Capítulo 15: Concerto
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Observaba el oboe en sus manos, y empezando a desarmarlo; suspiro. Le había ido muy bien en sus pruebas- Como siempre- tal como solían decir sus profesores pero, Takeru sabia mejor. Algo estaba en su mente. Bueno, varias de echo. Una de ellas era Hikari, tenía pánico de que no estuviera ahí para él y apoyarlo pero al verla ahí sonriendo y demostrándole todo su apoyo fue lo último que necesito para agarrar coraje. Hoy, le pediría a su hermano que le dé un día libre a ella y así poder invitarla a salir. Le costaría sabiendo que estaban muy cerca del debut pero, realmente lo necesitaba. Más, al saber la otra cosa que lo tenía pensativo. La otra chica que acompañaba a Kari: Mimi Tachikawa.
Algo bueno del físico de los Ishida es que podía otorgarte muchas puertas. Y tras convencer a una enfermera, le conto sobre una paciente regular de ahí. La misma que él buscaba. Sabía que el médico que la atendía no le hablaría pero, eso no evitaba que una enfermera no lo hiciera. Hubiera preferido no enterarse pero, por el hecho de querer proteger a su hermano fue que se aventuró a preguntar y saciar su curiosidad. Continúo guardando su oboe sin dejar de pensar en la amarga información.
Pensaba que la castaña guardaba algún secreto todavía peor que podría afectar a su hermano pero, era al revés era algo que solamente a ella la estaba afectando, a ella y su futuro. Ahora entendía porque una joven como ella, no había relucido ya en el mundo de la música bajo la tutela de tan grandes músicos. Bueno, puede ser curable la enfermedad que ella tenía pero había cuerpos que nunca se recuperaban y cada vez dejaban más secuelas en el mismo. La enfermera, hasta ella se veía afectada por lo que relataba: Guillain- Barré y sus efectos en el cuerpo. Ni los tratamientos que estaba recibiendo la castaña parecían ayudarla a salir de donde estaba, haciendo que se volvieran más constantes y se le añadieran más medicamentos para ayudarle a pasar el dolor. Cerró el estuche y se puso de pie.
¿Debería decirle a su hermano? Sabía que Mimi no lo haría y tendría un buen motivo para hacerlo. Como músico lo entendía, pero como persona se le hacía difícil y más si su relación era tal como se la imaginaba. Solo podía observar, analizar y pensar lo que podría pasar en todo esto. Por lo último que le dijo la enfermera es que Mimi estaba trabajando en una última pieza antes de que su mano no pudiera más- producto de un túnel carpiano- que aun recuperado de la operación gracias a esta enfermedad del musculo empezaba a traerle problemas.
"Posiblemente sea primero su mano antes que el resto de su cuerpo, quizás de aquí a unos años pueda que tenga problemas para respirar o inclusive cardiacos"
¿Cómo alguien tan talentoso podría tener ese destino? Eso lo tuvo algo tieso durante toda la prueba y aun así le fue muy bien, pero si no hubiera estado eso en su cabeza. Habría sido perfecto. Suspiro y cerró los ojos un momento alejando todo pensamiento. No le diría a su hermano, no por el momento. Primero porque había irrumpido en la privacidad de una persona, segundo porque sabría que añadirle más estrés antes de un escenario solo arruinaría las cosas. Solo esperaba que Mimi no fuera la causa de esa ruina en el mismo escenario. Más que ahora se enteraba que el Gran Maestre Ishida estaría ahí para ver a su hijo. Algo que, Yama ignoraba hasta el momento. Apretó los ojos y dejo salir el aire y volviendo a sonreír se encamino a la puerta.
-¿Quieres que te de un día libre? Sabes que dentro de dos semanas es el debut ¿no?- Observo al rubio mayor recoger unos trastes y llevarlos al fregadero mientras que las dos de cabello castaño estaban en la mesa charlando ignorantes de la conversación.
-Vamos, te lo pido. Sera solo un día. Media día como mucho- Lo miro con ojos de borrego, el cual el rubio solo le hizo que frunciera el ceño y negó con la cabeza- Quizás podrías aprovechar ese tiempo para estar con Mimi- abrió los ojos y freno su negación para mirar a su hermano con ojos de plato. El menor sonrió pícaro- Sé que tú y ella aún no definen su relación, esos momentos podrían ser los cruciales para ella ¿o es que no quieres?-
-Claro que quiero, es solo que…- Miro de reojo la puerta que llevaba a la mesa donde hablaban las chicas y se quedó pensativo de su respuesta-… Es solo que,-
-¿Tienes miedo?-
-No. Bueno, un poco… Solo que no quiero arruinar nada con ella-
-Pero si tampoco lo intentas, podrías arruinarlo también hermano-
Y con eso supo que lo había convencido, porque el rostro de espanto de saber que sin hacer nada también podría hacer que eso que empezaba a darse podría perderse. Más porque él mayor sabía que habían otros hombres al acecho de Mimi, aun cuando le costará aceptarlo. Lo escucho suspirar fuertemente y agarrar la base de su nariz. Gesto que siempre usaba cuando pensaba con frustración. El menor de los Ishida intento no sonreír ante su triunfo, pero al menos lo había conseguido. Un día, un sábado; para salir con Hikari.
Ahora, solo le quedaba pedirle a la persona que quería que saliera con él.
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Les coloco una manta a cada una y las ayudo a acostarse un poco mejor en el sofá donde se habían quedado dormidas por tanto trabajo. Su hermano había invitado a Hikari a salir, pero el precio era que tenían que estuviera más horas el resto de los días. Observo a la de cabellos miel y sonrió. Recordaba la cara de emoción de la misma al saber que el tímido Takeru la había invitado a salir. Esa misma tarde ella misma le dijo que ese día debían tomárselo para ver una película, con palomitas y alguna bebida. Como solía hacer en Estados Unidos cuando estuvo por allá y la idea no le pareció para nada desagradable. Ella vendría y al ser cerca de invierno podría aprovechar para tenerla más cerca.
Rio internamente, porque aunque muchos quizás pensaran que aprovecharía esa noche para llevarla al siguiente nivel, con ella. Se sentía diferente, muy diferente. Y no quería arruinar lo que ella causaba en él. Aun así, esto no lo detenía de verla un poco y admirarla, y sobre todo querer besarla. Solo que ahora que la detallaba aún más notaba algo diferente en ella pero, no sabía dónde poner el dedo ni que era.
Empezó a recoger el desastre cuando el timbre sonó. Debe ser el hermano de Kari. Desde que se enteró de las horas extras, exigió la dirección del mismo para llevarse a las chicas a sus respectivos hogares. Claro, que Mimi se reía y le decía que ella vivía literalmente al frente que podía pedirle a él rubio que la llevara- cosa que al moreno no le agrado- Desde ese día se mostraba frio con el rubio y era raro, porque estábamos hablando de la persona más amigable del mundo, siendo seco con el rubio. Así que solo venía a buscar a su hermana, con un simple Hola, una mirada de muerte y un Adiós. Esta vez no sería la excepción, solo que esa vez. Si lo fue.
-Buenas noches, Ishida-san-
-Buenas noches, Kamiya-san… Pasa- se hizo a un lado para indicarle que entrara.
-Yo esperare a mi hermana aquí, gracias-
-Me temo que hoy no será posible. Se han quedado dormidas, no me atrevo a despertarla. Así que, por eso te pido y pases. Es mejor que seas tú quien lo haga-
-No será necesario- sin decir más entro y tan rápido como eso, ya venía con su hermana en la espalda quien se volvió a dormir casi como bebe en cuna. Sin antes de salir, quedo paralelo al rubio y noto como cuidaba que su hermana estuviera dormida- Les estas exigiendo mucho a ambas-
-¿Disculpa?- dijo bastante incrédulo el rubio.
-Es un simple recital para poder tener tu firma. Ellas no obtendrán nada de ello, más que cansancio y quizás algo más- se podía notar un resentimiento en sus palabras, con un deje de tristeza.
-Kamiya-san entiendo tu preocupación, al ver a tu hermano y amiga de la infancia en tales situaciones pero, son estos momentos los más indicados para que personas como ellas encuentren su lugar en el mundo de la música. Al ser un Ishida, siempre vienen cazatalentos a buscar a los prodigiosos que me rodean. Porque saben que no toco con cualquier persona-
-Uhm… Un apellido lo puedo todo ¿No es así?-
-Un apellido es nada sin talento Kamiya-san y tu hermana tiene mucho por delante, solo necesita al tutor perfecto y este tipo de personas pueden hacer de ella; un músico único en su rama-
-Sí, eso lo que pero ¿A qué costo?...- esas palabras lo dejaron pensando un rato, y podía ver algo de tristeza no nada más en las palabras sino en los ojos del mismo moreno-..., escucha Ishida, solo te lo diré de la mejor manera. Si algo, cualquier cosa; le llega a ocurrir a Mimi, ni siquiera el apellido Ishida podrá enmendar ese error… Solo recuérdalo- Sin decir más se alejó, el rubio se quedó en su sitio pensando las palabras. Entendía que el moreno sintiera algo por la castaña pero esa advertencia en una amenaza era diferente. Cerró la puerta y se quedó ahí parado.
Él nunca le haría algo a ella, no más ahora que sabía que ella le gustaba y mucho. A veces, no sabía ni cómo comportarse sin querer abrazarla o acariciar su cabello. Podía inclusive pensar que la quería o más. Y el simple pensamiento hacia que un escalofrió recorriera su cuerpo al tiempo que el aire le faltará. Suspiro y camino al piano que yacía cerca de la habitación. No solo eso era algo que le estaba causando escalofríos, sino también el hecho de quizás no poder obtener la firma ¿Qué tal si no era lo suficientemente bueno? ¿Qué pasaría con él y Mimi, si lo obtuviera? Todo en su cabeza daba vueltas ante la resolución. Sabía que no podía abandonar esa recomendación que le dieron. Su padre, lo mataría si hacia eso.
"Un Ishida no abandona su futuro por cosas triviales"
Era algo que siempre resonaba en su cabeza cuando pensaba en abandonar y siempre era con la voz de su padre. Se sentó en el piano y pasó sus dedos por las teclas y lo detallo; como siempre solía hacerlo. Quizás podría conseguir otra carta de recomendación y llevarse a Mimi con él. Después de todo, era un Ishida y ella con su talento nato. Lo podría conseguir con el chasquido de ambos dedos. Empezó a tocar por inercia las teclas sin una melodía consecuente. Pero, qué pasa si no lo conseguía.
Su padre posiblemente, buscaría alejarlo de ahí pensando que Mimi sería la distracción y ese hombre era muy capaz de hundir a quien se podía frente a él como obstáculo si lo ponía. Por eso consiguió el título de Gran Maestre. Eso te da poder en este mundo. Sin darse cuenta sus dedos ya no tocaba aleatoriamente sino habían empezado a tocar La Campanella, de Liszt. Cerro los ojos, al ser una melodía que ya se sabía de memoria y dejo que su cuerpo se moviera por si solo.
Tenía muchas cosas en su mente y eso él lo sabía, no era sorpresa para nadie. La presión que siempre sentía antes de un evento, de un recital, de un concierto, de una orquesta siempre era demasiado. Demasiado por quien él era, por el papel y los zapatos que tenía que llenar. Por ser él que no podía fallar. Y es tal como Taichi lo dijo: Un apellido lo puede todo. También te puede destruir sin siquiera darte cuenta. En su vida nunca hubo un ¿Qué tal si…? Es un lo haces o no eres merecedor de ese apellido. Y ahí la tragedia comenzaría.
Abrió los ojos y paro en seco cuando sintió una mano sobre su hombro y pudo observar los ojos preocupados de Mimi sobre él. Él sabía el efecto que tuvo esa canción en ella. No es por nada, porque esta canción que empieza como una traviesa melodía, saltarina y enérgica se convierte en una turbulenta donde parecía que las emociones de Liszt quisieran desbordarse donde pareciera atrapado por su propia música en vez de disfrutarla, y ahora ella nada más con la mirada lo estaba desnudando y no viéndolo como un Ishida. Sino como Yamato, él mismo.
Un nudo en la garganta se aglomero y sin entender por qué, la rodeo por la cintura y la atrajo hacia él, hundiéndose entre sus costillas y abdomen buscando la paz que solo ella podía otorgarle para así darle un poco más de fuerza.
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Había intentado dormir, de verdad que sí. Pero ahora, se encontraba en un bar bebiendo. Observaba su copa vacía y pedía otra ¿Por qué estaba ahí? Miro el reloj. Si, ya recordaba. Había ido a buscar a su hermana y al ver a Mimi dormir plácidamente en casa de aquel rubio le hizo remover todo. Él sabía que Mimi nunca le correspondería sus sentimientos, por más que lo intentará pero, aun así una parte de él aun lo añoraba y sentía que si era posible al verla. Siempre había estado en el papel de mejor amigo pero, era por miedo a perderla que no se atrevía a intentar algo más y ahora parecía perderla ante un rubio que podía entender mejor el mundo que ella tanto amaba más que él. Bebió la copa que recién llego sin esperar a que esta tocará la mesa.
¿Alguien que la podía entender mejor que nadie en su mundo? Él podía, él la entendía. No por nada sabía su secreto, no por nada sabía lo que sufría, no por nada sabía sobre esa pieza que en silencio tarareaba y anotaba cada vez que podía. Por ella, había aprendido a leer partituras para entender de qué se trataba aquello y aquella melodía, era una declaración al mundo entero. Estaba entregando su corazón a la misma, y aun así era un adiós. Una partitura de despedida de aquel mundo que ya no podría ser parte ¡Todo por esa maldita enfermedad!
Satoe, la madre de Mimi había llamado un par de días atrás, emocionada para saber por su hija diciendo que varios orquestitas habían llamado a su casa pidiendo ponerse en contacto con Mimi para pedirles que se uniera a su propia orquesta. Se notaba a leguas que la madre de Mimi no sabía de la condición de la castaña, y no podía romper esa burbuja. Cuando hablo con él padre, era otro caso diferente. Este obviamente sabia; era quien pagaba las cuentas en la clínica donde Mimi estaba, esta misma le había pedido que guardara el secreto pero que debía volver a las terapias por la misma recurrencia insistente de la enfermedad y se podía escuchar una tristeza palpable en sus palabras al pedirle que cuidara a su pequeña ¡Maldita enfermedad!
-¿Taichi-san?- se giró y su mundo dio algo de vueltas, era esa pelirroja ¿Cómo era que se llamaba? Demonios, el alcohol ya había pegado.
-¿Sora-san?-
-Nunca espere verte en un sitio así- dijo tomando asiento contiguo y ordenando un regular. Parece que es conocida aquí, él volvió a ordenar por igual.
-¿Sueles venir mucho?-
-Pues sí, aquí tienen el mejor Martini que una mujer podría pedir pero, dime… No pareces de esos que beben-
-Pues heme aquí…- sonrió mientras daba otro sorbo a su bebida, por primera vez no se encontraba a una efusiva ni ególatra Sora. No sabía si era efecto del licor o sencillamente esta era la verdadera Sora lejos de toda la fama y en mucho tiempo, se pudo relajar sin pensar en nadie. Ni sus estudios, ni su hermana, ni Mimi. Solo se centró en conversar, en cualquier cosa trivial que a ambos se le viniera a la mente, mientras los tragos iban y venían.
-De pequeña me gustaba mucho el futbol, aun cuando era un sueño ser una futbolista profesional sé que eso era nada más, un sueño…-
-Que irónico, antes de conocer el mundo de la cocina pensaba lo mismo pero, no me arrepiento de nada-
-¡Oh! No vale, yo tampoco… Es solo que, a veces me pregunto que hubiera sido si habría seguido por ese camino-
-Quizás no estarías aquí… Luciendo radiante en ese vestido- Casi como cuando lo dijo, quiso parar y esconderse debajo de la tierra ¡ALCOHOL SAL DE MI CUERPO! Solo escucho una risa encantadora y se giró con ojos de plato a mirarla.
-Desde que te conocí, eres el primera hombre que tardó en darme un complemento y es bajo los efectos del alcohol-
-No creas que no eres hermosa, lo eres pero, no eres mi tipo-
-Lo sé, tu tipo es Mimi Tachikawa- Abrió los ojos como platos y se ahogó con su trago, para luego volver a escucharla reír y casi avergonzado se giró para evitar mirarla- No te preocupes, tu secreto está conmigo pero, a cambio debes hacer algo por mí- Elevo las cejas divertida y pagando la cuenta, tomo la mano del moreno y lo saco del sitio.
-¿Futbol?-
-Aja…- La observo quitarse los tacones mientras él estaba parado frente a la portería- jugaremos futbol, y tú serás el portero- observo como tenía en una mano una botella de champagne y bebía del pico. Pudo notar como tambaleaba, indicio de que estaba en el mismo nivel de ebrio que él o quizás más. Y sonrió, se dejaría llevar. Tal como habían pasado parte de esa noche, ya mañana se arrepentiría con la resaca pero hoy. Esta noche, lo disfrutaría. Camino para quitarle la botella y beber por igual, brindando por tener una noche que ni la peor de las resacas le podrá hacer olvidar.
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El timbre de su puerta volvió a sonar y el terminaba de acomodar el mueble frente a la gran pantalla plana y ponía la calefacción. Apenas abrió la puerta una sonriente chica le mostraba una bolsa con palomitas para hacer, bebida y dulces y en la otra algo tan informal como una pizza. Esto, no era lo que él tenía en mente para pasar más tiempo con ella pero, de igual manera lo disfrutaría. Habían llegado a un acuerdo, él escogería una película y ella otra. Así no habría pleitos sobre los gustos.
-Bien Yamato, te prometo que esta película te gustará- dijo mientras registraba su bolso, ya habían visto la de él y aunque ella grito en varias partes y otras le entraba la ansiedad, disfruto ver una película de terror, la cual era sus favoritas: I'm a Hero. Mimi se sorprendió al saber que era un manga y que se había hecho tan popular que le hicieron una película pero, lo que más le sorprendió fue que Yamato fuera amante de las películas de terror con los gustos que tenía. El rubio solo se rio de su incredulidad y se encamino a por más palomitas de maíz- Es un clásico, uno de los placeres más culposos que tengo y uno de los motivos por los que quería venir a Paris más que ninguna otra parte del mundo- saco el disco y con una sonrisa le mostro el título: Moulin Rouge.
-¿De qué va esa película?-
-¿No me digas que no la has visto?- Él negó al mismo tiempo que ambos se sentaba luego de hacer sus respectivas funciones, y ella tomaba el control. Emocionada le daba al botón de reproducir- Es una película única, aunque es un musical- Yamato arrugo el rostro ante el comentario. Él no era fanático de ese tipo de películas, todo era tan igual- Usaron canciones muy populares y las convirtieron para esta película pero, lo que más me gusta es la historia-
-¿Es una historia de amor verdad?- Ella rio al ver el rostro arrugado del rubio y asintió.
-Pero, no es como la típica historia Yama… Te hace pensar- Y mientras la película corría, él podía detallarla el cómo se sumergía en la melodía y escenas de la misma y podía adivinar que esta película la habría visto una gran cantidad de veces y aun parecía sorprenderle ¿Esta es la Mimi soñadora? Y ahora que lo pensaba, no conocía nada de los sueños que ella tenía, más que siempre estaba dispuesta a ayudarlo y a ayudar a quien sea. Su vista se giró a la voz de un hombre, el protagonista que ahora le relataba su amor y que la amaría sin importar lo que venga. Y luego volvió a mirar a Mimi y parecía que la música les cantaba, ella sintió la mirada de él y lo observo con una sonrisa- ¿No te gusta la película?-
- Es solo que… Si te pone a pensar… Y me pone a pensar en lo que andan cantando- observo como las mejillas de ellas se empezaron a teñir de rosa al caer en cuenta de lo que él hablaba y era ahora él quien reía- Mimi… - Tomo su mano-, eres maravillosa y realmente desde que entraste a mi vida así sea a fuerza- la escucho reírse y realmente no había nada más perfecto que eso-No puedo ponerle palabras a la misma, ya que irónicamente son cosas que solo la música puede transmitir- y con la misma la atrajo hacia él para rodearla, realmente estaba hecho un manojo de emociones ¿esto es lo que es sentir pasión? No, esto era otra cosa más que pasión era algo que aún no podía realmente ponerle nombre. Algo intangible- Todavía no sé lo que siento por ti pero, te quiero a mi lado sin importar que…-
-Yama…-
-Después de la orquesta, quiero hablar contigo de algo importante- la observo y vio que ella tenía los ojos realmente abiertos- No te asustes, no es nada malo-
-No es eso Yama… Yo tampoco sé lo que siento por ti pero, tú me motivas a querer seguir intentando cosas que ya antes daba por perdida, cosas que me dan vida. Cosas que quería hacer, sin arrepentirme pero, no me atrevía por miedo a no dar la talla… Y gracias a ti, recordé algo que siempre escuchaba… Y es a mi corazón- eso era casi como una declaración aun cuando no sabían cómo terminar de definir eso, pero eso era suficiente para él para darle fuerzas de que sin importar el resultado de esta orquesta, no se alejaría de ella. Antes de que pudiera decir algo más, ella lo asalto con un beso, y si aún quedaba alguna duda, se esfumo. Porque era esa clase de acciones espontaneas de ella, las que lo motivaban en su mente a gritar: Todo esto vale la pena. Y mientras la melodía de Come what may¸ sonaba de fondo. Él pudo disfrutar de varios besos, que llenaron su alma en paz, felicidad y un sentimiento muy parecido que podía empezar a definir como amor.
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-Mimi, estoy nerviosa… ¿Qué tal si lo arruino? Y, si olvido algo a mitad de la sinfonía o si una cuerda se rompe o si…,- Decía una tímida chica de cabello corto mientras esta misma termina de arreglarle unos detalles al cabello. Sintió ambas manos sobre sus hombros y los mismos se destensaron, era algo que solo Mimi sabia lograr a parte de su hermano.
-Has trabajado muy duro en todo esto, estoy segura que no lo arruinarás Kari, sino que lo harás grandioso. Ahora, déjame verte- La giro en su silla y la pudo admirar en su bonito vestido color lavanda con un corte sencillo, había recogido parte de su cabello para que no le molestará a la hora de tocar el cello. Solo ella, Matt y Mimi vestirían color esa noche para demostrar que eran los que debían resaltar. La ayudo a ponerse de pie- estas hermosa, estoy segura que Takeru-san enloquecerá al verte- Ante el comentario la chica se sonrojo y casi que se pone a gritar, recordando su cita que termino con una declaración y un tierno beso en la entrada de su puerta. Siendo obviamente arruinado por un celoso hermano, exigiendo que debía llegar temprano y que tenían 5 minutos de retraso- Ahora, será mejor que vayamos en camino o Yama nos regañara- la pequeña rio al recordar los regaños del rubio, era como un papá de la puntualidad.
-Gracias por todo Mimi, y estoy segura que Yamato-san también se babeara por como luces- La mujer de cabellos caramelos se echó a reír ante el pensamiento, mientras terminaba de recoger el resto del maquillaje y guardarlo. Su vestido era un corte princesa con la espalda abierta en un tono rosa pálido y el cabello estaba completamente trenzado en forma floja, cayendo a un lado en su hombro.
-Ve adelantándote, yo voy apenas termine aquí-
-Claro- y sin decir más tomo su vestido de uno de los pliegues y se encamino a la parte trasera de la tarima, mientras que ella terminaba de recoger su cuerpo se sentía algo cansado y pesado el día de hoy. Ya había tomado la dosis máxima de su medicamento así que solo le quedaba mantener la calma y rogarles a los dioses de la música y a su cuerpo que no pasará algo Puedes escoger fallarme otro día, o los días que vengan pero no hoy mano, por favor. Observo el bolso y se encamino para guardar lo que faltaba para evitar dejar tanto desastre, estaba por terminar cuando la puerta sonó.
-Un momento, ya casi…,- sus palabras murieron en seco al ver un gran hombre alto de cabello rubio oscuro casi castaño y ojos oscuros parado frente a ella. Vestía elegantemente pero ella podía reconocer ese rostro, donde sea- Gran maestre… No, no sabía que vendría… Yama—Yamato-san no dijo nada-
-Buenas noches, Tachikawa-san… Luce tal cual como la recuerdo- se inclinó en modo de respeto como solían hacer los japoneses, cosa que Mimi obviamente respondió. Ishida a pesar de haber vivido por mucho tiempo en el extranjero sabia con quién mostrar sus costumbres de Asia. Dio un paso al frente con el mentón en alto, y Mimi por un momento se sintió intimidada. Este era uno de los pocos hombres que podía tener ese efecto en ella. Se aferró al estuche que tenía entre manos como si eso fuera a protegerla- Me sorprendió saber que mi hijo tocaría una orquesta con usted- trago saliva por la manera en como lo decía y noto como escudriñaba el lugar notando las pertenencias de su amiga- Aunque la pequeña cellista no presenta ninguna amenaza, usted es otra historia Tachikawa-san-
-No haría nada para perjudicar a su hijo, Gran Maestre-
-Usted no, pero su mano… Y su condición si…- Los ojos de Mimi se abrieron ante el comentario ¿Cómo lo sabe? Era lo único que su mente procesaba- Que no le sorprenda, yo sé todo lo que pasa en ese conservatorio. Incluyendo el motivo por el cual se retiró e incorporo, joven. Más cuando era una de las más prometedoras violinistas, tenía que tenerle el ojo puesto a mis futuras inversiones… Ahora entiendo el motivo por el que rechazo mi oferta, pero me sorprende más aun verla aquí a punto de tocar con mi hijo y el Maestre Kido-
-…- No podía decir nada, estaba muda ante la imponente figura que este hombre representaba y recordaba esa invitación, fue por teléfono y él mismo la había llamado apenas gano el primer lugar en el concurso. Su mano empezó a temblar por inercia, y sentía que sus piernas empezaban a querer fallar. Busco con la mirada el medicamento.
-Con su condición, una hora de violín puede ser fatal- Camino hasta la mesa donde se hallaba un estuche de violín y acaricio la piel del mismo-… Y no pienso dejar que arruine la oportunidad que mi hijo pronto tendrá, solo lo hundirá con su situación…-
-Yo…- Apenas hablo el hombre volvió a mirarla.
-No lo tome a personal, solo deseo lo mejor para mi hijo y usted, esta lejos de serlo con la marca que ya posee…,- Retiro la mano del estuche y volvió a caminar a la puerta- En cambio, Kouji Minamoto, es una excelente elección ya que usted es dispensable actualmente… Debería reconsiderar el montarse en tarima y dejar a los que sí tienen un futuro, tocar- Dando la espalda- Le deseo una buena noche señorita Tachikawa-san- sin decir más se retiró, ella solo con inercia fue casi corriendo al estuche donde estaban sus medicamento ingiriéndolos lo más rápido que pudo. Casi cualquiera podría decir que su estado físico era causado por la mente y estado emocional. Observo su mano como empezaba a temblar sin parar y comando en su mente cerrar el puño cosa que a la misma le costó.
"No pienso dejar que arruine la oportunidad que mi hijo pronto tendrá, solo lo hundirá con su situación"
¿Por qué ahora? No me falles por favor.
"usted es otra historia"
El sabía a lo que se refería, muchos de los que sufrían esta enfermedad podían recuperarse pero tendrían que llevar una vida muy ligera para evitar que su condición pueda empeorarse o buscar deteriorarse. Pero, ella no pedía muchos años ella pedía esta noche y poder tocar su pieza maestra. Luego de ello, vería que hacer con su vida. Pero hoy no. Su mente aún estaba decidida pero su cuerpo no y eso empezaba a colarse en su mente de si estará realmente lista o no.
Lo arruinare. Si llego a soltar la baqueta o a fallar en una nota arruinare el performance de Yamato y Kari y todo el empezó que el Maestre Kido y la Orquesta puso para este evento.
Ahora ya no era nada más su mano la que empezó a sentir que no tenía control sobre sus espasmos. Sus piernas, sus rodillas se doblaban y tuvo que apoyarse sobre la mesa para evitar caerse ¿Qué pasa? Esto nunca había ocurrido.
Y así fue como el pánico se color.
"Debería reconsiderar el montarse en tarima y dejar a los que sí tienen un futuro, tocar"
Kouji podrá tocar, él se sabe la melodía. Él no lo arruinará.
Y sin decir más, tomo su bolso, maletín de violín, ropa y salió corriendo como pudo del sitio.
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-Se está tardando mucho, ya debería estar acá- dijo Kido mirando su reloj de muñeca- ¿Ya mandaron a alguien por Tachikawa?-
-Ella dijo que solo terminaría de guardar unas cosas y ya- Hablo Kari algo preocupada de la situación, Kouji miraba el suelo pensativo y luego observo a los presentes que parecían un manojo de nervios. Pareciera que solo con que Ishida esté presente hace que todos deseen subir sus estándares. Se puso de pie al momento que observo a uno del grupo orquestal llegar agitado y casi con cara de muerte.
-¿Dónde está?-
-Maestre… Ella… No hay nada, nada en su camerino, no hay rastros de ella por ningún lado- Los ojos de Kouji se abrieron al escuchar eso e instintivamente busco al rubio quien se veía desencajado, luego miro a Kari que parecía entrar en un pánico y al maestre que empezaba a hablar en japonés hablando sobre la situación y como solventarla. El violinista sabía lo importante que era esta presentación para Mimi por el rubio que estaba ahí, no se lo perdería por nada a no ser… Algo le ha pasado ¿Su mano?
-¿Qué haremos ahora?- Empezaron a susurrar los del grupo, Yamato parecía estar pensando en una decisión noto la tensión en sus hombros y como apretaba los ojos.
-Lo mejor será suspen-
-Yo lo haré- Hablo rápidamente Kouji al ver la decisión que Yamato iba a tomar y observo como el rubio ahora lo miraba incrédulo- Yo tomare su lugar, practique con Mimi todo el tiempo, se me ambas piezas de memoria-
-Pero…-
-Sea lo que sea que le haya pasado a Mimi-san, es algo que resolveremos luego pero como profesionales y músicos debemos acatar responsabilidades ¿Estás de acuerdo Ishida-san?- Había racionalismo en su oración y por ende Yamato despertó de su ensimismo y asintió. Kido empezó a dirigir a todos al escenario al escuchar rápidamente que ya era hora de abrir escenario. El trio, se quedaba rezagado. Y la chica estaba ahora al borde de un colapso al saber que Mimi había desaparecido- Kari-san…-
-¿Eh?-
-Todo saldrá bien, solo haz lo de siempre y todo saldrá bien. Tu hermano está afuera, impresiónalo- Y centrar su mente en otro lado, y otra persona había funcionado ella con eso fijo su mente al frente. A decir verdad, su mente revoloteaba ante la ausencia de Mimi. Algo peor tuvo que haber pasado para que ella rechazara algo así o huyera de algo así. Ni en el concurso donde casi le cuesta su mano, abandono ¿Que pudo haber pasado?
-Minamoto-san-
-¿Si?- observo como el rubio lo miraba seriamente y podía notar que también había nerviosismo en él, algo no típico de un hombre tan estoico como era Ishida. Le tomó por sorpresa ver como el rubio se puso frente a él y se inclinó completamente en señal de respeto.
-Muchas gracias por tomar el lugar de Mimi- eso lo descoloco aún más, Ishida nunca de los jamases haría algo así que agradecer. Hasta Kari se veía sorprendida- Les agradezco a ambos, lo que están haciendo-
-No me lo agradezcas, solo lo estoy haciendo por Mimi-san… Si no lo hago, ella nunca me lo perdonaría y a ti tampoco- desde la posición que estaba el rubio lo miro casi como si fuera revelación y entendió las palabras del chico de cabellos azules. Sonrió amablemente y mirando a la puerta se movieron a la tarima.
Esa noche Chopin, Trio Op.8 sonaría entre las paredes del teatro dejando a todos al inicio confundidos por ver a un joven en vez de una joven pero complacidos y ensoñadores cuando Beethoven, Triple Concerto Op. 56 resonaba con sincronía y con esfuerzo llegando hasta más lejos que esas paredes.
Nadie podía apartar su mirada de la tarima por la armonía que el violinista, chelista y pianista demostraban entre sí.
Pero, si habían un par de miradas y corazones que estaban confundidos, llenos de temor por la ausencia de Mimi Tachikawa y su violín.
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OK~ Feliz año nuevo primero que nada.
Se que les tenia esto abandonado pero en mi país la situación se complico y luego mi laptop sufrio, y bueno. No me ha dado chance de nada. Como habran notado este capitulo esta visto desde varios puntos de vista =D Y espero les haya gustado. Si fue algo largo pero se los debía.
Espero tener a mis fieles lectores felices. Aunque est capitulo muestre un poco de todo.
