–¿Estás seguro? –Salí a buscarlo… necesito que me ayudes a llamar a Anna…
Dean tomo el celular que le ofreció Castiel, era el de Chuck, lo reconocía, aunque solo lo había visto en el oído de su dueño. Dean recordaba que la última llamada de Chuck fue a Balthazar, prefería llamarlo a él y no a ella. Dean no quería ser quien a mitad de la madrugada despertara a Anna para decirle que su padre había muerto, siquiera estaba seguro si fuera verdad, tal vez Castiel fue quien tuvo un mal sueño, ¿no había dicho Chuck que no estaba seguro si podía diferenciar entre la realidad y la ficción?
–Cass, ¿Qué paso? –No lo sé, él dijo que todo estaba bien… que lo arreglaría todo mañana.
Dean decidió marcarle a Balthazar, mecánicamente, solo porque a pesar de todo, si Castiel se levantaba en medio de la noche diciendo que su padre estaba muerto era algo que su doctor debería saber, por mucho que le desagradara el sujeto.
Marco dos veces antes de tener respuesta.
–Hey, soy Dean.
¿Dean?
Aquella noche en aquel momento en el vocabulario de Balthazar, Dean era sinónimo de ¿Qué demonios?
¿Por qué me llamas del teléfono de tí… Chuck? ¿le paso algo a Castiel? –No… es decir, sí. ¿Qué paso? –Creo que Chuck está muerto. … ¿Crees?
A Dean nunca le agrado Balthazar, pero no pudo evitar sentir algo roto en aquella voz y sentir un peso enorme en el estómago.
–Eso es lo que dice Castiel. ¿Quién más lo sabe? –Creo que solo yo, mi padre y Bobby? ¿Quién es Bobby…?
–Un amigo de mi viejo. ¿Es de confianza?
Dean estaba de frente a Bobby que se encontraba con Castiel echándole su chamarra sobre los hombros atento a la conversación.
–Claro que es de confianza.
El silencio de Balthazar delato que no estaba del todo convencido.
Escúchame detenidamente, si es verdad, si lo que dice es verdad, nadie tiene que saberlo…
Hubo otra pausa y Dean no supo cómo interpretarla, pero se sintió muy irritado.
–¿So, salgo cada mañana y le doy los buenos días a Chuck como si no hubiera pasado nada?
Wow, eres tan listillo, solo no hagas nada, hasta que volvamos a llamarte. Este asunto es privado, cosas de la familia, Dean.
La llamada termino y Dean estaba furioso, sin saber porque. Bobby lo observaba ladeando el rostro.
–Así es esa gente, hijo. Los tiempos han cambiado, para casi todos, así eran las cosas cuando era un chiquillo, las familias escondían a sus hijos enfermos a cal y canto.
Dean recordó de golpe el día del accidente y como alguien se esmeró por esconder todos los detalles, por un momento le paso por la cabeza la idea de que Chuck no fuera en realidad padre de Castiel, solo un cuidador en una fachada de vida mientras los verdaderos padres de Castiel se paseaban en fiestas de la alta sociedad. Trago saliva, porque la palabra cuidador le dio en las entrañas. ¿no era él ahora tutor de Castiel? Pero se sacudió aquella idea de la cabeza, no había manera de que esas ideas disparatadas fueran verdad de ningún modo.
Lejos de la casa de los Winchester Balthazar daba vueltas en su habitación, si le hubieran dicho hacia un par de meses que Lucifer estaba obsesionado con Castiel lo habría tomado como otra de las paranoias de Anna, que en honor a la verdad, él también creía que ella estaba algo tocada, pero al menos pensaba que había quedado tocada por culpa de Lucifer y no que siempre estuvo loca y ella apreciaba eso. Él recordaba claramente la visita que él le había hecho en el hotel, como le había restregado su obsesión y las consecuencias que había tenido.
Lucifer por su parte había pasado una mala noche, desde que había recibido aquella alerta de actividad de la tienda, cuando vio salir a Castiel siguiendo a Dean, rozando con el dorso de su mano el costado de aquel hijo de mecánico, espero pacientemente verlos volver, desde la pantalla de su teléfono fue testigo de la conversación de Dean y Castiel, de pie en la banqueta, la sangre le hervía dentro de las venas, le costó trabajo conciliar el sueño y cuando por fin el sueño le abrazo de igual manera los brazos y las piernas de aquel Castiel onírico sin peso ni tacto le rodearon.
Pero despertó por las repetidas alertas en su teléfono de aquella misma aplicación, que tenía una falla, cuando llovía, la condenada de volvía loca, la apago, volvió a dormir, ya no soñó con nada más que su oscura y pastosa soledad.
Desde la ventana de la cocina Dean podía observar lo que sucedía en la calle, decidió obedecer a Balthazar, por Castiel, si de verdad para él solo había una familia horrible ahí afuera no quería complicarle más las cosas. Castiel estaba a su lado, no lloraba, pero el llanto no siempre es indispensable para sufrir, él temblaba y ese temblor eran sus lágrimas.
En aquella habitación solo estaban ellos dos, Sam había ido con Bobby para decirle a John que la familia de Chuck quería mantener aquel incidente en privado.
Dean maldijo en silencio cuando desde aquella ventana vio salir a Chuck, no en pijama y disculpándose por el comportamiento peculiar de Castiel, asegurándole a todos que era una somnolienta confusión, pero apareció cubierto por una sábana blanca sobre una camilla. La ambulancia llego en silencio y sin luces, con el enorme logo de Heaven al costado, también Jody estaba ahí, porque John había marcado a la comisaria antes de que nadie pudiera evitárselo. Anna también estaba ahí, de brazos y labios apretados. Meg también estaba ahí, a la distancia, Dean no la reconoció, siquiera noto su presencia.
Para Dean la llegada del jaguar blanco no significaba nada, ni el conductor que bajo de él era una persona conocida, apenas comenzaba a sentir pena por él, por el modo en que se acercó a Chuck con un sincero pesar.
–Lucifer.
Castiel ya no estaba a su lado, se retiró mecánicamente en dirección contraria a la ventana, a la habitación de Dean, el único lugar que conocía en aquel departamento, dejo solo el eco de aquella palabra que se quedó flotando como un mal presagio, que fue recibido como solo se puede recibir el nombre del maligno en la oscuridad de la madrugada en la que ha muerto alguien.
Lucifer había conducido hasta la tienda de antigüedades de manera errática después de la llamada de Meg. Llamo a Anna pero ella no contesto, tampoco Balthazar, llamo a la comisaria, o mejor dicho, al pobre asistente que trabajaba ahí de tiempo completo con demasiadas deudas y una cuenta regresiva sobre su pequeña hija, al que no le quedaba más remedio que ceder a las presiones de Lucifer de mantenerlo informado de todo lo que quisiera cuando quisiera.
Le castañearon los dientes después de escuchar la noticia, y solo una idea permanecía fija en su mente: Castiel.
O mejor dicho, hacerlo pagar, por todo. Entonces un pensamiento e materializo en su mente: sus sueños, los más recientes, los sintió como una premonición, un adelanto de su destino, ahora el idiota seria suyo. Hasta hace pocos días había pensado que su felicidad radicaría en desaparecer de una vez y para todas a Castiel para liberar a su padre de aquella maldición, pero si era verdad… si ahora su padre ya no estaba, entonces no había necesidad de hacer eso… todo lo contrario, él se haría cargo, él lo cuidaría, él le arrancaría la paz que le había robado.
No iba a matar a Castiel, no, lo mantendría con vida el mayor tiempo posible y cada día inventaría una nueva venganza para él. Se relamió los labios. Se suponía que las lágrimas que corrían por sus mejillas eran de triste pesar, pero eran de júbilo, de puro y delicioso jubilo, porque por fin era libre, ahora que no había nadie a quien amara, del modo en que quiso y respeto a su padre, era libre de ser él, tan retorcido como poderoso y Castiel iba a ser su primer bocado.
Pero Castiel no estaba, Anna no contesto a sus preguntas, se limitó a encogerse de hombros, le conto que Castiel ya no estaba en el país, que su padre lo había enviado a la India el día anterior, Meg se excusó, ¿Qué podía decir? La lluvia había empañado los cristales, arruinado su sistema de vigilancia, la despertó su llamada, Castiel se había esfumado, lleno sus pulmones de aire, eventualmente lo encontraría.
Claro que lo encontraría. Se retiró elegantemente, envuelto en una falsa aura de duelo. Siquiera estaba preocupado. Incluso si estaba en la India lo encontraría, eso solo volvia más divertido el juego.
Anna subió al departamento de los Winchester junto con John, a quien la presencia de la pelirroja le perturbo un poco, porque ella no dijo nada, solo lo siguió, pero ¿Quién era él para juzgar? La chica acababa de perder a su padre.
–Necesito su ayuda.
Entre Anna, los Winchester y estaba la barra donde la pelirroja coloco una faja de billetes pulcramente alineados, nadie le contesto nada, los Winchester intercambiaron miradas entre ellos.
Dean entro en pánico, que Anna le diría a todos que ahora él era el tutor legal de Castiel y que aquella madrugada se volvería más larga y pesada de lo que ya era ahora, pero ella no menciono nada al respecto, solo le dedico una mirada de extraña complicidad, más de lo que Dean pudo soportar, Anna podía ser muchas cosas, pero tenía un buen don para saber cuándo quedarse callada, sabía que no era bienvenida y en los ojos amilanados de Dean encontró un motivo para reducir sus palabras al mínimo.
–Nadie tiene que saber dónde está Castiel, solo un par de días, hay asuntos que necesito solucionar primero, por favor. Sé que no parece, pero esta es mi única opción desesperada. –Con una condición, señorita, saque su sucio dinero de mi casa.
La respuesta fue de John, después de todo, aquella era su casa y todos vivían bajo sus reglas, consistentes, justas o no.
–No era mi intención ofenderle, no es mi dinero, es de Castiel, seguramente va a necesitar algo…
Anna no les dio más instrucciones, estaba segura que Dean sabría mejor que ella como lidiar con Castiel o si no lo sabía, ella no tenía nada que aportar al respecto, se despidió, asegurando que llamaría pronto, le dijo a Dean que conservara el teléfono de Chuck, que ella lo llamaría ahí.
Bobby se dejó caer en el sofá y Jonh los invito a todos a volver a la cama lo que quedaba de la noche. Dean fue a su habitación donde se encontraba Castiel, sentado al borde de la cama, Dean estaba demasiado cansado, ya pensaría mañana como resolver las cosas, de momento se limitaría a sacar una bolsa de dormir y esperar que amaneciera.
Dean extendió la cama de dormir pero Castiel no la acepto, le dijo que no era un perro para dormir en el suelo.
–Bien, tú duerme en la cama, yo me quedare en el piso.
–No te considero un perro. –Cas… no hay otra cama…
Dean lleno de aire sus pulmones, se acomodó al lado de Castiel en la cama, no sin antes asegurarse de que la puerta estuviera bien cerrada, Dean había compartido muchas camas, pero nunca la suya y menos para dormir, bueno, la había compartido muchas veces con Sam, pero él no contaba, la presencia de Samy era sencilla y natural, era su hermano, casi una extensión del mobiliario, podía arrastrarse y arrebujarse en la cama porque había tenido alguna pesadilla y muy probablemente se patearían el uno al otro toda la noche hasta que uno acabara en el suelo, pero había bastado tan solo un rose de Castiel para que toda la sangre al interior de Dean se acelerara y todo el cuerpo le hormigueara, no quería mover ni un solo centímetro.
Estaba seguro de que no podría dormir, trago saliva sintiéndose la peor escoria del mundo, porque el padre de Castiel acababa de morir y él era incapaz de controlar lo que pasaba entre sus piernas, cerró los ojos, bien, no podía controlar su segundo cerebro, pero podía controlar el primero y eso era suficiente, si no podía dormir, pretendería hacerlo, no iba a complicar más esa noche.
–Dean. –… ¿sí? –¿Puedes abrazarme?
Dean asintió, sintió el zumbar de la tela de las mantas como un eco mientras movía su brazo en un movimiento acartonado alrededor del cuello de Castiel.
–Es una posición algo incomoda. –Aja…
Castiel se acurruco buscando un sitio cómodo, el sitio entre los brazos que le pertenecía, Dean no se movió siquiera para respirar hasta que rellenar sus pulmones de oxigeno fresco se volvió absolutamente necesario, entonces comenzó a temblar, a pesar de que el calor del cuerpo de Castiel se pegaba al suyo
–Dean…
–¿Mhn?
Sintio sobre su vientre la mano tibia del ojiazul, recorriéndolo lentamente, por encima de la tela, después por debajo de ella.
–Siempre estabas ah porque mi padre te lo pidió y ahora estoy aquí porque Anna te lo pidió… solo por unos días… después ¿estarás? –No digas tonterías. Claro que estaré, te lo prometo, no, te juro que no te voy a dejar nunca, siempre estaré ahí para ti.
Dean jamás se sintió tan solemne diciendo nada a nadie, la única de todas las promesas de amor que ofreció con sinceridad y sin titubear, la única que de verdad intento cumplir con todo su corazón y no pudo cumplir. Se hubiera abierto el pecho y entregado su propio corazón, pero Castiel nunca le pediría eso, en su lugar le pidió un beso y Dean se lo dio a cambio aquella noche Castiel le ofreció su cuerpo y Dean no pudo negarse, le hizo el amor despacio y en silencio, olvido toda la confusión de su mente, en un mundo en el que solo existían ambos, sin embargo, procurando no emitir ningún sonido, porque, a pesar de todo, no estaban solos y apenas cuatro paredes lo separaban del mundo.
