Capítulo 19: Overture
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Realmente se encontraba frustrado, en grandes magnitudes. A tal punto que tuvo que tocar el piano para intentar aligerar el pesar de lo vivido hace un par de horas, solo la suave melodía de Frederic Chopin conocida como Nocturne 20 o apodada popularmente como "The pianist" era una de las piezas que logro hacer calmar la amargura de sensaciones que tenía. Se sentía un cobarde, un impotente, un don nadie, nadie. Más que todo se sentía confundido, tantas cosas que antes creía saber se desmoronaban frente a él. Soltó un bufido ante el simple pensamiento de aquello.Casi parecía una broma de mal gusto, que el empezaba a aceptar porque por un momento pensó que lograría salir de la sombra de aquel hombre. Entendía su lógica, y eso hacía que se revolcará aún más entre los pensamientos y emociones que lo tenían agobiado, entendía esa lógica y sabía que tenía razón. Mas tras hablar con Taichi y los médicos. Golpeo con fuerza las teclas del piano y con frustración se levantó agitando su cabello, ante la memoria.
Hacia horas que recibió una llamada de Taichi, y el rubio no perdió tiempo en ir a la clínica donde Mimi estaba hospitalizada a pensamiento de que algo le había pasado a la violinista cuando el moreno le indico que debía venir rápido. Para su sorpresa, cuando llego se esperaba todo menos la escena frente a él mientras intentaba recobrar el aliento.
-Yamato, que bueno que viniste. No sabía a quién más llamar cuando me di cuenta de quién era la persona que estaba en la habitación de Mimi. Es, tu padre ¿Qué hace aquí tu padre? - eso era lo que Yamato deseaba saber ¿Qué hacía ahí ese hombre? Que no solo se encargó de humillar lo que más quería y amaba, sino de irrespetar a la persona que yacía en esa habitación. Una habitación que él aún se negaba a entrar o indicar su presencia en el país a la castaña. Trago en seco e intento mantener la compostura.
- ¿Tiene mucho tiempo aquí?
-Cuando llegue ya estaba aquí, tarde en reconocerlo porque no conozco mucho de ese mundo, pero apenas Mimi nos presentó sabía que debía llamarte ¿Es ese el hombre que hizo que Mimi no pudiera tocar? - el rubio algo avergonzado, no le quedo más que asentir. Ya el moreno sabía lo que ocurrió en aquella ocasión cuando lograron aclarar todo- Mimi parecía algo perturbada con su presencia, no pude preguntarle si se sentía bien o si el hombre había dicho algo indebido, la enfermera nos sacó a ambos para ayudar a bañarla y desde ese momento el hombre ha estado ahí frente a la habitación esperando. No me hablo y no supe que más hacer, realmente me dio escalofríos.
Su padre siempre ha tenido ese efecto en las personas, desde hace muchos años siempre ha sido así, y más cuando se forjo una reputación. No hablaba a menos que realmente le interesaba lo que tenía que decir y casi siempre era para lograr un acuerdo o un trato para su propio beneficio o el de los que lo rodeaban. Aun así, eso no importaba en ese momento, vagos pensamientos vinieron a su mente y la mayor pregunta recaía en que hacia el gran maestre Ishida aquí ¿Cuál era el propósito? ¿Le habrá dicho que él aún estaba en el país?
-Yo iré a hablar con él. Gracias por llamar Taichi- sin más fue al encuentro.
Apenas vio al estoico hombre, este solo lo miro de reojo para poner nuevamente sus manos en la espalda tras acomodarse la corbata y caminar en otra dirección. Eso era un indicio de 'vamos a hablar'. De pequeño solía hacerlo mucho para con él cuando arruinaba una pieza "a su parecer". Llegaron hasta una terraza que daba a los jardines de la clínica y fue el rubio quien se motivó a comenzar la conversación, solo para ser interrumpido por su padre.
- ¿Qué haces aquí? ¿No te basto con la humillación que le hiciste antes del concierto?
- ¿Humillación? Creo y ya aclaramos ese punto, hijo. No vine con tal intención, está muy lejana a ello.
- ¿Entonces? ¿La usarás a ella para llegar a mí?
-Te enseñe a tener más paciencia, Yamato- Lo miro de reojo, algo irritado- Solamente, quería verla. Nunca esperé ver a la gran dotada nata Mimi Tachikawa, en el estado en el que la vi hoy- aquello desencajo al pianista y solo atino a mirar estupefacto al hombre frente a él- Desde nuestra última conversación. Me quede pensando y antes de que preguntes lo obvio, Yamato. No, no he venido para usarla para llegar a ti. No soy tan bastardo como tú crees, he venido para saber cómo estaba. Tu madre me hizo recordar que después de todo, debo saber cómo está mi inversión.
- ¿Qué? ¿Inversión?
-Hacerte el tonto, no va conmigo, hijo. Se bien que Yves te hablo vagamente sobre lo que envuelve a Tachikawa-san conmigo- cierto, lo recordaba y eso lo había dejado intrigado, pero se había concentrado tanto en el concierto que lo dejo a segundo plano y verlo ahí, solo su mente se alarmaba de que viniera a hacerle nuevamente daño a Mimi.
- ¿Por qué nunca me lo contaste?
- ¿Por qué debería hacerlo? - el maestre enarco una ceja ante la exigencia de su hijo.
-Soy tu hijo.
-Ella era algo muy a parte a ti, era su futuro. No el tuyo. Por eso, no te da derecho de inferir o tener basto conocimiento en mis asuntos, Yamato. La única persona que tiene ese privilegio es tu madre, y nadie más- apretó sus labios ante la respuesta. Su padre nunca daba explicaciones de más, eso era cierto. Casi todos los acontecimientos que ocurrían lo sabía de parte de su madre, nunca de su padre, pero ahora ante la situación de como quedaron, quizás su madre habría querido decirle y no pudo. Desde ese momento no quiso ni contestar llamadas de su madre. Todo por su orgullo, su tonto y quebrado orgullo.
- ¿Madre sabia de Mimi?
- ¿De qué se conocían? No, ni yo me esperaba que fuera ella la violinista con la que entablaste una… relación…- aclaro su garganta ante la palabra, pero nunca abandonaba la pose digna a sabiendas que le incomodaba la situación- Pero ella, si sabía que tome a la violinista bajo mi tutela.
- ¿Tutela?
-Conocí a Tachikawa-san muy joven, quizás un año antes de que Takeru quizás pensara aplicar a la misma escuela o institución que tú. Fue en pura casualidad, a decir certeza... Fui a comprar un Stradivarius que un japonés estaba vendiendo. Me pareció raro que un coleccionista, vendiera una pieza tan valiosa. No fui con mucho interés a creer que se trataba de una réplica- Yamato no parpadeaba ni tragaba, pensando que todo lo que escuchaba era ilusión de sus oídos y no que su padre, estuviera realmente contándole como es que Mimi y él se conocen. Él recuerda ese violín, un día que llego a casa. Siempre estaba en su oficina en su espacio de composición, encofrado como pieza de colección que era, pero a él siempre le pareció que había algo más con ese Stradivarius-, pero cuando llegue. Lo primero que me tope fue con esa jovencita, tocando el violín en pleno pasillo, caminando a su hogar mientras tocaba. Le faltaba pulir, pero ahí estaba. Un talento nato, puro y único. Algo que muy pocos alcanzarían por más años que tendrían frente al violín. Ella, sin saberlo estaba haciendo algo que pocos tenían, le daba vida a la música.
No, no vida. Yamato sabia en su mente. Mimi no le daba vida, hacía que la música tomará sentimientos y se apoderara de su cuerpo, permitía que la música le diera vida a ella. La música la tocaba a ella y era ella la que se llenaba de vida, fue quizás el mismo pensamiento que tuvo al verla por primera vez. Algo que solo logro pensar tiempo después. Imaginar una Mimi así, lo intrigaba más. Le hacía desear haberla conocido desde antes.
-Cuando llegue, ante la misma puerta. Resulto ser el padre de ella quien vendía el violín. Reconozco una buena inversión cuando la veo. Necesitaba a esa violinista en mi orquesta, solo debía pulirla. Entre sus padres y yo, llegamos a un mutuo acuerdo. Sin perjudicarla, ya que muchos violinistas al saber que tocarían para mí en un futuro; caían en desesperación y errores que yo no podía darme lujo de ver.
- ¿Así que le diste una carta de recomendación para el instituto? - Es lo que siempre Hiroaki Ishida hacía.
-No… Le ofrecí una beca completa, con todo pago- La mandíbula de Yamato casi se rompe y cae al suelo- Quien no viera ese talento, sería un ciego, un idiota, un ignorante o quizás un envidioso, para no hacerla surgir. No perdería algo así.
-Pero entonces ¿Por qué…?
-Ella no sabe que su educación está pagada por mí. Fue un voto de silencio entre sus padres y yo dejarlo así, para propia reputación mía y la de ellos. Ellos buscaban vender el violín para llevarla a una mejor institución donde ese violín les otorgará para que pudiera sobresalir. Me otorgaron el violín como agradecimiento. Pocas veces la veía, escudado en la curiosidad para que no sospechará de los planes que tenía para con ella- dio un par de pasos y Yamato no lo perdió de vista-, pero nunca esperaría que ese maldito túnel carpiano apareciera.
El hombre suspiro, sopesando las palabras y su hijo, por primera vez vio a un hombre que mostraba algo más que indiferencia o demanda en su voz.
-Nadie en el instituto, se reintegra como ella lo hizo. A los 6 meses de congelar tu cupo, se te es arrebatado. Yo, no permití eso- Realmente, ahora las piezas encajaban, esas lagunas vacías sobre como Mimi recibió tal educación y trato. Los viajes, la instrucción particular, los privilegios educativos. Todo, había sido ¿De la mano de su padre? -, apenas supe que su operación había sido con éxito; sabía que no debía perder más tiempo y tenerla en mi orquesta. Fue una sorpresa, saber que me rechazaría. Así que indague.
-Y supiste lo de su enfermedad.
-A veces a los más talentosos, les tocan los peores destinos - volvió a respirar con fuerza por las fosas nasales, Yamato podía entender su exasperación-. Ella, era un reloj de tiempo para una bomba que no permitiría retorno. Por eso, cuando me entere que era tu compañera ante ese concierto. Me vi obligado a desalentarla, tu sueles presionar. Eres mi hijo, ella por querer otorgarte solo lo mejor se presionaría a ella misma. Por eso, no pude permitir más cuando sabía que tocaría en esa orquesta, eso abriría una puerta a la que ella no puede entrar si desea acaso tener una vida en realidad.
-De haberlo sabido, yo también lo habría hecho- eso era lo que Yamato quería decirle, pero no se atrevía a hablar. No ahora que su padre estaba hablando y contándole cosas. Cosas que ni ella, ni su padre le habían dicho. Cosas que ambos sabían, pero en silencio no dijeron ¿Por qué?
-Ella quería redimirse por no cumplir su palabra ante no poder tocar en mi orquesta. A costa, de su propio talento y salud.
-Pero, si ella no sabía sobre tu trato ¿Por qué llegar tan lejos?
-Esa era la pregunta que me había hecho desde hace tiempo, por eso vine. Pensé que tenía un conocimiento sobre nuestro trato, luego me di cuenta que solo sumo 1 + 1 y supo que éramos familia, tras eso entendí que es la naturaleza de Tachikawa, y el por qué iba a ser la mejor violinista de todos los tiempos. Estaba dispuesta a llegar lejos, y permitirse ayudar al mejor pianista a ser el mejor de todos los tiempos.
- ¿Qué?
-Tu rostro es el mismo que yo tuve cuando supe su motivo- miro a su espalda a la puerta de aquel pasillo que podría llevar hasta la habitación de la joven-, solo había que hablar con ella para entenderla mejor y tenía que haberlo sabido, así como enterarme que aún no te has atrevido a verla y que ella cree que te fuiste.
- ¿Cómo sabes que no la he visto?
-Tengo ojos en todos lados, Yamato- eso volvió a incomodar al hombre pianista, pero lo descuadro para girarse de golpe al ver a su padre reír- No me creas tan calculador, Yamato Ishida. Ella me lo dijo, ella te cree en Suiza. Pensar que termine por criar a un cobarde, que desgracia.
-Yo no, no quiero verla así. No podría, no tendría la fuerza… No hasta que…
-Llegue el concierto, lo sé.
- ¿Sabes? ¿Cómo?
- ¿Quién crees que otorgo todos esos permisos para que obtuvieras una orquesta, un escenario donde tocar y un público que te escuchará, en tan corto lapso?
- ¡¿Publico?!
Vio como su padre negaba con la cabeza, resignado.
-Realmente, aparte de cobarde. Crie un hijo de bajas expectativas. Me pregunto a que dios habré insultado para obtener a este par de hijos.
El resto de la plática, fue en torno a lo que el gran maestre había hecho. Había publicitado el concierto, llamando a los mejores del mundo en sus propias ramas para escuchar la melodía que haría que los corazones de las personas se volvieran uno. Incluyendo que su padre hizo un par de bromas, aun si su rostro no lo demostraba y le hizo cuestionar realmente ¿Cuánto conocía a su padre? Siempre lo vio como un gran muro impenetrable, en el que solo su madre parecía entenderlo y nada más mirándolo no se podría entender que más habría, pero ¿ahora? No solo le había expresado lo que había pasado, sino admitió la gran ayuda que había tenido para con Mimi y la ayuda que ahora presentaba para otorgarle una última oportunidad a Mimi. Algo que él mismo no había pensado. En un público. Ahora a solo unos pocos días del concierto, su nerviosismo estaba en la cúspide y saber que un gran público vendría, le ponía más presión de no querer arruinar lo que por muchos años la violinista ha estado desarrollando con tanto amor.
¿Podría ser digno de la gran tarea que se le otorgaba?
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-Yamato se veía preocupado- hablo suave y distraídamente un moreno mientras miraba el techo y acariciaba la espalda morena de una mujer que tenía su cabeza apoyada en el hombro, usando su brazo como almohada.
- ¿Por qué?
-Aquel hombre, su padre. No se ve realmente alguien que quiera que su hijo este con personas como nosotros.
La pelirroja se rio y se apoyó en sus codos para mirarlo mejor.
- ¿En serio crees que el Maestre Ishida, es tan insensible?
-Por como su propio hijo lo describe, lo creo así.
-No lo conoces. El maestre Ishida realmente puede ser alguien que ve más allá de las emociones de todos.
-Después de lo que le hizo a Mimi, no creo.
-Mimi, Mimi… Siempre ella. Taichi… Mimi-chan no es una frágil flor que se destruirá ante cualquier soplo- miro fijamente Sora, atrayendo la atención de Taichi- Quizás ahorita, este más perdida que nunca. Desde siempre supo que hacer, sabía qué norte llevar, con un talento que no se puede adquirir con un curso, o leyendo un libro. Un talento que practicando no es suficiente. Talentos como el de ella, como el de Yama. No se consiguen.
- ¿A qué quieres llegar con todo eso?
-A que, ella ahorita no sabrá que camino recorrer. Porque siempre supo qué camino tomar, pero ahora sin su violín. Volvió al punto cero, y es como aprender a caminar, otra vez.
-Eso lo sé, por eso yo…-
-Ella encontrará su nuevo norte, quizás tarde.
-Lo sé, por eso yo…
- ¿Estarás siempre a su lado?
Hubo silencio.
-Ella no siempre te querrá a su lado, ni a ti ni a Yamato si sigue siendo el cobarde que es- Se volvió a dejar caer y empezó a acariciar el pecho desnudo del pastelero- No querrá ser una carga, para ninguno de los dos como ya debe pensarlo. Por eso, no pienses de Mimi-chan como una copa de cristal, ella es una copa hecha de diamantes. Sobrevivirá aun con una parte quebrada, pero nunca perderá valor.
-Tengo miedo por ella.
-Y está bien tenerlo, pero ella no necesita tu miedo. Necesita tu valor, tu coraje, tu fuerza para saber que debe empezar a recorrer un nuevo camino, pero solo eso. Porque ella lo querrá hacer sola- Sonrió triste ante el pensamiento que quizás realmente, le tomará tiempo. Si ella perdiera su voz, sabría que estaría en esa o una situación peor, porque no sabría que más hacer. No sabría para que más estaría hecha. No se sentiría completa. Si Yamato, no se apresuraba ella nunca encontraría lo que le hace falta, porque quizás Yamato es el único que podrá realmente ayudarla a saber qué camino tomar. Observo al moreno que parecía hipnotizado por el techo, y supo que, en ese campo, él no tendría espacio. Sabía que había sonado algo seca, con la información que le otorgo, pero en ese campo, esa vereda; Taichi no tendría espacio. Había cosas que solo entre almas de la misma índole podían entenderse. Yamato y Mimi, eran igual de parecidos en ese aspecto. Podían hablar sin necesidad de usar palabras- Estoy segura que ella encontrará pronto un nuevo camino… Solo, debes tener un poco más de fe en ella y verás.
El moreno volvió a mirarla, y paso un buen rato observándola en silencio. Ella realmente no sabía que efecto tenía ese hombre en ella, pero la hacía volver a la época en donde sentía pasión, amor y emociones por todo lo que hacía. No la cascara vacía que se había convertido por lo superficial que era el mundo de la música, en el campo que ella recorría. Él, le recordó quien era y no quien es ahorita, que fue uno de los motivos por los que Yamato termino con ella, por eso sería paciente con él. Aun si él no la amaba, ella estaría ahí paciente. Ayudándolo, siendo su fortaleza y enseñándole las cosas del mundo que, por querer ser el caballero de un amor no correspondido, se había olvidado que existían.
-Iras… ¿Conmigo al concierto? - despertó de su pensamiento y parpadeo. Cierto, el concierto sería en menos de 2 días. Yamato les había avisado a ambos.
-Quieres… ¿Qué yo vaya contigo?
-Sí, si no es mucha molestia. Sera la primera vez que… Vea a Mimi y Yamato en una misma habitación, y sabiendo lo que ambos sienten, no sé si pueda…- Eso hizo que el corazón de Sora, se parará. Solo la deseaba para no tener que huir. Algo en ella se entristecía, pero una pequeña luz aun titilaba y destello cuando él dijo lo siguiente-, pero si tu estas ahí. Sé que seré fuerte.
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La castaña acariciaba como si de una fantasma se tratara, la fina madera del violín que traía apoyado en su regazo. Ray se lo había traído, casi en contra de su voluntad. No es que no deseará tocar ese violín, sino que le dolía demasiado el no porque tocarlo. Su mano tembló ante el primer contacto, y cuando Ray puso la baqueta en su otra mano, un nudo se formó en su garganta. Ella, sabría que no podría volver a tocar. No como antes, no como ella tenía planeada, no como ella deseaba.
No como yo deseaba.
Apoyo el violín como si una costumbre se tratara, en la base de su cuello. Podía sentir la mirada de Ray retirado y alejado, dejándola en su propio mundo, pero, aun así, alerta a lo que podría pasar. La enfermera que había estado siguiendo su caso, también estaba ahí. Y no se le podía escuchar respirar. Quizás deseando lo mismo que yo. Poder volver a tocar, paso un simple dedo sobre una cuerda y sintió un escalofrió recorrer todo su cuerpo. Incluyendo aquellas piernas, que no sentían nada. Apoyando los temblorosos dedos sobre las cuerdas para ponerse en posición, tomo la baqueta, la puso a contra y se dejó llevar. Con la única melodía que su mente podía pensar Bethoven, Moonlight Sonata en su propia versión de violín. Era algo que le encantaba hacer, convertir la melodía de otros instrumentos en algo que pudiera escucharse en el violín. Haciéndole saber a la música que podía ser tan universal como quisiera serlo, pero solo podía ser universal con quien pudiera hacerla y eso, ella ya no era. Podía sentir como las notas empezaban a fallar, como su mano no respondía al ritmo que su mente deseaba que hiciera, lo único que si procesaba eran las ganas de llorar. Solo gordas lágrimas, resbalaban, y tuvo que parar de tocar para poder ver. No tardo que la misma enfermera la abrazara o que Ray quitara el violín de sus manos.
-Estoy bien, estoy bien.
Era lo único que repetía mientras intentaba parar las lágrimas. Estaba quebrada y con emociones encontradas en paralelo. Una parte de ella estaba destrozada por no poder tocar y otra parte alegría por al menos poder volver poder tocar, así sea de forma no pulida y tosca. La enfermera, empezó a caminar de un lado a otro intentando pensar como calmarla sin tener que recurrir a medicamentos y ver el rostro y el intentando hablar un suave casi infantil japonés, gracias a palabras que ella le había enseñado. No pudo evitar más que reír mientras aún seguían bajando las lágrimas. Se acomodó en su silla de ruedas y le hizo un ademán a la mujer para que se detuviera.
-En serio, estoy bien. Es solo, que… Hacía mucho que no tocaba un violín. La nostalgia me invadio.
- ¿Estas seguras? ¿No deseas que me comunique con el medico?
-Estoy bien, debo aprender poco a poco que estas cosas no me afecten. Yo misma acerqué este futuro, cuando pude retrasarlo un poco más. Aun así, tendría que acostumbrarme tarde o temprano.
La enfermera balbuceo entre dientes y observo el reloj en su muñeca, excusándose por un momento. Ray se acercó a ella apenas la enfermera cerro la puerta, e hinco apoyándose en sus talones mientras apoyaba sus codos en la base de sus muslos, mirándola con la seriedad que no era característica de él.
- ¿Y bien?
-Me cuesta mandar el mensaje de mi cerebro a mi mano izquierda, la derecha no parece tan afectada como esperaba. Se siente como, volver a empezar a conocer el violín.
-El proceso será lento, - ella solo asintió- Pero con eso basta para evitar que le huyas a la música que tanto te hacia feliz.
-Yo no…
-No tienes por qué ocultarlo de mí, Mimi. De todas las personas, conozco lo frustrada que sueles ponerte. Aún recuerdo las veces en las que te regañaba por ello- le sonrió y se puso de pie- Es duro. Eres una amiga y una pupila muy querida para mí, Mimi. Por eso, como violinista podre decirte aquello que solo otro violinista podrá decirte, o, mejor dicho, aquello que nadie se atreve a decirte por miedo a herirte.
-A que te… Que…
-Te has puesto a pensar, que quizás el violín no es la única manera de que puedas llegar a los corazones de las personas.
- ¿Tú también?
-Sé que el Maestre Ishida te lo dijo, por una razón que solo tu sabrás.
A ciencia cierta, una parte de eso era real, Ray no sabía toda la conversación que tuvo con el maestre Ishida. Hablando con el maestre Ishida Hiroaki, se dio cuenta de pequeños detalles sobre el hombre que antes no había podido reconocer, cosas que ni el periódico o biografía más detallada podía tener conocimiento, y era aquella pequeña frustración ante el violín. Aquel hombre, le confió parte de su historia para hacerle entender algo que quizás podría serle de ayuda para un futuro diferente. Aun así ¿Quién era ella para estar en aquel mundo? ¿Qué podía ser ella en aquel mundo que no conocía? Observo el violín que aún lo podía sentir en sus manos estando tan lejos y sonrió con tristeza. Recordando, las palabras del Maestre Ishida.
"Quizás serás una de las pocas personas que sabrán lo que diré a continuación, pero es imperativo para que despiertes de ese sosiego estúpido en el que estas, Tachikawa-san. Era mucho más joven que tu cuando ocurrió, pero yo solía tocar el violín. Era uno de mis instrumentos predilectos, pero tras un accidente de auto, nunca pude volver a usar mi mano izquierda como se debe. Eso. Eso, no significo el final para mí, como todos; quizás en su momento, pero no en su definición. Cada ser humano debe tocar fondo para volver a las raíces y es ahí donde descubrí la vocación que me llevo a ser la persona más importante en el mundo de la música. Tan solo recuerda, Tachikawa-san. Todos tenemos un lugar en la música, siempre y cuando le permitamos un espacio en nosotros. No por nada, puse mis ojos en usted, Tachikawa-san. No haga que me arrepienta"
Desde ahí, cuando Ray le pidió nuevamente que tocara el violín por quizás la décimo octava vez que lo intentaba; esa vez le dijo un SI, una pequeña voz le decía que lo intentará que solo así podría tener ese espacio en la música que tanto le encantaba. Aun así…
-Lo sé. Solo, necesito tiempo.
-Está bien, está bien. Tomaré eso por el momento- Camino al borde de la habitación y sonrió- Entonces podemos enfocarnos por un momento en otras cosas. Como el itinerario de esta noche.
- ¿De esta noche?
-El concierto de Ishida- Ella solo le miro, recién atraída de sus pensamientos. Es cierto, el maestre Ishida la invito a un concierto hace un par de días. Diciéndole, que debía estar ahí o se arrepentiría. Aunque más bien fue como: "No suelo hacer invitaciones, así que no me decepciones con no aparecerte" ¿Todos los Ishida eran igual de exigentes?
– Ese hombre no suele hacer orquestas, así por así- hablo más para sí misma que para Ray.
-Eso es lo que lo hace aún mejor, una oportunidad única.
- ¿Debo?
-Ya tengo el permiso del médico y su enfermera. Claro que debes, lo único que falta es arreglarte. Esa no es mi rama, pero por suerte la enfermera parece saber mucho del tema- ambos rieron ante el pensamiento de Ray intentando vestirla y peinarla a su gusto.
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Caminaba de un lado a otro, nervioso hasta la medula. Trago en seco ante el pensamiento de que día era hoy, lugar y hora. Observo como todos en la orquesta afinaban los últimos retoques de sus instrumentos o vestimentas. Kouji se veía pasivo y concentrado en la pieza frente a él, debía admitir que él japonés violinista era toda una estrella que podría quizás con más esfuerzo y positura llegar al nivel de Mimi. Con solo verlo, era obvia que su intención era intentar no de imitar a Mimi, sino hacer el mejor papel frente a ella, un homenaje. Hablando de ella. Casi se cae de su silla cuando su madre le informo por teléfono que ellos irían a ver la presentación y que su propio padre, había sido quien le había extendido la invitación a Mimi sin que ella sospechara de que se tratará de él debido a que, palabras textuales: "Crie en definitiva a un inútil, que diseño un plan y no se le ocurrió como llevar a la invitada principal a la celebración sin que ella pudiera rechazarlo o sospechar" ¿Tanto empeño tenía su padre con quizás enmendar lo que hizo o tiene otro plan bajo la manga para ella? Con ese hombre, nada se puede saber. Ahora más que nunca era una caja de sorpresas. Observo a Hikari quien afinaba unas ultimas cuerdas y a Takeru que le indicaba que todo estaba bien, la chica que se veía completamente nerviosa. Y como no, sería en honor a su amiga que tocarían ahí. Casi todos los presentes en la orquesta, al enterarse que era una pieza compuesta por Mimi. Desearon participar, sin saber tanto detalle. Muchos rostros no los conocía, otros eran familiares como el de Izumi Zoe e Izumi Koushiro.
¿Haría un buen trabajo? ¿Podría hacer un buen trabajo?
Tenía que hacerlo, era la única manera de tener una excusa del porque toda su ausencia para con la castaña, y quizás enmendarse con la presión consecuente que le hizo a ella. Aun así, no sabría lo que le diría luego del concierto o que le diría ella. Ray fue claro al decir que ella no podría realmente volver a tocar el violín, confirmar eso fue duro. Y Yamato aun tenía esperanzas que ella pudiera volver a tomarlo, pero sabría que si la extensión de aquella enfermedad era tan basta como había dicho Taichi, usar un instrumento tan completo no se lo permitiría. Quizás, piano. No tendría que pararse, podría dedicarse a melodías en especiales, él podría ayudarla. Ella era buena en esa rama también, la pregunta es ¿Le gustaría? ¿Se permitiría ingresar a ese mundo? ¿Le gustaría verla en ese mundo? Había muchas lagunas en su mente, plagando de dudas.
- ¿Todo bien?
- ¿Eh?
-Entre más nervioso estés; más lo notará la orquesta y será peor, Yamato-san- hablo con suavidad Joe Kido, quien estaba ayudando en los últimos pasos a los presentes- Sé que es tu primera vez haciendo esto y aunque la sangre Ishida corre en tus venas, debes relajarle sino la música no fluirá como deseas que lo haga.
-Es difícil cuando sabes a quien estas dedicándole esa sinfonía. Realmente, deseas que la escuche.
-Con más razón ¿No? - le puso una mano en el hombro- Se trata de Mimi Tachikawa, la persona que permite que la música la toque, no echará tus emociones a un lado, las escuchará y hará parte de ella. Solo si lo haces con una intención de impresionar, no llegarás. Ella es relajada y se deja llevar. Deja que la música toque por ti y transmita esos sentimientos que deseas enseñarle. Estoy seguro, harás un buen trabajo.
- ¿En serio lo cree?
-Eres un perfeccionista por naturaleza, Yamato-san. Aquí frente a ti hay un grupo de personas que antes no tenías ni idea que podrían estar aquí, pero lo están aquí por ella. Aun así, más importante, por ti. Y sé que también piensan lo mismo, pero no por ello te están siguiendo- se giró a verlos- Te siguen porque saben que la pasión por la que sientes por la música, puede transmutarse en muchas formas. Si te lo propones.
-15 Minutos para que empiece la función, orquestitas a sus posiciones.
- ¡Bien! Ya es la hora- le dio unas palmadas y empezó a acomodar al resto, dejando nuevamente al rubio. Se giró para ver la puerta por donde él entraría y la vería. Y algo en él se extendió, un calor se propago desde la punta de sus pies, hasta su cabeza y se alojó en su corazón, podía escuchar el badum badum susurrándole en sus oídos. A punto de estallar, el solo hecho de volver a verla, por primera vez tras aquel concierto lo emocionaba y ponía de nervios de punta al mismo tiempo ¿Qué tan deteriorada esta? ¿Seguiría siendo aquella alma de la cual se enamoró? ¿Lo apartaría ahora que hizo esta sin su consentimiento? NO. Tenía que dejar de pensar con miedo, Kido tenía razón. Mimi tocaba siempre relajada y permitía que la música se la llevará, pensar tan superficial de ella no iba a traer buenos resultados. La castaña. Su castaña. Sonreiría, él se encargaría de que eso fuera así. Esta noche, y quizá. No, no un quizás. Estaba seguro que, para siempre, él se encargaría de hacerla sonreír.
Sobre todo, lo más importante, se encargaría de llevar sus sentimientos al resto del público, tal como ella siempre ha deseado y ha hecho cuando esta frente al violín.
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-Ray ¿Pero ¿qué…?
Fue lo único que la castaña logro susurrar apenas tocaron el teatro donde Ishida tocaría, pero fueron las pancartas promocionales lo que le hicieron que empezará a hiperventilar. Si, se trataba de un Ishida, pero no cualquier Ishida. El maestre Ishida no tocaría, sería su hijo: Yamato. ¿El acaso no estaba en Suiza? ¿Qué hacía aquí? ¿Siendo un director de orquesta? ¿Dónde estaba su sueño de pianista? Ray, la acerco a la pancarta y pudo ver los nombres que ahí salían, ella conocía a varios de ellos. Incluyendo estaba Hikari y Kouji. Sintió un nudo en la garganta ¿Qué estaba pasando? ¿Qué significaba esto? Se giró con ojos ardiendo a Ray.
- ¿Qué está pasando?
-Bueno, tendremos que esperar para oírlos y saber de qué trata ¿no lo crees?
-Tu sabías, tú estabas detrás de esto ¿No es así? ¿Esto es una broma?
- ¿Una broma?
-Sí, una broma. Me das un discurso de cómo no debo huir de la música, trayéndome a un concierto donde se suponía que tocaría el Maestre Ishida, no su hijo y no nada más eso, sino sus amigos, mis amigos…- Agarro las ruedas de la silla de ruedas, intentando girar para irse del sitio, ella no podía ver un concierto de él. Le partiría el corazón, no quería que la viera en ese estado, no quería que ninguno la viera en ese estado. No quería que sintieran las repercusiones de seguir tus sueños. Quería que ellos permanecieran donde están. Donde ellos podían seguir su sueño y ella, no podría más que verlos en la distancia. Tenía que conformarse con eso. Y eso le dolía, se sentía horrible. Pudo empezar a sentir el escozor en su garganta.
-Mimi… Espera…
-Tachikawa-san- Se frenó en seco, al sentir la voz de Hiroaki Ishida. Cuando se giró a verlo, podía parecer un borrego a punto de ser degollado. El hombre venia estoico y pulido como siempre, acompañado de la que era su esposa. Sonreía de manera elegante, con aquel vestido color champagne, que aun en su edad podía resaltar las figuras y detalles de su feminidad. La pareja se acercó- Veo, y no me decepcionaste.
-Yo…- Solo podía parpadear constantemente intentando apaciguar las ganas de llorar. No podía hablarle, por alguna razón el Maestre siempre tenía ese poder sobre ella, podía articular palabras cuando se lo proponía, pero ahora. Ahorita, estaba a dos pasos de quebrarse.
-Debo decir, Tachikawa-san que mi esposo no hablo sino maravillas sobre ti- hablo con suavidad la mujer, desprendiéndose del brazo para inclinar y tomar las manos de la castaña-, y mi hijo siempre te ha dejado muy bien en alto y puedo ver porque… Es un placer, por fin conocerte.
-Mi esposa Natsuko- solo se movió para indicarle quien era la mujer, formalmente.
-El gusto es mío, Ishida-san.
-Por favor, puedes decirme Natsuko, si me lo permites- Ella solo asintió tímida, y se fijó en sus manos que eran nuevamente depositadas en su regazo- Veo que el vestido te quedo de maravilla.
- ¿Eh?
-Mi esposa, lo escogió para esta noche.
- ¡¿Eh?!- Mimi casi se asfixia, ni Ray ni la enfermera le dijeron el origen del vestido y ella, aunque se sentía curiosa, no pudo preguntar. Un sencillo vestido azul marino, estraple, con una pequeña cinturilla en la parte baja del seno color negro y adornado con pedrería. Solo le habían recogido un lado del cabello con una pestaña de perlas y unos pendientes en forma de gotas eran los que adornaban su cuello, haciendo compañía de unos brazaletes en la muñeca izquierda, donde se disimulaba las vías para su tratamiento- ¿Usted? Pero, ¿Por qué?
- ¿No es obvio? Vienes a ver mi hijo, es natural que haga esto.
-Pero…
- ¿Mimi? ¿Eres tú, Mimi? - Se giró cuando sintió aquella voz fina y suave, y sus ojos se llenaron de lágrimas nuevamente apenas reconoció la voz en su memoria.
- ¡¿Mama? ¿Papa?!
- ¡Hija! - La madre, siempre había sido melodramática, pero ese encuentro lo ameritaba. Ahí estaba su madre, de rodillas abrazando su hija y llorando por el tempo perdido y el no haber venido antes- No vinimos, porque Taichi… Tai, nos lo pidió. Por eso, cuando me dijo que debíamos venir, pensamos lo peor, fue peor cuando nos arrastró a este teatro ¿Qué está pasando? ¡Oh, Mimi! ¿Por qué no nos dijiste nada?
-Mama, yo…
-Esos temas podrán conversarlos más tarde ¿No lo creen? No debemos arruinar el ambiente. Después de todo, es un reencuentro- hablo de manera casual Hiroaki- Tenemos muchos años sin vernos, Tachikawa-san.
-Lo mismo digo, Ishida-san. Agradecemos todo lo que ha hecho por nosotros.
- ¿Eh? - Se podía escuchar suavemente la voz de Mimi algo estupefacta.
-Es lo menos que pude hacer.
-Pregunto solo por curiosidad ¿Que el Stradivarius está en perfecto estado?
-Pues, claro que lo está ¿Por quién me toma? ¿Un aficionado? - Ver a su padre, charlando con el hombre que solía infligir temor en quien le hablará de una manera tan casual y abierta, hacía que se relajara un poco, y acariciara a su madre mientras se levantaba y se unía de vuelta su esposo. Realmente, no podría decirles el por qué no los quería ahí con ella, tenerlos ahí solo significaba para ella una cosa: Que había perdido todo. Y nuevamente, ser arropada por tus padres, sin saber que camino recorrer solo serían unas enormes pesas para ella, y ella no quería arrastrar a nadie y mucho menos a quienes les había otorgado todo. El maestre le conto todo, desde la inversión hasta el sol de hoy y se sorprendió realmente al saber que fue gracias a él que pudo asistir a este instituto y, por ende, una gran parte de ella no podía rechazar la invitación que él le hacía en el concierto, le debía mucho. Ahora que sabía, pero conociendo mejor la situación que el imperturbable hombre solo lo hizo para poder engatusarla con que realmente asistiera. Sonrió al recordar que todo Ishida era manipulador. La verdadera duda era ¿Cómo se lo habría tomado Yamato todo esto? Sabía bien que la relación de su padre y él, no era de la más fina y lisa del mundo, por eso. Estaba además de endeuda, curiosa por cómo se habrá llevado todo a cabo.
-Bien, ya están por comenzar. Lo mejor es que pasemos a nuestros asientos.
La noche, estaba por comenzar. Atravesando esa puerta ella sabría muchas cosas que estaban viajando en su mente.
/
Mimi realmente estaba nerviosa, estrujaba las manos entre sí mismas, y tomaba parcialmente la tela del vestido intentando apaciguar las emociones a medida que la centraban en la zona donde ella vería el espectáculo, mejor dicho: la orquesta que Yamato Ishida estaba dirigiendo ¿Acaso había encontrado su vocación en otra rama? Todos se negaban a decirle algo, sus padres parecían también ignorantes de la situación, pero se sentían tranquilos al ver a los Ishida ahí. Mientras pasaba la multitud, pudo ver a su médico tratante y este solo le saludo agitando su mano, acompañado de dos enfermeras vestidas acorde al sitio. Desde otro punto observo al profesor Yves, conversar con Joe Kido, quienes apenas la reconocieron se inclinaron en señal de saludo, algo que solo entre japoneses era común. Mordió su labio inferior ¿Por qué había tantos rostros conocidos? A lo lejos, pudo divisar a Taichi y sintió tristeza repentina, luego incredulidad al ver a una pelirroja. Sora. Tomarlo por el brazo y ayudarlo a sentarse. Este solo movió la cabeza al reconocerla, y le sonrió solo como el sabía hacerlo. Taichi ¿Por qué estás tan lejos? Desde hace un par de días que el moreno estaba extraño y no podía entender el por qué, cuando intentaba hacerlo hablar; cambiaba el tema y le preguntaba que le gustaría comer para ser día. Se resignó, tras intentarlo varías veces y en parte se sentía triste, una parte de ella pensaba que el moreno realmente se había cansado de toda la situación en la que ella se encontraba y por eso esa aptitud, deseando encontrar alguna manera de como dejar de verla. No podía culparlo, el moreno tenia sentimientos por ella, y ella se había encargado de empujarlo. Eso era lo que quería ¿No? No arrastrar a nadie.
Aun así, verlo ahí. Le hacía sentir que no estaba arrastrando a nadie, sino que era ella la que se estaba quedando atrás, muy atrás. Quizás aquella persona, podía entregarle lo que ella no podría darle, si pudiera tocar o caminar no haría la diferencia. Sus sentimientos, estaban dirigidos a una persona. Observo la tarima y pudo notar como todos estaban de pie, al momento que la silla se acercaba aún más. Su corazón se agito, y llevo su respiración a límites que no conocía, intentaba mantener la compostura y les sonrió de la mejor manera que pudo hacerlo en esa manera.
Takeru
Hikari
Izzy
Zoe
Muchos, más.
Le sonreían estando de pie, mostrando una seguridad que no había visto en su rostro. Recibiéndola, dándole la bienvenida. Nuevamente el nudo en la garganta se hizo, y le costó tragar saliva. Mojo con suavidad sus labios, e inclino la cabeza saludando a cada uno. Observo a Ray quien le sonreía mientras la tomaba entre brazos y la sentaba, apartando la silla de rueda para hacerla más cómoda. Más bien para que yo no pueda huir. Fue lo que su mente se atrevió. Se sentó a su lado izquierdo, en conjunto a sus padres, y le sorprendió ver a Hiroaki a su otro lado, junto a su esposa.
-Todo estará bien, Tachikawa-san ¿Alguna vez, le he mentido?
Fue lo único que pronuncio, y no pudo responderle porque todos empezaron a aplaudir y las luces del sitio se iluminaron para dejar pasar a una pareja. Kouji, acompañado de su fiel violín; venía con pasos seguros, hasta posicionarse entre la orquesta indicando que sería el violín principal. Eso solo hizo que su curiosidad se centrará ahí. El boletín no decía, nombre ni de que trataría la obra. Aun así, podía ver a demasiado publico conocedor de la música reunido, quizás por ellos ¿o alguien más? No tardo en que su pensamiento se centrará en alguien más. El corazón le dio un salto, y pudo sentirlo querer salir por su garganta. No podía parpadear. Tenía tiempo sin verlo y con verlo supo lo mucho que loe extrañaba, lo mucho que realmente quería tenerlo a su lado y no podía. Lo mucho, que realmente sentía algo por algo. Lo mucho que lo amaba y lo ama.
Era la viva imagen de su padre con la postura de entrada, aun así, era natural en él algo nuevo y refrescante que solo desde que encontró su pasión se podía notar en él, algo que solo ella veía, pero ahora podía sentir que el resto del mundo lo estaba viendo, por igual. Sonrió al verlo, con emociones que no podía colindar entre ellas. Su traje de etiqueta nunca había lucido mejor, y cuando por fin estuvo en el centro y subió los escalones, dándole la espalda al público para luego girarse al mismo.
El tiempo se detuvo.
Azul y caramelo se toparon.
Y ya no había más nadie entre ellos. Cierto, la música hablaba por ellos, pero su lazo había crecido en silencio sin darse cuenta que ahora podían hablarse con la mirada. Una hablaba de determinación, devoción entera, segura y cándida, hablaba de amor y de un sentimiento que parecía desconocido, pero estaba latente. La otra hablaba de miedo, aun así, de apego y nostalgia, de un amor que no pudo ser expresado como quería y lo hacía en ese momento, por no creer que tendría otro, una emoción en done quería levantarse y salir corriendo a abrazarlo, decirle lo mucho que le extrañaba y lo necesitaba, porque si lo necesitaba. Le sonrió de manera fantasmal, y la espina soltó un chispazo que recorrió todo su cuerpo, nuevamente. Sabía que no se detendría de mirarla, pero tenía que hacerlo. Se inclinó y observo al público.
-Sean todos bienvenidos a este único encuentro. No es típico de un orquestita hablar, mucho menos el de un director, pero debido a que no soy ninguno debo tomarme la libertad. No es sorpresa para muchos la naturaleza que aquí se presenta ante esta reunión- Hablaba como un profesional, alguien que no parecía estar estudiando-, donde estudiantes, profesionales y devotos estamos reunidos por un solo motivo. En presencia del gran Maestre Ishida, quien tuvo la gran y grata expresión de hacer que este momento de llevará a cabo, solo y únicamente con el motivo de traer a ustedes, una melodía que hará que la música hable por ustedes.
Miro de reojo rápido a Ray quien sonreía aún más triunfante y dirigió su mirada al rubio frente a ella ¿De qué se trataba eso? Nuevamente, Ishida se inclinó y le dio la espalda, indicando con la mano al resto de la orquesta que podía tomar asiento. No tardo absolutamente nada de tiempo, en que una suave y brincaría melodía empezará a tocarse, el oboe se hizo presente, seguido por un suave juego de violines y cellos, acompañándolos en una travesía que se podía empezar como algo inocente, sin forma, sin textura. Como un niño empezando a descubrir lo que amaba y todo el proceso que llevaría entre tropiezos y hallazgos que llenarían de alegría. La pieza, empezó a escalar rápidamente, donde se tornaba mucho mas reveladora. Como si realmente hubiera encontrado el camino que buscaba entre tropiezos.
Pero solo basto que el violín empezará a sonar, para que los ojos de Mimi se llenarán de lágrimas, y sus manos fueran directo a su boca. Era su pieza. Su pieza. La pieza, que paso tantos meses terminando, tratando de terminar a sabiendas que no podría tocarla estaba siendo llevada a cabo de la mano de Ishida, expresada por todas aquellas personas que tenían un lazo intangible con ella. No basto tiempo para que apenas el violín principal hiciera aparición que las lágrimas ya caían sin control, el rictus de sus hombros hacia más evidente las ganas contenidas de llorar. Era una pieza cargada de emoción, Kouji estaba dándole vida a sus emociones. No, no eran las mías. Es lo que mi melodía causo en él. Le dijo una voz al sentir la imparable cuerda del violín hacerse fuerte y brillante, ya no había rastro de un Kouji perfeccionista, en donde también buscaba solo tocar la pieza. Era un Kouji, lleno de emociones, de alusiones, de deseos. Para ella, y ella lo sabía. Todos ahí.
Todos
Todos.
Querían volver su pieza una realidad, estaban haciendo su pieza realidad. Le estaban gritando sin decirlo: Tu Música nos llegó, este es el resultado. Y aun si su mente le gritaba que ella debería estar ahí, su corazón estaba contagiado y lleno de amor, ante la gran exposición que se estaba llevando a cabo. Es cierto, que la pieza debía centrarse en mostrar muchas emociones, pero era efímero. Era una simple ilusión que el violinista debía crear, las emociones que debía crear en realidad eran de…
-Superación…
Se atrevió a susurrar ante la suave revelación de lo que su propia pieza le estaba relatando, ella compuso buscando conectar todos los corazones y que así la música fuera una sola, sin importar etnia, cultura, sociedad, educación o demás entremés social. Pero solo ahora que la oía, se dio cuenta que la pieza, le estaba rogando que se superará. No, mejor dicho, que si iba a superarse. Su propia pieza, le estaba dando la lección reconfortante que no había podido oír de sí misma.
-Sí, lo lograre.
-Lo lograrás, Tachikawa Mimi.
Observo un pañuelo extendido de la mano de Ishida al momento que le dijo esas palabras, y lo tomo con seguridad y agradecimiento para limpiar las lágrimas y poder continuar viendo a la compleja, pero refrescante pieza que tenía frente a ella. Todos estaban poniendo su corazón en ella, y estaba dando sus frutos y llegando a su alma. No podía compararla con algo. No quería compararla con algo, por algo no tenía ni título. No podía ponerle un título técnico, porque la misma melodía no seguía reglas. No buscaba seguir reglas, porque en el corazón. No hay reglas, hay emociones. Y eso, era lo que estaba pasando ahí, donde el mismo sonido se multiplicaba porque no podía ser determinado por una nota. Por eso, le había costado tanto poder llevarla a la realidad, porque su mente y su música no lo podían plasmar en papel.
Aun así.
Ahí estaba.
Kouji, y Yamato, estaban haciendo su mundo, su fantasía, su meta realidad. No, no nada más ellos. Sabia ahora, que cada uno de los que estaba presente, estaban haciendo lo mismo. Cada uno conspiro para poder llevar esto a la realidad, poder traerle la felicidad que ella creía perdida tras esta enfermedad. Donde le hicieron ver, que no estaba sola y que no lo estaría. Que no arrastraría a nadie, sino que todos ellos se encargarían de servir de escalón o bastón para seguir adelante.
Porque, así como la vida, la música no se detenía. Y ella, tampoco lo haría. Ahora estaba segura, y mientras cerraba los ojos y permitía que la memoria sonora se taladrara en su cerebro, se sintió plena y sonrió ¿Cuánto había extrañado esto? Mucho. Todos tenían razón. Ella tenía el poder de cambiar, lograría superar este tropiezo y alcanzaría la meta. Porque ella se dio cuenta, que sin la música no podía vivir. Y sin la música, no viviría. Su propia música, se lo decía. En donde ya no eran notas determinadas, sino llenas de pasión llenas de metas realizadas, llenas de perseverancia. Llenas de, ella.
Todo es más fácil, si es la música la que te lo dice.
Y así era, después de mucho tiempo, se permitió volver a sonreír.
Solo como la música, podía hacerla sonreír.
Solo que esta vez, no era solo por la música, era por las personas.
Por las emociones que ponían en ello, que la hicieron despertar.
Sobre todo, porque ella encontraría la manera de estar con la música, aun sí el camino era más lento de lo normal.
Se, que lo lograré.
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Fin!, Mentira hahahah Este es el fin de este capitulo. Espero lo hayan degustado. En verdad, me costo lograr desarrollar este pedazo, no porque no supiera que hacer. Sino porque No deseaba que se viera forzado. Todos tenemos un proceso de sanación diferente. A veces unos despertamos cuando tocamos fondo, otros cuando lo que nos eleva nos da una cachetada. Este capitulo, decidi titularlo Overture, porque creo y va como anillo al dedo ya que define los nuevos caminos que muchos tomarán (Les he dado muchas pistas ¿no?)
Para quienes se preguntan ¿Cuál es la pieza? No hay, como dije es una original, pero me inspire en esta, por si desean escucharla: Brahms Violin Concerto in D major, Op. 77, Allegro non troppo
Es una de mis piezas favoritas, la suelo escuchar cuando dibujo. Espero, les sea de gusto. Consta de 3 partes, pero es la primera (dura como 24 mins) la que hizo permanente sinfonía en mi.
Muchas gracias por leerme. Ya solo quedan un par de capítulos (1-2) Para finalizar esta historia) ¿Pueden creerlo? Casi parece mentira, pero si. Este bebe terminará. Sin mas, recuerden dejar sus comentarios ¿Qué les parecio? ¿Se esperaban estos cambios? ¿Estos personajes? ¿Qué creen que Mimi decidirá a partir de este punto?
