Estaba tan ocupado en sus propios pensamientos que tardó en darse cuenta de que los seguían, no estaba seguro desde cuándo o porque, pero lo hacían, probablemente fuera una coincidencia, pero lo dudaba, aquellas calles eran poco transitadas.

-Dean… tengo hambre.

Aquello le dio el pretexto que necesitaba para quitarse aquella psicosis de encima, asintió y lo guio apretando el paso hasta un restaurante de comida rápida, luego de encargar y sentarse, lo confirmo, los habían estado siguiendo y aunque estaba seguro que había escuchado los pasos de dos personas, al local casi vacío, luego de ellos solo entro una mujer, que al abrir la puerta recorrió el sitio entero y al observarlos a ambos, sonrió y camino hacía ellos, peor aún, se sentó al lado de Castiel sin pedir permiso.

-Hola chicos.

-¿Te conozco?

-No, creo que no, pero yo a ti sí, Dean Winchester.

-Y ¿eres?

-Meg, solo una reportera en busca de una noticia.

Aquello no le gustaba, aquella mujer no le gustaba, no tenía las pintas de ser una reportera convencional, con una cazadora de cuero, aquellas botas y su forma de sonreír, más bien parecía del tipo de mujer que protagonizan las malas noticias.

-No debes ser muy buena, porque no veo por aquí ninguna noticia.

-Que "tú" no la veas, no quiere decir que no esté ahí, las noticias tienen muchos tamaños, solo busco, la noticia correcta para la gente correcta.

-Dean, dile que se vaya.

Castiel parecía molesto.

-Ya lo escuchaste, "Meg", vete.

-Como quieras, después de todo, aquí no hay ningún secuestro, ni extravió, solo Clarence que acaba de hacerse de un amiguito que lo lleva a por una cajita feliz. Ve a casa Castiel, tu papí está muy preocupado.

Dean volvió a quedarse a solas con Castiel, que tenía la mirada fija más allá de la ventana.

-Esa Meg, no parece una reportera.

-No lo es.

-¿Es amiga tuya?

-No.

Cuando la agente Jody paso por el umbral de la puerta, negando con la cabeza observando en su dirección, diciéndole a quienquiera que estuviera del otro lado de su radio "Los encontré", Dean supo que estaba en problemas… Castiel estaba demasiado ocupado con sus papas como para preocuparse, al menos, ya no tendría que caminar de vuelta a casa.

Cuando volvieron a la tienda de Chuck, Dean vío a Anna por primera vez y aquel primer encuentro fue algo áspero entre los dos.

-¿Dónde estaban?

-En Mcdonalds.

La agente Jody Mills parecía fastidiada, invirtiendo sus energías en un par de adolescentes que se habían fugado por un hamburguesa a tres cuadras de casa, eso se los había hecho saber en el camino de vuelta, Dean quiso preguntarle porque no habían esperado las no-estaba-seguro-cuantas horas antes de llamarlos desaparecidos, pero se quedó callado, porque recordó que Castiel no era como el resto, la poli debía seguir otro protocolo en esos casos…

Si hubiera preguntado… Jody Mills le habría dicho por qué Chuck entraba en pánico si perdía de vista a Castiel, y si hubiera mencionado a Meg, la agente y el alguacil no hubieran puesto a Chuck en la lista de padres paranoicos y sobreprotectores, las cosas abrían sido distintas.

Quizás las cosas no hubieran cambiado demasiado, quizás lo hubiera cambiado todo, nadie habría lastimado a Cass… pero se había quedado callado, la agente se había despedido y el mismo Chuck más tarde se plantearía seriamente que quizás solo estaba comportándose como un paranoico en el momento equivocado. Cando volvieron a la tienda, Anna se encontraba esperándolos de pie en los tres escalones que separaban en local de la banqueta, tenía los brazos cruzados y una expresión de mirada inexpugnable clavada en Dean, que no fue capaz de identificarla de algún tiempo anterior, pero algo en él le dijo que era hermana de Castiel, Dean estaba acostumbrado a los problemas, así que se despidió de la agente Mills con una sonrisa y un "gracias por el viaje", ella le contesto rodando los ojos.

-Hola Castiel.

Castiel no contesto, no volvió siquiera la mirada en su dirección, porque cuando Dean la señalo a través del cristal del carro patrulla, ella era una figura nítida, pero después, se convirtió en otra de las figuras balbuceantes a su alrededor.

-Cass, te dijeron: Hola.

La mirada azul del aludido se clavó primero en Dean, después a su alrededor en busca de su hermana hasta encontrarla, aunque tuvo que observar dos veces en el mismo sitio.

-Hola hermana mayor… - regreso su atención al Winchester, la pelirroja los observaba a ambos, con gravedad. - ¿dijo otra cosa?

-¿Cómo hiciste eso?

-¿Cómo hice que?

-Hablar con Castiel.

Dean no entendió aquella pregunta, porque para él, aunque raro, hablaba tanto como los demás, sabía el desprecio que los hermanos mayores de Castiel tenían para con él, así que recibió aquella pregunta como una grosería, del tipo: "¿cómo puedes hablar con ese fenómeno?". Así que solo la observo con altanería, Dean no tenía demasiado poder moral como para enfadarse con ella, era más creativo y despectivo con todo aquel que osara salirse de lo "normal", pero, para él, insultar al fenómeno de al lado estaba bien, no al de tu propia familia.

A veces se detenía a preguntarse como hubiese continuado aquella conversación entre él y Anna si Chuck no hubiera salido a encontrarlos, esa sería la peor condena para Dean, todo el tiempo que tuvo para dedicarlo a los "hubiera", "¿Y si…?", "¿Por qué no hice, dije?" pero entonces las cosas ya estaban estropeadas, como cristales rotos regados por el suelo de la memoria, donde los lazos que antes los unían se volvían alambre de espinos enmarañados, y por encima de todo aquello debía caminar descalzo, arrastrando su cruz, sintiendo los latigazos de todo lo que pudo hacer distinto.

Aun no era consciente de lo grande y pequeño que podía ser; grande, inmenso, casi un todo en el corazón de Castiel, y tan pequeño e insignificante en el cuadro en que todos somos parte. Pero si le hubieran preguntado cuando comenzó a sospecharlo… diría que fue ese día y aun si nadie se lo preguntara, se lo diría en silencio, besándolo despacio… porque además, aquellos nubarrones estaban aún lejanos y las nubes… esas están sobre el cielo, lejos de los hombres, aunque a veces oscurezcan su cielo y les hagan creer que no habrá más luz detrás de sus tempestades.

Volviendo al porche, aquel día que moría de un crepúsculo rojizo, los tres juntos y aquella oración flotando. "Lo sé, Anna, lo siento." Fue lo que quiso salir de los labios de Castiel, pero se quedó en silencio, cuando su Chuck se unió a ellos después de despedir a la agente Jody que se había interpuesto en su camino para darle detalles de como y en donde había encontrado a su hijo, Castiel interrumpió sus intentos por contestarle a su hermana.

Las horas que ambos desaparecieran dejando los platos casi intactos y abierta la puerta que daba al callejón, Chuck había repasado en su mente todas las veces que había intentado que Castiel saliera a la calle más allá de su lugar en el porche, como parecía privarse de sí mismo, todo su cuerpo se volvía rígido y su mirada se iba a un lugar muy lejano, la única opción era forcejear con él y arrastrarlo todo el trayecto, a sabiendas de que su hermetismo se atenuaría en las semanas siguientes, cuando era aún más pequeño y trataba de alzarlo en brazos para llevarlo fuera, se retorcía como un animal atrapado y lloraba en silencio, sin emitir ningún sonido, como si estuviera haciéndole daño, en una ocasión había dejado de respirar hasta que su rostro se había tornado violeta. A él le hubiera gustado llevarlo y buscar aquí y haya por algo que ayudara a mejorar su condición y con vergüenza tenía que admitir que las pocas veces que había sido totalmente necesario sacarlo de casa, lo había hecho sedándolo y todas ellas al hospital, cuando se había caído de las escaleras de la estantería y se había roto el brazo, o él día que aquella gripe rebelde se había vuelto pulmonía.

La única persona con la que Castiel nunca tuvo objeción al momento de salir de casa había sido su madre, el plan era recorrer el mundo en busca de especialistas, de lugares y colores que mejoraran la condición de su hijo, encontrar el lugar donde sirvieran el mejor café recién tostado, coleccionar atardeceres desde las diferentes cornisas de cualquier lugar, pero entonces un día a la hora del almuerzo, Castiel se había vuelto un niño sin madre y todos aquellos planes se habían quedado sobre la mesa esperándolos volver, ahí junto a la cristalería. Quizás ese era el verdadero sentido de la tienda, lo que entre tres fue concebido como un libro de recortes de sus viajes se volvió en un pequeño mundo para Castiel, a pesar de todo Chuck no dejaba de verla como una prisión de la que no sabía cómo sacarlo, así que había decidido desterrarse ahí con él.

Y entonces ahí estaba Dean.

Al que quería colgar de la viga más cercana.

Que no era el mejor ejemplo de persona.

Y aunque trataba de repetirse: "no te alteres, no te alteres" era demasiado tarde y el algoritmo de relajamiento no aparecía por ningún lado o si lo estaba, se encontraba junto con el sentido común susurrándose entre ellos que Castiel se veía bastante tranquilo hasta antes de que lo sacudiera un poco por los hombros preguntándole donde se había metido, si estaba bien, porque no había comido, que si sabía la hora, quien lo había obligado, porque había salido sin decir nada y ni el sabía que tantas cosas más, saltándose todas las reglas de cohesión y coherencia de la lengua en un tiempo record, hasta quedarse ahí en silencio en un estado en el que el alivio y el enfado convivían alegremente de la mano.

Y daba igual si ninguno de los presentes había comprendido más que algún par de palabras sueltas, el lenguaje va más allá que frases correctamente hiladas una detrás de otra y después de haber pasado toda una vida uno al lado de otro… Castiel se había tragado todo el discurso de Chuck en aquella media docena de sacudidas distribuido en dos tantas de tres separadas una de otra por un: "estos niños quieren matarme", aunque por otro lado, el mensaje kinésico en si era claro para cualquiera.

Dean pensó que quizás ese era el momento adecuado para desaparecer, pero Anna continuaba observándolo con si se tratara de un animal en exhibición y su ego no le permitió dar un paso para alejarse y más bien se resignó a que en cualquier momento apareciera Sam y le diera su respectiva reprimenda… además estaba cansado, adolorido, quizás hasta un poco mareado, quizás más de lo que admitiría, incluso a si mismo, repitiéndose que el temblor que subía desde su vientre haciendo eco en su cabeza hasta hacer castañear sus dientes era porque tenía frío, a pesar de llevar puesta su cazadora de cuero y que todo mundo a su alrededor se encontrara feliz en tan solo una capa de ligero algodón… todos menos Castiel y su sobretodo.

Castiel que a pesar de llevar su cálido sobretodo, bastante apropiado para el clima de menos de veinte grados del interior de la tienda pero inapropiado para el clima del exterior también temblaba ligeramente, porque sabía que su padre estaba molesto, que podría echarlo y prohibirle volver, como le había prohibido volver a los que habían sido crueles con él, tan solo quería encontrar el modo de decirle que por favor le permitiera volver, que Dean era agradable, que aquel paseo, -que Dean consideraba patético y fallido- era lo mejor que le había pasado.

Pero no encontraba el modo de hacerlo, aunque quizás no necesitaría decirlo, una parte de Chuck ya lo sabía, una parte inconsciente a la que le tomaría un par de cafés sin azúcar con un chorrito de brandy y recorrer la estancia de esquina a esquina un número indefinido de veces para hacérselo saber al Chuck consiente, en ese momento ambos estaban bastante alterados, Castiel parecía de pronto ser consciente de que se encontraba fuera de su área de confort y su cuerpo se negaba a obedecerlo a él o a cualquier interferencia externa, su padre lo noto, quizás demasiado tarde y trato de llevarlo dentro, repitiéndole que todo estaba bien, que él lo arreglaría todo y le prepararía un té de violetas, temiendo que quizás necesitaría llevarlo a rastras desde la banqueta de vuelta a la tienda.

Dean estaba lejos de aquel cuadro, porque Sam no había aparecido, no parecía estar cerca, no había dejado ningún mensaje, ni realizado ninguna llamada y al marcarle su móvil se encontraba apagado, desde ahí, las luces del departamento se encontraban apagadas también ¿Por qué? Su padre volvería dentro de poco y encontraría un jaleo que involucraba a la oficial Mills, él secuestrando al hijo del vecino y un Sammy desaparecido, se limito a soltar un: "Lo siento" que no sentía y volver a casa con la esperanza de que Sam estuviera dormido en el sofá.

Pero no había nadie en casa, nada más que aquella nota sobre la pantalla del televisor: "Dean, estoy en la biblioteca" claro, Sam apagaba el celular cuando estaba en la biblioteca y seguramente no quiso interrumpir aquella supuesta visita en casa de Chuck… se dejó caer en el sofá, siendo consiente lentamente de lo jodidamente mal que se sentía, con la cabeza echa un torbellino, toda la tarde parecía tan irreal que le costaba mucho trabajo tomar en serio su propia memoria y asimilar todo lo que había pasado.

Que había estado a milímetros de besar a un chico… bueno estaba aquella vez que Rhonda lo había chantajeado diciéndole que conseguiría un trato especial esa noche si besaba a uno de sus amigos… al que ya no recordaba ni de nombre ni de cara, porque estaba demasiado ebrio, había conseguido a Rhonda aquella noche y aún tenía sus pantys rosa en el fondo de su cajón como trofeo.

Cuando tocaron a la puerta y Dean supo que no era Sam, ni su padre, porque ningún Winchester tocaba la puerta de su propia casa, No estaba seguro cuanto tiempo había pasado recapitulando conquistas y chicas sin poderse despegar de la boca el antojo de aquellas grasientas frituras de feria, aroma que desde ese momento y hasta el fin de sus días lo llevaría a pensar en los labios de Castiel, ligeramente húmedos y cubiertos de granos de azúcar, aunque en ese momento estuviera encubriendo su verdadero deseo con el recuerdo de aquellos cuerpos blanditos y curvilíneos que hasta hace tan poco habían sido el blanco de todos sus deseos… bueno, y estaban el pie, pero él tenía su escalafón aparte y por fortuna nunca tuvo que decidir de cuál de los dos podría prescindir.

Era Chuck.