No hay nada más privado que el mundo onírico, jamás se puede compartir del todo lo que ocurre cuando nuestro cuerpo duerme y nuestra mente inventa historias para combatir el aburrimiento o su ansiedad, quizás esta regla es falsa, quizás todos estamos conectados en un gran mundo paralelo donde todo es posible, quizás no, tal vez bajo el régimen de las infinitas probabilidades aquella noche Dean y Castiel compartían sueños idénticos.
Un sueño frágil, simple, donde solo estaban Dean, Castiel y el enorme vacío, sin arriba, sin abajo, solo ambos suspendidos frente a frente. Quizás fueron unos breves segundos de parpadeo REM, pero fue toda una eternidad de andar el uno hacia el otro, Dean tenía algo en su mano, un objeto que parecía echo la mitad de fuego y la otra de hielo, siguiendo las propiedades del metal, gélido haya donde el calor que emanaba su cuerpo no podía tocarlo, no podía sentirlo, no podía verlo, pero sabía que había un filo al final, uno deseoso de hundirse en la tibia carne en busca de calor.
No era el lascivo Castiel de ojos oscuros, era el de ojos claros e ingenuidad pura, y sin embargo a cada paso que daba el otro en su dirección sus dedos soltaban un botón de su camisa, podía sentir su respiración entrecortada y su aliento tibio y nervioso calendo sobre su cuello como si estuvieran unidos en un abrazo, era incapaz de definir si se encontraba un metro o cien años luz de distancia, solo sabía que cuando esos botones se acabaran, él estaría ahí listo para satisfacer las ansias del objeto en su mano, a cada paso, a cada botón su corazón se comprimía, un grito de angustia se abría paso en su interior, pero en lugar de salir como una palabra que los detuviera a ambos, se hundía como cuchilladas en su costado.
El último botón se vio liberado, los dedos de Castiel terminaron su tarea descubriendo su pecho para Dean, que por fin pudo ver el objeto en su mano, una estiliza y afilada llave, frente a sus ojos, justo sobre el corazón del ojiazul encontró una cerradura.
Dean, por favor
La implosión de sus gritos habían minado toda la voluntad del cuerpo de Dean Winchester dejando solo un zumbido y mientras Castiel lo envolvía en un reconfortante abrazo, le hundió aquella llave en la cerradura que no era más que la cruz en un mapa, tan solo una señalización para que el filo metálico rompiera toda la resistencia de la carne.
Dean cerró los ojos y se encontró en la más absoluta oscuridad, Castiel también lo hizo, permaneció en silencio, no sentía ningún dolor, era solo un sueño, sentía una extraña paz al encontrarse en brazos del otro, se aferró a él con fuerza, sabía que Dean estaba abriendo la puerta que todo ese tiempo estuvo cerrada, nunca había sentido curiosidad por lo que había afuera, nunca había necesitado nada del mundo exterior y creía que hubiese nada que no tuviera y pudiera necesitar.
Pero el sueño termino de manera abrupta y Dean abrió los ojos en medio de la oscuridad de su cuarto mientras Sam lo agitaba un poco, su cuerpo temblaba, estaba cubierto de sudor, del vacío no quedaba nada, luchaba por estabilizar su corazón y su respiración como si su hermano en lugar de arrancarlo de su sueño lo hubiese sacado del fondo de océano un segundo antes de morir ahogado.
-Dean, ¿estas bien?
-Sí, estoy bien, estoy bien.
-Dean, ¿estas seguro? Quizás debería llamar una ambulancia y…
-Estoy bien, solo necesito un poco de agua, eso es todo, tuve una pesadilla y eso fue todo.
Sam que se había instalado con un bol de palomitas y una bolsa de dormir en el cuarto de su hermano unas horas antes no estaba del todo convencido, pero usualmente cuando Dean decía que algo estaba bien, lo estaba.
-Dean… - Sam hizo una pausa. – te traeré agua.
A las 3:42 de la madrugada Dean cometió el primer error del día, debió dejar que Sam llamara a esa jodida ambulancia, pero no lo hizo y tal vez no lo hubiera sido, si no hubiera cometido el error dos y tres, se recostó de nuevo, tratando de recordar aquel sueño, porque no podía recordar nada más que el vacío.
El sueño había terminado ahí para Dean, pero no para Castiel, la llave fue arranada de su pecho con la misma brusquedad que Dean de sus brazos, cubrió con sus manos la herida en su pecho que se desmoronaba como si su cuerpo no fuera más que una pieza de porcelana rota llena de polvo, aquella sombra tenia garras, las que le habían arrebatado a Dean de su alcance ahora volvían a por él, se hundían en la abertura de su pecho arrancando cuerda y aserrín.
Tengo una muñeca vestida de azul… no en realidad, tengo una muñeca rota y vieja que nadie ha tirado todavía, ¿Por qué no se han deshecho de ti todavía? Tal vez porque siempre estás ahí calladito en tu rincón y no han visto todavía lo roto que estas, pero apenas te vean con más atención, sabrán la inservible porquería que eres, pero no te preocupes, yo estoy aquí, yo me encargare de borrarte como la vergüenza de esta familia que eres.
De algún modo sabía que aquello solo era un sueño, el eco repetitivo de los maltratos recibidos por parte de su hermano mayor, por eso se abrazó a si mismo tratando de huir de aquella pesadilla, pero las pesadillas tienen garras, dientes y no sueltan a sus presas tan fácilmente y las memorias tienen pensamientos propios alimentados por nuestros miedos más profundos.
Y por ese Dean no me preocuparía, eventualmente estaremos tan solo tú y yo, eventualmente encontrara alguien mejor y dejara de mirarte, ¿quién quiere alguien tan roto como tú teniendo un mundo lleno de gente completa alrededor?
Castiel despertó por fin, solo en su habitación, le tomo un poco de tiempo, pero volvió a quedarse dormido, agotado y sudoroso sobre su almohada, sus ojos estaban húmedos, no había nadie ahí para consolarlo, y no le quedaba más remedio que esperar a que la inconciencia se lo llevara de nuevo y que esta vez las pesadillas no encontraran en camino de regreso.
Le esperaba un día largo.
Dean se había quedado hablando con Sam el resto de la madrugada, hasta que ambos se quedaron dormidos en la misma cama, como cuando eran chiquillos y Sam había tenido unan pesadilla y buscaba la protección de su héroe personal, así que, cuando alguien toco a la puerta, ambos Winchester dormían a pierna tendida en la cama del mayor... bien, la mitad de Sam colgaba por uno de los bordes y aunque emitió un sonido extraño, no despertó cuando su otra mitad se reunió con el suelo cuando Dean lo empujo negando con la cabeza y chasqueando los dientes.
Camino dando tumbos hasta la puerta descubriendo lo hambriento que estaba, haciendo un inventario mental de lo que había en casa y lo que deseaba desayunar.
-Buenos días, Dean Winchester.
-Buenos días, Catherine.
-Balthazar, llámame Balthazar.
-Tienes… un poco de sangre en la nariz.
-Oh, que caray.
-Te preguntaría quien te rompió la cara, pero la verdad no sé si quiero saberlo. Espero que esto no sea así como el inicio de una peli de mafiosos y eso, porque no tengo un closet para esconderte.
La verdad era que tenía uno bien grande, pero no lo suficiente para meter el ego entero que emanaba del rubio, que tallaba su rostro tratando de limpiar el pequeño coagulo que había escurrido apenas de su nariz, justo donde su mejilla estaba enrojecida.
-No digas ridiculeces. - Balthazar observo arriba abajo a Dean que aún tenía el patrón de la almohada pintado en la mejilla, una legaña debajo del ojo izquierdo, descalzo, en su playera gris de dormir que tenía desde la secundaría que estaba no muy lejos de caerse en pedazos y el pijama que hacía tiempo había sido azul y ahora nadie estaba seguro. – Necesito que… te pongas algo un poco más decoroso y vengas conmigo un momento.
-Pensé que todo había quedado aclarado ayer y no volvería a ver tu fea cara, ¿Qué tal si te emparejo en otro lado de la cara –quizás te la arregle un poco- por venir a darme ordenes en mi propia casa a esta hora de la mañana?
-Es más del medio día, florecita mañanera.
Dean busco un chiste del mal gusto sobre la inesperada visita de Balthazar, pero solo podía pensar en Prada y en lo mucho que le gustaría volver a la cama, ya que sus opciones alimenticias estaban reducidas entre: no me gusta y lo detesto, dudo un momento, observo de reojo a Sam que ahora estaba envuelto en un ovillo justo donde había caído, aquel día salió de casa para saciar su curiosidad, sin tener idea de lo largo que sería aquel día.
Desde hace milenios se cuenta que la vida humana no es más que un hilo que se extiende de un punto a otro hasta que las parcas deciden cortarlo, lo que tal vez sea verdad, todo debe tener un principio y un final, pero si aquellos hilos existieran, se encontrarían en constante movimiento en un tela caótico, enredados, atascados, sucios en parte, entretejidos en un hermoso caos que crea el tapiz de la vida. La hilaza de Dean Winchester nunca había estado sola, a su costado estaba Sammy, bien de cerca siguiendo sus pasos, y su padre, sus viejos amigos, cercanos y al mismo tiempo demasiado distanciados, su destino había llevado un rumbo en el que nunca fue feliz aunque jamás se enterara de eso, lo que bastaba para mantenerlo satisfecho, fue cuando aquella hebra empapada en alcohol lo hizo salir de su trayectoria rasgándolo todo en aquel accidente fue que cambio todo a su paso, se encontró con Castiel y ambos hilos se enredaron uno con otro con tal fuerza y de tal modo que buscaban convertirse en un solo, pero aquel impulso aún era demasiado débil, aquellos giros, aquella inercia aun podía ser revertidos.
Aun lado de Castiel rodaba otra fibra, una fría y metálica llena de aristas afiladas, una que se entretenía rasgando y cortando sin piedad todo lo que se atravesara en su camino, una que apenas era consciente de la existencia de Dean, aunque aún no volviera sus ojos hacía él, de momento tenía otra presa, una que caminaba al costado de Castiel: Balthazar, que no había tenido una buena mañana y su día distaba mucho de comenzar a mejorar.
A Balthazar no le agradaba Dean, pero sentía un cariño inmenso por Castiel, al que aquella mañana había tratado de sacar de su zona de confort, solo un paseo, ya había salido de casa un par de veces por su cuenta con Dean, pensó que a él no le costaría trabajo, después de todo había pasado juntos toda la mañana, pero, Castiel había reaccionado del modo que ya le era familiar, volviéndose una estatua de sal, no quería salir con él, pero no dudaba en salir corriendo si ese tal Dean Winchester se lo pedía, no pudo evitar que su mente se nublara de envidia por unos segundos, le dio un tirón, tentado a arrastrarlo afuera por la fuerza, no iba a lastimarlo de ningún modo, solo trataba de obligarlo a salir y de pronto estaba ahí, en el suelo.
Queria creer que no había sido la intención de Castiel golpearlo, más bien otro de sus impulsos involuntarios, y su suposición no estaba lejos de la realidad, porque se veía avergonzado, se disculpó con la voz más rasposa y mecánica que Balthazar hubiera escuchado jamás y se alejó de él a prisa, pero no había vuelto al interior, se había ido en dirección al callejón detrás de la tienda.
Chuck que le había sugerido llamar a Dean, fue a por el Winchester, Balthazar se había ofrecido a ir, seria amable y paciente, estaba seguro que con tiempo y dedicación conseguiría desplazarlo y ocupar su lugar. Esa era su meta, ese era su plan, uno que nunca llegaría a realizarse, cada día del resto de su vida despertaría pensando que mañana tal vez pasaría. De momento, lo único que le quedaba por hacer era llevarle a Castiel a Dean y que su mejor sonrisa cubriera su ego herido.
Pero Dean no quiso que lo acompañara, así que volvió al interior de la tienda sintiéndose humillado.
-Hey Cas.
Dean encontró a Castiel de pie con las manos sobre la pared mohosa, como si estuviera atrapado en un oscuro callejón sin salida, pero había una salida, un estrecho agujero que Dean había convertido en un camino, uno que llevaba al cementerio, que aunque lúgubre para algunos, para él resultaba un sitio de ensueño, con su tierra esponjosa, sus altos árboles y un pequeño estanque mohoso.
-Dean.
Castiel se encontraba avergonzado, pero se olvidó de los ladrillos de la pared, de lo cálido que era todo fuera de la tienda con aquel abrigo, de los nudillos que le cosquilleaban por haber golpeado a su primo apenas hacia un momento, de cómo instintivamente había recorrido el mismo camino al exterior que Dean le había enseñado, porque aquel era el único que conocía.
-¿Estas bien?
No contesto nada porque no estaba seguro, hundió las uñas en la milimétrica y suave capa de moho, paso saliva y apretó los labios, ninguna palabra iba a salir de ellos, giro la cabeza para ver a Dean, el miedo golpeteaba en su pecho y dolía en su garganta, él no había olvidado su sueño, aquella mañana Balthazar había tratado de sacarlo a pasear, pero Castiel fue incapaz de entender sus balbuceos, una vez a solas las palabras cobraron sentido, el alegre discurso de su primo sobre mejorar sus relaciones con los demás, dejando en claro que el no creía en la supuesta normalidad de las personas promedio, pero también mencionando que debía aprender a acercarse un poco más a ese estándar.
"ser un poco más funcional"
Si no podía ser "más funcional" Dean se cansaría de él, se giró y camino en su dirección, trato de explicar que estaba bien, pero tan solo consiguió hundir su mirada en él.
-Estas… demasiado cerca.
Dean no dio un paso atrás, no podía retroceder cuando lo que deseaba era acercarse más, pero, tenía que hacerlo, ladeo el rostro con un gesto parecido al fastidio y se alejó de Castiel, que recordó de pronto el concepto del espacio personal, un tema vago que había leído en un libro de etiqueta y nunca antes había tenido que aplicar. Usualmente la gente no se acercaba a él, y él no se acercaba a nadie.
-Lo lamento.
La moral de Castiel se arrastraba por el suelo, se había forzado a intentar actuar con normalidad y lo había echado todo a perder, Dean se tallo la cara, había estado de nuevo a unos centímetros de besarlo y aquella frustración navegaba por su cuerpo trasformada en irritación.
-Lo siento, Dean, además, no debería acercarme tanto. – Castiel se aclaró la garganta minimizando así sus ganas de toser. – No quiero contagiarte la gripe.
-Estoy tomando antibióticos, -y una cantidad no adecuada de analgésicos, y no sabía si era por eso o por la cercanía de Castiel que el suelo no parecía tan cerca de sus suelas como era usual.- cualquier gripe que pueda pasar sobre eso, se merece hacerme toser los pulmones.
Hubo un silencio entre los dos, que quizás resultaba más incómodo para Dean que Castiel, que había abierto los ojos preguntándose si era posible toser los pulmones, apenas volviera a casa debería investigarlo.
-Tu niñera me envió por ti, era hora de sacarte a pasear y sacudirte todo el moho que tienes encima.
-No tengo moho… solo en las uñas, pero no se arreglara con un paseo, quizás con un poco de agua y jabón, además, debo agregar, me ensucie afuera y no adentro.
Castiel le mostro las manos a Dean que hizo una mueca de asco, pensando en todos los gérmenes que había pescado.
-¿Enserio no hay ningún lugar al que quieras ir? ¿Nada?
Había un lugar, pero quizás había pasado su tiempo, quería ir a recoger el autómata que su madre había enviado a reparar años atrás.
-No perdemos nada con intentar.
Fue la respuesta de Dean, cuando Castiel le dijo que le gustaría recoger una nota de una reparación echa años atrás en un taller de antigüedades.
-Incluso si no lo tienen, quizás sepa que paso con él, hago eso con papá todo el tiempo, necesitamos alguna parte para restaurar un coche antiguo, en algún taller alguien reparo alguno, llamamos al viejo dueño, puede que lo tenga, pueda que ya haya sido vendido otras siete veces.
Castiel lo guio hasta su tesoro más preciado que reposaba dentro de una caja de cartón manoseada, Chuck estaba detrás del mostrador le dedico una mirada de "te lo dije" a Balthazar, también estaba Anna que sonrío a Dean y luego a su primo, que estaba en silencio observando su teléfono celular con un gesto neutro, le mostro la pantalla a la pelirroja que le dedico una mirada desinteresada, pero al parecer encontró en ella algo que le borro la sonrisa.
Dean tuvo la sensación de que estaba sacando a un chico pequeño de paseo luego de todas las indicaciones que recibió de un nervioso Chuck.
La dirección de aquella nota que tenía casi quince años de haber sido echa los guio hasta un taller no muy lejos de ahí, de cristales polvorosos y letras doradas que se despegaban del cristal como piel seca, Dean suspiro decepcionado al ver la cantidad de correo amarillento atascado debajo de la puerta.
-Dean.
-¿Hmn?
-Está ahí.
-También el candado.
El Winchester no estaba acostumbrado a dar un viaje por nada y un trozo de concreto abandonado en la banqueta junto con aquel cristal no le estaba dando las mejores ideas, aquel lugar tenia cerrado más de medio año y uno de las tantas misivas abandonadas en esa puerta anunciaban la suspensión del servicio eléctrico y unas cuantas advertencias sobre la falta de pago.
-¿Seguro que está ahí dentro?
Dean frunció el entrecejo, porque adentro estaba lleno de estuches y vitrinas con objetos y piezas mecánicas y no estaba del todo seguro de lo que buscaban "reparación" y un código numérico era todo lo que rezaba en la nota que le había dado. Castiel asintió.
-Ven.
Si todos los edificios eran iguales en aquella zona, debía haber un callejón con una puerta trasera que la ganzúa que colgaba de su llavero podía forzar sin problemas, porque la gente normal colgaba en su llavero un destapador o un minúsculo y cursi colguije, Bobby le había regalado una ganzúa y eso colgaba en el de Dean.
Abrir la cerradura le costó algo de trabajo, estaba herrumbrosa, el ojiazul estaba más silencioso de lo usual, se movía nervioso, y tal solo abrió la boca para preguntar si iba a tardar mucho, eso hizo que la ganzúa se soltara de su lugar y tuviera que comenzar de cero.
Dentro todo estaba demasiado oscuro y olía a laca, tabaco y solventes, todo rancio, había demasiadas cosas regadas por todos lados, polvo y trapos que no se habían movido de su sitio en años, trataba de hacer el menor ruido posible, no necesito advertir a Castiel, él se movía en silencio, como si flotara, como si fuera una brisa ligera, podía escuchar su respiración, sentía que había algo dulce en ella, no en la connotación de ternura, literalmente dulce, como si tuviera los labios escarchados en azúcar y los pulmones hechos de algodón de azúcar, era una asociación de la que ya no podría librarse, desde el momento en que en el punto misterioso quiso besarlo por primera vez.
Lo que Castiel estaba buscando se encontraba en una vitrina individual labrada, que estaba por encima de su cabeza, aunque tenía cerradura, nadie le había echado la llave, eso fue un alivio para Dean, no le hubiera gustado arruinarla, después de ver a su padre en el taller y ayudarlo con algunas cosas, tenía respeto por las cosas hechas a mano.
Castiel le dio cuerda al arlequín vestido de celeste había una enorme sonrisa en su rostro, sus manos temblaban un poco. El muñeco tenía una expresión extraña, que podía o no ser una sonrisa y unos ojos grandes de cristal enmarcados por largas pestañas que le daban un aire tenebroso y algo cruel. Dean también sonrió, la felicidad de Cass le pareció contagiosa.
-Eso le daría un infarto a Sam.
No era como si a Dean no le diera un poco de escalofríos, especialmente cuando la caja musical comenzó y el mecanismo lo hizo parpadear y mover su cabeza y brazos de un lado a otro. Castiel observo a Dean con un sincero gesto de preocupación.
-No me gustaría que le pasara nada a tu hermano por mi culpa, Dean, quizás, deberíamos dejarlo aquí y…
Quizás debió explicarle que Sam estaría bien, quizás gritaría y correría como un crio, pero, en lugar de eso, de manera repentina, sin un impulso previo, lo tomo por los hombros y lo beso.
Aquel beso fue un silencio extraño, una caricia entre polvo y laca, como si de pronto las luces de la feria encendieran una a una en medio de la oscuridad.
"No"
Y una a una se estrellaban a medida que Dean era consciente de lo que acababa de hacer.
"No"
Castiel que estaba muy quieto, no había resistencia, por el contrario, si se movió, fueron apenas unos milímetros para acercarse más, porque le gusto la tibieza que encontró en Dean.
"¿Qué haces?"
Se apartó de Castiel, que lo observaba con los labios entreabiertos y el corazón latiendo con tanta fuerza y el estómago tan comprimido que comenzaba a sentir nauseas.
"¿Qué hiciste?"
-Lo siento, fue un accidente… fue…
Fue, de tantas cosas que aquel simple gesto pueden demostrar, una confesión simple, "te quiero" y "yo a ti", recibido con tal naturalidad como si no fuera el primero.
Su celular comenzó a sonar, era "furioso-sam-que-no-vio-la-nota-que-le-dejo-en-el-refrigerador". Contesto, sus manos temblaban casi lo dejo caer, era como si la providencia le hubiera abierto una puerta de escape, a Dean, el experto en salir corriendo.
Se puede saber ¿dónde y qué estás haciendo?
"Acabo de allanar propiedad privada para robar un juguete, y también de besar a Castiel" Ladeo al cabeza antes de abrir la boca, porque no le parecía la mejor de las ideas que habían salido de su cabeza.
-Necesito aire.
Y lo necesitaba ahora.
Lisa está aquí
-¿Lisa?
Lisa, Lisa, Lisa, la perfecta Lisa, la hermosa Lisa, en su casa.
¡Hey!, Dean.
No era broma, esa era su voz.
-Lisa…
Frente a él estaba aun Castiel, como una figura de cera.
Lamento no haberte visitado antes, no estaba en la ciudad, llegue hace no mucho, vacaciones, ¡yey!, me fui un día antes de tu accidente… si lo hubiera sabido…
Él la vio en la feria, así que había tenido tiempo de sobra, además, ¿no hay ya teléfonos por todas partes?
-V-vaya.
Quería disculparme, he pasado demasiado tiempo pensando que eres un patán.
-¿Y no lo soy?
En aquel sitio el silencio era tal que la voz en el teléfono sonaba fuerte y clara, como si se tratara de otra persona en la habitación, quizás debió apartarse y hablar en privado, pero no era dueño de su sistema límbico y todo eso tenía que ser un sueño de muy mal gusto.
Quizás solo un poco, cuando te conocí pensé que eras un chico bueno pretendiendo ser rudo y malo, después ya no estaba tan segura. Escuche rumores, dicen que ayudas a un chico enfermo con su recuperación.
Dean no reacciono, sus ojos se clavaron en Castiel, hubiera deseado que Lisa se callara, pero al mismo tiempo la voz de la morena era como un bálsamo que lo arrancaba del ensueño surrealista en el que estaba sumergido. Las sombras eran solo sombras, la mugre, mugre y aquel beso un error.
… pero soy una tonta. – uso un tono de voz decía lo contrario. – me olvide que estabas herido y no podías salir de casa, traje dos boletos para el cine, son solo para hoy, van a desperdiciarse - suspiro, después agrego, con un toque picante – o quizás no, quizás se los quede el pequeño Sammy, lleve a pasear a la chica que le gusta y tú y yo pasamos a solas toooda la tarde juntos.
Dean trago saliva. Los nervios se aglutinaban en su garganta, la adrenalina viajaba por su cuerpo.
S-sí, ¿esta bien por ti? Es decir… ya sabes… si tú estás de acuerdo…
El próximo semestre comenzare las clases de enfermería, incluso traje mi uniforme, quizás te gustaría vérmelo puesto, prometo cuidar bien de ti, solo si tu prometes cuidar de mí… aunque no sé, siento que me queda demasiado chico
-Seguro, ahí estaré.
Esa era su solución o mejor dicho, la salida fácil que su pánico buscaba. Lisa era una buena chica, a Dean no le disgustaba en absoluto, todo lo contrario, sus hilos del destino era compatibles y si Castiel no hubiera interrumpido tan abruptamente en su vida y unido a él, ese lugar hubiese sido para ella.
Siempre se puede arrancar a pedazos el pasado y empezar de cero. Aún podría desandar sus pasos y reiniciar su camino con Lisa, tener una larga y tranquila, con un hijo o dos, trabajar en el taller, ver el mundo pasar y preguntarse cada vez menos a menudo y cada vez con más melancolía que habría sido de Castiel. Su vida con Castiel sería un turbulento y agotador viaje de muchas escalas, sin embargo solo en uno conocería lo que es ser verdaderamente feliz y eso era algo que Lisa jamás podría darle.
Dean no sabía nada del destino, ni trataba de pronosticarlo, tan solo estaba completamente seguro sobre lo que creía era lo correcto, así que tomo a Castiel de la muñeca haciéndole saber que era momento de volver a casa.
A medida que caminaban a casa, Castiel comprendía paso a paso lo que aquella llamada significaba, que el mundo de Dean estaba lleno de personas y que él no era su única, ni su mejor opción, le daba la sensación de que su sangre se había vuelto de arena y se vaciaba de su cuerpo a cada paso, sentía su cuerpo ligero, quería echarse a correr hasta perder todo el peso de su cuerpo y el viento se lo llevara arrastrando, pero seguía al Winchester obedientemente, con la mirada clavada en el suelo y las uñas fuertemente hundidas en el cuerpo de la marioneta de cuerda.
Ya no la quería, no quería estar en ese lugar, no quería que Dean se fuera con esa mujer, por eso lo dejo caer, no era complicado, solo aflojar el agarre y dejarla estrellarse contra el suelo, era la única opción de rabieta que le quedaba, Dean se detuvo al escuchar el ruido de la porcelana contra el pavimento.
-¡Ah!, mierda, lo siento.
Castiel parpadeo un par de veces sin entender porque Dean se disculpaba con él mientras se agachaba a recoger las tres piezas en las que se había convertido la cabeza.
-No debí apresurarte. Lo siento…
Dean observo los pedazos, su parte inconsciente hizo palpitar algo en su interior recordando el sueño que había tenido apenas unas horas antes.
Palpitaba como tener los trozos del corazón roto de Castiel entre sus manos.
-Lo arreglare, lo prometo.
-Dean…
Castiel no supo que decir, tan solo menciono el nombre del otro como si se tratara de un mantra mágico que se llenaría el boquete que acababa de hacerse en el pecho. No pudo evitarlo, sentirse de nuevo el niño pequeño que tiro al piso aquella misma marioneta la primera vez que estuvo rota, de nuevo solo por un capricho infantil. Desde el la ventana del departamento de Dean, una alegre voz femenina repitió aquel mismo nombre.
-Puedo volver a casa solo desde aquí.
Dean titubeo, pero obedeció, quizás porque por un momento había olvidado que Castiel era una persona capaz de tomar sus propias decisiones o tal vez porque no se sentía del todo bien y la verdad era que estaba acostumbrado a obedecer bajo cierto tono de voz. Llevaba las piezas rotas de la marioneta consigo, dicen que si amas algo, debes dejarlo marchar, Dean recordó de nuevo la mudanza de la que le había hablado Sam, desde siempre y desde nunca había un "no puede ser" sobre Dean, como una pesada cruz, pero se marchó y Castiel lo dejo ir porque otra cosa no podía hacer.
Y por ese Dean no me preocuparía, eventualmente estaremos tan solo tú y yo, eventualmente encontrara alguien mejor y dejara de mirarte, ¡quien quiere alguien tan roto como tú teniendo un mundo lleno de gente completa alrededor?
Castiel quiso gritar viendo a Dean marchar, después sus ojos se clavaron en Lisa, sonriente desde la ventana, radiante y bronceada, se dio la vuelta, pero, no volvió a casa.
No muy lejos de ahí, Balthazar empacaba en su habitación de hotel, su teléfono no había dejado de sonar, no pensaba contestar y no estaba seguro si esa era una buena o mala idea.
Ana estaba en la misma habitación.
-Ese maldito malcriado… ¡es increíble! Jamás en toda mi vida me había sentido tan humillado.
-Ya conoces a Nick… es como…
-Lucifer.
Recordaba que el día que Nick lo visitara en el hotel, se había sentido mareado, había culpado al cansancio del viaje y que solo hubiera desayunado un café y media tostada antes de beber aquel trago, solo…
Pensaba que sería peor rechazar una invitación de Lucifer que aceptarla.
Llevar atrevimiento rodeaban sembraban
Pero le había puesto algo en la bebida, le habían tomado fotos tambaleándose por los pasillos del hotel con pinta de muerto viviente y la habían enviado a las revistas de sociales y, tomando en cuenta la frecuencia con la que sonaba su teléfono, ya todos estarían al tanto. No se había puesto del lado de su primo y ahora toda la familia estaría confabulando el modo de enviarlo a alguna clínica de rehabilitación, quizás podrían revocarle su licencia media, como psiquiatra podía conseguir cualquier tipo de droga que se le antojara ¿no?, además sobreprotector-algo-paranoico-tio-Chuck no dejaría a un drogadicto cerca de Castiel.
Anna estaba de su lado, quizás fue una suerte que aquella nota llegara a su celular estando todos juntos. Chuck estaba furioso y Balthazar estaba sinceramente preocupado, no lo externaba y siempre había tenido sus medios de contrarrestar a su primo, consideraba era tan listo como él y…
Negó con la cabeza, tal vez le hacía falta algo de malicia para anticiparse a sus trucos y movidas sucias.
No se preocupaba por sí mismo, es decir, unas vacaciones en las Bermudas y todo estaría olvidado, pero sabía, que Nick no estaba tratando de hacerle daño a él, su blanco era Castiel, pensó en Dean, no pudo evitar preocuparse por él, se estremeció solo de pensar que Dean solo era el hijo de un mecánico don nadie, siempre a medio pelo de la ruina… si algo le pasaba a Dean, Castiel…
No quería ni pensar lo que pasaría con Castiel si algo le pasara a Dean.
Lucifer tenía una correa al cuello, temía el rechazo de su padre y deseaba más que nada su aprobación, sus acciones eran pequeñas e inofensivas, pero, del mismo modo que una fiera atada, aquel límite tan solo aumentaba su frustración y la ira en su interior. Su obsesión insana jamás abandonaba su mente, por eso tenía un par de ojos siempre en la tienda, su Meg, hija de uno de sus matones favoritos, después de que alguien le hubiera metido una bala en el corazón, quedo huérfana y sin más recursos que sus dos manos, le había caído bien, era una rata de alcantarilla simpática, quizás no habría tomado de buena gana trabajar para Nick si supiera que fue él quien mando matar a su padre, la verdad es que, planeaba decírselo cuando ya no la necesitara, ese era el plan, aunque, una parte de él se estaba encariñando con lo lista y retorcida que podía llegar a ser.
Le daba a Meg una buena pensión y le pagaba el alquiler del piso sobre el bar de Helen, siempre y cuando lo mantuviera al tanto de quien salía y quien entraba a la tienda, por cuanto tiempo, el trabajo era aburrido y tenía demasiado tiempo libre, así que, se las ingenió para montar una red de vigilancia con algunas cámaras viejas y un par de portátiles, el plan era largarse de juerga el tiempo que quisiera y recibir las notificaciones en su celular, la mayoría eran falsas alarmas y sinceramente era aburrido, hasta el día del accidente.
Nick aplaudió la iniciativa de Meg de iniciar los rumores sobre la supuesta peligrosidad de Castiel, también por la creatividad de su sistema de vigilancia, le sugirió una mejora, a Meg le había tomado 18 horas de trabajo y varias bebidas energéticas instalar y enlazar su sistema a un servidor desde donde, en aquel mismo momento, Nick contemplaba una captura de la calle justo en el momento en que Castiel había estirado inconscientemente su mano apenas un poco en dirección de Dean cuando este se marcho para encontrarse con Lisa.
Odio no era la palabra adecuada para describir el gélido fulgor que reinaba en la mente de Lucifer. Balthazar no lo sabía, pero, su reciente tragedia había evitado otra.
Tiras una piedra al lago y no sabes cuándo llegaran las holas a la orilla, Castiel y Dean salieron de paseo justo cuando la nota que había montado para Balthazar había sido publicada, su teléfono había ignorado la alerta de la aplicación espía por recibir la llamada de su primo.
Tan solo recibió la notificación de que habían vuelto, una sonrisa se dibujó en sus labios cuando vio que Castiel no volvía a casa. Era su obligación de hermano mayor no dejarlo vagar solo por las calles.
he aquí el capitulo más largo que he escrito hasta ahorita, me hubiera gustado partirlo en dos, pero no encontre donde meterle tijera, espero sus comentarios, criticas, sugerencias, limonazos, y amenazas de muerte, son mi gasolina para continuar con esta historia, especialmente ahora que me meti de nuevo a la uni y no tengo tanto tiempo libre y energias como antes :) Eeeeenjoy
