Lamento mucho la tardanza, estuve muy ocupada y más que nada no tenia ganas de escribir, a veces nos pasa, en fin, en compensación este capitulo es del doble de extención de los anteriores y el siguiente capitulo ya esta casi listo, así que quizás en dos o tres días haya nueva actualización, espero que les guste mucho y si es así, me gustaría que me lo hicieran saber, algo que me gustaría saber es que clase de teorías tienen sobre el rumbo que tomaran las cosas. Chu :)

Cuando se trata de un sueño, el tiempo y el espacio terminan anulados, no sabes cuánto tiempo has permanecido en ese lugar, ni cuánto tiempo más estarás ahí, así se encontró Dean en un paréntesis de oscuridad, como quien abre una puerta, ahí estaba Castiel esperándolo, pero sin darle la bienvenida, estaba él niño y el adulto, uno junto al otro, como quien guarda silencio al ver entrar a la persona de la que se habla.

Dean sabía que el mayor había hablado al pequeño, aunque nunca hubiera escuchado la voz de ese Castiel onírico que había decidido plantarse y adueñarse de cada minuto que pasara dormido, lo recordara o no, y cualquier cosa que hubiera salido de él había hecho enfadar al chiquillo y mientras se alejaba ofuscado, sabía que debía disculparse con él, no porque lo sintiera, sino porque algo terrible pasaría si no lo hacía, le fue imposible alcanzarlo, la mano del otro sujeto su muñeca, tirando de él con fuerza sobre humana, Dean tropezó de espaldas cayendo en el asiento del impala.

"Hijo, conduciendo de ese modo vas a matar a alguien"

"No, no, no…"

Sabía lo que venía a continuación: el coche, el accidente, tenía que salir de ahí, debía que detener a ese niño antes de que hiciera algo horrible, pero no podía moverse, el otro lo sujetaba contra el asiento por los hombros, comenzaba a sentir un tibio cosquilleo que le escurría por el cuerpo, se vio a través del espejo retrovisor, cubierto de hilos carmesí, con la garganta estaba llena de sangre que siquiera podía toser, solo dejarla entrar en su garganta, tragarla o dejarla escurrir por la comisura de sus labios en borbotones irregulares, el olor del humo, recuerdos nítidos del accidente, al mismo tiempo sabía que todo aquello aun no sucedía, pero también que ya había sucedido, que estaba en su cama y estaba durmiendo, pero eso no le importaba, porque frente a él a través del cristal y el humo vio al pequeño Castiel llevando de la mano a su madre y esa realidad era la que se superponía a las anteriores.

Trato de gritar pero no pudo, había una lámina de metal atravesando su cuerpo, sus pulmones no tenían suficiente aire,

El pequeño Castiel le observo, pero no se detuvo mientras guiaba a Mary al borde de aquella cuneta, ella avanzaba en silencio, como lo que era, un recuerdo lejano, a veces translucido, pero seguía siendo su madre, la que había perdido siendo un niño pequeño, no importaba cuanto tratara de retener las memorias de su madre, una a una se iba marchando, ya no había aroma, ni el sonido de su voz, pero creía recordarla, eso era lo peor, pasar la tarde pensando en ella, buscar la foto en el cajón, ver lo distinta que era. "Ya viene, ya viene, el accidente" y el niño la calle, corriendo, dejándola ahí, llego al otro lado, sonrió y abrió un paquete de galletas mientras las luces de un camión se acercaban, ladeo el rostro tratando de no enfrentarse a lo inevitable, siendo aún prisionero de Castiel que lo sostenía con fuerza en su lugar con aquel metal apuñalando su costado, pero no pudo cerrar los ojos, por eso su mirada se quedo clavada en su hombro, el mano que lo sostenía, en el borde de su manga embarrada de sangre, le recordaba algo… pero no estaba seguro que.

El impacto se acercaba, casi podía sentirlo, pero entonces alguien arranco a Castiel de encima.

"¡Suelta a mi hijo, retrasado!"

¿Papa? Fue un reflejo, se sujetó al cuerpo de su padre, el impacto ya venía pero estaba en su habitación, en la ventana la mañana se despereza, John había rechazado su abrazo, porque se hacía tarde, porque sabía que estaba herido y podría lastimarlo, o porque había pasado mucho tiempo desde la última vez que lo había hecho que ahora un abrazo entre ambos era incomodo.

-¿Dean, estas bien?

-¿Pa…?

-¿Estas bien?

Dean comprendió que había sufrido una pesadilla, cuando antes de irse se asomara a su habitación, como siempre lo hacía y lo encontrara retorciéndose en medio de aquella pesadilla lo despertó. No le costó mucho trabajo convencerlo de que estaba bien tras un vistazo a sus vendajes, que se habían aflojado por la noche, pero se encontraban limpios, se quedó recostado, escuchando a su padre y su hermano hablar, pero no podía distinguir las palabras. Ya no pudo dormir, la cabeza le dolía.

Sam apenas ceno la noche anterior, revisando las ventanas de búsqueda que Dean había dejado en su laptop, en parte para usarlas como una guía de búsqueda y por otra se mantenía escéptico a que su hermano no hubiera visto porno, descubrió que Dean no había comenzado buscando información sobre su accidente, si no de uno ocurrido casi quince años atrás, igualmente se trataba de una nota breve oculta entre la publicidad, en esa escueta nota se mencionaba un accidente fatal en ese mismo lugar, con una víctima de la que no se indicaba siquiera el sexo.

Dean no se había conformado con una sola fuente y había encontrado una versión más amplia, incluso con una fotografía, la que había estado observando de modo obsesivo, como si pudiera diseccionarla y arrancarle la verdad, cuando Sam llego rápidamente la había cubierto antes de que su hermano pudiera verla, en ella se hablaba de un accidente que involucraba a una mujer y a su hijo, donde el niño había salido ileso.

El menor de los Winchester no había encontrado nada extraño en aquella fotografía, porque contemplo el metal retorcido de aquel pequeño y algo destartalado vehículo estrellado contra el poste metalico, los paramédicos y bomberos que contemplaban la escena como quien sabe que ya no hay nada que hacer más que recoger las piezas rotas… en el fondo se veía a Chuck de espaldas, a su lado Castiel tomándolo de la mano, sonriéndole a un paquete de galletas.

No en esa nota encontró otras cosas, cosas curiosas que no aparecen en las noticias, pero quedan ahí, en registros que pocos se molestan en revisar, cosas que había aprendido en las películas y los libros de polis, buscas nombres, fechas, obituarios, sociales, saltando de nombre en nombre, juntándolas todas tenían sentido… y al mismo tiempo no lo tenían.

Sí tuviera que explicar la conclusión a la que había llegado: alguien había pagado por ocultar ambas noticias, no solo eso, repentinamente todos los editores y reporteros relacionados habían conseguidos mejores o peores empleos, se había colado en busca de las recetas médicas y documentos de su hermano, ninguno de los paramédicos, doctores o enfermeras que vieron a su hermano al principio aparecieron de nuevo en ellos, recordó que su padre había preguntado por el doctor, le habían dicho que se encontraba de vacaciones, podía ser una coincidencia, pero lo dudaba.

Por más que intento rastrear al responsable directo, todo lo llevaba a un nombre de un consorcio que no podía ser ligado a ninguna compañía directa, o mejor dicho, estaba ligado a demasiadas, la susodicha "Feria del píe" que hasta un día antes del accidente de Dean había sido promocionada principalmente por miembros de la comunidad fue repentinamente auspiciada por "Heaven" CEO: Carver Edlund, que parecía más difícil de localizar que el jodido Willy Wonka, la pista que decidió seguir lo llevo a descubrir que la mayoría de los edificios arrendados en el área le pertenecían, necesitaba los detalles exactos de los accidentes para descubrir que los volvía especiales, porque se habían tomado todas las molestias de borrarlos del mapa. Habían ocurrido un total de 9 accidentes en ese mismo sitio en el lapso de 15 años, él había sido testigo de tres de ellos, con toda la cobertura mediática, tomas increíbles y secciones especiales en cada noticiero, sin olvidar los: "hoy se cumple un año de la tragedia en…"

Pero a "Heaven" esos accidentes no le habían importado en lo más mínimo. Cuando escucho la alarma de su padre dio un salto hasta meterse a la cama preguntándose porque una empresa multimillonaria habría adquirido recientemente aquellos terrenos con todos esos edificios viejos, ¿Por qué ocultaba selectivamente un par de accidentes? ¿en que estaban metidos? ¿Qué otras cosas había ocultado?

Apenas estaba quedándose dormido cuando escucho la agitación en la habitación de Dean, se pudo de pie de un salto, casi comenzando a vestirse y prepararse para otra visita al hospital, fue hasta la habitación de su hermano, pero se quedó abrazado al marco de la puerta sin atreverse a interrumpir, escucho desde ahí que Dean estaba bien, trato de escurrirse en silencio hasta su habitación pero…

Piso el estúpido empaque del pie, era raro que su hermano fuera dejando su mugre por la casa, pero lo había hecho, y Sam Winchester víctima de la gravedad y el desequilibrio de su crecimiento acelerado ni siquiera pudo meter las manos mientras caía cuan largo era sobre el suelo del pasillo. Se prometía a su mismo no guardarle resentimiento a su padre por recoger el empaque roto en lugar de ayudarlo a levantarse.

-¿Dejaste que Dean saliera a comprar chatarra?

No contemplo la posibilidad de que Sam lo hubiera traído para Dean, porque Sam siempre se olvidaba de traer el pie, eso hasta John lo sabía.

-No… eso lo trajo Chuck hace unos días, para Dean.

Los dedos del mayor de los Winchester se cerraron sobre el empaque hasta volverlo una bola minúscula e irreconocible, lo tiro al cesto, menciono que era tarde y se marchó, Sam estaba seguro que o había escuchado decir entre dientes y en el tono más despectivo que jamás hubiera escuchado en su padre: "ese tipo" el chico lo comprobó, su padre y Chuck no se llevaban bien, en honor a la verdad, no era raro que Jonh no se llevara bien con nadie, pero usualmente eran las otras personas quienes lo detestaban y no al revés.

Sam se había echado de nuevo a la cama y esa vez se había quedado profundamente dormido apenas puso la mejilla en la almohada, cuando Dean le recordó desde la otra habitación que era tarde y estaba hambriento, su hermanito sin despertar le contesto que se jodiera. Dean se alegró, porque eso significaba que tenía pase libre para preparase unos huevos con jamón… en ausencia de tocino y hacerlos tan grasientos como se le antojara.

Dean no olvido aquella pesadilla, le parecía recordarla en su totalidad pero había perdido muchos de sus detalles, "Suelta a mi hijo, retrasado" se quedó rebotando en su cabeza, la mancha embarrada en sangre, la mirada resentida de Castiel guiando a su madre en venganza. ¿Por qué?

Cuando volvió a su habitación no fue para recostarse, fue hasta su armario, o mejor dicho, el doble fondo de este, una vez se había colado ahí había encontrado aquel agujero, unas escaleras estrechas y oscuras que llevaban a un piso falso que no estaba seguro si estaba uno o dos pisos abajo y entre ellos, aquellas edificaciones eran de tiempos de la ley seca, casi todos tenían bodegas y pasadizos sin sentido práctico, a menos que quisieras esconder una destilería clandestina. Solo estaba conectada a ese departamento, así que venía, en teoría venia agregada en el contrato, de compra, pero no estaba vacía, era una habitación de dos por tres metros cuyas paredes no eran más que estanterías llenas de frascos llenos de líquidos extraños en los que no quería indagar.

Nunca le había dicho a su padre de aquella habitación, ni a Sammy, porque a sus ojos aquel lugar era peligroso, y era su secreto, de escaleras metálicas y herrumbrosas, se había colado muchas veces y sabía lo que iba a encontrar, que escalones no debía pisar, ahí dentro no había más luz que su linterna y el aire estaba enrarecido, justo en el sitio donde terminaba la escalera estaba colgado aquel reloj cubierto de polvo ya solidificado. No toco nada más.

Debía ser cosa del diablo, se dijo, que aquel viejo reloj que se había quedado en las doce y cuarto por muchos años tuviera una rendija para una llave, lo sacudió, ninguna pieza suelta sonó en su interior.

Ya había llegado la hora del almuerzo y Sam seguía durmiendo. "Vacaciones" gimió el chico con la almohada en la cabeza, cuando su hermano le reprimió por seguir durmiendo hasta cerca de las dos de la tarde, Dean le dijo que lo habían invitado a almorzar, Sam ya estaba roncando otra vez, rodo los ojos, tomo el reloj que acababa de robar al antiguo dueño del departamento y fue a la librería-tienda.

Castiel no estaba en su lugar y la tienda se veía desolada, y se sorprendió haber notado primero aquella ausencia que la imponente presencia del jaguar blanco de cristales totalmente polarizados estacionado enfrente, no se veía ese pedazo de carrocería todos los días y menos en ese vecindario, no pudo evitar contemplarlo como embobalicando, aunque apenas estuvo a un paso de distancia, pudo escuchar el rugido del motor y las llantas acelerando con prepotencia, el auto no se marchó, solo cambio de acera, porque a cualquier persona que estuviera en su interior, la curiosidad de Dean lo había molestado.

Se sintió ridículo, aunque admiro el sonido limpio del motor, era una buena maquina… pero ¿qué más daba? giro sobre sus talones pensando en su precioso Impala casi en calidad de chatarra, metió la mano en su bolsillo, ahí seguían sus llaves, las sacudió entre sus dedos pensando que tal vez, debió haber escuchado a su voz interior que le decía que encargara pizza y se quedara en casa. Cuando se volvió de reojo, ya no encontró el auto estacionado.

Nadie atendió al repiqueteo de los cascabeles de la puerta, su cuerpo se estremeció, ahí dentro hacia un frio del carajo, recorrió la tienda en busca de señales de vida, el techo era demasiado bajo… y los estantes demasiado altos y sobrepoblados, había demasiados ojos de cristal observando desde casi todos los lados, y ese olor… recordaba haber leído que el aire enrarecido de las tiendas de antigüedades era venenoso, a veces incluso alucinógeno y aquella estancia le parecía más larga de lo que recordaba, la capa de polvo en cada objeto parecía la constancia del tiempo que había permanecido ahí, la verdad era que nunca había estado solo en estado solo en ese lugar como para descubrir lo tétrico que era, el sonido de todos esos relojes de cuerda y péndulo trabajando al unísono acompañaba el chirrido de sus pasos, le pareció que iba a encontrarse con el Castiel de sus pesadillas, de ojos obscuros y extraña sonrisa o a ese pequeño y vengativo de rostro ensombrecido que había matado a su madre y después se había sentado felizmente a comer galletas.

Negó con la cabeza, ¿Cómo había llegado a esa conclusión? El problema es que no la podía sacar de su cabeza, ayer lo había visto como un chiquillo raro, ahora le asustaba Castiel, no soltó sus llaves, como si fueran un amuleto al que podía aferrarse y con el alejar sus miedos.

Encontró a Castiel tendido sobre un diván de cuero rojizo en un rincón de la tienda, entre dos mesitas, una con varios penachos coloridos debajo de aquella capa de polvo, en la otra una taza de té y un plato con un sándwich de mermelada a medio comer, también estaba aquella caja cuyo contenido aún era un misterio para Dean, pero guardaba el objeto más preciado de Castiel, que no había sido aquel choncho reloj que había roto el día anterior y ahora trataba de remplazar, no se detuvo hasta llegar a su lado, porque no había podido evitarlo, comprobar su respiración, asegurarse que tan solo dormia y nada más, que solo era un chico raro, nada más, se prometió a si mismo que aquella sería la última vez que pisara aquel lugar, le daría el reloj que repondría el que había roto, y mandaría a la mierda las amenzas de Chuck sobre acusarlo con su padre.

¿Debería despertarlo? Se le veía desmadejado sobre el mueble, con una mano debajo de su cara, como si solo hubiera recostado un momento la cabeza prometiéndose solo sería un momento, con los labios resecos entreabiertos, a Dean no le pareció que su cuello y su hombro estuvieran en una posición cómoda, no lo pudo evitar, su rol de hermano mayor estaba demasiado arraigado en él, lo tomo por le mejilla para acomodarlo y en un rápido reflejo los ojos de Castiel se abrieron con sobresalto mientras su mano lo tomaba por la muñeca cortándole la circulación sanguínea.

Hay muchas cosas curiosas sobre la sangre, Dean era aficionado a esos programas de crímenes y forenses, se las sabía de todas, todas, que más que corazones delatores, podíamos contar con aquellas escurridizas células flotando en plasma para delatar todos nuestros secretos, el modo en que cuando estamos nerviosos golpea nuestro rostro, enrojeciéndolo, como una señal de peligro que estamos a punto de hacer algo idiota, fuera del cuerpo como un fluido pegajoso y escurridizo se sabe condenada a morir, y se aferra a dejar una muestra de que estuvo ahí, es difícil desmancharla de la ropa, una pesadilla en las tintorerías, se aferra incluso al mármol más liso, puedes creer que se ha ido, pero al encender una lámpara de luz negra delatara su presencia, muchas veces la prueba contundente en algún juicio, guarda también toda tu información genética, las drogas que has consumido, incluso el tipo de comida que has ingerido recientemente y quienquiera que se encargara de lavar la ropa de Castiel no se había esforzado más de lo suficiente.

La manga de su sobretodo estaba embarrada de sangre en el mismo patrón que Dean había visto en su sueño. La mancha no era reciente, era tan solo una sombra marrón apenas visible, aun así, salto frente a los ojos del Winchester payaso de la caja sorpresa.

Castiel lo soltó apenas comprendió que se trataba de Dean, pero entonces fue el quien lo sujeto del mismo modo, medio incorporándolo para ver aquella mancha más de cerca, para estar seguro que no era simplemente su imaginación jugándole una mala pasado, pero no, la mancha estaba ahí, era una verdad ineludible. También Castiel estaba ahí, tratando de zafar su muñeca del agarre de Dean.

Cuando sus miradas se encontraron, en ambos había miedo y confusión, cada uno a su modo, cada uno por sus motivos, Dean lo soltó, pensó que quizás había visto la mancha la noche anterior y su subconsciente le había jugado una mala pasada, no había otra explicación, Castiel se había replegado al sitio más alejado en el diván, estaba arrinconado y quería marcharse, no entendía porque lo había tratado de ese modo y aunque tallaba su muñeca, lo que más había dolido era la forma en la que Dean había clavado en él sus ojos, con repulsión, como si fuera un monstruo.

De ese mismo modo que lo veía su hermano mayor. No. Dean no podía verlo de ese modo, todos menos Dean.

Clavo sus ojos azules de un modo desafiante, porque estaba aterrado y trataba de leer en la mirada del otro cualquier pista que le dijera lo que no se atrevía a preguntar "¿porqué…?"

Dean sabía que debía disculparse, solo que no encontraba el modo correcto.

-Y-yo… te traje esto, sé que no se parece, no sé si funcione, no sé si es solo basura, pero es viejo y… es un reloj.

Castiel lo tomo, dándole vuelta un par de veces, no había ni una sola pisca de emoción en su rostro, ni desencanto, ni interés, solo sostenía el objeto.

Dean soltó el aire de sus pulmones, porque sentía que acababa de regalarle un pedazo de basura, Castiel se levantó dejando en reloj sobre el diván, Dean se sentó, demasiado aturdido como para poder pensar en irse, su sueño se repetía en su cabeza, el otro no tardo demasiado en volver, con un frasco de cristal lleno de llaves, se sentó al lado de Dean haciendo con el sobretodo una pequeña bolsa donde vaciar el contenido del recipiente y poder tomar una a una e intentar acomodarle en el agujero del reloj.

-Te ayudaría, pero la última vez me pusiste a hacer todo el trabajo y eso no fue justo.

Castiel no le contesto ocupado en su tarea.

-¿Cómo te hiciste esa mancha, Cass?

-Es un secreto.

-Tienes muchos secretos.

-No.

-¿Entonces puedo hacerte una pregunta difícil?

-No creo que la complejidad de una pregunta tenga relación en el hecho de que sea un secreto o no.

-Entonces puedo preguntarte si el día que tu madre… - Dean se detuvo, supo que aquella preguntar era inapropiada, pero ya no había marcha atrás, Castiel lo observo expectante. – el día en que tu madre tuvo ese accidente… tú… ¿sabías lo que iba a pasar?

-No.

-¿No?

-¿Por qué crees eso?

-Porque tú… cruzaste la calle ese día.

Castiel se quedó en silencio.

-Dean, tu no estabas ahí.

-E-eso fue lo que me contaron… ¿entonces no sucedió así? ¿no cruzaste la calle en medio del trafico antes del accidente?

-Lo hice…

-¿Por qué?

-Rompí una marioneta autómata, madre prometió que lo llevaríamos al taller cuando fuéramos por el almuerzo… pero lo dejo olvidado en el mostrador, regrese por ella.

Algo se encogió en el interior del estomago de Dean, el chiquillo que volvía por su juguete olvidado, estaba en el extremo distante del que abandonaba a su madre antes de un accidente fatal, Castiel revolvió con su dedo índice las llaves en su faldilla, soltó el aire de sus pulmones, porque no era idiota y ahora en su cabeza el comportamiento de las personas tenía un poco más de sentido.

-Dean… ¿por eso me temen de ese modo? ¿Por qué creen que sabía lo que pasaría con mi madre y yo… la deje ahí?

Dean trago saliva, quiso sonreír, pero no pudo.

-Aun si creyeran todo eso nadie podría culpar a un niño de tener miedo a… morirse.

-No la habría dejado, Dean, aun si hubiera sabido lo que estaba a punto de ocurrir no hubiera encontrado el modo de decírselo, nunca pude hablar con ella, no la hubiera dejado.

Hubo un silencio entre los dos, el niño malvado de sus pesadillas se desmoronaba ante las palabras del original, en un impulso que ni puso ni quiso evitar Dean rodeo sus hombros atrayéndolo en un torpe abrazo, Dean lo abrazo más para consolarse a si mismo que por Castiel, que permaneció en su posición, por alguna razón, Dean pensó en aquel cuento del soldadito de plomo, pero entonces el tibio monolito inamovible debajo de aquel sobretodo se recostó contra su hombro con mansedumbre, el rostro de Cass estaba demasiado cerca del suyo y sus ojos azules se habían clavado en los suyos, para Dean fue imposible detenerse ahí, su mano continuo escurriéndose hasta su cuello empujando su cabeza hasta que ambas frentes estuvieron juntas, no estaba pensando con claridad y ahora no podía culpar a sus analgésicos, quería hablarle de su madre, de Kansas y del incendio que se la había arrebatado, cuando sus labios se separaron un poco comprendió que se encontraban a menos de dos centímetros de la boca de Castiel.

Se quedó un momento de ese modo, incapaz de mover un milímetro, podia sentir sus respiración sobre su rostro, Castiel continuaba hurgando entre sus llaves, la verdad era que aquella escueta conversación era la más larga que había tenido en toda su vida, había roto su record instaurado la tarde anterior, no quedaban muchas llaves cuando Dean se alejó y torpemente volvió a hablar, alejando de su cabeza todo lo que no fuera… aquel reloj de porquería.

-Creo que necesitaras un desarmador…

-No voy a desarmarlo.

-No, un desarmador plano, como si fueras a robar un auto.

Dean siempre fue más del tipo de personas que se construían sus propias llaves, lo más cercano a un desarmador que tenía eran las llaves del impala y no medito siquiera antes de romper el abrazo para buscarlas en la bolsa de su chaqueta de cuero e intentar meterlas en la rendija del reloj con firmeza, sintió algo crujiendo en el interior, consciente de que lo había forzado, pensó que si lo había jodido, no perdía nada con tratar de girarla, escuchando el crujir de los engranajes y…

-Funciona… el hijo de puta funciona.

Dean se echó a reír nerviosamente, Cas le sonrió, en el piso superior Chuck observaba por la única ventana que no estaba tapiada el camino por el que el jaguar blanco había desaparecido, aun sostenía el teléfono en alto, no muy lejos de ahí John Winchester repasaba mentalmente las ventajas de aquella oferta de trabajo con mudanza incluida que acababa de recibir, en la acera de enfrente Hellen preparaba el primer laté de la tarde para la falsa reportera que atendía la llamada del dueño del jaguar blanco que le recordaba tenia trabajo por hacer, el frágil mundo que sostenía a Dean y Castiel juntos en esa esquina comenzaba a derrumbarse en pedazos sin que lo supieran, pero nada de eso importaba, porque el jodido reloj funcionaba.