Dean abrió los ojos como plato cuando hubo despertado del todo un poco después de escuchar la pregunta de Castiel, siendo consiente de donde estaba, perdido la noción del tiempo y había estado dormitando, con los dedos enredados y acicalando los cabellos del ojiazul que también parecía adormilado recargado contra su muslo, retiro su mano con rapidez.

-Lo siento, lo siento.

Se sintió idiota y avergonzado por haberle dado los mismos mimos que se le darían a un perro, especialmente cuando Castiel lo observo confundido, repasando con sus dedos el lugar donde había estado la mano de Dean, que, aunque no entendió cuál era la ofensa, acepto la disculpa.

-Dean, ¿Qué es eso?

-Eso… - el aludido volvió la vista hacia donde apuntaba la del otro. – ¿la noria?, la gran rueda de la fortuna de la feria. ¿Te gusta?

Dean vio reflejadas las luces de la noria en los enormes ojos claros de Castiel, como chispitas de emoción en los ojos de un chiquillo cuando asintió.

-Entonces vamos, ven.

Pensó que eso era lo menos que podía hacer por él después de que había roto su reloj preferido por salvarlo y por tratarlo como un cachorro extraviado… aunque si parecía algo extraviado, no lo estaría mientras él estuviera ahí para enseñarle el camino.

-¿De verdad no sabías que era?

-Había visto dibujos, fotografías y láminas en algunos libros, como decoración o fondo, nunca encontré una explicación.

Dean se tallo la nuca.

-Así que… ¿todo lo que sabes del mundo lo has leído?

-Mayormente. Sí.

Quiso peguntarle: "¿Qué tan mayormente?" pero solo asintió, comenzaba a molestarle sentir como sí le debiera algo a Castiel, había despertado del hospital con esa sensación y hablar con él, lejos de calmarla la hacía palpitar en su pecho, se repetía que no le debía nada a Castiel, por el contrario, lo había sacado a pasear y…

Y ahí estaba de nuevo tratándolo como una mascota, bien, lo trataría como a un niño pequeño, lo montaría a la noria hasta que vomitara, lo regresaría a casa y con eso debería bastar.

Y cuando decía que lo montaría en la noria, era literal, él no pensaba poner un pie sobre esa trampa mortal, se lo dijo mientras caminaban hacía la boletería.

-¿Por qué?

-Vértigo.

-Vértigo es miedo a las alturas.

-… gracias por la información.

-De nada.

-¿Sarcasmo?

-Oh…

Castiel frunció el cejo, Dean sabía que había personas incapaces de comprender el sarcasmo, pero ese era nivel kindergarden.

-¿Cómo es el miedo?

-¿Eh? ¿te estas burlando?

-No. Mi doctor dijo que soy incapaz de sentir.

El Winchester analizo el rostro de Castiel, que seguía tan imperturbable como siempre.

-¿Sentir…? ¿si te golpeo no te duele?

-Claro que me dolería, mi sistema nervioso funciona correctamente. Estoy bastante seguro que se refería a la parte emocional, miedo, empatía, amor, tristeza.

-Así que además de hablar como un robot, tienes un corazón de robot, vaya… eso es, interesante.

Dean se tallo la nuca, había visto suficientes documentales de crímenes sin resolver como para estar al tanto de que los psicópatas eran incapaces de sentir empatía y esas cosas, y los movimientos y las palabras del otro habían sido desde siempre mecanizadas y medidas, pensó en la manera extraña con que estaba atascada en su memoria desde el día del incidente, con aquel mote que no sabía cómo definir, esos eran sus pensamientos por los que no se dio cuenta que cada uno había entrado en la delgada fila entre las dos rejas metálicas para comprar el boleto y Castiel se vio obligado a quedarse atrás, no le dio importancia al asunto, ni tampoco se lo dio al hecho de que la salida fuera por el lado contrario, lo encontraría del otro lado, donde vendían palomitas acarameladas y confituras grasientas que olían a gloría misma, le importo hasta que camino de vuelta con golosinas para ambos en busca del chico que cada momento se volvía más raro y lo encontró con el pánico pintado en toda la cara, perdido entre las personas que se paseaban por el lugar, se escondió detrás de la madera de la boletería sin dejar de observarlo, los ojos azules de Cass parecían buscarlo en cada rincón, retrocedía un paso cada vez que alguien pasaba a su lado y avanzaba dos si rozaba el cuerpo de alguien.

Ladeo el rostro, bueno, Cass quería saber lo que era estar asustado, ahora ya lo sabía… se preguntó qué clase de doctor le diría que no podía sentir… aprovecho un grupo de personas que pasaban para escurrirse hasta donde estaba su acompañante y le dio una palmadita en el hombro sintiendo el cuerpo del otro crispándose debajo de su tacto.

-No soy tu doctor, pero, creo que esto que sientes se llama miedo.

-¡Dean!

-Quizás deberías buscar una segunda opinión.

Los ojos azules de Castiel se escondieron un poco entre sus parpados mientras la distancia entre sus cejas se acortaba y sus labios se juntaban más entre ellos, ladeo el rostro en otra dirección, soltando el aire de sus pulmones, sin que Dean pudiera evitar reírse mientras le daba una de las bolas llenas de golosinas, no sabía cuales le gustarían, así que había pedido un poco de todo, pero la sonrisa se esfumo de sus labios al ver al grupo de persona que iban cruzando la entrada.

-Cassie… rayos, ven.

Y no estaba sola, estaba con Lisa, Gordon y… aun no lo habían visto, de entre todos los chicos de su colegio, tenían que aparecerse ese día y a esa hora ellos tres, su viejo amigo –ahora no tanto-, su exnovia y la chica con la que se moría de ganas por salir, y que estaba seguro iba a conseguir. Todas sus alertas se dispararon, no quería que lo vieran con Castiel, Dean tenía una reputación… una no muy positiva reputación, una de fiestas, chicas y de fastidiarle el día a todo los que no fuera "normal" y no podía imaginar nada más anormal que Castiel que hurgaba en la bolsa de golosinas sacando una tras otra y tirándolas al suelo como si fueran desperdicios, podía imaginar a Gordon contándole a todos como lo había visto paseando un fenómeno por la feria.

-Vamos viejo, te di eso para que te los comieras, no para que… olvídalo, muévete.

-Cassie es nombre de chica.

Dean casi arrojo el pago de la entrada sobre el sujeto que cuidaba la primera atracción a puertas cerrada que encontró, el cartel de letras de neón rezaba "El punto misterioso", en realidad no le importaba si adentro estaba la mujer barbuda o el chupacabras, solo quería esconderse el tiempo suficiente para poder escapar de ahí sin ser visto.

Tenía la falsa seguridad de que adentro se encontraría más tranquilo, pero aquel lugar tuvo el efecto contrario, con aquellas luces azuladas, la decoración surrealista, el humo falso y el descubrimiento de que no sabía en qué punto, Castiel había conseguido sujetar su mano, trato de separarse, pero los dedos del otro se cerraron con ansiedad sobre los suyos. Quizá fuera que de pronto se había encontrado en una dramatización del sueño donde se había colado, que aquel apretón dreno toda la resistencia de su cuerpo con una descarga eléctrica que recorrió todo su cuerpo desde su vientre, giro su cabeza para y lo encontró a centímetros de su rostro, con un olor dulzón a confitura en los labios, trago saliva.

-Esto sabe horrible…

-¿Eh? – Dean se sintió de pronto estúpido, ridículo. – Entonces no te lo comas.

-Pero dijiste…

Dean puso dos dedos sobre los labios de Castiel para callarlo, estaba seguro que había escuchado la risa de Lisa… Castiel observo la bolsa de golosinas, después al otro, antes de dejarla caer al suelo despreocupadamente, ajeno al dilema que vivía el Winchester ahora que sus amigos estaban dentro del punto misterioso, tiro del abrigo del otro, tenían que buscar un lugar donde esconderse y la habitación de los espejos no era la mejor opción, pero al doblar aquella esquina encontró una pequeña cabinita oscura, un sitio estrecho para uno, demasiado para dos.

Así que ahí estaba de nuevo, con Castiel contra una pared en un mundo donde las cosas carecían de lógica, pero esta vez era real, esta vez podía sentir el cuerpo tibio del otro contra el suyo, el sonido casi imperceptible de la tela, de su respiración y el aroma dulzón que aun llevaba encima, el azúcar en la comisura de sus labios resecos, no parecía molestarle la cercanía de Dean, al principio inmóvil, después removiéndose en su lugar despacio buscando una posición más cómoda, el Winchester no pudo evitarlo, por un momento se había olvidado donde y porque habían terminado ahí, lo rodeo con sus brazos por la cintura, pero aquel abrazo dolía contra su costado herido.

Si el empleado de la feria no se hubiera aparecido ahí diciéndoles que aquella no era "ese" tipo de atracción y que mejor se consiguieran una habitación, lo hubiera besado.

Claro que antes dejarían que le arrancaran las uñas que admitirlo… al menos, aquellos primeros días, cuando se creía enamorado de Lisa, cuando no le importaban los demás, cuando huyo de la feria por la puerta de atrás como un bandido apaleado antes que dejarse ver acompañado de Castiel al que sin saber ya adoraba.

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Y eso fue todo por este capitulo, espero que lo disfruten tanto como yo :)