Castiel no había tenido una mañana fácil, no hasta que llego Dean y su mayor preocupación se convirtió en conseguir la llave correcta para su nuevo reloj.

Además, había comenzado demasiado temprano, si se tomaba en cuenta que había sido de madrugada cuando se escurriera de su habitación hasta el sótano en busca de aquel libro prohibido. La verdad era que no había entendido mucho, el Kama Sutra que había enviado Gabriel no era como los que se encuentran en los kioskos o en esas tiendas New Age, era el tratado autentico, los treinta y pico capítulos sobre las relaciones amorosas y no solo las sesentaitantas posiciones sexuales, el no entendía ni pico de hindi, pero era una versión inglesa.

Leyó que la vida se dividía en tres partes, en la primera se debía aprender todo lo necesario, en la segunda se debía buscar el amor y en la tercera encontrar la iluminación, que el amor era agradable a la vista, al tacto, al oído, al gusto y al olfato ligado a un agradable contacto especial.

Se quedó un momento en silencio, una sonrisa de la que no fue consiente le cruzo la cara al rememorar el contacto de los dedos de Dean en sus cabellos o de aquel abrazo en el Punto Misterioso. Le gustaba ver a Dean, mantenerlo dentro de su rango de visión lo tranquilizaba tanto como le revolvía el estómago, escucharlo era una bocanada de alivio en su mundo de balbuceos, casi le parecía aun sentir el aroma del otro atorado en su nariz, el calor de su cuerpo… ¿pero el gusto?

Castiel entendía la mitad de lo que leía, porque se mencionaban dioses y ritos que no conocía, también metáforas que no entendía y eso lo desesperaba un poco. Entendía que había advertencias sobre el amor, que podía ser peligroso y malo, pero que era tan necesario como la comida, entonces comenzaba a hablar sobre astrología y misticismos y él no creía en nada de eso, comenzó a leer un renglón si y dos no, si no hubiese leído en la primera página aquello que deseaba saber sobre "el contacto especial" hubiera dejado de leer pensando que se trataba de un libro lleno de supercherías inútiles.

Se detuvo a leer los tipos de amores, junto el entrecejo, todos se referían a un hombre y una mujer… entonces llego al último: "El amante hombre, debe ser secreto", siempre había sido bueno para guardar secretos, no abrir la boca era lo que mejor se le daba, se detuvo justo al llegar a la parte que le interesaba. "El análisis de los abrazos". Era lo que había ido a buscar, pero ya era hora de salir de la cama, su padre se levantaría en cualquier momento y si lo encontraba ahí se enfadaría. Regreso el libro a su lugar, al menos ya sabía dónde encontrarlo y la próxima vez no perdería tanto tiempo buscándolo.

Al hacerlo tiro aquella fotografía-postal que encontrara incrustada en las páginas, era Gabriel rodeando por los hombros a una mujer morena que no parecía muy contenta, le dio la vuelta, siempre leía las cartas de su hermano si tenía oportunidad, la mayoría de las veces su padre las guardaba creyendo que a él no le interesaban.

"Varanasi es impresionante, India es impresionante, hay tantos colores arriba de tu cabeza que te olvidas completamente que saltas entre charcos de lodo, te envió algunas cosas interesantes, esta vez no hay relojes, la humedad de aquí no les hace bien a los engranajes y solo encontré falsificaciones, envió un puñado de libros, la mayoría son únicos en su tipo, ¿sabes? Encontré a una mujer que me acuso de ser un saqueador por rescatarlos del moho y los gusanos, ellos siempre encontraran en que hincar el diente y mejor que no sea en una preciosidad de valor artístico incalculable con láminas coloreadas a mano. No te envió lo más precioso que encontré, primero porque al tratar de meterla a la caja me patearía el trasero y arañaría la cara y segundo, porque no la encontré por la mañana, sé que fue a Bangkok, seguro pensabas que este hijo tuyo nunca iba a conocer el amor y no sé qué fue peor, pasar tanto tiempo a su lado sin ser capaz de decírselo o confesárselo todo y saber que por eso se ha ido, quizás para siempre. Saludos desde Bangkok."

Se quedó observando el reverso de aquella fotografía de caligrafía apretada cuyas letras se iban volviendo más pequeñas conforme se acababa el espacio para escribir. La dejo caer, como si estuviera en llamas y la flama estuviera por alcanzarle los dedos, volvió a su habitación con desgano, y se acomodó en la cama y se envolvió en sus mantas, tan solo quería dormir, pero su padre no tardo en entrar en su habitación y correr las cortinas. Porque había prometido ir a ver al doctor. ¿Tan pronto?

Chuck iba de un lado a otro inquieto, no estaba seguro si debía esperar unos días antes de llevarlo, pero la parte que había vencido le dijo que quizás aquella sociabilidad de Castiel podría ser pasajera si no la alentaba, eso no callaba la parte que le gritaba que no debía abrumarlo demasiado. Su niño… bueno, ya no era un niño. Ese era el problema y tal vez esa fuera la última oportunidad de mejoría que tenía. A Chuck no le gustaba pensar en el futuro, porque era un fatalista, y aun si viera la vida con unicornios y flores, sabría que fuera de la tienda y sin el a su lado no había nada agradable esperando por Cass.

"¿Te acuerdas de mi Cass? Aunque has crecido bastante aun te queda grande ese abrigo."

No fue hasta que se encontraba de vuelta en el taxi camino a casa que comprendía porque su primo Balthazar se había encontrado con él en aquella habitación de hotel, porque le había dado aquella libreta.

Ah… sí, Balthazar era su nuevo doctor.

"Tengo entendido que puedes hablar perfectamente pero no quieres hacerlo, no creo que eso sea verdad, esto no es culpa tuya, por eso nos quedaremos aquí sentados, si de verdad no quieres hablar conmigo, me lo dirás, serás libre de irte y no volver, pero si no puedes hacerlo, nos quedaremos aquí en silencio una hora más, te llevaras esto, me contestaras cuando puedas hacerlo y volveremos a vernos la semana próxima"

Cuando Castiel volvió a la tienda, lo hizo con la idea de que no había sido tan malo… se acomodó en su tranquilo lugar de siempre, desplegando en su cabeza complicados mecanismos autómatas que se encargaba de armar y desarmar en su mente y dejo que las horas se escurrieran entre ellos, hasta que el rugido de un Jaguar le recordó que Dean no era la única persona que sobresalía entre las demás. Dean entraba en su burbuja, estaba seguro de que si encontrara las palabras adecuadas podría explicarle cómo funcionaba su mundo de engranajes y cálculos matemáticos.

Estacionándose en sentido contrario su hermano Lucifer acababa de abrir la puerta y le sonreía desde el sitio del conductor.

-Hola, Castiel.

A su hermano le pertenecía la mano que al aparecía de la nada para empujarlo al fondo de la bañera, que presionaba la almohada sobre su cara, que presionaba en sus articulaciones, eran suyas las pesadillas que aún lo despertaban de madrugada. Castiel no recordaba por qué temía salir de casa y perderse para siempre en la oscuridad del bosque. Lucifer lo sabía, porque lo había tomado de la mano y lo había llevado a ese arrollo de aguas gélidas, sin atreverse a empujarlo, le dejo ahí para que resbalara por su cuenta, pero el niño lo espero ahí donde lo había dejado.

Cuando su madre murió y su abrazo protector se fue con ella, solo quedaron las manos de su hermano para arrastrarlo a donde a él se le diera la gana. No tuvo el apoyo ni la atención de su padre porque este se encontraba sumido en su propio dolor. Sus hermanos mayores se mudaron junto a él por una temporada, y aunque no estaba dispuesto a permitir que hicieran con él lo que le viniera en gana, podría ser callado, pero no era dócil, estaba tan acostumbrado como Nick a que el mundo girara en torno a sus deseos, pero no tenía a su favor ninguna carta, no encontró nada que evitara que Lucifer se impusiera sobre él, desbaratando con lujo de violencia todo intento de resistencia.

Un día se encontraba tranquilo con sus padres y al siguiente había demasiadas personas a su alrededor yendo y viniendo por todos lados, donde antes se encontraba su madre ahora había una estricta institutriz que lo levantaba a la misma hora y lo dejaba sobre su cama a otra, le arrastraba a jalones a todo lugar, tres veces por día le ponía un plato de comida demasiado salada frente a él y lo obligaba a asearse con el agua demasiado caliente y aun así prefería esconderse detrás de aquella mujer que sabía lo odiaba antes que ir con sus hermanos.

No tenía caso, no cuando ella lo empujaba en su dirección: "Ve a jugar con tus hermanos."

"Sí Castiel, ven a jugar con nosotros."

Se había revelado al principio, pataleando y berreando, también había sido inútil, ella nunca se compadecía de sus lágrimas, "Debes aprender a obedecer, las cosas son así ahora, puedes volcar el plato si quieres, solo te serviré una vez, aprenderás a disfrutar de tu comida o la ausencia de ella", también lo encerraba en el enorme armario de roble cuando no quería seguir escuchando sus lloriqueos, repetía frente a sus hermanos que el doctor había dicho claramente que él niño no sentía como el resto de las personas, que su llanto se trataba tan solo de un chantaje manipulador, poco a poco se permitía agregar que ese niño no era más que una carga, poco más que un animal, que no había modo en que fuera una criatura de dios, que tan solo bastaba con ver aquella mirada desafiante y fría para comprenderlo.

Quizás sabía que cada vez que cerraba aquel armario dejando la llave en la cerradura, Lucifer se colaba dentro a hacerle compañía a su hermano, después de todo, apenas la puerta se cerraba dejaba de escucharse ruido alguno al exterior.

Lucifer lo arrancaba de su burbuja de confort, le hacía notar cuan diferente y roto estaba, era el autómata desecho que sacaba de su oscura y cómoda caja para exhibirlo, sacudir sus piezas y destrozarlo más. Los golpes dolían, a veces por días, las crueles palabras de su hermano lo asfixiaban más que su mano cubriéndole la cara.

La tarde anterior en la feria cuando se creyó perdió en medio de una multitud, Dean le hizo saber que a eso se le llamaba estar asustado, que no era tan diferente a los demás, el pasado estaba lejos, habían pasado años desde aquellas tardes en las que debío someterse a la voluntad de sus parientes, ahora le bastaba con ponerse de pie, ladear el rostro tratando de ignorar a su hermano mayor y marcharse, aunque debiera hacerlo por encima del miedo que a pesar de todo ese tiempo aun generaba en él, habían pasado años, aun así prefería irse al rincón más alejado y esperar que se marchara.

La atenta mirada de su padre se levantó por encima de sus gafas desde su lugar detrás del ordenador del mostrador cuando Castiel entro a la tienda de espaldas y a tientas hasta encontrarse en su diván en el rincón más apartado de la tienda, no fue a su habitación porque sabía que Dean llegaría en cualquier momento, no quería encerrarse de nuevo, quería que Dean lo abrazara de nuevo y lo tomara de la mano para otra vez salir corriendo de algún lugar.

Chuck no le pregunto qué pasaba, porque al levantar la vista lo había visto a través del cristal, justo en el punto donde aquella B se torcía, tomo su celular.

-Ni siquiera se te ocurra bajar de ese coche.

La puerta del jaguar se cerró de nuevo, Chuck abandono su lugar detrás del mostrador solo para asegurarse que Castiel se encontrara bien mientras escuchaba a Nick sin prestarle demasiada atención, "padre, creo que malinterpretas mis intenciones, blah, blah no me guardes resentimientos blah, blah, tan solo estoy preocupado blah blah" tapo la bocina un momento.

-Estas pálido, Cass, te preparare un sándwich de mermelada… ¿Qué dices?... Claro que a ti nunca te prepare un sándwich Nick, me lo hubieras arrojado a la cabeza.

Algo de azúcar le vendría bien, se alejó en dirección a la cocina donde Castiel ya no pudo escucharlo, se dejó caer en el diván, escuchando el tic tac simultáneo de los relojes, entre su sonido omnipresente de aquella habitación. Chuck volvió con un sándwich de mermelada de chabacano con pasas, porque era el que le gustaba a la madre de Castiel, siempre se lo prepara del mismo modo, todas las pasas terminaban siempre en el plato, cada vez se prometía que no las agregaría más, aun así, las anotaba en la lista de compras sin querer, y solo lo recordaba hasta que veía a su hijo separar las dos mitades y comenzar a desecharlas una a una.

-Todo estaba muy bien con Cass hasta que te apareciste y le diste un susto de muerte…

"Unas vacaciones juntos nos vendrían bien a todos, para arreglar las cosas."

-¿Vacaciones? No necesito otras vacaciones arruinadas…

"¿Qué tal un fin de semana en un campo de golf?"

-No, la verdad es que nunca se me ha dado bien jugar al golf…

Chuk se repitió a si mismo que no volvería a poner pasas en el sandwich de Cass mientras le daba una última mirada y lo dejaba a solas.

Aquella no había sido la primera visita de Nick aquella mañana, antes se había aparecido en el hotel de Balthazar, pretender que estaba en la ciudad solo por una coincidencia del destino era burlarse de la inteligencia de las personas, siempre tuvo esa obsesión por mantenerse informado de todo lo que ocurría a su alrededor, él no tenía madera de periodista o nada por el estilo, pero tenía una nómina con varios de ellos. Pero le gustaban las reacciones en cadena.

La razón por la que estaba en la ciudad era por un incidente minúsculo que había puesto en marcha un mecanismo que podía llevar a ningún lugar.

El vistoso jaguar había estado estacionado en la parte trasera del Hotel cuando Chuck y Castiel se fueron, él se encontraba en el bar, desierto a esa hora, cuando mando citar a su primo, le sonrió a su gesto de contrariedad, le invito una copa que no rechazo aunque era demasiado de mañana. Intercambiaron algunas frases de cortesía que ninguno quería decir al otro, había un punto ineludible entre los dos, en aquella conversación, en aquella mañana de licor antes del desayuno.

-Vine a verte porque estoy preocupado, Balthazar, por mi familia, claro, tú también eres parte de mi familia, por eso sé que puedo contar contigo. Aunque hay un… distanciamiento: lamentable.

-Lo más saludable que puedes hacer es dejar que el tiempo se encargue de las cosas.

"Un millón de años, tal vez, y dejar de usar la vida de los demás como si fueran juguetes". Pero prefirió guardarse esa respuesta, en realidad si fuera por él, se ahorraría toda la conversación, prefería mantenerse lo más lejos posible de su primo y sus preocupaciones.

-Esa respuesta no tranquiliza en absoluto lo que me preocupa.

-¿Y qué clase de respuesta te tranquilizaría?

Aunque la verdad era que no le tenía demasiado miedo.

-Hace unas semanas hubo un accidente que al parecer perturbo un poco a… Castiel.

Rodo los ojos con un suspiro cansado, no, no podía llamar hermano a "eso", pero en fin, aquel asunto le había parecido una buena noticia, porque Castiel encerrado en su habitación con ese agravamiento en sus "síntomas" estaba totalmente seguro que ahora podría convencer a su padre de ponerlo donde debería estar desde el principio: encerrado en un sanatorio.

-Decidí hacer una visita, acortar los lazos, pero mi presencia no ha sido bienvenida, sin embargo… ayer, al parecer hubo otro incidente, mi padre me llamo al hotel, yo estaba muy emocionado al respecto, no tienes idea… pero lo que me dijo fue tan vago, tan confuso.

Hizo otra pausa, recordaba la llamaba, había decidido empacar y marcharse después de tomar un baño cuando el teléfono sonó: "¿Qué hiciste con él?" se sintió contrariado y ofendido, su padre lo acusaba injustamente por culpa del bastardo… no, ya no podía simplemente marcharse.

Debería agradecerle, fue su Meg quien encontró al bastardo y llamo a la policía… pero ella también le había dicho que lo había encontrado paseando con un amigo por la feria.

Castiel no tenia amigos, Castiel no se paseaba por la feria, él podía soportar la idea de un Castiel en su rincón, demasiado aterrorizado del mundo exterior, a esa marioneta rota que se pasaba las horas sentada entre el moho y el polvo. Decidió continuar ante el silencio de su primo.

-Tomando en cuenta que tomaste el primer vuelo disponible después de eso para venir aquí, no creo que lo hayas echo solo para saludar… tuve que hacerte esta visita, y preguntar ¿Cómo está mi hermano?

-Tienes razón, tome un vuelo como psiquiatra y no como primo preocupado, como es del dominio público que tienes amigos psiquiatras, debes saber que no puedo hablar sobre mis pacientes, aunque supongo que la ética no es un tema de conversación entre tu círculo de amistades.

-¿Así que ese es el bando que piensas tomar?

-Para que pueda tomar bandos se necesita de una disputa y aquí no hay ninguna. Aun si quisiera mantener una larga charla contigo al respecto, no hay demasiado que contar, apenas lo vi unos minutos. Castiel esta mejor, aunque sé que no es lo que deseas escuchar.

-¿Esta mejor? Pensé que su caso ya no tenía remedio.

-Todo tiene remedio en esta vida.

-Excepto la muerte.

Balthazar suspiro poniéndose de pie, no había ignorado ninguno de los gestos de enfado que toda esa conversación produjo en Nick, pero no le gusto en absoluto el modo en que las uñas del dedo índice y anular de su primo arañaron la mesa de caoba.

-Como lo mencionaste, acabo de llegar de un viaje nocturno de avión y quisiera dormir un poco.

-Descansa querido primo.

Balthazar regreso a su habitación de hotel, se sentía un poco mareado, estaba seguro que no había bebido tanto, siquiera se había terminado su primera copa.

No lo había vistos muchas veces, tan solo cuando se reunida toda la familia y siempre había cosas más interesantes que hacer y personas con las que hablar además que ocuparse de los niños pequeños, aunque Castiel era distinto y eso siempre hacia que tarde o temprano terminara observándolo con curiosidad ya fuera de frente o reojo, Castiel era un tema de conversación frecuente, de crueles cuchicheos, "El bastardo", "el hijo de la mujerzuela esa", "el tontito", era a vista de todos, el castigo adecuado a la vergüenza que supuestamente había traído a la familia, nunca se atrevió a defenderlo frente a sus mayores porque estos le enseñaban que debía odiarlo y a veces llego a sentirse culpable por sentir simpatía por él.

A él no le importó demasiado, Angelic, la madre de Castiel era amable con él y preparaba postres deliciosos, Ella siempre demasiado sensible a las opiniones ajenas y nunca lo paso bien estando rodeada de personas que la odiaban sin un motivo justificado. Balthazar siempre fue muy intuitivo, y buscaba el modo de consolarla, el problema era que su intuición estaba despegada de su parte consiente, lo sabía, pero no lo comprendía, no estaba consciente de ello, por eso pasaba todo el tiempo que le era posible revoloteando a su alrededor, Balthazar era el pretexto adecuado para exiliarse juntos a la cocina y más postres de los que podían comer.

La madre de Castiel había muerto al principio del verano y aunque todos la odiaban, nadie falto al funeral, más que servicios fúnebres aquello parecía una animada tertulia, nadie lloro salvo él, entonces su madre lo arrastro al pasillo le tallo las lágrimas de la mejilla con brusquedad y lo sacudió un par de veces diciéndole que la estaba avergonzando frente a todos.

Chuck se había casado con una pobre camarera, un anciano medio miope con un remolque en mal estado se encargaron de quitarla de en medio, ahora tan solo hacía falta quitar a su insignificante niño enfermo del camino, tan solo habían que encontrar un hospital donde poder olvidarlo.

Tan solo debían persuadir a Chuck… Pensaron que podrían convencerlo si le mostraban el daño que le haría a sus otros hijos "convivir con un niño enfermo", Balthazar suplico quedarse ese verano con sus primos, pensó que Castiel estaría demasiado solo y triste, que podría ser su amigo como lo había sido de su madre, pero Castiel no quería ser su amigo, no quería ser amigo de nadie.

Hubiera deseado tener valor para defender a Castiel en aquel entonces, de la cruel nana, de Nick. Con los años fue comprendiendo que aquel odio era injustificado y cruel, estaba seguro que aquel había sido el peor verano de su vida, porque incluso años después cuando pensaba en eso sentía un hueco enorme en el estómago.

Porque sabía que aquella vez que Nick tomo de las manos a su hermano al borde de la escalera de caracol y empezó a dar vueltas con él, no quería solo marearlo hasta hacerlo vomitar, de verdad quería matarlo. Si no hubiera sido porque aquel ridículo y enorme sobretodo se atoro en el borde de la barandilla que la inercia del giro lo hizo golpearse contra el borde, estaba seguro que hubiera caído por entre los barrotes desde el cuarto piso.

Había sido un cobarde pusilánime por no haber abierto el pico en aquel entonces, pero sabía o al menos eso era lo que le gustaba pensar, que de algún modo influyo en la decisión de Chuck, había pedido pasar todo el verano en compañía de su sus primos, pero al pasar de los días lo único que deseaba era estar bien lejos de ahí, cuando vio que su tío saldría, corrió tras él, suplico que lo llevara con él, no importaba a donde, así fuera esperar en el auto de un estacionamiento, donde fuera, Chuck asintió, distante y callado. Fueron juntos hasta ese sanatorio a las afueras de la ciudad, aunque la fachada era hermosa, había algo que hizo que el estomago de Balthazar se encogiera, podia sentir la ausencia de algo, quizás eran las rejas en las ventanas pulcramente limpias y sin cortinas, los uniformes blancos de los empleados, los jardines de bancas de piedra de tierra liza donde no se veía ninguna piedra, el suelo de linóleo, las puertas que sellaban todo el ruido a sus espaldas.

No pudo evitar abrazarse al costado de su tío cuando aquella enfermera le pregunto si era el "el pequeño Castiel" con esa sonrisa permanente que no llegaba a los ojos, no le gusto la falsa condescendencia de su voz, imagino que aquella mujer debería soportar toda su jornada laboral odiando su trabajo y obligándose a ser amable con los pacientes.

Chuck entro al despacho del doctor, Balthazar se quedó en la sala de espera con aquellos adornos infantiles, pero no soporto el lugar, decidió ir al jardín, se perdió en el camino, en aquellos pacillos de puertas todas idénticas, detrás de ellas había gemidos y balbuceos, cuando por fin se encontró en el exterior, ya no estaba vacío, había un grupo de cinco niños sentados en las bancas, observando el cielo o simplemente de pie, un grupo del que sin querer se había vuelto parte, resaltaba demasiado con su jeans y sudadera negra entre aquellos chicos de ropas blancas, dos de ellos notaron su presencia, la chica que se mecía en el centro del patio camino en su dirección arrastrando los pies, tiro de su manga reconociendo entre sus dedos la textura de la tela que era lo que al parecer había atraído su atención.

Cuando él le ofreció una sonrisa ella le devolvió una mirada de confusión, justo antes de que apareciera la enfermera y los separara de un tirón, preguntándole si estaba bien, si no le habían hecho daño, quizás hubiera sido la presión emocional de las últimas semanas, pero aquel sitio había tenido un efecto nefasto en él y mientras la niña se alejaba de ellos, él rompió en lágrimas un llanto hiposo e incontrolado.

"Este lugar es horrible, nadie debería vivir de un modo tan horrible."

Fue por culpa de aquel verano que decidió estudiar psiquiatría, enfocarse en la investigación y corregir sus acciones y Nick bien podría irse a la mierda, pero quizás era buena idea llamar a su tío y contarle de su encuentro, después, ahora solo quería dormir.

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Me tome unas largas vacaciones peleando con este capitulo, que viene a resolver muchas de las grandes dudas de a donde había ido arrastrando todo, Balthazar no estaba incluido en la idea original, fue un agregado de último momento, ahora, en compensación por la tardanza, es un capitulo doble y he aquí un par de curiosidades del fic... extras!

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La madre de Castiel no es un OC... le tuve que inventar un nombre "Angelic" -aplausos a mi creatividad- es el primer ángel que mato Uriel, la angelita rubia que quedo ahí bloqueando el trafico.

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Me quede sin computadora después de escribir -no publicar- el primer capitulo, en ese periodo pense: hey, que Dean viva con Sam y con Mary, Jhon y ella se divorciaron hace tiempo, ahora tiene una nueva familia y Dean tiene un medio hermanito, Adam, para que Dean se compare con Lucifer en cuanto al rol de: medio hermano mayor que no quiere a su medio hermano menor... pero cuando me dieron de nuevo mi compu, me puse a escribir de corrido y se me olvido... así que ahora me la paso especulando que hubiera pasado si...

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De esto quizás se habrán dado cuenta o no, Castiel onirico no habla porque cuando Dean soñó con el por primera vez no sabía como sonaba su voz y tiene los ojos oscuros porque Dean no estaba seguro de que color eran.

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Espero que lo disfruten y me hagan saber que opinan al respecto.