estaba aquella mesa junto al perchero donde colgaban las marionetas de payaso con sus sonrisas sanguinolentas, fue a su lado donde su cuerpo encontró un soporte.
Siguiendo las reglas de su ansiedad dentro de su caótico sueño de oscuridad y excitación, no hubo necesidad de quitarle la ropa ni hacer nada más para hundirse en su cuerpo, dependía el modo en que sus ojos se fijaran en Castiel, podía encontrarse desnudo para sus labios besando su clavícula, vestido para sus manos aferradas a la tela de la ropa en su costado, podía sentir su piel tibia contra su pecho y podía ver la ropa sobre ella. O podría tan solo cerrar los ojos y dejarse inundar por la oscuridad.
Prefería mantenerlos abiertos y embriagarse por aquella vorágine de incertidumbre saltarina que envolvía su cuerpo y se movía acompasando sus envestidas, en silencio, estrujando su cuerpo contra el suyo. Aunque sus labios se movían, ningún sonido llegaba desde su garganta hasta los oídos de Dean, ese silencio lo irritaba. Por eso se giró sobre él llevándolo contra la pared, pero no hubo respuesta auditiva, podía ver sus ojos nublados de placer, sus mejillas enrojecidas y sus labios separados, húmedos que parecían articular gemidos que podrían derretir los polos solo para que pudiera beber de ellos, sentir sus dedos retorciéndose sobre su nuca, las piernas y los muslos de Castiel rodeando su cadera, su cuerpo tenso acompasando los movimientos de Dean como si ambos pertenecieran a la misma y perfecta unidad.
Las marionetas se movían a su lado acompañando sus estocadas dentro del cuerpo de Castiel con el sonido que producían al estrellarse unos con otros volviendo más inquietante el silencio proveniente de él. Por eso quiso alejarse de ellos y se encontró sobre la alfombra del pasillo, oscura y casi lisa, los muslos de Castiel sobre sus brazos, si de aquellos labios no pensaba escapar sonido alguno, Dean iba a callarlos con sus besos, y desde ahí recordó donde era que estaba la puerta, la salida estaba al costado del perchero.
Y alguien estaba golpeando en ella.
Dean… Dean… despierta, es hora de tus pastillas
Y había despertado, en su cama, mientras su hermano estaba del otro lado de la puerta, la hora de su medicación resaltaba en su reloj en números cerrados.
-Ya te escuche Sammy…
-¿Ya las tomaste? ¿te traigo algo de jugo?
-Estoy bien con agua.
Pero no se había movido de su lugar, observaba el techo, pensaba en el sueño. No conocía la voz de Castiel… y había una erección que palpitaba llenándolo de culpa entre sus dedos.
Habían pasado semanas desde la última vez que le había puesto atención al pequeño Bastardo que ahora le reclamaba una compensación alentado por el lubrico sueño, pero ya había repasado a todo el equipo de porristas sin poder evitar que sus pensamientos fueran de vuelta a Castiel y un choque de excitación caminara por su espina hasta su entrepierna.
Una parte de su cerebro le consoló diciéndole que si se había masturbado más de una vez pensando en la Bella Genio, que, podría tener la edad de su abuela… si tuviera, bien podría masturbarse pensando en su vecino. Así lo hizo y al terminar sintió un gran alivio luego de tanto tiempo de abstinencia acompañado de dolorosas punzadas en su costado y culpa.
Un poco después, mientras desayunaba el dolor se volvió tan agudo que recordó que había olvidado tomar su medicación.
Aunque ese día se mostró receloso a ir al balcón, no pudo evitarlo cuando su medía hora de sol se coló y lo sedujo hasta ahí, en él otro balcón no había nadie, no supo definir si sentía alivio o desilusión. Sus pies descalzos se encontraron con el filo de un racimo de tuercas. Maldijo un momento antes de notar que había una hoja de papel unida a ellas con un cordón.
"¿Estas bien?"
Observo a su alrededor, pero a pesar de todo estaba casi seguro de saber de dónde provenía aquella nota a pesar de no tener remitente.
-Castiel…
La letras plasmadas eran meticulosamente simétricas, pero no habían cincelado el papel, habían sido escritas ligera y espontáneamente, el papel estaba doblado en tres partes de arriba abajo y en dos por los costado, en ese tipo de pestañas arcaicas con las que solían doblarse las cartas antes de meterlas a un sobre.
De pronto se encontró de pie en un balcón al medio día con la respuesta en los labios si saber cómo hacérsela llegar. Regreso adentro y se tumbó en la cama.
Aquella carta le devolvió algunas preguntas, que harían que mucha gente rodara los ojos, pero un cabeza hueca como Dean que solo se preocupaba por las chicas y divertirse era un total misterio, ¿Castiel podía escribir?
Garabateo la respuesta usando como soporte el libro del Principito. "Estoy bien" Peor, ¿podía escribir así de bien? Porque comparada con lo de Castiel, lo escrito por Dean eran grotescos garabatos torcidos y no era porque su caligrafía fuera mala, era que la del otro era impecable. Además, el modo en que había doblado el papel… más que retrasado le parecía que estaba bastante bien instruido…
-Dean…
-¿Mmm?
-¿Estas bien?
Todas las alarmas hijas de la culpa se encendieron dentro de Dean cuando escucho aquella pregunta salir de labios de su hermano.
-¿Tan mal me veo?
-¡No! Todo lo contrario… te vez… bien, pero, ¿estas bien?
-Deja de preguntar eso…
Sam se quedó de pie en el marco de la puerta.
-¿De verd…?
-Sammy… estaba bien hasta que tus preguntas me enfermaron.
-¿Puedo ir a la biblioteca?
Era eso. Solo eso…
-Vale, peeero, déjame tu laptop.
-Dean… solo… no veas porno con ella…
Dean frunció el cejo a darse cuenta que siempre considero que una computadora solo servía para navegar en busca de asiáticas tetonas… pero no la quería para eso.
-Prometo que esta vez borrare el historial.
Sam rodo los ojos, al cabo de unos minutos Dean estaba de nuevo solo e instalado en el sofá de la sala, el mayor de los Winchester era demasiado inquieto para haber pasado tantos días encerrado en aquel departamento incluso en medio de la convalecencia.
A su manera de ver, quedarse en casa no estaba ayudando y si se quedaba ahí un minuto más iba a volverse loco, por eso se puso su chaqueta y se detuvo frente a la mesa donde estaban las llaves del impala que en esos momentos estaba en calidad de chatarra, de todos modos se las guardo en el bolsillo, como si fuera una especie de talismán protector… que no lo había protegido tan bien la última vez.
Sus pasos lo llevaron hasta la tienda de Chuck que en ese momento estaba afuera y terminaba e recibir nuevas cajas de embalaje.
-Dean… no te habías visitado la tienda tantas veces seguidas desde que eras niño.
-Eso es porque aún no he podido disculparme con Castiel por haberle dado un susto de muerte.
-No fue tu culpa. Todos lo sabemos.
Dean asintió y se rasco la frente.
-Temporalmente no me llevo bien con las escaleras… así que, ¿podrías darle esto?
-Se la daré, pero no creo que vaya a leerla de todos modos. Dean, no quisiera ser grosero, pero, quizás deberías dejarlo por la paz… no es por mí, solo… no te sientas mal si decide… ignorarte.
-Bueno, él empezó, así que pensé… que la querría de vuelta.
-¿Castiel te dio esto?
Chuck parecía sorprendido y estuvo por desdoblar el papel, pero se detuvo y reviso su reloj de pulsera.
-No puedo creerlo…
-Bueno… eso era todo, yo, quizás debería regresar a casa.
-No, no, quizás deberías quedarte. – puso de vuelta la carta en las manos de Dean. – Entrégasela tú.
-Pe…
Chuck señalo la puerta al fondo de la tienda que se abrió casi de inmediato y de donde apareció Castiel que sin observar a su alrededor se acercó a la pared donde estaban los relojes y tomo uno para comenzar a darle cuerda. Dean dudo un momento, probablemente porque una parte de él se abría echo a la idea de que lo estaban evitándolo y encontrase con él le costaría más trabajo.
Pero ahí estaban, en la misma habitación sin que le prestara atención. Dudo antes de acercarse a él, pero eso era lo que había ido a hacer. Aun parado a su lado no obtuvo la atención de Castiel, ni una mirada fugaz, dejo de vuelta en su lugar el primer reloj para darle cuerda al siguiente.
-¿Hola?
Dean espero una respuesta que no llego, pero al menos esta vés resivio una mirada del otro, que se detuvo de pronto, Dean se adelantó a tomar el siguiente reloj antes de que Castiel pudiera hacerlo y comenzó a darle cuerda, aquellos ojos azules lo observaban con gravedad, había dado un paso más en dirección de Dean y se detuvo ahí inmóvil. La distancia entre ambos era mínima, aquella cercanía invasiva y la recién iniciada guerra de miradas le remitió al sueño, cuyas memorias aún estaban frescas en su mente. Retrocedió un paso.
-Te ayudare. Uno tú, otro yo.
Castiel no se movió solo entorno los ojos un poco en su dirección, el mayor de los Winchester no podía disimular su incomodidad, pero al otro eso parecía no importarle, busco a Chuck con la mirada pero no lo encontró, aunque escuchaba su voz detrás de la puerta entreabierta. Cuando regreso su atención a Cas, él tampoco estaba ahí, avanzaba hacía la salida, Dean lo observo alejarse hasta su sitio habitual en el porche, sentado al borde de las escaleras. Suspiro regresando el reloj a su lugar.
Chuck se lo había advertido, no debía sentirse idiota, pero no podía evitarlo. Lo mejor era regresar a casa. Pero se detuvo en la escalera al costado de Castiel. Sacudió el manojo de tuercas al que había atado la carta nuevamente. La mirada azul se alzó de inmediato.
-Probablemente lo quieras de vuelta.- La sacudió de nuevo como si fueran un racimo de cascabeles. – Aunque siquiera sé si puedes entenderme.
-¿También crees que soy retrasado?
-¿Eh?
-No me gusta hablar con las personas porque creen que soy retrasado.
-Ya, ¿y seguramente creen que eres retrasado porque no te gusta hablar con ellos? Creo que tienes un problema de círculo vicioso.
-Probablemente.
-Bueno, ¿la vas a tomar o no?
Castiel tomo la carta por el racimo de tuercas.
-Y por si acaso, soy Dean Winchester.
-Dean Winchester es un mujeriego y brabucón insoportable.
-¿Sí?
-Lo dijo la chica morena.
-Probablemente tenga razón, no me viene a la mente ningún nombre en específico para ella. Lo mejor será que vuelva a casa.
-No has terminado.
-¿De?
-La hora del almuerzo es después de darle cuerda a los relojes y no terminaste.
Dean alzo las cejas, considerando que eso era estúpido y que lo mejor era irse pronto a casa, pero se descubrió a si mismo caminando de vuelta al estante de los relojes, se encontró a solas con su tarea, Chuck al parecer continuaba en la bodega, le pareció que padre e hijo eran la "mar de raritos" pero estar ahí en medio de todos los objetos que llenaban la tienda eran más interesantes que la programación televisiva de la tarde, a pesar de todo, su mirada volvía una y otra vez hasta la espalda de Castiel a través del cristal troquelado, pero, volvía su atención al interior cuando el Castiel de sus sueños le saltaba a la memoria, como si el imaginario de pronto sintiera celos del real.
Descubría el mecanismo de cuerda en los lugares más impensables, unos demasiado difíciles de girar, unos que producían un "tac-tac", los que rechinaban, que vibraban entre sus dedos, los que hacía todo lo anterior al mismo tiempo y los que no producían sonido. Y estaba ese que tenía una cerradura donde los otros tenían una palanca. Era el último. Busco entre las repisas polvorientas pero no encontró nada más que una pequeña pieza de chocolate fosilizado envuelto en papel metálico. Lo guardo como un trofeo-premio-pago-consuelo por tener los dedos adoloridos de tanto dar cuerda a… no quiso contar cuantos relojes.
Fue hasta donde se encontraba Castiel, aunque se quedó un momento a su lado en silencio observándolo.
-Hey, Cas. ¿Cas? – Fue hasta que le sacudió el hombro que tuvo la atención deseada. – Esta cosa… ¿tienes la llave?
-Está adentro.
-¿Adentro en…?
-Adentro del reloj.
-Ya… entonces no tiene remedio, iré a ponerlo de vuelta en su lugar.
Antes de poder dar un paso, Castiel se había puesto de pie, sus manos se habían posado sobre el reloj, había sido tan rápido que no había atinado a hacer nada más que permanecer inmóvil, dirigió su atención al suelo cuando escucho aquel peculiar sonido del metal contra las losas del suelo, al ponerlo de cabeza la estructura del aparato había mostrado una rendija desde donde se había escurrido la llave.
Sus ojos se anclaron de nuevo unas con otras, Dean aun sosteniendo parte del reloj y Castiel la otra, otra cosa sostenida eran sus miradas, el azul que encontró ahí, a esa distancia, le pareció más claro y limpio que los distantes puntitos oscuros de la tarde anterior, otra cosa que veía era la gravedad de sus gestos ablandándose poco a poco, se sabía examinado, lo peor era que una parte de él se retorcía de ganas por obtener su aprobación.
Probablemente fue tan solo ego, Dean Winchester por un modo u otro se hacía notar ante todos los que lo rodeaban, que había accedido a dejarse medir por los ojos a los que siempre había sido invisible, pero cualquiera que hubiera sido en motivo, se encontró con aquella mirada que dura tan solo unos segundos y consigue unir a dos personas por una vida entera.
