Resulto que además de funcionar, el reloj que Dean acababa de regalarle a Castiel producía un sonido extraño, "plop, plop" sin querer había agregado una nueva nota que se superponía al resto en la sinfonía de tictacs que reinaba en la tienda, su nuevo dueño, tenía aquel reloj sobre su regazo cuando aquel primer "plop" hizo su aparición apenas el Winchester soltara la llave y dejara el mecanismo funcionar, su vientre se había contraído con él, como si aquel ruido proviniera de un punto inexacto en su interior, solo estaba seguro que no era en su pecho, porque ahí su corazón retumbaba vigorosamente.

-Me gusta.

Se atrevió a decir por fin, después de un rato de observarse el uno al otro en aquel no-silencio que ya no le ponía a Dean los pelos de punta, pero hubo otro sonido que se impuso sobre los demás de un modo estridente y casi doloroso, era la canción favorita de Dean, hasta que la había usado de tono para su celular. Era Sam para decirle que su padre acaba de llamar, preguntando que deseaban para almorzar porque pensaba comer en casa.

Dean soltó una disculpa sin sentido y se marchó de vuelta a casa lo más pronto posible, Castiel volvió a quedarse solo en su no silencio, se había acostumbrado a la tibieza de la cercanía del Winchester, así que cuando se marcho el frío de la habitación se volvió evidente por primera vez en su vida, se recorrió al sitio tibio y vacío que había dejado Dean como única compañía, recargo su oído sobre la madera del reloj, aún tenía mucho sueño, pero no consiguió quedarse dormido.

Y aun cuando llego la hora de dormir, volvió a escurrirse al sótano de las cosas perdidas a leer aquel libro de pastas carmesí. Por la mañana le costó demasiado trabajo despertar, lo dolía la cabeza y se sentía más cansado que antes de acostarse.

No hubo manera de convencerlo de quedarse en su habitación donde la temperatura no era tan gélida como en el resto del lugar, Chuck pensó que en ese caso lo mejor era déjalo ir a su sitio usual donde la brisa de finales del verano era más cálida que al interior de la tienda, pero Castiel no hizo eso tampoco, por alguna le parecía curioso que nunca antes hubiera considerado que había más lugares donde pasar el tiempo pensando en todo y en nada, y el sofá del rincón donde había estado el día anterior con Dean le parecía un lugar tan bueno como el de cualquier otro.

Dean no fue al día siguiente a la tienda, ni al siguiente, la manera anhelante en que Castiel observaba en dirección a la puerta de vez en vez, girando entre sus manos su nuevo reloj viejo, dándole cuerda un clic a la vez cada cierto tiempo delataban la ansiedad que le producía aquella ausencia.

A Dean no le había caído tan bien irse de prisa, había llegado a casa tan adolorido que le costaba trabajo respirar, su herida estaba tan roja como la piel de una manzana, su padre había llegado de mal humor, Dean paso repitiéndose una y otra vez que se quedaría más tiempo en cama como debería ser y menos tiempo tonteando por ahí si no era descubierto, se recostó y durmió profundamente hasta la mañana siguiente.

Amaneció con los puntos amoratados, cubierto en una capa de sudor que lo hacía sentir más sucio de lo que en realidad estaba, quizás no lo habían descubierto, pero Jonh comento en el desayuno que no creía que fuera normal que Dean durmiera tanto y tal vez no había sido una buena idea cumplirle su capricho de salir antes de tiempo del hospital.

Dean no le contesto nada, porque una parte de él le dijo que su padre tenía razón, entonces su corazón se sacudía y una sonrisa boba aparecía en su rostro sostenida por el recuerdo de Castiel, la misma parte que le había advertido que su padre tenía razón entonces parecía darle un golpe directo en el hígado criticando aquella emoción, aplastando en el acto las mariposas, haciéndolo sentir enfermo cada vez su memoria evocaba a Castiel, aquella guerra civil entre mente y corazón volvían más evidente el dolor en su costado, volvían su encierro más oscuro y cruel y se llevaban su apetito.

Se hundió en su almohada, aquella noche no le había acompañado en sus sueños el lascivo Castiel onírico, soñó con la feria, con aquella huida fallida, con el punto misterioso, pero ya no era aquel lugar de focos fundidos y lonas desteñidas, era una de brillantes oropeles, alfombras y trajes de terciopelo, jóvenes bailarinas en trajes translucidos cargados con lentejuelas, payasos de trajes coloridos tocando en una banda de instrumentos imposibles, algodones de azúcar como telarañas, lunetas de caramelo remplazando la gravilla y el aserrín del suelo, terroríficos traga fuegos, malabaristas con dagas doradas y él de la mano de Castiel, del verdadero Castiel, el torpe de ojos azul claros, el que se maravillaba solo por sentir la tierra esponjosa bajo la suela de su zapato.

En aquel sueño todos eran felices, ellos eran todos, los demás eran tan solo imágenes de una película a la que ellos no pertenecían, como un carrousel, corriendo en círculos entre los animales de fibra de vidrio, bañados por la luz de colores.

Al despertar no eran más que recuerdos borrosos que acompañaban el sudor y el malestar general de su cuerpo, no había luces de colores, tan solo la sombra eterna de su ventana y el foco de alógeno que en realidad nunca había alumbrado del todo, la herida lucia amoratada alrededor de los puntos, se recostó de nuevo repasando su memorizado techo con todos sus desperfectos, ya sé había puesto al día con todas las películas en su lista de pendientes, pero Sam había hecho su tarea y había encontrado otras tantas, pasaron el resto del día uno viendo películas en el cuarto de Dean y teorizando tonterías, siempre terminado en el misterio de Heaven y el accidente de Dean.

Dean amaneció mejor al día siguiente, la herida no se veía tan limpia como lo había estado antes de sus correrías, pero tampoco se veía tan sanguinolenta y purpurea, lo que era bueno, esa tarde tenía que visitar al doctor para que revisaran sus puntos y de verdad esperaba buenas noticias y una parte de él le decía que no iba a tenerlas.

Sam salía a surtir la despensa alrededor del mediodía, desde que ese chiquillo estaba a cargo de alimentarlo Dean sospechaba que terminaría convirtiéndose en conejo, o algo así y aunque había una lista de la dieta estricta que debía seguir pegada en el refrigerador… todos a su alrededor daban su brazo a torcer, excepto Sam, Dean no había estado falto de golosinas y "solo esta vez y no se lo digas a nadie", pero tenia que esconderlas de ese pequeño bastardo, quizás había comido más dulces de los que debería y media barra extra de chocolate ya no podría hacerle más daño.

Cerro los ojos y se descubrió planeando que haría apenas estuviera sano, las cosas que comería, los sitios a los que podría ir, los lugares que quería mostrarle a Castiel, pensar tanto en Castiel no podía ser normal de ningún modo y estaba comenzando a desesperarse.

Dean escucho a Sam volver, se apresuró a esconder el chocolate, era el último en la su reserva, su hermanito había llegado sin la despensa, pero con una cacerola cortesía de Helen lo noto demasiado inquieto, quizás un poco preocupado, pero cualquier cosa que trajera con él tenia un aroma delicioso e inmediatamente fue a acomodarse en la mesa de la cocina.

-Dean, creo que nos mudaremos de nuevo.

-¿Qué?

-Uhm… Helen y Bobby estaban hablando de un nuevo trabajo que le ofrecieron a papá, parecía un buen trato, tomando en cuenta las cuentas que hay que pagar…- la voz de Sam se fue volviendo un susurro, antes de que sacudiera la cabeza… colocando un par de platos sobre la mesa.- pero, pero tú no puedes viajar y papá no puede dejarte solo… ¿verdad que no?

-Estoy bien Sammy.

Pocas cosas podían quitarle a Dean el apetito, y aquella resulto ser una de esas cosas, juraría hasta el hartazgo que estaba bien, incluso si su cuerpo le gritara todo lo contrario antes de tener que llevar en sus hombros que por su culpa su padre perdiera aquel empleo y mudarse no sonaba tan mal, le pareció una salida fácil, si estaba a kilómetros de distancia, quizás dejaría de pensar tanto en Castiel.

Se juró a si mismo que si lo tuviera enfrente lo golpearía, porque de ese modo se encargaba Dean de toda la gente que se atreviera a perturbar su estabilidad. Pensó en la carretera, el viento, el rugido del motor y él paisaje pasando a decenas de millas por hora bajo el sol ardiente.

Recordo a su pobre Baby en calidad de chatarra, ojala pudiera llevar su viejo impala consigo, ojala no terminara en el deshuesadero, ojala no lo desarmaran y repartieran en piezas por el mundo y aunque pensara en su coche, lo que aparecía en su mente era solo Castiel.

Odiaba al viejo miope y ebrio que se estrelló contra él, si no hubiera sido por él, en ese momento estaría en un viaje en su impala con los chicos, con Lisa al sol con cervezas, peleas de bar de carretera y no… encerrado en casa y adolorido, los chicos se habían ido sin él, nadie lo había visitado, el mundo al que Dean pertenecía lo había abandonado.

El doctor Phil, su viejo medico de toda la vida estaba ahí de nuevo, sonriente y con un bronceado que se saltaba el lugar donde habían estado sus gafas, así que sus teorías conspiratorias se fueron un poco por la borda, quizás debió preguntarse dónde estaba el médico que lo había atendido todo el tiempo en el que el doctor Phil estuvo ausente, la respuesta a esa pregunta que no se formulo era: en el quinto piso de la tienda de antigüedades, en la habitación de Castiel.

La parte positiva de tener un nuevo doctor fue que pudo mentirle con facilidad, es decir, su herida estaba "progresando" y no estaba "más amoratada que la última vez".

-Listo, hemos terminado, solo deben hacerte una tomografía y una evaluación psicológica y podrás volver a casa y nos veremos la semana entrante.

-¿Evaluación psicológica? Pero si yo no estoy, bueno, usted sabe… cucú.

-Es algo rutinario y si no estás "cucú" no tienes nada de qué preocuparte.

Y metido en aquella máquina que revisaba y fotografiaba su cerebro como si se tratara de lonchas de mortadela fue que es cucho aquella fracción de conversación.

Me hare cargo desde aquí.

Podría perder mi trabajo si alguien se entera que…

Nadie tiene porque enterarse, además, no estamos haciendo nada malo, ¿acaso no estoy capacitado para este trabajo? ¿no somos colegas tu y yo?

Dean arqueo una ceja desde dentro de aquel cigarro blanco siguiendo la conversación de aquellas dos personas, un hombre y una mujer.

Es curioso, ¿sabes? Apenas nada que tuve una conversación con tu ya sabes que desagradable primo sobre la ética y confidencialidad de los pacientes.

Cuando se trata de nuestra conveniencia, siempre justificamos nuestra acciones.

Es por una buena causa, lo juro.

Eso espero.

Oh, te debo un café.

Me debes más que un café.

Al salir de aquella maquina Dean se encontró con el dueño de una de aquella dos voces, no llevaba ninguna bata y no tenía muchos aires de trabajar en ese hospital o ningún otro.

-Por aquí, por favor, la enfermera acaba de irse a almorzar.

Dean asintió, fingiendo que no había escuchado nada y que el pequeño prendedor con la insignia de Heaven en la solapa del saco negro no significaba nada para él, ni que en la oficina la placa sobre el escritorio tuviera nombre de mujer o que el doctor Phil había dicho "la doctora te vera enseguida"

-Dean, Dean Winchester.

El aludido analizó a su nuevo doctor con el mismo escrutinio con la que él observaba las radiografías de su cerebro, cabello rubio medio revuelto, de ese tipo de revoltijo que se crea frente al espejo acicalando mechón por mechón, reloj caro en la muñeca y traje negro impoluto, cuando finalmente se acomodó en la silla de aquel escritorio noto la vanidad escurriendo de cada uno de sus movimientos, pues lo hizo de modo en que ninguna arruga se interpusiera entre él y su concepto de perfección, aquellos movimientos parecían tan naturales y espontáneos en él que Dean no pudo evitar compararlo con un gato negro que se acicala su pelaje casi cada dos segundos.

Igual que los gatos, Dean llego a la conclusión de que aquel sujeto le daba alergia.

-¿Cómo te sientes hoy?

-Con ganas de acabar con esto lo más pronto posible.

-Tardaremos lo que tengamos que tardar.

-Quieres contarme algo.

-¿Qué clase de algo? ¿Que soy acuario y me gustan los largos paseos por la playa?

La pluma de punta dorada comenzó a moverse sobre la libreta de bolsillo piel marrón, a Dean le molesto un poco, le pareció que desentonaba con el resto del conjunto, estaba casi nueva, así que tal vez había sido la única en el estante de libros, lo dudaba, tenia la sensación de que no le pertenecía.

-Si charlar sobre asuntos triviales te hace sentir mejor, estoy aquí para escucharte.

Dean se encogió de hombros, podía y deseaba hablar con alguien de sus pesadillas, de su amistad con Castiel, de sus escapadas, pero el brillo en el prendedor de corporativo que solo dejaba entrever la mitad de la palabra "Heaven", la conversación que había escuchado hacia unos minutos, la manera en que la punta de la pluma tamborileaba sobre el papel afianzaron su recelo y agregaron cerrojos a los gruesos portones que su padre le había enseñado a construir, recordó sin querer una conversación con su padre cuando era muy chico y se detuvieron en la carretera para levantar de nuevo una señalización caída, "es importante que sepas, muchacho, que cuando te sientas verdaderamente jodido, lo mejor será que no se lo digas a nadie." Dean había asentido, pensando en toda la gente que podría aprovecharse de sus debilidades y pisotearlo aún más, el discurso de Jonh no había terminado ahí: "pueden tratar de ayudarte, no hay nada peor que la gente de buenas intenciones metiéndose en tu vida, pueden hacerte perder el rumbo".

Siendo así de pequeño no comprendió, comenzó a entenderlo poco a poco, que este mundo estaba lleno de gente que buena que se comportaba como completos hijos de puta sin darse cuenta porque no eran capaces de ver más adelante de su nariz, quizás debió aprenderlo aquel día, cuando junto con otra media docena de coches llegaron a un pueblo en medio de la nada porque algún cabeza hueca había puesto la señalización al revés.

Así que permanecieron largo rato en silencio, o quizás tan solo fue un momento, ambos deseaban estar en otro sitio haciendo otras cosas y eso puede eternizar los minutos.

-Tal vez, o tal vez podrías contarme que recuerdas de tu accidente.

Eso era algo que podía ser, es decir, contestar una pregunta en concreto.

-Fui por unas hamburguesas, me subí al coche y… despierto en el hospital.

-¿Eso es todo?

-Si bueno, fueron no sé cuántas toneladas de camión a no sé cuánto por hora.

-Vaya.

-Uhm, quizás recuerdo un poco de luces de colores y todo borroso como por unos segundos. De verdad no necesito un loquero.

-Estoy en desacuerdo con ese término.

Dean ignoro aquel reproche.

-Estoy bien, él de siempre.

-Usualmente luego de un accidente de este tipo… solo las personas que estaban muy mal desde antes se describen a sí mismas como "las de siempre" además, ¿Cómo puedes sentirte del mismo modo ahora que hace seis meses?

-… no quise decir que este bien… solo que tampoco estoy mal, estoy normal.

-¿Es normal para ti sufrir de terrores nocturnos?

-Yo no…

-¿Cómo asume una persona normal el hecho de que ninguno de sus amigos ha ido a visitarlo luego de un accidente que casi le cuesta la vida? ¿qué es normal para un chico que perdió a su madre a los 5 años en un incendio? O puedes contarme de tu nueva amistad con Castiel.

Le molestaba la cantidad de notas que ya había en la libreta de aquel doctor y… ¿había visto dibujado un muñequito?

-¿Cómo sabes sobre eso?

-Acabo de hablar con tu padre, Dean, y no puedo ayudarte si no eres sincero conmigo.

-Bueno, "Catherine", no es como si la sinceridad brotara de tus poros.

-Vaya, vaya.

-Podrías empezar por contarme que es lo que tanto le interesa a Heaven sobre mí.

-¿Disculpa?

-Entre cambiarme de psiquiatra y sobornar a medio mundo para que la nota no fuera publicada.

-Curioso, muy curioso, delirios de persecución.

-Alto ahí, alto, alto, puede que me haya dado un golpe en la cabeza, aún tengo los puntos de eso, pero eso no significa que este viendo cosas donde no las hay.

-Tranquilo, lo que te sucede es bastante normal, después de un como el traumatismo que sufriste en el lóbulo frontal, puede producirse un cambio de comportamiento y esos ajustes pueden…

-No, acabo de bailarle un tango a la parca, mi sesos están bien, así que, cualquier cosa que sea, agradecería fueran claros y directos mientras aún recuerdo los pasos de baile.

El rubio se quedó un momento en silencio, parecía sopesar sus acciones ahora que se sentía descubierto y al mismo tiempo intrigado.

-Tus sesos pueden jugarte malas pasadas más frecuentemente de lo que piensas, pero no esta vez, me subí un poco tarde a este barco y la verdad es que no me lo cuentan todo, ¿Heaven? ¿sobornos? Dime lo que sabes y te yo diré lo que sé.

Todas las alarmas se encendieron dentro de Dean, pero ya era demasiado tarde para cerrar el pico ¿no? Y además, no se arrepentía de nada… aun.

-No es como si fueran muy buenos cubriendo sus pasos, solo tuve que conectar los puntos, vacaciones simultaneas, ascensos y eso.

El rubio sonrío.

-Obviamente, uno de esos reporteros tomo una foto de algo que no debió tomar, alguien quiso asegurarse que nadie más hubiera tomado una fotografía similar y aquí entre nos, yo solo quiero saber si tú lo recuerdas también, pero sonabas bastante sincero cuando dijiste que no, así que mi trabajo ha terminado aquí.

Dean titubeo, le pareció una respuesta razonable, deseaba llegar al fondo de aquel asunto, pero no sentía que fuera a encontrar más respuestas en aquel lugar, aunque no importaba, él pronto se mudar y nada tendría nada que ver con él nunca más.

Algo hizo clic dentro del cerebro de Dean, sobre eso que lo había molestado desde que lo escucho salir de labios de aquel rubio, pero, su parte consiente aun no era capaz de traducirlo a un idioma que pudiera entender, aquel pensamiento lo persiguió en todo el camino a casa, estaba demás decir que había tensión en el aire, es decir, Sam y Jonh nunca se habían llevado del todo bien, no porque no se tuvieran afecto el uno al otro…simplemente no podían evitar discutir y terminar enfadados el uno con el otro, la bomba aun no explotaba, pero la chispa ya estaba ahí recorriendo su caminito de pólvora, así que decidió encerrarse en su propia marea de pensamientos, en la mudanza, en las cosas que cabrían en su maleta, las que tendría que dejar, las que había abandonado en algún otro viaje y aun extrañaba como esa colección de fotografías sobre manchas extrañas de los moteles que había visitado, cuando de pronto su mirada que hasta ese momento había saltado de edificio en edificio y nube en nube se enfocó en buscar detrás de la vidriera mal troquelada la figura de Castiel, sonrió al descubrirlo en el mismo lugar de siempre, como la única verdad inamovible del universo, pero la voz de su padre lo regreso al microuniverso construido dentro de aquel auto en el que solo había tres habitantes.

-¿Hablaste con el loquero ese?

-¿Eh? Sí.

Su respuesta acaricio las notas del desgano que lo colocaba lejos de la ensoñación que apenas unos segundos atrás colocara en sus labios aquella sonrisa que ahora parecía tonta.

-Bien, odio a esos loqueros.

-No son loqueros, papá, la psicología es un campo muy serio y respetable.

Sam había protestado antes de que Dean pusiera siquiera asentir y estar de acuerdo con su padre, al menos en lo que concernía a ese rubio-gato.

-Chismear en la vida privada de las personas no es serio ni respetable, es pecado, la biblia lo dice.

-¡Cielos, papá! ¿Desde cuándo te interesa lo que diga la biblia?

-Samuel, cierra la boca.

El motor del coche se silenció, el recorrido se terminó, para aquella pequeña familia el mundo se hizo más grande, Dean Winchester pudo alejarse de aquella discusión que parecía no iba a ningún lugar. El universo es un sitio de proporciones inimaginables, al volver la vista a las estrellas o al volverlo al piso, nada parece ir a ningún lugar, sin embargo, se mueve, Dean no lo hizo, se quedó de pie observando su reflejo en el capo polvoroso de la camioneta de su padre hasta que este volvió, después del intercambio con el menor de sus hijos había recordado con entusiasmo lo ocupado que estaba y lo pronto que debía dejarlos en casa y volver a su trabajo.

Tras un intercambio distraído de recomendaciones, Dean se quedó de nuevo solo en medio de la calle sin haberse movido un milímetro de su sitio, el clic-clic se repetía, pero al menos esta vez apareció claramente en una oración.

"Mi padre no sabe nada sobre Castiel… ¿Cómo es que ese doctor –si lo es- sabe?"

A pesar de que sus pasos eran seguros y constantes, había un tintineo nervioso en sus huesos a cada paso que daba, porque aunque se había repetido desde el día anterior que nunca más vería a Castiel, que si se le daba la oportunidad lo golpearía, había llegado a su lado como una pluma arrastrada por el viento, no, lo había echo como un copo de nieve que se derretiría al más mínimo contacto, pero que podría acomodarse reposar tímidamente entre los cabellos sin ser notado.

-¡Hey, Cass!

-Hola Dean.

La puerta cerrada de Dean Winchester se abría de par en par ante la presencia de Castiel, sin embargo se cerró de golpe cuando él, que siempre buscaba estar cerca –quizás demasiado cerca- se alejó un paso y le dio la espalda.

-¿Cass?

-No debes estar aquí, mi padre dijo que te pidiera que te marcharas.

Había sido una ráfaga de hielo la que la había cerrado y en un segundo Dean fue consciente de lo frio y oscuro que era el interior, que su ventana nunca más le ofrecería siquiera media hora de sol. Dentro de aquel sitio, la única luz pertenecía a una gélida lámpara de neón que solo era visible a puertas cerradas alumbrando apenas un cartel donde se podía leer: Amas a Castiel y no hay nadie aquí.

Comprendió que no es que todo ese tiempo negase su amor, es que incluso si lo aceptara, si algún día Dean sintiera la misma atracción por cualquier persona, estaría cantando coplas bajo u ventana si fuera necesario, sin importarle género, raza o religión… era que Castiel no era una persona a la que podía amar… es decir, podía amarlo, ¿o acaso su corazón no latía a prisa por culpa suya? Incluso si Castiel correspondiera no podría sacarlo del brazo, presumiéndolo contra viento y marea o amarlo discretamente, estaba prohibido, como si se tratara de dos especies distintas, no estaba ni seguro que aquel sentimiento fuera del todo legal.

Se froto la nuca, y aparentemente no había sido lo suficientemente bueno como para que nadie lo notara, así que ahora ya no podría verlo nuevamente, pero estaba bien, iba a mudarse pronto después de todo, ¿no?

-¡Ah! ¡Dean! Cada día se te ve más repuesto, ven, acompáñame, Cass, Cass, ve a tu habitación, sabes que no puedes estar afuera, Dean, dile por favor que vaya a su habitación.

Quizás le parecía una eternidad ártica, pero no fueron más de treinta segundos desde que Castiel lo rechazara y Chuck apareciera en escena, Dean obedeció como si fuera un autómata con diez kilos de plomo en el pecho.

-Cas… dice Ch…tu padre que vayas a tu cuarto.

Castiel asintió de mala gana y obedeció también.

-Es un alivio que ese niño le haga caso al menos a una persona, estas poniéndote muy pálido, ¿estas bien?

-N-no, es decir, sí, solo… no es nada.

-Te invitaría a pasar y sentarte, pero no es una buena idea… hay, gérmenes, gérmenes por todos lados, es como navegar en gelatinilla de H1N1, ¿no te dijo Castiel? En tu estado lo último que necesitas es la gripe, espero que te pongas bien y sano muy pronto, espero muchas cosas de ti, solo si tú quieres, claro.

-¿Eh?

Dean parpadeo haciendo un puchero de alivio nervioso al comprender lo que acaba de pasar, Chuck seguía siendo el mismo de siempre, sin perder su entusiasmo aun cuando su paranoia era evidente, a pesar de todo, eso no cambiaba ni una palabra en su anterior línea de pensamientos, revoletear alrededor de Castiel seguía siendo una mala decisión.

-Yo… quizás debería irme, no quiero causar ningún problema.

-No, no digas eso, por favor, no eres un problema.

-De verdad no creo que sea buena idea que vuelva por aquí.

-Nunca lo había visto feliz, Dean, siquiera un poco.

Hubo una pausa entre los dos hasta que Dean la termino, haciendo la pregunta que quiso hacer desde el principio, desde que lo vio por primera vez y supo que el chiquillo del edificio de enfrente no era como el resto de los niños.

-¿Qué es lo que tiene?

-Solo una gripa, en un par de días estará bien, seguro.

-No, me refiero a… lo otro.

-Ah… pues, dicen que es agorafobico, vez - Chuck señalo el cielo como si ahí estuviera la respuesta. – que le teme a los espacios abiertos, pero, pasa todo su tiempo mirando al cielo desde aquí o desde su balcón, que tiene problemas de lenguaje, pero, sabe más palabras de las que yo sé y su gramática es bastante buena, también su caligrafía, también han dicho que tiene algun tipo de retraso, pero es bastante listo, que tiene un severo caso de autismo, que no tiene remedio y nunca lo tendrá, pero todo eso desaparece cuando estás aquí.

-"dicen, dicen" pero ¿Qué crees tú?

-Creo que pase demasiado tiempo escuchando y creyéndole a las personas equivocadas y nada de eso es cierto, digo, obviamente hay algo que no está bien con él, y daría lo que fuera porque este bien.

Aquella conversación se quedó rebotando en el interior de Dean, el maratón preparado por Sam paso delante de sus ojos sin que les prestara atención, hasta que se quedó dormido, la última noche que soñaría jamás con Castiel.

ooooooooooooooooooooooo

Saludos a todos, perdón por la tardanza, aquí les traigo un nuevo capi, doble para tratar de compensar la tardanza, con un titulo adecuado además, jejeje... espero sus comentarios, estoy disponible para cualquier duda y aclaración =) tratare de publicar de nuevo con la misma regularidad de antes y darles su capitulo semanal de rigor.