Capítulo 19: Intermission
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Le sudaban las manos, y respiraba con una profundidad casi imperceptible. Habían sido un éxito, sin dudarlo. De eso no había duda, la gran cantidad de tarjetas en su mesa le demostraban que no solo habían hecho un buen trabajo con la pieza, sino que dirigirla había sido un éxito nato; tenía su aprobación. Aun así, a lo que más le tenía temor era a la aprobación de una persona en particular. Tenerla de espaldas durante la presentación fue un alivio, pero cuando toco saludar al público y verla ahí, todo se hizo más real. Verla en silla de ruedas, más delgada de lo que recordaba, llorando con algún sentimiento que él no reconocía lo había trastocado. Lo más amargo de la situación era, que no le miraba.
¿Habría hecho lo correcto?
Era lo que se preguntaba con constancia, si al principio era una excelente idea para agradecer todo lo que ella había hecho por él, que sin darse cuenta era más de lo que había pedido; todos decidieron ayudarle; por aquellas personas que ella había tocado en el corazón. Cualquiera que dé sin pedir nada a cambio se sentiría completamente embelesado por la gran expresión de cariño reciproco; pero existía esa parte en donde quizás o probablemente ella se moleste por tomar una pieza que le pertenecía sin permiso y llevarla a cabo. Después de todo, era su pieza y muchos artistas eran celosos a la hora de publicación, de no querer que alguien más vea lo que quizás aún siquiera este incompleto o no se sentía con fortaleza para publicarla. Volvió a secarse las manos con la tela del pantalón de vestir y a servirse un nuevo vaso de agua. Pronto volvería al público a hablarles y responder la pregunta que era obvia ¿Quién había sido el compositor? Por ninguna duda, el público podría pensar que era él, porque lo dejo claro, pero podrían pensar que es de su padre. La esperaba a ella para escuchar todo lo que tuviera que decirle, y dejarle en claro que él diría que esa pieza seria de ella y de nadie más. Inhalo fuerte por la nariz y lo soltó por la boca ¿Habría hecho lo correcto? Cerro los ojos y volviendo a repetir lo que pensó, mientras tenía un mantra respiratorio para poder calmarse.
Si fallo ahora, todo será en vano.
Aun así.
¿Hice lo correcto?
Se dio la vuelta.
-Pero, ¿Qué?...
Frente a él estaban sus padres, no solamente ellos sino la madre y padre de Mimi Tachikawa. No era el hecho de tenerlos ahí de frente; era tener de exabrupto a la persona que más amaba en ese momento frente a él. Su mirada no evito ver a esos ojos caramelo, que lo miraban con algo de temor. Podía ver que tenía la nariz roja y las mejillas sonrojadas. La hice llorar. La Pregunta era ¿Fue bueno o malo? El motivo por el cual estuviera llorando. Trago en seco, tenerla más de cerca era aún más matador.
-Discúlpanos. Nos dejamos pasar, ya que llamamos varias veces y no respondías. Espero, no te moleste Ishida-san.
- ¿Eh? No, para nada. Solo me, … Sorprendieron. Eso es todo.
El silencio reino. La castaña al sentir la vista de Yamato sobre ella, bajo la mirada y la noto jugando incomoda con los pliegues de su vestido. Observo a su madre que lo miraba con algo de pena y al mismo tiempo paciente, y solo con asentir podía saber que estaba buscando empujarlo a armarse de valor. Intentar leer al hombre a su derecha sería inútil. Volvió a fijar la mirada en los padres de Mimi. Podía ver lo dulce de ella en la mama, en sus ojos y lo amable de ella en la sonrisa del padre. Definitivamente, si eran sus padres.
-Lamento no presentarme antes. Yamato Ishida- se inclinó de la manera más respetuosa posible.
- ¡Oh! Nada que ver Yamato-san, sabemos mucho sobre ti gracias a tus padres. Nos cuentan siempre maravillas de ti.
- ¿En serio?
-Sí, mi esposo es un gran fanático coleccionista y no aguanta una ocasión para reunirse y poder hablar y ponernos al día. Aunque, no esperaba que estudiaras con Mimi- Ante la mención de la castaña, ambos jóvenes se tensaron. Yamato volvió a secarse las manos sudorosas con el pantalón ¿Desde hace cuánto sudaba así? Nunca que el recordase. Se rasco la nuca, desviando la mirada apenado; solo basto mirar de reojo a la castaña para saber que nada de lo que diría, ofendería a esa pareja y ni él se sentiría menos.
-El profesor Yves, nos juntó debido a mi falta de pasión en mis piezas. Algo, que a su hija siempre le sobra.
-Mimi siempre ha tocado con pasión, aun en los días cuando se enfermaba nunca faltaba escuchar una pequeña nota musical en el cuarto…
Le agradaba escuchar esas palabras de su madre, pero podía sentir ese deje de tristeza ante quizás el lastimoso recuerdo de que su hija quizás le quede muy poco tiempo, si es que ya no lo acorto. De tocar, y desbordar esa pasión que ellos amaban, y siguen amando. Observo a la castaña, y podía sentir lo que ella deseaba hacer en ese momento. Y era llorar, por el cruel destino que la vida había puesto como obstáculo.
La habitación volvió a tensarse. Un carraspeo atrajo la atención de todos.
- ¿Qué les parece si los dejamos a solas? Mimi nos pidió traerla y estoy seguro que ellos tienen cosas que hablar que nosotros como padres no podrán hacerlo. Con tanto parloteo no creo que pueda hacerlo- hablo tan directo como siempre Hiroaki, los demás asintieron dándole la razón. El rubio solo podía ver como los padres se despedían de la joven y su padre solo asentía para darle a entender que les darían su espacio. La mente de Yamato gritaba que No, que no los dejaran solo, pero su corazón le decía que era lo que debía pasar. Si ella estaba molesta, era mejor que se lo dijera en privado.
No quería mirarla, no por el momento hasta obtener un poco más de fuerza de poder hablarle.
Fue el sonido de la silla de rueda lo que atrajo su atención y con la mirada en el suelo observo el borde del vestido, los pies de ella y parcial de la silla de rueda, frente a él. Trago en seco y su saliva se congelo.
-El gran Yamato Ishida, tiene las agallas de tocar frente a una gran audiencia, pero no puede ver a los ojos a la persona dueña de esa pieza- No había maldad o sarcasmo en sus palabras, se atrevió a subir la mirada y solo observarla sonreír con suavidad hizo que toda tensión en sus hombros se descolgará y pudo empezar a respirar de nuevo. No dudo en inclinarse, hasta ponerse de rodillas frente a ella. Sin importar que el traje se arrugase.
Solo ella sabía cómo romper el hielo, y hacerlo salir. Era ahora o nunca.
-Eso es porque la persona que más quería que oyera, está justo frente a mí. Cualquiera se pondría nervioso
- ¿Esa es única razón? - Ahí estaba, esa sonrisa pícara que solo ella sabía darle. Aun…
Aun después de todo…
-Sabes que no…- Tomo las manos de la castaña, sin saber que más decir y las apretó con suavidad, verla y tocarla hacia que se volviera aún más real, esas crueles sensaciones de que ella. Quizás ya no, podría volver a tocar el violín. Era una tristeza que no pudo evitar sentir el gran nudo en la garganta que empezaba a empujar las lágrimas hacia afuera. Inclino su cabeza para tocar su frente contra las manos de ella. El contraer sus músculos para evitar llorar, hizo que las manos de ella lo rodearan.
Después de todo, aun en el estado que estas… Tú…
-Al principio estaba molesta… Muy molesta- podía escucharla, era preferible eso y ambos lo sabían. Ella, era muy expresiva y entendía que el mundo estaba lleno del Ying y Yang, donde Yamato, no era expresivo y le costaba abrirse. Aun si se trataba de ella, le dolía hablarle por lo cruel de la situación-… Pero fue tu música, mi partitura. Lo que expresaban, que hizo que… Que entendiera… En mucho tiempo… Que podía volver a sonreír, a ver una salida… Ya no estoy molesta… No por eso, …
-Mimi… - Intento ponerse de pie para hablarle, pero solo una apretada de sus brazos le dijo que también le estaba costando hablar, el inhalar aire corto por la nariz floja que empezaba a gotear, la delataba.
-Aún estoy molesta, contigo… ¿Por qué?... ¿Por qué no te fuiste?
Aun así, después de todo, tú me sigues cuidando…
Tomo con suavidad las manos que lo rodeaban, y levanto la cabeza para verla llorar, su labio inferior temblaba y hacia un ligero puchero, mientras su nariz se ponía aún más roja. Verla llorar, era lo que menos le gustaba de ella. Junto sus manos, y las beso, para bajarlas y tomar su mejilla mientras la limpiaba con su pulgar.
- ¿Cómo pretendes que me vaya, al saber que lo más importante se quedaba atrás?
Pero ya es hora…
-Yama…
- ¿Cómo pretendes que me vaya? Cuando la razón por la que logre todo eso… Ya no podría… Ya no podría- Trago ante el nuevo nudo de no poder decirlo, y nuevas lagrimas recorrían el robusto rostro-Entiendo que no me lo hayas dicho, cuando aún había tiempo… Porque sencillamente eres una cabezota que piensa en otros menos en ella, pero no entiendo porque ocultarlo cuando ya no había vuelta atrás.
-Yo no quería… No podía…
- ¿Crees que aquel sitio sería un buen lugar para mí, cuando mi pasión se quedarán enterrada aquí?
-Yama…
-La música está aquí contigo, sin ella… No me queda más por tocar, ni Chopin, ni Mozart me llenarían. Cuando tú la has llevado a un nivel trascendental, unilateral, universal.
Pudo ver más lagrimas salir de sus ojos caramelo, aun así, pudo notar una suave sonrisa.
Seré yo… Quien ahora te cuide.
-Pero yo, no podre…
-Encontraremos la manera…
-Tu beca.
-Encontrare otras…
Me arrepiento es de no haberme dado cuenta antes… Pero, …
-Solo te atrasare.
-No necesitamos correr…
- ¿Qué tal sí?... Te das cuenta que ya no quieres estar conmigo y te arrepientes de todo.
-Ni que pierdas cabello, ni te salgan arrugas, o se te caigan los dientes, es más ¡Podrías ser hombre! Y estoy seguro que no dudaría de gritar que, aun así, te amo.
-Me… ¿Me amas?
Podía ver su pokerface palpable y tangible, y eso solo causo que el rubio riera y todo el resto del peso que sintiera, se terminara de levantar. Pego su frente de la de ella, y le sonrió. Ambos con lágrimas en los ojos, con mocos en la nariz, con las manos entrelazadas. Sintiéndose quizás más ligeros.
-Sé que no soy bueno expresándome Mimi, pero puedes mirarme y saber que… Te amo, y estoy seguro que siempre será así.
-Pero…
-No tienes que amarme ahora, me conformo con que estés a mi lado…-Sabia que no debía presionarla, se sentía feliz de solo tenerla ahí. Sabía que ella aun buscaría la manera de apartarlo, se tomaría todo el tiempo del mundo para hacerle saber que no se iría a ningún lado. Sabía que tenía miedo, y él se encargaría de espantar esas emociones todos los días. En un rápido movimiento, la tomo en brazos y tan ligera como una pluma la levanto con su pequeño grito de parte de ella- Ya no podrás escapar de mí, figurativamente.
Ella golpeo su pecho, ante el comentario. Y fue su pequeña risa lo que hizo que viera que todo lo que necesitaba era eso, la atrajo más hacia él y solo basto que ella lo rodeara con sus brazos y le susurrara para atreverse a besarla de nuevo.
-Pero Yama… Sé que no tengo que amarte ahora, y es porque ya lo hago, desde hace mucho…
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Había fallado su prueba, por primera vez.
Por primera vez, Taichi Yagami había fallado una prueba de arte culinaria. Y nada podía sentirse más frustrante que eso. Había pasado varios días planeando, entre prueba y error. Aun así, su mente estaba en otro lado. Claro, que ese lado tenia nombre y apellido. Y era más que todo porque lo traía confundido.
Miro el techo de su cuarto, y suspiro. Ya habían sido un par de meses desde la orquesta, un par de meses desde que Mimi y él habían hablado y dejado muchas cosas claras, después de todo; el solo fue el caballero, un caballero nunca se quedaría con la princesa. Ella tenía su príncipe y por más que pensará en odiar a Yamato, no podía. El rubio hizo lo impensable desde su ángulo para poder sacar a la castaña de la depresión que ni él con todo el tiempo que tenía conociéndola pudo hacerlo. Nadie podía competir contra ello y eso, le dolía y aliviaba. Saber que Mimi había encontrado a alguien que la cuidaría con la misma pasión con la que él lo hacía. Claro, el hecho que Yamato le cayera muy bien, no lo salvaría si hacia sufrir a la castaña. Y nuevamente, esa no era la fuente de su confusión. Era otra, una cabellera roja y una tez suave a color canela. Sora Takenouchi.
Hacía poco, la mujer volvió a declarársele y él, no sabía cómo responderle. Ella solo sonrió y le dijo que esperaría lo que fuera necesario hasta que él viniera en claridad. Tras eso, las sesiones, los encuentros que tenían; no podría decir que eran extraños. Se podría decir que eran más íntimos. Ella se encargaba de limpiar, curar y proteger cada herida que ese caballero recibió ante la batalla que fue la enfermedad de Mimi; se encargaba de susurrarle suaves palabras de arrullo para ayudarlo a dormir cuando su mente estaba en el cómo hubiera sido si…, había podido empezar a volver a cocinar con el paso del tiempo.
Pero fue lo que ocurrió la noche anterior, del día de su prueba lo que quizás causo que fallara el día de hoy. Su curandera, esa pelirroja le había dicho que quizás debían darse un tiempo.
-Tu corazón solo tiene espacio para una persona y hasta que no decidas dejarme entrar. Lo mejor es que me haga a un lado, porque… Aunque yo puedo curar tus heridas, no hay nadie que cuide las mías. Por más fuerte que sea, por más que te amé. A veces lo mejor es dejar ir.
La pregunta era: ¿él quería dejarla ir?
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-Entonces… ¿Si lo hará?
-Sí, justo acabo de terminar una conversación con él. Está seguro de su decisión.
-Entonces… Debes estar feliz ahora que escogió ese camino
La pareja sorbió el té que tenían frente a la pequeña mesa, en una suave habitación decorada con instrumentos y piezas de porcelana.
-No, estoy feliz porque al fin tuvo la voluntad de conseguir algo que le dará sentido a su vida.
- ¿Hablan de Yamato-kun?
Entro una segunda pareja sosteniendo una bandeja llena de dulces. Ambos asintieron y colocaron las tazas en la mesa para ayudar a abrir espacio.
-Realmente, fue sorprendente ver el cambio que mi hijo tuvo, gracias a su hija.
-Para nada- rio alegremente Satoe Tachikawa ante el comentario, haciendo un movimiento de mano para que evitara avergonzarla-, fue Yamato-kun quien ayudo a nuestra hija. Aunque no sepamos qué camino tome, sabemos que solo entre músicos lograrán conseguir lo que cada uno busca. Y sé que el camino de ella, tendrá que ver mucho gracias a él.
-Estamos muy agradecidos, en verdad. Criaron a un excelente músico.
-No… Más que eso- hablo con firmeza Hiroaki, mientras carraspeaba y tomaba una galleta para distraer al público mientras comentaba lo siguiente- Criamos a un excelente hijo.
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-Debes tomar las notas más altas, Kouji. Te estas rezagando en la última parte- hablo de manera casual un hombre mientras ponía más leña en el fuego, desde la parte más fría de Suiza. Mientras que el violinista volvía a escuchar y se ponía en una nueva posición para empezar a tocar.
-Entiendo, sensei.
-Ray, … Llámame Ray. Hemos hablado de esto.
-Sí, Ray.
El violinista empezó a tocar y el hombre solo pudo ver reflejado a un lejano recuerdo cuando una castaña había empezado por ese mismo sitio, para encontrar su camino. Observo el pequeño cuadro fotográfico que sostenía la repisa encima de la chimenea, donde se podía ver a la misma mujer que estuvo hace un par de años aquí mismo, sonriendo suavemente en una silla de ruedas; otorgándole la V de victoria. Que le indicaba, que lo intentaría y él, estaba seguro que lo lograría. Sea cual sea el camino que decida tomar.
Mientras, se enfocaría en este joven. Recomendado por Yves. Aunque siendo sincero, aun si lo recomendaba lo habría tomado bajo su manto, tras verlo en aquella presentación de orquesta pudo notar algo que antes no había notado en él. Esa pasión por querer darle más significado a su violín, que solo ser escuchado. Y ya con eso, era el paso que necesitaba para saber que sería mejor, de lo que muchos veían en ese momento.
Por los momentos, ese era su visión. Ayudarlo a ser mejor, pero muy dentro de su mente algo le decía que aquel japonés, sería no solo una pieza clave para la música del mañana, sino una pieza clave para una persona en particular.
-Volviste a decaer, empieza desde el principio.
Solo, que… Quizás me tomara más tiempo de lo planeado, pero lo valdrá. Estoy seguro.
Sonrió.
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Yamato empujo la silla de ruedas por los pasillos del instituto. Ella repasaba unos papeles que tenía en mano y los pasaba uno atrás de otro de manera nerviosa. Aun sin verla podía saber que ella se estaba mordiendo los labios del estrés. Los presentes en el campus, pasaban y saludaban a la pareja. Verlos juntos para muchos fue una sorpresa, pero fue el cambio en el que cada uno tenía lo que se volvió la comidilla del instituto.
La gran violinista Mimi Tachikawa volvía por los pasillos en silla de ruedas. Ciertamente, sus profesores no dudaron en recibirla, alabándola por la pieza que escucharon en reciente; pero lamentaban no poder volver a escucharla desde las propias manos de la joven. Había salido recientemente del hospital, con dada de alta bajo el cuidado de un familiar cercano. A regañadientes de Mimi, Yamato logro convencer a sus padres de volver y que él, en compañía de Taichi y Hikari se encargarían de cuidarla. Después de todo aun le quedaba mucho por hacer en el instituto.
Luego estaba el gran Pianista Yamato Ishida, que con el debut sorpresivo que hizo, causo que muchos de los presentes de preguntarán que destino definiría a una persona tan perfecta. Es cierto, Yamato resaltaba en todo lo que se proponía y parecía que el dirigir no era por lo menos.
- ¿Estás seguro de esto?
- ¿Por qué no habría de estarlo?
-No me respondas con preguntas, Yamato Ishida. Sabes que no me gusta.
-Está bien, está bien… Estoy seguro…
-Pero, tu destino, tu vida. Siempre giro frente al piano…
-Mi vida giro frente al piano, para poder llegar a este punto, Mimi.
-Pero…
-Nada de peros, estoy seguro. Seré conductor de orquesta.
Gracias a ti, se mi valor en el mundo… Esto es solo un paso, para ayudarte a que veas tu valor en el mundo.
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Hemos actualizado! Yey!
He de informar que ya estamos a 1 cappitulo de finalizar! Si, 1. Será el epilogo. ¿Qué les ha parecido este capitulo? Esta a punto de terminar y ha sido una gran aventurita que salio con solo escuchar una pieza. Se que me tarde mas de lo normal y no tenia este proposit, pero espero haya valido la pena su esfuerzo en leer esto y lo hayan disfrutado.
Y si, en este capitulo no hay sinfonía. Se llama Intermision por algo. Para el gran final.
Dedicado a mis MimaLocas. Que han estado ahí para mi, y bueno. Son como muchos en este capitulo, un camino que me ayudará a ver el futuro.
