Lisa ya no le parecía tan perfecta como la recordaba, prefirió dejarse guiar por la idea de que era porque no se sentía bien del todo y lo único que deseaba era recostarse. Aparentemente Sam le había dado luz verde a la morena para que se adueñara de la cocina y ella se había encargado de hacer maravillas con lo que encontró en ella, no recordaba lo hambriento que estaba hasta que no probó un poco de las pequeñas tortitas de carne con verduras que le había preparado.

Después de esa maravillosa comida debería de parecerle aún más perfecta… pero su estómago se encontraba tan revuelto que solo le acepto un par de bocados.

-¿Estas bien?

-Sí, perfectamente… solo que estoy muy lleno, acabo de comer, esta delicioso, de verdad.

A pesar de todo, Dean se negó a admitir que no se sentía bien, la verdad era que la presencia de Lisa lo reconfortaba, especialmente, aunque en su llamado y al principio ella lo llamo y recibió con un tono picante, su actitud se suavizo hasta un punto casi maternal.

-No eres el mismo Dean que conocí, hay algo distinto en tu mirada.

Lisa lo abrazo y beso su frente, esperaba al Dean sinvergüenza con quien pasar un buen rato, pero encontró a un chico de mirada triste, aun no sabía darle un nombre, pero tenía en ella la capacidad de identificar un corazón roto. La memoria corporal del Winchester aun recordaba los labios de Castiel y se encontraba ansioso por acurrucarse en la tibieza de la piel de alguien más, por eso cuando Lisa puso la mano sobre su frente buscando señales de fiebre, él la tomo por la muñeca y la beso.

No era eso lo que él quería, no era eso lo que su cuerpo deseaba o necesitaba, pero era un sustituto y Dean estaba hambriento, una parte de él se desgarraba a gritos, pidiéndole detenerse, pero estaba cansado y toda la resistencia de su mente estaba entregada a la necesidad de saciarse. Lisa no había protestado.

Ya no le dolía el costado, o quizás le dolía demasiado que ya no era capaz de medirlo, la parte que estaba furiosa con Dean ya no tenía voz ni voto, era un zumbido lejano, como si se hubiera sumergido en un sueño, se hubiera ahogado muy profundo dentro de la niebla del subconsciente del Winchester, no podía decir si se encontraba abstraído de la realidad o empapado en ella, porque la realidad era ahí y ahora con Lisa, y los sueños era haya lejos donde quiera que estuviera Castiel.

Entonces su teléfono comenzó a vibrar en su bolsillo, justo segundos antes de comenzar a chirrear de manera estridente haciéndole notar que acababa de recibir una llamada.

El viejo Dean no hubiera sacado su mano de debajo de la blusa de Lisa o quizás tan solo lo habría hecho para apagar el teléfono y lanzarlo lejos, pero en esta ocasión, se aferró a él como su último medio de escape, fue como si aquel Dean envuelto en brumas y ausente despertara de pronto.

-Debo contestar.

Debo contestar, se quedó repiqueteando en su cabeza como una jaqueca.

Dean, eh, hola, no quería molestar… solo sentía curiosidad, porque ya es tarde y no sé si ustedes chicos ya almorzaron… Castiel es muy estricto con su horario… ehm… quizás ya deberían volver, aunque el almuerzo ya esta frio… podrían, no sé, meterlo al microondas… y eso.

Era Chuck, lo escucho en silencio, en uno aturdido.

-Eh… sí, está bien, iremos, está bien… ya es tarde, que rápido se pasa el tiempo.

Dean colgó el teléfono, observo el reloj, lo comparo con la hora de la llamada de Lisa, de su despedida de Castiel, habían pasado casi treinta minutos y Castiel no había vuelto a casa, maldijo mentalmente, no debió dejarlo en la banqueta.

-Tienes que irte.

Quizás Lisa pretendió formular una pregunta, pero no lo hizo, podría llamarlo intuición femenina, o solo sentido común.

-Sí, tengo que irme.

Habían pasado cuarenta minutos desde que Dean se apartara de Castiel, el Winchester avanzo por la calle pasando de largo el jaguar blanco aparcado en la acera, pero un par de ojos azules lo siguieron a él, lo vieron doblar la esquina en dirección al callejón en el que ambos se encontraron al medio día.

Dean había dudado un momento sobre el lugar en el cual comenzar a buscar a Castiel, pero no era del todo idiota, y aunque tampoco estaba pensando con demasiada claridad, le fue obvio desde el primer momento que Castiel no sabía demasiado del mundo exterior y solo había un par de rutas que podía tomar, las que él le había enseñado, dudaba que volviera a la tienda mohosa, el otro lugar era la feria.

No. Era el cementerio.

Treinta y tres minutos habían pasado, en treinta y tres minutos suceden muchas cosas. Veinte minutos le tomo a Nick llegar hasta donde aparco el coche, tan solo uno para llamar a Meg, a Meg le tomo apenas tres para ir a donde se suponía estaría Castiel.

No pudo encontrarlo, porque a él le había tomado menos de dos recorrer el callejón y escurrirse entre las dos paredes lejos de la vista de Meg, que al asomarse por el mismo camino no consiguió ver el atajo, chasqueo la lengua pensando en lo molesto que se pondría Lucifer. Recorrió caminos alternativos en su búsqueda sin éxito, el escondrijo entre los edificios daba prácticamente a ninguna parte y desde ahí internarse entre los arboles de la parte más vieja del cementerio era similar a que se lo tragase la tierra lejos de la vista de todos.

Castiel fue el único testigo del último suspiro que escapo en forma de burbuja del conejo de felpa rosa que había flotado en el estanque por semanas, el ciento siseaba entre los árboles en un susurro de complicidad, su pecho parecía a punto de explotar, si no fuera él, lloraría lo suficiente para devolverle al estanque su tamaño original, pero tan solo sostenía las piezas de su corazón roto y suspiraba como lo habían los árboles, hasta que se derrumbó en el sitio que había ocupado Dean, no le pareció correcto, se acurruco en el suelo, que estaba helado, al principio fue reconfortante, pero el frio constante duele en los huesos.

De pronto se sintió aterrado cuando el sol comenzó a ocultarse entre los árboles, recordaba sus pesadillas, una mano guiándolo a través del bosque para luego abandonarlo ahí, recordaba las palabras dulces y cargadas de maldad de su hermano mayor, aquel día que lo abandono al borde de un abismo esperando que callera.

Si supiera que en aquel momento su hermano estaba ahí afuera tratando de seguir sus pasos, si Lucifer supiera que Castiel se encontraba solo en la parte más remota del cementerio lejos de la vista de cualquier curioso, donde nadie podría escucharlo gritar… aunque ese no era un problema, Castiel no gritaría.

Contrario a Meg, Lucifer si distinguió el camino entre los dos edificios, después de todo, las paredes no se tragan a nadie, además, sabia a donde conducía, estaba familiarizado con los planos del lugar, después de todo, su padre había comprado la mayor parte de aquel complejo para construir en ese lugar un ambicioso hospital y casa de reposo e investigación para enfermedades degenerativas.

Entonces había preguntado: "¿Por qué no compramos las hectáreas que están al costado?", "pertenecen al condado, señor", "¿Qué hay ahí?", "Un cementerio". A Lucifer le causaba gracia pensar de todos los que perdieron su trabajo en aquella ocasión o el dinero que se perdió, "un hospital de reposo al costado del cementerio", y se había enfadado más cuando moviendo influencias habían conseguido un permiso para la demolición apresurada y no muy legal del cementerio, dio carpetazo al asunto y nunca más se habló del proyecto Heaven Gates, lo hizo tal vez porque en ese sitio estaban enterrados los padres de la camarera que acaba de conocer y luego escupiría de su vientre a Castiel y no muchos años después sería enterrada ahí también.

Cuando no podía dormir, Nick repasaba los planos de manera constante deseando revivir aquel proyecto y borrar del mapa aquel sitio y todo lo que significaba… bueno, primero debía enterrar ahí a Castiel, pero en ese detalle no era muy obsesivo, podía ser ahí o en cualquier otra zanja, en un sótano, entre dos paredes, las posibilidades eran casi infinitas.

Muchas cosas pasan en treinta y tres minutos, a Castiel le hicieron falta cuarenta y seis para apaciguar el miedo que lo había embargado, apreciar que el silencio es ausencia, entonces escucho aquellos pasos acercándose, no se movió de su lugar, pero sabía que era él, era como si ese camino solo le perteneciera a él, las tinieblas terminaban, las luces de la gran rueda de la fortuna alumbraron el horizonte con la llegada de Dean, o quizás siempre estuvieron ahí, pero, él solo se había concentrado en la oscuridad.

-¡Hey! Cass… ¡ay, rayos! Estoy tan cansado.

Dean se acomodó en su asiento destartalado, solo un momento, se dijo.

-Dean…

Dean se quedó observando la rueda de la fortuna entre los árboles, quería tirar un guijarro al charco, pero le dolía demasiado moverse, hurgo en su bolsillo hasta encontrar el frasco de analgésicos y se echó uno a la boca.

-¿Por qué estás aquí?

-Vine por ti.

Hugo un silencio entre los dos, largo, Dean suspiro, casi estaba acostumbrándose al dolor.

-Cass… no volviste a casa.

-No, no lo hice.

-Me refiero… ¿está todo bien? ¿hay alguna razón por la que no quieres volver? ¿tiene algo que ver con el golpe que le diste al tipo ese hace un rato?

-Balthazar es una buena persona, solo estaba tratando de ayudar. Me siento avergonzado, no me disculpe apropiadamente.

-Entonces ¿Por qué no quieres volver a casa?

-Se está bien aquí.

-¿No tienes hambre?

-¿Tuviste sexo con esa mujer?

-¿Eh? ¡No, no!

-¿Por qué no? Es linda.

Dean asintió, ahora se sentía un poco mejor.

-Bueno, un cabecita de aire decidió perderse en el bosque.

-… lo siento.

-¡Nah!, está bien, las cosas son un poco más complicadas que eso, seria genial, ya sabes, ver una chica linda, que le gustes y te guste y poder tener, ya sabes, sexo con ella… Lisa es una buena chica, no solo es bonita, es inteligente y tiene un buen corazón, la verdad es que anda algo descolocada, muchas chicas la envidian, si se corriera el rumor de que estuvo en mi casa, eso podría arruinar su reputación… es jodido, muy jodido que le den más importancia a con quien se acuesta quien y no a sus cualidades. No tiene nada de malo, es natural, es genial.

-¿Esa es la razón de tantos eufemismos?

-Supongo… Es… en realidad no es tan genial.

Si en aquel momento una ruptura en el tiempo y el espacio ocurriera y el Dean de hacía seis meses lo escuchara hablar, se horrorizaría del modo más frívolo posible, quizás en el fondo aceptaría que tiene razón, eso era lo que siempre había sentido y causado malestar de ser quien era, cuando a veces se quedaba quieto en silencio sin saber que era lo que estaba mal, aunque todo parecía perfecto, había sido siempre un huracán de cara bonita que no se molestaba por los destrozos a su paso y al terminar, se encontraba a si mismo agotado en el vacío infinito de la nada.

Pero ese Dean no estaba ahí y el que estaba ahora se preguntaba porque y a donde había ido, su mente se escurrió en pensar cómo sería en el futuro, entonces su mirada se cruzó con los ojos azules de Castiel que le observaban con devoción, si se encontrara más cerca, si decidiera buscarse, vería en ellos reflejados los suyos y se sorprendería de saber que Castiel tan solo le regresaba el mismo gesto.

La oscuridad comenzaba a cerrarse alrededor de ellos, si el Winchester pensaba que podía deshacerse de él y volver a su vida normal era solo decisión suya, subestimaba a Castiel, que sabía que era hora de volver a casa, pero quería prolongar aquel momento lo más posible, si el destino de ambos estuviera escrito en dos largos hilos entrelazados desde el día de aquel accidente y Dean se tironease para alcanzar a Lisa, Castiel se aferraría a él con ganas y sumergido en aquel abrazo encontraría en el fondo de aquellos ojos azules, el cenote sagrado que lo llevaría al bracero en el cual se inmolaría sin dudar, como en las viejas leyendas mayas, de las que Bobby le hablo una vez y creía haber olvidado para siempre.

Si Castiel se aferraba a él, tan solo un poco, Dean se quedaría a su lado, mansamente, con la lealtad y fidelidad que fue puesta como su estrella al momento de nacer.

-Dean, me gustaría conocer tu habitación.

Dean asintió, el viejo Dean habría puesto un foco rojo a esa petición, pero el nuevo Dean estaba demasiado afectado por los analgésicos y obedeció mecánicamente a la petición de Castiel, que sonrió apenas y se adelantó por el camino, escuchando atentamente los pasos del otro.

-Andando pues.

En el camino de regreso ni Dean ni Castiel se encontraron con el jaguar blanco o Nick, pero Meg se encontraba del otro lado de la acera, y los observo pasar sin voltear desde el reflejo de un cristal, pero de momento, ella tenía cosas más importantes de cual preocuparse.

Dean sentía que no había demasiado que mostrar, aun así veía los ojos de Castiel repasar cada rincón con más interés que el dedicado a inspeccionar la feria, decidió hacer lo mismo, como si fuera la primera vez que veía el papel tapiz verde menta con rombos un tono más oscuro, que siempre considero horrible, que estaba ahí cuando ellos llegaron y no se habían molestado en cambiar, la mancha de humedad en forma de pieza de pollo, lo que le recordó que Castiel no había comido nada, él tampoco, pero no sentía hambre en lo absoluto, sobre la mesita de la sala estaba la comida que Lisa había preparado.

-¿Tienes hambre?

No le parecía correcto que la comida de Lisa se arruinara, además le había ofrecido una cerveza que ella había aceptado, pero no había destapado. Decidió que lo mejor era sentarse, pero el intento de doblar su cuerpo lo acuchillo de nuevo y desistió.

-¿Cuál es tu habitación?

-La, la puerta del fondo, la única que está abierta… voy a… calentar esto en el microondas.

Dean cerró los ojos tratando de recomponer todas sus piezas, con anterioridad solo le hacía, falta eso para sentirse mejor, animarse a si mismo y continuar con su vida, pero no el día de hoy, lo que tampoco significaba que dejaría de intentarlo y darlo por hecho.

Dean giro sobre sus talones para preguntar si le gustaría o no un poco de salsa y casi cayó de espaldas al suelo al descubrir que Castiel no había ido a ningún lado, por el contrario se había acercado más a pocos centímetros de distancia, dio un paso hacia atrás, pero el ojiazul recorrió la misma distancia hacía él, entonces giro sobre sus talones y sin decir más fue hasta la habitación de Dean, que lo siguió como el hierro al imán, descubriendo lo oscuros que se volvían los ojos azules de Castiel cuando no había suficiente luz.

Las penumbras nunca molestaron al ojiazul que se paseaba en la dirección que le habían indicado, Dean se olvidó de encender todas las luces, aunque había acariciado el interruptor, seguía arrastrando los dedos sobre la pared, el pasillo se convirtió para él en un túnel que lo guiaba a uno de sus sueños, siguiendo a Castiel, cerrando la puerta a sus espaldas, olvidando su ubicación, recargándose en ella.

-Dean…

Castiel avanzo en su dirección observando su rostro con gravedad.

-¿Uhm?

-Tus ojos…

A Dean le gustaría poder decir lo mismo, pero no dijo nada, solo sonrió, le sonrió al Castiel de ojos negros, que parecía haber encontrado un modo de escapar del mundo onírico y plantarse frente a él, solo para él y le parecía un pecado rechazar aquel milagro, no tomarlo por la cintura arrastrándolo los pocos centímetros que aun los separaban y devorarlo a besos.

Castiel dio un respingo, instintivamente intento alejarse los primeros segundos, después cedió, torpemente, dejando que Dean ahogara a besos aquello que noto en sus ojos y deseaba preguntar: sus pupilas estaban encogidas ¿Por qué?, dejo de preguntárselo porque le había gustado el primer beso y disfrutaba de estos. Noches atrás había bajado a hurtadillas al sótano en busca de un libro que le mostro más de lo que deseaba saber sobre el amor entre dos, pero debajo de él había otro, uno verde, el titulo casi ilegible: "Drogas, Venenos y sus efectos en el cuerpo humano" si su padre no lo hubiera descartado al catálogo de: "lecturas no apropiadas para Castiel", el nombre del frasquito sobre la mesa le habría dicho algo, pero como no lo hacía y lo único que le hablaba en ese momento eran los besos y las caricias de Dean que buscaban abrirse paso a través de su ropa.

Lo llamo una vez más por su nombre, entre los nervios y la condescendencia, aflojando los botones con los que Dean forcejeaba, el Winchester despertó un poco de su ensueño al escuchar su nombre, pero no se detuvo, no se disculpó, cada botón suelto le suplicada no detenerse, si horas antes su cuerpo anhelaba ansiosamente el cuerpo de Lisa… a Castiel lo necesitaba, estaba convencido que si se alejaba de él moriría. Superada aquella barrera pudo sentir las manos del Winchester escurriéndose debajo de ellas, no había nada más en el mundo, solo ellos dos en aquella habitación en penumbras.

Pero había más en el mundo, afuera el sol aún no se escondía de todo, afuera estaba la tienda de antigüedades y en ella Chuck, rodeado de objetos rotos, de repisas vacías, de rodillas con un bote de basura, los destrozos de su última discusión con Nick, que ahora conducía a toda prisa, sin demasiada precaución, furioso y humillado. Aquella fue la primera vez que retaba a su padre de frente, la primera vez que decía en voz alta lo que siempre había querido decir, cuando Chuck había salido, ansioso, esperando ver volver a Castiel y Dean y en su lugar había visto a Nick.

Y habían discutido y Nick le había prometido que haría todo lo posible por sacar de una vez y para todas a Castiel para que Chuck volviera a ser el mismo que era antes.

-Eso ya lo veremos, ya lo veremos.

Suspiro, pensando en lo decepcionado que estaría Castiel cuando viera sus relojes rotos.