Dean apenas se encontraba ideando un modo de salir sin darle una larga explicación a Chuck cuando sus ojos se cruzaron con la puerta trasera, en su pomo colgaban un racimo de llaves, con la suya hundida en su cerradura, eso era una señal de que el destino estaba de su lado, porque además salía por un callejón que conducía a un atajo oculto que acortaba el camino, solo tenia que traspasar una reja metálica medio derruida para encontrarse con una barrera de edificios, aquel camino ni siquiera podía considerarse un callejón, era incómodo para casi cualquier persona y seguramente intragable para cualquier claustrofóbicos, era imposible salir de ahí sin telarañas o raspones de tierra, no escucho ninguna queja de Castiel, aunque pudo ver la incomodidad en su rostro, aquel estrecho pasaje con olor a concreto y humedad parecía no terminar nunca, pero al frente había una franja de luz.
Dean nunca se giró, le bastaba con escuchar los pasos del ojiazul a sus espaldas, jamás supo de los intentos fallidos de los dedos que se alargaban en su dirección en medio de las tinieblas sin atreverse a tocarlo, Castiel sabía que no iba a perderse en ese lugar, que no estaba lejos de casa, apenas el azul sobre sus cabezas se volvió de nuevo infinito y el vacío a su alrededor volvió a ser inmenso, el aire en sus pulmones decidió quedarse ahí, porque que afuera no era un lugar seguro y su brazo se extendió hacía Dean, pero el largo faldón de su abrigo estaba atascado en uno de los tablones recargados en la pared, el Winchester se giró al escucharlo caer, y no pudo evitar soltar una risa cuando el ceño fruncido de Castiel lleno de hojas húmedas y tierra le dedicaron una mirada resentida.
-¿Estas bien?
-Sí. –Los ojos de Castiel observaron a su alrededor. - ¿Qué es este lugar?
-¿Eh? Esto es… ¿lo que hay detrás de tu casa?
Castiel avanzo por encima del terreno enlodado, la hierba estaba tan musgosa que no crujía debajo de sus suelas, aquel lugar era otra de esas burbujas entre los edificios, al borde de un pequeño despeñadero de quizás seis metros de anchura y quizás cuatro de altura, cortado por una carretera y para unirse a un cementerio vetusto entre arboles viejos y anudados hasta donde la ciudad volvía de nuevo a unirse al paisaje unas metros adelante.
No fue hasta que los enormes ojos azules de Castiel sorprendieron a Dean observando el horizonte por encima del cementerio fue que descubrió que desde ahí la vista era maravillosa, quizás algo tétrica… pero bueno, estaba de pie ahí y no reposando en una tumba haya abajo. Ninguno de los edificios tenia ventanas hacía el cementerio, pensó que si las hubiera, desde su habitación se abriría un luminoso horizonte y no aquella sombra húmeda y pastosa que no calentaba ni en verano.
-No sabía que esto estaba aquí.
-Y solo has vivido aquí por ¿cuánto tiempo? ¡ah, sí! toda tu vida.
-¿Podemos ir?
-Solo hay dos rejas y algunos letreros de prohibido el paso, claro que podemos ir. – los ojos de Castiel se clavaron en él visiblemente intrigados, porque a su entendimiento, no podían hacerlo, Dean le regalo una sonrisa forzada. – tantas cosas por ver, tantas cosas por hacer y el chico tétrico quiere ir al cementerio.
-¿Crees que soy tétrico?
-Tétrico, un poquito. Peligroso, no.
El asunto de que fuera considerado peligroso por al menos una persona rebotaba en su cabeza, no podía dejar de mirarlo y buscar el peligro en la figura envuelta en aquella gabardina beige, era como un enigma, le intrigaba la manera en que Castiel observaba cada objeto en el camino, ladeando un poco el rostro, como si fuera la primera vez que veía el esqueleto oxidado de un auto que alguien dejo al lado de la carretera o como tocaba con precaución la reja cubierta de musgo como si fuera a morderlo.
Y entonces se dio cuenta de que probablemente así era, cualquiera un poco acostumbrado con la tierra húmeda y esponjosa del cementerio no la frotaba entre sus dedos con aquella mirada de científico. Aquel pensamiento lo detuvo mientras Castiel continuo andando por entre las tumbas, hundiendo deliberadamente las suelas entre las hojas mohosas con los ojos inquietos en busca de las aves que se paseaban entre las copas de los árboles.
-Hey… si yo fuera tú, mirada más al frente y menos arriba.
Pero Castiel no parecía escucharlo, le dio la impresión de que estaba demasiado lejos, aunque estaba a tres pasos largos de distancia, quizás no había sido tan buena idea llevarlo afuera, no estaba acostumbrado a estar con una persona sin decir nada, excepto claro cuando Sam estaba enojado con él por algún motivo, las molestias a su costado que nunca se habían ido, -por más que tratara de fingir que se encontraba mejor- se iban volviendo a cada paso más y más insoportables, se había saltado los analgésicos "después del almuerzo" y ahora le estaban reclamando, metió la mano a su bolsillo para sacar de ahí aquellas cuatro píldoras y una bolita de pelusa, se deshizo de esta última y se echó las otras a la boca.
-¿Te importa si nos sentamos un rato?
El problema era que justo después de tomarlas se sentía algo mareado, Castiel había encontrado –tropezado- con una rueda oxidada y retorcida de una bicicleta y: o no lo escucho o pretendió no hacerlo, Dean se cruzó de brazos enfurruñado, pensando que definitivamente no había sido una buena idea haberlo traído, pero estaba demasiado cansado como para recorrer todo el camino de vuelta, así que solo buscaría un lugar donde sentarse un rato –definitivamente no sobre una tumba- y que Castiel revoloteara por ahí un rato si quería, se dijo que aquella sería una tarde larga y tediosa mientras trataba de llamar la atención del ojiazul, contaba hasta diez y lo alzaba por el hombro del sobretodo con su "lado sano" afortunadamente no tuvo que hacer más esfuerzo que el de guiarlo, pues se había levantado casi mecanizado y lo había seguido, pero seguía sin prestarle atención, como si Castiel se hubiera quedado girando la rueda de la bicicleta y Dean se hubiera llevado solo su cuerpo.
Lo llevo hasta lo que a él y a Sam les gustaba llamar "el lago" que no era más que una chapuza de charco testarudo que se negaba a secarse en todo el año, no podría decir que era un estanque, esos tenían animalejos a los que apedrear, los únicos seres vivos que había visto alguna vez, los había encontrado ya ahogados, y no sabía si unir a ese grupo el conejo que una vez fue rosa y flotaba con su sonrisa congelada… y además de su trasero al ponerlo sobre aquella silla metálica, Castiel también parecía congelado, probablemente si no se hubiera quedado ahí de pie inmóvil, Dean se abría preocupado de que pudiera terminar con el lodo hasta las rodillas o dándose un chapuzón.
-¿Cass?
Había sitios así en el mundo, donde el sol no llegaba nunca, fríos y silenciosos paréntesis, como aquel lugar o como el callejón fuera de su ventana, tristes ys in esperanzas, probablemente el destino era real, justo ahí y no en otro lugar y estar bajo los efectos de los analgésicos fue que se encontró con "el otro Cass", lo miraba sin verlo, lo escuchaba sin escucharlo, y sostenía conversaciones sin separar los labios, por primera vez una parte de él admitió que quizás había algo en el que le ponía los pelos de punta, pero estaba oculta en su subconsciente en el mismo sofá que la parte que sentía fascinación por el tipo plantado ahí de pie, que no emitía ningún sonido, que parecía a punto de disolverse en el aire como una aparición y que en algún punto había decidido alinear sus ojos en su dirección, como si fuera transparente y hubiera encontrado algo a sus espaldas que le interesaba… o quizás, lo había encontrado en lo más profundo de su ser, donde ni siquiera él sabía que encontraría.
-Si fuera transparente ¿crees que podrías ver mis puntos? O mi almuerzo… o los tornillos de cuando me rompí la pierna…
"El otro Cass" ladeo un poco la cabeza, como si Dean le hubiera hablado en otro idioma, "el otro Cass" era el Cass de siempre, el que vivía en un mundo en el que todos estaban excluido, que para Castiel era difícil sostener una conversación con alguien cuando podías comprender su primera frase un par de horas después, cuando la mayoría de las personas ya se habían cansado de ser ignoradas y habían decidido marcharse, había dejado de intentarlo, hasta que una tarde un chico de ojos verdes a bordo de un viejo Impala negro ingreso tras un gran impacto a él, solo la voz de Dean sonaba fuerte y clara, el resto eran solo balbuceos sin sentido que llegaban desde muy lejos y demasiado rápido como para pudiese comprenderlos, por eso prefería ignorarlos y dedicarse a sus asuntos… aunque todos dijeran que por dedicarse a sus asuntos era que prefería ignorarlos.
Pero Dean era un vendaval que lo había arrancado de su zona de confort sin que quisiera oponer resistencia, le daba la sensación de que, desde la primera vez que sus ojos se enlazaron el día del accidente, algo había dado un salto dentro de su estómago y se revolvía inquieto cada que se preguntaba cómo y dónde estaría, no podía evitar levantarse y pasearse sin rumbo por su habitación, cuando Dean se apareció en la tienda preguntando por él, Castiel comprendió que cualquier cosa que hubiera echo hogar en su estómago debería tener alas, unas esponjosas que no dejaba de mover, lo que era una lástima… porque ahí no había espacio suficiente para volar, pensaba mientras veía a las aves sobre los arboles saltando de rama en rama, probablemente terminaría por rendirse o enfermarse y enfermarlo a él, o morir, como todos los moradores humanos del cementerio, podrirse y envenenarlo, como se podrían las hojas en la tierra húmeda, probablemente todo eso solo sería cuestión de tiempo, como aquella bicicleta oxidada que parecía desmoronarse entre sus dedos, por eso no debía dejar que eso pasara, si la voz de Dean era el bálsamo que lo arrullaba, entonces lo seguiría a donde fuera, y así lo hizo cuando él tiro de su ropa para llevarlo consigo.
Quizás habían sido más emociones de las que había procesado juntas en muy poco tiempo que había vuelto a echar a Dean de su burbuja, porque había escuchado su voz lejana y su cuerpo difícil de separar del resto del paisaje, si el Winchester hubiera conseguido sentir o por lo menos intuir el pánico que había clavado a Castiel al suelo, no hubiera rodado los ojos, ni se hubiera prometido deshacerse del rarito apenas descansara un poco.
Si hubiera conseguido hilar aquella frase que todo su cuerpo suplicaba expulsar: "por favor llévame a casa" Dean lo hubiera hecho, a pesar de estar cansado, nunca lo hubiera vuelto a buscar y esta historia no hubiera tenido un mañana, pero fue incapaz de hacerlo.
Castiel entendió entonces que Dean quería descansar ahí un rato y estaba hablando de nuevo, fue cuando ladeo su rostro buscando un lugar donde sentarse, no había ningún sitio para él, así que tras meditarlo un momento, decidió sentarse en el suelo junto a él.
-No creo que sea agradable ver lo que hay en tu estomago…
-Mmm…
Dean se sentía adormilado y ya había olvidado que había hecho la pregunta.
-Deberías tener más cuidado, Dean, ¿Cómo te rompiste la pierna?
Cuando la risa nerviosa de Dean comenzó una serie de excusas sobre pisos resbalosos, donde nada había sido su culpa y una anécdota hilada a la otra llegaron a los oídos de Castiel con claridad, respiro con tranquilidad, dándole poca importancia a lo que le decían, se dedicó a observar cada detalle y cada gesto.
-Tienes una manera extraña de mirar a las personas.
El corazón de Castiel latió como si buscara escaparse corriendo de su pecho y traer agua del charco a sus espaldas para apagar el incendio que ardió en sus mejillas cuando los nudillos de Dean golpearon ligeramente su barbilla alzando un poco su rostro, si no hubiera estado bajo los efectos de los analgésicos, Dean Winchester se hubiera dado cuenta de inmediato que era aún más extraño delinear el rostro de tu interlocutor al criticar sus facciones, pero no importaba, porque Castiel no lo sabía, era ajeno a casi todos los códigos de interacción humana y acepto aquella caricia con naturalidad, la máxima que pudo darle, porque nunca nadie había hecho algo semejante y su sentido del tacto había desatado el caos en su cerebro sobre cuáles de las sensaciones que debían tomar el control de su cuerpo y había decidido soltarlas todas de una vez.
-Dean…
-¿Hm?
-¿Qué es eso?
