Hola, despues de setecientos años aqui les traigo un nuevo capitulo! espero que lo disfruten y me lo hagan saber! besosss

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Castiel le dedico a Dean una mirada de enfado, pero lo siguió de todos modos, no le agradaba en absoluto cuando se referían a él como algo que tenía que ser arreglado, sin recriminarle nada, aquel gesto no pasó desapercibido al Winchester, pero no le dio demasiada importancia, tan solo pensó que estaba decepcionado por no poder ir a la feria. Castiel había tenido tiempo de reflexionar, se había quedado demasiadas noches sentado en la cama observándose en la oscuridad, después de dedicar su tiempo libre a reparar el reloj que Deán le había regalado, lo había desmontado, engrasado, limpiado, enderezado de donde estaba retorcido y vuelto a armar.

No había sido fácil, pero lo había conseguido, la llave del impala que usaba para darle cuerda ya no entro en la rendija, él no sabía que Dean la había forzado a entrar retorciendo su mecanismo, él no se atrevía a empujar más de lo debido, no sabía que cincuenta años atrás en la línea de ensamblaje uno de sus engranajes se movió de lugar rozando uno de los péndulos, y desde aquel día y hasta que Castiel lo alineara a su lugar cada tic tac se convirtió en un "plop, plop", aquel problema también lo retrasaba un minuto cada hora, retraso que, rodeado de relojes no pasó desapercibido.

Chuk le observaba desde su sitio y al verlo tan consternado le preparo una sorpresa especial: un cerrajero que luego de una revisión exhaustiva le dio una llave delgada y alargada, que termino de convertir aquel reloj en una impoluta, silenciosa y exacta máquina de dar la hora. Al principio no entendía porque aquello le molestaba, porque ya no podía mirarlo siquiera y dejo de darle cuerda y una parte de él quería enviarlo al sótano de las cosas prohibidas. Pero no lo hizo, porque era un regalo de Dean, pensaba, que además, era como Dean, que también estaba parchado por todas partes y recuperándose en el hospital.

Una noche en medio de la oscuridad, justo cuando la mente se encuentras más clara, entre la conciencia y la inconciencia, a punto de quedarse dormido descubrió que aquel reloj no era como Dean, era como él, distinto y arrumbado en un sótano juntando polvo hasta que Dean lo saco de ahí, atascado hasta que Dean forzó la llave que lo hizo funcionar de nuevo, se quedó dormido tras un breve estremecimiento, pensando en el reloj estrellado contra el suelo de manos de Lucifer sin que siquiera su padre pudiera evitarlo, como una premonición que se quedó flotando en aire esperando el momento de volverse real.

Olvido aquel descubrimiento apenas se sumergió en el mundo de los sueños. Soñó con Lucifer, repitiéndole que nadie podía arreglar todas sus roturas, se soñó de pie, enfrentándolo, diciéndole, que no había nada que arreglar, que él era quien era y no necesitaba que nadie dijera lo contrario, pero Nick se echó a reir, en voz queda, sarcástica, diluyéndose en las oscuridad, dejando frente a él tan solo fuerte y claro a Dean desparramado sobre la cama, cubierto de sangre mirándolo desde ahí con una mirada dolorida. Aquel sueño también lo olvido, pero todas las cosas olvidadas se quedan en algún lugar y todo eso se quedó como abono y riego de aquella pequeña semilla de duda que habitaba en él, en espera del rechazo de Dean.

Una semilla que arrojo sus primeras hojas aquel día, cuando Dean lo arrastro hasta el bar de Helen, cuya puerta siempre estaba abierta, que antes de que los clientes usuales comenzaran a llegar era territorio de Jo y por la barra solo circulaba helado y malteadas, a Castiel le había falta conocer más gente y Jo parecía una buena influencia, al entrar no solo encontró a Jo si no dos de sus amigos y Ash frente a "Malefic 666 segunda" su monstruosa computadora que de lejos parecía un cacharro sacado de alguna película steam punk demasiado decadente como para que funcionara, cuando la verdad era que había salido de distintos vertederos de chatarra, Dean no podría negar que la ganzúa que llevaba en el llavero los había metido en varios de esos lugares. Ash soñaba con construir una suerte de robot, y tanto su hermanita Jo, como a sus amigos Charlie y Kevin, aquella idea les parecía fascinante, Dean solo le debía unos cuantos favores y usualmente lo negaría frente al resto de sus amigos, pero, como Ash pocas veces veía la luz del sol y sus viejos amigos lo habían abandonado, aquel tugurio era lo mejor que tenía y nunca se había dado cuenta, hasta que el resto se marchó.

–¡Dean!

Jo siempre se alegraba de verlo, Charlie y Kevin también, Ash solo levanto una mano en señal de que sabía que estaba ahí pero de momento no podría prestarle atención.

–¿De nuevo tratando de colarse al pentágono?

Jo, Charlie y Kevin negaron con la cabeza casi al unísono.

–Tenemos un infiltrado.

Dijo Ash sin separar la vista del monitor.

–No es u infiltrado, es Castiel.

Protesto Dean, fue cuando Ash levanto la vista y ladeo la cabeza para sacudirse las ideas.

–No tu novia, encontré una red fantasma, cuando quisimos entrar, ¡oh viejo, me jodieron sin vaselina!

Dean se congelo en su sitio, pero entonces se dio cuenta que Ash solo bromeaba, demasiado concentrado en rescatar a su cacharro.

–Alguien hackeo a Maleficus 666.

–Segunda.

Dean asintió, fue cuando la atención de los chicos, excepto la de Ash se fijo en Castiel.

–Cass, ella es Charlie, ese de ahí Kevin, Ash y espero que a Jo ya la conozcas.

–Los he visto a todos pasar desde la escuela.

Los chicos saludaron, todos parecían sobreexcitados, como aquella vez que Bobby encontró un tejón atascado en el taller, lo había metido en una jaula y antes de que pudiera llamar a control animal los chicos se habían apropiado de él, le habían llamado Phil y sobrealimentado hasta que tuvo el tamaño de un bulldog y la fuerza suficiente para romper su prisión y correr como un condenado por todo el bar a mitad de la hora feliz mientras Helen le dispara tres escopetazos sin darle ni una sola vez al bastardo con suerte, Castiel había sido testigo de todo aquello, como lo era de todo lo que sucedía en aquella cuadra de locos, como los llamaba Chuck cada vez que alguien disparaba alguna escopeta contra algo, él era el habitante solitario del palco desde donde transitaba aquella película, que solo veía a partes incompleta, el tan solo vio salir del taller de Bobby a Sam corriendo y volver con una jaula y compañía, luego a todos los chicos alrededor de aquella jaula, varios días después quienes salieron despavoridos fueron a un puñado de clientes, el tejón y Helen escopeta en mano.

Ahora era parte de aquel caos, al que más tarde se uniría Sam, aun con la mochila del colegio en el hombro, pidiendo un helado doble con mucho chocolate, "Hey, vete despacio, vaquero", "tuve un mal día, Jo, no cuestiones, solo dame esas tres bolas, y ponle extra chocolate, y chispas, también ponle chispas", donde los barquillos de helado correrían como las pintas de cerveza en un caos donde todos hablan al mismo tiempo sobre mil cosas, en lo que Dean llamaba sugar rush, que se cerraba sobre Castiel como un conjunto se zumbidos del que a veces conseguía alguna palabra o dos, no era como la feria, no era un grupo de desconocidos avanzando en sus ropios asuntos, ellos estaban con él.

Al principio Castiel se sintió pequeño y abrumado, al principio siquiera intento seguirles el paso y por un momento se sintió tan agobiado que incluso le costó trabajo respirar, era cuando buscaba la mirada de Dean y él le correspondía con una sonrisa, entonces hinchaba sus pulmones y trataba de entender porque lo había llevado ahí, le aterraba la idea de que lo estuviera comparando con el resto, era ese miedo lo que lo obligaba a tratar de sacar algo en claro de aquel coro de voces, fue cuando Dean le palmeo el hombro y le regalo una sonrisa: Relájate viejo.

Dean le explicaba cosas de vez en cuando, les había dicho que lo consideraran parte del equipo y aquella petición pareció bastar, probablemente ninguno entendía su problema de comunicación y pensaban que tan solo era muy tímido, parecía que todos tenían demasiadas cosas que querían preguntar, pero también demasiado que contar, el Winchester de pronto comenzó a funcionar como una suerte de traductor arbitrario, a Castiel aquella dinámica le resultaba extraña, pero la energía le parecía agradable, ahí nadie odiaba a nadie, nadie pretendía ser agradable, nadie quería lastimarle a nadie, nadie torcía el gesto a espaldas de nadie, ni lo veían con lastima, condescendencia o desprecio.

En resumidas cuentas, ellos no eran como su familia.

Aquella noche, cuando Dean lo devolvió a casa, Castiel durmió muy poco, le zumbaban los oídos y su estómago estaba inquieto, cuando por fin consiguió quedarse dormido lo hizo tranquilamente, sin despertar, pero en este mundo todos estamos conectados, para bien o para mal, 23 minutos después de que Castiel se entregara al mundo de los sueños, de costado y respirando tranquilo, miles de kilómetros de distancia la sangre con la que se encontraba emparentado viajaba rápidamente por las venas del cuerpo de su hermano, Lucifer despertaba de golpe en su cama, afiebrado, víctima de la ansiedad que desde hacía noches no le dejaba dormir de manera adecuada, cubierto de sudor, como si su piel destilada el caldillo de odio en el que su corazón se consumía día con día.

Aquel sentimiento era nuevo para él, incluso en los momentos más enfermizos de su obsesión, cuando perdió los estribos en la tienda frente a su padre, su corazón siempre había sido frio y apacible, su mente se mantenía tranquila, planeando su siguiente movimiento, claro que había fuego en sus entrañas, uno que ardía con su odio como combustible, no era un odio violento, era más bien las medias tintas del desprecio, la curiosidad sin interés, el apego sin amor, la agresión sin violencia, la muerte silenciosa. Un odio glacial.

Él nunca había sido la victima de su propio odio, no hasta hace poco, cuando después abandonar la tienda de su padre y maquinar como un demente cada uno de sus movimientos consecuentes recibiera una llamada de su padre, apenas dos días después, antes de siquiera hacer nada, le llamaba para fumar la pipa de la paz, se sintió como el jugador empedernido que tiene listo su gran movimiento para obtener una victoria avasalladora. Donde esperaba una gran batalla tan solo encontró una escueta bandera blanca ondeando pasivamente bajo el viento y tuvo que tragarse todo aquel odio, trago que le había caído terriblemente mal. Desde ese día no podía dormir bien porque sobre su mente la balanza entre su odio obsesivo y lo que siempre había deseado: la aprobación y atención de su distante padre. Había obtenido lo que quería, pero no lo que deseaba, o al menos, la promesa de que lo tendría.

Igualmente no estaba tranquilo, estaba seguro que había algo que no le estaban contando y eso era lo peor que podían hacerle, su padre había cerrado la tienda, así que sus alertas ya no funcionaban, eso lo exasperaba de sobremanera, Meg tuvo que volver a espiar de manera manual, no parecía que la tarea le hiciera mucha gracia, pero era obediente, supo que su padre llevaba a Castiel prácticamente todos los días al hospital, se preguntó si el pequeño bastardo estaría enfermo, pero no pudo confirmar nada, descubrió para su desgracia que nadie estaba dispuesto a darle información, tan solo si, tal vez, algo así.

No le gustaba que le ocultaran cosas, no le gustaba que Rachel, la enfermera personal de su padre trabajara tiempo completo en el hospital gobernando tiránicamente la información.

Al igual que Castiel se había quedado de pie observando el cielo colocando en una balanza ambos sentimientos, el odio que sentía por Castiel o el apego que sentía por su padre, igual que Castiel se dijo a su mismo que su hermano no tenía derecho a quitarle nada, igual que a Castiel de pronto la memoria del otro agregaba un peso a su estómago, amargaba sus días y afectaba su digestión y cuando perdían la paz, se repetían como un mantra: mi hermano no tiene derecho a quitarme nada. Dos sentimientos contrarios, dos personas contrarias y una balanza que pendía de un alfiler que estaba a punto de estrellarse contra el suelo.

Horas antes había visto de reojo una alerta brotar en su ordenador, alguien había tratado de meterse en su red privada, no le dio importancia, confiaba en su escudo de seguridad, nunca supo que del otro lado se encontraba Castiel, con unos chicos, en un bar hediondo consumiendo helado como si fuera un remedio.

Volvió a recostarse, pero esta vez no se encontraba solo, encontró con "algo" que hundió sus dedos en el subconsciente, perforando la fina línea onírica en la que se encontraba Lucifer, que primero contemplo las formas, de algo que quiere atravesar el velo negro de su mundo, el velo se perforo, primero un dedo, después el otro, rasgando un poco más aquella oscuridad que no era sólida, ni liquida, sin embargo impedía su paso, Lucifer contemplo aparecer al intruso, con paciencia, como quien ve nacer una epifanía, una idea nueva y fascinante.

Aquella figura, exhausta y húmeda cayó a sus pies, como solo se puede estar luego de un nacimiento, sus dedos se alargaron en dirección a Lucifer, que retrocedió, un paso a la vez, tan solo para verlo arrastrarse en su dirección un poco más, quizás fuese tan solo una opción del caos de las infinitas posibilidades, tal vez la magia existía en este mundo y quien se deslizaba suplicante a los pies de Lucifer era el lascivo Castiel de ojos negros, húmedo de tantos meses de flotar perdido en la espuma onírica tras haber sido expulsado de los sueños de Dean por el verdadero Castiel.

Ese Castiel no tenía voz, era mudo, tan solo sabía abrir los labios tan solo para exhibir lo húmedo y cálido que podría ser su interior, el único sonido que salía de ellos eran suspiros ansiosos, podría ser que en el interior de ese Castiel tan solo hubiera pastosa malicia, pero le daba a su boca un brillo especial y su extendía sus manos en dirección a Lucifer no era como garras en busca de una presa, si no como delicadas caricias que le mostraban lo que podría hacer, si tan solo le permitiera el acceso a su piel, mirándolo siempre a los ojos, sumiso y entregado, obediente y ansioso.

Podría ser que en este mundo existiera la magia y lo que se arrastraba a los pies de Lucifer traslucido a veces, no fuera otra cosa más que una chispa de caos errante que durante un tiempo había encontrado un portador y ahora buscaba otro, entre los hilos de la sangre que mueven al mundo, y todo el líquido resbaladizo que empapaba su piel fuera el destilado de la maldad obsesiva de Lucifer.

En un sueño todo es y no es, Lucifer se acomodó en la suavidad de su propia oscuridad, deteniéndole por la barbilla con la punta de su zapato, ese era su reino, de oscuridad y miseria, el Castiel onírico recibió aquella afrenta como una caricia, desde ahí repto hacía él, las manos de Lucifer lo recibieron con una correa que apareció ahí tras una caricia desdeñosa, pues era el posesivo.

Le habia puesto una correa a un dios idiota que buscaría darle cualquiera que fuera su placer. La maldad había puesto al caos y el deseo a su servicio, igual que la ingenuidad de Dean y Castiel lo habían hecho para crear un disparatado amor, pero no había ni habría amor en el modo en que lo tomo por los cabellos para tomarlo, en aquel universo caótico y brumoso, donde nada era real, tan solo anhelo, vacío y oscuro, tan solo sensaciones que no provenían de ningún lado, en medio de aquel sueño húmedo del que despertó entrada la mañana, una parte de él se había reencontrado con la paz interior que había extraviado, sin embargo despertó en el vacío de encontrase solo.

Lejos de Lucifer, Dean tampoco había conseguido dormir demasiado, se rascaba la cabeza frente a su laptop cabeceando un poco, yendo luego por un café tras otro, investigaba todo lo que podía sobre la enfermedad de Castiel, se devanaba los sesos con un diccionario en la mano, diccionario en el que no venía ninguna de las palabras que tenía en su lista, su mente divagaba demasiado, primero en Castiel, después en aquella pregunta recurrente que ya lo había hecho tomarse medio paquete de antiácidos: ¿Por qué? ¿Por qué Castiel intento quitarse la vida?

En realidad era la respuesta lo que causaba su malestar estomacal: por mi culpa.

Se llevó las manos a la cara maldiciendo, respirando profundamente, tratando de no echarse a llorar, para no despertar a nadie más, ¿lo intentaría de nuevo? El mismo Castiel que se había acabado media pinta de helado de menta, se maldijo, se maldijo mil veces, pensando en lo mucho que deseaba a Castiel y a nadie más, se maldijo pensando en Castiel jurando ser suyo por siempre, se maldijo pensando en Castiel entregándose a él.

Se quedó dormido sin saber, en su sueño continuaba repasando los mismos textos una y otra vez, sentía la boca seca y se levantaba por el pasillo en busca de un vaso de agua, bebía y bebía, pero no conseguía hidratar su garganta reseca.

Al volver se encontró consigo mismo frente al monitor de la computadora, mirándolo reprobatoriamente, se recargo en la silla, extendió su mano por encima de su cabeza, haciendo el ruido de un motor hasta que este hizo un trayecto hacia lo que Dean llamo el carajo.

–¿A esto llegamos ahora?

Dean no se contestó, llamo al otro Dean el verdadero Dean, el que era antes del accidente, él se sentía falso y ese sentimiento extendió las paredes hasta que estas se fundieron en la oscuridad, sabía que el verdadero Dean quería su cuerpo y él no estaba dispuesto a dárselo, ni sabía cómo hacerlo.

–Pero te perdono, te perdono, nos perdonó. – el verdadero Dean cerro la laptop con un movimiento perezoso. – en tiempos de guerra todo agujero es trinchera, pero ¿Castiel? ¿de verdad? pero se acabó, ¿fue divertido no? ¿no? ¡SIQUIERA LO SABES!

Dean fue arrancado abruptamente de aquel sueño, todo gracias a una voz real.

–Dean, ¿no es muy temprano para que estés viendo porno japonés?

–Se llama anime, Sam, y es una forma de arte.

–¿Enserio, Dean?

Sam lo observaba desde la puerta en pijama, le hablaba ya sin la condescendencia con la que o había tratado los días después del accidente, antes de girar los ojos y prepararse para ir a la escuela, Dean también se reincorporo para prepararle un desayuno grasoso.

Las cosas poco a poco habían entrado a un punto de equilibrio y hasta tenia cierto encanto, salir agotado del taller, darse una ducha rápida y sentarse al lado de Castiel era una rutina agradable, al mismo tiempo no lo era, tenía encima la cuenta regresiva de la audiencia de Castiel antes de que salieran de viaje, no entendía el porqué de una audiencia legal, no estaba seguro de que las cosas funcionaran de ese modo, pero, usualmente se sentía demasiado avergonzado como para preguntarle cosas a Chuck y éste parecía poco interesado en las explicaciones.

Castiel sabía mucho, pero conocía poco, al principio había sido dócil y receptivo, poco a poco descubrió que no era de carácter suave y no siempre estaba dispuesto a poner la otra mejilla, al principio cada vez que Dean decía algo con lo que él no coincidía solo rellenaba sus pulmones y se reacomodaba en su lugar o ladeaba su rostro en otra dirección. Una de esas tardes habían tenido su primera discusión, que no había sido tal, Dean lo había hostigado deliberadamente toda la tarde.

–¿Cómo es posible que nunca hayas visto una película?

A ojos de Dean aquello parecía una blasfemia, una aberración, un unicornio o algo nunca antes visto o que sabía él, vio el pecho de Castiel inflarse, sus labios moverse en una mueca.

-¿Cuántos calamares gigantes has visto, Dean?

–¿Uh?

–Hay muchos ahí afuera, ¿Cuántos has visto?

Dean no le contesto nada, especialmente porque el siquiera había puesto sus pies en una playa y no estaba seguro que el calamar frito contara. En la tienda de Chuck no había ninguna televisión, menos un reproductor de DVD o netflix. Chuck era del tipo de personas que creía que la televisión dejaba medio idiota y no tenía ni idea de lo que podría hacerle al de Castiel que ya era de por si… diferente, o algo así le dijo a Dean, además, uno de los doctores le dijo que quizás Castiel no tendría criterio para diferenciar lo real de lo ficticio, por eso tampoco lo había dejado leer siquiera libros de cuentos y había optado por una educación más racional, solo las ciencias exactas y naturales y no se quedó demasiado tranquilo cuando ambos chicos se marcharon.

Cada vez que se enteraba de cómo había sido la vida de Castiel tenía más ganas de subirse con él a la montaña rusa más alta que encontrara y no tardó en darse cuenta que el ojiazul era feliz hasta el momento en que tenía que volver a casa, Castiel también lo notaba poco a poco, no sabía hasta qué punto había sido miserable casi toda su vida.

Aquella fue la segunda vez que Castiel fue a casa de Dean, esta vez no estaban a solas, Sam estaba en su cuarto haciendo los deberes de la escuela, encerrado su burbuja con los auriculares puestos, Dean se había prometido no volver a ponerle un dedo encima a Castiel y tomando en cuenta que difícilmente estaban a solas, no había sido un problema muy grande… mas, en cuanto a deseo, Dean era una maquina a presión y a veces, especialmente si tenía que sentarse en el sofá con Castiel viendo alguna película.

Haber llevado a Castiel con Jo y los chicos le había recordado que pocas cosas podían quedar fuera del alcance de la curiosidad y el chismorreo que siempre había sido parte de su vida y era curioso, nunca antes le había molestado, hasta le parecía divertido y no dudaba en ser parte de aquel juego detectivesco de barrio aburrido. Sería tan solo cuestión de tiempo que alguien descubriera lo suyo con Castiel.

De entre todas selecciono "El quinto elemento", principalmente porque si la mala suerte dejaba que Castiel se creyera eso, su caso no tendría esperanza, segundo, porque estaba situada en el futuro y ahí todo puede pasar, así nada podría salir mal, si se lo creía tendría como mil años de ventaja antes de empezar a preocuparse, tercero, era la que estaba encima.

A veces nos damos de lleno con la respuesta a nuestros problemas, pero estamos demasiado ocupados observando los reflejos de las explosiones en el arco del cuello de alguien más, pero lo aturdía, lo aturdió junto en el momento en que Castiel leyó el título de la película sobre la pantalla, antes de ladear la cabeza, fruncido el ceño y quedarse ahí viendo la pantalla como una pantomima donde las palabras eran un remolino más allá de su comprensión, pero, se quedaba en su lugar, aparentemente el tema películas era importante para Dean.

El animal salvaje que vivía en el estómago de Castiel y parecía cobrar vida cerca de Dean estaba más inquieto que de costumbre, porque tenía la sensación de que ya no lo miraba del mismo modo y no estaba seguro del porqué, aunque mejor dicho, no lo miraba, rehuía verlo, antes sus ojos parecían conectados por un enorme flujo de energía, Castiel incluso había dibujado un diagrama que había doblado y guardado en el prohibido libro rojo que ya no estaba guardado en el sótano, pues había aprovechado que su padre hablaba con Dean para sacarlo de ahí y guardarlo en su sobretodo.

Él había notado aquel cambio el día que Dean salió del hospital y sin desearlo comenzó a preguntarse si acaso para él no era más que un entretenimiento y ahora comenzaba a aburrirse, fue un pensamiento triste que se escurrió como su mano después de colocar el libro en el regazo de Dean, que recibió aquel objeto y trago saliva, removiéndose inquieto en su sitio, instintivamente se volvió en dirección a la habitación de Sam, que seguía de espaldas a ellos, sumergido en sus libros y con los auriculares puestos, después sus ojos se posaron en Castiel, que parecía igual de concentrado en la pantalla.

–Esos símbolos son iguales a los del termostato.

–Ajam… Cas… hay… tengo que, tenemos que hablar sobre algo, veras, lo que dije en el hospital, lo que paso entre nosotros.

Dean pauso la película, Castiel dejo que su mirada divagara del televisor al techo y de ahí hacia la rodilla más cercana del otro, a él le gustaba pensar que el tema ya estaba hablado.

–Solo será cuestión de tiempo antes de que alguien se dé cuenta.

–Pronto estaremos donde nadie nos conoce.

Ese pensamiento relajo un poco a Dean.

–No quiero acabar en prisión o que tu padre me dispare.

–No sabe cómo usar un arma.

–Podría mandar a alguien más.

–Probablemente.

–Tienes que tener algún arreglo por alguna parte, tienes pasar esas pruebas Cas, tienes que poder mandar sobre tu propia vida.

Castiel se quedó en silencio, Dean también.

–Dean… la verdad es que no creo que yo pueda hacer eso.

–Quizás el mundo es demasiado para ti… lo siento Cas… no quise presionarte, es solo…

Frente a Dean estaba la imagen congelada de Bruce Willis tratando de explicarle a Mila Jovovich lo que era una explosión, sonrió, le sonrió a la pantalla y a Castiel, no estaba seguro de hacia donde habrían acabado sus pensamientos si hubiera estado otra película y no esa.

–Eres mi quinto elemento, Cas.

Castiel ladeo la cabeza, juntando un poco más las cejas tratando de entender, Dean hizo un gesto negativo, Castiel no había entendido un carajo sobre lo que había visto, así que mejor decidió contárselo, si no podía mostrárselo, al menos le haría entender que era "un buen badaboom", sumergido en aquellos curiosos ojos azules que brillaban con más fuerza que la Tierra a espaldas de la Diva… haba tantas cosas geniales en aquella película y Castiel lo único que había notado era que los jodidos jeroglíficos de las piedras se parecían a los de su aire acondicionado.

Dean se silenció cuando ese último pensamiento lo golpeo, como si hubiera soplado todos sus pensamiento por un oído y le hubieran salido disparados por el otro, tuvo ganas de darse con la frente contra la mesa, por una milésima de segundo se olvidó que no estaban solos en el universo, el suficiente para tomarlo por la nuca y besarlo, aun con el estúpido libro rojo de Castiel sobre las piernas. Se disculpó y como respuesta obtuvo un beso furioso de Castiel, al que solo pudo responder atrayéndolo contra su cuerpo, el libro llego hasta el suelo, abriéndose, del mismo modo que se abrió la camisa de Castiel cuando Dean le dio un tirón, las yemas de sus dedos tocaron por fin y de nueva cuenta la sensible piel de su vientre, sin intensión, tan solo quería tenerlo más cerca, su mano no había podido evitar viajar por debajo de la tela lo más que le fuera posible. Hubiera dado un brazo por estar a solas en cualquier otro lugar con él, su mente oportunista comenzó a inventarse excusas, todas las ciudades estaban llenas de rincones solitarios, que Dean conocía muy bien, así que no necesitaba dar nada, solo era cuestión de desaparecerse juntos, las tres horas de coartada que duraba la película, que Sam estaba entretenido y…

Se separó un poco, se encontró de frente con Castiel, tan sonrojado y ansioso como estaba él, alejo sus dedos temblorosos del otro, tanteo en búsqueda del control remoto, la película comenzó de nuevo, solo un pequeño cambio.

–Te quiero, Cas.

No dejo de acariciarlo cuando le prometió que si lo que tenía en mente funcionada, se escaparían de todo y de todos, Castiel asintió, quizás algo desilusionado. Cuando la película terminó, supo que lo había resuelto, Castiel sonreía y tenía una avalancha de preguntas para Dean y él no sabía que responder a la mayoría. Sam nunca se volvió, estaba demasiado ocupado con cálculo y solo dejo de estarlo cuando su hermano mayor lo sacudió por los hombros para pedirle ayuda.

Se dieron cuenta de que se había hecho demasiado tarde cuando Jonh volvió a casa, por alguna razón Dean esperaba que estuviera molesto por la presencia de Cass o algo así, pero había ido directo al refrigerador pasándolos de largo, Castiel era el que no parecía muy cómodo, tampoco Dean, porque aún no había hablado con su padre al respecto del viaje o de que ahora era su tutor y seguramente Chuck estaría arrancándose los cabellos preguntándose porque no habían vuelto.

Cada día que se encontraba con Castiel veía nacer en sus ojos azules una chispa de alegría que se apagaba lentamente mientras caminaba de vuelta a casa, aunque estaba ansioso por encontrarse con Chuck y hablarle sobre su descubrimiento, ver aquella sombra, que como siempre sin falta se iba posando sobre Castiel, en aquellos labios que se apretaban en una mueca solo una vez justo al llegar al portal, eso lo hizo detenerse.

–Siempre estabas sentado ahí.

–Sí.

–Pero ya no.

–No… ya no.

Las farolas de la calle parpadearon, no habían vuelto a ser las mismas desde el día del accidente de Dean, que estaba tan absorto en sus pensamientos que no lo noto, como tampoco había notado los últimos rayos del crepúsculo aferrándose a las nubes como enormes depósitos de magenta, no hasta que sintió las manos de Castiel aferrándose a uno de sus brazos.

–¿Te da miedo la oscuridad?

–No…

Las lámparas de un auto que pasaba los ilumino, en tintes rojizos pudo ver el rostro preocupado de Castiel y por encima de ellos las nubes regadas como granos desperdigados de una enorme granada.

–A mí me pareces bastante asustado. No tiene nada de malo.

–No es la oscuridad la que me da miedo.

–Cuéntame.

Castiel no contesto o si lo hizo fue solo con sus dedos, que se hundieron más en el cuero chirriante de la chaqueta de Dean, este asintió al enfrentarse a ese silencio, las luces parpadearon de nuevo, terminando con los vanos intentos de Castiel por recomponerse.

–La mayoría de las películas son solo mentiras, ¿sabes?

–Me dijiste eso hace un rato.

Castiel dudo, sin comprender porque ahora Dean le hablaba sobre películas, pensó que tal vez, como a un chiquillo trataba de tranquilizarlo, pero esa no era su intención.

–Pero no todas… hay unas que dicen cosas que son verdad. Anoche vi una, se llama Castillo de Naipes, es la historia de una niñita.

Dean se interrumpió un momento, de todas las cosas que estudio sobre la condición de Castiel, aquella película era la que menos confianza le daba, solo la había visto porque… ver una película era más fácil que leer, porque no se necesitaba demasiado para saber que Castiel trataba con todas sus fuerzas de decir algo y toda la película aquella chiquilla tenía algo que deseaba decir con todas sus fuerzas y en lugar de eso tan solo consiguió construir un castillo de naipes alrededor suyo que fue destruido cuando su madre trato de acercarse a ella.

¿Cómo podría ayudar Dean? Si lo que trataba de decirle no tenía palabras, lo que deseaba entregarle no tenía forma, ni tamaño, ni forma, una experiencia, una reacción, tan solo un choque de químicos revueltos en ese frasco de ideas infinitesimales que se guardaba su cráneo y recorría todo su cuerpo con sus filamentos sensoriales o algo así decían, el solo se veía a Castiel frente a él y a si mismo si bajaba el rostro, pero negó con la cabeza, sacudiendo con ella todos aquellos filamentos.

–Cass… las palabras son unas hijas de puta, cuando uno las busca no aparecen y la verdad no creo que sirvan de mucho, vamos por ahí hablando y creyendo que nos comunicamos cuando solo palmoteamos al aire creyendo que… bueno, nadie entiende a nadie en realidad, pero seguimos tratando… Me gustaría, de verdad me gustaría que intentaras hablar conmigo. – Dean llenos sus pulmones de aire, enfrentándose al mutismo de Castiel. –Todo tiene una razón, eres diferente y para eso no hay una razón, pero sé que hay algo más, lo sé.

Por unos segundos que se disfrazaron de siglos, los labios de Castiel permanecieron sellados, entonces comenzó a hablar, Dean lo escucho, ambos de pie en medio de la calle.

Chuck siempre había sido una persona impaciente, quizás en su otra vida había sido un hámster, porque era incapaz de permanecer quieto y esperar pacientemente, por eso se asomaba a la puerta cada dos minutos, esperando ver volver a los chicos. En uno de aquellos rondines los vio de pie en medio de la acera, pensó que pronto volverían, pero seguían de pie, hablando y no pudo evitar espiarlos, Castiel estaba de espaldas a él, no podía verlo, Dean se limitaba a asentir y tallarse la boca de vez en vez, negar ligeramente con la cabeza como un tic.

Era difícil no llevar cuenta del tiempo cuando te encontrabas dentro de una habitación llena de relojes, incluso si no levantabas la vista algún tictac te haría llevar la cuenta, pero perdió la noción del tiempo, le pareció escuchar un susurro y se dedicó a buscar alguna replica en el silencio, Chuck era también una persona escéptica, o al menos lo fue casi toda su vida, entonces una noche perdió a la persona que había conseguido amar como a nadie más, entonces la idea del vacío le parecía insostenible y buscaba en cada chirrido, en cada sombra, la esperanza de un más haya y un posible reencuentro, por eso a pesar de todo, el regreso de Dean y Castiel lo tomaron por sorpresa.

Dean le dijo a Castiel que fuera s u cuarto, que necesitaba hablar con Chuck a solas, asintió de mala manera y se perdió en la trastienda.

–¿Qué pasa, Dean?

–Uhm… veraz, hace rato, estábamos viendo una película y… uhm, esto es raro, bueno, Castiel no podía escuchar nada, pero, lo leía, es decir, los podía leer, los subtítulos.

–Sí, él sabe leer.

–No, pero, digo, sobre la marcha.

Chuck se quedo en silencio, en algún punto había comenzado a romper en pequeños pedacitos una servilleta de papel y ya no le quedaba más en las manos, repitió mentalmente las palabras de Dean y lo que ellas implicaban.

–Sam sabe algo del lenguaje de señas, buscamos otro tanto en internet, cosas sencillas, los colores y Chuck, Cass entendía.

–Él entendía como… entender.

–¿Uh? Bueno, no lo sé, pero sé que una persona sorda no es mentalmente incapaz.

–Castiel no es sordo, el escucha… pero él…

–Castiel tiene algo en la sesera torcido, digo, bueno, perdón, pero es la verdad, pero lo que sea que tiene torcido no lo deja entender bien lo que escucha, pero si lo lee, si lo ve, entiende, al hilo, al menos, eso espero, eso creo.

Chuck llamo a Balthazar, que del otro lado de la línea sonaba escéptico, más bien, enfadado con Dean, porque aquella posibilidad no se le paso siquiera por la cabeza, pero si revisaba sus libros, estaba seguro de haber leído algo por ahí… simplemente, era curioso, quizás era apego emocional, para él, era más fácil pensar que Castiel de algún modo decidió exiliarse a si mismo de aquel ambiente y luego no supo cómo volver, no le habia pasado por la cabeza que desde que nacio fue sin el equipo para integrarse y todo eso se lo dijo a Chuck, desde el otro lado de la línea, diciéndole que si eso era verdad que se sentiría el sujeto más tonto en la faz de la tierra.

Dean sin querer escucho aquella conversación, a medias, era difícil escuchar del todo lo que decía Balthazar del otro lado de la línea, además, tenía toda la cabeza revuelta y sobreexitada y eso no le ayudaba mucho. Cuando Chuck colgó, ambos se quedaron el silencio un momento.

–Chuck… uh… hay otra cosa.

–¿Qué otra cosa?

–Uh… mira, no encuentro una manera de decirlo sin que suene raro, pero hay una razón por la que Castiel no quiere hablar contigo.

–¿Está molesto? Bueno, todos tienen derecho a estar molestos con sus padres de vez en cuando ¿no?

Dean ladeo el rostro porque era una aseveración relativamente razonable.

–¿Te dijo por qué?

Dean lleno sus pulmones de aire, pero lo soltó de nuevo sin decir nada, pero tenía que hacerlo, ¿no?

–Chuck, nunca le dijiste a Castiel que paso con su madre.

Chuck se había dedicado a repasar en su mente todos los errores que alguna vez cometió, todos los que pudo haber cometido, ese no estaba en la lista, su rostro paso de la confusión al dolor, porque era verdad, nunca lo hizo, pero rápidamente se llevó una mano a la frente y se echó a reír de una manera nerviosa.

–Es verdad, es verdad, ¿Cómo pude pasar eso por alto? Pensé que alguien más se lo habría dicho…. Pero no había nadie más, solo él y yo, ¿Cómo pude pasar por alto algo así? y no puede ser que todo este tiempo haya estado esperando que ella volviera.

–Al principio la esperaba, pero alguien más se lo dijo, él no la estaba esperando, sabía que no iba a volver.

Se lo había dicho Lucifer mientras destripaba frente a él un puñado de crías de ratón, pero eso Castiel se lo guardo, no se lo dijo siquiera a Dean.

–¿Cuantos años?

–Unos pocos días.

–No lo entiendo ¿Por qué seguiría esperando? A menos que… él estaba…

–Esperándote.

Dean pensó en su propio padre, él día que le dijo: "Dean, mamá se ha ido y no va a volver" Chuck se había dejado caer en una silla detrás del mostrador que parecía desde lejos un extraño trono cubierto por demasiados abrigos distintos.

–Vaya… he sido un pésimo padre.

Dean le hubiera dado la razón, pero no hacía mucho Castiel le había dicho: "siempre actúa como si ella fuera a volver en cualquier momento" Castiel no quería que su padre le dijera que su madre se había ido, eso él ya lo sabía, tan solo deseaba que la dejara ir, Dean había sido un cretino toda su vida, pero conocía el vacío, vagamente recordaba a su padre antes de la muerte de su madre y la persona en la que se convirtió después, errático, ebrio y malhumorado.

–Es tardísimo, mañana hay tantas cosas por hacer, tantas cosas que arreglar, tantas cosas que planear. Debo encontrar un buen instructor de lenguaje a señas, para Casiel, para mí, también para ti si quieres.

Chuck se puso de pie, pretendiendo estar animado, Dean asintió, se despidió y volvió a casa algo atontado, se volvió antes de perder de vista la tienda, donde las luces ya estaban apagadas, llovía con ganas, al volver a casa encontró a Bobby que se había aparecido para cenar con pollo frito, casi le dio un mino infarto al verlo ojear el kamasutra que había olvidado en el sofá. Fríamente, aquel libro era de los más decente que le habían descubierto, pero le pertenecía a Castiel y ese detalle había que quisiera arrebatárselo de las manos y huir a esconderse con él lo más lejos posible.

Los mayores estaban planeando el futuro del negocio, enlistando las nuevas obligaciones de Dean que sabía que era hora de tener aquella conversación con su padre y sinceramente se alegraba de que Bobby estuviera ahí.

–Pa… ¿recuerdas lo que te dije de que Chuck me pidió un favor?

–¿El asunto del riñón?

–¿De qué riñón hablan?

Bobby se sirvió otro vaso de brandy.

–¿Qué es lo que quiere el tipo ese?

–Quiere que acompañe a Castiel a un viaje.

–No. Ninguno de mis hijos va a terminar de criado de un niño rico.

La voz de John era firme, del tipo que solía usar cuando daba por terminada una conversación.

–¿Un viaje? ¿A dónde?

Pero Bobby estaba ahí y para él apenas comenzaba y Dean agradeció eso.

–Él quiere ir a Varanasi.

–Eso está muy lejos, ¿no sigues teniendo problemas con los aviones?

–Bueno, resulta que los coches también se estrellan.

John no dijo nada al respecto, solo gruñía un poco de vez en cuanto entre bocado y bocado, mientras la conversación saltaba entre: "los chicos deben viajar", "un cambio de aire te caería bien", los dos mayores se quedaron dormidos cada uno en un sofá, Dean no hizo nada por despertarlos, solo coloco la chamarra de cada uno encima a modo de manta. Las noches ya eran frías, afuera llovía. Él también estaba muy cansado. John entre despertó, quizás estaba demasiado ebrio, quizás estaba demasiado dormido "quería que viajaras, por eso te di a Baby"

Era una noche agradable, a pesar de la lluvia.

Del otro lado de la calle dentro de la tienda de antigüedades, el sonido de la lluvia no llegaba hasta el recinto de los relojes, era amortiguado muchos pisos más arriba, ahí dentro ellos eran dueños del no silencio, ahí se había quedado Chuck un momento con las luces apagadas. Tenía la sensación extraña de que tan solo faltaban algunos minutos para la media noche, pero no era así, eran apenas las nueve, el eco de los tic tac lo acompañaban cuando avanzaba ya en silencio por las escaleras, cada paso resonaba como un tic tac, uno tras otro, uniforme. Castiel ya estaba dormido cuando Chuck entro a su habitación. Lo contemplo dormir, pensó que no estaría bien despertarlo, su chiquillo odiaba todo lo que sucediera a deshoras, todo lo que rompiera su rutina, eso creía él…

Ya no estaba seguro de conocerlo, ni de si lo que hacía era lo mejor para él. Castiel ya nunca estaba en su lugar de siempre, ya no lo estaba esperando y él estaba por mandarlo lejos. Se sentó en su cama, lo sacudió suavemente para despertarlo.

Castiel abrió los ojos en medio de la oscuridad, escucho a su padre, su versión, sus disculpas, como un murmullo adormilado que no provenía de ningún lugar, las promesas de que todo lo arreglaría mañana.

Los murmullos cesaron, los murmullos poco a poco se trasformaron en palabras, las palabras en frases, las frases en conceptos, que lo hicieron salir de la cama.

En casa de los Winchester todos dormían cuando tocaron a la puerta, ya no llovía, Dean despertó de golpe, pero no se movió de su lugar, aquella puerta estaba acostumbrada a recibir llamados a deshoras, pero usualmente era su padre o Bobby y ambos estaban en casa, John estaba más cerca de la puerta y fue el quien abrió.

–¿Sabes qué horas son?

Silencio. Dean se puso de pie con un mal presentimiento.

–¿Estas bien?

Era Castiel, de pie frente a John con la cabeza gacha, descalzo y empapado. Dean avanzo mecánicamente hacia él, movido por la certeza de que algo estaba muy mal.

–Cas ¿Qué pasa, Cass?

Pero Castiel tampoco le contesto a él, al menos le dedico una mirada, John los observaba severamente, Bobby también se había puesto de pie, Sam asomo la cabeza desde su habitación adormilado.

–Me estas asustando, Cass.

–Dean…

–Vamos Cass, ven adentro, está helando.

–Dean…

–Tranquilo Cass, ¿Qué pasa?

–Dean, es mi padre, Dean… creo que está muerto.