Cuando llegó a casa aún seguía sin entender por qué Biyomon la había vendido de aquella manera queriendo quedar en casa de su madre tan insistentemente aquel día. Había llegado del aeropuerto tan solo unas horas antes y Toshiko había ido a recogerla para que no tuviera que dar tantas vueltas. El vuelo había sido largo y lo último de lo que tenía gana era tener que estar pendiente del transporte público.

Había dejado a Haru en Estados Unidos, dándole un par de días libres tras todas las reuniones de aquellos días atrás, tomando ella un vuelo con destino a Los Ángeles. No podía culparla, ella de tener oportunidad también actuaría de la misma forma. El comienzo del año era una fecha en la que todo el mundo quería estar cerca de los suyos, así que no le extrañaba ni lo más remoto que en vez de volver a Tokio se hubiera ido a pasar nos días con Andrew, aunque fuera con retraso.

Dejó la maleta sin deshacer en una de las esquinas de la habitación, yendo a sentarse en la cama, cansada. No tardó en reclinarse hacia atrás, estirando la mano hacia su bolso para volver a poner el teléfono operativo y comprobar que no tenía ninguna notificación. No pudo más que arrugar la nariz en una pequeña mueca.

Hacía ya más de una semana que sabía que Yamato había vuelto pero apenas había sido capaz de hablar con él entre un problema y otro. El repentino viaje que había tenido que hacer, y que aunque hubiera vuelto parecía que estaba igualmente hasta arriba de trabajo unido a la diferencia horaria habían sido los responsables. No se iba a enfadar con él por ello, ella tampoco había estado demasiado disponible y prácticamente, salvo el día del regreso, lo único que había podido hablar con él había sido por mensajes contestados horas más tarde de ser recibidos a causa de los horarios de cada uno.

Abriendo los mensajes decidió enviarle uno y si contestaba con rapidez llamaría. Tenía ganas de poder escuchar su voz aunque fuera, habían pasado cinco largos meses ya… estaba segura de que por mucho que se empeñara su mala suerte, tenía derecho a conseguir hablar con él más de cinco minutos seguidos.

Esperó.

Esperó quedándose pendiente del teléfono sin ver respuesta alguna en pantalla, ni siquiera pudiendo ver la última hora de conexión de él. resoplando por lo bajo, acabó poniéndose en pie para ir a dejarlo encima de la mesa, donde no molestara. Ya lo intentaría más tarde a ver si tenía suerte. Ahora solo quería cambiarse de ropa, ponerse cómoda y posiblemente irse a la cama sin poner el despertador. No sonaba tan mal…

Lanzándole una nueva mirada a la maleta, acabó por acercarse hasta ella, abriéndola en el suelo para sacar de allí su neceser y su pijama. Cuando estaba sola en casa solía usar alguna camiseta vieja y algún pantalón de deporte que estuviera desgastado, pero aquella vez se había molestado en llevarse algo más decente con ella.

Se permitió pasar un buen rato bajo el agua, pensando en sus cosas, intentando relajarse de todo lo que pasaba por su cabeza, tanto laboral como personal, concentrándose únicamente en la sensación relajante que producía el agua caliente sobre su cuello. Al no tener que darse prisa alguna, cuando salió se tomó también su tiempo antes de vestirse, acabando incluso por secarse el pelo al estar en invierno. Así ganaba tiempo de dormir al día siguiente…

Echó sobre sus hombros lo que a simple vista podría confundirse con un kimono. Era uno de sus nuevos diseños, aquellos que formaban parte del proyecto por el que tanto se había esforzado. Prácticamente toda la colección se basaba en un acercamiento de los conceptos de moda japonesa a la occidental. Intentando incorporar elementos de la vida cotidiana de su país en otros.

Había tenido que empezar de la forma más comercial posible para poder llegar a poder ir dirigiendo sus pasos poco a poco al campo que realmente le interesaba y que siempre había dejado para el lado más personal de su carrera.

Ahora llevaba puesto uno de los productos de ese trabajo y aunque lo estuviera usando únicamente para estar por casa, se quedó unos segundos observándolo en el espejo. Estaba demasiado orgullosa de haberlo conseguido como para no poder evitar momentos como aquel. De un color crema muy claro, casi blanco, a la altura de los hombros descendía poco a poco mezclándose con un dibujo verde oscuro de enredaderas hasta llevar al final de la prenda. Dibujos de algunas flores típicas en tonos dorados pálidos se mezclaban con las enredaderas. Sonrió ligeramente, sin poder evitarlo, terminando de cerrarlo en torno a ella con el cinturón volviendo a acercarse hasta el teléfono.

No había respuesta.

Ya lo intentaría al día siguiente de nuevo. Decidiendo que sería buena idea cenar algo antes de irse a la cama bajó las escaleras de casa yendo directa hacia la cocina. No tenía gana de cocinar, de manera que se puso a buscar algo que pudiera prepararse rápido, revolviendo entre los armarios. Llevaba fuera varios días, no es que tuviera demasiada variedad en casa… Tendría que haberse quedado a cenar en casa de su madre…

- Será traidora – murmuró por lo bajo dándose cuenta de lo que había pasado en realidad-. Por eso quería quedarse…

Finalmente, tuvo que reírse al darse cuenta de que el motivo de que Biyomon la hubiera vendido tan rápido para quedarse con Toshiko no era porque la hubiera echado de menos esos días no, sino porque sabía que no iban a tener casi nada para usar de cena en casa. Riéndose por lo bajo se estiró para llegar a uno de los armarios superiores.

El repentino sonido del timbre llamó su atención, haciéndola fruncir el ceño y girarse hacia el reloj. No era tarde, pero… ¿de verdad? Sin estar del todo segura de si al abrir se iba a encontrar con Mimi o con Taichi haciendo revisión de que hubiera vuelto de una pieza, se acercó hasta allí, abriendo.


Había llegado a Tokio aquella mañana junto con su padre. Por fin había regresado. Lo había hecho sin avisar a nadie más de su regreso, no todavía, tenía su lista de prioridades y no quería que nadie estropeara su vuelta. De manera que cuando por fin había llegado a la ciudad se había dedicado a descansar del viaje hasta la hora en la que le habían dicho que llegaría el vuelo.

No había sido demasiado complicado ponerse de acuerdo con Haru, enterándose dónde estaba Sora y el día que volvía y la hora. Tenía una buena infiltrada a su favor, de manera que simplemente había aprovechado que sabía que ella no iba a estar en Tokio para organizarse y llegar tranquilamente. Ya se encontraba mejor y hacía días que había dejado atrás los problemas para ir adaptándose a la comida, de manera que empezaba a llevar una vida más o menos normal.

Había visto perfectamente cuando le había mandado los mensajes, entendiendo que ya estaría en casa, pero no había dado señales. Podría haber contestado y fingir no estar por la ciudad aún, pero prefirió no dar ningún tipo de señal aprovechando entonces para salir de casa de su padre ignorando los comentarios de éste sobre si tenía intención alguna de volver por allí aquí día o el siguiente. Al menos prefería esos comentarios a los de la nieta, porque luego se reía de la cara de "tonto" que según él se le quedaba y se pasaría usándolo en su contra los días venideros hasta que terminara de instalarse realmente.

Dejó todo en Tanegashima, en manos de una agencia de transportes que haría que le llegaran sus pertenencias, habiendo llevado con él una maleta por algo de ropa para los primeros días. No tenía tan siquiera planes de dónde se iba a quedar o cómo iba a hacer, de manera que se iba a tomar las cosas con calma. A él solo le importaba poder estar de nuevo allí de una vez. le daba igual tener que pasar una temporada con su padre o no, le daba igual absolutamente todo.

Llamó a la puerta, casi que notándose nervioso a pesar de haberlo hecho muchas veces a lo largo de aquellos años. Nunca había sido tras tanto tiempo sin verse, ni mucho menos tras esas circunstancias por las que habían separado. No podía evitar el nerviosismo y que se le hicieran eternos los segundos que tardó en escuchar los pasos de ella acercándose hasta la puerta. Intentó aparentar tranquilidad. Sabía que si él estaba nervioso ella no tenía ni la más remota idea de que pudiera estar allí ya, y eso lo dejaba jugar con ventaja. De manera que cuando había llamado a la puerta, sabía la cara con la que se iba a encontrar. Y no pudo más que sonreír de medio lado al ver la sorpresa en la expresión de la pelirroja.

Cinco meses, cinco largos meses. Nunca le había pasado más despacio el tiempo.

Pero por fin estaba allí.

- ¿No me vas a dejar entrar? – fue su saludo antes de avanzar un paso.

No podía evitar mantener la sonrisa de antes, divertido ante la aún por la expresión en la cara de ella, todavía sin haber sido capaz de soltar la puerta o de dejar de mirarlo con los ojos abiertos de par en par. Ni siquiera retrocedió cuando él avanzó, teniendo que frenar para no estrellarse con ella.

- Estás aquí… - fue lo único que fue capaz de articular finalmente, sacudiendo ligeramente la cabeza, volviendo poco a poco en sí-. ¡Estás aquí!

Reaccionando repentinamente soltó la puerta para automáticamente para, tal cual como podía haber hecho muchos años atrás en sus años más adolescente, echándole los brazos al cuello sin importarle tener que dar un pequeño salto para hacerlo. Por suerte para ambos, estaba esperándose algo así y no tardó en rodearla con los brazos evitando que pudieran caerse.

- Estás aquí… - volvió a repetir, ahora aprovechando para abrazarse mejor a él.


¡Uy! ¡Mira quién aparece detrás de la puerta! ❤❤❤❤

AnnaBolena04: te lo subo porque sé que estás malita y a ver si así te me pones buena ❤❤❤

Es su trabajo y ya sabemos que con eso es muy cabezona. Mejor no le preguntamos a tu mejor amigo mundial lo que pasa cuando alguien quiere meter las narices en el trabajo de doña pelirroja, pero bueno, a ver cómo se comporta el rubio cuando lo sepa. Ahora por el momento vamos a tortuguear todos muchomuchomucho porque tras cinco meses ya se han visto ❤❤ ¡Cinco meses! ❤❤

Mejórate mucho mucho y muchas muchas muchas tortuguitas para ti ❤❤❤❤

Enrique: ¿Por qué? ¿Me ves capaz de volver a emparanoiar a alguien gracias a los nervios de la señorita pelirroja con que pueda hacer una minitortuguita rubia en camino? Jajajaja Ni que yo hiciera que nuestra pelirroja favorita fuera demasiado sensible a los estados de estrés... Pero yo creo que esta sorpresa ha sido de las buenas y ha sido capaz de reaccionar a tiempo ❤❤

Vale, los tomates me los quedo, pero está avisado de que no dudaré en usarlos. Créeme, tengo muchos... me han tirado de todo ya a la cabeza ❤ ¡Un beso!

Nika: jajajajajaj tenemos lenguaje propio para entendernos entre nosotros y terminología registrada tortugosa❤❤❤

En el fondo todo este fregado ya te dije que es culpa tuya del día que me dijiste que solo faltaba ahora que Sora pudiera quedarse en Tokio... Así que ahora toca aguantarse y esperar a ver cómo sale la cosa, por dónde salen los personajes y ver cuándo se atreve a decirle algo al señor rubio. Que esa va a ser otra... Y habrá que ver cómo se toma él que después de todo le cuenten que la churri se le va un poco lejos. Así no sé cómo les irá cómo funcionarán las tortuguitas ❤❤

Ola de calor... no sé de qué me hablas... je je je je je *vuelve a ponerse el ventilador a tope porque son las 11 de la noche y hay 37 grados y 100% de humedad* TT_TT

¡Un abrazo tortugoso!