Dean había cometido muchos errores ese día, el más grave quizás fue tomar tantos analgésicos, se lamentaría durante muchos años haber estado hasta cierto punto drogado ese día y aunque asentiría diciéndose que de otro modo quizás nunca habría sucedido nada entre los dos. Los primeros meses tal vez, pensaría que aquello fue un error, quizás el más grande que había cometido en lo que iba de su corta vida, recordaría aquella tarde entre brumas, como otro de sus sueños, borrosos y lejanos, a veces llegaba a pensar que aquel Dean no era él, como si no solo Castiel hubiera sido arrancado de un sueño, sino él también, como si en la realidad hubiese habido una fractura, y aquellos que eran, sin cuerpo y sin tiempo se hubieran reunido.

Pero ese pensamiento era ahogado por la realidad, que tan solo había estado demasiado drogado como para recordar los detalles.

No podía verlo como un error cada vez que Castiel estaba a su lado, solamente suyo y de nadie más… Mientras Castiel estuvo a su lado, aquella hueco en su memoria no le preocupo, no necesitaba el pasado teniendo el presente, besaba su frente, sus labios y reposaba en el su cabeza, ahí era donde no había dudas, pero en la época de la ausencia se devanaría los sesos tratando de recordar, hundiéndose en la soledad de aquella misma cama en busca de un consuelo por la ausencia de Castiel, sin magia onírica, solo la sensación de opresión y ardor en el pecho, nada más que impotencia ahogada, en aquellos días en los que todo se fue de cabeza al infierno y siguiera mecánica y obedientemente como su vida, cuando Lisa le diera otra oportunidad, sabiendo que la vida debía continuar, aunque a cada minuto hubiese algo desgarrándosele en el interior.

Pero lo único que sentía en aquel momento era deseo, era a Castiel, sobre su pecho la palma de Castiel, el calor estaba en su interior y la presión en sus pantalones y la ansiedad por hundirse en él, Dean se había quitado la camiseta, los vendajes que cubrían su tórax y hombro izquierdo quedaron al descubierto, se sentía extrañamente tranquilo mientras los dedos del otro recorrían la tela de sus vendajes y aquella mirada azul de preocupación clavándose en ellos.

–No duele, está bien.

Mintió, prometiéndose que tendría cuidado, por ambos, escurriendo sus manos por debajo de las ropas de Castiel hasta llegar a sus hombros, era extraño para Dean, su memoria corporal había llevado sus manos hasta donde debería estar el sujetador, pero no encontró nada más que la espalda lisa, encontró un suspiro, lo encontró estremeciéndose en el contacto de sus manos, eso le genero una extraña inquietud, una comezón mental que quiso ahogar a besos en su cuello.

Si hubiese sido una chica, si hubiera sido Lisa, todo sería más fácil, su cuerpo sabría qué hacer, besaría sus pechos, hundiría su rostro en ellos, se acunaría en su vientre, pero era Castiel, su rutina no funcionaria, sus dedos se hundían con ansiedad en la pálida piel del otro, dejando líneas rosadas, lo invadía la prisa, la parte mecánica que mantenía a Dean funcionando había perdido su protocolo, tan caótico como su primera vez.

–Dean…

Castiel protesto, tan solo un poco, no porque deseara que se detuviera, se aferró a sus hombros con la misma fuerza que el Winchester ponía en cada una de sus bruscas caricias, aunque se sentía como un manojo de nervios y dudaba de que continuara obedeciendo su voluntad, entendía que a pesar de su inexperiencia no podía permitirse no hacer nada.

–Dean… ¿qué debo hacer?

–Desnúdate.

Lejos de la memoria de Dean quedaría para siempre como tras poner una expresión seria y asentir, Castiel se dedicara a retirar lo que quedaba de su ropa, sin el más mínimo intento de sensualidad intentara doblarla, de como aquel gesto le hizo tanta gracia que se echó a reír, besándolo en las mejillas, llamándolo bebe crecido, lo que ofendió a Castiel, que ladeo el rostro cruzándose de brazos, dejando sin quererlo el cuello descubierto, Dean termino de derrumbarlo sobre la cama haciéndole cosquillas aquí y haya, hasta que ambos se encontraron envueltos en risas tontas y sinceras.

Dean había olvidaría muchas cosas de aquella tarde, pero recordaría con claridad el momento en que se encontró entre las piernas de Castiel.

–Ahora serás mío, mío, solo mío y de nadie más.

–Sí.

–Júralo.

Castiel se había quedado en silencio, le hubiera gustado contestar que nunca antes había jurado nada en su vida, pero le importaba enlistarse como propiedad de Dean Winchester, observo fijamente a un Dean que solo jugaba con las palabras y no buscaba ser solemne, ni esperaba por respuesta juramentos eternos, tan solo era como un gatito que busca atrapar al ratón que no puede creer que este se hubiera rendidos a sus pies.

–Lo juro, Dean.

–Entonces, yo también, también lo juro, que a donde vayas iré y te protegeré de todo y de todos como caballero andante.

Dean parpadeo un par de veces, contagiado por aquella solemnidad, para él solo era un juego del que había perdido el control, hurgando a ciegas en el contenido del cajón de su mesa de noche, en busca del más mundano de los objetos en su habitación, la pequeña caja de cartón donde guardaba sus condones de distintos colores y sabores, volviendo poco a poco a hundirse en el mundo del olvido, aunque sin embargo, se quedó ahí, entre las piernas de Castiel sintiendo su calor palpitando, mientras él le preguntaba que era aquello, Dean le explicaba abriendo uno, que resultó ser rosa neón, lo inflo para él, como un juguete, se quedó entre ambos como una extraña burbuja rosada.

Todo lo que había en aquella pequeña caja le hablaba de todas las chicas que habían recorrido su cuerpo, con ellas no tenía que justificar porque llevaba consigo condones y se alegraban porque además llevara consigo lubricante, tenía ganas de decirle al oído la verdad, que siempre la virginidad le causo repelús, no le emocionaba enseñarle nada a nadie, no le gustaba ser la primera vez de nadie, no le gustaban las explicaciones, tan solo le gustaba disfrutar y callar al respecto, ser otra estadística, andar de paso, pero tratándose de la virginidad de Castiel, la deseaba y no soportaría que fuera de otro modo.

Escogió la ampolleta de sabor cereza, porque era el más dulce, lo recorrió primero por los labios húmedos de Castiel, "¿Qué te parece?", "empalagoso… ¿Qué es?", no le contesto, una gota callo justo al costado de su ombligo, vio todos sus músculos contraerse por encima del movimiento de su respiración, entrecortada, ambos cuerpos temblaban, la poca prudencia que le quedaba le impedía restregarse contra su cuerpo y poder sentirlo y no solo contemplarlo, empujo su cadera contra la de Castiel, lo escucho gemir, se convirtieron en su música favorita.

Quiso decirle que era la cosa más perfecta y excitante con la que se había cruzado en toda su vida, pero las palabras huyeron de su lengua, más preocupada en paladear la piel de Castiel, ese fue otro de sus errores, no hacérselo saber, dejar germinar en su interior el miedo a que Dean lo viera como lo hacía su hermano, roto e inservible y se aburriera de él, quizás fue en aquel momento, quizás fue cuando lo vio llegar de entre los arboles del cementerio cuando decidió que no le importaba, si tan solo podía estar con Dean un momento, pero eso fue cuando aquel miedo tan solo era una pequeña semilla, sentiría aquel miedo asfixiando su garganta cuando hubiese germinado y sus ramas y raíces de extendieran dolorosamente por toda su mente. No pensaba en ese en aquel momento, ni en eso ni en casi nada, su mente estaba emborronada por los nervios y la presencia de Dean.

Cuando se está en un sueño uno no se pregunta por qué las cosas no están del todo bien, porque el cielo esta abajo y el suelo arriba, porque Castiel preguntaba de manera entrecortada y con sincera curiosidad en que parte del proceso exactamente dejaría de ser virgen mientras sostenía entre sus dedos aquella resbaladiza burbuja rosada. Quizás le dio el mensaje equivocado al contestar, que seguía siendo tan virgen como el día en que había nacido, mientras se hundía en él lentamente, como en un placentero sueño que olvidaría a despertar, aunque lo hizo con cuidado el dolor volvió, como temblorosas cuchilladas, pero no parecía parte de su cuerpo, lo único que lo rodeaba era el interior de Castiel, que ardía, sentía sus brazos alrededor, escuchaba su nombre, le sorprendió escuchar su propia voz llamándolo.

No deseaba que acabara, no deseaba llegar al climax, porque ahí se encontraba un final, quería disfrutarlo mientras pudiera, sabía que las cosas iban a ponerse mal al terminar, lo sabía porque se había roto los puntos, los había sentido ceder uno a uno, como había sentido cada una de las contracciones del cuerpo de Castiel, porque del mismo modo que había visto sus poros destilar sudor contemplo las sabanas empaparse lentamente de sangre, por eso había puesto su mano sobre el rostro de Castiel, cubriendo sus ojos, Incluso si era demasiado doloroso para él, no deseaba que Castiel lo supiera, no quería hacerle daño, no quería asustarlo, quería que su primera vez fuera especial, en algún punto de su cabeza tenía un plan para arreglar todo aquel desastre, o al menos eso le susurraba la escurridiza lascivia con la que lo amaba, fue desde ahí donde sintió su orgasmo, lo vio venir desde el fondo de su garganta y no pudo evitar que el placer del otro arrastrara al suyo, apenas unos segundos después.

No quito su mano de los ojos de Castiel, recorrió aquella escena emborronada, las vendas de su costado estaban empapadas de carmesí, solo una gota había caído sobre el costado de Castiel, cerca de donde las blancas manchas de semen habían salpicado su vientre y aquello le pareció fascinante por algún extraño motivo, se dejó caer hacia un lado, porque estaba agotado, porque aquel orgasmo más que saciarlo tan solo había abierto su apetito y su necesidad por estar siempre al lado, tan solo deseaba abrazarlo, descansar un poco y tomarlo de nuevo, disculparse por lo que él consideraba un patético desempeño, por enseñarle lo que era de verdad hacer el amor.

–Cass…

Había mil cosas que quería decirle, era un ruido sordo arremolinándose por encima de su cabeza, sin orden, se encontraba avergonzado y extasiado de mil maneras distintas, tal solo una consiguió colarse de aquel ruido. Tan solo quería acurrucarse y dormir.

–Me gustas demasiado…

–Dean, estas sangrando, ¿Dean?

La preocupación en la voz de Castiel lo hizo despertar un poco.

–Ah, sí, eso… quizás debería llamar a una ambulancia…

Su voz sonaba distante, una parte de él entro en pánico, porque cuando trato de teclear en la pantalla de su celular no encontró nada más que borrones.

–¡Dean!

Dean extendió el teléfono a Castiel, que lo tomo con ambas manos, aun medio desnudo se quedó en su lugar, observándolo con pánico, para Dean una llamada era solo una llamada, pero era más de lo que él podía hacer, incluso si la vida de Dean dependía de una llamada… no podía hacerlo, del otro lado estaría otro de esos maquis de carne que pasean por el mundo, si le costaba trabajo hablar con ellos… por teléfono… era incapaz de distinguir el sonido muerto de una línea a las palabras, lo dejo caer, siquiera fue capaz de sostenerlo demasiado tiempo, frente a él Dean se desangraba, el aparato se estrelló contra el suelo batería salió disparada. Siguiera hizo un intento por recogerla del piso, tomar su ropa.

Lo último que Dean vio antes de perder el sentido fue la luz de la puerta, recortada por la figura de Castiel dejándolo solo en aquella habitación, lo último que Castiel vio al dejar aquella habitación fue la mirada dolorida de Dean.

–… Bye, bye, beautiful…

Hubiera dado un brazo por decirle que pronto estaría de vuelta con ayuda, pero no pudo hacerlo.

Dean despertó en el hospital, sin ser consciente del todo consiente de porque estaba ahí, no había estado del todo inconsciente durante el proceso, recordaba imágenes entrecortadas del personal del hospital haciéndole preguntas, aquel tubo que aún tenía en la boca y que tuvo que sacarse antes de que le hiciera vomitar. Intento medio incorporarse pero le fue imposible, todo lo sucedido el día anterior le parecía increíble.

Por primera vez en meses no soñó con Castiel, había soñado con una chica, con Ronda, una de sus primeras novias, nunca consiguió verla, solo escucho su voz en la oscuridad, "Nunca te olvides de tu chica, Dean Winchester", por alguna razón aquella voz le desgarraba algo en el pecho, porque aunque no era la voz de Castiel, ni se refería a él, sabía que hablaba de él.

Cuando abrió los ojos, solo pensaba en Ronda, la alegre y loca, a quien planeaba llevar al baile, bebía como un bucanero y vivía la vida un día a la vez, la que le advirtió nunca podría serle fiel y el acepto, porque era la mejor en la cama y le gustaba tener el mismo beneficio, "la más puta de toda la generación", así fue como titularon el video que arruino la vida de Ronda, a quien todos odiaron hasta que dejo de ser alegre y loca, hasta que finalmente sus padres enviaron muy lejos, a quien fue a despedir, sin entender porque, diciéndose que tal vez tendrían sexo desenfrenado como despedida, pero tan solo encontró a una chica triste arrastrando una maleta, "nunca te olvides de tu chica, Dean Winchester".

Dean entendió en ese momento que si había ido a verla ese día no fue por la promesa de una última noche, fue porque lo que le hicieron fue una putada y él nunca tuvo los pantalones para defenderla y solo quería consolarla y que cuando ella le pidió no se olvidara de su chica… no hablaba de ella… o tal vez lo hacía, quizás solo quería un altar a sus senos perfectos. "No te olvides de tu chica, Dean Winchester", en su sueño significaba, tal vez, "No abandones a quien amas como me abandonaste a mí".

–Cass…

La luz de la habitación fue encendida, y una enfermera se acercó a él. No le pregunto cómo se sentía, se limitó a colocarse un par de guantes de goma y apartar y apagar el aparato que Dean acababa de quitarse.

–¿Dónde estoy?

–En el hospital.

Su respuesta fue tan seca que casi le precio una ramita rompiéndose.

–¿Qué día es hoy?

–Viernes.

Dean asintió, dejo que la enfermera hiciera su trabajo, analizándola a ella, y la habitación en la que se encontraba, porque aquel hospital no le parecía el mismo en el que había estado antes, tenía una habitación para él solo, con un sillón de cuero color marfil, una enorme ventana que le mostraba el aterciopelado cielo nocturno y una pantalla plana, en la manga izquierda de la enfermara vio, sin lugar a dudas el logo de "Heaven" y una placa metálica con su nombre de pila "Rachel".

–Rachel ¿Dónde estoy? ¿Por qué estoy aquí?

Ella le dedico una mirada inquisitoria.

–En el hospital San Louis, cuarto piso, habitación 13–C, es viernes 13 de septiembre, son las 11 y 47 de la noche. Sufriste una caída –cuando deberías estar en reposo– te desgarraste todos los 14 puntos, sufriste un efecto adverso por el mal uso de analgésicos recetados. – hizo una pausa. – No debes moverte demasiado, tu cuerpo rechazo tus nuevos puntos, mantente tranquilo, uno de tus pulmones colapso por la presión a mitad de la cirugía. ¿Necesitas alguna otra cosa?

–El control de la tv y un buen filete estaría bien.

Rachel que sonaba como un instructivo seco parpadeo un par de veces antes de reajustar la intravenosa en su lugar, Dean supuso de inmediato que a ella no le agradaba, y que no tenía ganas de agradarle, muy probablemente hubiera sido mejor que no fue impertinente con ella, se arrepentiría totalmente el resto de tiempo que pasara en el hospital, especialmente al momento del cambio de vendajes. Recibió el control y ella se marchó tan silenciosa y metódicamente como entro.

Dean encendió el televisor, le habían dicho que estaba en el hospital San Louis, pero eso no se parecía en nada a la última vez que había estado ahí y muy probablemente se hubiera preocupado, de no ser porque todos los recuerdos de la tarde anterior le cayeron encima como una lluvia de agujas de hielo, el monótono sonido de su corazón se volvió un poco más frecuente.

¿No había…? Sí, sí, definitivamente había estado con Castiel o al menos había estado demasiado cerca de estarlo, no, estaba seguro que lo había hecho, pero era incapaz de recordar todos los detalles. El problema era saber cómo es llego de un punto a otro. Se preguntaba qué tan en problemas estaban, si alguien les había descubierto, pero especialmente le preocupaba saber dónde y cómo estaba Castiel, pero ¡mierda! Como le dolía el costado, no podía siquiera moverse un poco, simplemente su cuerpo no le respondía, tan solo sentía dolor.

Rachel volvió media hora después con una bandeja que coloco frente a él, tan desabrido como sus requerimientos médicos requerían, pero le había llevado el filete que había pedido, parpadeo un par de veces, dándose cuenta por primera vez de lo distinto y fuera de lugar que estaba todo en aquella habitación.

–Esto debe ser una especie de error.

Estaba seguro que su padre no podría pagar ni que le llevaran esa comida a media noche, ni aquella habitación privada. Rachel entorno los ojos.

–Yo no cometo errores.

–Hola Dean.

Antes de que pudiera contradecirla de nuevo y tratara de explicarle la situación, la voz de Chuck los interrumpió a los dos. Rachel guardo silencio y se apartó obedientemente, saludando antes de salir de la habitación.

–Buenas noches, señor.

Dean tuvo otro microataque de pánico, porque Chuck se veía mucho más viejo que la última vez que lo había visto y por un momento quiso saber cuánto tiempo llevaba dormido, pero en la televisión podía verse la fecha en el noticiero de deportes que le decía que no podía llevar más de 36 horas en el hospital.

–Me alegro que estés mejor.

–No estoy mejor.

Siquiera después del accidente se había sentido tan molido y no tenía fuerzas siquiera para negarlo.

–Me refiero a… ya estas, ehm, despierto. – Chuck suspiro largamente. – quizás no es el momento adecuado para hablar del asunto, pero, aparentemente nunca es el momento adecuado.

Dean no dijo nada, no podía sacarse de la cabeza a Castiel desnudo abierto de piernas para él y no podía ver a Chuck a la cara, se preguntó si ahora todos lo sabían, sí estaba en problemas, no estaba siquiera seguro si lo que había hecho fuera legal, no, en realidad estaba totalmente seguro que no era legal, porque lo amaba, ¿lo amaba? Claro que lo amaba y eso dolía más que todas sus partes rotas y mal parchadas.

–Castiel no quiere hablar conmigo en lo absoluto, así que pensé que tal vez podrías ayudarme, de nuevo.

–¿Cass está bien?

Esta vez fue Chuck quien se tomó su tiempo en contestar, el tiempo suficiente para que Dean replanteara aquella pregunta en su cabeza, esa y otras más ¿Chuck estaba bien? ¿Por qué estaba a media noche en el hospital? ¿Dónde estaba Sammy? ¿o su padre? ¿Por qué estaba él y no ellos? ¿le había pasado algo a Castiel? ¿no le había echo daño…? Se maldijo mentalmente, rogando a cualquier dios o fuerza que estuviera ahí afuera que no permitiera que eso fuera cierto. Se limitó a cerrar los ojos y dejar que el dolor y la confusión hicieran una fiesta en su interior. Chuck parecía demasiado tranquilo, eso debería tranquilizarlo.

–Tratándose de Castiel, esa es una pregunta difícil, le dije que lo enviaría lejos, se indispuso tanto… no quiso siquiera ver su comida y estaba tan molesto que, incluso él… – Chuck hizo otra pausa, dudando un momento antes de continuar. – le dio fiebre.

¿Enviar lejos a Castiel? Aquel pensamiento lo aturdió, entonces recordó que quizás él también se mudaría pronto… ¿Acaso Chuck lo enviaría lejos por su culpa…? Un nudo se formó en su garganta, "ya lo sabes, Dean, esto desde siempre nunca pudo ser"

–¿Está aquí en el hospital?

–No, claro que no.

La voz de Chuck cambio ante esa pregunta, como si fuera impensable que Castiel se encontrara en el hospital.

–Cass estará bien, solo es un berrinche, – Chuck no sonaba muy convencido.- pero necesito que hables con él, Cass tiene que irse. Pensaba enviarlo a Punjab con unos parientes.

–¿Pun…?

Dean palideció un poco, ¿Dónde mierdas estaba Punjab? No era como, enviarlo a una granja en Wisconsin, especialmente… ¿Por qué Chuck le haría algo así a Cass? ¿era su culpa? Chuck no le prestó atención y continúo hablando.

–Castiel se moriría de tristeza si lo envió ahí, lo sé, la India es un lugar raro, con todos sus bichos y enfermedades, yo no puedo ir, no tengo estomago de viajero, pero si tu fueras con él… sé que si tú vas, el estaría feliz.

–¿Yo? ¿a Pumba?

Chuck parpadeo, porque tampoco estaba seguro que ese fuera el nombre correcto.

–No tiene que ser a Punjab, puede ser a cualquier lado, solo, que sea lejos y pronto.

Dean se hundió en la camilla.

–No me tomes a mal Chuck, pero, no sé si puedo viajar, ehm… pronto.

Lo que más deseaba preguntar era el porqué, no entendía porque Chuck que aceptaba a regañadientes y con mil y un precauciones que Cass fuera a la vuelta de la esquina ahora lo quería enviar a la India.

–Lo sé, pero el proceso legal toma tiempo.

–¿Eh?

–Te conozco desde que eras un chiquillo, es decir, no constantemente, pero algo así, sé que eres un buen chico, y sé que cuidaras de Castiel, y sí Balthazar no puede avanzar mucho con él, legalmente seguirá siendo una persona… discapacitada de sus facultades mentales. Quiero que seas su guardián legal. Es necesario, para viajar al extranjero y esas cosas. Si decides aceptar.

Dean se quedó mudo, así que Chuck continúo. Por primera vez observo a Chuck, tratando de buscarle sentido a todo lo que había escuchado.

–Puedes tomarlo como un empleo… no tendrías que preocuparte por los gastos, sé que no aplicaste a ninguna universidad y, bueno, el instituto ya se terminó.

Claro que no había intentado meter a ninguna universidad, ese era el sueño de Sammy y sabía que el presupuesto familiar solo sería suficiente para pagarla si los dos Winchester mayores trabajaban para pagarla.

–Hay algo que no me estas contento. Obviamente.

–Hay muchas cosas que no te estoy contando, Dean.

–Estas enfermo ¿verdad?

Chuck fue quien se quedó en silencio esta vez.

–Solo tres personas lo saben, mi abogado, mi doctor, Rachel y ahora tú.

–Chuck…

–No es nada serio, solo que el tratamiento será desgastante y no quiero que Castiel se estrese demasiado al respecto.

Eso era mentira, pero a Chuck le avergonzaba demasiado hablar de Lucifer y si Dean y Castiel estaban lejos, no tendría nada de qué preocuparse, volvería a la compañía, haría lo que Lucifer deseaba, él habría ganado, todos lo harían, además, tampoco se sentía muy buen anticuario, la mayoría de las cosas que había comprado habían terminado siendo falsificaciones ridículas que nadie compraría. Su enfermedad sin embargo era real, siempre lo había sido, la había encimado con otra de las escusas para mantenerse lejos de la compañía y la verdad era que nunca le había dado demasiados problemas. El soplo en su corazón había descansado de manera benigna en su pecho hasta el día anterior, en el que Lucifer decidió entrar y destrozar la mitad de la tienda.

–¿Harías eso por mí, por Castiel? Él te sigue a todos lados, si se lo pides tú, ira.

Dean asintió, aun mareado, Chuck se despidió, Dean le dijo que no se olvidara decirle, que ahora le tocaba a Castiel hacer las visitas todos los días a la hora del almuerzo. El doctor de guardia apareció un rato después, luego Dean se quedó a solas, sin poder dormir.

Por la mañana su padre y Sam llegaron de visita, ambos estaban furiosos, especialmente su padre, que le dio un sermón, recordándole a Sam que estaba castigado hasta el fin de los tiempos, que los dos estaban castigados hasta el final de los tiempos y lo mucho que Dean lo había decepcionado.

Sam le conto entre dientes, que su padre estaba especialmente molesto porque Chuck estaba pagando por todo, que él había sido quien llamo a la ambulancia mientras Sam estaba en el cine, que John había llegado a casa y no había encontrado a ninguno de los dos, tan solo un reguero de sangre.

Rachel entro a silenciar a todos los Winchester, con su actitud estoica, John la increpo diciéndole que se encargara de sus propios asuntos y no se metiera en lo que no le importaba.

–Muy bien, eso hare.

Dean observo desde su sitio con algo de impotencia como Rachel sacaba de la bolsa de su bata una jeringa y la inyectaba en su intravenosa, después de eso, cualquier cosa que intentara salir de su boca se convirtió en un balbuceo, hasta que finalmente se quedó dormido, Sam, su padre o su diabólica enfermera quedaron demasiado lejos.

Volvió a soñar con Ronda, aquella frase "no te olvides de tu chica, Dean Winchester" rebotaba hasta hacerlo despertar, como si se tratara de una pesadilla, con ansiedad, adolorido, cuando despertó, dio un respingo al ver a Castiel de pie al costado de su cama, observándolo con atención. No pudo evitar que el dolor volviera a pegarlo al colchón.

–Hola Dean.

–Cass…

Se quedó en silencio, observándolo, su rostro de preocupación, mientras Castiel observaba su rostro dolorido. Dean era un agente del caos en el mundo de Castiel, que aún no podía arrancarse de la mente su última despedida, cuando aun temblando salió en busca de su padre y encontró parte de la tienda desecha, podía sentir el aire el perfume de su hermano Lucifer en el aire, no era un perfume en sí, era su afición a la canela, que parecía impregnar todo lo que tocara, su mente le decía que Dean necesitaba ayuda, que posiblemente se estuviera muriendo, pero el pánico lo paralizo, le parecía que su hermano aparecería en cualquier momento, que estaría detrás de algún estante, lo único que hizo fue quedarse de frente a su padre, sin emitir un sonido.

Cass… mira este desastre… lo siento mucho.

Se arrodillo junto a su padre, donde estaba el reloj que le había regalado Dean, la manecillas parecían atascadas, pero aun producía aquel peculiar sonido a cada segundo que pasaba, lo tomo entre las manos, al moverlo el sonido finalmente se detuvo, sus manos temblaban, pero no podía emitir palabra.

Lo llevare a restaurar, no te preocupes, las cosas materiales pueden remplazarse, solo las vidas humanas son invaluables e irremplazables.

Castiel extendió el reloj a su padre, no podía dejar de temblar.

Dean…

Fue el que te regalo Dean, lo sé.

Castiel negó con la cabeza, no estaba del todo seguro si las fuerzas le abandonaban o tan solo presionaba la madera con demasiada fuerza, porque sus brazos temblaban y no podrían sostenerlo aquel reloj por demasiado tiempo.

Cass, sé que no te va a gustar… pero te enviare lejos una temporada, así que, tendrás que despedirte de Dean.

No escucho las palabras de su padre, en su mente solo se superponía el rostro dolorido de Dean y la voz de su hermano repitiéndole lo roto que estaba, un nuevo miedo le invadió, el miedo a que Lucifer le hiciera daño a Dean. Quizás fue ese miedo el que por fin le ayudo a explotar.

¡NO, NO DEJARE A DEAN!

Aquel reclamo era más para sí, aun no se daba cuenta de lo que su padre le había pedido, jamás había gritado, le sorprendió el sonido de su propia voz, pero después de eso, las palabras fluyeron con facilidad de su garganta.

Dean ésta herido, Dean necesita ayuda, había demasiada sangre.

Su padre quería saber qué era lo que había pasado, obviamente no diría la verdad, pero no podía dejar de culparse. Le dijo que Dean se había caído por ir a buscarlo y él fue incapaz de llamar una ambulancia para ayudarlo. Chuck le hizo más preguntas, pero Castiel ya no contesto nada. Toda su fuerza le había abandonado.

No levanto la vista, sus ojos se llenaron de lágrimas, lloro en silencio, una gota tras otra, no supo cuánto tiempo, cerraba los ojos y pensaba en Dean, en sus caricias, sus besos y el peso de su cuerpo sobre el suyo, pero al mismo sus ojos se clavaban en las piezas rotas sobre el tapete verde, como un mal augurio.

No supo en que momento llego su hermana, se dio cuenta de su presencia cuando trato de consolarlo acariciando su espalda y susurrándole palabras tranquilizadoras. Ahora era consciente de que su padre quería enviarlo lejos, pensó que eso era lo mejor, si se mantenía lejos de Dean, Lucifer jamás podría hacerle daño. Se guardó todos sus pensamientos, fue a su habitación, se dio un baño largo, acurrucado debajo de la regadera, con la mente llena de Dean, la caricia del agua tibia sobre su piel le recordaba sus dedos recorriendo su piel, pero también estaba la pesadilla del día anterior materializada en aquel reloj roto.

Negó con la cabeza, no, no iba a dejar que Lucifer le arrebatara a Dean, no iba a dejar que le hiciera daño. Despertó de su ensueño porque su padre tocaba la puerta con ganas, no sabía desde hace cuánto tiempo, le dijo que Dean estaría bien, pero que esta vez tendría que quedarse un tiempo en el hospital. Era lo único que Castiel deseaba saber: como estaba Dean.

Fue la primera vez que Castiel se negó a cenar nada, lo intento, pero no pudo tragar siquiera medio bocado, se quedó sentado frente a la mesa por horas, incluso después de que su padre se llevara el plato y lo mandara a la cama. Cuando finalmente se fue a dormir, soñó con Dean escurriéndose en su cama, llenándolo de besos y carisias, penetrándolo de nuevo con suavidad, pidiéndole de nuevo que fuera suyo y de nadie más, jurándole que siempre estaría ahí para él.

Entonces despertó y la ansiedad le presionaba el pecho, tenía un remolino de pensamientos en la cabeza. Balthazar no había sido a la fecha de mucha ayuda, pero fue el quien intuyo mejor que su padre el motivo de su preocupación.

No dejaremos que Lucifer se salga con la suya de nuevo, Cass.

No se atrevió a pedir información sobre Dean, ni Chuck ni Balthazar le dijeron nada: "Dejalo que pregunte, eso lo obligara a hablar", fue lo que escucho detrás de la puerta. Fue hasta el balcón de su habitación, el cielo estaba despejado y claro, tan solo una nube moteaba el cielo, se quedó ahí sintiendo el viento, se quedó ahí, sopesando, ¿Qué era más poderoso? ¿Su amor por Dean o su miedo a Lucifer?

Pensó que todo sería más simple si desaparecía, como aquella nube que se fue estirando hasta convertirse en una gasa traslucida y después nada. Pero negó con la cabeza, él no estaba hecho de vapor, él estaba lleno de nervios y la vida era la oportunidad de hacerlos funcionar todos. Se puso de pie en la barandilla, tan solo porque quería estar un poco más cerca del cielo y un poco más lejos del suelo. Lucifer no tenía derecho a quitarle nada. Esa fue su conclusión.

Fue cuando su padre entro de prisa, jalándolo debajo de la barandilla, de regreso al suelo, no entendió porque estaba furioso y triste, no entendió en lo absoluto porque lo abrazo con tanta fuerza pidiéndole perdón. Tampoco entendió porque le pregunto "¿Acaso no quieres ver a Dean?", no entendió por se dejó arrastrar al sofá, acepto la leche con chocolate y el sándwich de mermelada, que esta vez no tuvo pasas, esta vez había recordado que no le gustaban.

Ana, Balthazar y su padre tuvieron una conversación en voz baja lejos de Castiel, pero eso no era nada nuevo para él, él vivía en una burbuja donde a veces llegaban susurros, ya fuera porque él se aislara o porque las personas a su alrededor lo mantenían a la distancia. Suspiro enfadado, empujo lentamente el plato hasta el borde de la mesa.

Por la mañana, su padre le dijo que Dean quería verlo, todo el trayecto hasta el hospital tembló como una gelatina, hasta que por fin se encontró en la habitación de Dean, que dormía inquieto, llamándolo: "Cass, no te vayas, Cass, por favor"

–No me veas como si estuviera muriéndome.

–Lo siento.

No parecía que ninguno de los dos fuera a decir nada. Pero lo hizo, tenía que decírselo.

–Tienes que saber que, no me iré a ningún lado.

Dean asintió, pensando en la charla que tuvo con Chuck, sin saber cuál era la verdadera intención de Castiel.

–Dean, lo siento mucho, es mi culpa que estés herido.

–Tú no tienes la culpa de nada. Soy yo quien debió controlarse. Lo que hice, lo que hicimos, no… – Dean suspiro.- no estuvo bien, no solo porque acabe en el hospital, no es correcto y no estoy seguro siquiera si es legal.

Castiel se arrodillo en el suelo recargando la cabeza en la camilla.

–¿Por eso debe ser secreto?

–Sí. – Dean entrecerró los ojos.- ¿Quién te dijo que debía ser secreto?

–Lo leí en el libro rojo.

–¿Qué clase de libro rojo?

–Creo que se llama Kamasutra. Es bastante interesante, muy instructivo, aunque probablemente muy desactualizado.

Dean paso saliva, se mordió el labio inferior, quería sacudir de su memoria los escasos borrones del cuerpo desnudo de Castiel gimiendo para él, pero solo podía reemplazarlos por la de Castiel leyendo el kamasutra, que en la mente de Dean tan solo era un instructivo de poses obscenas y no el grueso volumen de instrucciones vetustas sobre el sexo y el amor que había leído el otro, que le observaba dubitativo.

–No entiendo porque podría ser ilegal, fui yo quien te lo pidió.

La verdad era que no había soportado la idea de imaginar a Dean con nadie más. Dean ladeo el rostro, volvió a humedecerse los labios.

–Cass, tú quieres matarme.

–Nunca ha mi sido intención hacerte daño.

–No lo hiciste. Todo lo contrario y escúchame lo que te digo, cuando salga de aquí, vamos a revisar tu y yo ese libró rojo tuyo.

Su conversación se vio interrumpida por la presencia de Rachel, que, como descubriría Dean era su enfermera personal, estricta y sin una pisca de paciencia o sentido del humor, como una barrera entre él y cualquier cosa no saludable. Por un momento pensó que echaría a Castiel, o que volvería a sedarlo como la última vez, pero se comportó como si no estuviera en la habitación, reviso su temperatura, pulso, le pregunto cómo se sentía, y pareció alegrarse un poco al escuchar que dolía como el demonio.

–Lo se hace rato fue…

Iba a decir, una putada, pero sinceramente, ya había aprendido a tenerle precaución.

–Algo que hare de nuevo si vuelve a suceder.

Cuando regreso fue con la mesa rodante del almuerzo, y la verdad era que Dean estaba hambriento. Acerco la pequeña mesa del rincón y coloco dos charolas, una era para Castiel, la otra la dejo sobre la mesa en la cama de Dean.

–Le pedí a mi padre que nos enviara helado de menta, siempre me anima cuando estoy enfermo.

–El señor Winchester no puede comer helado, podrá cuando este mejor.

Para Dean fue extraño, ver como Castiel observaba su charola en busca del helado, que obviamente no estaba ahí, como si Rachel no existiera.

–Olvidaron poner el tuyo, te daré el mío.

–Dean Winchester, si tomas ese helado, no habrá analgésicos para ti.

–No creo que eso sea muy ético.

Castiel observo a Dean, después a Rachel y se quedó callado y muy quieto.

–Funciona en la medicina veterinaria, el dolor hace que los animales no se muevan tanto y sus heridas sanen más rápido.

–No soy un animal, y esta no es una clínica veterinaria.

Rachel ignoro sus palabras, Dean estaba genuinamente furioso. Dean trato de tomar su cuchara, pero era demasiado doloroso, Castiel tomo el cubierto, sirvió un bocado y se lo acerco a los labios a Dean, que acepto, con el orgullo herido.

–Esa maldita bruja.

–Ella no es una mala persona, Dean, solo está tratando de ayudar. Hace un rato escuche decir a Rachel que podrías tener una reacción alérgica a los analgésicos.

–¿Uh?

–Estaba hablando con el doctor, dijo algo de tu organismo estaba hipersensible. Ella solo quiere que estés bien.

Castiel continuo alimentándolo, Dean no se quejó. Los días se le harían eternos, pero eventualmente saldría de ese lugar, nada era para siempre.

Los días fueron escurriéndose uno tras otro, lentos, aburridos y dolorosos, tres veces tuvieron que cambiar sus puntos, no importaba lo que intentaran, la jodida herida se negaba a cerrar, Rachel no tenía empacho en recordarle que nada de eso hubiera pasado si hubiera cuidado sus primeros puntos, las vacaciones terminaron, todos sus compañeros se habían graduado mientras el convalecía la primera vez, un par de tareas extras y seria libre. Castiel lo visitaba casi todos los días, también Sam, su padre cada tres. Aquellas visitas eran su única alegría.

Poco a poco intento convencer a Castiel de todos los sitios geniales a los que podrían ir, si quisiera viajar, al principio no parecía interesarle la idea, después, Castiel se convenció de que quedarse en casa todo el tiempo era, como lo decía Dean, un desperdicio, entre ambos hicieron una larga lista de lugares a los que podrían ir. Le menciono a Castiel que le preocupaba que Chuck pagara las cuentas del hospital, él solo se había encogido de hombros mencionándole que no se preocupara por eso, su padre ganaba mucho dinero con su otro trabajo, Dean bromeo sobre la venta ilegal de órganos, como alguien había murmurado una vez. Fue cuando conecto todos los puntos entre Heaven y el día del accidente, erróneamente se convenció de tener la respuesta, alguien había tomado una foto que no debería salir publicada en ningún lado, quizás alguno de sus clientes, de cualquier cosa que vendiera Chuck en la parte trasera de su tienda, su cliente seria algún pez gordo de Heaven, que probablemente le debía demasiados favores a Chuck y ahora los estaba pagando.

Eventualmente las cosas mejoraron, los días ahora eran gélidos, pero su herida había cedido, ya podía pasear por el hospital, salir a tomar el sol y respirar el aire del exterior, siempre con la atenta mirada de Rachel. Esta vez habían sido demasiado estrictos en el hospital, sabía que ya hacía semanas podría haber vuelto a casa, pero no lo dejarían ir hasta que no estuviera "completamente en condiciones de viajar". Un par de días más y estaba seguro podría ir a casa.

Fue cuando recibió una visita de Balthazar, le dijo que le traía malas y buenas noticias, la buena le dijo, en un tono sarcástico, es que, ahora Dean Winchester era uno de los guardianes legales de Castiel, la mala, le dijo, fue que, legalmente Castiel aun necesitaba de un tutor, que a pesar del trabajo todos esos meses, Castiel se había quedado con la mirada en la pared y no había abierto la boca en lo absoluto durante la audiencia en la que trataban de apelar el diagnóstico del primer doctor, que habia declarado a Castiel mentalmente incompetente.

Balthazar no se veía feliz de anunciarle que habría otra audiencia en un mes, que ahora que Dean podría asistir, esperaba un resultado distinto, pero lo dudaba, para él Dean era una mala influencia, un placebo que a largo plazo haría más mal que bien.

–Porque sabes, ¿lo sabes? Castiel, está enamorado de ti, y todos creen que se trata de una cura mágica, pero yo no lo creo así, el amor es un arma de doble filo y ese filo esta puesto justo sobre el corazón, no sé si entiendes esto.

Dean recordó aquel sueño que tuvo, de esa horrible llave hundiéndose en el pecho de Castiel, por eso le contesto nada, no supo si debía interpretar aquello como una amenaza.

–Te diré algo que tampoco sabes, Castiel intentó suicidarse cuando le dijeron que tendría que tomarse unas vacaciones de ti.

Cuando Balthazar se marchó, el doctor le dijo que era libre de volver a casa, pensó que cuando llegara ese momento seria el sujeto más feliz del universo, pero la visita de Balthazar habría agriado su día. Pero la libertad… la jodida libertad, eso era lo mejor, no más Rachel, hola todo el chocolate que quisiera comer.

Se moría de ganas de comer una enorme hamburguesa y trabajar en el taller hasta bien entrada la noche, pero lo que más deseaba por encima de todas las cosas era encontrase a solas con Castiel y aquel susodicho libro rojo, disculparse y no con palabras por aquella patética tarde en la que echo todo a perder, negó con la cabeza, aunque eso era lo que deseaba, cada vez que pensaba en Castiel las palabras de Balthazar lo golpeaban en las tripas: "Te diré algo que tampoco sabes, Castiel intentó suicidarse cuando le dijeron que tendría que tomarse unas vacaciones de ti."

El enfado de John ya se había enfriado, Dean no habia hablado con el sobre su trato con Chuck, tampoco le había dicho que ahora era tutor de Castiel, a pesar de su vida díscola, Dean pocas veces desobedecía a su padre, y sin falta todas ellas fueron para encubrir a Sam.

Cuando aparcaron frente a la tienda la encontró cerrada, no recordaba que las ventanas tuvieran cortinillas de metal, pero las tenía y estaban echadas abajo. Bobby lo llamo desde el otro lado de la acera, él y John le mostraron la sorpresa que tenían para él, era su viejo Impala, estaba hecho una porquería, pero le aseguro que habían conseguido otro par con todas las refacciones necesarias para echarlo andar de nuevo, Dean se quedó con Bobby el resto de la tarde, mirando cada dos minutos en dirección a la tienda de antigüedades.

John le hablo sobre sus planes con el negocio familiar en el taller, aunque con amargura, pues había doblado su trabajo para poder pagar las cuentas medicas de Dean y ahora esas cuentas no existían, John tenía dinero extra para ampliar el taller, le pregunto si no le emocionaba tener su propia estación de servicio dentro del taller.

Dean desmontaba las partes inservibles del Impala en silencio, tarde o temprano tenía que contarle.

–¿Sabes pá? Chuck está algo enfermo.

–El dinero no hace la salud ¿no?

John se encogió de hombros, sacando un cable retorcido que a su juicio no era parte del Impala.

–Yo le debo una.

–Na, hijo, tus riñones no valen tanto.

–Suerte que lo que pidió fueron mis corneas.

Los dos se soltaron en unas risas más bien nerviosas.

–Pá…

–¿Te pidió algo? – Dean asintió y John negó con la cabeza. – así es la gente rica hijo, siempre tratando a los demás como si estuviéramos a su servicio, tú no tienes que hacer nada que no quieras, veras, hace poco, vino uno de sus hijos, el más malcriado de todos, Rick, o Mike, no, Nick, quería comprar el taller, según él estaba interesado en que fuera el mecánico personal de su colección, había muchas cosas en la línea. El dinero no vale tanto la pena, este taller es mi legado y ser parte de la colección de un hijo de puta malcriado…

Dean se quedó callado, pensó en Sam hablándole del trabajo fuera de la ciudad que le habían ofrecido a su padre. Entonces no iban a mudarse, eso era un alivio. No tuvo el valor de continuar con aquella conversación, y daba igual, Dean y Castiel no viajarían a ninguna parte.

Dean debía pedir permiso en el taller cada vez que visitara a Castiel, así que su padre pensó que el favor que le debía a Chuck lo pagaría sacándolo a pasear de vez en cuando, Dean dijo que algo así.

Cuando se reencontró con Castiel fuera del hospital, lo único que deseaba era besarlo, pero él lo rehuyó. Señalándole distraídamente la cámara puesta, lo invito a dar un paseo, Chuck aceptó a regañadientes, no le hacía gracia en absoluto que Castiel saliera de la tienda. Pero consiguió convencerlo, y en aquel apretujado pasadizo en dirección al cementerio por fin consiguió probar de nuevo sus labios.

Pero no pudo sacarse las palabras de Balthazar de la cabeza, la duda es como el pan amasado con levadura, se vuelve cada vez más grande, pero tan solo hace falta estrujarlo entre los dedos para descubrir que en realidad, no eran la gran cosa, cada burbuja era una pregunta distinta, una preocupación, cada segundo era una pregunta distinta, más allá del porque ¿Cómo fue? ¿en qué pensaba? ¿Qué medio intento utilizar? Lo imaginaba contemplativo en busca de un medio para terminar su vida, lo imaginaba impulsivo, arrepentido después.

Aquel beso termino en una ansiedad que subió su temperatura corporal, totalmente lejos del placer, totalmente lejos del deseo, en la costa de la preocupación, donde la arena repta por tu cuerpo arañando y raspando. Castiel le sonreía, lo amaba y aa pesar de todo, era feliz.

"El amor es una putada" fue lo que dijo Dean Winchester años atrás, cuando creía que el amor estaba contenido en la quijada que se caía hasta su barbilla al ver las bamboleantes caderas de aquella chica de la que ya no recordaba su nombre y se lo repetía mentalmente ahora que abrazaba a Castiel sin poder sonreír.

No se atrevió a preguntar nada, si lo hubiera hecho, Castiel lo hubiera sacado de su error, le hubiera dicho que él no quería acabar con su vida, quería disfrutarla lo mejor que pudiera, Dean usaría su voz de padre y le diría que pararse en la cornisa del quinto piso era peligroso y le haría prometerle que en lo consiguiente fuera más cuidadoso. Pero no lo hizo, y antes de girar en redondo, en su lugar dijo sin pensar, lo último que Castiel deseaba escuchar de labios de Dean.

–Tengo una idea que puede arreglarte un poquito.

Aquí esta el siguiente capitulo, lamento no haber podido traerlo antes, las cosas han estado medio chungas de este lado del monitor, espero que les guste, recibir sus comentarios siempre me alegra mis días :), al fic ya no le quedan muchos capitulos por delante, se aceeeeerca el fin! jeje, la verdad no recuerdo si ya conteste a sus reviews personalmente, o si no, así que sorry por eso, los leo todos y los aprecio todos. Gracias por seguir la historia y por estar ahí, significan mucho.