Capítulo Final: Requiem.
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"Atención a todos los pasajeros, en breves minutos estaremos aterrizando. Por favor, abróchense los cinturones, retraigan las mesas reclinables y pongan en posición vertical sus asientos. A partir de este momento, el uso de celulares, aparatos electrónicos y el sanitario quedan fuera de servicio-"
Yamato cerro la laptop que tenía frente a él, y acomodo su asiento. Tocando la base de su nariz respiro algo cansado. Había estado en un vuelo de 12 horas. Su gira por Asia había terminado y ahora regresaba a Paris tras un par de semanas fuera. Estaba ansioso por volver, sabía que el tiempo lejos era relativo y era necesario, pero no podía pasar mucho tiempo sin estar lejos de ella. Lamentablemente, debido a que eran muchos países le tomo más tiempo de lo esperado. Pero aun, no pudo acompañarle, claro; debido a otras cosas.
Solo a Takeru le comento que había tenido un poco de recaída y se encontraba deprimida. Razón por la que se negó a salir del hogar que ahora compartían y razón por la que le pidió al hermano menor que velara por su violinista. Las piezas que Mimi componían, siempre. Y es que cuando uno dice siempre, terminaban haciendo romper en llanto a las personas. No era porque todas eran tristes, sino porque eran piezas que te ayudaban a encontrarte con tus emociones y las hacia explotar. Muchos compositores le pedían que el tocara sus piezas en la orquesta, pero él se negaba diciendo que exclusivamente solo tocaría las de su pareja.
Las revistas lo llamaban La pareja de oro.
En línea, eran trend en el mundo de la música.
Mucho había pasado desde ese concierto de orquesta que cambio su vida, pero estando con Mimi pareciera que le tiempo se detenía para poder disfrutarlo aún más. Para su sorpresa, su propio padre pidió tomar a Mimi bajo su ala y enseñarle todo lo necesario sobre el arte de componer orquestas y que dispondría todo a su alcance para sacar su potencial. No esta demás destacar que la castaña se negó al inicio indicando que ya él y su familia habían hecho mucho por ella, pero tras manipulación y rogar un poco, termino aceptando. Es por eso, que él era exclusivo de ella. No deseaba, sino que ella misma encontrara su lugar. Tal como él ya lo había logrado. Sabía que, si otros empezaban a pedirle piezas a Mimi o si él mismo empezaba a aceptar otras piezas, ella sentiría que se estaba estancando. Claro, su virtud era nata y todo lo que salía de su mano era comparado con grandes compositores. Aun así, Mimi buscaba su lugar. Sabía que el tiempo diría todo a su ritmo. Aun si era lejano y estaba lleno de tormentos.
Había noches en donde él se levantaba escuchando suaves sollozos, y podía ver a la castaña con solo abrir un poco su puerta encorvaba en su silla de ruedas con ese violín en mano. El mismo que no pudo volver a tocar, hasta el sol de hoy. Para luego querer lanzarlo lejos pero nunca tener la voluntad, dejarlo caer al suelo y maldecir a sus piernas, a sus manos, a su enfermedad. Él sabía que era esa frustración, de amar tanto algo y no poder expresar lo que realmente sentías. Le partía el alma verla de esa manera. Le partía el alma saber que por más consuelo que le otorgaba no podía darle la calma que ella misma debía buscar. Solo quedaba esperar a que ella se calmara para buscarla y susurrarle suaves palabras hasta que ella se quedaba dormida y esperar un mejor mañana.
Luego había momentos de alegría, donde ella escuchaba las piezas que escribía vibrar en las paredes, y llenar un auditorio completo, llenar el corazón de las personas y, por ende, el de ella. Era ahí cuando se podía percibir en ella a una Mimi completa y feliz. Charlaba animadamente con los demás presentes y hasta reía y se sonrojaba cuando hacían alusión a su relación o que otra orquestita se la llevaría si no tenía cuidado y ella atacaba luego con comentario pícaro que descadillaba al que lo recibía y hacia reír al público presente. Esa era la Mimi que él conocía y la que sabía que aún existía gracias a pruebas como ello, y por eso aun hacia lo imposible para que ella encontrara su camino.
Tomo la maleta, y camino hasta la salida. Observo un cartel con su nombre, y saludando con solo asentir su rostro, el chofer tomo su maleta y lo dirigió al vehículo que le esperaba. Muchos que vieran la escena pensarían, que realmente se trataba de la versión joven de Hiroaki Ishida encarnada, pero Yamato tenía algo más que el público podía percibir, y era una pasión por lo que hacía. Muchos pensaban que esa pasión provenía de su sangre, pero otros susurraban que se trataba de esa misma castaña. Hasta en entrevistas muchos preguntaban sobre de donde venía esa pasión y el solo reía y decía que el mundo estaba lleno de cosas que lo llenaban de pasión para poder transmitir la música que él sentía al leer las partituras y luego saltaban a la pregunta de cuando se casaría la pareja de oro.
-Hola, si ya aterricé ¿Cómo estás? -Lo primero que hacia no era llamar a Mimi, ella pensaba que el volvería hasta dentro de una semana. Pero de vez en cuando le gustaba sorprenderla. Llamaba a su hermano para saber cómo estaba todo. Se aflojo la corbata y saco el abrigo mientras escuchaba a su hermano del otro lado del audífono, pero hubo algo de esa información que lo descoloco- ¿Qué hizo que?... ¿Cuándo? Está bien, entiendo. Si, voy para allá luego de resolver algo. Saludos a Hikari.
Y colgó.
Llamo al chofer tocando el vidrio, y en su perfecto francés le pidió que cambiara de ruta por unos minutos.
No es que hubiera un problema de emergencia, pero como adulto debía sacar la espina antes que se enterrara aún más.
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-Sora, llegaste temp- ¿Yamato?
-Hola Taichi ¿puedo pasar?
El moreno asintió y haciéndose a un lado, dejo pasar al rubio. Se podía oler a comida en el horno en esos momentos. Yamato no pudo disimular una sonrisa al saber lo hogareño que se sentía el sitio y que admitía que era una de las cosas que envidiaba de Taichi. Poso sus codos en la barra que dividía la cocina de la sala y espero a que el moreno se acomodara. Lo observo pasar un paño por el hombro y secar sus manos para continuar cocinando.
-Me agarraste en un momento desprevenido, Sora vendrá en unos momentos a cenar y bueno…
-No tienes por qué explicarme nada Taichi, no vengo a molestarte por mucho tiempo. Pero si, vengo a dejar algo claro.
Vio como el castaño, dejo de amasar por un momento y suspiro resignado.
-Te enteraste ¿No es así?
- ¿Cómo no habría de hacerlo? No es algo usual que tu amigo, ande besando a su novia su propio hogar ¿o sí?
-Lo lamento…
-Escucha Taichi, solo por el aprecio que Mimi te tiene, no te ando partiendo la cara en este instante. Y si, conozco tus sentimientos por ella. Además, Mimi no es tonta y sabe que aun tienes sentimientos y aun así hace el intento para que tú te sientas cómodo con ella sabiendo como la miras al verla en esa silla de rueda.
-Yamato, espera… Déjame explicarme.
-Está bien, adelante.
Suspiro y agarrando el paño que tenía en el hombro entre sus manos, dirigió la mirada a la masa que tenía en frente.
-Como sabrás Sora, se me ha declarado un par de veces.
- ¿Qué?
- ¿No lo sabias?
-No, para nada.
El moreno rio con tristeza y agarro el paño para jugar con él.
-Pensé que, siendo grandes amigos, te lo habría dicho. El caso es que al momento que tu empezaste tus giras. Sora, pues… Se alejó, realmente se cansó. Yo no podía dejar de pensar en Mimi, no es misterio saber que estaba enamorado de ella desde hace muchos años y por ende cuando ella empezó a sentir algo por ti. No podía aceptarlo.
- ¿Estabas?
-Es a lo que voy. Con Sora, pues… Todo empezó diferente, antes era algo de despecho. Nos juntábamos por sencillamente estar juntos, pero sus sentimientos empezaron a cambiar y yo sin darme cuenta, los míos también. Por eso, cuando ella se alejó. Empecé a pensar y necesitaba saber si los sentimientos que tenía por Mimi aún seguían o no, antes de realmente atrever a dar el paso con Sora. Ya dejé que una gran mujer se fuera de mi alcance, no podía permitir que otra lo hiciera. Sin importar, las consecuencias.
-Entonces…
-Sí, la bese, pero no con intenciones de querer quitártela o intentar algo, necesitaba algo así como, una respuesta. Esta más que decir que la cachetada que me dio, tras eso fue regaño suficiente. Y ni hablar de la ley del hielo que aún me tiene aplicado como castigo, pero al igual como le explique a ella. Debía explicártelo a ti. No siento ya nada por Mimi, o al menos no como ya creía.
- ¿Amas a Sora?
- Puedo estar seguro que sea lo que sea que siento por Sora, no es despecho o confusión. No sé decirte si aún la amo o si llegare a amarla, pero sea lo que sea. Quiero intentarlo, y por eso quiero darle a entender que no hay más nadie en mi corazón. Diciéndolo en voz alta realmente suena ridículo, pero…
-Te entiendo.
- ¿Eh?
-Escucha Taichi, ya no somos niños, ni adolescentes ni estamos en la universidad. Cada uno es un adulto que tiene una carrera y una vida por delante. Puede que te haya tomado todo este tiempo darte cuenta de tus sentimientos, pero puedo decir que te entiendo. A mí me costó darme cuenta desde hace cuánto amo a Mimi y tuve que verla dejar ir, para darme cuenta de lo mucho que valía.
-Yamato…
-No puedo decir que perdonare el hecho que hayas besado a mi pareja, pero ya Mimi se encargó de darte tu buen merecido.
-Ni que lo digas, para ser pequeña y delgada tiene mucha fuerza.
Tras esos minutos la incomodad fue levantada por nostalgia y recuerdos de la infancia de Mimi y sobre su fuerza y sus gritos. La risa fue lo que lleno el lugar, sin hablar del olor a comida. Yamato observo la hora y sabía que ya debía retirarse antes que Sora llegara.
-Solo espero, que las cosas con Sora funcionen. Amigo.
-Yo también, amigo. Yo también.
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Mientras más se iba acercando al apartamento, más fuerte se podía sentir una melodía que provenía del mismo apartamento. Era un suave piano, seguido de un flamante violín. El corazón del rubio orquestita dio un salto y acelero su paso. Ese ritmo era parecido al de Mimi, se sentía apasionado, confiado y seguro. El piano era suave, sincero, pero se podían sentir algunos detalles. Solo en su tiempo libre es que Yamato hacia uso del piano, no podía olvidar los agradables recuerdos que tocar piano traían para él y Mimi le gustaba escucharlo en sus ratos libres. Sintió un nudo en la garganta ante el pensamiento de que su castaña haya podido realmente tomar el violín y tocarlo, pero al mismo tiempo su corazón volvía acelerarse al miedo de que eso acortara la salud de la misma. Su cerebro le grito que entrara y viera que pasaba, sus orejas ardían ante el pensamiento y su garganta no le permitía siquiera tragar. Poso la mano sobre la perilla y noto que la puerta estaba sin seguro, abrió rápidamente y sin dar chance a sacarse los zapatos camino a la sala central donde estaba el piano. Paro en seco, a lo que sus ojos no podían ver.
No era Mimi quien tocaba el violín, era Kouji. Y frente al piano estaba Mimi, sentada tocando suavemente. Conocía la melodía, Kouji había motivado a Mimi a ver esa serie gracias a que Ray Chan la estaba viendo, se reía al recordar cómo se conectaban a distancia para verla en línea y comentar cuando algo salía que los asombrara. Kouji se había vuelto el violinista más grande en los últimos meses, dejando en claro que su motivo era ser el mejor para unirse a la orquesta de Yamato y así poder tocar las piezas que Mimi tenía para él. Aun así, Mimi se encargó de escribirle partituras únicas para él y eso fue lo que lo ayudo a impulsarse en el mundo de la música. Verlos ahí, ver a Mimi tocar una melodía que empezaba suave, susurrante y frágil, pero iba a tomando fuerzas en el camino. Justo como cuando un fénix renacía de las llamas. Lo llenaba de alegría y ansiedad
¿Quién podría pensar que una serie como Game of Thrones Podría ser la causa de que Mimi volviera a tocar?
La melodía que estaban tocando juntos, era obvio que se trataba de un arreglo entre ambos, pero era claro que se podía escuchar Light of the seven y era increíble como sonaban juntos, ahí es donde su ansiedad se anclaba ¿Qué hubiera pasado si Mimi hubiera podido tocar el violín como siempre lo tocaba? ¿Qué pasaría si la enfermedad no la hubiera atacado? Esa era la ansiedad que lo agobiaba todas las noches que la veía llorando y con miedo a que su volver a la música fuera más deprimente que calmante. No obstante; tan solo con verla, esa ansiedad era reemplazada con alegría. Se dejó apoyar suavemente en la pared aun incrédulo. Aunque no la podía ver de frente, viéndola de espaldas le hacía saber que había una sonrisa en su rostro. Nunca lo hubiera pensado, ella sabía tocar el piano, pero sabía que no era su instrumento. Aun así, nunca hubiera pensado que podría tocarlo y a pensante era el mejor. No tenía que doblar con tanto esfuerzo los dedos y no requería de movimientos específicos para poder maniobrar con ergonomía el instrumento. Era perfecto, escucharla era perfecto. Aun en sus errores, debido a quizás el esfuerzo mental. Era perfecta. Kouji noto la presencia de Yamato y sonrió, dejando de tocar. Para inclinarse donde Mimi y susurrarle.
Esta solo se sobresaltó y giro en su puesto
-¿¡Yama!? Pero ¿Qué haces aquí antes?
Su asombro era genuino, y más su pena al verse descubierta tocando el piano, sus ojos evitaban verlo y al mismo tiempo mirarlo. Él estaba acostumbrado a veces sorprenderla de esa manera y la reacción siempre sería diferente, no pudo evitar más que sonreír. Al acercarse a su pareja, Kouji se disculpó al ver lo que podía pasar y usando excusa dijo que iría al baño. Una vez escuchado el clic de la puerta, Yamato la rodeo con sus brazos y la atrajo hacia él.
-Te extrañe. Por eso vine antes.
-Pero ¿Por qué no me dijiste? Pude haberte preparado algo de comer
-No te preocupes por eso. Solo por ahora lo que necesito es esto.
Ella suspiro y tocando su antebrazo con suavidad le dio a entender que eso era lo que ella necesitaba también. Cuando el rubio la soltó y se sentó a su lado mirando al piano por igual. Él sabía que Mimi solo estaba tocando algo lento para sentirse cómoda con el piano, pero sabía que le seguiría el reto que este le colocara. Empezó a tocar teclas sin sentido, solo buscando ver que ella lo siguiera. Sin dudarlo, sonrió algo apenada y coloco ambas manos para comprobar que lo iba a seguir. Kouji ya estaba saliendo del baño y se detuvo en el marco para observar en silencio. Yamato respiro con profundidad para darle entender que empezaría y Mimi en lo que pudo se acomodó. Yamato tocaría alto, Mimi tocaría bajo.
La castaña sonrió al escuchar la primera parte de la tonada, era una pieza cantarina y romántica, suave pero risueña. Nada más y nada menos que del compositor Gabriel Fauré, con la pieza Dolly Suite en Op 56, la primera parte llamada Berceuse Y era una de las pocas piezas del mismo compositor francés con cuatro manos en un mismo piano. Era una balada cantarina de alegría sobre el nacimiento de algo nuevo. Que iría creciendo en complejidad, pero sin dejar la sencillez que lo apartaba. En definitiva, una pieza que podía definir lo que Yamato estaba presenciando. Quizás la castaña estaba tanteando terreno, para ubicar su camino, pero estaba seguro que sea cual sea el camino que ella tomara, brillaría. Y lo haría a lo grande. Mientras tanto, disfrutaría tenerla a su lado, gozando con calma lo que Salía de sus manos y se podía escuchar en sus oídos. Una melodía que aun cuando era un arrullo de cuna y una joya escondida, se convertía en algo nuevo y vibrante, un cantar mañanero y una joya en bruto.
Mimi Tachikawa, era eso. Y mucho más.
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-Muchas gracias por hacerle compañía a Mimi, Kouji.
-El placer es mío, Yamato. Mimi es una gran inspiración para cualquiera, aun en su estado.
-Sí, lo es- Ambos hombres se encontraban en la salida de la puerta, mientras el de cabellos azules terminaba de ponerse sus zapatos. Sentado en el borde de la contra huella, Kouji miro de reojo a Yamato.
- ¿Cómo ha estado realmente?
El rubio giro para ver si la castaña no estaba en la habitación.
-Ha tenido decaídas de vez en cuando.
-Me lo imagine, al ver que no la llevaste contigo esta vez.
-Llevarla en ese estado a donde su música tocara, a veces la pone más decaída y lo que menos deseo es verla peor. Los médicos dicen que la recuperación es lenta pero segura y que quizás inclusive, algún momento vuelva a caminar. Lo más importante es que lo tome despacio y no poner tanta presión sobre su organismo.
-Ella tiene miedo de retrasarte- el rubio suspiro y camino para abrir la puerta, mientras el violinista se ponía de pie-Ambos sabemos que su talento, es lo que ha impulsado a cada uno de nosotros y que más bien sin ella, estaríamos nosotros en retraso.
-Es tan cabezota a veces, que por más que se lo diga no lo entenderá. Estoy con ella, hasta el día que muera.
-Entonces deberías proponerle algo tácito ¿No crees? Pareja de oro.
- ¿Eh?
-Fue bueno verlos, Yamato. Ya pronto espero poder tocar contigo.
-Lo mismo espero, Kouji. Saludos a tu madre y hermano.
-Así será.
Cerro la puerta y se encamino de nuevo en búsqueda de su pareja. Sin dejar de penar en las ultimas palabra de Kouji. Algo tácito ¿eh? El rubio negó sabiendo lo que quería decir y no estaba demás de informar que, no tenía que esperar a que alguien le dijera cual era el siguiente paso a dar para saber cuál es el que debía dar. El único detalle, es que… Se trataba de Mimi. Aun cuando antes conocía una Mimi fuerte, decidida y cariñosa. Había conocido también a una Mimi caprichosa, llena de miedos y tímida ante el pavor de ser una carga. Y él sabía que, si le pedía matrimonio, antes de que pudiera superar sus miedos. Solo la ahuyentaría. No es que ella lo estaba retrasando, para nada. Él había decidido ir a su paso, porque quería disfrutar y estar ahí para ella 100%. Susurro su nombre y espero a que le contestara, pero nada paso. Así que camino hasta el piano, y ahí estaba rozando las mismas, con anhelo.
-Nunca espere, que… En menos de un día pudiera tocar con dos personas tan maravillosas.
Podía sentir sin verla, como las lágrimas querían salir de sus ojos. Mas no se atrevía a caminar y llegar a donde ella.
Quisiera poder darte el mundo de maravillas que realmente quieres.
- ¿Sabes? Estuve pensando mucho. Escribir partituras ha sido una bendición para mí, pero… Siempre sentiré que algo falta. Y al saberlo, mi camino no estaba completo, no está ni siquiera trazado.
Noto como ella se ponía de perfil para poder mirarlo y noto la triste sonrisa en ella.
-Por eso, sin darme cuenta. Y con el empujón de Hiroaki-sensei, empecé a tocar este piano, que fue aquel que tantas alegrías te trajo y me di cuenta que… Mientras pueda tocar la música, no importa la forma y que tan grande o pequeño sea. Deseaba que ella vuelva a tocarme a mí. Tal como yo llego a los corazones de los demás, deseo que esa música me llegue a mi… ¿Tiene sentido?
-Sí, lo tiene.
-Siempre desde que ya no tocaba, sentía una presión aquí. En mi pecho. Y me mata. Por eso, mientras tu no estabas. Me motive, y me motive… A probarme que podía, y que aun podía sentirla tocarme- lamio sus labios y poniendo la tapa del piano, apoyo ambas manos en el asiento a los lados. Yamato iba a dar un paso para ayudarla a moverse a la silla de ruedas cerca de ella- Y apenas, la pude sentir, era como si todo empezara a encajar mejor.
Haciendo esfuerzo en sus brazos, Yamato quedo paralizado. Al ver como lentamente se iba poniendo de pie. Y se afincaba en el piano, en la música para hacerlo.
-Nuevamente fui ciega y me costó tenerte lejos para darme cuenta, porque aun tenía miedo. Miedo de que otra vez te estuviera atrasando, solo porque pensaba cuándo ya no tenga inspiración para componer ¿Qué quedara de mí? ¿Yamato y los demás seguirán ahí? - Termino de ponerse de pie y dando un pequeño paso se giró lentamente, el rubio dio otro paso al frente con miedo- Escribir música me calma, me alivia saber que eres tu quien la toca y que esa pasión sigue ahí. Me llena ver cuán abarrotados están los auditorios para verte tocar. Y aun cuando esos aplausos y esos halagos, van dirigidos a mí. No es suficiente. Por más que quiera, no puedo conformarme. Nuevamente estaba estancada y por eso no podía sonreír. Por eso no quería ir a verte tocar.
-Mimi…
-Esta nostalgia no se acabaría, hasta no tocar. Sé que quizás nunca pueda volver a tocar un violín, pero… Tengo este piano- lo acaricio con calma- Por eso, me esforcé y me motivé. No es mucho en poco tiempo, pero, mírame- Cuando por fin se pudo girar por completo, fue que Yamato pudo notar las lágrimas en sus ojos, pero había una sonrisa diferente, era una sonrisa llena de esperanza. Yamato termino de dar los últimos pasos que quedaban, para por fin poder volver a respirar y como aquella vez en donde se vieron luego de la primera pieza que ella compuso, apoyo su frente a la de ella, y tomo su rostro con ambas manos, para sonreírle- Te quería sorprender cuando llegaras, pero no esperaba que tu fueras el que me sorprendiera. Ni que yo… Terminará dando este discurso.
-No importa lo que hagas o digas Mimi, siempre me sorprenderás con cosas nuevas.
-Lamento haberme atrasado.
-No digas eso. Ambos sabemos que tú nunca podrás quedarte atrás. Y respondiendo a tus preguntas ¿Qué pasara contigo? Pues caminaras en el escenario a tocar el piano, la pieza que más quieras o quien sabe, capaz yo termine entonces componiendo para ti- la escucho reír, al fin y eso lo alivio- Pero ten por segura, que todos. Incluyéndome, estaremos ahí. Seguiremos aquí.
-Yama…
Quizás realmente sea el momento.
-Pero si aún tienes alguna duda- metió la mano en su bolsillo y saco una pequeña caja, que siempre llevaba consigo por si el momento adecuado se daba y por miedo a que Mimi encontrara la caja por curiosidad. Los ojos de Mimi miraron parpadeante sin entender lo que decía al momento que el rubio se alejaba un poco, para dar un paso hacia atrás e inclinarse para apoyar una rodilla en el suelo- Prepárate para más sorpresas entonces…- ambas manos de Mimi pasaron a cubrir su boca al tiempo que una cajita se abría, revelando un sencillo aro dorado en el-… Mimi Tachikawa. Sin ti, no hay pasión. Sin ti, no hay futuro. Sin ti, no hay música en mi vida… Sería un tonto para no darme cuenta de lo que tengo frente de mí y no dejare pasar la mejor pieza de mi vida…
-Yama…
- ¿Te casarías conmigo?
-Yama…
Lloraba, reía y podía ver como su cabeza asentía al mismo tiempo, Yamato se puso de pie rápidamente cuando observo como Mimi intento dar otro paso olvidándose de la banca frente a ella y tropezando. La atrapo en sus brazos, pero las piernas de ella aun no eran fuertes para aguantar el desequilibrio y Yamato no esperaba que su fuerza fallara en ese momento. Llevándose a la pareja al suelo junto con un taburete de terciopelo y un anillo en una caja. Aun así, en el suelo, Mimi estando encima de él. No paraba de llorar y reír, para luego gritar a los cuatro cielos la palabra que cambiaría ese momento en sus vidas.
-Sí, Yamato… Acepto. Si, sí.
Si, una noche fue suficiente para determinar lo que sería el futuro de ambos.
Si, una palabra fue suficiente para dictaminar el futuro que ambos realmente querían.
Y es como Yamato lo describía, siendo un hombre de pocas palabras logro resumir lo que sería una vida sin el otro. No importa el tiempo que tomaría, Yamato estaría a su lado y la ayudaría a encontrar su camino. Porque ella valía, mil y un cruzadas, Porque sin ella no hay orquesta que valga la pena escuchar. Sin ella, no hay pasión que lo ayude a sobresalir.
Porque sin ella…
Sin ti, no hay música en mi vida.
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FIN
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Al fin he terminado y debo decir que llore hahaha, si lo admito, no sabia como cerrar asi que deje que mis palabras me llevaran y este es el resultado. Quizas haya cosas abruptas pero no es asi. O quizás haya cosas sin resolver, pero lo importante eran ellos 2 ¿no? Lo importante era que Yamato encontrara su pasión, su razón por la cual amar la música y creo que ya sabemos que lo hizo. Haha.
Agradezco a todos los que me leyeron y espero lo hayan disfrutado. Tanto como yo.
Quizas haya un capitulo especial, todavía no lo se. No prometo nada.
En Fin, fue un placer haber escrito esto para ustedes.
